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Discurso Rasband

El élder Ronald A. Rasband destaca el crecimiento acelerado de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, enfatizando la importancia de reconocer la 'majestuosidad de este momento' en el que se están cumpliendo profecías. Resalta el aumento en la construcción de templos, el crecimiento de la obra misional y la expansión de la educación académica, instando a los miembros a dedicar tiempo al estudio del Evangelio y a fortalecer su fe en Jesucristo. Concluye invitando a los discípulos a celebrar este crecimiento y a prepararse para el regreso del Salvador.

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Discurso Rasband

El élder Ronald A. Rasband destaca el crecimiento acelerado de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, enfatizando la importancia de reconocer la 'majestuosidad de este momento' en el que se están cumpliendo profecías. Resalta el aumento en la construcción de templos, el crecimiento de la obra misional y la expansión de la educación académica, instando a los miembros a dedicar tiempo al estudio del Evangelio y a fortalecer su fe en Jesucristo. Concluye invitando a los discípulos a celebrar este crecimiento y a prepararse para el regreso del Salvador.

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Ante nuestros ojos

Por el élder Ronald A. Rasband


Del Cuórum de los Doce Apóstoles
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está creciendo
en miembros y familias; misiones y misioneros; centros de reuniones y
templos.

Hermanos y hermanas, estoy muy agradecido por estar con ustedes. Los
amamos, estamos agradecidos por ustedes, y nos sentimos bendecidos por
sus oraciones.

El presidente Russell M. Nelson dijo en nuestra última conferencia: “¿Ven lo


que está sucediendo ante nuestros ojos? ¡Ruego que no pasemos por alto la
majestuosidad de este momento! El Señor ciertamente está apresurando Su
obra”.
“Apresurando Su obra”: “apresurando” es una palabra importante; indica
moverse rápidamente y acelerando, incluso con urgencia. Se produce un
apresuramiento en el crecimiento de la Iglesia y del plan de Cristo y todos
nosotros somos parte de ello.

En abril de 1834, en Kirtland, Ohio, el profeta José Smith reunió a todos los
que poseían el sacerdocio en una pequeña escuela de unos 4,3 metros (14
pies) de lado. Cabrían decenas de escuelas así en este Centro de
Conferencias y sobraría espacio. José Smith dijo: “Lo que ven aquí esta noche
no es más que un grupo muy pequeño del sacerdocio, pero esta Iglesia
llenará el norte y el sur de América; llenará el mundo”.
Aquella profecía se está cumpliendo “ante nuestros ojos”. La Iglesia de
Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está creciendo en miembros y
familias; en misiones y misioneros; en centros de reuniones y templos; y en
inscripciones a nuestros Seminarios, Institutos y universidades en todo el
mundo.

