Taller Narrativo del Proyecto
La Palabra y las palabras,
comunicar de manera asertiva
para llegar a todas
Maya Angelou
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Gabriela Merayo
En el año 2024 intentando dar respuesta a los fundamentalismos
actuales Con Efe realizó un proyecto que decidió llamar “La Palabra
y las palabras, comunicar de manera asertiva para llegar a todas”.
En el mismo, se presentaron talleres tanto de comunicación como de
Biblia y teología donde se enseñaron relecturas bíblicas críticas y
también se enseñó a narrar de manera escrita y oral nuestras
experiencias, emociones, historias...
Uno de estos primeros talleres fue el taller de narrativa “Escritura
para Todas” dictado y acompañado muy fielmente por la Licenciada
en Letras María de los Ángeles Roberto. Un espacio de mucha
producción para quienes pudieron sumarse y acompañar el paso a
paso. Un lugar de encuentro y de mucho aprendizaje.
Seguras de que necesitamos ‘habitaciones propias’ donde poder
expresarnos sin prisa y sin pausa, pero también precisamos de
habilidades y técnicas para comunicarnos cada vez mejor y espacios
donde poder sacar afuera la voz, hoy presentamos un cuadernillo
con recopilaciones de este taller que tanto agradecimiento dejó.
Como pensamos que ninguna historia debe quedar silenciada en
nosotras dimos espacio para que varias mujeres de Latinoamérica
soltaran su voz. Cada una de ellas abrió su percepción, imaginación,
su memoria y con su propio estilo y sin vacilar desplegó su destreza
para hacerse escuchar a través de estos sentidos relatos. Algunas nos
contarán de sus recuerdos amorosos o dolorosos, otras, nos invitarán
a repensar las imposiciones culturales, por último, algunas nos
mostrarán la empatía y solidaridad en la simpleza de lo cotidiano.
Deseamos que sus voces continúen escuchándose.
Jane Austen
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Antonia Vallejos
Dicen que recordar es volver a pasar por el corazón y aquí estoy
escuchando en cada latido, aquellos tiempos de mi niñez, que
estuvieron impregnados de aromas y de sabores a los cuales sigo
recurriendo en mi adultez.
Recuerdo aquel aroma fresco de la menta peperina que crecía en el
jardín de casa y que, con tanta dedicación cuidaba mi abuela
Antonia. También había orégano, salvia y un inolvidable jazmín que
se vestía de gala cada primavera y me regalaba las mejores flores
para llevárselas a mis maestras de la escuela primaria. Se me esboza
una sonrisa al evocar aquellos tiempos de travesuras e inocencia.
Y qué decir de aquel árbol de paraíso que, con sus frondosas raíces
se asentaba en el medio del patio y nos cobijaba cada tardecita de
verano donde nos sentábamos con la abuela y mi hermano para
compartir los exquisitos mates de leche y yuyitos. Tal vez sea por esos
tiempos que quedaron grabados en mi historia que hoy sigo amando
los mates con los aromas de la manzanilla, la menta, el cedrón, el
burrito…
Al seguir haciendo memoria de mi infancia, no puedo evitar recordar
la comida casera de la abuela que, no sé qué secretos tenía para
hacer que cada plato que preparaba sea exquisito. Me parece estar
saboreando esas empanadas que amasaba para alguna juntada
familiar o aquel pan dulce con pasas de uva y nueces que jamás volví
a probar después de ella.
Y así comparto algunas añoranzas de mis días de niñez en las tierras
entrerrianas.
Giuli Sartor
Recuerdo tener entre ocho y nueve años de edad cuando
empezamos a ir con mis hermanas, todas las tardes de verano a la
casa mi nonna paterna Roxana, donde arriba de su casa vivian mis
primas, Agustina y Sonia (nos criamos como hermanas).
Era esperar que se hagan las tres y media para que nos cruzasen a
su casa, ya que, vivían a la vuelta de mi casa.
En esas tardes de juego y pelopincho, me acuerdo que, no siempre mi
nonno ponía el tobogán que teníamos ahí de color rojo adentro de la
pileta para deslizarnos en el agua (era muy divertido).
Para la merienda nos hacía su famosos licuados de banana con
sándwiches de jamón y queso, todavía me parece sentir el licuado y
el sándwich deshaciéndose en mi boca.
De vez en cuando con mis hermanas y primas, en el patio nos
armábamos con las sillas y la toalla una especie de carpa donde
merendábamos y charlábamos de la novela carita de ángel, y
hablábamos de nuestras cosas.
Recuerdo que algunas veces la nonna nos daba lecciones de italiano
y de “moral” o “buenas costumbre”, en algún lado debo tener
guardado el cuaderno con esas lecciones.
Así se pasaron los veranos de mi infancia hasta los doce o trece años.
Jéssica Jerez
Hace unos días mientras miraba mis fotos antiguas en Facebook salió
esta en cuestión. La verdad es que no tengo muchas evidencias
gráficas de mi infancia, no había tantas facilidades como lo hay hoy,
pero la razón más importante es porque observarlas me evoca los
sentimientos que experimentaba en esos momentos.
Viví en calle Brasil 144, en el pequeño pueblo de Malalhue, esa casa
me cobijó desde que nací hasta mis 22 años cuando murió mi abuelo.
Esa casa amarilla, que por cierto aún existe, alberga multiplicidad
de sentimientos. Era mi casa, pero nunca fue mi hogar, porque de
pequeña sentí que no pertenecía a ningún lado, que sería de paso,
hasta hoy sigo sintiendo que voy de paso hasta en la misma casa que
lleva mi nombre.
Mi madre al nacer me dejó con mis abuelos, un acto abusivo de mi
padre sobre ella me trajo al mundo, lo que provocó que quisiera
mantenerse alejada de mí, en realidad en la práctica parecía ser
más una tía. Mi abuela y abuelo cuidaron de mí, entre idas y venidas
desde su nuevo hogar, el que construyó con una persona que conoció,
su alcoholismo y baja inteligencia emocional me hacía volver con mis
abuelos. Ellos se preocuparon de mi desarrollo, de educarme, de
tratar de convertirme en una persona de bien, o como decía mi
abuela de no convertirme en mi madre, dado que mi carácter era
muy similar al de ella.
Crecí siendo la mejor estudiante como la forma de agradecer los
cuidados que me daban, y porque además, mi abuela siempre dijo
que la educación era la forma de salir de la pobreza. Estudiar era mi
forma de sobrevivir.
Frente a los ventanales de la derecha leía, lo que viniese a mis
manos, la Biblia, principalmente, cuando comenzamos a ir a la
Iglesia. Mi lugar favorito era el sillón rojo a la orilla de la ventana y
frente a la chimenea. Leyendo esperaba salir de ese pequeño
mundo, crecer y explorar. Al otro lado, en los ventanales de la
izquierda estaba el comedor, en donde realizaba mis tareas del
colegio. En la terraza frontal me sentaba a ver pasar el tiempo y la
gente, a esperar crecer pronto, a pensar, a planificar, a veces en la
noche también a llorar.
