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Clásicos de la Gracia – Parte 13
“De Abram a Abraham”
Pastor Erich Engler
Hoy deseo compartir con vosotros un poderoso mensaje sobre la gracia de Dios por medio del cual
vamos a tener una mayor revelación de la persona de Jesucristo. Realmente necesitamos que
Jesucristo vuelva a estar en el centro de la iglesia, en lugar de nuestros propios programas o
esfuerzos.
Hace algunas semanas habíamos visto cuando Dios cambió el nombre de Sarai por el de Sara (en el
original se escribe con una h al final), y lo que ese cambio significó en su vida. Habíamos visto
también que la letra “h” en el alfabeto hebreo tiene un profundo significado o simbolismo, y
representa a la gracia.
Hoy vamos a observar el cambio producido en la vida de su esposo Abram, después que Dios le
cambia su nombre por el de Abraham.
Para esto vamos a ir al libro de Génesis cap. 17 vers. 5.
Y no se llamará más tu nombre Abram (padre enaltecido), sino que será tu nombre Abraham (padre
de una multitud), porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
Dios le agrega la letra “h” a su nombre y eso nos deja también una lección espiritual. Muchos
creyentes legalistas piensan que Dios siempre les está quitando algo, y la verdad que es justamente
lo contario, Dios siempre nos añade algo para bendecirnos más. Dado a que Dios siempre nos da
más de lo que podemos esperar o desear, el deseo de pecar desparece de nuestras vidas. Dios
siempre añade algo a nuestras vidas, Él no es un Dios que nos quita cosas ni es un aguafiestas,
sino que nos da todo y en abundancia para bendecirnos.
El nombre Abraham, no solo era diferente a su nombre anterior en cuanto al significado, sino que en
el idioma hebreo las diferencias son mucho más profundas aún. Ya habíamos visto en detalle el
cambio favorable que experimentó su esposa al recibir su nuevo nombre.
Esto está relatado en el cap. 17 del libro de Génesis.
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Cuando Dios llama a Abram, lo cual está relatado en el cap. 12, él tiene 75 años de edad. Ahora, en
el cap. 17, encontramos que el relato sigue 25 años después cuando él tiene 99.
En el cap. 12, él recibe la promesa de parte de Dios que llegará a ser padre de naciones, y muy
bendecido. A pesar de haber recibido tal promesa, él tuvo que esperar 25 años para comenzar a ver
los resultados.
Entre los capítulos 15 y 17 encontramos el pacto que Dios hizo con él. En realidad el pacto fue
hecho entre Dios Padre y su hijo Jesucristo, del cual Abraham pasó a ser solo el beneficiario, pues él
estaba dormido en el momento en que este pacto fue sellado.
A pesar de haber recibido la promesa de tener un hijo, pasan 25 años hasta que él comienza a ver la
concreción de dicha promesa. Él recibe primero la promesa, y luego el cambio de nombre.
La letra hebrea “h”, como habíamos dicho representa a la gracia. Abram recibe la promesa, espera
25 años para que se comience a concretar, pero luego que recibe su nuevo nombre en menos de un
año los resultados se hacen visibles. Eso quiere decir que cuando recibimos la gracia de Dios, las
cosas comienzan a cambiar de manera favorable y rápida.
El pacto fue sellado un montón de años antes y con él la promesa de ser padre de multitudes, pero
recién luego de recibir su nuevo nombre y en un corto lapso de tiempo, es cuando se concreta dicha
promesa.
Hay muchos creyentes que creen en las promesas de Dios y se aferran a ellas… pero no reciben lo
que esperan. El problema está que creen más en las promesas que en el que promete. Debemos
confiar más en el dador de las promesas que en la promesa misma. Lo mismo sucede con el tema
de la sanidad, debemos confiar mucho más en el sanador que en la sanidad misma. Confiemos
mucho más en el galardonador, que en el galardón. ¿Te das cuenta dónde está la diferencia?
Abram y Sarai habían recibido la promesa de parte de Dios que iban a ser fructíferos, pero no
experimentaron ningún cambio favorable en su situación, sin embargo en el momento en que
recibieron sus nuevos nombres y con ellos la gracia de Dios, la situación cambió en un corto lapso
de tiempo.