Estamos agradecidos de estar en la tierra cuando la Iglesia aumenta en


números e influencia, pero sobre todo, en el corazón y en la vida de sus
miembros. Se nos conoce como discípulos de Jesucristo. Compartimos
nuestro testimonio de Él, de Su Iglesia, de Sus vías y de Su senda de los
convenios. Somos Su pueblo y Él es nuestro Salvador.
Me maravilla lo que el presidente Nelson llama la “majestuosidad de este
momento” y expreso profunda gratitud al Señor por Su obra. Nos insto a
mantener la cabeza en alto como Sus discípulos, testigos oculares del
cumplimiento de profecías, tanto antiguas como modernas.
Hay opositores que gritan: “¡He aquí y […] he allí!”, tal como lo hacían en la
época del profeta José Smith. Sin embargo, no son ni serán más que meras
notas al pie de página en esta noble obra. Recuerden las palabras de José
Smith: “Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra: las
persecuciones se encarnizarán […], mas la verdad de Dios seguirá adelante
valerosa, noble e independientemente, hasta que haya penetrado en todo
continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo
oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios y el gran Jehová diga que
la obra está concluida”.
En mis asignaciones de este año, he tenido un asiento de primera fila al ver
cómo el Señor está apresurando Su obra. La Iglesia está construyendo
templos a un ritmo sin precedentes, dando a más miembros la oportunidad
de adorar en la Casa del Señor. Segundo, la obra misional está recogiendo
cantidades récord de personas en el rebaño del Buen Pastor, Jesucristo. Y
tercero, la educación académica de la Iglesia en sus muchas modalidades
llega a niveles récord al enseñar a quienes “busca[n] a este Jesús”.
Hoy en día, la Iglesia tiene 367 templos en diversas etapas de diseño,
construcción o funcionamiento. ¿Y con qué propósito? La respuesta se
proclama en cada templo: “Santidad al Señor”. El templo abre la puerta a las
más elevadas bendiciones que nuestro Padre Celestial tiene para cada uno
de nosotros. Hermanos y hermanas, apresuramos nuestra santidad al vivir
dignos de entrar en el templo, al adorar en la Casa del Señor, y al hacer
convenios con Dios por nosotros mismos y a favor de nuestros antepasados
del otro lado del velo.
El presidente Nelson ha dicho: “Los ataques del adversario están creciendo
de manera exponencial, en intensidad y en variedad. Nuestra necesidad de
estar en el templo regularmente nunca ha sido mayor. Les ruego que, con
espíritu de oración, observen la manera en que emplean su tiempo”. En Su
casa, podemos sentir la sagrada presencia y la trascendente paz del Señor.
El año pasado, tuve el privilegio de presidir la dedicación del Templo de
Mendoza, Argentina. En mi mensaje, hice referencia a la profecía de 1926 del
élder Melvin J. Ballard de que la obra del Señor crecería en forma lenta por
un tiempo en Sudamérica, “al igual que el roble crece lentamente de la
bellota; no brotar[ía] en un solo día”, pero miles de personas se unirían a la
Iglesia y las naciones de Sudamérica llegarían a ser “una potencia en la
Iglesia”. Vi esa profecía cumplida ante mis ojos.
Mendoza, que alguna vez fue una pequeña bellota, se ha convertido en un
poderoso roble. Ese crecimiento se está repitiendo a lo largo de los
continentes e islas del mar.

Vemos al Señor apresurar Su obra en las misiones. En 2024, hubo 80 000


misioneros que sirvieron en 450 misiones. Treinta y seis de ellas son
misiones nuevas. El año pasado, la obra misional trajo a más de 308 000
miembros nuevos a la Iglesia. Más que números, el espíritu del recogimiento
es llevar almas a Jesucristo y Su Evangelio.
Pienso en los apóstoles Brigham Young y Heber C. Kimball, quienes en 1839
partieron como misioneros a las Islas Británicas. Estaban enfermos; dejaron
a sus familias enfermas y en extrema pobreza. No obstante, los dos subieron
a un carromato y, mientras aún estaban a la vista de sus seres queridos,
Heber dijo: “Pongámonos de pie y démosles un saludo”. Ambos se
levantaron con dificultad y exclamaron: “¡Hurra, hurra por Israel!”.

Vi ese mismo entusiasmo por la obra del Señor en Lima, Perú, cuando me
reuní con misioneros del Centro de Capacitación Misional y de las misiones
de Lima. ¡Vaya vista! Vi ese apresuramiento ante mis ojos. Ahora hay siete
misiones tan solo en la ciudad de Lima.
Al final de nuestra reunión, los misioneros me tenían una sorpresa especial:
Se levantaron y gritaron: “¡Hurra por Israel!”. Nunca olvidaré aquel
momento; ojalá todos ustedes hubieran podido estar allí. Ante mis ojos había
misioneros que habían dejado de lado “las cosas de este mundo” para servir
al Señor y ayudar a apresurar Su venida.
Vemos que el Señor apresura las oportunidades educativas para nuestros
miembros e incluso para los que no son de nuestra fe en todo el mundo. Una
de las cosas que nos distingue como Iglesia es nuestro énfasis en la
educación académica. En los primeros días de la Restauración, el Señor
mandó “busca[r] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”. Aquello
está sucediendo hoy en día y es digno de un resonante “¡hurra!”.
Actualmente, más de 800 000 alumnos en todo el mundo están inscritos en
Seminario e Instituto, la más alta cantidad en la historia de la Iglesia.
Nuestros jóvenes se reúnen de diversas maneras, desde clases matutinas,
diurnas y vespertinas, hasta el estudio en línea y el supervisado. Son un
batallón poderoso y recto, que se fortalecen unos a otros al aprender de
Jesucristo, seguirlo y testificar de Él como el Hijo de Dios.

