0% encontró este documento útil (0 votos)
116 vistas66 páginas

Doña Josefa Lastiri

El libro 'Josefa Lastiri, mi vida con Morazán' de Juan Pablo Bustillo y José Daniel Vásquez narra la vida de María Josefa Lastiri, una mujer hondureña que apoyó la lucha por la unidad y liberación de la República Federal de Centroamérica. A través de su relato, se exploran temas de patrioterismo, desigualdad social y el papel de la mujer en la historia, destacando su contribución a los movimientos preindependentistas. Esta obra busca fortalecer la educación y resaltar la importancia de la figura de Lastiri en el contexto histórico de la región.

Cargado por

ivaniachavez2008
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
116 vistas66 páginas

Doña Josefa Lastiri

El libro 'Josefa Lastiri, mi vida con Morazán' de Juan Pablo Bustillo y José Daniel Vásquez narra la vida de María Josefa Lastiri, una mujer hondureña que apoyó la lucha por la unidad y liberación de la República Federal de Centroamérica. A través de su relato, se exploran temas de patrioterismo, desigualdad social y el papel de la mujer en la historia, destacando su contribución a los movimientos preindependentistas. Esta obra busca fortalecer la educación y resaltar la importancia de la figura de Lastiri en el contexto histórico de la región.

Cargado por

ivaniachavez2008
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

JOSEFA LASTIRI

Mi vida con Morazán


Juan Pablo Bustillo
José Daniel Vásquez

1
Juan Pablo Bustillo y José Daniel Vásquez. Josefa
Lastiri, mi vida con Morazán. 1er edición. Tegu-
cigalpa. Editorial Sabio Valle de la Secretaría de
Educación, 2024.

66 p.

ISBN: 978-99979-913-9-3

Licda. Katy Suazo


Coordinadora de Ediciones

Licda. Katia Portillo


Revisión de estilo

Licda. Nathalia Zelaya


Diseño y diagramación

Licda. Nathalia Zelaya


Ilustraciones

Esta edición fue impresa en Publigráficas. Colonia La Pradera, calle


principal, 300 metros adelante de Comercial Laeisz. Tegucigalpa,
Honduras.

DISTRIBUCIÓN GRATUITA – PROHIBIDA SU VENTA

©Secretaría de Educación
Centro Cívico Gubernamental, José Cecilio del Valle.
Bulevar Juan Pablo II, Tegucigalpa M.D.C. Honduras, C.A.
Enero de 2025
Esta primera edición de la obra Josefa Lastiri, mi vida con Morazán
de Juan Pablo Bustillo y José Daniel Vásquez es propiedad de la Se-
cretaría de Estado en el Despacho de Educación. Este libro ha sido
editado por la Editorial Sabio Valle, dependiente de la Dirección
General de Comunicaciones y Prensa y por la Dirección de Historia
y Patrimonio (DIHIPA) como aporte al fortalecimiento institucional
en el marco de refundar la educación en el país.

CRÉDITOS

Iris Xiomara Castro Sarmiento


Presidenta Constitucional de la República de Honduras

Prof. Daniel Enrique Esponda Velásquez


Secretario de Estado en el Despacho de Educación

Prof. Jaime Atilio Rodríguez


Subsecretario de Estado de Asuntos Administrativos y Financieros

Prof. Edwin Edgardo Hernández Zerón


Subsecretario de Estado de Servicios Educativos

Abog. Edwin Emilio Oliva


Secretario General

Dirección General de Comunicaciones y Prensa

Msc. Orlin Manuel Duarte Landero


Director de Historia y Patrimonio
Índice
Introducción __________________________________ 6
El nacimiento de la valerosa mujer de Tegucigalpa ____ 8
El centro minero y la adolescencia ________________ 12
La mujer y su contexto histórico __________________ 14
La división social y su desigualdad en el Reino
de Guatemala ________________________________ 16
Las haciendas y el maravilloso lugar donde se
compartía con todas las clases sociales ____________ 18
Un lugar fantástico para platicar __________________ 22
El apoyo de la mujer en los alzamientos
preindependentistas ___________________________ 24
Los litigios entre el centro minero de Tegucigalpa
y la Intendencia de Comayagua __________________ 25
La hacienda de María Josefa Lastiri _______________ 25
El papel de la mujer en la historia _________________ 27
La lucha de los conservadores por mantener el
sistema esclavista _____________________________ 29
El matrimonio y el amor a la federación ____________ 31
Acompañando a nuestro amado Morazán en su lucha _ 32
La restitución de la federación y entrada triunfal
a Guatemala _______________________________ 34
Mi trayectoria como esposa de Morazán en el
Estado centroamericano ________________________ 38
Mi estadía en Guatemala _______________________ 40
La ruptura de la federación y el sueño no cumplido
de mi esposo ________________________________ 41
El nacimiento de una estrella (Adelita) ____________ 44
Mis amados hijos _____________________________ 46
Mi vida en El Salvador ________________________ 47
Mi separación forzada de mi amado Morazán _______ 49
Mi momento mágico en la ciudad de David ________ 50
Las cartas de mi esposo (Perú y el exilio) __________ 52
El sacrificio de un héroe _______________________ 53
Mis días finales en la austeridad _________________ 54
Mi descanso eterno y mis últimos deseos para todas las
niñas de Centroamérica _________________________55
Glosario ____________________________________ 57
Introducción
M aría Josefa Lastiri, representa los más altos intere-
ses de patriotismo y amor al proyecto morazanista; siendo
una mujer distinguida y con una riqueza inigualable, hizo
suya la lucha por los más desposeídos y, poniendo a dispo-
sición sus dotes, apoyó de forma protagónica la lucha por
la unidad y la liberación de la República Federal. Siendo
ejemplo vivo de dignidad y conciencia para derrotar a los
grupos conservadores de la región.

William Wells, experimentado viajero y conocedor de la


alta sociedad estadounidense, muy interesado por la per-
sonalidad de la dama criolla y sus gestos educados, se pre-
guntó ¿qué pensará doña María Josefa Lastiri, viuda del
general Morazán sobre el legado y la lucha por la Federa-
ción? Pues esta gran mujer tenía claro que se debía luchar
en todo momento por la armonía y fraternidad del pueblo
centroamericano. Morazán en 1842, ante su fusilamiento,
destaca la deuda económica y moral que tenían los tiranos
ante el desinterés mostrado por recuperar la desordenada
región.

Las miradas codiciosas jamás lograron tocar el alma


verdadera de esa mujer hondureña que estuvo dispuesta
a acompañar lo heroico, no al héroe: a lo heroico. “Son
cosas muy diferentes -pensaba en ambos momentos doña
6
María Josefa, cuando miraba a los niños por la ventana
mientras tocaba el piano y también cuando miraba fija-
mente el Río Grande desde las ventanas de la Casa Pre-
sidencial-, lo heroico por lo que luchamos Francisco y yo
era quitar de la cabeza ese pensamiento terrible de que la
mujer centroamericana nacía solo “para criar hijos, hacer
tortillas y morir”. ¡Eso es lo que pensaban los criollos!,
¡eso es lo que pensaban los extranjeros ambiciosos que
llegaban a nuestras tierras y que conspiraron con las élites
para fusilar a Francisco!”.

Esta obra es un relato de ficción histórica, que tiene ele-


mentos y datos basados en el contexto de esta valiente
mujer para aportar a la construcción de la refundación de
la educación liberadora e inspirado en la primera mujer
presidenta de Honduras, Iris Xiomara Castro Sarmiento, y
la invaluable labor del Secretario Daniel Enrique Esponda
por resaltar el pensamiento de los implicados en la cons-
trucción de la nación mediante la colección de la Cátedra
Morazánica, fuente ejemplar de valores cívicos y morales.

7
El nacimiento de la
valerosa mujer de
Tegucigalpa

8
N ací a finales del siglo XVIII, específica-
mente el 20 de octubre de 1792 en Tegucigal-
pa, 17 días después del nacimiento de mi futuro
esposo: Francisco Morazán. En esa época, no
había centros para atender los partos; así que
mi mamá, Margarita Lozano, me tuvo en casa
ayudada por una señora que conocemos como
partera.

