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Salud Publica

El documento analiza la evolución de la función del hospicio desde la época clásica hasta el siglo XIX, destacando el cambio de una función social a una médica. Se discute la importancia de Pinel en la medicalización de la locura y las críticas a su enfoque, así como el surgimiento de comunidades terapéuticas y la psiquiatría institucional en el contexto de posguerra, que buscaban humanizar el tratamiento psiquiátrico. Finalmente, se abordan conceptos como la antipsiquiatría y la necesidad de una revisión del paradigma psiquiátrico clásico, enfatizando la importancia de la inclusión social y el respeto a los derechos humanos en el tratamiento de la locura.

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El documento analiza la evolución de la función del hospicio desde la época clásica hasta el siglo XIX, destacando el cambio de una función social a una médica. Se discute la importancia de Pinel en la medicalización de la locura y las críticas a su enfoque, así como el surgimiento de comunidades terapéuticas y la psiquiatría institucional en el contexto de posguerra, que buscaban humanizar el tratamiento psiquiátrico. Finalmente, se abordan conceptos como la antipsiquiatría y la necesidad de una revisión del paradigma psiquiátrico clásico, enfatizando la importancia de la inclusión social y el respeto a los derechos humanos en el tratamiento de la locura.

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1 Identifique , los diferentes cambios sobre la función del hospicio y

cómo varía la connotación que tiene el encierro

* Época Clásica: La función primordial del hospicio era "hospedar" y

recoger diversos grupos marginados: leprosos, prostitutas, ladrones y locos,

que representaban una amenaza al orden social. El encierro carecía de

connotación médica o patológica. La mirada sobre la locura no diferenciaba

las categorías marginadas. El criterio de exclusión era la desrazón.

* Transición al siglo XIX: Se da un cambio impulsado por la

medicina mental, transformando la percepción hacia una dirigida por la mirada

científica sobre la locura. El encierro comienza a adquirir una naturaleza

patológica y un sentido médico.

2 ¿Cuál es la importancia de Pinel e identifique que plantea sobre la

enfermedad y el aislamiento?

¿Cuáles son las críticas que recibe?

Importancia de Pinel:

* Representa el primer y más importante paso histórico para la

medicalización del hospital.

* Transforma el hospital en institución médica (y no social y

filantrópica).

* Apropia la locura por el discurso y práctica médica.


* Funda la psiquiatría y el hospital psiquiátrico.

Postura sobre la enfermedad y el aislamiento:

* Establece la enfermedad mental como un problema de orden moral.

* Postula el aislamiento como fundamental para ejecutar reglamentos

de policía interna y observar la sucesión de síntomas para describirlos.

* Divide objetivamente la locura y le da unidad, desenmascarándola

al evaluar sus dimensiones médicas exactas, liberando las víctimas y

denunciando sospechosos.

Críticas que recibe:

* Las críticas se dirigen al carácter cerrado y autoritario de la

institución que consolida y terminan por consolidar un primer momento de

reforma a la tradición pineliana: el de las colonias de alienados.

3 Realiza una síntesis sobre las comunidades terapéuticas y la

psiquiatría institucional teniendo en cuenta el contexto en el que se

desarrollaron, los objetivos que se plantean y las críticas que se le

formulan.
Contexto: Las comunidades terapéuticas y la psiquiatría institucional

surgen en el periodo de posguerra, marcado por la necesidad de reparar los

daños causados por la guerra y la reconstrucción nacional.

Objetivos:

* Humanizar los asilos psiquiátricos, transformándolos en hospitales

psiquiátricos efectivos.

* Promover la participación de los pacientes en su propia terapia y en

la de los demás.

* Establecer una relación más democrática e igualitaria entre el

equipo técnico y los pacientes.

* Integrar a los pacientes en sistemas grupales, fomentando la

interrelación entre grupos.

* Mejorar la comunicación entre el hospital y la comunidad externa.

Críticas:

* Se considera que las comunidades terapéuticas no consiguieron

colocar en la raíz el problema de la exclusión.

* Las reformas se limitan al espacio asilar, sin abordar las causas

externas de la reclusión.

* La preocupación por la recuperación de los pacientes como mano

de obra productiva genera mecanismos de segregación y rechazo.


* Se mantiene la relación terapéutica médico/paciente, que objetiva la

locura y refuerza las relaciones de saber y práctica.

* La pedagogía de la sociabilidad se centra en la regulación del

"exceso" pasional de la locura por medio del control del discurso y de los

actos de los internados.