Esa casa amarilla, grande y hermosa, como decían mis compañeras y
amigas, esa casa soñada en un pueblo pobre y pequeño me dio una
oportunidad, pero también generó en mí un profundo vacío,
inseguridades y temores que hoy a mis 38 años intento poder
compensar y superar.
Mantengo la esperanza y el ejercicio diario al despertar de rescatar
y valorar esta mujer que soy hoy, intento ver esta foto en mi mente y
poder observar más el color verde del pasto y las flores, y poder
sentir el dulce aroma de los claveles de cada primavera o solo
detenerme a escuchar las patitas de mi perro corriendo al escuchar
que me voy a sentar en la terraza a descansar; con eso me quiero
quedar.
María Rosa Vigna
Un domingo salimos de Bahía Blanca en auto con mis hijos a visitar
mi pueblo natal, Jacinto Arauz en La Pampa. Pueblo que fundaron
muchos inmigrantes uruguayos, españoles, italianos, alemanes etc., un
crisol de nacionalidades que fueron allí a trabajar la tierra,
comerciar en aras del progreso en la Argentina de oportunidades
del 1800-1900.
En la entrada de acceso al pueblo siento ya el aire seco y puro, la
inmensidad del campo y el horizonte llano. No hay ríos ni mar, sólo
pampa agreste en su inmensidad. Al doblar en la primera cuadra
aparece ¡la comisaría! y un cúmulo de emociones encontradas, les
relato a mis hijos que allí fueron masacrados los primeros bolseros en
diciembre de 1921 y, ¿por qué? -me preguntan a coro. Gente
trabajadora, pero también con ideas anarquistas fueron los bolseros
que trabajaban para la cerealera y los chacareros, fueron los
primeros que lucharon por la dignidad de su trabajo (no cargar
sobre sus hombros más de 7 kg) -no había gremios entonces explico-
y se desató la jauría del conservadurismo. Masacraron, torturaron y
mataron ¡a todos! y de esa horrible historia que me contaron con
mucho recelo mis familiares, quedó una historia de amor y lágrimas
por muchos años grabada en la memoria de la gente de pueblo.
Ella (no recuerdo el nombre) la mujer de Carmen Quinteros, líder de
la huelga, año tras año venía con sus hijos a su tumba, que tenía una
hermosa escultura de una mujer con un pecho al descubierto y le
ponía rosas rojas hasta el tallo. No hablaba con nadie, pero fue su
ritual y homenaje a su hombre valiente y luchador que todo el pueblo
vio y contó con reverencia y humildad, hasta quién sabe qué haya
pasado con dicha familia.
Será por eso que durante toda nuestra infancia y adolescencia nos
daba escalofríos y miedo ir por algún trámite a dicha comisaría. En
sus muros quedaron grabados los gritos y los tiros.
Seguimos nuestro recorrido hacia la plaza del pueblo, bajamos y
vemos la imponente escultura del labrador, luego nuestros pasos nos
llevan hacia la escuela 33. Allí mis recuerdos se agigantan, la niñez
sin preocupaciones, el jugar y la juntada en ésos espacios. La
adolescencia transcurría entre las juntadas de canto, juegos y
romances de los cuales han sido testigos los frondosos y cuidadosos
árboles. Llega a mi mente el recuerdo del placero, con su pala y en
estricta vigilancia de que las bromas o desafíos adolescentes no
fueran a pasar el límite de lo gracioso a lo ofensivo. Pienso, cuántas
generaciones y anécdotas habrá vivido y callado esa figura tan
especial y olvidada de pantalones y camisaco graffa que por la
polvareda tan común en la pampa termina siendo color “terracota” .
Aún me parece verlo.
Y unas cuadras más adelante pasamos por la vieja estación de
trenes. Cuántas historias de bienvenidas, adioses, encuentros y
desencuentros nos podrían contar sus rieles, sus maderas,sus bancos
de espera y desesperación. ¿A quién se le habrá ocurrido trazar las
vías del tren dividiendo un pueblo por la mitad? Y fué de ésta
manera que se formaron dos clubes rivales: Independiente versus
Menguelle, uno de barrio, otro de “copete”. La juventud se enfrentó
en riñas callejeras para defender su “lado” y cuando una joven se
enamoraba de un chico “del otro lado” toda una discusión familiar,
de amigos, de comadres y demás. Sin embargo, era urgente el
cambio de mentalidad y justamente del lado más humilde se erige un
colegio secundario y con él los tiempos de encuentros, camaradería,
de compartir de la mano de las nuevas generaciones.
Uniendo al pueblo así las clases dominantes y sus patriarcas pierden
su terreno, porque donde entra la educación, la dignidad y el
respeto representan la autoridad. Puedo sentir bajo mis pies la
escarcha en los días (casi noche) de caminata cruzando el pueblo
hacia mi colegio. Y no me quiero olvidar del gesto de grandeza de
los adultos de uno y otro lado del pueblo por aunar esfuerzos para su
instalación.
Llegamos al final de nuestro recorrido en la hora del atardecer
pampeano lleno de colores rojizos-anaranjados que difunden una luz
especial y de recogimiento en el preciso momento en que nos
paramos en la Clínica del Doctor Favaloro. Nuestro orgullo, nuestro
héroe que trajo conocimientos, calidad, y amparo para los que
nunca habían pisado un centro de salud. Pagaba el que tenía dinero,
el que no se atendía igual por ¡Ser Humano! Trabajó con curanderas,
comadres, formando enfermeras en el mismo pueblo. Fue un grande
que socializó la medicina en el medio de la Pampa. Corazón Coraza
como dice la poesía para enfrentar tantos desafíos a los que la vida
lo enfrentó... Siento un orgullo dentro de mi al nombrarlo pues fueron
sus manos mágicas las que me ayudaron a venir a este mundo.
Y así sintiendo y palpitando mi pueblo de polvo y tierra, de sudor y
tragedias, de amor y olvidos me voy de la mano de mis hijos. Mi
pueblo fue la niñez, la adolescencia en libertad con el amor de toda
mi familia y los muchos sueños que quería alcanzar, algunos fueron
quimeras nada más y otros fueron y son mi realidad.
Como canta Serrat “duerme mi pueblo blanco que a fuerza de no ver
nunca el mar, se olvidó de llorar….”
Martha Eugenia, Mujer Mariposa
Aquella mañana se escuchó la voz tierna y amorosa de mamá que
llamaba a mis dos hermanos pequeños, Juan Gerardo y Arturo.
Mamá era muy cariñosa con nosotros sus hijos. Crecimos y aún ya
mayores nos dijo varias veces que éramos lo mejor que tenía en la
vida. Allá por 1979 todavía nos lo escribió en una carta dirigida a
"mis adorados hijos", teniendo en cuenta que habíamos venido al
mundo entre 1957 y 1963. Aunque, también es cierto que era muy
exigente en sus actitudes de vida.
