LOS ATRIBUTOS DE DIOS
La teología sistemática busca comprender y articular la naturaleza de Dios tal como se
revela en las Escrituras. Un aspecto fundamental de esta tarea es el estudio de los
atributos divinos, que son las perfecciones inherentes a su ser. Estos atributos no son
meras cualidades añadidas a Dios, sino que constituyen su propia esencia; Dios no
tiene amor, sino que es amor. Comprender estos atributos es crucial para desarrollar
una teología correcta y una adoración genuina, ya que nos permiten vislumbrar la
grandeza y el carácter de Aquel a quien servimos.
Tradicionalmente, los atributos de Dios se han clasificado en dos categorías
principales: los atributos incomunicables (o naturales) y los atributos comunicables (o
morales). Los primeros son aquellos que pertenecen exclusivamente a Dios y no
pueden ser compartidos por las criaturas, mientras que los segundos son aquellos
que, en un sentido análogo y limitado, pueden ser reflejados en el ser humano, creado
a imagen y semejanza divina. Este texto explorará en detalle ambas categorías,
fundamentando cada atributo en la revelación bíblica y destacando su significado
teológico para nuestra fe y vida.
I. ATRIBUTOS NATURALES DE DIOS (INCOMUNICABLES)
Los atributos naturales, también conocidos como incomunicables, son aquellas
perfecciones que pertenecen exclusivamente a la esencia de Dios y que no pueden ser
compartidas ni replicadas por ninguna de sus criaturas. Estos atributos subrayan la
trascendencia, la singularidad y la absoluta distinción de Dios con respecto a todo lo
creado. Son la base de su soberanía y su majestad.
1. Independencia (Aseidad):
La independencia de Dios, o aseidad, significa que Él no depende de nada ni de nadie
para su existencia, su carácter o sus propósitos. Él es autoexistente y autosuficiente, la
fuente de toda vida y ser, pero no necesita de nada fuera de sí mismo. Su existencia es
inherente y no derivada.
Significado Teológico: Este atributo nos enseña que Dios es el Ser supremo y
absoluto, no sujeto a las limitaciones o necesidades de su creación. Su plan y su
voluntad no están condicionados por factores externos. Nos invita a la humildad,
reconociendo que todo lo que somos y tenemos proviene de Él.
Versículo clave: Hechos 17:24-25: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas
que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos
por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase
de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.”
2. Inmutabilidad:
La inmutabilidad de Dios significa que Él es inalterable en su ser, en sus atributos, en
sus propósitos y en sus promesas. Dios no cambia; Él es el mismo ayer, hoy y por los
siglos. Esto no implica que Dios sea estático o inactivo, sino que su esencia y su
carácter son perfectamente consistentes y fiables a través de toda la eternidad.
Significado Teológico: La inmutabilidad de Dios es la base de nuestra confianza
y seguridad en Él. Sus promesas son firmes, su amor es constante y su justicia es
inquebrantable. En un mundo de constante cambio, la inmutabilidad de Dios nos
ofrece un ancla segura para nuestra fe.
Versículo clave: Malaquías 3:6: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de
Jacob, no habéis sido consumidos.” También Santiago 1:17: “Toda buena
dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual
no hay mudanza, ni sombra de variación.”
3. Infinitud:
Dios es infinito, lo que significa que no tiene límites ni restricciones en su ser o en sus
perfecciones. Él es ilimitado en poder, conocimiento, sabiduría, amor y santidad. Su
infinitud se manifiesta en su trascendencia sobre el espacio y el tiempo, y en la
inmensidad de su ser.
Significado Teológico: La infinitud de Dios nos recuerda que Él es
incomprensible en su totalidad, superando siempre nuestra capacidad de
entendimiento. Nos invita a una adoración profunda y a un asombro constante
ante su grandeza ilimitada. No hay nada que pueda contenerlo o limitarlo.
Versículo clave: Salmo 147:5: “Grande es nuestro Señor, y de mucho poder; y su
entendimiento es infinito.”