4 ¿Qué implica que la psiquiatría del sector no se desarrolle dentro de

una estructura asilar alienante?

Que la psiquiatría del sector no se desarrolle dentro de una estructura

asilar alienante implica llevar la psiquiatría a la población, evitando al máximo

la segregación y el aislamiento del enfermo.

5 Según el autor , “la psicología preventiva se sitúa en contraposición

al proceso de alienación y exclusión social de los individuos”. Explique dicha

afirma

Según el autor , la afirmación de que "la psicología preventiva se sitúa

en contraposición al proceso de alienación y exclusión social de los

individuos" se debe a que las propuestas preventivistas establecen bases para

modelos asistenciales y la desinstitucionalización, apuntando a la

deshospitalización. Esto disminuye el ingreso y la permanencia de pacientes

en hospitales psiquiátricos, ampliando la oferta de servicios extrahospitalarios.

El proceso de institucionalización facilita la producción de dependencia a la


institución, con la consecuente pérdida de lazos comunitarios y la

cronificación del paciente. ¡Espero que esto aclare tus dudas!

6 .¿Qué procura romper la antipsiquiatría y qué plantea en torno a la

locura ?

La antipsiquiatría procura romper, en el ámbito teórico, con el modelo

asistencial vigente, buscando destituir definitivamente el valor del saber

médico de la explicación-comprensión y tratamiento de las enfermedades

mentales. Además, plantea cambios significativos en cuanto al concepto de

locura, no vista como enfermedad mental sino como incorporación de las

críticas oriundas de las ciencias sociales con respecto a las normas sociales.

7 ¿En que consta el paradigma psiquiátrico clásico? En contraposición

a dicho paradigma ¿Cuál fue la importancia del movimiento político

impulsado por Basaglia y el de la psiquiatría democrática

Paradigma Psiquiátrico Clásico:

El paradigma psiquiátrico clásico se caracteriza por:

* Transformar la locura en enfermedad mental, objeto de

conocimiento y tratamiento médico.

* Producir una demanda social en tratamiento y asistencia,

distanciando al loco del espacio social y encerrándolo en instituciones

médicas.
* Reducir la locura a una condición individual, adjetivada con

cualidades morales de peligrosidad y marginalidad, separándola del contexto

social y relacional.

* Justificar las prácticas de castigo y terapeutización, donde se

pretende restituir la razón y el equilibrio, ignorando la subjetividad e historia

del paciente.

* Sustentar una visión trágica de la locura, en la que la diferencia se

convierte en razón de exclusión, reducción y muerte social.

Importancia del Movimiento Político de Basaglia y la Psiquiatría

Democrática:

En contraposición al paradigma psiquiátrico clásico, el movimiento

político impulsado por Basaglia y la psiquiatría democrática:

* Radica la necesidad de una revisión a las relaciones de poder a

partir de la cual el saber médico fundamenta su praxis.

* Se reconoce la conexión entre la psiquiatría, control social y

exclusión, desnaturalizando el lugar de la ciencia.

* Deslegitima la separación de la locura del contexto social.

* Amplia las denuncias simbólicas y concretas de la violencia

institucional y no se restringe a un problema de los "técnicos de salud mental".


* Reivindica el derecho a la diferencia y el diálogo entre razón y

locura, la solidaridad, la producción de la pluralidad.

* Revela la imposibilidad de transformar la asistencia sin reinventar

el territorio entre ciudadanía y justicia.

* Abre un espacio social de contradicciones, de revaluación de

paradigmas y de transformación de las estructuras psiquiátricas.

En resumen, el movimiento político de Basaglia y la psiquiatría

democrática buscaron desmontar las bases del paradigma psiquiátrico clásico,

cuestionando el poder médico, promoviendo la inclusión social de las personas

con sufrimiento psíquico y defendiendo sus derechos como ciudadanos.


Yago di Nella

2012. Modelos de externación: del alta médica a la inclusión social.

1. ¿Cuáles son las diferentes vías que propone el autor para pensar

lo manicomial?

El autor propone 7 vías:

1. El proyecto positivista del aislacionismo.

En el espacio y tiempo de fines del siglo XIX, la locura no tenía un

tratamiento especial, simplemente se la ubicaba en el campo de la exclusión

social. En Argentina, el hospicio de la localidad de Melchor Romero, que fue

creado como un leprosario, luego fue utilizado para enfermedades

infectocontagiosas y luego para algunas que eran asumidas como contagiosas,

como diversas formas de padecimientos de la locura. El pensamiento

manicomial en la Argentina se desarrolla a fines del siglo XIX, no por una

conducción propia, sino por la importación del modelo europeo, sobre todo

francés, de la cultura manicomial.

