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Conciencia

La conciencia se define como el resultado del funcionamiento armónico de la psique, permitiendo el conocimiento del mundo externo, interno y psíquico, y es esencial para la existencia del yo. Se estructura en tres zonas: la consciente, que ofrece máxima claridad; la subconsciente, que alberga elementos menos nítidos; y la inconsciente, que actúa como un reservorio de experiencias pasadas. La conciencia es dinámica y su movilidad permite la integración de experiencias, afectos y pensamientos, siendo fundamental para la vida psicológica del individuo.

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La conciencia se define como el resultado del funcionamiento armónico de la psique, permitiendo el conocimiento del mundo externo, interno y psíquico, y es esencial para la existencia del yo. Se estructura en tres zonas: la consciente, que ofrece máxima claridad; la subconsciente, que alberga elementos menos nítidos; y la inconsciente, que actúa como un reservorio de experiencias pasadas. La conciencia es dinámica y su movilidad permite la integración de experiencias, afectos y pensamientos, siendo fundamental para la vida psicológica del individuo.

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CAPÍTULO IX

CONCIENCIA

PSICOPATOLOGIA DE LA CONCIENCIA
CONCIENCIA

Concepto

A través de un enfoque global y con un criterio amplio, consideramos a la conciencia como la


resultante del funcionamiento armónico de la totalidad de la psique. Por consiguiente, ella se
manifiesta cuando entran en juego los mecanismos psicológicos y somáticos cuyas actividades
determinan la realización del proceso psíquico.

Por la conciencia y a través de estas elaboraciones, el espíritu se informa o adquiere el


conocimiento de cuanto acontece: a) en el mundo exterior, captado por los aparatos sensoriales
externos, oído, vista, olfato, gusto y tacto: b) en el mundo interior, captado por los aparatos
sensoriales internos, cenestésico, cinético y del equilibrio; c) en el mundo psíquico, al que
pertenecen las actividades superiores, raciocinio e imaginación que intervienen en la elaboración
del pensamiento cuya captación se efectúa por la conciencia misma.

La conciencia no puede considerarse como algo estático e inamovible; por el contrario, es notoria
su continua movilidad y constante mutabilidad. Constituye una continuidad ininterrumpida de
registros mediante los cuales es posible el conocimiento de nuestra propia personalidad y del
mundo que nos rodea. Cada uno de esos instantes, que se suceden con grandes o pequeñas
variantes pero siempre diferentes unos de otros, permitiendo una apreciación individual muy
personal e íntima, ha sido llamado estado de conciencia. Gracias a los estados de conciencia
tenemos conocimiento de nuestra personalidad en todos sus aspectos, externo, interior, y espiritual
y de sus relaciones con el mundo, en cada instante del acontecer psíquico.

La constante movilidad de los estados de conciencia se debe a las sucesivas estimulaciones


llegadas, por una parte, por vías de la sensopercepción que con sus múltiples y variadas captaciones
externas e internas informa permanentemente a la conciencia, convertida en algo así como la
trastienda del sensorio, y por otra parte, por vías del aporte realizado por la memoria y la
imaginación. El conjunto de estas imágenes sensoriales, mnemónicas e imaginativas es sometido a
la elaboración razonante, cuyos juicios son conocidos y registrados por la conciencia. Pero aún hay
más, no sólo se registran y se hacen conscientes nuestros conocimientos sino que también
concurren a ella los estados afectivos, bajo la forma de emociones, sentimientos y pasiones, y todos
los actos que condicionan la conducta.

Es, así como podemos afirmar que a la conciencia llega la totalidad de los fenómenos vitales,
somáticos y psíquicos, es decir que se constituye en el registro permanente de la existencia del
individuo.
Cuando enfrentamos el estudio y la explicación de una actividad psíquica tan compleja como es
la conciencia nos vemos obligados a profundizar cada vez más en el mundo de las nociones
abstractas, hasta alcanzar las zonas más intangibles de la vida psíquica superior. Las concepciones
de nuestro mundo concreto nos llevan a experimentar la necesidad de dar una ubicación o asiento
definido a cada uno de los elementos o factores determinantes de los fenómenos vitales orgánicos
y psíquicos. Si bien la conciencia escapa a los dominios de lo concreto, impulsados por esa
necesidad, la ubicamos en la corteza cerebral, junto a la inteligencia y al conjunto de las actividades
psíquicas que con ellas se identifican; es la corteza cerebral la que, en última instancia, tiene
conocimiento de las vidas vegetativas y de relación, a la vez que rige los destinos más elevados de
la personalidad.

La conciencia, que hace posible un triple conocimiento, el del mundo externo, del interno y del
psicológico, permite al hombre una perfecta noción del yo y de su orientación témporo-espacial;
ella adquiere el conocimiento de su existencia, de su personalidad, de su ubicación en el espacio y
en el tiempo de sus pensamientos, de sus deseos y de sus actos.

La conciencia está íntimamente fusionada y consustanciada con todo el proceso psíquico y con
el mismo yo; en ella se resume la esencia del ser, al punto que cuando se nubla o extingue se anula,
parcial o totalmente, la personalidad como entidad individual y autónoma. Ausente la conciencia se
pierde la noción del yo, porque queda imposibilitado el registro permanente de todos los aspectos
de la existencia. La conciencia, identificada con el yo y con la esencia misma del ser, es indispensable
para la vida psicológica del individuo- y para su manifestación como ente pensante y perfectible.

Definición

"La conciencia es una superestructura psicológica, límite entre las manifestaciones


psicosomáticas, que en ella se reflejan a través de las elaboraciones psíquicas, y el yo que% por su
conducto, adquiere el conocimiento de sí mismo y es informado de cuanto acontece fuera de él".

Campo de la conciencia

Debe entenderse por campo de la conciencia a todo el ámbito posible de ser abarcado por la
misma. Dentro del marco normal de la conciencia deben considerarse distintas zonas, según la
nitidez y precisión de los registros.