Tendría como unos diez años, mientras mis hermanos los menores,
unos cinco y cuatro respectivamente. El segundo piso de la casa
estaba en obra negra, mis padres durante muchos años habían
expandido la construcción a base de un esfuerzo titánico,
literalmente ladrillo sobre ladrillo, tomando en cuenta que a su
numerosa prole mientras crecía nos iban dando todos los elementos
para estudiar profesionalmente. Por lo que, en el segundo piso había
un balcón que aún no tenía barandal, aunque la puerta que lo
comunicaba permanecía cerrada a cal y canto. Pero para niños
traviesos eso no era un impedimento decisivo y mis dos pequeños
hermanos se las ingeniaron para abrirla y sentarse en la orilla del
balcón con los pies colgando al vacío. Ahí los vio mi mamá ese día, y
por ello era la llamada tan cariñosa hacia ellos. Cuando los tuvo a
salvo, les dio unas nalgadas que creo fueron tan eficaces, que
ninguno de los tres lo intentamos nuevamente.
Miriam Bracho
Viene a mi memoria los momentos tan gratos cuando en la piscina
del Club Bella Vista en la ciudad de Maracaibo, mi mamá nos
inscribió, a mis dos hermanas y a mí, en las clases de Natación que
ofrecía el club para las niñas y niños de los socios.
Hasta donde yo recuerdo íbamos con miedo, ya que era primera vez
que nos enfrentábamos al agua y sus profundidades, pero a la vez
mami nos decía que era importante que aprendiéramos a nadar, así
estaríamos mejor preparadas para la vida, no entendíamos muy bien
lo que nos decía. Yo tenía unos 6 años, mi hermana mayor tenía más
años, unos 11 años y mi otra hermana apenas tenía unos 5 años.
No puedo quitarme de la cabeza las enseñanzas de nuestro profesor
de natación, dándonos confianza al agua, hacer los primeros
ejercicios con nuestras piernas, saber respirar, saber mover nuestros
brazos y cabeza. No consigo recordar el nombre de nuestro profesor,
lo que sí recuerdo que era muy bueno en su oficio para enseñar a
niñas y niños, tenía paciencia y era muy cariñoso pero firme.
Si hago memoria el curso duró unos tres meses, íbamos dos veces a la
semana. Esperábamos con ansias cada clase, nos divertíamos, nos
encantaban unos tequeños que vendían en el club, nos quedábamos
toda la tarde en la piscina, después que terminaba la clase de
natación. La sensación de libertad y paz era fenomenal.
En la medida que iba avanzando el curso, nos sentimos más seguras
para poder pasar de la piscina más pequeña y menos profunda
hasta la piscina más grande y nos sentimos victoriosas cuando
logramos pasar por debajo del puente, practicando todo lo
aprendido en el curso.
El papel de mami fue determinante para sentirnos animadas y
finalmente lograr el objetivo de aprender a nadar. Ella fue constante
y perseverante en llevarnos a la piscina y poder concluir el curso. Eso
nos permitió seguir asistiendo al Club ya más seguras para ir a
divertirnos y empezar a hacer a nuestros primeros amigos y amigas.
Mami por supuesto, imagino más tranquila ya que podía llevarnos a
la piscina más confiada.
Momentos importantes para nuestro crecimiento personal y grupal.
Sandry Elizabeth Garcia Vasquez
Viví en la casa de mis abuelos desde los 8 meses de nacida hasta los
27 años, pero creo que mis mejores años fueron hasta antes de
cumplir 18 años. Fue por mucho tiempo mi lugar seguro.
Mi mamá era una persona con una salud muy débil, recuerdo que
cada invierno sus pulmones se veían afectados y les costaba respirar,
pero mis abuelos siempre estuvieron ahí. Mi abuelo cumplía su rol de
abuelo consentidor. Me invitaba a helados, me daba dinero y a
veces lo podía encontrar leyendo en su oficina. Recuerdo que era
muy autodidacta y sabía de muchos temas solo con leer, me gusta
pensar que es un rasgo que herede de él. Pero mi abuela... ella era
una segunda madre para mí. Cuando mi mamá no podía estar
presente, ella lo estaba, me defendía de todo lo que podría dañar y
me enseñó a ser independiente. La realidad es que era muy llorona,
me tuvo mucha paciencia.
De mis primeros recuerdos fue cuando a los 3 años me enseñó a
hacer tortilla de maíz, recuerdo que deseaba que fueran iguales a
las de ella, pero eran unas tortillas sin mucha forma, aún así ella las
puso junto a las suya y decía que estaban bien. Se las dio a mi papá
en el almuerzo junto a las que ella hizo. Me hizo sentir muy feliz ver
como mi papá se las comía, aunque ahora que lo recuerdo eran muy
pequeñas, cuatro tortillas mías hacían una sola tortilla.
Cuando iba a la escuela, había una niña que molestaba por mi
apariencia física: Regordeta, zurda, rizada, blanca y miope. Mi
abuela la enfrentaba y ponía los límites que yo no podía poner.
Mientras mi abuelo me aconsejaba usar la fuerza, ella me
aconsejaba en ser amable y fuerte, porque seguramente con el
tiempo, yo cambiaría.
También me repetía que Dios me había hecho así y que si él me
había hecho así, era perfecta porque estaba hecha a imagen y
semejanza de Dios. También me enseñó a cocinar y podía hacer
platos sencillos, me enseñó a lavar mi ropa a mano y con lavador, a
limpiar y saber cuándo podía hablar o cuando debía callar, aunque
siendo sincera, a veces me cuesta mucho callar, eso no se lo aprendí
muy bien.
Cuando mi mamá enfermó un día de enero 2006, para ser más
precisos un viernes 13, me enseñó a ser valiente y a tener fe que ella
iba a mejorar. Cuidó de todos, tratando a mi mamá como a una hija.
Cuando ella regresó del hospital, ella estuvo ahí día y noche.
Quise estudiar comunicación en la universidad y abogó por mi para
que me dejaran seguir la carrera que quería. Ella me apoyó y
recuerdo una de sus frases “No te pueden obligar a seguir algo que
no te gusta”. Siento que ese fue su último regalo antes de dejarme un
27 de noviembre de 2011. Aún recuerdo sus últimos días, sobre todo un
día en específico, el día 24, ella ya no reconocía a nadie (a
excepción de mis hermanos y mis papás), pero si me reconoció a mi,
solo por el toque y la textura de mis manos. Aunque parece algo
triste, para mí fue en muchos sentidos, especial, fue un momento único
donde pude confirmar que el vínculo que teníamos era único como el
amor que nos teníamos.
Recuerdo esos días con mucho amor, siento que formaron muchas de
las cosas buenas que tengo como ser humano.
Yolanda Cortes
El recuerdo de mi Primera Comunión ha estado conmigo por los
últimos 45 años. Recuerdo que fué el día 1 de julio de 1978, el mismo
día en que cumplí 8 años de edad. Mi Primera Comunión es un
recuerdo agridulce en mi vida.
Ese día mis primas hermanas vinieron de la ciudad de León, Gto; a mi
pueblo para hacer su Primera Comunión junto conmigo. Sus vestidos
eran muy elegantes y sus madrinas personas ricas del pueblo. En mi
caso, mi vestido era el mismo con el que baile dos años antes en un
festival escolar. Para fortuna de mi madre, que no tenía muchos
recursos económicos, el vestido era blanco y largo pues el baile fue
Veracruzano, el color típico de los bailes de esa región. Por supuesto
mi madre le tuvo que hacer arreglos, y yo tuve que aguantar un
vestido que a dos años después me quedaba bastante ajustado.