La construcción de espacios de aislamiento basados en el trabajo

forzado y el control moral total como forma de atención del padecimiento

mental. La Argentina hasta ese momento tenía otras formas de atención de la

locura basadas en la acción inclusiva comunitaria. La locura se funde con la

idea del paradigma biomédico del contagio y toma el modelo de las


enfermedades contagiosas y la cuarentena como modelo de tratamiento, como

forma de atención también para este tipo de situaciones.

Lo que se buscaba era sostener el aislamiento. Los que quedaban allí

trabajando eran personal vinculado a la iglesia, en el caso de las internas

mujeres monjas, mientras que los internos varones eran atendidos por

sacerdotes. Esta construcción del hospicio como espacio de atención tiene por

detrás la idea de que el aislamiento cura. Esto también lo plantea Vezzetti

cuando postula que és lo manicomial, pero también lo plantea Ulloa y Bauleo

pensando lo manicomial hoy. La idea base de “aislar cura” será el más grave

escollo de todo el manicomialismo, por cuanto si algo se ha demostrado en

estos 100 años de asilo es nada menos que lo contrario.

2. El orden natural.

Se proponía que ese aislamiento debía ser sostenido por un orden que

replica el orden de lo natural. Existía el objetivo de una organización

convivencial que no requiera recursos económicos del Estado, sino sólo en

términos del sostenimiento del personal. El excedente productivo equilibraría

las cuentas negativas por los insumos. Esta era la idea directriz.

El trabajo agrícola, en consecuencia, era considerado un ordenador

subjetivo primario insustituible. La idea que primaba era que el mundo entero

tiene un orden natural y el orden humano de algún modo replicaba o era una

forma superior del orden natural. Por lo tanto, el desorden subjetivo era una

alteración de ese orden natural de las cosas. El acercamiento del desviado a

ese mundo naturalmente ordenado propiciaba u operaba como tratamiento,

como posibilidad de encauzar esa subjetividad desordenada.


3. A nivel simbólico, lo manicomial tiene una tercera forma de ser

pensado. Nos referimos a lo que Fernando Ulloa, 1995, llama la encerrona

trágica. Esto es que en una situación dada de aislamiento o de encierro, la

persona que está ubicada en posición de desventaja o sumisión, en realidad

está sobredeterminada por su posición en tanto víctima de un proceso sin

derecho de apelación. toda vez que la situación de internación involuntaria y

de escasas garantías de derecho se vuelve inapenable, como suele ser en una

institución total. El hospicio tiende a propiciar por su propia lógica

aislacionista y abandónica escenarios de encerronas trágicas más allá de sus

discursos rehabilitatorios y las garantías legales supuestas que tienden a ser

potenciales y poco logrables.

4. La doble moral rehabilitación en el encierro indefinido.

La práctica manicomial propia del modelo positivista psiquiátrico tiene

un discurso de rehabilitación y una práctica de aislamiento extremo. En este

sentido, parte de lo manicomial está en esa falta de adecuación entre el

discurso de la praxis y su eficacia, sus resultados, sus productos. Las tintas de

discurso de justificación se cargan entonces en la familia a la que casi no se la

ve o se la desconoce directamente, a la política de estado en la materia del cual

se participa con la praxis misma, a la falta de recursos, etc. El discurso

manicomial se caracteriza por esta idea rehabilitadora, la cual en cambio, en la

realidad observable de los hospicios, se constituye en un internamiento asilado

indefinido, sin plan de trabajo claro y predictible para la vuelta a la vida en

comunidad del paciente abordado. Es decir, el episodio de la internación se

constituye en un cuadro de permanente prognosis deteriorante y sobre todo

aislacionista.
5. El sujeto de intervención.

Al asignarse la locura exclusivamente a la persona se produce una

primera trampa y es acompañada justamente por una segunda al asignarle a la

persona padeciente la rehabilitación, como si la condición de internación

estuviera dada solo en el síntoma o en la patología de ese sujeto. Podría

decirse que cuando uno invoca el concepto de rehabilitación trae por detrás la

lógica individualista del pensamiento médico hegemónico que sostiene que el

que se enferma es el individuo. Se produce una demonización del entorno: no

es aquello con lo que se debe trabajar para producir la supuesta rehabilitación,

sino que es aquello que lo ha enfermado. La enfermedad es del sujeto y lo

enfermante es su entorno.

