República Bolivariana De Venezuela
Ministerio Del Poder Popular Para La Educación
Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez”
Núcleo – Lara
Artritis reumatoide
Sección: 105
Resumen:
La Artritis Reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune crónica que se caracteriza
por una inflamación persistente de la membrana sinovial, conocida como sinovitis
proliferativa. Este proceso inflamatorio desencadena la formación de pannus, un tejido
anormal que erosiona progresivamente el cartílago, el hueso adyacente y los tejidos
blandos circundantes. A nivel clínico, los pacientes presentan rigidez matutina
prolongada (generalmente más de una hora), dolor articular simétrico que afecta
principalmente manos y pies, hinchazón visible, calor local en las articulaciones y, en
fases avanzadas, deformidades características como dedos en "cuello de cisne" o
desviación cubital. Además de estos síntomas articulares, la AR puede manifestarse
sistémicamente con fatiga debilitante, malestar general, nódulos reumatoides
subcutáneos y posible afectación de otros órganos como pulmones, corazón y ojos. La
fisiopatología de la enfermedad implica una respuesta autoinmune desregulada, con
presencia de autoanticuerpos como el factor reumatoide y anti-CCP, que activan
cascadas inflamatorias mediadas por citocinas como el TNF-α e IL-6. Sin un
tratamiento adecuado, la AR progresa hacia daño estructural irreversible y discapacidad
funcional significativa.
Para abordar esta compleja patología, esta guía propone un enfoque fisioterapéutico
integral adaptado a los diferentes estadios de la enfermedad. En casos leves (fase
temprana o de remisión), el protocolo se centra en ejercicios activos como flexiones de
dedos (10-15 repeticiones en 2-3 series) y rotaciones de muñeca (10 repeticiones por
dirección), complementados con fortalecimiento isométrico de cuádriceps y hombros
mediante contracciones mantenidas durante 5-10 segundos. Estos ejercicios buscan
preservar la función articular sin sobrecargar las estructuras afectadas, al tiempo que
reducen la rigidez matutina característica. La hidroterapia en piscinas temperadas (34-
36°C) se incorpora como estrategia transversal, permitiendo la realización de ejercicios
como caminatas acuáticas y movimientos de resistencia controlada que aprovechan las
propiedades antiinflamatorias y de descarga articular del medio acuático.
En fases moderadas con inflamación persistente, el enfoque terapéutico prioriza el
control del dolor y la prevención de anquilosis. Para ello, se emplean técnicas pasivas
como las movilizaciones grado 1-2 de Maitland, que consisten en oscilaciones suaves y
rítmicas aplicadas a muñecas y rodillas dentro del rango no doloroso. La electroterapia
analgésica mediante TENS (a frecuencias de 80-100Hz durante 10 minutos) se utiliza
para modular la percepción dolorosa a través del mecanismo de gate control. Estas
intervenciones se complementan con termoterapia superficial para reducir la rigidez
articular y mantener la elasticidad de los tejidos periarticulares.
Para los casos severos con daño articular avanzado, la intervención se reorienta hacia el
mantenimiento de la autonomía funcional y la adaptación del entorno. Se implementan
sistemas de poleas para asistir movimientos de hombros (elevaciones) y rodillas
(flexión-extensión), adaptados a las limitaciones mecánicas específicas de cada
paciente. La terapia ocupacional adquiere especial relevancia en esta fase, con
entrenamiento en actividades de la vida diaria mediante el uso de dispositivos
ergonómicos (como cubiertos adaptados o abotonadores extendidos) y la enseñanza de
técnicas de conservación energética (pausas programadas, simplificación de tareas).
Este componente psicosocial resulta crucial para mantener la independencia funcional
cuando las deformaciones articulares son ya irreversibles.
La guía enfatiza la importancia de la educación al paciente como pilar fundamental del
tratamiento, instruyendo en técnicas de protección articular (como evitar el uso de
pinzas digitales o distribuir adecuadamente las cargas) y en el reconocimiento temprano
de signos de alerta. Por ello se incorporan además ejercicios respiratorios para prevenir
complicaciones pulmonares derivadas de la inmovilidad, completando así un abordaje
verdaderamente integral. La progresión terapéutica se ajusta dinámicamente según la
evolución clínica, comenzando con ejercicios activo-asistidos en fases agudas y
aumentando gradualmente la intensidad durante los periodos de remisión.
Todos los componentes de esta intervención se sustentan en principios biomecánicos
(protección articular durante las movilizaciones), neurofisiológicos (modulación del
dolor mediante TENS) y de adaptación funcional (entrenamiento en actividades de la
vida diaria). La aplicación constante y supervisada de este protocolo ha demostrado
retrasar la progresión de las deformidades articulares, reducir la dependencia de
analgesia farmacológica y mejorar significativamente la calidad de vida de los
pacientes, incluso en estadios avanzados de la enfermedad. La guía concluye destacando
la importancia de establecer una alianza terapéutica sólida entre el paciente y el equipo
de salud, promoviendo la adherencia al tratamiento y el autocuidado como estrategias
clave para el manejo a largo plazo de esta condición crónica y potencialmente
discapacitante.