1º) Zona consciente:

Es una zona de primordial importancia, en la que se obtiene el máximo de precisión y perfecta


nitidez. Se la conoce también por el nombre de centro o foco de la conciencia, porque allí es donde
se obtiene la mayor intensidad de la atención y de concentración psíquica. En este punto inciden
todas las manifestaciones de la actividad psíquica para su posterior elaboración; las percepciones
sensoriales, los reconocimientos mnemónicos, la estructuración del pensamiento, los estados
afectivos, las reflexiones y las meditaciones, son el resultado de tales elaboraciones que se efectúan
a plena luz de la conciencia.

La zona consciente es la más reducida del campo de la conciencia. La perfecta nitidez sólo puede
abarcar a un limitado número de objetivos; tres, cuatro o cinco es el número de elementos que se
involucran en un acto de percepción sensorial. Pero, cuando la atención se concentra al máximo
sobre un objetivo determinado, la zona consciente se reduce más y más sobre éste, con que las
imágenes de los restantes se atenúan y palidecen como si el foco de la conciencia fuera dirigido y
diafragmado por dicha concentración, promovida por el interés y la atención dispensada al objetivo
primordial. Otro tanto ocurre con las reflexiones y con las elaboraciones del pensamiento, para las
cuales surgen al campo de la conciencia numerosas constelaciones de ideas, pero el foco de la
misma se concentra sobre la idea directriz del pensamiento cuya estructura y progresión interesan.

Grande es, pues, la importancia de la zona consciente, porque en ella culminan las elaboraciones
psíquicas cuya finalidad útil y práctica es la información definitiva que suministran al espíritu.

2º) Zona subconsciente:

La zona del subconsciente bordea la zona consciente, pero se halla siempre comprendida dentro
del campo o ámbito de la conciencia. En ella coexisten un mayor número de elementos, escalonados
en forma tal que su nitidez va decreciendo y sus imágenes se hacen tanto más borrosas cuanto más
se alejan del foco de la conciencia.

La extensión de esta zona sobrepasa en mucho a la anterior y los objetivos que ella abarca, si
bien son conocidos por el espíritu, carecen de la nitidez necesaria para constituir una vivencia de
conciencia plena. Por consiguiente, refirmamos que sólo se tiene conocimiento de las cosas que son
registradas a plena luz de la conciencia, aunque no se puede menos que reconocer el gran valor que
tienen las elaboraciones subconscientes, ya que muchas de las creaciones del hombre son producto
de las mismas. Sin embargo estas creaciones para ser registradas y conocidas por el espíritu deben
abandonar el plano subconsciente y pasar al consciente, para ser sometidas al análisis previo del
razonamiento antes de ser aceptadas.

También proceden del subconsciente los elementos requeridos para la elaboración consciente
del pensamiento, así como aquellos que aportan su contribución al juego y desenvolvimiento de la
imaginación reproductora.

En efecto, cuando se mantiene la concentración psíquica sobre la idea directriz de un


pensamiento el subconsciente se va poblando de constelaciones ideativas afines al tema. El paso de
estas ideas al plano consciente se hace de acuerdo con -la marcha de la elaboración psíquica, a cuyo
requerimiento y planteo se establece un orden que permite la selección de aquéllas. Sabemos que
el plano consciente es de una movilidad y mutabilidad rapidísima y que en fracciones reducidas de
tiempo se suceden los estados de conciencia resultantes de esas elaboraciones. Éstas terminan
plasmando definitivamente la finalidad del pensamiento, que ha sido impulsado y cursado por la
idea directriz.

Lo mismo acontece con la elaboración perceptiva y con los reconocimientos mnemónicos, para
los que la actividad subconsciente se encarga del aporte del material necesario. Si continuamos
revistando todos los procesos de las elaboraciones psíquicas, llegamos a la conclusión de que la
actividad subconsciente tiene como principal finalidad la provisión de los elementos del
conocimiento que aquellas requieren, los que se ordenan de acuerdo con una planificación previa a
la elaboración consciente.

Resumiendo, el subconsciente hace las veces de un campo de operaciones preparatorias, donde


se ordena el material para la elaboración consciente y asimismo es el campo de las operaciones
definitivas que dan por resultado muchas de las creaciones del individuo.

Todo lo expuesto sobre el subconsciente en las manifestaciones de la esfera intelectual,


corresponde también para los estados afectivos y las manifestaciones de la actividad general.

3º) Zona inconsciente:

Más allá del campo de la conciencia, o sea fuera de la zona subconsciente, o con más exactitud,
en una región donde la conciencia no puede alcanzar ningún objetivo, ni aún en forma borrosa, se
extiende lo que se conoce bajo la denominación de zona inconsciente.

Mucho es lo que se ha dicho con respecto al inconsciente, así como son numerosas las
especulaciones médico-psicológicas efectuadas en torno a esta zona marginal del campo de la
conciencia.

Mucha es la importancia que se debe acreditar a la zona del inconsciente. La actividad que en
ella tiene lugar escapa a toda posibilidad de percepción por el yo, hasta tanto el material que le
pertenece no sea llevado a la zona consciente. Sin embargo, determinados hechos y
manifestaciones que a menudo tienen lugar en esta zona revelan, en su oportunidad, la existencia
y el valor del inconsciente. Son manifestaciones que llegan a la conciencia en forma imprevista,
sorpresiva, automáticamente y fuera de todo control. La generalidad de las veces se trata de algo
así como un exabrupto en el curso del pensamiento y cuya aparición resulta inexplicable para quien
la experimenta. Es lo que ocurre cuando, en el transcurso de una conversación con alguien que está
enemistado con una tercera persona, al pretender llamar a nuestro interlocutor por su nombre, en
forma insospechada, sin saber por qué, mencionamos el nombre de la persona con quien está
enemistado.