Por lo tanto, el aislamiento no solo opera anulando la posibilidad de

trabajo para la contención comunitaria, sino que además contrapone al sujeto

con su aparato de contención. Este doble error conlleva por lo general más

confinamiento.

6. La suspensión del tiempo

El preso sabe cuál es su rehabilitación, existen claras consignas,

coordenadas, reglamentos, etc. que le indican lo esperable. En el espacio

manicomial, este restablecimiento en el estado de salud de la persona no

determina la rehabilitación ni el periodo por el cual va a estar internada. Es

decir que una persona puede estar asintomática, tener una perfecta conducta en

el manicomio y eso en nada permite pensar que el sujeto va a ser externado.

7. Estigma

El etiquetamiento. La etiqueta constituye de este modo el arma primera

del control social que utiliza la ciencia para con él Un arma científica que se
construye en el mundo positivista y cuyo objeto tiene que ver con legitimar

Desde el neutral mundo de la ciencia la práctica del control que se realiza

sobre todo un cúmulo de personas que no encajan con el sistema social

imperante.

2- ¿De qué manera se posiciona el autor para pensar el concepto de

rehabilitación?

El autor se posiciona en el paradigma de los derechos humanos para

pensar el concepto de rehabilitación, sobre todo en relación al tema de la doble

moral, por la falta de cuestionamiento sobre si se condice o no con la práctica

de la rehabilitación. Cuando uno propone rehabilitar a alguien siguiendo el

vocablo rehabilitar está haciendo dos suposiciones: Por un lado, se está

suponiendo que esa persona estuvo habilitada aunque no puede preguntarse

habilitada para qué; por otro, el concepto de estar habilitado es en sí

complicado. Si se pretende rehabilitar a alguien tomando como tal que ese

estado es el de estar asintomático, es decir no tener más los síntomas que

llevaron a la internación, la rehabilitación pasa a ser algo que es enteramente

distinto al sentido original que se habría dado al tema si en cambio llamamos

rehabilitación a la idea de que una persona vuelva a estar en condiciones de

estar en la comunidad. Entonces el término no sería rehabilitación, porque la

persona siempre está habilitada a vivir en comunidad.

La diferencia es con qué sostén. En todo caso habría que pensar en la

rehabilitación de los grupos de contención y no de la persona puesto que lo

que lleva a una persona a una internación, la crónica sobre todo, no es la crisis
sino el no tener un aparato de contención durante esta a no ser que la crisis sea

tan grande que el aparato de contención no se organice. Pero en todo caso, esto

sería hasta que el aparato de contención se reorganice, hasta que adquieran los

saberes que permiten integrar a la persona en su post-crisis a la vida

comunitaria.

3- ¿ Por qué es importante conocer todos los modelos de externación?

Conocer cómo se practican las llamadas externaciones da cuenta

además del modelo de control social de una sociedad dada. ¿Sostiene al

sistema y sostiene al sujeto? Conocer las formas posibles de externación

implica entonces ver qué hace el Estado para devolver a la comunidad a sus

miembros ubicados en el lugar del padecimiento tratable.

4- ¿Cuáles son los modelos de externación propuestos por el autor?

¿Qué diferencias puede ubicar entre ellos?

1. Alta médica. Orden que se comunica en una entrevista a quien se

considera curado para que abandone el centro de salud, clínica u hospital.

Cuando se habla de alta médica, se dice “dar” el alta. Es un poder que posee el

médico. Desde el punto de vista de la concepción de salud, el foco de atención

en este modelo es la sintomatología del individuo lo cual supone que este

proceso culmina cuando el individuo ha logrado disminuir en su

sintomatología aquello por lo cual había ingresado. El objetivo de este proceso

de alta es liberar la cama para otro paciente Desde el punto de vista de las

políticas públicas, desde el modelo no se cuentan personas sino camas que


tienen un cierto presupuesto. Así, un hospicio repleto es un hospicio rico y un

hospicio que vaya liberando camas se va volviendo pobre. El dispositivo con

el que trabaja el modelo del alta es la entrevista clínica con el paciente. Con

respecto a la metodología por tratar tiene que ver con la diagnosis clínica, la

nosografía desde la cual se establece si el síntoma remitió o no, si existen

resabios, etc. O si de todos modos, por su seguridad y la de terceros, la

persona debe seguir allí. Por lo tanto, se trata de leer los síntomas. La

disciplina preponderante es la medicina, la concepción de sujeto es el paciente

como sujeto clínico como un objeto de la clínica, aquello sobre lo cual se lee.