Mi papá, don Juan Miguel Lastiri, era un co-


merciante muy importante y estaba muy ner-
vioso por mi nacimiento. Mi familia me bautizó
con el nombre de María Josefa Úrsula Francis-
ca de la Santísima Trinidad Lastiri Lozano, un
nombre largo, pero así se acostumbraba en esa
época.

9
Mi pequeño pueblo era el centro económico más impor-
tante de Honduras, la mayoría de pobladores nos dedicá-
bamos a labores mineras, especialmente a la extracción
de plata y al comercio. Sus calles angostas y empedradas,
casas de dos plantas, algunas tenían balcones; los techos,
entejados; los patios, empedrados. Nuestros vecinos pin-
taban las casas de blanco, rojo y azul, según los gustos.
Este era el estilo de nuestros abuelos, las viviendas tenían
corredores en el interior y, muchas veces, su propio pozo
de agua. En los corredores, colocábamos hamacas para
descansar después de una dura jornada de trabajo. Contá-
bamos ya con la catedral de San Miguel Arcángel de Tegu-
cigalpa, el cabildo municipal y las casas de los principales
dueños de minas y comerciantes.

Mi pueblo estaba pasando por diferentes cambios adminis-


trativos. El Rey en España había unificado el territorio a
través de la “Intendencia de Comayagua” y generó mucho
conflicto en mi ciudad, pues no queríamos ir hasta Coma-
yagua para realizar trámites administrativos. Una vez que
crecí, me fui a vivir a Comayagua y allí desarrollé parte de
mi vida.

10
1111
El centro minero
y la adolescencia

12
T egucigalpa, la ciudad donde nací, desde muchos si-
glos fue el pueblo minero más importante de la Capitanía
General de Guatemala. Éramos una población trabajadora
y servicial. La extracción de plata de nuestras minas, nos
permitió tener cierta independencia administrativa con el
nombramiento de nuestro alcalde mayor, además de la lle-
gada de muchos migrantes de diferentes partes del mundo.
Las minas más importantes eran las de Santa Lucía, San
Antonio de Oriente, Yuscarán, pero también había más le-
janas como la de San Marcos de Colón y otras.

Les cuento que en mi pueblo habían diferentes grupos de


personas, unos trabajaban de forma independiente, otros
en las minas, también había artesanos, herreros y las muje-
res cultivaban flores, hacían trabajos en barro y deliciosos
panes para acompañar el chocolate. En las minas, había
mucho trabajo para todos y eso permitió la llegada de di-
ferentes grupos étnicos, gracias a ellos pudimos sacar la
producción.

Teníamos muchas iglesias y todos los domingos íbamos a


misa. También, celebrábamos muchas festividades como
la Semana Santa, la Navidad y la feria en honor a nuestro
Santo Patrón, San Miguel Arcángel y siempre asistíamos
con mi mamá, papá y hermanos a todas las festividades.
La celebración que me gustaba más era la de Navidad,
porque había mucha alegría y podíamos disfrutar de dul-
ces, procesiones, posadas y los nacimientos.

13
La mujer y su
contexto histórico

14
14
E n la época que me tocó vivir, nosotras
teníamos funciones definidas. Por lo general,
ayudábamos en la tienda que mi papá tenía
en Tegucigalpa, pero también hacíamos labor
doméstica en casa. En muchas actividades
comerciales y políticas, no nos tomaban en
cuenta porque no se acostumbraba. Nuestro
ejemplo a seguir siempre fue la Santísima
Virgen María.

15
La división social y
su desigualdad en el
Reino de Guatemala

INDÍGENA

CRIOLLA

MESTIZA

PENINSULAR

AFRICANA

16
16
E staba bien definido el papel de cada grupo étnico y
había una división en la sociedad. Les voy a explicar un
poco cada uno de los grupos y las responsabilidades: exis-
tía una población blanca que venía desde España, a ellos
se les conocía como los peninsulares, por lo general tenían
acceso a los puestos políticos-administrativos más impor-
tantes. Mi papá, don Juan Miguel, vino desde la Península
y en Honduras conoció a mi mamá.

Mi mamá era hija de españoles nacidos en territorio de


Honduras, a ellos se les llamaba criollos. Los españoles
nacidos en territorios de América, tenían algunas restric-
ciones administrativas dentro de la estructura política. Sin
embargo, sí se podían casar y hacer negocios. Por eso es
que mi papá peninsular y mi mamá criolla se juntaron y
nacimos mis hermanas y yo.

Las comunidades indígenas vivían cerca de nosotros y


ellos eran muy trabajadores. Colaboraban con la hacien-
da en los quehaceres de la casa, también en el cultivo del
maíz, frijoles y trigo. Siempre teníamos su visita por ra-
zones de trabajo, específicamente en las minas en las que,
por lo general, su labor era temporal. Ellos, comúnmente,
venían de pueblos como Texiguat y otros.

Hace muchos años, desde África arribaron personas que


nos ayudaban en las labores de la mina y algunas acti-
vidades agrícolas como el cultivo de caña de azúcar; en
mi hacienda convivían con nosotros de forma permanente.
Además de ellos, se contrataban trabajadores que se co-
nocían como mestizos, quienes hacían labores menores,
aunque algunos trabajaban en las cañeras y minas.
17
Las haciendas y el
mágico lugar donde se
compartía con todas
las clases sociales

18
18
E n la ciudad la gente era muy trabajadora,
desde temprano salían a realizar sus activi-
dades. La mayoría se dedicaba a las ocupa-
ciones mineras y sus derivados. Un lugar que
me gustaba mucho visitar eran las haciendas,
ya que allí se juntaban todas las actividades
económicas y se producía de todo. Les voy a
contar algunas cosas que se elaboran en ellas.

19
Habían personas que llegaban desde Choluteca con varias
mulas cargadas de sal, sustancia que utilizan para extraer
el mineral de la plata. Otros producían candelas, que nos
ayudaban para alumbrarnos cuando se ingresaba a las minas
oscuras y cuando caía la noche. Uno de los procesos que
más me gustaban era el de las moliendas, donde de las cañas
se extraía el jugo que usábamos para hacer panelas, esto le
daba un sabor más agradable al chocolate que bebíamos por
la mañana. La destinamos, además, para hacer dulces de di-
ferentes formas, sabores y los niños los disfrutaban mucho.

También ordeñaban vacas y siempre había mucha carne;


el cuero se utilizaba como una bolsa grande para cargar la
broza que se sacaba de las minas. La carne era muy barata
y, debido a la abundancia, ajustaba para todos.

Como en la hacienda había mucho trabajo, se necesitaban


varios empleados para realizar las actividades y como las
leyes definían estas tareas de acuerdo con el grupo étnico,
había africanos esclavizados, indígenas de repartimiento,
mestizos y pardos. De la mezcla de todos ellos es de donde
surgieron los hondureños, por eso estos lugares son muy
importantes.

20
21
Un lugar
Un lugar fantástico
fantástico
para platicar
para platicar

22
22
L os lavanderos eran espacios públicos
donde todas las mujeres que trabajaban en las
casas llegaban a lavar la ropa. Cada una ve-
nía con sus canastos en la cabeza, el jabón y
otros utensilios para dejar bien limpia la ropa.
Aparte de lavar la ropa, el lugar servía para
socializar y contar las actividades que ocu-
rrían en el día, además pasaban jinetes en sus
caballos ensillados muy cerca de ese lugar.
Los pozos eran lugares donde muchas muje-
res iban a traer agua. De allí se halaba en unos
utensilios de barro llamados cántaros, los car-
gaban en la cabeza y hacían muchos viajes al
día.

23
El apoyo de la mujer en los
alzamientos preindependentistas

C uando yo tenía 12 años, empezaron varios conflictos


en el mundo, esto dio inicio a los procesos de Independen-
cia. Mi papá nos contaba que hubo una revolución en Hai-
tí y ellos se declararon independientes de Francia. Cuando
cumplí 16 años, nuestro rey fue capturado por los franceses
y nosotros empezamos los movimientos de Independencia.

