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PLATÓN

Platón en la 'República' expone que la Idea del Bien es el objeto supremo del conocimiento, esencial para entender la justicia y la belleza. Utiliza la alegoría del sol para ilustrar cómo el Bien otorga verdad y existencia a las cosas, y la alegoría de la caverna para describir el proceso educativo como un ascenso desde la ignorancia hacia el conocimiento del Bien. La educación, entonces, es vista como un arte de dirigir el alma hacia la contemplación de la verdad y el Bien, crucial para la sabiduría en la vida pública y privada.

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PLATÓN

Platón en la 'República' expone que la Idea del Bien es el objeto supremo del conocimiento, esencial para entender la justicia y la belleza. Utiliza la alegoría del sol para ilustrar cómo el Bien otorga verdad y existencia a las cosas, y la alegoría de la caverna para describir el proceso educativo como un ascenso desde la ignorancia hacia el conocimiento del Bien. La educación, entonces, es vista como un arte de dirigir el alma hacia la contemplación de la verdad y el Bien, crucial para la sabiduría en la vida pública y privada.

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Platón (República) tampoco, aquello en lo cual ella se produce, a saber, el ojo, son

el sol, pese a ser más afines al sol. De este modo, «lo que en el
Alegoría del sol
ámbito inteligible es el Bien respecto de la inteligencia y de lo
Platón dice que «la Idea del Bien es el objeto del estudio que se intelige, esto es el sol en el ámbito visible respecto de la
supremo», a partir de la cual las cosas justas y todas las demás se vista y de lo que se ve» (VI, 508c). Cuando el alma fija su mirada
vuelven útiles y valiosas (VI, 505a); si no la conocemos, por más en objeto sobre los cuales «brilla» la verdad y lo que es, intelige,
que conociéramos todas las demás cosas, nada nos sería de valor. conoce y parece «tener inteligencia»; pero cuando se vuelve ha-
Si se desconoce en qué sentido las cosas justas y bellas del Estado cia lo sumergido en la «oscuridad», que nace y perece, entonces
son buenas, no sirve de mucho tener un guardián que ignore esto opina y percibe débilmente con opiniones que la hacen ir de aquí
en ellas; y nadie conocerá adecuadamente las cosas justas y be- para allá, y da la impresión de «no tener inteligencia» (VI, 508d-
llas antes de conocer en qué sentido son buenas (VI, 506a-b). Afir- e). Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y
mamos que hay algo Bello en sí y «Bueno en sí» y, análogamente, otorga al que conoce el poder de conocer, puede decirse que es
respecto de todas aquellas cosas que postulábamos como múlti- la Idea del Bien. Pero, así como sería incorrecto tomar a la luz y a
ples; a la inversa, a su vez postulamos cada multiplicidad como la vista, no como afines al sol, sino como el sol mismo, análoga-
siendo una unidad, de acuerdo con una Idea única, y denomina- mente sería incorrecto pensar que ciencia y verdad, por ser afines
mos a cada una «lo que es» (VI, 507b). Ahora bien, ¿por medio a la Idea del Bien, son ésta, ya que «la condición del Bien es mu-
de qué vemos las cosas sensibles? Por la «luz» (VI, 507e). ¿Y cuál cho más digna de estima» (VI, 509a). Pero, así como el sol no sólo
de los dioses que hay en el cielo se atribuye la autoría de aquello aporta a lo que se ve la propiedad de ser visto, sino que también
por lo cual la luz hace que la vista vea y que las más hermosas le aporta la génesis, sin ser él mismo génesis, análogamente «a
cosas visibles sean vistas? Al «sol» (VI, 508a). Pero ni la vista ni,
las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, y la conjetura a la cuarta». Cuanto más participan estas afeccio-
sino que también les viene el ser, sin ser él mismo» (VI, 509b-c). nes de la verdad, tanto más participan de la claridad (VI, 511e).

