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Elefante Wiki

Los elefantes, pertenecientes a la familia Elephantidae, son los mamíferos terrestres más grandes y se dividen en dos géneros: Loxodonta (elefantes africanos) y Elephas (elefantes asiáticos), con tres especies actuales. Tienen una notable inteligencia, una trompa altamente funcional y son conocidos por su larga gestación y complejas estructuras sociales. A pesar de su importancia ecológica y cultural, enfrentan amenazas debido a la caza ilegal y la pérdida de hábitat.
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Los elefantes, pertenecientes a la familia Elephantidae, son los mamíferos terrestres más grandes y se dividen en dos géneros: Loxodonta (elefantes africanos) y Elephas (elefantes asiáticos), con tres especies actuales. Tienen una notable inteligencia, una trompa altamente funcional y son conocidos por su larga gestación y complejas estructuras sociales. A pesar de su importancia ecológica y cultural, enfrentan amenazas debido a la caza ilegal y la pérdida de hábitat.
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Elephantidae

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«Elefante» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Elefante (desambiguación).
Elefantes
Rango temporal: Tortoniense-Reciente[1]
PreЄЄOSDCPTJKPgN

Elefantes africano (izquierda) y asiático (derecha)


Taxonomía
Dominio: Eukaryota
Reino: Animalia
Subreino: Eumetazoa
Superfilo: Deuterostomia
Filo: Chordata
Subfilo: Vertebrata
Superclase: Tetrapoda
Clase: Mammalia
Infraclase: Placentalia
Orden: Proboscidea
Familia: Elephantidae
Gray, 1821
Géneros y especies
Véase el texto

[editar datos en Wikidata]


Los elefantes o elefántidos (Elephantidae) son una familia de mamíferos
placentarios del orden proboscideos. Antiguamente se clasificaban, junto con otros
mamíferos de piel gruesa, en el orden, ahora inválido, de los paquidermos
(Pachydermata). Existen hoy en día tres especies y diversas subespecies. Entre los
géneros extintos de esta familia destacan los mamuts.
Elefante salvaje indio del bosque de Marayoor, Munnar, Kerala.

Cría de elefante africano de sabana (Loxodonta africana), parque nacional Kruger,


Sudáfrica.
Los elefantes son los animales terrestres más grandes que existen en la actualidad.
[2] El periodo de gestación es de veintidós meses, el más largo en cualquier animal
terrestre. El peso al nacer usualmente es 118 kg. Normalmente viven de cincuenta a
setenta años, pero registros antiguos documentan edades máximas de ochenta y dos
años.[3] El elefante más grande que se ha cazado, de los que se tiene registro,
pesó alrededor de 11 000 kg (Angola, 1956),[4] alcanzando una altura en la cruz de
3,96 m, un metro más alto que el elefante africano promedio.[5] El elefante más
pequeño, de alrededor del tamaño de una cría o un cerdo grande, es una especie
prehistórica que existió en la isla de Creta, Elephas creticus, durante el
Pleistoceno.[6]

Con un peso de 5 kg, el cerebro del elefante es el más grande de los animales
terrestres. Se le atribuyen una gran variedad de comportamientos asociados a la
inteligencia como el duelo, altruismo, adopción, juego, uso de herramientas,[7]
compasión y autorreconocimiento.[8] Los elefantes pueden estar a la par con otras
especies inteligentes como los cetáceos[9] y algunos primates.[10] Las áreas más
grandes en su cerebro están encargadas de la audición, el gusto y la movilidad.

Géneros actuales

Detalle de la cabeza de un elefante africano


Los elefantes actuales se clasifican en dos géneros distintos, Loxodonta (elefantes
africanos) y Elephas (elefantes asiáticos), pertenecientes a dos tribus distintas.
Clásicamente se reconocían dos especies, una en cada género, pero actualmente hay
un debate entre los científicos sobre si las dos subespecies africanas son en
realidad dos especies distintas, en cuyo caso serían en total de tres especies de
elefantes. Se reconocen las siguientes especies y subespecies:[11]

Elefantes africanos (Loxodonta).