Es cierto que me sentía diferente, pobre frente a mis primas que
gozaban de una buena situación económica y que vestían esos
vestidos caros, diseñados para la ocasión. Yo ni siquiera tuve la
oportunidad de ir al catecismo como lo hicieron mis hermanas
mayores. Me preparó una señora en sólo una semana para que
“aprovechara” que mis primas vendrían a hacer la Primera Comunión
al pueblo.
Para mí fue injusto no poder asistir al catecismo con los otros niños,
jugar en el atrio de la Parroquia y colectar boletos por cada
asistencia que luego podían ser canjeados por regalos y premios.
Todo lo anterior no es la única razón por la que el recuerdo de ese
día se quedo en mi memoria para siempre.
El hecho de que ese día fuera además de mi Primera Comunión
también mi cumpleaños provocó en mi madre el deseo de hacerme
una pequeña fiesta en casa. Lo más emocionante para mí fue que
horneó un gran pastel. Un pastel que en su recetario se llamaba:
“Pastel de Boda”. Claro que me sentīa especial, ¡ni más ni menos
como una novia! Mi padre que trabajaba fuera del pueblo estaba
ahí, tomando muchas fotografías, haciendo de mi día uno de gran
felicidad.
Al cabo del tiempo, este recuerdo tan hermoso se convirtió en uno de
los más dolorosos de mi vida. Fue el último día que veríamos a mi
padre. Una vez terminada la fiesta él se fue, nos abandonó. Nunca lo
volvimos a ver. Se desvaneció y se olvidó que alguna vez tuvo tres
hijas y que el último día que compartió con nosotras se convirtió en
un antes y un después en nuestras vidas.
Así es como recordamos hoy día el último día con mi padre antes de
su abandono, el día de mi Primera Comunión, el día en que cumplī 8
años y celebramos con un “pastel de boda” la última caricia de mi
padre.
María Silvia Olivera
Hace un tiempo volví al lugar donde viví unos años y del que tengo
recuerdos hermosos. Llegué a la casa donde viví y me encontré con
los algarrobos crecidos.
recordé emocionada el día que llegaron a casa. recordé el ritual
para plantarlos, los buenos deseos de quienes estábamos allí, los
planes que hacíamos. Soñábamos con tomar mate y conversar bajo
su sombra.
Recordé los mensajes del vecino que lo siguió cuidando cuando
nosotras nos mudamos. Nos avisaba cuánto iban creciendo y la
sombra que comenzaban a dar.
El algarrobo es un árbol muy noble, fuerte y hermoso. Y así son los
lazos que se tejieron en la vecindad y que los recuerdos siguen
alimentando y emocionando.
Virginia Satir
[Link]
Giuliana Sartor
¿Por qué si últimamente se está hablando más sobre la relatividad
de la belleza, el miedo al paso del tiempo, sobre todo para las
mujeres, hace que esa misma belleza sea peligrosa?
El concepto que desde siglos se tiene de las mujeres en este sistema
patriarcal, en el cual están incluidas las instituciones religiosas, es el
de mujer sinónimo de belleza.
Este sistema e idea de belleza genera entre las mujeres, problemas
de TCA (trastorno de la conducta alimentaria), creando así, “una
fábrica del ser flaca”. Creando un modelo hegemónico, dejando
atrás a mujeres que no se adecuan a esos moldes.
Volviendo a la pregunta del principio, aunque se esté hablando un
poco más sobre una belleza relativa. Hoy la hegemonía de la belleza
está más viva que nunca, debido a las redes sociales y a la creación
de los filtros que ahí se encuentran, es una de las razones que hace
que las cirugías estéticas crezcan cada vez más entre las jóvenes, de
ahí que decimos que el miedo al paso del tiempo hace que esa
misma belleza sea peligrosa.
Jéssica Jerez
Históricamente la mayoría de las comunidades de fe de corte
evangélico en Chile se encuentran constituidas principalmente por
mujeres. Lo que coincide plenamente con lo que ha ocurrido desde el
inicio del cristianismo, las mujeres han tenido un lugar fundamental en
el desarrollo y crecimiento de la vida de las iglesias. Pero si bien su
participación es de vital importancia para cada comunidad de fe,
esta participación se encuentra limitada por ciertas condicionantes,
paradójicamente por su calidad de ser precisamente mujer.
Dentro de la vida eclesial hay multiplicidad de ministerios, funciones
y tareas por desarrollar que van permitiendo el adecuado desarrollo
y crecimiento de sus feligreses. Por lo tanto, en la mayoría de las
organizaciones cristianas evangélicas encontraremos grupos de
hombres, mujeres, adolescentes y niños; y otros ministerios como la
oración, predicación, visitación a enfermos, evangelismo, como
también, múltiples actividades de asistencia social a los más
vulnerables. Por último, se encuentran las actividades propias de la
administración de la comunidad, como también de su cuidado y
mantención.
Como podemos apreciar la vida de las comunidades de fe, en
general, se encuentran en continuo movimiento y actividades, pero
¿cómo se produce esa participación en las diversas comunidades de
fe? ¿son espacios disponibles para todos y todas? ¿qué limitantes
hay? La respuesta es principalmente una: tu género.
Así llegamos a una importante disyuntiva, porque más allá de poseer
las diversas competencias necesarias para desempeñar
determinadas tareas notamos, por lo general, que las mujeres
responden solamente a un grupo de ellas.
Las mujeres trabajan en grupos con otras mujeres y niños, visitan
enfermos, oran por la iglesia, hacen evangelismo al invitar personas
al culto, como también se encargan del aseo del templo o de
cocinar para diversos eventos; pero no precisamente, porque sean
las tareas que prefieran realizar, sino porque son a las que pueden
acceder. Lo que corresponde a ministerios como la predicación a la
congregación, o su participación en la administración y la toma de
decisiones se encuentra limitado a un grupo específico de personas y
por lo general, éstos son varones.
Esta segmentación de tareas y actividades dentro de gran cantidad
de comunidades de fe, principalmente conservadoras, va a
responder a dos puntos importantes: como se mencionaba
anteriormente, el género que se posee, y en segundo lugar a los roles
asignados a causa del mismo género. Como raíz a esta distinción tan
importante sobre lo que puedes realizar/desarrollar dentro de una
iglesia va a responder a la base doctrinal a que cada congregación
pueda adherirse, y eso a su vez, y de forma más fundamental, a la
interpretación dogmática que se realiza de Las Escrituras y de los
roles de género presente en ella. Esta lectura y a su vez, la
problemática antes mencionada es algo que nace desde el inicio
del cristianismo al institucionalizarse, qué tarea pueden desempeñar
o no las mujeres dentro de las iglesias cristianas.