Las mujeres tuvimos un papel importante en estos procesos


de cambio en Centroamérica; algunas de las que participa-
ron fueron: en Guatemala, Dolores Bedoya de Molina; en El
Salvador, María Feliciana, Manuela Miranda, María Felipa
Aranzamendi y María Antonia Arce. En Nicaragua, destaca
Josefa Chamorro y en Costa Rica, Juana del Castillo y Pala-
cios, Petronila Chacón y Francisca Carrasco Jiménez.

Como ya les había contado, mi mamá se llamaba Margarita


Lozano Borjas y tanto mis hermanas como yo nos casamos
con personas que participaron en los procesos de Indepen-
dencia y la fundación del Estado de Honduras. Mi hermana
Petrona se casó con el coronel Remigio Díaz, quien fue el
héroe de la Batalla de La Trinidad junto a mi futuro esposo,
Morazán. Lucía con don José Santos del Valle, quien fungió
como jefe interino del Estado; y mi hermana Dolores con
Diego Vijil y Cocaña, que estuvo con mi futuro esposo en la
jefatura del Estado en 1829 y fue el último presidente de la
República Federal de Centroamérica.
24
Los litigios entre el centro minero de
Tegucigalpa y la Intendencia
de Comayagua

M i ciudad, Tegucigalpa, era un pueblo minero muy


próspero, teníamos nuestro propio alcalde con cierta auto-
nomía y todos los trámites los hacíamos aquí, pero cuando
eran muy importantes, íbamos hasta Guatemala. Nuestro
rey, Carlos III, realizó cambios y creó la Intendencia de
Comayagua, donde se unió todo el territorio. En vez de
Guatemala, íbamos a hacer trámite a Comayagua y eso
originó mucho conflicto.

Nosotros en Tegucigalpa, teníamos más ideas de libertad


y apoyábamos todo el proceso de Independencia, pero en
Comayagua eran más conservadores y eso generó dispu-
tas.

La hacienda de María de Josefa Lastiri

P or razones del destino heredé Jupuara, una hacienda


en Comayagua. Tenía muchas extensiones de tierra, que
llegaban cerca de la localidad de Lepaterique. En esta ha-
cienda cultivábamos y producíamos leche, carne, granos
básicos y la venta de todos estos productos me servía para
mantenerme.
25
En esta hacienda había de todo y como desde niña mi
mamá me enseñó la religión, mandé a construir una iglesia
dentro del terreno. Teníamos varias casas que nos servían
para mí, mis hijos y los trabajadores. Las casas eran de
cuatro corredores, el techo de teja, en el interior teníamos
un pozo de dónde extraíamos el agua para beber. Desde
muy temprano se levantaban las trabajadoras a hacer cho-
colate caliente para el desayuno, en otras ocasiones hacían
pinol de maíz. También, elaboraban tortillas de maíz y por
las tardes hornaban pan para que siempre tuviéramos en la
cocina.

Cuando la caña estaba lista para la cosecha, era una alegría


muy grande para todos. Después de cortarlas se llevaba al
trapiche, allí se molía. Algunas veces, bebíamos un poco
del jugo, pero la mayoría se vertía a la olla para su cocción
y de allí sacábamos las panelas o rapaduras que nos servían
para endulzar el chocolate o para elaborar muchos dulces
que guardábamos para estar comiendo como postre.

Como teníamos mucho ganado, nos daba abundancia de


leche y nos servía para hacer queso, cuajada y mantequi-
lla, que consumíamos todos los días. Después de utilizar
para nuestro consumo, lo restante lo mandábamos a ven-
der. Igual pasaba con las cosechas de maíz, frijoles y al-
gunas legumbres, que una vez que estaban en cosecha, lo
vendíamos en el mercado de Tegucigalpa y Comayagua.

26
El papel de la mujer en la historia

E n las provincias del Reino de Guatemala, un suceso


poco creíble para las clases reinantes se estaba formando.
Mis padres, aunque tenían una posición económica y so-
cial muy alta, estaban de acuerdo con los cambios que su-
cedían en la región por la anhelada libertad, por el respeto
a las clases sociales más pobres y la fraternidad entre toda
la comunidad de los indígenas, negros, mestizos y mula-
tos, que por 300 años habían sufrido las ofensas de la ex-
plotación en las encomiendas y las reducciones de indios.

Como mujer, me parecía extraño que solo los hombres se


reunieran para discutir la Independencia contra la monar-
quía española. Apenas tenía 29 años y para mí era curioso
que muchas de las mujeres que podrían escribir sobre la
historia, no lo hacían. En ese momento, solo se redactaba
la historia de los faraones, de los reyes, de las famosas fi-
guras varoniles, pero la mujer era un ejemplo que se debía
establecer ante los nuevos eventos.

Cleopatra en el 69 a.C. enfrentó a los grandes tiranos y era


una mujer muy destacada, que reinó en Egipto con mucha
sabiduría y determinación. Hasta ese momento, contando
los acontecimientos a partir de nuestros 18 siglos de his-
toria después del sacrificio de Jesucristo, en el siglo V se
resalta la vida de una mujer brillante llamada Hipatia, ella
hizo aportes precisos a las matemáticas, fue maltratada por
ser mujer y generar un conocimiento filosófico en la Ale-
jandría del antiguo Egipto, muriendo de forma trágica.
27
La guerrera Matilde de Toscana, que protegió con su vida
al papa Gregorio VII y fue parte de la defensa contra el
Sacro Imperio Romano Germánico dirigido por Enrique
IV, al final de la batalla derrotó al tirano rey, siendo una
brillante estratega que fue condecorada por su valentía. Y
qué decir de Juana de Arco, un mito hecho realidad, una
sobresaliente campesina que se convirtió en la protagonis-
ta de la guerra de 100 años, siendo muy joven demostró
su valor y entereza en la defensa de su reinado, al final su
muerte en la hoguera sigue siendo símbolo de inspiración
para la mayoría de las mujeres.

Aunque se establece un patrón de desconocer la lucha de


las mujeres hasta nuestros días, el caso más reciente fue el
de la heroica Olimpia de Gouges que al pedir la igualdad
de los derechos de las mujeres fue condenada injustamen-
te a la guillotina. Era injusta la vida de las mujeres hasta
el siglo en que vivimos, por esa razón es que no miramos
una representación en el Palacio de Guatemala para pro-
nunciarse en la proclama de Independencia. Tanto la pro-
clama de Independencia en septiembre de 1821 como la
Independencia Absoluta del 1 de julio de 1823, tendrían
un proceso interesante entre conservadores que querían
mantener el estado en que estaban las cosas y los que nos
sumabamos a las ideas liberales para conformar una repú-
blica.

28
La lucha de los conservadores por
mantener el sistema esclavista

S e disponían las naciones de las Provincias Unidas


del Centro de América después de la disputa por el po-
der, tanto el emperador Iturbide como también los grupos
más conservadores de la región centroamericana, a debatir
entre tener una república o una monarquía constitucional.
La monarquía se componía con las ideas liberales que es-
tablecía la doctrina, basadas en el hecho reciente de 1789,
sin duda la Revolución Francesa fue la inspiración de los
nuevos ciudadanos, además la Independencia del 1 de ju-
lio de 1823.

Sostenían que una verdadera Independencia, se estable-


cía a partir de este documento, un importante anuncio de
convocatoria para la conformación del Congreso de las
provincias el 22 de noviembre de 1824; lo que ayudaría
a romper con el esclavismo situando en la sección 2 De
Los Ciudadanos que establece en su artículo 13- “Todo
hombre es libre en la República. No puede ser esclavo el
que se acoja a sus leyes, ni ciudadano el que trafique en
esclavos”.

Es claro lo que se planteó en el primer congreso cons-


tituyente, que es la base fundamental para consolidar la
república. Aunque no lo creamos, los hombres de nues-
tra federación fueron pensantes y marca una diferencia
en comparación con las potencias anglosajonas: mientras
29
ellos esclavizaban a los afrodescendientes, nosotros en
Centro América, teníamos un carácter de armonía y frater-
nidad entre la ciudadanía.