Loxodonta africana - elefante africano de sabana o matorral.
Loxodonta cyclotis - elefante africano de la selva.
Loxodonta adaurora †
Loxodonta africana pharaoensis †
Loxodonta atlantica †
Loxodonta exoptata †
Elefantes asiáticos (Elephas)
Elephas maximus. Una sola especie con tres subespecies vivas:
Elephas maximus maximus - elefante de Sri Lanka.
Elephas maximus indicus - elefante indio.
Elephas maximus sumatranus - elefante de Sumatra.
Elephas maximus asurus †
Elephas maximus rubridens †
Elephas antiquus †
Elephas beyeri †
Elephas celebensis †
Elephas chaniensis †
Elephas creticus †
Elephas creutzburgi †
Elephas cypriotes †
Elephas ekorensis †
Elephas falconeri †
Elephas iolensis †
Elephas melitensis †
Elephas mnaidriensis †
Elephas namadicus †
Elephas naumanni †
Elephas planifrons †
Elephas platycephalus †
Elephas recki †
El elefante de Borneo (Elephas maximus borneensis) y el elefante de Malasia
(Elephas maximus hirsutus) se clasifican actualmente como Elephas maximus indicus.
[11]

Características y comportamiento de las especies actuales

Escultura de elefante, en el conjunto de Borobudur, Indonesia.

Ejemplar frotándose la espalda en el parque nacional de Chobe, Botsuana.


Presentan una prolongación nasal muy desarrollada, denominada probóscide
(comúnmente conocida como trompa) que, gracias a su desarrollada musculatura (tiene
150 000 músculos), les da una gran movilidad y sensibilidad. La trompa es la fusión
de la nariz y el labio superior del elefante, y le sirve para muchas cosas, además
de respirar y oler:

Es tan sensible que puede distinguir formas y texturas al tocar algo.


Emite sonidos (barritos) de diferentes tipos, incluyendo infrasónicos.
Con ella recoge comida, ya sea del suelo o de hasta 6 o 7 m de altura.
La usan para aspirar agua, que luego ponen en su boca para beber o echan en su
cuerpo para refrescarse.
A lo largo de la trompa corre el canal nasal, y como tiene el mejor olfato del
mundo, la levantan en el aire a fin de percibir olores lejanos.
Los elefantes también poseen colmillos, que en realidad son incisivos; salen de su
mandíbula superior y crecen curvos a los lados de la trompa. Les sirven para abrir
camino, marcar árboles (una forma de señalar su territorio), escarbar y para atacar
y defenderse en caso necesario. Los colmillos de elefante son una gran fuente de
marfil, pero debido a la creciente rareza de los elefantes, casi toda la cacería y
tráfico son ahora ilegales. Sin embargo, al no existir los recursos necesarios para
conseguir que se cumpla la ley, se sigue comerciando con los colmillos de los
elefantes en el mercado negro. Esto implica que la matanza de elefantes de forma
desaforada sigue teniendo lugar en la actualidad para alcanzar semejante finalidad.
[12] Los colmillos del elefante pueden pesar hasta 120 kg y tener hasta 3 m de
longitud, aunque lo habitual es que midan menos de un metro. Estos colmillos no son
dientes caninos, sino incisivos extremadamente largos y el marfil es la dentina que
los forma.