Este fenómeno tendría la siguiente explicación: conocemos la enemistad entre ambas personas;
en el transcurso de la conversación, al conjuro de determinadas corrientes y estados afectivos que
tienen algunas similitudes, surgen mecanismos asociativos que realizan la evocación del hecho.
Pero, esta evocación responde a la forma involuntaria y automática; no aparece en el primer plano
de la conciencia el hecho en sí sino, y en la forma expresada, el nombre de la persona ausente. El
exabrupto determina que, secundariamente, los interlocutores evoquen el hecho en su totalidad.

Experiencias de esta índole son relativamente frecuentes pero, en todos los casos, se trata de
algo que ha sido vivenciado en alguna época de la vida del individuo. El inconsciente es una zona de
gran magnitud que abarca cuanto ha sido registrado por la conciencia y que pasa a formar parte
integrante de la vida psicológica inconsciente del individuo. Por lo tanto, el inconsciente representa
el reservorio de conservación de todo lo registrado por la conciencia, tenga o no importancia; lo
mismo pertenezca al campo de lo consciente como al campo de la subconsciencia. Todo lo que ha
sido vivenciado a través de la sensopercepción, que informa sobre el mundo exterior y el mundo
interior con todas las manifestaciones neuro-vegetativas del organismo; las vivencias intelectuales,
pensamientos completos y fragmentarios, conocimientos concretos y abstractos; las vivencias
afectivas, estados de ánimo, emociones intensas, grandes alegrías y grandes desplaceres; las
vivencias motoras, actos, etc., todo pasa a integrar la vida inconsciente una vez que abandona el
campo de la conciencia. Esa zona adquiere así una importancia extraordinaria, al punto que el
inconsciente se identifica con la memoria misma, centro y fuente de conservación y evocación de
las vivencias.

El capital del inconsciente está integrado: 1) por todo lo que ha sido nítidamente vivenciado en
la zona consciente; 2) por cuanto ha pertenecido a la zona subconsciente, vivencias más o menos
borrosas y algunas de ellas, casi imperceptibles; 3) por el importante y fundamental aporte de
numerosas vivencias que se originan en el núcleo instintivo-afectivo, en íntima conexión con la vida
orgánica y de los instintos. En estos últimos, que reúnen la experiencia atávica de la especie, tienen
origen las tendencias, inclinaciones, deseos y apetencias de la personalidad, cuyas vivencias no
sobrepasan por lo general el plano de lo subconsciente.

El inconsciente está pues constituido, en su mayor parte, por imágenes y representaciones que
no han pasado de ser manifestaciones de percepción subconsciente. En efecto, la zona de lo
consciente, a pesar de la rápida movilidad de los estados de conciencia, presenta un ámbito muy
reducido para la correcta captación de cuanto se ofrece al campo de la conciencia. De tal manera,
el inconsciente se encarga de almacenar no sólo el material que pasa por la zona consciente sino
también por la zona subconsciente, convirtiéndose en el reservorio de cuanto pueda ser percibido
y que pasa a integrar la fuente del conocimiento personal y la vida misma del individuo.

Así es posible comprender cómo el inconsciente es el proveedor de los materiales requeridos


para la integración de la vida psíquica superior que cristaliza en las elaboraciones que tienen lugar
a plena luz de la conciencia. Asimismo se explica cómo el inconsciente puede, hasta cierto punto,
influir en dichas elaboraciones y, en no pocas oportunidades, determinar y hasta presidir la
ejecución de algunos actos. Por eso, desde este punto de vista, no podemos establecer límites
precisos entre las tres formas de actividad, consciente, subconsciente e inconsciente, que
constituyen en realidad distintos grados de nitidez de una misma cosa: la actividad psíquica.

Vistos los fenómenos de la manera expuesta, el inconsciente absoluto, en el sentido estricto del
vocablo, no puede ser concebido en condiciones normales. Todo lo que en él existe ha sido
registrado, más o menos nítidamente, en algún momento de la vida, ya sea en la zona consciente
con perfecta brillantez, como en la zona subconsciente sin brillo y en forma borrosa.

En cuanto a las manifestaciones de los instintos que tanta trascendencia adquieren en la


conducción de la vida psicológica, a pesar de la forma súbita como irrumpen, tampoco constituyen
vivencias extrañas ni nuevas. En realidad ellas pertenecen a la especie, siendo su registro ignorado
por el individuo pues asciende a la filogenia. Por lo tanto, ni aun en este caso puede hablarse de
inconsciencia completa, ya que la vivencia actual, ignorada por el individuo, no es otra cosa que una
vivencia renovada de algo inherente a la génesis de la especie. Así acontece con todas las manifesta-
ciones instintivas, caracterizadas por su espontaneidad, naturalidad y ejecución de actos perfectos
sin necesidad de un aprendizaje previo.

Cuando se habla del inconsciente no se puede dejar de recordar a Freud, creador de la escuela
psicoanalítica, que considera la actividad inconsciente de una importancia tan trascendental que
llega a admitir la existencia de una vida anímica inconsciente. Freud tiene muy en cuenta las
tendencias, inclinaciones, apetencias e impulsiones que nacen de los instintos, parte del
inconsciente que el autor destaca como primordial y propulsora de dicha actividad anímica, a la que
considera rectora de toda la vida psíquica superior de la personalidad.

Dada la finalidad de este libro, nos limitaremos a efectuar una cita de la concepción psicoanalítica
sobre el inconsciente sin abrir juicios al respecto.

PSICOPATOLOGÍA DE LA CONCIENCIA

En condiciones normales la conciencia entraña lucidez y claridad, pero, bajo el imperio de


diversas circunstancias, esa claridad puede perturbarse y experimentar diferentes grados de
debilitamiento, desde la más leve turbiedad hasta la falta absoluta de conciencia.

