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Reseña - El Limonero Real

El director argentino Gustavo Fontán adapta la novela 'El Limonero Real' de Juan José Saer en una película que explora un dilema familiar en un ambiente onírico. La historia se centra en Wenceslao, quien enfrenta la tristeza de su familia durante la nochebuena, mientras la película utiliza un lenguaje cinematográfico que resalta la complejidad del duelo y el paso del tiempo. A través de un enfoque contemplativo y sensorial, Fontán invita al espectador a reflexionar sobre las emociones latentes sin resolver directamente el conflicto familiar.

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Reseña - El Limonero Real

El director argentino Gustavo Fontán adapta la novela 'El Limonero Real' de Juan José Saer en una película que explora un dilema familiar en un ambiente onírico. La historia se centra en Wenceslao, quien enfrenta la tristeza de su familia durante la nochebuena, mientras la película utiliza un lenguaje cinematográfico que resalta la complejidad del duelo y el paso del tiempo. A través de un enfoque contemplativo y sensorial, Fontán invita al espectador a reflexionar sobre las emociones latentes sin resolver directamente el conflicto familiar.

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Seminario · La Literatura en el Cine Argentino: Desvíos y Transgresiones

Trabajo Práctico 2

RESEÑA: “El Limonero Real” · Gustavo Fontán

Por Camila Zoe Low Tanne · D1066


Noviembre 2024
__________________________

Dilatando un dilema familiar en un tiempo casi onírico, el director argentino


Gustavo Fontán presenta en el 2016 su interpretación de la novela del aclamado autor
Juan José Saer “El Limonero Real”, con su versión cinematográfica homónima.

La historia sigue a Wenceslao un 24 de Diciembre, en el que va a pasar


nochebuena con la familia de su esposa, que se niega a salir de su casa por estar de
luto hace años por el fallecimiento de su hijo. La película muestra la vida de esta
familia en el litoral argentino y las tensiones que se dan por el peso emocional de la
pérdida.

Con una evidente formación en letras, Fontán dialoga con el texto literario
mediante un uso preciso del lenguaje cinematográfico, en tensión con aquello que las
palabras de Saer expresan, y las dificultades que se pueden presentar en el paso a la
imagen y el sonido. Lejos de buscar una transposición narrativa exacta, quizás por la
complejidad de la narrativa de Saer, o simplemente por la necesidad propia del
director por reflejar su noción autoral, Fontán se libera de las palabras de la novela
presentando un film que funciona enteramente en una lógica propia del manejo del
tiempo. Un recorrido personal de la historia donde trabaja, por sobre cualquier otra
cualidad de la misma, con el oscurecimiento de lo que se muestra, se siente, y se dice.

La complejidad de lo oscuro, de lo que yace latente en esa familia (que no


necesariamente la película va a buscar resolver), convive con el manejo de las
imágenes del autor, pero, por sobre todo, con su manejo de un tiempo contemplativo,
donde priman las sensorialidades dadas por los climas que se construyen. Es
mediante el enrarecimiento, logrado con un uso preciso de la base del audiovisual -el
balance entre imagen y sonido- en el que se destacan escenas que dan fuerza a un
relato que, por momentos, parecería perderse en esa imagen casi puramente
observacional. Es en el uso del sonido en la escena del baile, la sensación de
ahogamiento en la escena del protagonista sumergido en el agua, o el largo viaje del
mismo con su sobrino en el bote, donde más destacan estas cualidades autorales.
El común denominador de estos puntos más fuertes del relato se resume en un
cuestionamiento del paso del tiempo en tensión al duelo. Las pocas veces que la
película refiere, mediante el diálogo, al tabú de lo sucedido con el hijo de Wenceslao,
se da de manera indirecta. Planos mostrando a los personajes de lejos, procurando
prevalecer en las sombras aquello que tanto cuesta reconocer. Tomando la naturaleza
de la cual los personajes están rodeados, para evitar agotar emocionalidades directas,
permitiendo así una distancia donde es el espectador el que reflexiona, sin
condicionarse por lo que podría marcar el plano.

Fontán sumerge a Wenceslao en el agua en un tiempo que se dilata,


tensionando la imagen en un tiempo irrepresentable como lo es el tiempo del duelo,
así como sumerge a ese espectador que genera sus propios nexos con la visión cuasi
poética que da el director.

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