No se trata tanto de confiar en lo que nos fue prometido de parte de Dios, sino mucho más en Él
mismo.
Cuando hablamos de la gracia no nos referimos a una mera teología o doctrina, sino que la gracia
divina es mucho más que eso: es Dios mismo manifestado a nosotros en la persona de Jesucristo.
¿Te das cuenta la diferencia que hay entre el galardón y el galardonador, entre la sanidad y el
sanador, entre la promesa y el que promete?
En esta relación, vamos a ver lo que nos dice el libro de Hebreos cap. 11 vers. 11 sobre Sara, la
esposa de Abraham:
Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del
tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
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¿A qué se refiere aquí cuando habla de fidelidad? ¿A la promesa o al que lo prometió? Aquí habla
más de la persona que de la promesa misma. Debemos concentrarnos siempre en la persona de
Dios mucho más que en sus beneficios, y seremos recompensados.
Si bien estaba hecha la promesa en aquel pacto, la mirada la debían poner en quien lo había
prometido el cual era fiel para llevarla a cabo.
La promesa se hace una realidad aún a pesar que Sara tiene 90 años de edad, y su esposo
Abraham 99.
Algunos sostienen que eso no es un milagro pues en aquel entonces la gente vivía mucho más, de
hecho Abraham vivió 175 años y su esposa Sara 127, por lo tanto la edad en que tuvieron su hijo
significaría que estaban en la mitad de la vida cuando esto era posible aún. Estas personas
incrédulas sostienen que aún hoy en día algunas mujeres tienen hijos con 45 años o más. Con
dichos argumentos estas personas intentan quitarle credibilidad a la Biblia diciendo que las historias
allí relatadas no son ciertas o son exageradas. Con este criterio, algunos llegan a decir incluso que
es imposible que el pueblo de Israel haya pasado por el mar Rojo en seco gracias al milagro divino
de la división de las aguas, ya que por aquella época del año el nivel del agua estaban muy bajo y
solo les llegaba a los tobillos. Si así fuera como esta gente sostiene, entonces yo tengo un
argumento para rebatir esa teoría y es que el milagro es doblemente mayor aún, pues el ejército
completo del faraón que los venía persiguiendo el cual era muy poderoso, pereció ahogado en tan
“poca” cantidad de agua
¡Imagínate que el ejército de Faraón era uno de los más grandes de aquella época!
Los que sostienen teorías como la de que no fue un milagro sobrenatural que Abraham y Sara
tuvieran un hijo en su ancianidad, hablan sin saber lo que dicen, porque la Biblia nos dice otra cosa.
Vayamos a Romanos cap. 4 vers. 17 al 21 para ver lo que nos dice sobre Abraham y Sara:
(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el
cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.
(18) El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a
lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.
(19) Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi
cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.
Creo, que si somos bien sinceros, no necesitamos demasiados detalles extras para comprender
perfectamente a lo que la Biblia se refiere cuando nos dice que el cuerpo de Abraham estaba como
muerto. Es más que obvio para nosotros los adultos ¿verdad?
Los que sostienen que no fue un milagro sobrenatural no saben lo que dicen.
Tanto para Abraham, como para su esposa Sara, era imposible que pudieran engendrar un hijo de
manera natural a causa de la edad avanzada que tenían. La Palabra nos dice, en Génesis 23:1, que
Sara murió con 127 años, así pues, que aunque antes vivían muchos más años que ahora, habiendo
sido ella estéril toda su vida, 90 años significaban una edad avanzada de una manera u otra. Lo
mismo sucedía con su esposo Abraham quien tenía por ese entonces 99 años de edad. En Génesis
24: 1 leemos:
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Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y el Señor había bendecido a Abraham en todo.
La Biblia nos dice que él era viejo y bien avanzado en años, y eso, sin ser algo negativo, significa
que no tenía edad para engendrar hijos. Eso solo lo digo al margen para refutar las teorías de
algunos que pretenden negar el verdadero milagro que sucedió diciendo que la gente vivía muchos
más años por aquel entonces y que él se encontraba en la mitad de la vida.