Durante siglos hemos transitado entre las mismas interrogantes e
incomodidades de un grupo de mujeres disidentes que no logra
conformarse con seguir perpetuando un status quo que nace de una
conveniente segregación a causa del género. Respondemos a una
Santa Biblia, sin lugar a dudas inspirada por Dios, pero escrita por
hombres que son hijos de su contexto sociocultural y luego, con el
pasar de las décadas sigue siendo interpretada por
otro grupo selecto de hombres, hijos de su contexto también, genera
una interpretación teológica y doctrinal que sigue dejando a las
mujeres en tareas y labores propias de su rol social y cultural de
cuidadoras y dueñas de casa. Solo pocas mujeres han logrado
romper esos paradigmas a lo largo de los siglos y desempeñar
diversas labores y tareas que han sido consideradas “solo para
hombres” llevando consigo la carga y el estigma de romper los
designios de Dios.
Hoy, en pleno siglo XXI, con todo el apogeo y acceso que han ido
obteniendo las mujeres en su acceso al mundo académico y laboral
en el submundo de las comunidades de fe parece no haber llegado
en todas ellas el desarrollo que se vive afuera, en la sociedad.
Porque como en muchas congregaciones se dice: “el evangelio no es
cultura”, por ende, cómodamente es mejor seguir manteniendo este
status quo de mantenerlas dentro de las labores de cuidado o
enseñanzas sólo de otras mujeres y niños, como de las labores
domésticas para no compartir los espacios de poder que implica
tanto la toma de decisiones o la enseñanza principal del púlpito a
toda la congregación.
Solo nos queda mantener la esperanza de que la disidencia ante
estas estructuras de poder eclesial pueda atender en primera
instancia al cambio social imperante en estos tiempos y que lleve a
reconocer que el género no puede ser una distinción que permita o
no acceder a ciertos ministerios, puestos o tareas dentro de una
comunidad de fe. Solo nos queda la esperanza de que sea el mismo
Espíritu de Dios que nos permita volver a mirar a nuestros orígenes,
pero con Jesús en que éramos de verdad un solo cuerpo y un mismo
espíritu, sin importar si eras hombre o mujer.
Martha Eugenia, Mujer Mariposa
El patriarcado es el conjunto de pensamientos y acciones que
subrayan la supremacía del varón sobre la mujer en cualquier ámbito
de desarrollo de ésta. Este patriarcado es ejercido por cualquier ser
humano.
Nace como consecuencia del sedentarismo en el Neolítico.
Ocasionando la necesidad de cuidado y protección de los bienes
materiales que se van adquiriendo, por lo que el varón empieza a
designar a la mujer como cuidadora de esos bienes y le induce a que
se quede en casa.
A través de los siglos, provoca desigualdad, discriminación, sumisión y
entorpecimiento de la mujer, que impide e inhibe su desarrollo
adecuado en cualquier ámbito.
Para erradicarlo es primordial que se eduque desde el nacimiento
de los seres humanos, inculcando valores de respeto por todos los
sexos. Pues tanto hombres como mujeres, necesitan conocer y afirmar
sus potencialidades sin sentirse en desventaja o ventaja uno sobre el
otro. Es vital tener conciencia que somos diferentes, pues nuestra
naturaleza así lo marca, pero que esas diferencias nos ayudan si se
ponen en colaboración para ser mejores. No como base de
comparación, si como trabajo conjunto de manera eficiente.
Marília Camargo de Querubin
No Brasil, as mulheres, no plano legislativo foram consideradas
“incapazes de exercer por si mesma direitos” necessitando a tutela
de seus pais ou maridos para o exercício destes. O Código Civil
Brasileiro que vigiu de 1916 a 2002, retratava a sociedade daquela
época, totalmente patriarcal e conservadora, motivo pelo qual as
mulheres eram oprimidas e inferiorizadas, não somente dentro do
seio familiar (entre pais e maridos), como na sociedade como um
todo. No código Civil de 1916 a mulher era vista como submissa, ou
seja, os maridos tinham o dever de ser representantes legal da
família, a submissão da mulher se dava, dentre vários motivos, por um
específico: a maioria dos seus atos deveriam ser autorizados por seus
maridos , como por exemplo exercer uma profissão. Esta situação
perdurou até 1962 através da Lei denominada “Estatuto da Mulher
Casada” que pôs fim à necessidade de autorização do marido para
assumir cargos através de concursos públicas ou serem contratadas
por outros regimes trabalhistas para trabalhar.
Atualmente, com a edição da Constituição Federal, em vigor desde
05 de outubro de 1988, é que ocorreu alterações mais concretas no
campo dos direitos das mulheres casadas, como por exemplo serem
reconhecidas, conjuntamente com o marido, as representantes de
direito relativos à família e aos filhos e filhas. Porém, a ideologia
machista/patriarcal não se modificou, tanto que nos dias de hoje, o
Congresso Nacional tem colocado em pauta questões que denotam
retrocesso aos direitos alcançados pelas mulheres. Por fim, sinto que
é preciso atuar com muita força e continuidade na mudança cultural
e a educação formal tem que incorporar os conteúdos que dizem
respeito aos direitos das mulheres afim de que consigamos alcançar
uma sociedade mais justa e igualitária.
María Rosa Vigna
Marchamos porque la violencia machista se apodera de los cuerpos
de las mujeres, lo cosifican y cuando se rebelan ante la violencia u
opresión las matan. El machismo internalizado les hizo creer "será
mía o no será de nadie" o bien "ninguna mujer se aprovechará de
mi".
Porque queremos más educación sexual integral (ESI) en los colegios
y menos pornografía y víctimas de violencia sexual. La ESI es un muy
buen recurso para concientizar a los chicos, chicas, adolescentes que
sus cuerpos y todos los cuerpos deben ser respetados y ha ayudado
en muchas ocasiones a sacar a la luz abusos intrafamiliares o
institucionales. La violencia y/o abuso sexual se producen muchas
veces cuando un adulto referente sea de un club, colegio o espacios
religiosos se aprovecha de la vulnerabilidad (muchas veces
desconocimiento) para coaccionar y abusar.
Porque queremos más derechos y la soberanía de nuestros cuerpos.
La prostitución NO es trabajo.
Queremos el Derecho a percibir económicamente igual que los
hombres. El Derecho a decir NO en cualquier circunstancia. Derecho
a ser reconocidas académicamente sin un "hombro masculino de
renombre" (paternalismo). Aunque en Argentina la prostitución no
está prohibida se declaró abolicionista porque es una forma de
esclavitud donde el proxeneta o las plataformas sexuales lucran y
exprimen el cuerpo femenino de niñas, niños y adolescentes. El
cuerpo es una mercancía y cuando está destruido se descarta.
Por esto y mucho más marchamos...
Miriam Bracho
Hoy presentamos la Perspectiva de Género como una de las
opciones teóricas y metodológicas para comprender mejor los
cambios o las resistencias que se viven en el día a día de la realidad
social. Además de considerar los aportes que la Perspectiva de
Género brinda al Trabajo Social y a la Relectura Bíblica Feminista.