Antes de entrar de lleno a considerar la patología de la conciencia es necesario recordar que, en


condiciones fisiológicas, la lucidez no es siempre constante ni tiene la misma intensidad según sea
el momento en que se la considere. En efecto, durante la vigilia, cuando la actividad desplegada por
el individuo obliga a una mayor concentración psíquica, se observa el máximo de lucidez; en cambio,
en otros momentos, se comprueba que esa nitidez disminuye correlativamente con el grado de
fatiga física y psíquica que la misma actividad determina.

Por norma general la nitidez de la conciencia es siempre mayor después del reposo mental.

1º) OBNUBILACIÓN DE LA CONCIENCIA:

La obnubilación consiste en un empañamiento de la lucidez de la conciencia; en este caso se


produce un enturbamiento global que, de acuerdo con la gravedad de los factores
desencadenantes, puede llegar hasta la suspensión total de la actividad psíquica.

El vocablo obnubilación procede de nube, por lo tanto, decir que la conciencia está obnubilada
equivale a decir que está nublada, o que está sumergida en una nube que empaña su claridad. La
consecuencia inmediata de la obnubilación de la conciencia es la disminución o retardo en el ritmo
de las elaboraciones psíquicas, retardo que es tanto más marcado cuanto mayor es el
entorpecimiento de la conciencia. La atención, muy fatigable, no puede ser sostenida; debido a su
superficialidad e inestabilidad la captación de los estímulos se hace muy trabajosa, pues se entor-
pece enormemente la percepción que es lenta, imperfecta, imprecisa y sin ninguna nitidez.

A las anteriores alteraciones deben agregarse las que sufre la memoria, ya que la mala
percepción dificulta la fijación de los estímulos; cuando algo se fija, se hace en forma muy superficial
y borrosa, por lo que la evocación es casi imposible y expuesta a numerosos errores.

La concurrencia de estos trastornos perturba el curso normal del pensamiento, que se fragmenta
debido a interrupciones más o menos prolongadas. En efecto, la asociación de las ideas se aparta
de su mecanismo lógico normal; las imágenes y representaciones que afloran a la conciencia son
incapaces de suscitar asociaciones correctas. Éstas, cuando se producen, no corresponden
exactamente, se hacen en forma muy irregular y laxa hasta caer en la incoherencia.

Todo se empobrece y se torna confuso en la conciencia obnubilada y, cuando el trastorno es muy


acentuado, se pierde hasta la noción del yo y de las relaciones entre la personalidad y el mundo
exterior.

La obnubilación de la conciencia puede presentar diversos grados de intensidad.

a) Embotamiento o torpeza: Constituye la forma más leve, propia de los estados de fatiga física
o psíquica muy intensos, en que se produce un marcado entorpecimiento de toda la actividad
psíquica.

b) Somnolencia: Constituye un grado más intenso que el simple embotamiento. Se asiste a una
perturbación mayor; la percepción así como toda la actividad psíquica se hallan más dificultadas
debido a una gran propensión al sueño, que apaga la conciencia normal de la vigilia. Este fenómeno
se observa en condiciones fisiológicas normales, en los estados de transición entre el sueño y la
vigilia. En condiciones patológicas se observa en los comienzos de la confusión mental debida a
procesos tóxicos e infecciosos, que sumen al individuo en una profunda torpeza y somnolencia.

Tanto en el sueño como en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia puede existir una
forma particular de registro de la conciencia, cuyos diversos aspectos son conocidos bajo la
denominación de estados de conciencia onírica. En esas condiciones se sucede en la conciencia una
serie de representaciones que obedecen a situaciones o hechos vivenciados en la vigilia,, o a
corrientes afectivas y tendencias dominantes en la personalidad. Pero tales representaciones se
suceden sin un orden lógico, porque falta la orientación de una idea directriz que, en el pensamiento
formal de la vigilia, establece orden y jerarquía entre las mismas. De tal modo tienen lugar los sueños
más fantásticos, desordenados y carentes del ensamble cronológico de los hechos aparecidos en la
conciencia.

c) Coma: Constituye un grado extremo de obnubilación; siempre patológico. En este caso se


produce la pérdida completa de la conciencia, la cual deja dé registrar debido a su extinción total.
Se observa entre otras afecciones, en los casos de traumatismos craneales graves, en la uremia y en
la diabetes.

2º) ESTRECHAMIENTO DE LA CONCIENCIA:

Como su nombre lo indica, consiste en una verdadera retracción del campo de la conciencia, con
lo que una parte de la personalidad y sus manifestaciones psíquicas quedan inactivas, a la vez que
la conciencia del mundo exterior queda reducida a un campo sumamente estrecho. En estos casos
la personalidad conserva algunas actividades en el orden motor, pero la memoria no fija
absolutamente nada.

Los estrechamientos de la conciencia se pueden encontrar en casos patológicos de naturaleza


orgánica, como acontece en la epilepsia, en los que se produce la ausencia de los mecanismos
inhibidores que posee la personalidad normal y que residen a nivel de la corteza que, en tales casos,
se halla inoperante. Debido a eso, los enfermos así afectados pueden cometer actos anormales,
antisociales, tales como agresiones, incendios, exhibicionismo, etc. El paciente conserva la actividad
automática de los centros cerebrales inferiores, pero esa actividad no puede ser registrada debido
a la desconexión cortical que determina el estrechamiento de la conciencia. Por lo tanto, anda,
actúa, ve, oye, pero su memoria es incapaz de fijar por la falta de registro de la conciencia.

3º) AMENCIA:

La amencia constituye un estado patológico de la conciencia propio de los estados confusionales


oniroides. Pese a que la conciencia está obnubilada el enfermo realiza esfuerzos para percibir y
comprender lo que ocurre en torno suyo, cosa que le resulta harto difícil sino imposible dada la
incoherencia que deriva de la interposición de las numerosas alucinaciones oníricas y
representaciones mnemónicas de naturaleza paramnésica; como consecuencia se desorienta y se
sume en la perplejidad, la intranquilidad y la angustia.