Dado justamente a la edad avanzada que ellos tenían, debió suceder un milagro para que la
promesa de Dios se hiciera realidad. Si en todos los 25 años que estuvieron esperando no se
concretó la promesa, ellos no tenían demasiadas esperanzas que algo positivo sucediera en ese
sentido ya que ellos se iban poniendo cada vez más viejos.
¿Cuál es el milagro que sucedió cuando se pusieron bajo la cubierta de la gracia divina? La
respuesta la encontramos en el Salmo 103, vers. 1 al 5:
Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre.
(2) Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
(3) Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias;
(4) El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias;
(5) El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.
Esto es precisamente lo que les sucedió, fueron rejuvenecidos. ¿Te das cuenta como una cosa tiene
que ver con la otra? El Señor nos perdona todos los pecados y nos pone la corona de su gracia y su
compasión, y eso hace rejuvenecer nuestros cuerpos. Cuando la Biblia nos habla aquí de
rejuvenecimiento, no se está refiriendo a lo espiritual sino literalmente al cuerpo físico.
Para poder prolongar su vida útil, el águila debe perder literalmente todas sus plumas, sus uñas y su
pico para recibir todo nuevo ya que de otro modo moriría. El águila llega a una etapa de su vida
cuando pierde partes de su cuerpo para recibir otras nuevas y así puede prolongar su vida útil.
Aquellos miembros atrofiados deben ser renovados.
Lo mismo sucedió con Abraham y Sara, las partes de sus cuerpos que estaban sufriendo una atrofia
senil para expresarlo en términos actuales, fueron rejuvenecidas gracias a la intervención divina,
porque Dios, el cual da vida a los muertos, llama las cosas que no son, como si fuesen.
Así es como actúa nuestro Dios, Él vivifica o levanta aquello que está como muerto, adormecido,
cansado o venido abajo. Él renueva nuestras fuerzas, nos revitaliza y otorga una nueva energía.
¡Pongamos nuestra fe y confianza en el Dios que renueva y vitaliza!
Muchos piensan que cuando la Biblia habla de fuerzas renovadas solo se trata de lo espiritual, y eso
es así, pero el Señor renueva las fuerzas físicas también y aquí, en el ejemplo de Abraham y Sara,
está queda más que claro. Lo grandioso del caso es, que cuando Dios hace algo lo hace en
abundancia.
Jesús dijo que el diablo vino para matar, hurtar y destruir, pero Él vino para darnos vida y ésta en
abundancia (Juan 10:10). ¡Aleluya!
Ahora vamos a ver esa abundancia, producto de la renovación divina, en la vida de Abraham y Sara.
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La abundancia de la renovación en la vida de Sara se manifestó en su hijo Isaac. Ella deseaba toda
su vida poder concebir un hijo y Dios se lo concedió.
Abraham también tuvo mucho gozo con esa bendición, pero como él vivió unos años más que Sara
vemos como la abundancia se sigue manifestando en su vida. Él tiene 137 años cuando pierde a su
esposa Sara quien muere con 127. Muchos podrían decir: “bueno, él ya tuvo el hijo prometido, vivió
una larga vida, ahora sería tiempo para ir al asilo de ancianos…”
Creo firmemente que deberíamos comenzar a renovar los pensamientos en este sentido y tener más
consideración con nuestros hermanos de edad avanzada e integrarlos más en las actividades de la
iglesia o sociales. En lugar de andar pensando que ya son demasiado viejos y que solo les espera la
pasividad en algún asilo o residencia para ancianos, deberíamos creer que mientras estén con
nosotros puedan estar activos y sentirse útiles hasta el momento en que el Señor los llame a su
presencia.
¡Quita de tu mente la idea generalizada en el mundo que a una determinada edad hay que hacer
planes para ir al asilo de ancianos porque no sirves más para nada! ¡Olvídate de esto!
¿Sabes dónde deseo morir yo? Detrás del púlpito mientras estoy predicando.