El otoño pasado, en un devocional, hablé a un estadio lleno de alumnos de


Seminario e Instituto y sus padres, en la Universidad de Utah. Su asistencia
decía mucho sobre su deseo de conocer y seguir a Jesucristo. Mi mensaje a
aquellos alumnos fue claro: Dediquen al Señor la misma cantidad de tiempo.
Les aconsejé que equilibraran sus estudios con el verdadero aprendizaje
más elevado, sí, el estudio del “Hijo del Dios viviente”.
Hoy pido a todos lo mismo: Independientemente de lo que esté en su lista de
pendientes, dediquen al Señor la misma cantidad de tiempo, no el tiempo
sobrante, al estudio personal de las Escrituras, al estudio familiar
de Ven, sígueme, a la oración, a los llamamientos de la Iglesia, a ministrar, a
tomar la Santa Cena, a adorar en el templo y a meditar en las cosas de Dios.
Nuestro Señor y Salvador ha dicho: “Aprended de mí […] y hallaréis
descanso para vuestras almas”. Confíen en Su palabra y dedíquenle el mismo
tiempo.
El presidente Russell M. Nelson ha dicho: “Les ruego que dejen que Dios
prevalezca en su vida. Dedíquenle una buena parte de su tiempo y, conforme
lo hagan, fíjense en lo que sucede con su ímpetu espiritual positivo”.
Vemos aumentar ese ímpetu en Seminarios, Institutos y universidades de la
Iglesia. En esos contextos, el Señor es una prioridad y así también debería
serlo en la vida de cada uno de nosotros.

Otra área que muestra el creciente alcance de la educación académica en la


Iglesia es BYU–Pathway Worldwide. En todo el mundo, las inscripciones han
superado las 75 000 y continúan aumentando rápidamente. La mayoría son
miembros y más de un tercio están en África. Pathway consiste
principalmente en el acceso a la educación. Terminar los cursos significa
acceso al empleo, y el acceso al empleo significa una mejor vida para las
familias y más oportunidades de servir al Señor.

Mientras me reunía con algunos líderes de estaca de Uganda, me enteré de


que toda la presidencia de estaca estaba inscrita en BYU–Pathway. Cuanto
más preparados estemos temporal y espiritualmente, más podremos
frustrar los astutos ataques del adversario. Recuerden las palabras de Pedro:
“El diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.
Reconozco que en medio de las buenas nuevas del Evangelio hay quienes
tienen dificultades; que tienen desafíos de fe, dudas y preguntas que parecen
no tener respuesta. Hermanos y hermanas, Jesucristo es la respuesta.
Comiencen con Él; procuren ver la mano de Él en sus vidas; escúchenlo. “No
se turbe vuestro corazón”, dijo Él en Sus últimas horas a Sus discípulos antes
de Getsemaní, antes de cargar Su cruz por las calles de Jerusalén, antes del
Gólgota, donde completó Su sacrificio expiatorio, lo que solo Él, el Hijo
Unigénito de Dios, podía hacer.
Sepan que Él comprende; Él tomó sobre Sí todos nuestros pecados, errores,
desdicha, y nuestros días muy malos para que pudiéramos vivir de nuevo
con nuestro Padre Celestial en la eternidad. Él ha dicho: “Mirad hacia mí en
todo pensamiento; no dudéis; no temáis”. La fe en Jesucristo puede
“anim[arlos]” y sanarles el alma herida. Confíen en Él y apresurarán su
regreso a “los brazos de su amor”.
Recalco de nuevo las palabras de nuestro profeta viviente: “¿Ven lo que está
sucediendo ante nuestros ojos? ¡Ruego que no pasemos por alto la
majestuosidad de este momento! El Señor ciertamente está apresurando Su
obra”. Ruego que nosotros como discípulos de nuestros días exclamemos:
“¡Hurra por Israel!”, conforme nos preparamos para el regreso de nuestro
Señor y Salvador. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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