4º) ESTADO CREPUSCULAR:

El estado crepuscular de la conciencia es otra forma de obnubilación. La sensopercepción


entorpecida en forma incompleta permite al enfermo percibir y comprender situaciones poco
complejas. Las situaciones más complicadas que requieren la intervención de los mecanismos
mentales pertinentes determinan la incoherencia, que imposibilita toda comprensión perceptiva.
En algunos momentos de mayor claridad el enfermo puede responder adecuadamente a un
interrogatorio simple, pero bien pronto se fatiga y aparecen la incoherencia y la incomprensión.

Hallamos, por consiguiente, un umbral de conciencia muy reducido; la actividad psíquica


consciente sólo parece esbozarse. El estado crepuscular se observa principalmente en algunos
momentos de la confusión mental, y en la epilepsia donde aparece en forma súbita constituyendo
en realidad un equivalente psíquico de dicha afección.

5º) SONAMBULISMO:

El sonambulismo es un estado de conciencia parcial y muy reducida, semejante al estado


crepuscular. Son sonámbulas las personas que durante el sueño se levantan, caminan, realizan
diversos actos y después vuelven a la cama continuando con el sueño normal. Estos estados
sonambúlicos revelan que el sujeto mantiene una percepción parcial y limitada del mundo exterior
por cuanto evita sin reconocerlos, los obstáculos y las personas que puedan interponerse en su
camino. Estos episodios generalmente no son recordados por el enfermo.

Orientación

Cuando se efectúa el estudio de la conciencia y de los estados de conciencia surge, como un


complemento necesario y lógico el estudio de la orientación. En realidad ambos son inseparables,
desde el momento que el individuo sólo puede orientarse cuando su conciencia se mantiene en
perfecta lucidez. Una conciencia de amplitud y claridad normales capacita para el desempeño de la
totalidad de la función psíquica que, por otra parte, permite al individuo comprender cada uno de
los instantes de su vida, así como su ubicación con relación a sus semejantes y al medio ambiental
en que vive.

Esto requiere no sólo la integridad de la psique sino también de toda la organización somática
que, mediante los mecanismos sensoriales y nerviosos, facilita el permanente contacto del "yo" con
los mundos externo e interno, favoreciendo la formación de los estados de conciencia que
transmiten y facilitan la orientación témporo-espacial. En conclusión, mediante la conciencia, sus
elaboraciones psíquicas y el caudal de sus conocimientos el hombre logra una correcta orientación.

TlPOS DE ORIENTACIÓN:

De un modo general se establecen dos tipos fundamentales de orientación: 1) orientación


autopsíquica, referente a la persona con respecto a sí misma; 2) orientación alopsiquica, referente
a la noción de su ubicación témporo espacial; ésta comprende por consiguiente la orientación, en el
tiempo y la orientación en el espacio.

1º) Orientación autopsíquica: La orientación autopsíquica, como lo hemos dicho, concierne al


conocimiento de la propia personalidad y a su evolución a través del tiempo.

El hombre aprende desde su infancia a verse y a reconocerse a sí mismo como una entidad
individual, distinta de todas las demás personas que con él conviven en el ambiente social. En los
comienzos de la vida, esa noción de individualidad es muy precaria y confusa, pero a medida que la
evolución avanza se acentúa y adquiere nitidez. Este reconocimiento se manifiesta primero en el
orden somático; los caracteres físicos, y en especial los rasgos fisonómicos y la expresión, motora
de los diversos actos condicionados por la voluntad que traducen la elaboración mental del indi-
viduo, son los que contribuyen primordialmente a la adquisición de la noción mencionada. Esa
individualización, que culmina con el conocimiento definitivo de la propia personalidad, se afianza
aún más cuando el hombre alcanza a comprender el transcurrir de su vida psicológica con todas sus
manifestaciones. Desde que empieza a conocer su intimidad comprende que su vida es
completamente independiente de la vida de sus semejantes, comprende que constituye una
persona con identidad propia y que no puede ser otra cosa más que él mismo, a través del transcurso
de toda su existencia. Conoce el caudal de sus propios conocimientos, elaborados por su psique;
sabe de todos los tropiezos de su vida, de sus sinsabores, de sus angustias y de sus alegrías; se
conoce a sí mismo en sus deseos, en sus inclinaciones, en sus tendencias y en sus ambiciones; sabe
cuáles son sus creencias y conoce sus errores y sus temores; por último conoce sus actos y su
conducta. La totalidad de la personalidad se integra así en su doble aspecto, somático y psíquico, y
de ella tiene clara conciencia el individuo merced a la memoria que, en condiciones normales,
puede, en cualquier momento, actualizar los hechos más importantes que jalonan su vida.

2º) Orientación en el tiempo: El hombre para orientarse fácilmente en el tiempo ha recurrido a


su medición por fracciones o períodos, mediante aparatos y cálculos que permiten considerar desde
años hasta segundos y fracciones de segundo. De esta manera ha podido establecer períodos de
tiempo determinados entre dos acontecimientos o fenómenos naturales, dentro de los cuales se
suceden los hechos del devenir diario. Si bien no existen limitaciones para el tiempo, puesto que
éste transcurre ininterrumpidamente, el hombre lo mide por fracciones para su conveniencia y para
poder orientarse en su vida y en todas sus actividades.
La noción del tiempo y su medición revisten un carácter muy personal; cada uno tiene una
conciencia muy particular y propia de cada fracción o lapso, al punto que el registro de un mismo
instante presenta divergencias de duración entre las diversas personas que lo captaron.