Hay una interesante historia de un pastor en Texas E.E.U.U. que aun siendo de avanzada edad
seguía predicando en su iglesia cada domingo. Un domingo, mientras estaba predicando, vio en una
visión en su espíritu como el ángel, que venía a buscarlo para llevárselo con el Señor, entraba por la
puerta del templo. En ese momento él se dio cuenta que le había llegado la hora de partir hacia la
eternidad. Él se encontraba en el medio de su predicación, así que le pidió al ángel que le dejara
concluir su mensaje y que volviera más tarde. El ángel le obedeció, y ese mismo día unas horas más
tarde partió a la presencia del Señor.
Debemos comenzar a creer en una larga y fructífera vida en la gracia divina.
Cuando Abraham tuvo contacto con la gracia divina, no solo recibió el hijo de la promesa y una
nueva manera de vivir, sino que cuando su esposa Sara muere siendo él de 137 años de edad,
después de enterrarla y del tiempo de duelo por ella en lugar de andar pensando que es muy viejo y
que no sirve más para nada…se casa otra vez. Esto lo encontramos relatado en Génesis cap. 25
vers. 1 y 2:
Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura,
(2) la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.
A esta altura Abraham tiene más de 140 años, y aparentemente su segunda esposa es mucho más
joven que él. Él fue rejuvenecido en todo el sentido de la palabra, ya que en aquella época no
existían medicamentos en contra de la impotencia como los hay hoy en día. A pesar de su edad
avanzada engendra 6 hijos más con su nueva esposa. ¡Asombroso ¿verdad?!
Abraham, a los más de 140 años, en vez de pensar que se acabó su tiempo útil y que debe
quedarse solo por el resto de su vida, se casa de nuevo, forma una nueva familia y tiene 6 hijos más.
Evidentemente no es la voluntad de Dios que una persona viuda se quede sola por el resto de su
vida.
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Por esa razón, es que el apóstol Pablo nos dice en 1 Corintios cap. 7 vers. 39 lo siguiente: la mujer
casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para
casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.
Naturalmente esto también es válido para el hombre que haya enviudado. La voluntad de Dios es el
matrimonio.
Hay muchos que sostienen que hay nada más que una persona designada por Dios para nosotros
en su perfecta voluntad, y casarse de nuevo sería pecado. ¡Tonterías! ¡Esto no es cierto! Si así
fuera, Abraham no se podría haber casado de nuevo y Pablo no diría lo que dijo con respecto a este
tema.
Si tú estás casado/a, permanece fiel a tu cónyuge. Lo que acabo de explicar no te concede en
absoluto la licencia para abandonar a tu esposa/o y casarte con otra/o. ¡No me malinterpreten por
favor! Si estás casado, se feliz con tu esposo/a como lo fue Abraham con Sara y confía en el Señor
para que te conceda una relación matrimonial llena de felicidad y placer. Permite que el Señor
revitalice y renueve tu relación matrimonial en todo el sentido de la palabra.
Pero, si has enviudado, eres libre para contraer matrimonio otra vez si así lo deseas. Esto también
es válido para aquellos que han experimentado un divorcio. Soy consciente que esta no es la opinión
de muchos líderes en la mayoría de nuestros círculos cristianos, pero la Biblia es más que clara en
este tema. Repito, aquellas personas que han experimentado un divorcio, están libres para contraer
matrimonio otra vez y ser felices.
A propósito, tenemos un mensaje sobre el tema el cual está a disposición para descargar
gratuitamente del internet, y su título es: ¡¿Divorcio y nuevo matrimonio?!
Si necesitas más claridad sobre este tema, te aconsejo escuchar ese mensaje el cual te va a ser de
gran ayuda.
Dios es un Dios bueno y tiene buenos planes para sus hijos. Si fuera que Él tiene designada una
sola persona para cada uno como parte de su perfecta voluntad, sería imposible para los viudos
volver a rehacer su vida, y deberían quedarse solos por el resto de sus días.
Tenemos también a disposición de todos los solteros, una serie completa sobre el tema matrimonio
con consejos útiles que deben ser tenidos en cuenta en el momento de buscar pareja. Yo te
aconsejaría que la escuches.