Lo único preocupante era que la Constitución desampara-


ba a todos aquellos que no sabían leer y escribir, aunque
es fundamental tener esa capacidad para tener una nación
más ilustrada. Para entonces, las condiciones no ayudaban
para que todos pudieran cumplir con ese requisito: no ha-
bía escuelas públicas ni tampoco una inversión para que la
mayoría se alfabetizara. Además de ser un privilegio, no
todos tenían la capacidad para enseñar las primeras letras,
eso cambió con mi futuro esposo. Hasta ese momento, no
se evidenciaba el papel de las mujeres en la Constitución.

Aunque triunfaron las ideas liberales, siempre se mantu-


vieron en el poder algunas figuras conservadoras que lu-
chaban porque en la nueva república se conservaran intac-
tos sus privilegios, pero no podemos negar la existencia de
ciudadanos al servicio del progreso de la nación. A partir
de aquí, en mi historia empieza a proyectarse otra imagen:
una con un amor incondicional por José Francisco Mora-
zán Quesada, un hombre extraordinario, a quien acompa-
ñé en toda su lucha por mantener la federación unida.

30
El matrimonio y el amor
a la federación

E l 30 de diciembre de 1825, decidí darle el sí a mi


apuesto caballero Morazán. Él tenía una responsabilidad
con el gobierno de Honduras, siendo parte de la estructura
del gobierno conducido por Dionisio de Herrera, un
político adelantado y reformador.

Fue muy poco lo que disfrutamos de nuestro matrimonio,


porque se levantó un adversario contra el gobierno de He-
rrera además de una facción de la Iglesia Católica que, con-
trario a muchos de sus curas, estaban en el lado correcto
de la historia, defendían las libertades del pueblo y la justi-
cia. Pero de mala forma y con una notable conspiración del
vicario José Nicolas Irías se generó una desestabilización
contra el progresismo que se estructuraba en Honduras.

En octubre 1826 se planeó el asesinato del jefe de Estado,


disparando a través de dos ventanas en la habitación presi-
dencial, por fortuna salieron ilesos sus hijos y esposa. Pero
los intereses de los conservadores no terminaron en ese
conflicto, por el contrario, el 24 de enero de 1827, median-
te la supuesta defensa del centro de tabacos en Santa Rosa
de Copán se preparó una invasión de parte de Manuel José
Arce con su lugarteniente y coronel Justo Milla, que puso
como excusa para invadir Comayagua. En mayo de 1827
se consume la traición a los ideales centroamericanos, ha-
ciendo captura de Herrera en Comayagua, despojando de
su libertad y como cualquier ciudadano se le pone grilletes
31
en pies y manos, un hecho lamentable para la república y
cumplimiento de un mandato constitucional; por primera
vez en la historia de la recién creada república federal, se
consuma el golpe de Estado a Herrera.

Luego de ese suceso lamentable, Francisco Morazán y


otros ciudadanos valientes iniciaron el proceso de resti-
tuir el orden constitucional, muchas mujeres tomamos una
decisión para apoyar la lucha que se estaba gestando para
que se cumpliera con el mandato de la Constitución.

Acompañando a nuestro amado


Morazán en su lucha

E l episodio lamentable de la captura por parte de Milla


a Dionisio de Herrera y su traslado a la capital de Guate-
mala como trofeo ante el tirano Manuel José Arce, propi-
cia que los amantes de la libertad y la fraternidad se unie-
ran para devolver el orden constitucional. Mi esposo José
Francisco Morazán, con su fuerte liderazgo, convenció a
varios hombres y mujeres para luchar, ellos provenían de
El Salvador y Nicaragua; los fieles de Texiguat y Curarén
fundaron el Ejercito Protector de la Ley.

En el caso de mis pares, la historia registra una lucha ex-


traordinaria en la independencia de nuestro continente:
Manuela Sáenz, Manuela Pedraza, Martina Céspedes,
Juana Azurduy, Gertrudis Bocanega, Mariquita Sánchez
y otras mujeres valerosas que apoyaron con donaciones
32
e ideas a la liberación de las naciones recién independi-
zadas. En el caso de Centroamérica, las que destacaron
fueron: María Josefa Valero Morales, Manuela Díaz del
Valle, Micaela Josefa Quezada Borjas y Margarita Lozano
Borjas, mi madre.

Además, mis hermanas Petrona, Lucía y Dolores se unie-


ron a la causa, para darle un sentido de unidad, amor y pa-
triotismo a la federación. En la recuperación por el Estado
de Derecho, mi esposo empezó un proceso de reivindica-
ción luego de salir librado del engaño que le hicieron el
6 de junio en Ojojona, donde me reuní con él, fue lleva-
do prisionero a Tegucigalpa por Ramón Anguiano. Como
Morazán era un hábil caballero, a las tres semanas pudo
negociar y escaparse hacia El Salvador, uno de los pueblos
más fieles a su causa. Desde la tierra de Matías Delgado,
inició la organización del ejército y planificación para ven-
cer a las huestes divisionista de Justo Milla y Arce.

En su camino, afinó asperezas entre los nicaragüenses Cle-


to Ordóñez y sus generales, que al final logró que Morazán
se pudiera llevar el apoyo de 150 hombres de armas. Lue-
go de muchos encuentros con otros hombres a favor de la
causa federativa, se pone a prueba en una de las batallas
legendarias, un 11 de noviembre de 1827. Sin duda, mi
esposo demostró amor, estrategia y entereza con sus alia-
dos para vencer al villano José Justo Milla en La Batalla
de La Trinidad. Este fue el principio de las contundentes
victorias que tendría a lo largo de dos años, hasta restituir
nuevamente las leyes y el orden en la Federación de las
Provincias Unidas del Centro de América.

33
La restitución de la
federación y entrada
triunfal a Guatemala

34
L a lucha para volver a establecer un gobierno demo-
crático duró dos años, se logró gracias a la perseverancia
y determinación en el proyecto unionista de la república.
Después de la Batalla de La Trinidad, sucedieron enfren-
tamientos que se resolvieron con la audacia del Ejército
Protector de la Ley, milicias lideradas por Morazán. Como
buen demócrata, nunca usó las armas para conseguir una
nación civilizada, el enfrentamiento lo utilizó como último
recurso ante la barbarie.

Mientras se daban las pugnas por la recuperación, muchas


de mis vecinas y otras mujeres teníamos la labor de seguir
educando en las letras a nuestras generaciones venideras.
Sabíamos que esta era la única forma de encontrar la luz
entre tanta oscuridad, aunque no habían escuelas, nosotras
de forma solidaria y fraterna, creímos que la mejor forma
para construir el ciudadano de la República era instruir a
los niños y niñas más desposeídos. El ambiente era propi-
cio para alimentar las primeras letras y responsabilizarnos
de construir una mejor nación centroamericana.

En ese recorrido se llegó la batalla de Gualcho, el 6 de


julio de 1828, donde se estableció un proceso de avance
hacia Guatemala, país en el que estaban los fanáticos del
desorden y la anarquía. Nosotros en Honduras, compartía-
mos las obras de Dios y San Agustín para cultivar los valo-
res de amor, gratitud y respeto. Nuestros curas y párrocos,
nos ayudaban a reafirmar la escritura, aritmética, ortogra-
fía, urbanidad y los estamentos de Jesucristo, ejemplo de
bondad y compañerismo.

35
En la Batalla de San Antonio, 9 de octubre de 1828, los Ay-
cinenas, la familia más rica de la región, estaba invirtiendo
recursos para el mantenimiento de un grupo de milicias,
disputando el poder y queriendo mantener los privilegios
de su casa. Para fortuna de los ciudadanos centroamerica-
nos, Francisco Morazán vencía de forma contundente para
prepararse en el próximo altercado que se definiría en tres
conflictos: la Batalla de Mixco, que se dio el 18 de febrero
de 1929; San Miguelito, el 6 de marzo de 1829 y la Bata-
lla de Las Charcas, el 15 de marzo de 1829 donde estaría
acercándose a la capital de la federación.