2. Reinserción social. Reinsertar a alguien es, aunque parezca

repetitivo decirlo, volver a insertar en su lugar a una persona. Reinsertar a

alguien con padecimientos mentales es entonces no más ni menos que acuñar

al sujeto en un lugar, meterlo ahí como sea.

En vez de despedir a la persona en la puerta del hospicio, como en el

modelo del alta, se lo acompaña hasta la puerta de su casa. Esto es el alta

desde la reinserción, quizá incluso se le tramita un ingreso laboral o una

pensión, puede que hasta se le retramite el DNI pero no más que eso. El

objetivo de este proceso sería enfriar la cama. Esto es, prevenir el reingreso

casi inmediato o en el lapso breve por incapacidad de autogestión o por

devolución del paciente por parte del entorno. La visión sigue siendo médica,

pero con un primer soporte básico de asistencia social. Desde el punto de vista

técnico, el dispositivo sigue siendo entrevista clínica, pero se añade un

acompañamiento del sujeto por el llamado servicio social. La metodología

tiene que ver con la asistencia puntual en la salida del hospicio. La disciplina
preponderante es la psiquiatría tal como fuera planteado en el modelo anterior

y aparece una suerte de asistencia social subordinada a ella. La concepción de

sujeto sigue siendo objeto de la clínica pero ahora es también objeto de la

caridad. Se reconoce esta pérdida de autonomía de la persona y el deterioro de

la persona por estar en la institución total.

Estos dos modelos ya enunciados son previos al surgimiento del

paradigma de los derechos humanos.

3. Reintegración vincular. Cuando hablamos de reintegración

vincular, con el concepto de integración nos referimos a los lazos de la

persona con su entorno vital inmediato. Desde esta definición, integrar a

alguien es lograr que participe en un circuito de vínculos con la comunidad en

la que vive, al menos con quienes son parte de su sostenimiento cotidiano,

teniendo así la posibilidad de acceder a la cobertura básica de sus necesidades

en cuanto ser humano. El concepto de vínculo se vuelve preponderante

entonces porque es la llave conceptual para pensar en la externación desde el

modelo humanista. El enfoque esta puesto en la contención afectiva del

entorno vincular en el cual se va a integrar la persona como base de su

atención sanitaria y social. El foco esta puesto no sólo en la persona sino y

sobre todo en la capacidad de su entorno para contenerla. El objetivo de

trabajo será restablecer los vínculos del sujeto con su grupo primario y

secundario y generar una buena recepción de los grupos de contención

comunitarios al momento de la salida del hospicio o lugar de internación.


En cuanto a los dispositivos de intervención, el trabajo de integrar al

sujeto en su comunidad se debe realizar en el territorio, no en el hospicio. El

modelo del dispositivo de intervención es la entrevista, pero en el hogar y en

los espacios de inclusión. Las técnicas que se utilizarán se extraen de los

mecanismos de intervención psicosocial, metodología que se utiliza en la

psicología comunitaria. La contención del sujeto está basada en el paradigma

de los derechos humanos.

Por lo tanto, las disciplinas preponderantes serán la psicología

comunitaria, la psicología de los grupos, el trabajo social y el acompañamiento

terapéutico, entre otras. Desde este enfoque, la patología no es algo que solo

tiene que ver con el sujeto. La enfermedad no es de él, es portador de la

enfermedad de su grupo. En el proceso salud-enfermedad lo que se sostiene es

que la expresión polisintomática de la psicopatología es un momento de crisis

en el cual el sujeto porta un padecimiento de su grupo. Operar sobre el campo

vincular tiene entonces la ventaja de incluir al sujeto en su trama y poder así

facilitarle el proceso de salida Más planificada y apoyada de subida a

intramuros, pero agrega la dificultad de requerir la ampliación de la mirada y

el abordaje consecuente con todo su grupo.

4. Reinclusión comunitaria Cuando se habla de inclusión se habla

ya desde el ámbito de lo social, pues nos salimos del ámbito del sujeto y sus

grupos de pertenencia referencia. La inclusión implica en estos casos el acceso

a los derechos y a denunciar su eventual violentación o cercenamiento si es

que han sido vulnerados por la internación o durante el tiempo en que ésta

transcurre. Este modelo de la inclusión intenta reivindicar al sujeto como

ciudadano en todo momento, incluso durante la crisis. Las salvedades que se


requieren en cada caso no trastornan el principio general, pues introduce

respaldos accesorios como la representación jurídica y la evaluación

permanente de la capacidad de decisión plena por parte del sujeto. Es decir,

por ejemplo, si en un momento la persona con padecimiento mental no puede

decidir sobre su tratamiento o lo que fuere, eso no ha de significar que ya no

podrá hacerlo nunca, mientras esté internada. Superada la crisis, debería

recuperar la facultad de decidir sobre su salud. La inclusión social parte de

estas ideas y se sustenta en el paradigma de los derechos humanos.