La realidad social es múltiple y compleja, existen diversas formas de
describirla, analizarla e interpretarla. Es por ello que se presenta una
alternativa teórica y metodológica como es la Perspectiva de
Género. ¿Pero en qué consiste esta perspectiva? Es todo un sistema
que nos permite poner la mirada en las relaciones humanas entre
mujeres y hombres, cómo se han construido a través del tiempo y el
espacio, además de mirar nuevas posibilidades de relacionamiento
que permitan llevar vidas más justas y dignas. Marta Lamas expone
que La Perspectiva de Género implica reconocer que una cosa es la
diferencia sexual y otra cosa son las atribuciones, ideas,
representaciones y prescripciones sociales que se construyen social,
cultural e históricamente tomando como referencia esa diferencia
sexual.
El conocimiento y prácticas sociales que se desarrollan en las
distintas sociedades nos llevan a considerar algunas áreas del
conocimiento profesional tales como la filosofía, la antropología, la
psicología, la teología y el trabajo social entre otras ciencias
humanas. El Trabajo Social ha contribuido a explicar lo que las
personas, grupos sociales y comunidades practican en su vida
cotidiana y cómo las relaciones humanas adquieren características
particulares según el lugar que ocupan en la sociedad y las épocas
donde se mueven.
Es por ello que la Perspectiva de Género viene haciendo sus aportes
a estas ciencias para llevar a la comprensión y transformación de las
situaciones de desigualdad e inequidad existentes en las
comunidades.
Debido al desarrollo de estas ciencias, la categoría Género es una
herramienta valiosa para llegar a explicar y comprender los
diferentes roles tanto femeninos como masculinos que siguen
ocupando espacios clave en la vida de la Humanidad y que
requieren una constante revisión y cambios sustanciales y necesarios
que permitan seguir investigando.
Otra de las Ciencias Humanas es la Teología Feminista y la Relectura
Bíblica con ojos de mujer las cuales han hecho aportes significativos
para liberar el texto bíblico de prejuicios y creencias que han
llevado a prácticas perversas e indignantes de las relaciones entre
mujeres y hombres.
A manera de conclusión podemos decir que la Perspectiva de
Género es una opción teórica-metodológica válida que enriquece el
conocimiento humano y contribuye al análisis y comprensión de
disciplinas científicas tales como el Trabajo Social y la Teología
Feminista.
Marília Camargo de Querubin
A litografia realizada por Jacques Etienne Arago, no século 19,
retrata uma escrava castigada, sua boca encontra-se amordaçada
com a máscara de flandres e em seu pescoço há um colar que tolhe
o movimento do pescoço.
Esta obra em análise é a amostra de como os escravos no Brasil
sofriam castigos físicos, de forma cruel, que lhes tiravam os direitos
de se alimentarem e de não se comunicarem com outras pessoas sem
permissão de seus proprietários.
Não se conhece a história desta escrava silenciada, após pesquisas
realizadas foi atribuída a uma escrava nascida no Brasil de nome
Anastácia, gerada em decorrência de um ato de estupro perpetrado
contra sua mãe, que era escrava, chegada da África, a quem, a
transmissão oral, atribuía uma beleza que atraia a atenção de seu
proprietário.
Desconhece-se o motivo de ter sido castigada ao uso da máscara e
do colar de ferro, mas pode-se inferir, pelo significado simbólico que
representam, que a mordaça é uma forma de apagamento da
mulher que atreve a manifestar-se, a soltar sua voz para ser ouvida,
pois o silenciar é a tentativa de anular completamente sua presença;
sendo certo que aqueles ou aquelas que não são ouvidos/as, tão
logo, passam a "não existir” .
Esta obra de arte retrata uma realidade cruel da história da
escravatura no Brasil, bem com, em toda a América, onde sempre
mediante medidas horrendas atingia-se diretamente os corpos e
dignidades das pessoas escravizadas.
Há uma interligação entre a história desta escreva, Anastácia, com
as mulheres do Velho e do Novo Testamento que foram apagadas ou
silenciadas nos relatos bíblicos. Em razão disto, que penso que a
história sempre foi desvirtuada e o que conhecemos foi contado por
quem podia falar e era ouvido, sendo a história da humanidade
marcada pelo poder reinante.
Contudo, as obras de arte, de um modo geral, contribuem, sendo
analisadas, para trazer à luz a verdade histórica quando “lemos”
além das imagens e buscamos as representações simbólicas e
gráficas, como nesta litogravura se encontra retratada, o
“silenciamento e a opressão” concretizada contra as mulheres do
passado e do presente.
Amelia Barr
[Link]
Ana Maria Bustos
Aprender, aprender, aprender…
Escuchar, oír, incorporar y cantar.
Deleitarme con lo transmitido,
con las sensaciones, con la realidad.
Soñar a viva voz, imaginar, disfrutar.
Sacar de adentro…revisarme, mirarme.
Abrazarme con lo que soy…como soy.
Salir de lo cotidiano.
Encontrarme con ellas, ellos y...
Cantar, cantar y escuchar.
Inés Pérez Cordero
La espiritualidad es un acto constitutivo de los seres humanos y ha
sido usada para manejar nuestros cuerpos, pero si nos detenemos un
momento a ir entendiendo lo que esta significa para nuestra vida, y
lo importante que es conectarla con la cotidianeidad, sabríamos que
es desde ahí donde nos nutrimos para la vida. Ella es parte
inseparable de nuestra existencia, forma parte de nuestro cuerpo
junto a las emociones y la mente, ella se expresa de distintas formas
no solo como personas sino como colectivos, cada colectivo va
construyendo de acuerdo con tradiciones y creencias la forma en
que expresa su espiritualidad encarnada en los cuerpos. La manera
más nítida en que podemos verificar esto es que la espiritualidad se
expresa en ritos en los cuales los cuerpos expresan las cosmovisiones
tanto de agradecimiento, peticiones, dolores y alegrías. Para quienes
formamos parte de los colectivos de mujeres que vivimos en las
cuidades, vivir nuestra espiritualidad nos hace elegir un espacio de
nuestro entorno, en lo personal me lleva a las montañas a caminarla,
contemplarla, sentirla en ese espacio. Hago silencio escucho música,
leo casi siempre poesía, y escribo lo que me pasa en una bitácora.
De igual modo, en lo que yo entiendo la expresión de la
espiritualidad, esta debe expresarse no solo en lo personal, sino
también en una fuerza que nos debe llevar a movilizarnos para
defender la vida y lo que es bueno para todas y todos, es decir, nos
debe conducir a una acción política, no solo ideológica, nos debe
llevar a un accionar en lo público. Entonces, para mí la espiritualidad
nutrida en lo personal no puede quedarse solo en eso, sino, debe
expresarse en vínculos que muestren que no solo deseamos tener una
espiritualidad para nosotras sino también para las demás.
