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Odonell

Durante el siglo XX, los regímenes militares en América Latina, impulsados por ideologías de seguridad nacional, jugaron un papel crucial en países como Argentina, Chile y Uruguay, especialmente durante los golpes de estado de la década de 1970. Estos golpes fueron una respuesta a crisis económicas y políticas severas, buscando restaurar el 'orden' y la 'normalización' económica, con el apoyo de sectores civiles liberales. Tras la transición democrática, la influencia militar persistió en la política y la seguridad interna, reflejando una continuidad en la dominación militar sobre las fuerzas policiales.

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Durante el siglo XX, los regímenes militares en América Latina, impulsados por ideologías de seguridad nacional, jugaron un papel crucial en países como Argentina, Chile y Uruguay, especialmente durante los golpes de estado de la década de 1970. Estos golpes fueron una respuesta a crisis económicas y políticas severas, buscando restaurar el 'orden' y la 'normalización' económica, con el apoyo de sectores civiles liberales. Tras la transición democrática, la influencia militar persistió en la política y la seguridad interna, reflejando una continuidad en la dominación militar sobre las fuerzas policiales.

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Durante el siglo XX los soldados políticos y los políticos militares han jugado un

rol preponderante en diversos países latinoamericanos, en el marco de la guerra fría y


apoyados en las ideologías de la seguridad nacional, surgieron regímenes militares o cívico-
militares en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, El Salvador, Honduras, Guatemala, Paraguay
y Perú. Ni siquiera la democracia uruguaya que por muchos decenios se caracterizó por la
civilidad al ciclo de gobiernos militares. En Cuba y Nicaragua se instalaron regímenes
políticos-militares de ideologías socialistas que, en la práctica, optaron por excluir la voz de
movimientos políticos y de actores sociales que operaban fuera del ámbito del partido único
en el poder. Llama la atención que, durante el siglo XX, las fuerzas armadas
latinoamericanas raramente han tenido que enfrentarse con ejércitos externos en guerras
regulares, casi sin expresión, los enfrentamientos militares en el continente se han reducido
a conflictos limitados, choques fronterizos, campañas de poca magnitud.

Efectivamente, el verdadero significado de las fuerzas armadas latinoamericanas


yace en su naturaleza política, Este ensayo de Guillermo O'Donnell analiza el
establecimiento del Estado autoritario en el Cono Sur de América Latina, centrándose
particularmente en los golpes militares de la década de 1970. Estos golpes ocurrieron en
países como Brasil (1964), Argentina (1966 y 1976), Chile (1973) y Uruguay (1972-1974).
Según el autor, las Fuerzas Armadas utilizaron su capacidad coactiva para interrumpir
procesos que eran percibidos por numerosos sectores sociales como una profunda crisis.

La crisis previa a los golpes de los años 70 fue percibida como significativamente
más aguda que la de los 60. En Chile (1973), Argentina (1976) y Uruguay (1972-1974),
había una sensación de que el caos había avanzado a tal punto que la supervivencia del
capitalismo y sus conexiones internacionales parecía estar en peligro. Esto se vinculaba
estrechamente con una alta actividad política del sector popular y una grave crisis
económica, con inflación superior al 500% en Chile y Argentina en los años de los golpes,
inminente suspensión de pagos internacionales y caída de la inversión extranjera.

Frente a esta situación, los golpes de los 70 tuvieron una orientación mucho más
radical que los de los 60, buscando detener un proceso al borde del colapso total. Los
gobiernos resultantes concibieron su tarea en torno a dos ejes principales: la implantación
del "orden" y la "normalización" de la economía. La primera implicaba liquidar, con toda la
coerción necesaria, la amenaza representada por la actividad popular. La segunda buscaba
restablecer mecanismos de funcionamiento y acumulación capitalista, siendo
indispensables un alivio urgente en la balanza de pagos, la reducción de la inflación y la
recuperación de la confianza de los inversores. Cuanto más aguda fue la crisis, mayor fue el
apoyo inicial de numerosos sectores sociales y del capitalismo mundial a estas tareas.

Un elemento clave en la consolidación de estos regímenes autoritarios fue la alianza


entre los militares y ciertos sectores civiles liberales, tanto "tradicionales" como
"tecnocráticos". Estos civiles ofrecieron a los gobiernos militares no solo una política
económica, sino una ideología política que condenaba radicalmente el pasado reciente y
proponía un futuro basado en un idealizado liberalismo económico. Esta visión
profundamente reaccionaria, que buscaba "volver al camino de los antepasados", se
enlazaba con la imagen organicista de la sociedad que tenían las Fuerzas Armadas, la cual
concebía a la sociedad como un cuerpo enfermo que requería un tratamiento severo,
reforzada por la Doctrina de Seguridad Nacional. La ideología liberal-tecnocrática, vista
como poseedora de una racionalidad superior validada internacionalmente, logró dominar
dentro del pacto de dominación, subordinando incluso las ideologías propias de las Fuerzas
Armadas. Estos tecnócratas, a menudo ligados al capital financiero transnacional,
implementaron políticas de ajuste ortodoxo que, aunque generaron quejas incluso dentro de
la burguesía, fueron sostenidas por la cúpula militar debido al temor a la división y a la
resurrección de la crisis previa.

Tras la transición democrática, la inteligencia militar ha sido generalmente


incorporada al ámbito de los ministerios de defensa y se ha encontrado dirigida, como en
decadencia anteriores, contra los enemigos y adversarios internos del Estado. tanto en
situaciones en que se da un diálogo formal con los adversarios, El dominio militar sobre las
fuerzas de la policía se manifestó en el nombramiento de ex militares como directores de
las diferentes ramas de la policía nacional, o de generales o coroneles retirados como
ministros de Gobierno o del Interior.

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