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La Nueva Humanidad

El documento reflexiona sobre la desigualdad en la vida y la necesidad de reconocer que todos somos parte de una única humanidad, instando a vivir con amor y en unidad. Se cuestiona el valor de la palabra y la importancia de actuar con conciencia y generosidad hacia los demás, enfatizando que nada es realmente nuestro y que debemos compartir lo que tenemos. Finalmente, se hace un llamado a la creación de una Nueva Humanidad, donde la justicia, el amor y la fraternidad prevalezcan.
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La Nueva Humanidad

El documento reflexiona sobre la desigualdad en la vida y la necesidad de reconocer que todos somos parte de una única humanidad, instando a vivir con amor y en unidad. Se cuestiona el valor de la palabra y la importancia de actuar con conciencia y generosidad hacia los demás, enfatizando que nada es realmente nuestro y que debemos compartir lo que tenemos. Finalmente, se hace un llamado a la creación de una Nueva Humanidad, donde la justicia, el amor y la fraternidad prevalezcan.
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¿POR QUÉ NO TODOS, SEÑOR?

¿Por qué no todos, Señor, pueden gozar de la vida?

¿Por qué, si somos todos iguales?, ¿qué cosas se nos


olvidan?

¿Por qué, aunque lo sabemos, pasamos nuestra conciencia

sabiendo lo que a otros falta y la vida no se altera?

¿Qué nos hizo olvidar que al crear Tú las riquezas,

la mayor que nos brindaste fue que nodos las tuvieran?

Pero no por separado, cada uno a su manera,

pues si sucede así nos hace olvidar tu esencia.

La vida a la que nos llamas, aunque tiene forma externa,

ha de nacer en el alma; siendo así jamás se altera.

Lo que nace en tu raíz, lo que el alma entera se gesta,

lleva tu profundo soplo, llamando a cubrir la tierra.

Y siendo así, lo que ocurre es fruto de tu Promesa,

que por nacer desde Ti no produce diferencias.

Ayúdanos a entender que no es vana tu Promesa,

que Tú quieres para todos, tu vida, ya en esta tierra.


ENVÍANOS TU SOPLO DE PADRE

Mándanos, Dios, tu Espíritu Santo,

envíanos, Dios, tu soplo de Padre,

que nos haga entender que tu fraternidad

somos toda la humanidad.

Padre, alúmbranos, ¡danos luz!

Infunde en las almas de los hombres tu amor,

que nadie quede fuera de nuestro corazón.

¡Ven, Santo Espíritu! Renueva la tierra.

Tráenos tu soplo que nos convierta,

pongamos la vida en tu vivir y tu plan,

que todos sintamos tu amor y tu paz.


ENVOLTURAS

¡Qué triste es ir por la vida con hambre de darla a Dios

y no saber que la damos “a envolturas” de su amor!

¡Cuánto pesa comprobar, cuando la vida pasó, que al final lo


que

sembramos no fue ni vida ni amor! son envolturas...

Si fue verdad que vivimos con profunda devoción

y no fue Dios ni su esencia quien nuestra vida guió.

Qué duro se hace mirar la senda que atrás quedó

al comprobar que la huella no fue fiel al plan de Dios.

Qué dolor padece el alma que vivió para el Señor,

al sembrar su propia vida y no el amor que creyó.

La envoltura no perdura, aún hecha en nombre de Dios,

sólo trasciende la esencia, perdura sólo el amor.

A veces todo es perfecto en su quehacer exterior

y lo que ocurre y vivimos pensamos que es de Dios.

Aunque en su nombre lo hacemos con la mejor intención

no tenemos garantía de que lo hecho sea de Dios.

Pues en nombre de la Cruz, la Palabra y el Señor,

¡cuánta injusticia se ha hecho, cuánto contrario al amor!


NADA ES MÍO

Hemos de reconocer que desnudos vivimos

y sin nada nos iremos, y sin nada nos iremos.

Y si el comienzo y final son razones de camino,

en su esencia lo andaremos, y su esencia lo andaremos.

Nada tuve cuando vine y nada al irme tendré,

¿Qué quiero para el camino, qué quiero salvo la fe?

La Nueva Humanidad es el único camino para alcanzar,

del Señor, para todos, un solo destino.

Unos de otros somos dueños para bien o para mal,

todos somos patrimonio de una sola Humanidad.

Nada es mío, y nada he de querer

salvo vivir para lo que he de ver.

Ser con la vida lo que en verdad pudo ser,

no querer ser quien no soy, ni lo que soy dejar de ser.


¿QUIÉN NOS ROBÓ LA PALABRA?

¿Cuándo comenzó el olvido del valor de la Palabra?

¿quién desvió el camino que a la vida nos llevaba?

¿Por qué la mente cambió y al final ya no pensaba

según proclamaba Dios a través de la palabra?

Y ante tan grave inconsciencia, ¿por qué ya no se rescata

el valor que le robaron al Padre a través de la Palabra?

