Fractura Frágil y Dúctil
Fractura Frágil y Dúctil
Como se expuso en el capítulo 1, los mecanismos de fractura suelen clasificarse en frágiles o dúctiles
según la deformación plástica que acompaña a la rotura: una gran cantidad de deformación plástica
suele estar asociada con la fractura dúctil, mientras que lo opuesto es sinónimo de fractura frágil. En el
caso de los metales la fractura ocurre comúnmente por uno de los siguientes mecanismos:
a) Fractura dúctil
b) Descohesión transgranular (clivaje)
c) Fractura intergranular
En la figura 8.1 se muestran de forma esquemática estos mecanismos. En todos los casos, el proceso
de fractura puede ser dividido en varias etapas: nucleación de microfisuras o de cavidades,
crecimiento a nivel microestructural de las cavidades o de las microfisuras, coalescencia y
localización de la deformación, y crecimiento de las microfisuras hasta la rotura final.
Los mecanismos implícitos a la rotura frágil serán descritos y analizados en detalle a continuación, en
el apartado 8.1. La fractura dúctil, que generalmente ocurre por nucleación, crecimiento y
coalescencia de cavidades hasta formar una grieta que se propaga, será considerada más adelante, en
el apartado 8.2.
Existe un gran número de materiales que a temperaturas altas o velocidades de deformación pequeñas
se deforman plástica o visco-plásticamente, pero que a bajas temperaturas o velocidades de
deformación elevadas muestran fractura frágil. Este comportamiento es exhibido por metales con
estructura cristalina BCC, polímeros en estado vítreo, vidrios y sales iónicas.
En el caso de los metales BCC, por ejemplo, se encuentra que el límite elástico aumenta rápidamente
al disminuir la temperatura, lo cual coincide con una transición en la fractura de dúctil a frágil. Este
comportamiento suele ser descrito de forma tradicional por medio de la variación de la energía
absorbida en el ensayo de resiliencia (Fig. 8.2). Para temperaturas superiores a la temperatura de
transición, TR, la rotura se produce fundamentalmente por coalescencia de cavidades y la energía
absorbida es elevada. Por el contrario, a temperaturas inferiores a TR, la fractura viene dada por un
mecanismo frágil (descohesión transgranular, usualmente denominado clivaje, o bien fractura
intergranular) y la energía absorbida es pequeña.
Existen varios mecanismos que conducen a la formación de microfisuras bajo la acción de una carga
aplicada. En primer lugar, las microfisuras se pueden generar como consecuencia de un apilamiento
de dislocaciones frente a una barrera microestructural, como por ejemplo un borde de grano. Las
dislocaciones en la punta del apilamiento están empaquetadas de manera muy densa y esto produce
una alta concentración de esfuerzos, de manera que puede llegar a formarse una microfisura en la
barrera, o bien nuclearla en el grano vecino. Si el obstáculo es una partícula, por ejemplo un carburo
en el caso de los aceros, la alta concentración de tensiones en la punta del apilamiento puede provocar
incluso la rotura de la partícula. Finalmente, también es posible que las microfisuras se formen en la
intersección de maclas de deformación.
Las microfisuras se propagarán para producir la rotura del material siempre y cuando la disminución
de energía mecánica que acompaña a la extensión de éstas sea suficiente para compensar la energía
adicional que conlleva, tanto la creación de nuevas superficies como la deformación plástica asociada
a la fractura (ver capítulo 3). Por consiguiente, todos aquellos parámetros que disminuyan la energía
adscrita a las superficies y al trabajo de deformación plástica aumentarán la tendencia a la fractura
frágil y provocarán un aumento de la temperatura de transición. Entre estos parámetros cabe citar:
tamaño de grano o partículas frágiles grandes, límites elásticos elevados, altas velocidades de
deformación, irradiación por neutrones, niveles de impurezas intersticiales elevados y estados
triaxiales de tensiones, tal como ocurre en las entallas (Fig. 1.8).
La intersección de estas curvas determina la temperatura de transición (TR). Por debajo de esta
temperatura, al aumentar la tensión se alcanza antes el valor crítico de clivaje, σc, que el límite elástico
y, por consiguiente, se produce fractura frágil. Por encima de TR, el límite elástico es sobrepasado
antes y se tiene fractura dúctil. Si la curva que representa σys se desplaza hacia valores más altos, la
intersección con la línea σ = σc se desplaza hacia temperaturas mayores, TR'.
La fractura inducida siguiendo los bordes de grano se denomina intergranular. Existen diferentes
razones para que se produzca este tipo de fractura a bajas temperaturas, entre las cuales se pueden
citar las siguientes:
a) En los bordes de grano se puede formar una película o cadena frágil de precipitados, tal como
ocurre con la cementita en un acero hipereutectoide normalizado, o con los carburos y las fases
intermetálicas en el caso de aceros aleados (Fig. 8.5). La separación de los bordes de grano
puede ocurrir por mecanismos dúctiles o frágiles.
b) Aunque no se forme una película en los bordes de grano, puede producirse segregación hacia
ellos de algunos elementos. Esto provoca una disminución en la resistencia cohesiva de los
bordes. Ejemplos de este fenómeno son la segregación de:
Fig. 8.5 Cadena de carburos precipitados en una Fig. 8.6 Segregación de bismuto (oscuro) en
interfase austenita-γ / ferrita-α de un acero inoxidable una aleación Cu-Bi
c) En determinadas aleaciones, por ejemplo aluminios endurecibles por precipitación, se forma una
zona libre de precipitados (Precipitate Free Zone, PFZ) cercana a los bordes de grano. Esta zona
relativamente débil es un lugar preferente para el crecimiento de fisuras.
d) La corrosión bajo tensión y la fragilización por hidrógeno suelen dar lugar a fracturas
intergranulares (Fig. 8.7). Debido a la naturaleza desordenada de los bordes de grano, éstos son
un lugar preferencial para la disolución, así como para la migración de átomos de hidrógeno. El
empobrecimiento en soluto de los bordes de grano puede ser otra razón que contribuya a la
fractura intergranular, tal como ocurre en el deterioro de las soldaduras en los aceros
austeníticos.