El objetivo de esta praxis en consecuencia es desarmar los procesos de

estigmatización y restituir el caracter de ciudadano y de sujeto de pleno

derecho a las personas internadas. El dispositivo tiene que ver con la abogacía,

es decir abogar por los derechos del otro. El trabajo se inicia con un

diagnóstico de vulnerabilidad psicosocial que apunta al estudio de los motivos

que impidieron su acceso a los derechos así como a las dificultades para la

cobertura de las necesidades básicas que le impiden la vida comunitaria. La

pregunta que nos guía es ¿cuál es su historia de vulneración de derechos? Por

otro lado, se indaga en su subjetividad, ¿qué lo llevó a portar esta enfermedad

en su núcleo de origen? ¿Qué lo llevó a posicionarse en este lugar de

padecimiento? El tratamiento consiste además en restituir esos derechos

vulnerados. La metodología es la intervención psico socio jurídica pues se

requerirán de todas estas dimensiones. Si no se actúa en la restitución de

derechos y sólo se hace una intervención psi en el sentido de las operatorias

sobre el sujeto, de un reposicionamiento del sujeto frente a esa historia de

vida, la persona puede, casi seguro, toparse con la exclusión y la

estigmatización de lo social y terminar de todos modos aislado o vulnerado


retornando al hospicio. La inclusión social se caracteriza por requerir el

recurso de lo jurídico muchas veces por la necesidad de exigir al Estado la

cobertura de necesidades psicosociales básicas, mediante el reclamo jurídico

directo, toda vez que la persona no accede a los beneficios sociales que le

correspondan a la vivienda, al trabajo, a la adecuada atención sanitaria en el

primer nivel, etc.

Esto implica rever la formación de los profesionales de la salud mental,

la cual tiene una impronta tradicionalmente positivista, mecanicista y por tanto

monocausalista que hace de la clínica individual un refugio cuasifovígeno más

que un instrumento del bagaje de herramientas de intervención.


Desarrollo:

Dentro del campo de la salud podemos identificar un paradigma que podríamos

llamar tecnocrático y que parte del Modelo médico hegemónico que entre los años 40 y 50

se denominó Biomedicina.

Este tiene como características estructurales el biologicismo, la ahistoricidad

asociada al individualismo y su delimitación de objeto centrado en la enfermedad. Otras de

sus características son su adhesión a la racionalidad científica y también una progresiva

medicalización de la vida cotidiana asociada a la relación asimétrica de poder entre sus

actores (profesional-paciente).

En este marco surge un proceso de mercantilización que está relacionado con el

sometimiento de la salud a las leyes del mercado y en esto, hay quienes sostienen que en

el derecho a la atención en salud se debe garantizar un mínimo para el conjunto y dejar

librado a la posibilidad de proveerse en el mercado el resto de las atenciones. Así, no queda

lugar para la construcción social de los problemas de salud sino más bien lo que se produce

es una construcción corporativa de la enfermedad, lo que algunos autores denominan como

creación de enfermedades “ “ , un proceso complejo que incluye desde generación de

lenguajes hasta estrategias de mercado.

El desarrollo de las ciencias, como la genética o la biología molecular, tienden a

reducir la enfermedad a la única causalidad o priorizan arbitrariamente una causa

específica, tanto en las denominadas enfermedades pre sintomáticas como en procesos

inherentes a la vida misma (malestares, padecimientos, etc.) que son nominados como

enfermedades y frecuentemente sometidos a curas farmacológicas sin ponderar su eficacia

real o los riesgos que tales fármacos conllevan.

En este sentido, se plantea que la psiquiatría se enfrenta a dos caminos posibles:

por un lado, reducirse a ser intermediaria entre la industria psicofarmacológica y los


usuarios o la población, o recuperar su potencialidad en los actos médicos en donde el

vínculo intersubjetivo sea su herramienta fundamental. Y en ello se fundamente la

terapéutica del fármaco concebido como parte de una estrategia ampliada de cuidado en

proceso de trabajo en salud horizontales, integradores e interdisciplinarios.