Los antidemocráticos Mariano Prado y Mariano Aycinena


se aferraban a su poder, pero no contaban con la persisten-
cia de Morazán y su destacado ejército para poner fin a la
tiranía que se daba en ese momento. Por eso el 13 de abril
de 1829, Morazán entró triunfante a Guatemala y venció a
Mariano Beltranena llegando así la restauración y años de
mucho progreso en la Federación Centroamericana.

36
37
Mi trayectoria como
esposa de Morazán en el
Estado centroamericano

38
38
J osé Francisco Morazán era un demócrata y siempre
brilló con luz propia; por 8 años su legado me convirtió
en la madre de la patria, ya que fue presidente de la fe-
deración en dos ocasiones. Durante su primer mandato,
estableció que se debe de respetar el Estado de Derecho;
desde su investidura y toma de posesión el 16 de septiem-
bre de 1830, se enfrentó a un caballero y un genio en la
contienda: Sabio Valle. Frente a quien no perdió, sino que
se ganó a un gran amigo, un hombre que lucharía por los
ideales que, al igual que él, también creía en las libertades
y la construcción de un mejor porvenir.

La humildad se manifestaba en su compromiso por llevar


las riendas de la federación y su notable amor por la ciuda-
danía de Centroamérica. En ese momento, era importante
que se brindaran garantías a la ciudadanía, como mujer le
sugerí a mi esposo que aboliera la pena de muerte porque
era un acto inhumano, también le pedimos que fomentara
la educación con inversión en las escuelas de carácter pú-
blico y le manifesté que para obtener un gobierno demo-
crático se debía impulsar la libertad de culto, de expresión
y prensa. Morazán, como autoridad en Honduras, un 25 de
mayo de 1829 trajo la primera imprenta, que después sería
parte de la circulación de la información y de las ideas
ilustradas.

39
Mi estadía en Guatemala

E l segundo mandato de mi esposo en 1834 estuvo sacu-


dido por varios acontecimientos, sobre todo porque falle-
ció el presidente electo José Cecilio del Valle, quien fue un
digno representante de los hijos de Centroamérica; Mora-
zán volvió a declarar elecciones y en ese acontecimiento,
fue electo en su segundo mandato. Mi recorrido y la rique-
za heredada de mi padre, quien era un rico comerciante, se
puso a prueba con los conflictos ocasionados por puesta en
marcha de un gobierno de orden y progreso.

Los ricos de la región no querían pagar impuestos, por esa


razón, para mantener la federación prestamos dinero a la
función gubernamental de nuestro amado esposo, era ne-
cesario despojarnos de nuestro recurso por el bien mayor
y Morazán denotaba un gran interés por mantener unida la
república. Aunque ya existía el antecedente de las Vueltas
del Ocote en enero de 1830, donde los pobladores de esa
región olanchana no querían pagar impuestos, la persua-
sión y la razón de Morazán los convenció para que pagaran
impuestos y no entraran en batalla. Sin duda, mis consejos
sobre buscar siempre el diálogo, mi apuesto caballero los
tomó como propios.

Durante el primer mandato estableció conversar antes de


ir a la batalla, siempre evitó en todo momento la pelea con
armas, aspiró a la civilidad, por eso el 19 de febrero de
1830, en Opoteca, venció a los enemigos conservadores

40
que todavía tenían a la provincia de Honduras como un
centro de conspiración para el proyecto morazánico. Lue-
go en Jocoro, el 14 de marzo de 1832, muchas mujeres sir-
vieron de informantes sobre los alzamientos que estaban
dando en el campo de batalla y se levantaron las mujeres
salvadoreñas junto a las hondureñas asistiendo a los solda-
dos caídos y, muchas veces tomando su lugar; así las ama-
zonas centroamericanas con indignación y determinación
defendieron el proceso de la federación.

Por esa razón, debemos darle honor a esas heroínas que es-
tuvieron al frente de la batalla; además de su valioso apo-
yo cuando alimentaban a las tropas, también jugaron un
papel importante de armonía en la tropa y permanecieron
a la disposición de los coquimbos y la causa morazanista.
Después de vencer en Jocoro el avance de los traidores,
se siguió hasta San Salvador el 28 de marzo de 1832 y el
23 de junio de 1834, terminando con mucha valentía para
seguir el proceso de federación.

La ruptura de la federación y el sueño


no cumplido de mi esposo

E l segundo mandato de mi esposo fue de muchas cons-


piraciones, pero siempre mantuvo su deseo de respetar a
los ciudadanos; en la región se hizo una mala fama sobre
su proyecto político y la iglesia lo atacó con mayor deter-
minación. Pero su integridad era notable, su impulso por

41
crear más escuelas, establecer un estado de derecho con-
solidado y, sobre todo, respetar la labor de los campesinos,
obreros y mujeres para tener una patria grande, era su sue-
ño en su disputa contra los opositores.

Los enemigos se aprovecharon de la desidia, ignorancia y


el miedo de los pobladores, mintiendo en todo momento
para después entrar en escena con brutalidad. Al final, con
un contingente de soldados al servicio de los grupos más
conservadores, el traidor Rafael Carrera ganó las batallas
contra el ejército militar en diciembre de 1838 en Chiqui-
mulilla. Después reina el desorden y se da un retroceso en
todas las medidas para el pueblo centroamericano, de allí
en adelante tuvimos que exiliarnos y buscar apoyo en Es-
tados hermanos para restituir el orden y el progreso.

42
43
El nacimiento de una
estrella (Adelita)

44
P ara 1838, en momentos difíciles para la
República Federal, nació nuestra hija Mercedes
Margarita Adelaida Adela Morazán Lastiri que
trajo consigo una esperanza para su padre y lo
que motivaba su amor por Centroamérica: el
quería dejarle una patria con mejores condicio-
nes. Es importante establecer los cimientos de
la época, señalar que se había dado en las leyes
y la vida de la institucionalidad un nuevo giro,
ya en control de los tiranos.

45
45
En esa época, los niños y niñas se divertían de muchas
formas, Adelita en su niñez jugó trompo, maules, cuerda,
voló barrilete y practicó otros juegos entretenidos. En la
noche, al calor de la fogata, se contaban leyendas y cuen-
tos tradicionales en nuestra región. Aunque nosotras que-
damos a expensas de lo que sucedía con los viajes de mi
esposo Morazán en el exilio, teníamos la esperanza de vol-
ver a verlo.

San Salvador nos acogió y era la patria con la que Mo-


razán siempre estaba agradecido, de igual forma con los
hombres de confianza en Texiguat y Curarén; muchas car-
tas me mandó sobre sus actividades y lo que estaba organi-
zando en otros países. Él era un extraordinario diplomáti-
co y siempre tenía una conversación sobre temas políticos,
sociales y culturales. Esa virtud siempre la tuvo y, como
gran conversador, podía conmover a las personas que lo
escuchaban, era un líder que siempre ponía el ejemplo
para discutir los aspectos democráticos que se debían vivir
en la patria grande.

Mis amados hijos

S iempre me pregunté por qué mis hijos Ramona,


Paulina, Tomasa y Esteban Travieso Lastiri, de mi primer
matrimonio, quisieron a Morazán. Después de criar a mis
hijos con todo el amor, enviudé, siempre me conmovió el
que Francisco Morazán tuviera un cariño extraordinario
por mis hijos y eso hizo que lo amara más. Además de ser
un hombre simpático, que podía hablar de todo tipo de co-

46
nocimiento, inspiraba a mis hijos. Aún después de cuidar
el Estado de Derecho, reservaba un espacio para atender a
la familia.

Con Adelita, no compartió, pero su semblante sereno y


agradable dejó una imagen maravillosa que siempre me
dio la fuerza para tratar a los demás con respeto. Dentro
del círculo familiar siempre mantuvimos la comunicación,
cuando nos sentábamos a la mesa, después de comer, pla-
ticábamos sobre lo que se debía aspirar en la vida, agrade-
cíamos por lo que teníamos y respetaba mi posición como
mujer, sin duda alguna esa caballerosidad reflejaba un
compromiso con la decencia y la cultura.