¿Qué razón nos da razón para que siga olvidada

la Palabra en su exigencia y la vida que de ella mana?

Mas, en tanto continúe el destierro de la Gracia

continuaremos hambrientos en medio de la abundancia.

Y anunciaremos a Dios ser su esencia la causa,

y nadie hallará la vida, ¡todo quedará en palabras!.

Si la mente no se alerta de esta ceguera, que mata,

nunca podremos quitar el dolor a la Palabra.

Sabemos que Dios es Dueño y que en verdad Él nos guarda,

mas el mal es quien gobierna y Dios no puede hacer nada.

La vida está, la fuerza vive en la Palabra ¿quién la encadenó?

¿Quién nos robó la Palabra, quién nos la robó?

En libertad Dios nos creó ¿quién, al hombre, lo encarceló?

Jesús murió por liberar a todo hombre ¿quién lo encadenó?


CERCA Y LEJOS

El cercano y el lejano,

hermanos son de verdad,

y Dios, todos juntos,

somos patrimonio universal.

Mío es el que está cerca, y el que vive más allá.

Yo soy propiedad de todos y todos, mi propiedad.


¿QUIÉN MATÓ LA AUTOR DE LA VIDA?

Mata al autor de la vida quien la canta y no la vive,

pues si no se vive el canto, o que se canta prescribe.

Y da vida aquél que canta haciendo presente a Dios,

porque al vivir sólo quiso dar vida a lo que cantó.

Tan sólo la vale la vida, la vida y la intención;

la vida, aunque te confundas, el caer no es un error.

Muchos, por no equivocarse, no salieron de su yo,

y cuanto en él de Dios hubo, sin frutos con él murió.

Quienes no hicieron camino tomaron camino andado,

caminaron sendas viejas buscando el amor ansiado.

Cuando algo no se encuentra en aquello conocido

sólo nos queda buscar, al único que es Camino.

Pidiéndole que nos muestre la vida, otras cosas,

que nos cambie y nos transforme de gusano en mariposa.

Que no cante sin vivir, que no viva sin cantar.

Porque sólo cantando entiendo cómo Dios me pide amar.

(Porque cuando canto entiendo cómo Dios me pide amar).


TODO ES DE TODOS

Lo que sale de mi boca pertenece a los demás,

¿quién, las voces que cantó, podría recuperar?

Eso que salió del alma nace de la humanidad,

y se suma al patrimonio que todos han de gozar.

Nada es nuestro, si “los otros” no lo logran disfrutar

porque todo es de todos y todos deben gozar.

En todo existe la vida, la vida de todos es,

y aquellos que se la apropian matan su razón de ser.

¿Quién podrá retener el aire del vendaval

o evitar pudrirse el agua al retenerla, sin más?

Quien quiera creerse dueño de lo que por él pasó

piense en el cauce del río, ¿acaso dueño se vio?

¡No sintió, más bien el júbilo de saber que acarició

las aguas que al mar llegaron, buscando en el mar su Dios!

Ojalá nunca olvidemos que aquello que se nos dio

no fue para hacernos dueños de lo que sólo es de Dios.


TODOS SOMOS UN CACHITO DE DIOS

Haz que entendamos, Padre del cielo, que todos somos de tu


propiedad,

y que formamos una gran familia en la que nadie se queda


atrás.

Los que son ricos, los que son pobres, quien vive libre y en la
prisión.

Los que nacieron, los que murieron, incluso aquél que jamás
nació.

Nos dimos cuenta que el mundo es bueno, todos hablamos de


querernos más.

Pero al final todo queda en familia ¡nos olvidamos de la


Humanidad,

los que a las puertas de las iglesias piden limosna “por caridad”

no son distintos de los que entran, y sí más dignos de poder


entrar.

Esta familia que hoy te canta quiere ofrecerse a los demás,

soñar que todos vivamos juntos y hacer que el sueño se haga


realidad.

Los niños rubios, mujeres negras, ancianos blancos y de color

somos tus hijos, tú nuestro Padre, y a todos das tu supremo


amor.

Todos unidos en las alegrías en las esperanza y en el dolor,

En el camino y en el destino siguiendo a Cristo como él nos amó.

Los niños rubios, mujeres negras, ancianos blancos y de color,

somos tus hijos, tú nuestro Padre, y a todos das tu supremo


amor.
¿QUIÉN POR NOSOTROS CREYÓ?

¿Quién por nosotros creyó al predicar la Palabra?

¿quién con Jesús se encontró y nuestro no quedó nada?

¿Quién se encontró con la vida viva y no sepultada,

(de forma que quién la oyó no dejó, para sí, nada)?

y aquellos que la encontraron cambiaron su mente y alma?

¿Quién se dio cuenta, en verdad, que Jesús se hizo Palabra

para que quienes sufrían, sus vidas se liberan?

¿Y aquellos que lo hicieron, vida desencadenaran,

la de Dios, que ya existía al tiempo que los creara?