4. Eternidad:
Dios es eterno, lo que significa que Él no tiene principio ni fin. Él existe fuera del
tiempo y es el Creador del tiempo mismo. Para Dios, el pasado, el presente y el futuro
son una realidad eterna y simultánea. Él es el “Yo Soy” que siempre ha sido, es y
será.
Significado Teológico: La eternidad de Dios nos da perspectiva sobre la
temporalidad de nuestra propia existencia. Nos asegura que Él es el Dios de todas
las generaciones, que su plan se extiende a través de la historia y que nuestra
esperanza en la vida eterna está fundamentada en su propia existencia sin fin.
Versículo clave: Salmo 90:2: “Antes que naciesen los montes y formases la
tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.” También
Apocalipsis 1:8: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, dice el Señor, el
que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”
5. Omnipresencia:
Dios es omnipresente, lo que significa que Él está presente en todas partes al mismo
tiempo. No hay lugar en el universo donde Dios no esté. Su presencia no es espacial en
el sentido de ocupar un lugar físico, sino que su ser y su poder se extienden por toda la
creación, sustentándola y manteniéndola.
Significado Teológico: La omnipresencia de Dios nos ofrece consuelo y
seguridad, sabiendo que nunca estamos solos o fuera de su alcance. Nos
recuerda que Él es consciente de cada detalle de nuestra vida y que no podemos
escondernos de su presencia. También nos llama a vivir con reverencia,
conscientes de que Él está siempre presente.
Versículo clave: Salmo 139:7-10: “¿A dónde me iré de tu Espíritu, y a dónde
huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi
estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo
del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.”
6. Omnisciencia:
Dios es omnisciente, lo que significa que Él conoce todas las cosas: el pasado, el
presente y el futuro, lo real y lo posible, los pensamientos y las intenciones de cada
corazón. Su conocimiento es perfecto, completo e infalible. Nada escapa a su
entendimiento, y Él no necesita aprender ni ser informado.
Significado Teológico: La omnisciencia de Dios nos da seguridad en su guía y
providencia, sabiendo que Él conoce el mejor camino para nosotros. Nos llama a
la honestidad y la transparencia, ya que nada está oculto a sus ojos. También nos
consuela saber que Él comprende nuestras luchas y nuestras alegrías.
Versículo clave: Salmo 147:5: “Grande es nuestro Señor, y de mucho poder; y su
entendimiento es infinito.” También 1 Juan 3:20: “Pues si nuestro corazón nos
reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.”
7. Omnipotencia:
Dios es omnipotente, lo que significa que Él tiene todo el poder. Él puede hacer todo lo
que es consistente con su carácter y su naturaleza. Su poder es ilimitado y soberano
sobre toda la creación. La omnipotencia de Dios no implica que pueda hacer lo
lógicamente imposible, sino que su poder no tiene restricciones internas ni externas.
Significado Teológico: La omnipotencia de Dios nos inspira confianza en su
capacidad para cumplir sus promesas y llevar a cabo su plan. Nos asegura que no
hay situación demasiado difícil para Él y que su voluntad prevalecerá. Nos invita
a depender de su fuerza en lugar de la nuestra.
Versículo clave: Jeremías 32:17: “¡Ah, Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el
cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea
difícil para ti.” También Mateo 19:26: “Para los hombres esto es imposible; mas
para Dios todo es posible.”
Estos atributos naturales nos revelan a un Dios que es absolutamente único,
autosuficiente, inmutable, ilimitado, eterno, que todo lo sabe y todo lo puede. Son la
base de nuestra reverencia y adoración hacia Él, y nos recuerdan la inmensa brecha
entre el Creador y la criatura.
II. ATRIBUTOS MORALES DE DIOS (COMUNICABLES)
Los atributos morales, también conocidos como comunicables, son aquellas
perfecciones del carácter de Dios que, en un sentido limitado y análogo, pueden ser
compartidas o reflejadas por el ser humano, ya que fuimos creados a su imagen y
semejanza. Estos atributos revelan la naturaleza moral y relacional de Dios, y son el
fundamento de nuestra ética, nuestra capacidad para relacionarnos con Él y nuestro
llamado a la santidad.