Maria Luisa Jalil
Esta mañana llevé unas ropas que tenía para regalar al hospital
Materno Infantil. Lo sugirió mi hermana que trabajó mucho tiempo
allí. Entre otras cosas me contó que había un ropero que estaba
atendido por las mismas mamás que tenían hijos internados. Al llegar,
averiguando, me hicieron pasar por la oficina de Servicio Social que
ocupa buena parte del amplio salón de la entrada principal del
hospital. Pensé que simplemente me recibirían la bolsa que llevaba y
listo. Sin embargo, aquí comenzó un camino de varias puertas. Del
Servicio Social pasé a la guardia de entrada al hospital. Entonces
pensé que ésta, recibiría la bolsa… Sin embargo, cuando supo de lo
que se trataba, me indicó subir al primer piso, al momento tomó una
radio y llamó a la guardia que está delante de los ascensores y
escaleras, la que luego me dio paso al 1er. Piso donde funciona
maternidad. Allí otra guardia, me dijo cómo llegar hasta la
encargada del ropero de las madres. Créanme que esta seguridad,
ya la conocía por algunas visitas a internadxs que en más de una
ocasión realicé. Lo que no imaginé, es que hubiera tanto protocolo
para dejar una donación minúscula como la que portaba.
Tuve que andar un largo pasillo del 1er piso donde encontré a la
encargada, que en una rueda de mujeres muy jóvenes, algunas
adolescentes manipulaba un muñeco y con mucha ternura y palabras
muy claras daba indicaciones sobre cómo tratar a un bebé recién
salido de una internación. Cuando me advirtió hizo señas de que en
un momento me atendería y siguió su charla con ejemplos de
situaciones de la vida diaria muy aterrizadas a condiciones de
precariedad. La ronda de mujeres, unas diez, reían con frecuencia al
ser advertidas en sus modos de proceder por las descripciones que
hacía la instructora.
Fue muy visible la risa cuando les pedía que se dejaran ayudar en el
cuidado del bebé, que los varones también podían y debían
colaborar… Se fueron soltando, con risas y miradas cómplices entre
ellas, entonces comenzaron a intervenir con preguntas y ejemplos de
sus propias experiencias.
Creo que estuve parada ante este escenario casi media hora. En un
momento me indicaron que podía aguardar sentada, a unos metros
de donde estaban ellas, pero no quise. Me encantó participar
escuchando y contemplado esta bella escena de mujeres que
compartían saberes con el objetivo de cuidar la vida de sus hijxs
recién nacidxs después de cuidados intensivos en el hospital.
Lo vuelvo a la memoria y me conmuevo. Aún siento ese clima tan
agradable que generaba esa tertulia de mujeres jóvenes, lideradas
en ese momento por una instructora un poco mayor que ellas de trato
realmente amoroso, lúdico, con un mensaje simple y claro.
La instructora nos invitó a pasar a mí y a otra mujer que, durante la
charla también llegó, ella sí, esperó un tiempo parada al costado de
la rueda, pero luego se fue a sentar. La salita pequeña donde
entramos tenía un mueble con estantes y varias prendas dobladas de
bebé, también había carpetas, materiales de costura, etc: un taller.
Sobre una pequeña mesa la instructora abrió un cuaderno y dijo que
tenía que dejar registro de nuestros nombres para hacer la entrega
de lo que dejábamos. Antes de que nos explicara el procedimiento
comencé a preguntarle muchas cosas relacionadas al servicio que
hacía y cómo funcionaba todo eso.
Resumiendo… esta instructora es parte del servicio del hospital cuya
tarea entre otras, es trasmitir saberes de cuidado del recién nacido
a las familias de los bebés internados, especialmente a las madres,
pero a su vez organiza una serie de actividades que tienen que ver
con el bienestar de las mamás que están también internas mientras
sus bebés reciben tratamiento.
Advierto ahora, que todas las protagonistas de mi relato son mujeres,
no es casual. El cuidado frecuente y casi siempre en nuestra
sociedad en manos de mujeres. Pero lo más relevante para mí en
esta experiencia, es ver en salud pública, el ejercicio de políticas
que otorgan el derecho a vivir con salud y dignidad a recién nacidos
y sus familiares.
Desde que inicié mi ida al Hospital Materno Infantil, hasta que salí
con mi cometido más que cumplido, una grata sorpresa fue
iluminando mi mirada. Mi asombro es más que tranquilizador en el
hoy de Argentina, porque siento que lo bueno no se quebranta ni
destruye así nomás.
María Silvia Olivera
Mujeres adultas, madres y abuelas. También hijas, hermanas, esposas.
Somos trabajadoras en casas de familia, costureras, cocineras,
jubiladas.
Mujeres diversas, con intereses distintos y con algo que las une: sus
sentimientos, que están ahí, a flor de piel.
Son sensibles porque pasan o pasaron por situaciones parecidas o
iguales a las que están tratando de responder. La empatía con los
que sufren es una de sus características. Están comprometidas con su
realidad, la que viven todos los días. Y viven su solidaridad con
mucha alegría.
No se quejan, van y van adelante. Caminan su territorio tan diverso y
vulnerable. Pueden palpar los sentimientos y los sufrimientos de sus
vecinas y vecinas. Son caminantes, nada las detiene cuando de
acompañar o socorrer a quien lo necesita, se trata.
Taty Arredondo
La pandemia del COVID-19 trajo consigo una serie de desafíos sin
precedentes, alterando la vida cotidiana de millones de personas en
todo el mundo. En medio del confinamiento y la incertidumbre,
muchos de nosotros buscamos nuevas formas de sobrellevar el
aislamiento y encontrar consuelo en actividades que pudieran
brindarnos alivio y distracción. En mi caso, el crochet emergió como
un refugio inesperado y transformador. Lo que comenzó como una
manera de aliviar mis dolores crónicos, pronto se reveló como una
profunda conexión con mi herencia familiar y una fuente inagotable
de creatividad y satisfacción personal. A través de mi experiencia
con el crochet, he descubierto no solo un pasatiempo, sino una
pasión arraigada en la memoria genética de mis ancestras, que ha
enriquecido mi vida de maneras que jamás imaginé.
La pandemia del COVID-19 trajo consigo desafíos inesperados y
momentos de incertidumbre para todos. En mi caso, el confinamiento
me brindó una oportunidad única para explorar nuevas actividades y
hallar formas de aliviar mis dolores crónicos. Fue así como, casi por
casualidad, descubrí el arte de tejer a crochet. Este pasatiempo no
solo me ofreció una distracción bien recibida, sino también una
terapia efectiva que mitigó mis molestias físicas y me proporcionó
una paz mental invaluable.
A medida que profundizaba en el crochet, descubrí un lazo
inesperado con mi historia familiar. Mi abuela paterna y mis tías
ancestras eran tejedoras expertas, conocidas por crear piezas
hermosas y detalladas. Al conocer esta parte de mi herencia, no
pude evitar pensar en la memoria genética.
Sentí que mis habilidades con el crochet no eran solo fruto de mi
esfuerzo, sino también un legado transmitido a través de
generaciones. Esta conexión me inspiró a honrar su memoria y a
sentirme más cercana a ellas, incluso sin haberlas conocido en
profundidad.