Otra de las características principales de los elefantes es que poseen unos grandes
pabellones auditivos (mayores en el elefante africano que en el asiático). La
principal función de estas orejas es la termorregulación del animal. Al estar muy
vascularizadas permiten un correcto enfriamiento de la sangre, que en animales de
ese volumen sería difícil conseguir por otros medios. También es capaz de percibir
sonidos infrasónicos, lo cual le permite comunicarse con individuos situados a
varios kilómetros de distancia. Estos sonidos, con frecuencias de tan solo cinco
hercios (imposibles de escuchar para el hombre), se transmiten por aire y tierra,
pudiendo ser detectados mediante las patas antes de llegar al oído del animal, al
ser la velocidad de propagación del sonido mayor en el suelo que en el aire. Este
desfase en la recepción del sonido podría servir al elefante para estimar la
distancia a la que se encuentra su congénere. Recientemente, en una investigación
publicada en 2023 por Nature, Ecology & Evolution, se logró demostrar que algunas
de estas secuencias de infrasonido inaudibles para los humanos cumplen el papel de
«nombres propios» con los que identifican y llaman a individuos particulares en la
manada.[13]

Se alimentan casi exclusivamente de hierbas, cortezas de árboles y algunos


arbustos, de los que pueden llegar a ingerir doscientos kilogramos en un día. Son
los mamíferos terrestres más grandes en la actualidad, en orden a su talla y peso.
Un macho adulto africano puede llegar a pesar 7500 kg, aunque el récord conocido es
de 11 000 kg.[4] Viven generalmente hasta los sesenta, setenta años (en ocasiones
superan los setenta años) aproximadamente.[14] No se conoce exactamente un récord
de edad para un elefante en libertad; se estima que en muy raras ocasiones han
podido superar los noventa años de edad. En cautiverio el récord lo tiene el
famosísimo elefante asiático Lin Wang, que sirvió para las Fuerzas Chinas
Expedicionarias en la segunda guerra sino-japonesa además de participar en otras
misiones militares y «conocer» a los altos cargos del ejército chino, como Sun Li-
jen. Falleció con ochenta y seis años de edad en 2003.

El elefante produce una variada gama de sonidos, con los cuales expresa diversas
emociones. El más conocido es el barrito, que hace cuando está asustado.[cita
requerida]

Varios estudiantes de cognición de elefantes y neuroanatomía están convencidos de


que los elefantes son muy inteligentes y conscientes de sí mismos.[15][16] Otros
impugnan esta opinión.[17][18]

El elefante africano es el mamífero con el tiempo de gestación más largo,


aproximadamente veintidós meses,[19] y pesa unos 115 kg al nacer.[cita requerida]

Realidades y mitos

Macho de elefante africano

Cría de elefante

Elefante cautivo para transportar turistas


En general suele relacionarse al elefante con la buena memoria, y estudios
realizados por la Universidad de Sussex en Kenia, dirigidos por la doctora Karen
McComb, parecen confirmarlo. Estudiando las comunicaciones entre elefantes del
parque nacional Amboseli, en Kenia, los investigadores llegaron a la conclusión de
que estos animales eran capaces de reconocer la llamada de más de cien individuos
diferentes[cita requerida]. Al parecer, estos sonidos, similares a un gruñido
agudo, pueden servir para identificar a los demás individuos y formar parte de una
red social relativamente compleja.

Otros estudios, dirigidos también por Karen McComb, confirmaron la capacidad de los
elefantes de reconocer los restos de cadáveres de su misma especie, prestando
especial atención a los correspondientes a miembros de su manada, que al parecer
distinguen por su olor. Cuando se encuentran con estos restos parecen rendirles un
particular homenaje póstumo, tocándolos con sus trompas y pezuñas. Sin embargo,
ante huesos de otras especies su indiferencia es total.[cita requerida]

Mucha gente piensa que los elefantes tienen miedo a los ratones. En realidad, lo
que ocurre es que los elefantes tienen una mala visión: sus ojos están a los lados
de la cabeza, lo que hace que no puedan distinguir con claridad cualquier cosa
pequeña que se mueva delante de ellos. Esto hace que no soporten las sorpresas o
los movimientos bruscos y cuando se acerca un ratón se ponen nerviosos y un poco
agresivos.[cita requerida]