1. Santidad:
La santidad es el atributo más fundamental de Dios, que abarca y permea todos los
demás. Significa que Dios está absoluta y completamente separado de todo lo
pecaminoso y que es moralmente perfecto en todos sus caminos. Su santidad es su
pureza inmaculada, su majestad y su gloria inigualable. Es la razón por la que Él es
digno de toda adoración, reverencia y temor santo.
Significado Teológico: La santidad de Dios nos confronta con nuestra propia
pecaminosidad y nos impulsa a buscar la purificación y la reconciliación con Él.
Nos llama a vivir vidas separadas para Él, reflejando su carácter santo en nuestro
comportamiento. Es el estándar por el cual todo es juzgado.
Versículo clave: Isaías 6:3: “Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo,
santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.” También 1
Pedro 1:15-16: “Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros
santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque
yo soy santo.”
2. Amor:
El amor de Dios es su atributo más revelado y central en su relación con la humanidad.
Es un amor sacrificial, incondicional, eterno y abnegado que se manifiesta en su deseo
de relacionarse con sus criaturas, en su provisión para su bienestar y, de manera
suprema, en la entrega de su Hijo para la redención. El amor de Dios no es una
emoción pasajera, sino una parte intrínseca y activa de su ser.
Significado Teológico: El amor de Dios es la motivación detrás de la creación y la
redención. Nos asegura que Él se preocupa por nosotros y busca nuestro bien.
Nos llama a amar a Dios con todo nuestro ser y a amar a nuestro prójimo como a
nosotros mismos, reflejando su amor en nuestras relaciones.
Versículo clave: 1 Juan 4:8: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios
es amor.” También Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna.”
3. Justicia (Rectitud):
La justicia de Dios se refiere a su rectitud moral y a su imparcialidad en el trato con su
creación. Él siempre actúa de acuerdo con lo que es correcto y justo, y no puede
tolerar el pecado sin que haya una consecuencia. Su justicia se manifiesta tanto en el
castigo del mal como en la vindicación de los justos, y en el cumplimiento de sus
promesas y pactos.
Significado Teológico: La justicia de Dios nos asegura que Él es un Dios de orden
y equidad, que no hay favoritismos en su juicio. Nos infunde temor reverente
ante su santidad y nos da esperanza en que el mal no prevalecerá. Nos llama a
vivir vidas justas y a buscar la justicia en el mundo.
Versículo clave: Salmo 89:14: “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono;
misericordia y verdad van delante de tu rostro.” También Romanos 3:26: “con
la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el
que justifica al que es de la fe de Jesús.”
4. Verdad (Fidelidad):
Dios es la verdad misma. Su palabra es verdad, sus promesas son verdad y su carácter
es la encarnación de la verdad. Él es fiel y no puede mentir ni engañar. La verdad de
Dios es el fundamento de toda realidad, conocimiento y moralidad. Su fidelidad
significa que Él siempre cumple lo que promete y permanece constante en su carácter.
Significado Teológico: La verdad y fidelidad de Dios nos dan una base sólida
para nuestra fe y confianza. Podemos depender completamente de su Palabra y
de sus promesas, sabiendo que Él nunca nos fallará. Nos llama a ser veraces y
fieles en todas nuestras palabras y acciones.
Versículo clave: Juan 14:6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” También Tito 1:2: “en la esperanza de
la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de
los siglos.”
5. Bondad:
La bondad de Dios se refiere a su benevolencia y generosidad hacia su creación. Él es
inherentemente bueno y todo lo que hace es bueno. Su bondad se manifiesta en su
provisión para las necesidades de la humanidad, en su misericordia, en su gracia y en
su paciencia. Él busca el bienestar de sus criaturas.