Dicho sea de paso y ya que estamos en el tema, aquí va una palabra para todos aquellos que viven
juntos sin casarse. Esto no solo existe entre aquellos que no conocen al Señor, sino también en los
círculos cristianos. Aparte de decir que en nuestra opinión esto no está bien, me pregunto ¿por qué
no formalizan la relación ya que llevan algún tiempo viviendo juntos? El argumento que tienen esas
personas es que no están seguros si esa persona es la correcta para ellos, o si tal vez tienen que
esperar que encuentren otra mejor para recién poder casarse. A todas esas personas que piensan
así quiero decirles que no existe el cónyuge perfecto, por lo tanto es aconsejable formalizar la
relación lo antes posible.
En la relación matrimonial no se trata tanto de encontrar el cónyuge ideal que satisfaga todas
nuestras expectativas, sino de tratar de serlo para la otra persona.
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Voy a repetir el concepto que acabo de mencionar para que nadie me malinterprete: Nosotros,
como iglesia local, creemos en la relación matrimonial como lo enseña la Palabra y no encontramos
bien que dos personas vivan en concubinato ni damos el visto bueno a ese tipo de relación, pero de
todos modos no condenamos a aquellos que lo hacen.
La pregunta que nos hacemos es: si es que se deciden a vivir juntos, ¿por qué es que no hacen el
camino completo y formalizan la relación? Como dije, la gran mayoría de esas personas piensan que
tal vez ese o esa que eligieron no sea el/la correcto/a y por eso se dejan estar en la esperanza de
que algún día encuentren la persona exacta o mejor, y entonces allí recién formalizarían la relación
como corresponde.
Mi consejo, para todos aquellos que viven en concubinato, es que se casen. En el momento en que
se formaliza la relación se produce entre los cónyuges una indescriptible unidad, no solo física sino
también espiritual. Dios fue el que instituyó el matrimonio.
¡Así pues, contraed enlace, fructificad y multiplicaos!
Volviendo al tema central de esta enseñanza, habíamos visto que Dios cambió los nombres de
Abram y Sarai añadiendo la letra hebrea “h” a sus nombres originales. Ahora pasaron a llamarse:
Abraham y Sara(h). Como aclaración para todos los hispanohablantes, debo decir que en el texto
original el nombre Sara se escribe con una “h” al final.
Esta letra “h” es la quinta en el alfabeto hebreo. Ya habíamos mencionado en enseñanzas anteriores
que en el alfabeto hebreo cada letra tiene un significado tanto en su valor numérico como simbólico.
Las letras tienen 3 diferentes significados, a saber: como letra en particular; por su orden numérico; y
por su simbolismo. La letra “h” representa a la gracia.
La letra hebrea ה, la cual equivale a la “h” de nuestro alfabeto, es representada en su lenguaje
simbólico por una ventana.
Deseo mostrarles, de la forma más sencilla posible, toda esta simbología para luego ver la relación
que hay entre el nombre de Dios con Abraham y Sara. Lo que vamos a descubrir nos llenará de
asombro.
El nombre de Dios es: Yahvéh, el cual se traduce como Jehová. En hebreo no se escribe de esa
manera, pero dado a que las letras hebreas no se pueden trasladar, en su pronunciación y/o
entonación a nuestro alfabeto, es así como comúnmente se representa para que lo podamos
comprender. Ese nombre se utiliza, casi en la mayoría de las traducciones como Señor. *Aunque los
hebraístas -y no el pueblo judío-, se han puesto de acuerdo en que la pronunciación más aceptada
es YaHvéH, no se conoce a ciencia cierta la pronunciación original, porque esta desapareció por un
exceso de reverencia entre los judíos, que ordenaba no mencionar el nombre de Dios para evitar su
empleo vano o profano. Siglos de desuso y por la peculiaridad del idioma hebreo antiguo, en cuyo
alfabeto no existían vocales escritas, hicieron que la pronunciación exacta se perdiera. Las formas
latinizadas más populares son Jehová y, más recientemente, "Yavé"; (Ieova, en latín).