Alegoría del símil Alegoría de la caverna

Platón plantea que la Idea del Bien gobierna dos reinos: uno Platón plantea comparar nuestra naturaleza respecto de su

es inteligible; otro, sensible. Enseguida propone tomar una línea educación y de su falta de educación con una experiencia como

dividida en dos partes desiguales, distinguiendo así ambos ámbi- la que sigue: hombres en una morada subterránea en forma de

tos, a la vez que vuelve a dividir cada uno de ellos en dos partes: caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la
luz, en la que están desde niños con las piernas y el cuello enca-
denados mirando las sombras que se proyectan contra el fondo
de la cueva tras un tabique construido de lado a lado (VII, 514a);
siéndoles imposible a estos prisioneros tener por real otra cosa
que dichas sombras (VII, 515c). Una liberación de sus cadenas va
de la mano con la curación de su ignorancia, en la medida en que
podrá salir del interior de la caverna, mas no sin que sus ojos su-
fran el encandilamiento de la luz exterior. Poco a poco tendrá su
visión que ir acostumbrándose a las cosas que caen bajo ella. Ne-
La línea ha quedado dividida, pues, en cuanto a su verdad y cesitará acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de
no verdad. Hay que aplicar a las cuatro secciones «cuatro afec- arriba. En primer lugar, miraría con mayor facilidad las sombras,
ciones que se generan en el alma: la inteligencia a la suprema; y después las figuras de los hombres y de los objetos reflejados
el pensamiento discursivo a la segunda; la creencia a la tercera; en el agua; luego, los hombres y los objetos mismos; y luego
contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto
mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante en lo privado como en lo público» (VII, 517b-c). Debemos consi-
el día, el sol y su luz. Finalmente, podría percibir el sol, no ya en derar, entonces, si esto es verdad, que la educación no es como
imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino la proclaman quienes afirman que, cuando la ciencia no está en
como es en sí y por sí, en su propio ámbito (VII, 516b). Así, los el alma, ellos la ponen, como si se pusiera la vista en los ojos de
antes prisioneros concluirían, con respecto al sol, que es lo que ciegos: y es que en el alma de cada uno hay el poder de aprender
produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ám- y el órgano para ello, y que, así como el ojo no puede volverse
bito visible, siendo causa de las cosas del mismo (VII, 516c). En hacia la luz y dejar las tinieblas si no gira todo el cuerpo, así tam-
seguida, nos propone pensar qué pasaría si descendiera nueva- bién hay que volverse desde lo que tiene génesis con toda el
mente nuestro hombre libre y ocupara su propio asiento: y es alma, hasta que llegue a ser capaz de soportar la contemplación
que, en efecto, si tuviera que discriminar de nuevo aquellas som- de lo que es, y lo más luminoso de lo que es, que es el Bien. Por
bras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en lo tanto, «la educación sería el arte de volver este órgano del
todo momento las cadenas, se expondría al ridículo y a que se alma del modo más eficaz en que puede serlo», mas no como si
dijera de él que, por haber subido tan alto, se ha estropeado los le infundiera la vista, porque ya la posee, sino, en el caso de que
ojos. Incluso corre el riesgo de que lo maten (VII, 517a). La región no mire donde debe, para posibilitar la corrección (VII, 518c-d).
que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión es Por cierto que es una tarea de los fundadores del Estado la de
al ámbito visible lo que las afueras de la caverna al inteligible. El obligar a los hombres de naturaleza mejor dotada a emprender
hombre que logra liberarse de sus cadenas, así como concluye el estudio que hemos dicho era el supremo, a saber, contemplar
que el sol es causa de las cosas visibles, asimismo concluye que el Bien y llevar a cabo aquel ascenso y, tras haberlo hecho sufi-
«la Idea del Bien lo es de todas las cosas rectas y bellas, siendo cientemente, no permitirles lo que ahora se les permite, que es
quedarse y no estar dispuestos a descender junto a aquellos pri-
sioneros, ni participar en sus trabajos y recompensas (VII, 519d).

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