Lo que más admiré de él era su austeridad en la vida, nunca


fue presumido, buscó el beneficio de toda una comunidad. Me
impresionó su respeto hacia los demás sin mostrarse altanero,
fue un hombre generoso y humilde ante la multitud, siempre
consecuente con los suyos, nunca dejó de señalar los princi-
pios y valores que debía mantener un verdadero ciudadano.
La educación fue relevante para poner como modelo un siste-
ma democrático y que la razón asistiera los cambios.

Mi vida en El Salvador

D espués que se organizara una conspiración para la sa-


lida de José Francisco Morazán Quesada, fuimos a El Sal-
vador, debido a la gran aceptación que tenía en esa bella
patria. Se le recordaba por su visión impulsadora de una
reforma educativa, no había ciudadano que no estuviera
47
agradecido con los proyectos que se habían ejecutado, me
sentía muy orgullosa de su gestión trasformadora. Aunque
la religión estaba presente en la educación, no había duda de
que se buscaba establecer el sistema de laicidad.

Sin embargo, los fanáticos se escudaban en Dios para per-


seguir y asesinar a los seguidores de Morazán. En 1837
ocurrió la peste del cólera morbus, los enemigos de la
causa unionista señalaron a mi esposo como el culpable
y afirmaron que la enfermedad era un castigo divino; esto
era mentira ya que la ignorancia los tenía cegados. En El
Salvador, por el contrario, siguieron sus ideales de separar
la fe con los asuntos del Estado. El Código de Livingston,
que consistía en un sistema por jurados que ponía a prueba
a los más incorruptibles ciudadanos para ejercer justicia,
sistema que Guatemala y sus fanáticos destruyeron, aun
sabiendo que las naciones más desarrolladas ejercen ese
sistema para la justicia y el buen desarrollo de las leyes.

Tanto el marques de Aycinena como el arzobispo Casaus y


Torres, lanzaron campañas de superstición y hasta al final
de los días levantaron falsos a nuestro amado, pero Mora-
zán estaba convencido de que el proyecto de liberación por
la patria tenía que mantenerse, aunque perdiera su vida.

48
Mi separación forzada de
mi amado Morazán

P ara 1839 en mi estadía en El Salvador, las tropas se-


paratistas entran en batalla; luego de todas las estrategias
más viles, amenazan con secuestrar a mi familia. Morazán
nos amaba, y los soldados traidores le remarcaron que, si
no se rendía en su intento por recuperar la federación iban
a matarnos. Morazán expresó una frase que quedarían en la
posteridad por su amor a Centroamérica: “Soy el jefe del
Estado y mi deber es atacar. Pasaré por los cadáveres de mi
esposa y de mis hijos, haré escarmentar a mis enemigos y
no sobreviviré un sólo instante a tan escandaloso atentado”.
Después de recuperar el terreno perdido y saber que nuestra
familia estaba sin peligro, nos envió hacia el sur para que de
esa forma pudiera enfrentar a sus enemigos y recuperar el
Estado centroamericano. Muchos de sus hombres más pro-
gresistas pedirían la restitución de las conquistas y garantías
liberales que se enmarcaban en la lucha contra los privile-
gios, la esclavitud y el oscurantismo.

La búsqueda por las libertades del hombre, la familia y el pue-


blo, hallaron un muro con el encuentro de una nueva sociedad
unida donde se creará una mejor patria. Nuestra familia luchó
contra tres grandes enemigos: el fanatismo e ignorancia de la
época, la aristocracia guatemalteca y el imperio inglés.

Las familias más acomodadas no tuvieron ninguna consi-


deración hacia los más pobres y asestaron un golpe crimi-

49
nal contra la democracia, eso hizo que el llanto y la tristeza
se apoderaran de mí en mi viaje hacia otro país.

Morazán le mostró a la sociedad centroamericana y plan-


teó el pensamiento donde establecía que: “La educación de
la juventud de esa porción escogida para regir en algún día
los destinos de la república, ha merecido muy particular-
mente la atención del gobierno. Un pueblo que, rompien-
do las cadenas de la esclavitud, se arroja, digámoslo así, de
repente en el camino de la libertad, no puede marchar sin
tropiezos por él, sino buscando en la educación el cultivo
de la inteligencia e instruyéndose en el cumplimiento de
sus deberes”.

Nuestra forma de salir de la ignorancia es educando al


pueblo, por eso él amaba ese pensamiento progresista.

Mi momento mágico en
la ciudad de David

D espués de una incesante lucha por restaurar el poder


democrático en la federación, tuvimos varios viajes de na-
vegación hasta llegar a David en 1841. Mi esposo salió de
Centroamérica en la goleta Izalco hasta Costa Rica un 15
de abril de 1840 y después pasó por Chiriquí, en Nueva
Granada, con varios seguidores y fieles a su proyecto de
restituir nuevamente la patria anhelada y grande.

Los viajes se incrementaron y zarpó de Chiriquí a Perú,


pasando por Púna y Guayaquil en Ecuador que era parte

50
de la Gran Colombia en su momento, pero en 1831 los
imperios fragmentaron a estas naciones que se indepen-
dizaron al igual que Centroamérica. En enero de 1842, se
embarca hacia Tarcoles, Costa Rica, después se trasladó
en el bergantín Cruzadory con otra goleta del general Isi-
doro Saget llamada Isabel II, quien fue uno de los hombres
de confianza que tendría una responsabilidad muy grande
en el asesinato de mi esposo. Además, el otro bergantín
Cosmopolitan, por supuesto la goleta Josefa y la goleta
Asunción Granadina; todos estos viajes se hicieron con el
fin de recuperar la nación centroamericana, que estaba en
manos del dictador Rafael Carrera y la élite conservadora.

El 16 de julio de 1841, cuando llegamos a la ciudad de Da-


vid, mi esposo escribió uno de los manifiestos más impor-
tantes y que hace un llamado a toda una generación para
que busquemos los cambios para proteger nuestra patria
grande. Es relevante mencionar fragmentos de su pensa-
miento: “No está lejano el momento en que se ponga en
práctica la alianza de los pueblos de este continente.

Ella hará que el nuevo mundo aparezca con todo el poder


de que es susceptible, por su ventajosa posición geográfi-
ca, por sus inmensas riquezas y por el común interés que
a todos nos une”, esta idea nos hace soñar que llegará el
momento en que estaremos juntos bajo el símbolo de la
patria unida, donde las mujeres, los niños y niñas puedan
creer en la república como un espacio para vivir nuestras
tradiciones, nuestra cultura y la magia de los ciudadanos
con su sabiduría ancestral que heredamos de esa lucha co-
lonial que hasta nuestros días perdura.

51
Mi esposo siempre prefería el diálogo primero que las ar-
mas. La diplomacia de Morazán era extraordinaria, sobre
todo, porque su presencia manifestaba respeto y admira-
ción. Muchas de mis compañeras, siempre mencionába-
mos que para obtener una patria con mejores condiciones
y que nuestras niñas tuvieran una nación con igualdad de
circunstancias, se debía apoyar.

Las cartas de mi esposo


(Perú y el exilio)

P ero mi apuesto caballero estaba muy pendiente de la


familia con sus diferentes cartas, nos redactaba palabras
hermosas y siempre nos daba una esperanza de recuperar
la patria grande. Los hijos naturales de mi amado Mora-
zán: Adela, Antonio, Francisco, Dolores y Faustina, fue-
ron parte de mi familia, constantemente me preguntaban
por la vida de su padre.

Con mucha tristeza, les leía las cartas de mi amado donde


nos contaba desde su exilio que andaba buscando apoyo
para derrocar la dictadura en Costa Rica del tirano Braulio
Carrillo, la mayoría de sus conciudadanos no quería que la
dictadura se afianzara. Mi esposo acudió en rescate de la
democracia el 9 de abril de 1842, para restablecer el orden;
como un verdadero líder, en menos de tres días persuadió
al dictador y lo venció con el diálogo.

Entró triunfante a San José el 13 de abril de 1842, donde


el festejo y la victoria lo esperaban. Con humildad realizó

52
un recorrido colectivo, sin querer ser pretencioso, venció al
jefe tirano sin levantar un arma, sin embargo, la multitud
quería venganza. Morazán con su templanza, llamó al orden
para que no ocurriera ningún acto de barbarie y se respetara
la vida de los soldados vencidos y su representación.