En tanto sólo veamos en Jesús, grandes semblanzas

que no hemos de vivir y sólo ser meditadas,

todo seguirá igual, sin lugar a la esperanza,

porque nosotros no hicimos del Padre Dios nuestra causa.

Deberemos preguntarnos, ¿quiénes, por nosotros cambian,

porque ven en nuestras vidas la de Dios, y su Palabra?

Y no la vida de aquellos que, en su casa ensimismada,

presencian el mal de los otros, y por ellos, no hacen nada.


VOSOTROS SEREIS MI PUEBLO

La gente de todo el pueblo

en el destierro se dispersó,

se sintió un pastor.

El dolor, la lejanía,

a todos ellos hizo creer

que Dios les olvidó.

Y en su tristeza, decían,

¿tendrás, de nosotros, compasión?

Y Dios les respondió:

“Os reuniré de entre todos los pueblos,

vendréis de todo lugar.

Os daré un solo corazón

y un espíritu nuevo os haré llegar.

Arrancaré el corazón de piedra

y os daré de carne, un corazón.

Vosotros seréis mi pueblo

y yo seré vuestro Dios”.


SER CON LA VIDA

Hay pendiente una respuesta a un grito que lanza el alma

de quien dañado en lo íntimo, con dolor su vida pasa.

Hay pendiente una respuesta: ¡darlo todo desde el alma!

porque sabe que en los otros vive el ser que a él le falta.

Ha de llegar ese tiempo en el que sobren razones

para no hacer caridad con ninguno de los hombres.

De nada sirve los diezmos, el compartir o el donar,

si en la materia que damos toda la vida no va.

Es urgente que advirtamos cómo pasamos la vida

enredados en acciones que en lo hondo discriminan.

Mientras que demos razones, lo que sobra o cierto tiempo

quedará sin validez la oración del Padre Nuestro.

Son pocos los que en el mundo están quemando sus vidas

para que el hambre de muchos desaparezca algún día,

mas no hemos de olvidar que quien a quitarla vino

su Cuerpo dio de alimento y nos dijo: “¡Haced lo mismo!”.


CORAZÓN SIRVIENTE

Cuántos cantando para vivir y haciendo gozar a otros,

y qué pocos, con conciencia para darle vida a todos.

Cuántos cantan para comer pues si no cantan se mueren

por no tener alimentos que a sus familias les lleguen.

Y otros cantando a la vida que existe en cada viviente,

la que procede de Dios y que muy pocos advierten.

¿Qué conciencia existe en ellos, qué razón en sus mentes,

conocen bien lo que cantan, cambian la vida en muerte?

Pidámosle al Señor que quienes viven en muerte

sientan en su alma la vida que del Señor todos tienen.

Y que quienes recibieron esta misión tan urgente

no paren un solo instante para que a todos les llegue.

Cuando el corazón no late el cuerpo se queda inerte

y por un miembro que para, el cuerpo total se muere.

¿Quiénes hacen de corazón, quién ésta función ejerce?

¿permitiremos que mueran tantos y tanto inocente?

¿Quién creará la conciencia de un “corazón sirviente”

que por dar la vida a todos sirve y canta eternamente?


MARAN ATHA TERCER MILENIO

Acrecienta, Dios, el hambre que nos aumente la fe,

y no permitas jamás que se apague nuestra sed.

Ante el milenio que viene diremos: “¡Mara atha!”

Ven a nosotros, Señor, y trae contigo la paz.

No distraigas tu llegada que, a veces falta paciencia

y genera tal violencia que la esperanza se apaga.

Es urgente que esperemos, del hombre en su bondad,

y hasta el final confiemos que sin límite amará.

Pues así, Tú lo quisiste con tu Espíritu y Verdad,

y por ello te decimos: “¡Ven pronto, maran ahata!”

Con fe, amor y esperanza sembramos “tercer milenio”,

y entonces veremos viva la vida del Evangelio.

Reinará ya la Justicia de Dios y, de Amor, su Plan,

y no hará falta decir “¡Ven Señor, maran atha!”


LA NUEVA HUMANIDAD

La Nueva Humanidad la gestan hombres buenos,

sin nuevos Nicodemos jamás existirá.

Podremos dar al mundo palabras de consuelo

mas, a los corazones nunca les llegarán.

El plan de nuestro Dios irá a la deriva

por tiempo ilimitado que no tendrá final.

Recemos con el alma al Padre de la vida

que envíe hombres nuevos que la hagan realidad.

¿Quiénes serán esos hombres nuevos

que dicen con sus vidas qué puede ser verdad?

¿Quiénes, de aquí comienzan la tarea

de hacer a todo el mundo la Nueva Humanidad?

La Nueva Humanidad nos trae, de Dios, Justicia,

su celo y su perdón, su amor y su verdad.

En tanto éstos no existan, no llegará la vida

que trae el Padrenuestro y su fraternidad.

La vida que soñó el Padre de la vida

la buscarán los hombres y no la encontrarán.

Y en vez de disfrutarla, siempre estará perdida

y Dios, como fiel Padre, sufriendo, esperará.

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