En hebreo se escribe de la siguiente manera: י ה ו הy el equivalente a las letras de nuestro alfabeto
es: (YHVH). No debemos olvidar que en hebreo se lee de derecha a izquierda, lo que para nosotros
sería como una imagen especular invertida. Así que lo veríamos de la siguiente manera: י ה ו הo en
nuestras letras latinas correspondientes: H V H Y.
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La primera letra, siempre leyendo de derecha a izquierda, corresponde a la “Y” (que también se usa
como “J”) de nuestro alfabeto y es la décima en orden numérico. La siguiente es la “H”, de la cual ya
hablamos que representa a la gracia y es la quinta en orden numérico. La próxima es la “V” (que
también se usa como “W”), y por último viene otra vez la “H”.
La traducción más generalizada de esta palabra es SEÑOR, aunque también se traduce como EL
ETERNO. Dado a que su significado es bastante difícil de interpretar, la mayoría de los traductores
han optado por usar la palabra SEÑOR y está bien. Así sabemos que cada vez que aparece la
palabra Yahvéh o Yahwéh (el Eterno) en el Antiguo Testamento se refiere al Señor nuestro Dios y en
nuestras Biblias en español es traducido como Jehová.
Siguiendo con la explicación del significado simbólico de las letras hebreas vemos que la “H”
representa una ventana. Por una ventana entra el aire, y por lo tanto representa también el aliento o
soplo divino dado al ser humano.
En la Palabra encontramos que Jesús, estando con sus discípulos, sopló y les dijo: recibid el Espíritu
santo.
Cuando Dios creó al ser humano sopló aliento de vida en ellos. Ese soplo es la imagen de su gracia.
Por esa razón siempre el Espíritu santo es comparado con un viento o brisa que sopla.
Habíamos visto que el nombre Yahvéh o Yahwéh (el Eterno) es el que describe de la mejor manera
la grandeza de Dios. Ese nombre lo volvemos a encontrar muchas veces más en el Antiguo
Testamento, pero ya no solo sino acompañado por otras palabras las cuales describen los atributos
divinos. Algunos ejemplos serían: “Yahvéh Nisi” (Éxodo 17:15) que significa: el Señor es mi
estandarte; o “Yahvéh Jireh” (Génesis 22:14) que quiere decir: el Señor proveerá; o “Yahvéh
Tsidkenú” (Jeremías 33:16) lo cual quiere decir: el Señor es nuestra justicia; o “Yahvéh Rafa” (Éxodo
15:26): el Señor tu sanador; o uno de los más conocidos y utilizados “Yahvéh Salom”(Jueces 6:24):
el Señor es mi paz.
Los nombres de Dios describen su carácter por medio de sus atributos. Un estudio profundo de los
nombres de Dios es algo maravilloso. Yo creo que todos pueden notar mi entusiasmo al referirme a
ello. Cuando vamos descubriendo como es Dios realmente todo nuestro ser se llena de reverencia
ante su grandeza.
¡YAHVÉH (Jehová) es un nombre maravilloso! Algunos rabinos judíos sostienen que a causa de la
difícil pronunciación del nombre YAHVÉH se podría simbolizar por medio del sonido que hace una
persona al respirar. De esa manera, cada ser humano, pronuncia el nombre de Dios aún de forma
inconsciente al respirar, y sobre todo con su primer aliento de vida al llegar a este mundo y con su
último al abandonarlo.
Podemos estar de acuerdo o no con esta reflexión, pero no deja de ser bastante interesante. Yo no
voy a entrar en más detalles sobre el tema, y solo lo mencioné como para meditar sobre ello.
Habíamos visto que la letra “h” está dos veces en el nombre de Dios en idioma hebreo (H V H Y) y
por eso podríamos decir, que cuando Dios cambia los nombres de Abram y Sarai en Abraham y
Sara(h) con esa letra “h” agregada les está otorgando su misma esencia divina la cual es la gracia.
Dios les otorga una parte de su nombre a ellos.
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Desde el momento en que ellos reciben sus nuevos nombres, Dios pasa a denominarse el Dios de
Abraham y de su descendencia.