Con su visión de estadista volvió a darle un giro a la Cons-


titución restableciendo la de 1825, que es una manifes-
tación verdadera del poder civil; el 10 de julio se instaló
la Asamblea, acto seguido los defensores del Estado pro-
clamaron al héroe de la federación como nuevo presiden-
te de Costa Rica. Alcanzó un avance extraordinario en la
recuperación de la educación y su valor en el progreso de
las naciones, esta era una oportunidad para restablecer el
sueño unionista de la federación.

El sacrificio de un héroe

S in duda, la integridad de Morazán con los suyos y su


familia encarnó un ideal del porvenir con un impulso crea-
dor de la justicia ante el pueblo. Sus virtudes son ejemplo
para los hombres de América y su valor inclaudicable por
mantener la unidad entre los pueblos.

El héroe de la unidad en Centroamérica luchó hasta el últi-


mo momento por no dividir a la federación, sabía que si se
mantenían divididos serían países atrasados, minúsculos y
pobres; por eso, la traición de los costarricenses contra el
héroe de la patria grande hizo mucho daño al istmo. Asu-

53
mieron el poder después de su asesinato, el 15 de septiem-
bre de 1842, trágico para el mundo de las ideas y la lucha
por la democracia.

Para nosotros, fue un fiasco el darnos cuenta de que la


conspiración empezó cuando mi esposo pidió recaudación
fiscal para la inversión pública que tanto necesitaba la na-
ción y que era importante para alimentar la razón.
El 29 de agosto en Puntarenas inicia el proceso para atacar
al gobierno y después de un largo proceso, los traidores
y los grupos más oscuros propiciaron por medio de las
armas y la compra de voluntades, el levantamiento para
vencer la defensa armada del gobierno precedido por Mo-
razán. Durante 13 días, aguantó los ataques que vinieron y
desde Alajuela se estructuró el zarpazo final.

El 14 de septiembre en Cartago, derrotan al ilustre y ejecu-


tan el fatídico asesinato el 15 de septiembre, precisamente el
cumpleaños de la patria. Esto deja en luto al pueblo y con su
deceso se dividen las naciones, dejando a su paso anarquía y
desorden. Mataron al hombre, pero sus ideas serán eternas.

Mis días finales en la austeridad

C omo esposa del hombre con mayor amor a Centro-


américa, nos trasladamos con mis hijos a El Salvador, la
patria que amó siempre a Morazán. Después de dar todos
mis recursos para que se diera la recuperación y restaura-
ción de la federación, los dictadores no cumplieron con

54
el testamento de mi esposo, no honraron las deudas que
tenían las naciones con los negocios y los préstamos que
se hicieron para el mantenimiento de la unidad.

Yo muero en 1846, sin haber abandonado la misión de


contar las grandes proezas de mi esposo hizo y que siem-
pre nosotros apoyamos con gran determinación. Es nece-
sario rescatar que las nuevas generaciones pudieron vali-
dar y recuperar los valores de Morazán, para que los hijos
de Centroamérica en algún momento revivan los años del
buen gobierno y la visión extraordinaria del paladín y hé-
roe continental.

Mi descanso eterno y mis últimos


deseos para todas las niñas
de Centroamérica

E n mi descanso eterno, el 3 de octubre de 2024 se cum-


plen 232 años del nacimiento de José Francisco Morazán
Quesada y los periódicos y la televisión no dejan de men-
cionarlo. Lo extraño, es que hablan de su importancia,
pero en todo el año no se sabe nada de él, es raro que este
hombre tan genial como lo describen y que en su honor
tenemos un feriado de una semana no haya una continua
defensa de sus ideales.

En un mundo que necesita justicia, les escribo para acon-


sejarles que luchen por sus ideales, busquen la equidad y
55
el conocimiento para enfrentarse a los dogmas y el oscu-
rantismo. En el billete de 5 lempiras, en el que se represen-
ta a Morazán, se halla el escudo y en su óvalo se lee “Re-
pública de Honduras, Libre, Soberana e Independiente”;
también debemos hacer que los valores morales y éticos
del héroe continental sean nuestra brújula en nuestra vida.

Para Morazán, la educación y la instrucción pública son


relevantes para vencer la ignorancia, el sometimiento e ig-
nominia de los imperios. Era un fiel defensor y constructor
de bibliotecas públicas para generar cambios por sí solos,
además impulsó los espacios para aprender diferentes len-
guas relevantes como inglés, francés, portugués y otras
que podríamos aprender en esa época. Tenemos la deuda
de honrar a Morazán con un proyecto verdadero para for-
mar un mejor ciudadano en la patria centroamericana.

Hoy descansamos eternamente en nuestra hermana Repú-


blica de El Salvador y después de todas las dificultades que
nos tocó enfrentar para ver un día nuestra Centroamérica
como una verdadera patria grande, la niñez de Honduras
tiene ese legado y responsabilidad de cumplir con el sueño
de la unidad entre hermanos y el proyecto morazanista de
vivir en un ambiente de fraternidad y amor verdadero en-
tre los pueblos y levantar la voz de la mujer como símbolo
de libertad.

56
Glosario
Abolir: derogar, dejar sin vigencia una ley, precepto, cos-
tumbre, etc.
Adversario: opositor. Persona contraria o enemiga.
Afianzar: dar fianza por alguien para seguridad o resguar-
do de intereses o caudales, o del cumplimiento de algu-
na obligación.
Altanero: altivo, soberbio.
Alzamiento: levantamiento o rebelión. Los alzamientos
pre-independentistas se dieron antes de la proclama de
Independencia en 1821.
Anarquía: ausencia de poder público.
Aristocracia: en ciertas épocas, ejercicio del poder político
por una clase privilegiada. Clase noble de una nación,
de una provincia, etc., de carácter hereditario.
Asestaron: dirigir un arma hacia el objeto que se quiere
amenazar u ofender con ella. Intentar causar daño.
Asperezas: desigualdad del terreno, que lo hace escabroso
y difícil para caminar por él.
Austeridad: sobriedad, parquedad, mesura, prudencia,
templanza, temperancia, seriedad, economía, ahorro,
frugalidad, moderación.
Barbarie: falta de cultura o civilidad.
Bergantín: buque de dos palos y vela cuadrada o redonda.
Broza: desecho o desperdicio de algo.
Cabildo: cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares
de una iglesia catedral o colegial.
Capitanía General: en América, durante la dominación es-

