Oh, María, Tú resplandeces siempre en
nuestro camino como signo de salvación y
esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti,
salud de los enfermos, que ante la cruz
fuiste asociada al dolor de Jesús
manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de
todos los pueblos, sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que proveerás para que,
como en Caná de Galilea, pueda regresar la
alegría y la fiesta después de este momento
de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino
Amor, a conformarnos a la voluntad del
Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha
tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha
tomado sobre sí nuestros dolores para
llevarnos, a través de la cruz, al gozo de la
Resurrección. Amén.
Papa Francisco
Parroquia de San José Obrero | Cd. Lázaro Cárdenas, Mich.
Frailes Franciscanos