Pero lo más importante es que el hombre también tiene la noción del tiempo que transcurre sin
necesidad de recurrir a los mecanismos de relojería por él creados. En efecto, existe una noción del
tiempo de origen puramente psíquico, como resultado de nuestras propias elaboraciones y a través
de nuestras vivencias, de nuestros pensamientos, de todo nuestro acontecer espiritual y de las
relaciones con los mundos externo e interno, hechos que la memoria se encarga de escalonar con
exactitud^ Por los efectos de la acción del tiempo sobre los recuerdos, que palidecen tanto más
cuanto más antiguos son, es posible ubicar en el pasado el acontecimiento o circunstancia que se
evoca. Sin embargo, no basta esto para la ubicación de los hechos pretéritos, se requiere además la
confrontación con el presente. Sabemos que los estados de conciencia son constantemente
movibles y cambiantes, que cada uno de ellos integra al que precede y al que prosigue,
encadenándose así la vida psicológica del individuo. Merced a ese encadenamiento es posible, a
partir del presente, ubicar los hechos en el pasado inmediato y, en esa forma, tener noción de la
duración del tiempo transcurrido. Esto mismo acontece con la ubicación de los hechos en el pasado
remoto, mediante la asociación mnemónica que relaciona las vivencias que preceden y suceden al
episodio que se evoca.

El transcurso del tiempo es apreciado por el hombre por el lapso o duración del período entre
un hecho y otro, con lo que se establece su medición por fracciones. Es decir, que el tiempo del
transcurrir psíquico se calcula o se mide por los períodos o fracciones o lapsos que integran cada
uno de los estados de conciencia en su rápida sucesión. Las relaciones que luego establece entre
estas fracciones de tiempo psicológico y el fraccionamiento convencionalmente aceptado del
tiempo solar le permiten la ubicación de los acontecimientos de su vida en determinadas épocas y
momentos de ese devenir.

Asimismo la sucesión de una ordenada ilación de estados de conciencia permite la noción del
tiempo futuro, desde el momento que según hemos dicho, un estado de conciencia está integrado,
en parte, por el que le precede proyectándose a su vez en el que le continúa. Además el enca-
denamiento de la vida psicológica, mediante el auxilio de la memoria, hace que el tiempo presente
más el tiempo pasado, se proyecten hacia el futuro.

3º) Orientación en el espacio: El hombre, en su evolución 'ontogénica, adquiere poco a poco la


orientación en el espacio en que actúa y desenvuelve su vida. Esto se consigue mediante la
participación de todos los aparatos sensoriales, especialmente la vista, el oído y el tacto, que
permiten obtener la noción de diversas magnitudes a través de las impresiones de distancia,
longitud, espesor, altura y anchura, o sea que se produce una noción de orden global o de conjunto
que es la del volumen de las cosas y del lugar que ocupan en el espacio.

Estas nociones se adquieren debido a las limitaciones y fraccionamientos que cada uno hace del
espacio, que en realidad es infinito e inconmensurable. Es decir que por medio de nuestros sentidos
concebimos un espacio finito y establecemos magnitudes y distancias. Para eso, el hombre ha
creado las distintas medidas, de longitud, de peso, de capacidad, mediante las cuales es posible la
apreciación de magnitudes convencionales y, siempre dentro de las limitaciones que impone el
alcance de sus aparatos sensoriales, cada uno construye su propio espacio o ámbito personal, así
como efectúa su proyección y desplazamiento en el medio en que actúa.
PERTURBACIONES DE LA ORIENTACIÓN:

De acuerdo con las consideraciones anteriores, la orientación es el resultado de una compleja


contribución de las actividades psíquicas, especialmente de la sensopercepción, de la memoria, de
la asociación de las ideas y del juicio, que inciden sobre una conciencia dotada de perfecta nitidez.
De la misma manera, son múltiples y complejos los mecanismos psicopatológicos que determinan
las alteraciones de la orientación en el hombre, por lo que preferimos presentarlos en cada uno de
los síndromes psiquiátricos.

1º) Síndrome oligofrénico: Los oligofrénicos tienen diferentes grados de orientación, en relación
con la magnitud de la insuficiencia. Recordamos en primer término que, por lo general, el débil
mental se encuentra perfectamente orientado, auto y alopsíquicamente.

En el imbécil la orientación sufre graves trastornos, porque la insuficiencia de los juicios y la


incapacidad de comprensión hacen difícil y confuso el reconocimiento de la propia identidad
personal. Es muy precaria la noción de individualización e independencia del medio, pues no se
insinúa en estos seres la autoconducción y la autodeterminación. Más difícil resulta la orientación
en el tiempo y en el espacio, pues depende de relaciones abstractas que no llegan a ser
comprendidas.

Estas deficiencias presentan mayor gravedad aún en los "idiotas". En consecuencia, los
oligofrénicos se orientan mal, auto y alopsíquicamente, en ningún momento de su vida llegan a
tener lucidez de conciencia, debido a su escaso alcance intelectual, a su dificultad para la
comprensión por insuficiencia de los juicios y del mecanismo asociativo como corolario del precario
caudal de conocimientos.

2º) Síndrome demencial: En los dementes la desorientación depende del grado de debilitación
psíquica llegando, en los casos extremos, al desconocimiento de su propia identidad.

La debilitación psíquica de la demencia se evidencia desde el comienzo, a causa de la amnesia


que de inmediato afecta a la memoria. Estos enfermos acusan, en primer término, desorientación
en el tiempo. Al principio falla la ubicación en el presente y en el pasado inmediato por el déficit de
la fijación mnemónica, pues se producen engramas de escaso arraigo. Queda de ese modo
dificultada la asociación de las imágenes, lo que interrumpe el nexo entre los acontecimientos de la
vida psicológica. El tiempo deja entonces de transcurrir para el enfermo, por falta de la
fragmentación necesaria que es posible registrar como estados de conciencia.

Se conserva, en cambio, la evocación, razón por la que, cuando estos enfermos intentan ubicarse
en el tiempo, se remiten siempre a una época pasada. Pero si bien se orientan en el pasado remoto,
con el avance de la debilitación, que lleva también a la amnesia de evocación, la desorientación en
el tiempo se hace completa y se pierde la continuidad de la vida psicológica.