Significado Teológico: La bondad de Dios nos inspira gratitud y alabanza por
todas sus bendiciones. Nos asegura que Él tiene buenos propósitos para
nosotros, incluso en medio de las dificultades. Nos llama a ser buenos y
compasivos con los demás, reflejando su carácter.
Versículo clave: Salmo 107:1: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque
para siempre es su misericordia.” También Mateo 19:17: “Él le dijo: ¿Por qué
me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios.”
6. Sabiduría:
La sabiduría de Dios es su capacidad para aplicar su conocimiento de la manera más
perfecta y eficaz para lograr sus propósitos. Él siempre actúa con la máxima sabiduría,
y sus planes son infalibles y perfectos. Su sabiduría se manifiesta en la creación, en la
providencia (su gobierno sobre el mundo) y, de manera suprema, en el plan de
salvación.
Significado Teológico: La sabiduría de Dios nos da consuelo y paz, sabiendo que
Él tiene un plan perfecto para nuestras vidas y para el universo, incluso cuando
no lo comprendemos. Nos llama a confiar en su dirección y a buscar su sabiduría
en nuestras decisiones.
Versículo clave: Romanos 11:33: “¡Oh profundidad de las riquezas de la
sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e
inescrutables sus caminos!” También Proverbios 2:6: “Porque Jehová da la
sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.”
Estos atributos morales nos revelan a un Dios que no solo es trascendente y soberano,
sino también moralmente perfecto, amoroso, justo, veraz, bueno y sabio. Son los
fundamentos de nuestra relación con Él y el modelo para nuestra propia vida y
carácter, ya que estamos llamados a reflejar estas perfecciones divinas en nuestra
existencia.
Conclusión
El estudio de los atributos de Dios es una de las empresas más enriquecedoras y
fundamentales de la teología. Nos permite vislumbrar la grandeza incomprensible de
nuestro Creador y Redentor, y nos invita a una adoración más profunda y a una vida de
mayor obediencia. Hemos explorado cómo la Biblia nos revela a un Dios que es, en su
esencia, infinitamente perfecto y digno de toda alabanza.
Los atributos naturales o incomunicables —independencia, inmutabilidad, infinitud,
eternidad, omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia— nos recuerdan la
trascendencia absoluta de Dios. Él es el Ser supremo, autoexistente, inalterable,
ilimitado en todas sus perfecciones, que existe fuera del tiempo, está presente en todo
lugar, conoce todas las cosas y tiene todo el poder. Estos atributos establecen una
distinción radical entre el Creador y la criatura, inspirando asombro y reverencia ante
su majestad inigualable.
Por otro lado, los atributos morales o comunicables —santidad, amor, justicia,
verdad, bondad y sabiduría— nos revelan el carácter relacional y ético de Dios. Él es
moralmente puro, ama incondicionalmente, es justo en todos sus caminos, es la
fuente de toda verdad, es inherentemente bueno y actúa con perfecta sabiduría. Estos
atributos son el fundamento de nuestra relación con Él y el modelo para nuestra
propia vida, ya que estamos llamados a reflejar su carácter en nuestro ser y en
nuestras acciones, al haber sido creados a su imagen.
Comprender los atributos de Dios no es un fin en sí mismo, sino un medio para
conocerle más íntimamente y para vivir de una manera que le glorifique. Cada atributo
nos ofrece una ventana a la mente y el corazón de Dios, revelando su perfección y su
propósito. Nos asegura que el Dios en quien creemos es digno de nuestra confianza
plena, capaz de cumplir todas sus promesas y de llevar a cabo su plan soberano. En un
mundo de incertidumbre y cambio, la inmutabilidad, la fidelidad y el amor de Dios son
un ancla segura para el alma.
En última instancia, el estudio de los atributos divinos nos lleva a la adoración. Cuanto
más conocemos a Dios, más le amamos, más le confiamos y más deseamos vivir para
Él. Es un conocimiento que no solo informa nuestra mente, sino que transforma
nuestro corazón y nos impulsa a vivir en obediencia y gratitud al Dios que es todo en
todo.