De la misma manera es hoy en día, Dios es un Dios personal. Desde el momento del nuevo
nacimiento por medio de la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, Dios pasó a ser tu Dios y está a tu
alcance.
Ahora vamos a ver algo en el nombre de Dios Yahvéh (YHVY) que nos va a llenar de asombro, y
recordemos que en hebreo se lee de derecha a izquierda.
Y, ( )יla primera letra, la cual en el orden numérico del alfabeto hebreo es la décima, representa a la
ley, a las obras y al esfuerzo propio. Esta letra, de acuerdo al orden simbólico es representada por
una mano. La mano trabaja para lograr algo, la ley tenía que ver con esfuerzo y trabajo.
La segunda letra, la “H” ( )הque es la quinta en su orden numérico y equivale a la gracia, es
representada por una ventana.
La tercera letra, la “V” ( )וes un clavo, y más precisamente un clavo introducido en una mano
observando el brazo de costado con la mano hacia arriba. En otras palabras, representa al Señor
Jesucristo.
Y la última letra es otra vez la “H” ( )הla cual como dije representa a la gracia.
Resumiendo diríamos que en el nombre de Dios se encuentra descripto el plan de redención para la
raza humana.
Por empezar está la ley que nos habla de la absoluta perfección del máximo estándar divino. La ley
tiene un lado muy bueno, y es que merece respeto y atención porque cada palabra de ella fue
pronunciada por la boca de Dios. Cada palabra de la ley nos habla de la perfección de Dios. La ley
en sí misma habla de la perfección de todas las cosas, pero el problema con ella consiste en que no
tiene la capacidad de hacernos perfectos a nosotros. De todas maneras, vista desde la perspectiva
divina, la ley es perfecta.
Quiero dejar muy claro que todos aquellos predicadores, y/o pastores, que ponemos el énfasis en la
gracia divina tenemos a la ley en muy alta estima y le debemos el mayor de los respetos porque ella
fue dada por Dios. Por otra parte, nos hemos llegado a dar cuenta que la ley no nos puede ni
justificar, ni santificar, ni mejorarnos. Así y todo, tenemos el mayor de los respetos por los 10
mandamientos y por toda la ley de Dios. ¡Esto debe ser oído por todos para que no haya
malinterpretaciones!
No es casualidad que la letra “Y”, ( )יsea la décima del alfabeto ya que equivale a los 10
mandamientos o el perfecto estándar divino.
La segunda letra, la “H” ( )הrepresenta a su gracia. ¿Sabes cómo se manifestaba la gracia divina en
el antiguo pacto? Por medio de los sacrificios y holocaustos establecidos por Dios.
Cuando alguna persona cometía un pecado, debía traer un cordero para que el sacerdote, luego de
verificar su pureza, lo ofreciera en holocausto sobre el altar para que dicho pecado quedara cubierto.
Luego de este acto, la persona que había cometido el pecado recibía la gracia de Dios.
Si bien estaba la posibilidad de presentar esos sacrificios, estos se debían repetir una y otra vez.
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Hoy deseo mostrarles un video donde está representado en forma gráfica lo que yo acabo de
explicar. Este video fue creado por el Pastor Joseph Prince de Singapur y aclara perfectamente
como Dios mostraba su gracia en el antiguo pacto.
La escena nos muestra como el israelita que había cometido un pecado trae un cordero para
presentárselo al sacerdote. Este no mira al pecador, sino que mira al cordero revisándolo
minuciosamente para comprobar su perfección. Este cordero representa a Cristo el cordero perfecto
de Dios.
Luego vemos como el israelita coloca sus manos sobre la cabeza del cordero que va a ser
sacrificado para que todos sus pecados sean transferidos simbólicamente al animal. Él recibe la
pureza del cordero. En ese acto se produce un intercambio entre el pecador y el animal.
Acto seguido, el sacerdote ofrece al cordero en sacrificio sobre el altar. El humo, que se desprende
de esa ofrenda llega a Dios como un olor agradable y su bendición vuelve a estar sobre la persona
que trajo el cordero para el sacrificio. De esta manera, la persona se reintegra en sus quehaceres
cotidianos y laborales con conciencia limpia y con el favor divino sobre él.