Se cree que existen cementerios de elefantes, ya que se han encontrado restos de


elefantes en una misma zona, muy cerca uno de otro, lo cual es un mito. Lo que sí
ocurre es que antes de morir, los elefantes, por instinto, buscan el agua, por lo
que muchos mueren cerca de ella y próximos unos de otros.[cita requerida]

Una escena en el campamento Elephant Sands, Botsuana


El elefante en la guerra

Elefante de guerra indio

Esta pintura es, probablemente, una copia de un grabado de Alaert du Hamel, que es
presumiblemente una copia de una obra perdida de Hieronymus Bosch.
Artículo principal: Elefante de guerra
La industria del hombre y el furor por hacer daño a sus enemigos hizo que emplease
este enorme cuadrúpedo en la guerra, armándole de diferentes modos, entre ellos
unos castilletes o torres de madera, desde donde cierto número de guerreros
disparaban armas arrojadizas. Heliodoro fija el número de soldados que montaba la
torre en seis. De todos modos, puede juzgarse el daño que haría esta especie de
fortificación movible, pues además de las flechas y dardos que despedían sus
defensores, el elefante hacía también uso de la trompa, puesto que según algunos
historiadores, este animal se aficiona mucho a los ejercicios bélicos.

La primera vez que le vemos aparecer en escena en la historia militar es en la


batalla de Arbela o Arbella (Siria) año de 331 a. C. en que Darío, rey de Persia,
los presentó en número de 15 en el centro de su línea de batalla, contra Alejandro
el Grande, el cual a pesar de esto, venció a su enemigo y le despojó del reino. El
rey vencedor, como gran capitán, no dejó de aprovechar este elemento de guerra y
los elefantes formaron en lo sucesivo parte de las falanges macedónicas. Heliano
dice que los griegos organizaron militarmente el conjunto de elefantes de un
ejército:

la falange era el cuerpo principal, o sea 64 elefantes


la calerarquia tenía 32
la elefantarquia, 16
la epitarquia, 4
la tearquia, 2
la zoarquia era un elefante solo, llevase o no la torre encima

Elefante de guerra medieval


El caballero Armandi, coronel francés, es de opinión que la falange, al ser
atacada, se formaba en cuadro sólido de modo que pudiera formar con facilidad de
frente, y cuando atacaba iba en una sola fila. Pirro los hizo pasar a Italia y los
romanos aprendieron de él y de Aníbal a utilizarlo en un día de batalla. Se sirvió
de ellos por primera vez contra Filipo, y continuaron empleándolos en todas sus
guerras durante 300 años, hasta los tiempos de César. Tanto se llegó a estimar al
elefante, que se le cubría el cuerpo con planchas de hierro y el pecho con un peto,
en medio del cual se fijaba una punta de acero. También llevaban estas puntas en
las extremidades de los colmillos. En cambio, se inventaron corazas erizadas de
púas aceradas para defender el cuerpo de los guerreros destinados a atacar a los
elefantes para que estos se hiriesen al asirlos con la trompa.

El mejor modo de atacar al elefante era matar al cornell o conductor pues


desorientado y sin guía marchaba a la ventura. No todos los elefantes tenían
instinto guerrero y muchas veces, particularmente cuando eran nuevos, les espantaba
el tumulto y confusión de los combates: los gritos y las heridas los irritaba y
entonces, no encontrando lugar para la huida, porque se trataba de impedirla
colocando un cuerpo de honderos a su espalda, embestían a las propias tropas,
causando en ellas el destrozo que debía hacer en las enemigas. El conductor en este
caso, no tenía otro remedio que clavarles en la cabeza un puñal muy afilado que
llevaba al efecto y caían muertos en el instante. Este inconveniente, repetido con
frecuencia, unido a las dificultades de su manutención, por la enorme cantidad de
alimento que consumían, muchas veces imposible de proporcionar, hizo que se dejase
de utilizar los elefantes como elemento de guerra.[20]

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