Desde el momento en que tomé el gancho y el hilo, la técnica del
crochet me resultó sorprendentemente natural. Mis manos parecían
saber qué hacer, como si siempre hubieran estado destinadas a
tejer. Este desarrollo rápido me permitió no solo aprender patrones
básicos, sino también a aventurarme en la creación de mis propios
diseños. Cada nueva pieza que completaba ya fuera una bufanda,
un gorro o una manta, me llenaba de orgullo y satisfacción. El
crochet se convirtió en una forma de expresión personal, un medio
para canalizar mi creatividad y una manera de compartir algo único
con mis seres queridos.
Tejer a crochet ha sido una experiencia transformadora para mí. Lo
que comenzó como una simple actividad para aliviar el dolor se
convirtió en una pasión que me conecta con mi pasado y me permite
explorar nuevas formas de creatividad. La facilidad con la que he
adoptado esta técnica y el placer que me proporciona son
testamentos del poder de la memoria genética y la resiliencia. En
cada punto y cada vuelta, encuentro consuelo, conexión y
creatividad, y estoy agradecida por el regalo de esta práctica en mi
vida.
Marília Camargo de Querubin
Desde 1988 constituímos uma família diferente. Minha irmã mais nova,
Mirian, estava grávida quando seu companheiro veio a óbito, e, em
razão deste acontecimento, ela necessitou de ajuda terapêutica e
realizar o pré natal, desta forma passou a contar com nosso apoio e
veio a residir em nossa companhia de irmãs, irmão e cunhado. Em
novembro nasceu Caroline, e a partir de então passamos a conviver
compartilhando os cuidados de nossa sobrinha. Foi uma experiência
muito enriquecedora para nós, meu marido, Wilson, Raquel, minha
irmã, e Hiran, meu irmão, pois aprendemos a exercitar a
maternidade afetuosa e com responsabilidade. Eu e meu esposo não
temos filhos, Raquel e Hiran eram solteiros à época e assim conti-
nuam até hoje, e dessa maneira constituímos uma família diferente,
como pessoas capazes de dar os acolhimentos necessários, suprindo
todas as necessidades e cuidados amorosos a ambas, mãe e filha.
Mirian se recuperou a contento sendo capaz de retomar suas
atividades profissionais, posteriormente, Mirian constituiu um novo
relacionamento e gerou Natalia e Arthur, que por circunstâncias
adversas da vida, nós passamos, em 1994, a conviver juntos,
novamente, como uma família, onde as crianças contavam com o
amor materno da Mirian e de nós, tias e tios e compartilhando,
integralmente, os cuidados das crianças.
Nos mudamos para uma cidade, no interior do Estado de São Paulo,
onde pudéssemos viver com maior tranquilidade e que os pequeninos
usufruíssem de uma infância de contanto com a natureza e cada um
deles tivessem um espaço agradável para vivenciar a vida e
crescerem com saúde e frequentarem boas escolas. Desde esse
momento eu e Raquel dividíamos com a Mirian a responsabilidade
das despesas e atenção ao desenvolvimento
total das crianças.
Participando das atividades escolares e respondendo sempre, com o
respeito às decisões que a Mirian tomava em relação às crianças,
depois de nós três dialogarmos para chegar a uma decisão
acertada sem criar antagonismos.
As crianças tiveram uma infância alegre, tiveram seus animais de
estimação, andaram de bicicleta, subiram em árvores, correram pelo
campo; na adolescência aprenderam línguas estrangeiras, e no
inicio da juventude tiveram oportunidade de realizar intercâmbio
cultural para aprimorarem a língua italiana, francesa e alemã, uma
experiência dividida com a Raquel, que participou dos cursos,
acompanhando-os na estadia fora do Brasil.
Desta convivência em família diferente, como nós éramos chamados
em nosso círculo profissional e social, recebemos o pleno amor de
cada um, Caroline, Natalia e Arthur. Inclusive, todos os cuidados que
necessitávamos, quer tenham sido de saúde, quer de carinho e
companheirismo. Rever o passado, os dias de nascimento de cada
sobrinhas e sobrinho, cada dia vivido em reuniões escolares,
representando a Mirian, quando não podia comparecer, pega-los na
porta das escolas, leva-los ao dentista e consultas médicas, passeios
e viagens de férias em família me traz gratas recordações.
O amor materno e filial não precisam, necessariamente, serem
gerados a partir da gravidez, a vida comporta formas diversas de
constituir uma família com responsabilidade e, principalmente, com
afeição, ternura, e acolhimento integral respeitando as individua-
lidades de cada um e demonstrando ser possível amar e sermos
amadas e amados como tias/mães e tios/pais, além de ter a
certeza de que fomos e, ainda somos companheiras e companheiros
da caminhada de bem viver!
Yolanda Rosas
Desde que tuve la experiencia de ser voluntaria en un campo y sentir
en carne propia la alegría de sembrar y cosechar, me entusiasma la
idea de tener mi propio espacio para sembrar vegetales y frutas.
Tengo muchas plantas de ornato, sin embargo, me gustaría tener un
pequeño huerto en casa. El secreto es preparar todo con tiempo y
conocer las temporadas para sembrar cada planta y sus cuidados.
Se dice fácil, pero implica mucho trabajo y dedicación. Además, vivo
en una región del país donde solo gozamos de buen tiempo por no
más de cinco meses.
De cualquier forma, cuando se sabe utilizar la tierra y sus nutrientes,
además de las semillas que los mismos frutos te dan, todo se puede
reutilizar cada año, ahorrando dinero y esfuerzo. Otro punto
importante es reciclar las hojas y ramas secas, para utilizarlas como
leña o aún para cubrir la tierra al final de temporada. Y por supuesto
lo más importante, guardar las semillas de nuestros frutos para el
próximo añ[Link] que se daña y no puede consumirse, así como el
desperdicio, sirve para hacer composta.
Todo vegetal y fruta puede ser aprovechado de diversas formas. Lo
que está en buen estado puede ser consumido de inmediato o
embotado para usarlos más tarde. Incluso, puede hacerse trueque.
Intercambiar productos con otras personas que también trabajan la
tierra. Esta es una buena manera de ayudarse en la economía
familiar, en estos tiempos donde todo es caro y además
contaminado con pesticidas.
Volver a lo básico, ser autosuficientes, vivir de manera sustentable
para nosotros mismos y para el planeta, eso es un gozo que además
de ser gratuito, nadie nos puede arrebatar.
A cada autora que compartió su relato y lo puso al servicio de otras.
A la profesora del taller, Ma. de los Ángeles Roberto que recopiló
todos los textos y pensó en que estos relatos podían compartirse.
A las mujeres de Fondo de Mujeres del Sur que nos permiten seguir
alimentando a muchas mujeres de Latinoamérica mientras ellas
cuidan de nosotras apoyando nuestro servicio de comunicación y
formación.
A nuestras familias que nos acompañan y sostienen en las largas y
arduas horas de trabajo.
A todas las compañeras que nos acompañan desde los inicios de
2020 hasta hoy: muchísimas gracias. Con Efe continúa activa por y
para ustedes.
Este cuadernillo fue editado y diseñado por
Gabriela Merayo el 10 de enero de 2025
para Con Efe Comunicaciones
en Buenos Aires, Argentina.
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