Otra de las características de este paradigma, es que presenta a las enfermedades

como algo aislado, que le sucede a un aspecto aislado del organismo y no como efecto que

altera a una totalidad viviente; ataca al síntoma a través de medios químicos o mecánicos,

dejando de lado variables psicológicas y sociales: el enfermo es un órgano y por lo tanto la

salud mental aparece como resultado de factores orgánicos.

La relación entre los profesionales de la salud y los enfermos se caracteriza por

vínculos despersonalizados, escasa o nula comunicación, donde el médico aparece como

autoridad con un manejo incluso autoritario de los pacientes con contactos rápidos y

aislados.

Este modelo comienza a ser cuestionado en la década del 60 ante la crisis de la

medicina: crisis de costo, de eficacia y de accesibilidad. Un concepto clave que aparece en

este sentido es el de iatrogenia, asociado a los daños que acompañan el progreso de las

ciencias médicas.

En Latinoamérica surge el pensamiento médico/ social salud/colectiva como

paradigma alternativo que problematiza con la concepción de salud y de enfermedad

inherente a las prácticas hegemónicas. En primer lugar incorpora lo social y deja de

considerar la salud-enfermedad como estados antagónicos, para poner en el centro de la

conceptualización el proceso de producción- reproducción social como matriz del fenómeno,

también dinámico y procesual de la salud-enfermedad.

En este sentido Ferrara ( ) remarca la necesidad de una conceptualización de la

salud que permita entenderla en el área de la comunidad y las clases sociales que la
integran, adherida al proceso histórico donde se producen sus determinantes. No es lo

mismo en cualquier época o lugar.

Propone elaborar un objeto científico partiendo de un concepto de salud como

proceso con caracteres históricos y sociales, determinado por una realidad compleja. Salud

como proceso, despojada del individualismo, liberada de los términos unicausales que la

ataban. Esta visión llevó a la necesidad de incluir a las formas de atención como parte del

análisis de los modos en que la salud y la enfermedad se presentan en diferentes contextos

y poblaciones. Así se plantea que el objeto de la salud/colectiva medicina/social lo

constituiría en un primer momento el proceso salud-enfermedad-atención que luego viró a

salud-enfermedad-cuidado, siendo este último concepto el articulador entre la atención

primaria de la salud y la salud mental.

“Cuidado” puede considerarse como una condición humana fundamental, es decir, el

hecho de haber sido cuidado por otros no solo es algo necesario para la supervivencia, sino

que constituye y caracteriza a los seres humanos. De esta manera se puede definir al

cuidado como un sistema de actividades destinado a promover, sostener la vida y la calidad

de vida de las personas, caracterizado por la construcción de un lazo social tierno que tenga

en cuenta la posibilidad de alojar al otro en el acto.

Existen tres condiciones generadas por la ternura: el miramiento, la empatía y el

buen trato. Por otro lado, la ternura tomada como una instancia ética, consiste, según el

sentido que le ha dado Levinas, en el reconocimiento de la presencia del semejante. Podría

definirse semejante como un otro que es sujeto de derechos. Esta corriente sostiene que no

existe cuidado sin la instauración de un vínculo y que dicho vínculo debe estar sustentado

en una corriente afectiva tierna, posibilitando ello la inclusión en el mismo de la empatía, el

miramiento y el buen trato. Estas tres condiciones que Ulloa presenta como propias de la

ternura, podrían considerarse a su vez características fundamentales del cuidado.

Asimismo, podría ponerse cierto fundamento ético común a cualquier práctica definida como
cuidado. Se trata del reconocimiento del otro como semejante, como sujetos de derecho

cuya dignidad impide que sea tomado como objeto, cosa, instrumento o mercancía.

De esta manera, la noción de salud ya no es lo opuesto a la enfermedad ni la

ausencia de la misma y más bien se refiere a cuestiones tales como el “buen vivir” y el

ejercicio de los derechos de los sujetos y los colectivos, mientras que la salud mental

aparece como resultado de la calidad de los vínculos, la comunicación y la inserción social

de la persona. Toma al hombre como un ser que atraviesa etapas y crisis vitales, tiene un

enfoque totalizador de las mismas desde la comunidad.

No se puede aislar la salud mental de la salud en general, ni las prácticas de salud

pueden seguir centradas en la suposición de que atienden “cuerpos biológicos” cuando se

trata de sujetos en situación de padecimiento.