En cuanto a la desorientación en el espacio, sobreviene a continuación del trastorno anterior. Se


produce cuando aparece la amnesia de evocación, que impide la actualización de antiguos
conocimientos requeridos para el reconocimiento del momento presente; por otra parte, la
debilitación de la atención y la gran fatigabilidad psíquica dificultan la sensopercepción que conduce
a la incomprensión, lo que desorienta al paciente con respecto al espacio. Cuando las condiciones
del enfermo llegan a esta altura, el demente circunscribe cada vez más su vida psicológica al mundo
concreto debido a la pérdida de los conceptos y relaciones abstractas; se anula entonces su
independencia psíquica, su autoconducción y su autodeterminación, lo que equivale a decir, que
pierde su personalidad y por ende, se desorienta también autopsíquicamente.

3º) Síndrome confusional: En el síndrome confusional la desorientación del enfermo constituye


una característica importante, consecuencia directa de una conciencia obnubilada. La intensidad de
la obnubilación proporcionado el grado de la desorientación del enfermo, quien experimenta en
primer término este trastorno con respecto al tiempo y al espacio. La confusión debilita la atención;
la gran fatigabilidad psíquica con marcada somnolencia determina una gran torpeza
sensoperceptiva; la percepción del mundo exterior se hace en forma muy deficiente y poco nítida;
la fijación mnemónica es muy superficial y de engramas tenues e incapaces de estimular el
mecanismo asociativo de las imágenes y representaciones; como consecuencia la elaboración
mental cae en la incoherencia y se manifiesta una imposibilidad absoluta de ordenar y encadenar
los acontecimientos y los estados de conciencia en una continuidad lógica, como ocurre en la vida
psicológica normal. Prueba de ello es que, cuando el episodio confusional termina, la conciencia
recupera su lucidez estableciendo contacto con el mundo real, pero en la vida psíquica queda un
claro o un espacio en blanco porque se encadena el momento presente de recuperación con aquel
anterior a la pérdida de la lucidez normal.

En los casos de confusión mental onírica se suman, como elemento perturbador que contribuye
a desorientar al enfermo, numerosas alucinaciones que lo ubican en tiempo y lugares totalmente
falsos y absurdos, en los que actúa su actividad onírica.

Cuando la confusión mental es muy intensa la obnubilación de la conciencia es mayor, la


incoherencia es completa y el enfermo se encuentra imposibilitado hasta para su orientación
autopsíquica.

4º) Síndrome esquizofrénico: El esquizofrénico se encuentra, la generalidad de las veces,


desorientado en el tiempo, lo que se debe a la falta de interés que el enfermo tiene por el mundo
exterior pues, presa de una profunda indiferencia y apatía, vive su mundo de introversión. Le es
completamente indiferente saber cuál es el momento o el día que transcurre; sin embargo, el mismo
paciente puede ubicarse muy bien en el pasado remoto, sobre todo en el principio de la enfermedad
cuando la memoria dé evocación se mantenía todavía indemne. Lo mismo ocurre en cuanto a la
orientación en el espacio, que subsiste normal por mucho tiempo aunque esté muy avanzado el
proceso esquizofrénico.

En estos enfermos se observa a menudo una forma particular de desorientación, que afecta a la
identificación de la parte somática de su personalidad, hecho que traduce bien claramente el grave
disloque que aqueja a la psique. En efecto, cuando se los investiga acerca de su nombre y demás
datos de identidad personal se comprueba que están bien orientados autopsíquicamente. Pero, a
causa de las alteraciones graves en el núcleo profundo de la personalidad, se origina un sentimiento
de cambio de ésta, al punto que tienen la impresión de no ser ya ellos mismos. Se desconocen y se
desorientan, necesitando recurrir al espejo para cerciorarse y salir de dudas, si bien la información
que les suministra es falseada y deformada por ese mismo sentimiento de cambio proyectado hacia
el exterior, con lo que obtienen una imagen de su persona física diferente de la que conocen.

5º) Síndrome delirante: Los delirantes, salvo escasas excepciones, son enfermos lúcidos y
orientados auto y alopsíquicamente. Algunos llaman la atención por su extraordinaria lucidez, como
sucede con los que padecen delirios de interpretación, en los que sólo existe el error interpretativo
que deforma la realidad de los conceptos y desorienta con respecto a la veracidad de sus
aseveraciones, que consideran exactas.

Otros tipos de delirantes, con menos vigor psíquico y a los que la intuición y la imaginación les
hacen vivir raras fantasías, pierden la noción del tiempo presente ubicándose en distintas épocas y
lugares de la historia o en extraños medios donde encarnan absurdos personajes. En estos casos,
además de conducir al error de las concepciones, el delirio desorienta al enfermo en el tiempo y en
el espacio. Pero esto no impide que, una vez sustraído el enfermo del tema de su delirio, se nos
muestre correctamente orientado en forma global.

6º) Síndrome de depresión psicomotriz: Los enfermos deprimidos suelen estar mal orientados en
el tiempo, que pasa inadvertido porque la introversión en que los sume la tristeza los desconecta
del mundo exterior y del ambiente en que viven. Algunos melancólicos experimentan un sen-
timiento de extrañeza, una sensación de cambio y de transformación de su personalidad somática,
que los desorienta en ese aspecto. Esta alteración es debida a graves alteraciones cenestopáticas,
por las que sienten sus cuerpos transformados en piedra, madera u otros materiales extraños. Asi-
mismo niegan la existencia de determinados órganos y hasta de su propia existencia a causa de las
ideas nihilistas.