Esta era la forma en que Dios demostraba su gracia en el antiguo pacto. Este ritual debía ser
repetido una y otra vez, cada vez que fuera necesario cuando se cometía un pecado o falta.
Esto representa a la primera “H” ( )הen el nombre de Dios, pues su gracia también se manifestaba
en el antiguo pacto.
Siguiendo el orden de las letras, ahora tenemos la letra “V” ( )וy aquí vemos como aparece Jesús y
su sacrificio en la cruz. Con esto se acabó la ley y todos los rituales que ella requería.
¿Qué es lo que queda luego de la cruz? La gracia de Dios representada por la letra “H” ( )הde su
nombre.
Jesús, como el cordero perfecto inmolado por nuestros pecados, fue ofrecido una sola vez y para
siempre.
¿Te das cuenta lo que sucede en el nuevo pacto? No hay necesidad de hacer más ningún tipo de
sacrificio o ritual para recibir la gracia divina.
Al aceptar por la fe el sacrificio de Cristo por nosotros en la cruz, estamos permanentemente bajo la
gracia de Dios. ¡Aleluya!
Si por el contrario, estamos todo el tiempo confesando pecados, nos ponemos automáticamente
bajo el antiguo sistema de la ley.
El sacrificio de Cristo, hecho una sola vez y para siempre, es perfectamente válido para nosotros y
en el momento de aceptarlo por medio de la fe, nuestros pecados pasados, presentes y futuros han
sido perdonados y borrados.
Lo único que queda después de la cruz es su gracia.
En el nombre de Dios vemos representada su gracia a nuestro favor antes y después de la cruz.
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Justamente lo maravilloso del nombre de Dios, es que no lo podemos comprender con palabras
normales, sino que lo tenemos que captar por medio de las letras hebreas y su maravilloso
simbolismo. ¡No tenemos que agregarle absolutamente nada!
YAHVÉH ( )י ה ו הo expresado en nuestras letras latinas: H V H Y.
El pacto de Dios hecho con Abraham nos habla del nuevo pacto que vino por medio de Jesucristo.
Abraham y Sara(h) se pusieron bajo la cubierta de la gracia divina. Dicho pacto es el prototipo del
nuevo pacto. Ellos no conocieron la ley, pues esta llegó 430 años después.
Ellos experimentaron la segunda manifestación de la gracia divina. Ellos vivieron solamente bajo la
gracia de Dios. Esa es la forma en que tenemos que vivir nosotros ahora como creyentes en Cristo,
y de allí la importancia de que conozcamos ese pacto.
Ese pacto es una constante línea de orientación para nosotros porque es el antecesor del nuevo
pacto.
Lo maravilloso de la gracia de Dios es que es una persona y su nombre es Jesucristo.
La gracia divina no es una teología, ni una doctrina, sino la persona de Cristo.
Lo más maravilloso que descubrimos al estudiar el nombre de Dios es justamente la persona de
Jesucristo y su obra de redención en la cruz.
Jesús debe ocupar el centro del mensaje del Evangelio. Cuando predicamos de la gracia, Él pasa a
ocupar ese lugar.
En esta enseñanza vimos como el mismo nombre de Dios nos explica el plan de redención y bajo
que pacto nos encontramos. Al estudiar el nombre de Dios descubrimos la hermosura de Jesucristo.
¡Amén!
¿Ha sido Usted bendecido/a por esta enseñanza? Le
animamos a compartirnos un breve testimonio o agrade-
cimiento, es una manera de bendecirnos a nosotros y a otros:
gracia@[Link]
ministerio@[Link]
Donaciones, transferencias bancarias:
"Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran
cosa si segáramos de vosotros lo material? 1. Corintios 9:11
Beneficiario: Familienkirche
Código Postal: 8640 Ciudad: Rapperswil
Cuenta, IBAN: CH8208731001254182059
Banco: Bank Linth LLB AG
BIC/SWIFT: LINSCH23
Código Postal: 8730 Ciudad: Uznach
País: CH (Suiza)
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