57
pañola, extensa demarcación territorial gobernada con
relativa independencia del virreinato al que pertenecía.
También se llamaba Reyno de Guatemala.
Conservadores: favorable a mantener los valores y princi-
pios establecidos frente a las innovaciones.
Conspiración: dicho de varias personas. Unirse contra un
particular para hacerle daño.
Contingente: fuerzas militares de que dispone el mando.
Contundente: que produce gran impresión en el ánimo,
convenciéndolo.
Coquimbo: seguidor de la causa y lucha por los ideales de
José Francisco Morazán. Pensamiento Liberal.
Corredores: pasillos que tenían las casas como parte fun-
damental de las construcciones y la arquitectura de la
época.
Criollo: hijo e hija de español nacido en América.
Deceso: fallecimiento de una persona.
Demócrata: relativo a democracia. Sistema político en el
que la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce direc-
tamente o por medio de representantes.
Derrocar: hacer caer, generalmente por la fuerza, un go-
bierno o sistema de gobierno, o a alguien de un puesto
preeminente.
Desidia: negligencia, falta de cuidado.
Desposeídos: pobre, desheredado.
Diplomacia: rama de la política que se ocupa del estudio
de las relaciones internacionales. Conjunto de los proce-
dimientos que regulan las relaciones entre los Estados.
Diplomático: perteneciente o relativo a la diplomacia.
Divisionista: tendencia que propicia y promueve escisio-
nes en el seno de la sociedad.
Dogma: proposición tenida por cierta y como principio in-
58
negable.
Dote: conjunto de bienes y derechos aportados por la mu-
jer al matrimonio, que tiene como finalidad atender al
levantamiento de las cargas comunes y que le deberá ser
devuelto una vez disuelto aquel.
Élite: minoría selecta o rectora. En ciertas épocas, ejerci-
cio del poder político por una clase privilegiada.
Entereza: integridad, perfección.
Escarmentar: aprender de la experiencia propia o ajena
para evitar caer en los mismos errores.
Estado de derecho: régimen propio de las sociedades de-
mocráticas en el que la Constitución garantiza la liber-
tad, los derechos fundamentales, la separación de po-
deres, el principio de legalidad y la protección judicial
frente al uso arbitrario del poder.
Estratega: persona versada en estrategia.
Exiliar: expulsar a alguien de un territorio.
Expensas: gastos, costas.
Facción: grupo de gente amotinada o rebelada.
Fatídico: dicho de una cosa o de una persona: que anuncia
o pronostica el porvenir, especialmente si anuncia des-
gracias.
Federación: organismo, entidad o Estado resultantes de
una federación.
Federal: Estado compuesto por la unión de distintas unida-
des territoriales con autonomía política, regidas por una
Constitución y dotadas de instituciones comunes a todas
ellas, con un Gobierno Central que ejerce las competen-
cias atribuidas constitucionalmente.
Fiasco: fracaso, decepción.
Fraternidad: amistad o afecto entre hermanos o entre quie-
nes se tratan como tales.
59
Garantías: derechos que la Constitución de un Estado re-
conoce a todos los ciudadanos.
Goleta: embarcación fina, de bordas poco elevadas, con
dos palos, y a veces tres.
Grillete: arco de hierro, casi semicircular, con dos aguje-
ros, uno en cada extremo, por los que se pasa un perno
que se afirma con una chaveta y sirve para asegurar una
cadena a la garganta del pie de un presidiario, a un punto
de una embarcación, etc.
Guillotina: máquina inventada en Francia para decapitar a
los reos sentenciados a muerte.
Huestes: ejército en campaña. Conjunto de los seguidores
o partidarios de una persona o de una causa.
Ignominia: afrenta. Vergüenza y deshonor que resulta de
algún dicho o hecho, como la que se sigue de la imposi-
ción de penas por ciertos delitos.
Incesante: que no cesa o que se repite con mucha frecuen-
cia.
Inclaudicable: referido a persona, que mantiene sus ideas
y principios.
Incorruptibles: que no se puede pervertir.
Indígenas de repartimiento: sistema seguido en la Coloni-
zación de las Indias desde principios del siglo XVI, con
la finalidad de dotar de mano de obra a las explotaciones
agrícolas y mineras. Se repartía un número determinado
de indios entre los colonizadores españoles y la asigna-
ción se hacía en encomienda, o sea, en una relación de
patrocinio, por la que los indios quedaban debiéndole
obediencia al encomendero.
Institucionalidad: cualidad de institucional. Perteneciente
o relativo a una institución o a instituciones políticas,
religiosas, sociales, etc.
60
Intendencia: dirección, cuidado y gobierno de algo. En las
Reformas Borbónicas, se establecieron intendentes pro-
venientes de la Península Ibérica, asimismo era la nueva
jurisdicción en el siglo XVIII del poder administrativo
en la Colonia.
Interino: que sirve por algún tiempo supliendo la falta de
otra persona o cosa.
Invaluable: que no se puede valuar como corresponde.
Invasión: que no se puede valuar como corresponde.
Laico: independiente de cualquier organización o confe-
sión religiosa. Estado laico. Enseñanza laica.
Legado: aquello que se deja o transmite a los sucesores,
sea cosa material o inmaterial.
Liberales: partidario del Liberalismo. Comprensivo, res-
petuoso y tolerante con las ideas y los modos de vida
distintos de los propios y con sus partidarios.
Litigio: pleito, altercado en juicio.
Lugarteniente: persona que tiene autoridad y poder para
hacer las veces de otro en un cargo o empleo.
Mestizo: dicho de una persona nacida de padre y madre
de raza diferente, en especial de hombre blanco y mujer
indígena o de hombre indígena y mujer blanca.
Milicia: arte de hacer la guerra y de disciplinar a los sol-
dados para ella.
Monarquía: organización del Estado en la que la jefatura y
representación supremas son ejercidas por una persona
a título de rey o reina.
Mulato: dicho de una persona nacida de negro y blanca o
de blanco y negra.
Orden constitucional: situación de normal funcionamiento
de las instituciones públicas y privadas, en la que las
personas ejercen pacíficamente sus derechos y liberta-
61
des.
Oscurantismo: defensa de ideas o actitudes irracionales o
retrógradas.
Paladín: caballero fuerte y valeroso que, voluntario en la
guerra, se distingue por sus hazañas.
Pardos: dicho de los mulatos.
Peninsular: perteneciente o relativo a la Península Ibérica,
en oposición a lo relativo a las islas y a las tierras espa-
ñolas de África y a Hispanoamérica.
Perseverancia: durar permanentemente o por largo tiempo.
Persuadir: inducir, mover, obligar a alguien con razones a
creer o hacer algo.
Pre-independentistas: los movimientos insurgentes que se
dieron antes de la Independencia.
Pretencioso: presuntuoso, que pretende ser más de lo que
es.
Proeza: hazaña, valentía o acción valerosa.
Progresismo: ideas y doctrinas progresistas.
Progresistas: dicho de una persona o de una colectividad
de ideas y actitudes avanzadas.
Provincia: demarcación territorial administrativa de las
varias en que se organizan algunos Estados o institucio-
nes.
Proyectar: idear, trazar o proponer el plan y los medios
para la ejecución de algo.
Pugnas: oposición, rivalidad entre personas, naciones,
bandos o parcialidades.
Recaudación fiscal: órgano que tiene encomendada legal-
mente la recaudación tributaria.
Reivindicación: reclamar algo a lo que se cree tener dere-
cho.
República Federal: es aquella formada por diferentes Es-
62
tados que cuentan con una cierta autonomía. Esto quiere
decir que, dentro de una misma república, existen varios
estados que disponen de gobiernos regionales y una de-
terminada soberanía para regir sus asuntos internos. Al
gobierno general que administra a estos estados se le
conoce como gobierno federal.
República: organización del Estado cuya máxima autori-
dad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento
para un período determinado. Por oposición a los go-
biernos injustos, como el despotismo o la tiranía, forma
de gobierno regida por el interés común, la justicia y la
igualdad.
Restricción: limitación o reducción impuesta en el sumi-
nistro de productos de consumo, generalmente por es-
casez de estos.
Retrógrada: dicho de una persona: partidaria de institucio-
nes políticas o sociales propias de tiempos pasados o
contraria a innovaciones o cambios.
Sacro Imperio Romano Germánico: el Sacro Imperio Ro-
mano era una unión de pequeños reinos que ejercieron
el poder en Europa occidental y central entre el año 962
y 1806 d.C. Estaba gobernado por un emperador del Sa-
cro Imperio Romano que supervisaba las regiones lo-
cales controladas por varios reyes, duques y otros fun-
cionarios. El Sacro Imperio Romano fue un intento de
resucitar el imperio occidental de Roma.
Superstición: creencia extraña a la fe religiosa y contraria
a la razón.
Susceptible: capaz de recibir la acción o el efecto que se
expresan a continuación.
Templanza: moderación, sobriedad y continencia.
Tiranía: abuso o imposición en grado extraordinario de
63
cualquier poder, fuerza o superioridad.
Tirano: dicho de una persona que obtiene contra derecho
el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin
justicia y a medida de su voluntad.
Trapiche: molino para extraer el jugo de algunos frutos de
la tierra, como la aceituna o la caña de azúcar.
Tropas separatistas: conjunto de cuerpos que componen
un ejército, una división, una guarnición, etc. en contra
del orden establecido.
Urbanidad: cortesanía, comedimiento, atención y buen
modo.
Validar: dar fuerza o firmeza a algo, hacerlo válido.
Vicario: persona que en las órdenes regulares tiene las ve-
ces y autoridad de alguno de los superiores mayores, en
caso de ausencia, falta o indisposición. Párroco.
Zarpazo: golpazo, batacazo.

64
65
JOSEFA LASTIRI
Mi vida con Morazán

66

También podría gustarte