Para saciar la curiosidad histórica acerca de la veracidad de las
teorías vertidas, en 1987 se realizaron los primeros estudios,
superponiendo un autorretrato de Leonardo a la pintura de la Mona
Lisa; el resultado fue una gran similitud en las dimensiones y rasgos
físicos.[61][5] Los detractores de dicha investigación alegan que, dado
que el autor es el mismo, los trazos son similares y por eso generan
confusión. Lillian Swartz y Gerald Holzman, los directores de dicha
prueba, aseguran que el autor se autorretrató, dándose apariencia de
mujer.[61]
Tanta ha sido la obsesión por esclarecer la identidad de la retratada,
que el doctor Matsumi Suzuki (Premio Ig Nobel de la Paz en 2002),
investigador japonés, reconstruyó el cráneo de la Gioconda mediante
un análisis óseo, y a partir de dicho cálculo generó la posible voz de la
modelo. El investigador asegura que la reproducción de la voz es
fiable en un noventa por ciento. También ha realizado la misma
simulación para el autor de la obra, de la cual desconfía un poco
porque la barba reflejada en los autorretratos esconde algunos
detalles importantes.[62]
El título del cuadro
[editar]
El título oficial de la obra, según el Museo del Louvre, es Retrato de
Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo,[2] aunque el
cuadro es más conocido como La Gioconda o Mona Lisa.[51]
Este título aparece documentado por primera vez mucho después de
la muerte de su autor. Con respecto al nombre de Mona Lisa, más
usado en fuentes anglosajonas, Monna es el diminutivo en italiano
de Madonna, que quiere decir Señora.
El robo
[editar]
El hueco que quedó tras el robo perpetrado en
1911 por Vincenzo Peruggia en la pared del Museo del Louvre que
albergaba el cuadro.
El 21 de agosto de 1911, el carpintero italiano Vincenzo
Peruggia (exempleado del Museo del Louvre) llegó al Museo del
Louvre a las 7 de la mañana, vestido con un blusón de trabajo blanco
como los utilizados por el personal de mantenimiento del museo,
descolgó el cuadro y a continuación, en la escalera Visconti, separó la
tabla de su marco, abandonando este último. A continuación salió del
museo con el cuadro escondido bajo su ropa, que colocó
posteriormente en una valija.[63][64] Cuando poco después el
pintor Louis Béroud entró a la sala para ver el cuadro, notó su
ausencia y avisó de inmediato a la policía. El museo permaneció
cerrado durante una semana para proceder a la investigación. [65]
Unos años antes el museo había sufrido el robo de otras varias piezas,
lo cual hizo suponer a la policía que ambos acontecimientos estaban
relacionados. Guillaume Apollinaire y Pablo Picasso se convirtieron en
sospechosos puesto que se los había relacionado con la desaparición
de unas piezas de escultura del museo, además de por unas
declaraciones en las que Apollinaire apoyaba la propuesta formulada
por el futurista Marinetti de quemar los museos para dejar paso al
nuevo arte. Posteriormente se demostró que ambos eran inocentes. [66]
Al mismo tiempo que se realizaban las investigaciones sobre el robo,
se capturó al aventurero belga Honoré-Joseph Géry Pieret, quien
confesó ser el autor de otro robo acaecido en 1906, pero no del de La
Gioconda.
Durante la ausencia de la obra, se batió el récord de visitantes al
museo; acudían a apreciar el hueco dejado en la pared por el cuadro
que había sido hurtado.[66]