Los textos analizados hasta aquí destacan sobre un cambio de paradigma en la

conceptualización de la salud, pasando de una visión centrada en la dicotomía salud-

enfermedad a un enfoque que incluye la atención y finalmente el cuidado como elementos

esenciales. Este enfoque pone énfasis en el "buen vivir", los derechos de los sujetos, la

diversificación de actores y saberes, las dimensiones afectivas y vinculares, y una

orientación ética basada en el respeto y la dignidad del paciente.

En este contexto, las noticias sobre los recortes y cierres de las Residencias

Interdisciplinarias de Salud Mental en el Hospital Laura Bonaparte implican un retroceso

hacia un modelo médico Hegemónico y representan un retroceso en la evolución hacia un

modelo de atención y cuidado más humano y centrado en los derechos de los pacientes.

Estos recortes, que se justifican por la necesidad de optimizar recursos, contradicen

directamente los principios de atención y cuidado integral que se promueven en el nuevo

paradigma alternativo.
Al reducir el personal y cerrar áreas críticas, se pone en riesgo la calidad de la

atención médica y se dificulta la posibilidad de ofrecer un cuidado centrado en el paciente y

sus necesidades. Además, la falta de comunicación entre la dirección del hospital y el

personal, así como las protestas de los trabajadores y la preocupación de la comunidad,

sugieren una ruptura en las dimensiones afectivas y vinculares que son fundamentales para

un enfoque de salud integral.

La intervención del gobierno afecta la ética del cuidado en el hospital. Si la ética del

cuidado implica ternura, empatía y reconocimiento del otro como sujeto de derechos, los

ajustes presupuestarios o la reestructuración del personal podrían comprometer estos

aspectos. Por ejemplo, la falta de recursos podría dificultar la prestación de una atención

personalizada y empática, y la sobrecarga de trabajo podría afectar la capacidad del

personal para brindar un trato digno y respetuoso.

Desde el punto de vista de los usuarios, la intervención podría generar inseguridad,

desinformación y desamparo, sentimientos que, según Merhy (2006), son contrarios a una

ética del cuidado. Los recortes presupuestarios que afectan la disponibilidad de recursos o

la capacitación del personal, hacen que la calidad de la atención se vea seriamente

comprometida.

Por otro lado, el daño que se genera con la interrupción de la formación

interdisciplinaria de áreas que están relacionadas directamente con la atención integral es

un daño a futuro que dificultará la variedad y disponibilidad de ciertos profesionales.

Se vuelve a la concepción dicotómica de salud-enfermedad, y se pone al estado

como el responsable solamente de garantizar la atención de manera básica y centralizada

en un aspecto unicausal.

A través de este proceso de mercantilización por parte del gobierno, vemos que se

relaciona a la salud mental con las leyes del mercado, siendo estas tan diferentes.
La problemática sobre la cual el gobierno decide desintegrar estos grupos

interdisciplinarios, los cuales son muy necesarios para un abordaje tan amplio como este el

de la salud mental dificultad y deteriora los progresos en cuanto a los pacientes y en cuanto

a los centros interdisciplinarios esenciales para la salud, de los enfermos y de las personas

con padecimientos.

Al reducir al personal y que haya una intervención del gobierno en este campo de la

salud mental, estamos frente a una vulnerabilidad y violación de los derechos, tanto de los

trabajadores como de los usuarios de la salud mental.

Los intentos de cerrar los hospitales nacionales de salud mental o los despidos

masivos de trabajadores, o el recorte en medicamentos o prestaciones, son trabas que nos

pone el gobierno y nos priva de nuestros derechos.

Durante lo largo de este año, hemos estado trabajando sobre la importancia de los

aportes de cada disciplina para poder establecer un cuidado atención sobre el paciente

implicando diferentes enfoques, interdisciplinarios para poder lograr cumplir con la ley de

salud mental, la cual promueve que la atención de los usuarios con padecimientos

subjetivos esté a cargo de equipos interdisciplinarios.

Estas privaciones impuestas por el gobierno no llevan como sociedad a quedarnos

estancados en cuanto al campo de la Salud Mental. No llevan a encasillar a las personas

con padecimientos mentales en un espacio y tiempo muy reducido a lo que la ley de Salud

Mental propone y sin estas intervenciones interdisciplinarias de suma importancia el

enfermo o la persona con padecimiento mental queda privado de derechos que ayudan a la

reincorporación en la sociedad, al poder de elección, el derecho de realizar actividades,

tener un trabajo, una familia y sobre todo el hecho de poder volver a tener una vida social

estable.

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