7º) Síndrome de excitación psicomotriz: Los enfermos excitados, siempre que no sean confusos,
son lúcidos y están bien orientados auto y alopsíquicamente. La exaltación afectiva que padecen los
maníacos los hace concebir ideas fantásticas y megalómanas, de poder y de dominación, las que los
desorientan parcialmente en cuanto a su verdadera personalidad.
RESUMEN
CONCIENCIA

La conciencia informa al hombre:


a) De lo que ocurre en el mundo externo, captado por los aparatos sensoriales externos.
b) En el mundo interior, captado por los aparatos sensoriales internos.
c) En el mundo psíquico; elaboración del pensamiento, captado por la conciencia
misma.
Concepto
La conciencia es constantemente móvil y mutable; los persistentes registros de las
innumerables captaciones se llaman "estados de conciencia". A ella llegan la totalidad de
los fenómenos vitales, somáticos y psíquicos; es el registro permanente de la existencia
del individuo. Hace posible el triple conocimiento del mundo exterior, del interior y del
psicológico, permitiendo la noción del "yo" y de su orientación temporo-espacial.

La conciencia es una superestructura psicológica, límite entre las manifestaciones


psicosomáticas, que en ella se reflejan a través de las elaboraciones psíquicas, y el yo que,
Definición
por su conducto, adquiere el conocimiento de sí mismo y es informado de cuanto
acontece fuera de él.
Campo de Comprende todo el ámbito capaz de ser abarcado por la misma.
consciencia
La de mayor precisión y nitidez: centro o foco de la conciencia.
Zona Es la más reducida; sólo abarca limitados objetivos; de tres a
consciente cinco. Las elaboraciones psíquicas alcanzan en ella su mayor
nitidez.

Se encuentra por fuera del foco de la conciencia, la nitidez de los


objetivos y de sus imágenes decrece a medida que se alejan de su
centro.
Los elementos del subconsciente son requeridos para la
Zona elaboración consciente del pensamiento.
subconsciente Algunas creaciones son producto de elaboraciones
subconscientes, pero deben pasar a lo consciente para ser
aceptadas y registradas previo razonamiento.
En esta zona se hace también la elaboración sensoperceptiva,
por el reconocimiento mnemónico.

Se halla por fuera de la zona subconsciente. Su actividad no es


percibida por el yo.
Existen manifestaciones imprevistas y sorpresivas que revelan su
existencia.
Todo lo que la conciencia registra pasa a formar parte de la vida
Zona
psicológica inconsciente.
inconsciente
El material del inconsciente está formado:
a) Por todo lo que ha sido vivenciado en la zona consciente.
b) Por cuanto ha pertenecido al subconsciente.
c) Por las vivencias originadas en el núcleo ins-tintivo-afectivo,
en relación con los instintos y con la vida orgánica.
Diversas circunstancias patológicas pueden empañar con mayor o menor
intensidad la lucidez de la conciencia.
Enturbiamiento que alcanza diferentes grados de
intensidad: desde un retardo de las elaboraciones hasta la
suspensión completa de la actividad psíquica. Marcada
debilitación de la atención por la gran fatigabilidad.

Los diversos grados de obnubilación son:

a) Embotamiento o torpeza: es la forma más leve; se


Obnubilación de
observa en casos de fatiga muy intensa; se entorpece la
la conciencia
actividad psíquica.

b) Somnolencia: dificultad perceptiva, con gran propensión


al sueño; se observa en los comienzos de la confusión mental.

c) Coma: grado extremo de obnubilación: pérdida completa


de la conciencia. En los traumatismos craneanos; uremia;
diabetes y otras afecciones.
Retracción del campo de la conciencia.
Psicopatología Las manifestaciones psíquicas quedan inactivas y la
Estrechamiento
de la conciencia del mundo exterior muy reducida, conservando la
de la conciencia
conciencia personalidad algunas actividades de orden motor.
La memoria no fija nada

Percepción entorpecida incompletamente; se perciben y


Estado comprenden situaciones simples
crepuscular La complejidad lleva a la incoherencia e incomprensión
Se observa en la confusión mental y en la epilepsia.

Depende directamente de la lucidez de la conciencia, que


permite la ubicación en cada uno de los instantes de la vida.

Orientación autopsíquica: Concierne al conocimiento de la


propia personalidad y de su evolución a través del tiempo.

Orientación Orientación en el tiempo: Mediante la medición


convencional por períodos o lapsos establecidos por cálculos y
por los diferentes estados de conciencia, que permiten la
noción del presente, del pasado y del futuro.

Orientación en el espacio: Es la noción de las magnitudes y


del ámbito o espacio en que el hombre actúa y desenvuelve
su vida.
Síndrome oligofrénico: Depende del grado
de la insuficiencia: a) El débil mental, por lo
general, bien orientado auto y
alopsíquicamente. b) El imbécil se desorienta
por la insuficiencia de los juicios e incapacidad
de comprender. Es difícil la noción de
individualización e independencia del medio,
c) El idiota, no se orienta en absoluto por la
agravación de los factores anteriores.

Síndrome demencial: La desorientación de


los dementes depende del grado de
debilitación psíquica. La amnesia es causa
principal. Primero desorientación en el
tiempo, luego en el espacio y finalmente la
autopsíquica.

Síndrome confusional: La desorientación,


consecuencia de la obnubilación, es una de las
Psicopatología Perturbaciones
características más importantes; en el tiempo
de la Orientación de la
y en el espacio. La fatiga psíquica debilita la
conciencia orientación
atención y la fijación; pérdida del
encadenamiento normal de las ideas;
incoherencia y desorientación autopsíquica.

Síndrome esquizofrénico: Desorientación


en el tiempo por el desinterés del enfermo
hacia el mundo exterior. Se orienta bien en el
pasado remoto y en el espacio.

Síndrome delirante: Salvo excepciones, los


delirantes son lúcidos y están bien orientados.

Síndrome de excitación psicomotriz: Los


excitados, siempre que no sean confusos, son
lúcidos y están bien orientados.

Síndrome de depresión psicomotriz: Mala


orientación en el tiempo, que pasa
insensiblemente porque la introversión los
desconecta del mundo externo.

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