En el caso ideal en que la fractura a bajas temperaturas no estuviera acompañada por deformación
plástica, y suponiendo que la tensión de rotura del hierro puro fuese de 1000 MPa, las dimensiones de
la grieta crítica (cc) se podrían determinar a partir de la expresión de Griffith [GRIFF21] según
2 E ' γs
cc = 2
(8.1)
π σ*f
En el marco de las hipótesis descritas, el tamaño crítico de la fisura para que el hierro experimente
rotura sería de 0.26 µm. Sin embargo, este material se fractura por descohesión con defectos menores
a dicho tamaño y a tensiones también inferiores a los 1000 MPa.
En el hierro puro con tamaño de grano reducido, incluso las roturas a -196 °C, cuyo aspecto es frágil,
son precedidas por deformación plástica, siendo la rotura coincidente con el inicio de la deformación
plástica.
De lo expuesto anteriormente se deduce que, para que se produzca rotura, es necesario que primero
ocurra deformación plástica, lo cual origina una microfisura que es la responsable de la fractura por
clivaje. Es decir, la nucleación de la grieta es inducida por deformación plástica local, como por
ejemplo por interacción de una banda de deslizamiento o de una macla de deformación con un borde
de grano o con una partícula de segunda fase.
La tensión necesaria para iniciar la deformación plástica puede deducirse a partir del modelo de Hall-
Petch [HALL51, PETCH53]. Para ello, consideremos una banda de deslizamiento en un grano de
tamaño d (Fig. 8.8a). El modelo se basa en el apilamiento de las dislocaciones en el borde de grano, lo
cual genera una concentración de tensiones que se puede tratar como si existiera una fisura cargada en
modo II sobre la banda de deslizamiento. Si τ es la tensión de cizalladura aplicada sobre el plano de
deslizamiento, a la cual se opone una fuerza de fricción τi, entonces las tensiones locales en la punta
de la banda de deslizamiento vienen dadas por
K II
τ12 → cuando r → 0 (8.4)
2πr
donde
d
K II = ( τ − τi ) π (8.5)
2
Fig. 8.8 Influencia de las bandas de deslizamiento sobre el límite elástico y sobre la fractura.
a) Banda de deslizamiento en un grano b) Modelo de la banda de deslizamiento como una grieta (modo II)
Por consiguiente
d
τ12 = ( τ − τi ) (8.6)
4r
La fluencia se produce cuando τ12 alcanza un valor crítico τc en el grano vecino. Es decir, si
introducimos este valor en la ecuación 8.6 y consideramos ( τc 4r ) como una constante, a la que
llamaremos k yss , la tensión de cizalladura necesaria para extender la fluencia de un grano a otro puede
escribirse en la forma siguiente
s
k ys
τ ys = τi + (8.7)
d
k ys
σ ys = σi + (8.8)
d
A continuación se revisan varios modelos que, utilizando diferentes enfoques, intentan describir el
comportamiento de fractura frágil en materiales metálicos y su relación con parámetros
microestructurales.
Esta teoría se sustenta en la idea que la fractura tiene lugar cuando la tensión σθθ (definida según la
figura 8.9) alcanza un valor crítico en el grano vecino. Esto conduce a una relación similar a la de
Hall-Petch
k
σ c = σi + F (8.9)
d
La ecuación 8.9 predice que el esfuerzo crítico de clivaje, σc, aumenta al disminuir el tamaño de
grano, pero el significado físico de kF no resulta muy claro. Experimentalmente se tiene que kF
coincide con ky en materiales de tamaño de grano grande, mientras que kF >> kys cuando el tamaño de
grano es pequeño.
En la teoría propuesta por Stroh [STROH57] se supone que las dislocaciones en la punta del defecto
de apilamiento están "aplastadas" y forman el núcleo de una microfisura (Fig. 8.9). Entonces se
calcula la tensión local σθθ necesaria para propagar la microfisura mediante un análisis basado en la
teoría de Griffith. El valor máximo de σθθ se alcanza en un plano que está orientado a 70.5° respecto
al de deslizamiento. La tensión de cizalladura necesaria para expandir el núcleo de la microfisura es
πG γs
(
τef ≡ τ ys − τi ≥ ) (8.10)
(
2 1 − ν2 d )
Si γs es constante, el crecimiento de la grieta es inestable, lo cual implicaría que la fractura por
descohesión es controlada por la nucleación y sólo dependería de las tensiones críticas de cizalladura.
Sin embargo, la fractura por descohesión, en general, es controlada por el crecimiento de fisuras y no
por su nucleación. En este sentido existen otros dos hechos asociados al crecimiento de grieta que
sustentan esta idea: es mucho más frecuente a bajas temperaturas aun cuando el valor de τys-τi no
varía, y es sensible a las tensiones de tracción en barras entalladas.
a a
[1 11](101) + [111](101) → a [001](001) (8.11)
2 2
(
σ 2 1 − ν 2 c 2
U1 = −
) (8.12)
E 2
donde se ha utilizado la expresión para la energía elástica de una fisura en una placa infinita.
c) La energía superficial
U3 = 2 γ s c (8.14)
/
d) La energía de formación de la dislocación de borde "agrietada" de vector de Burgers n b
G (n b )
2
2R
U4 = ln (8.15)
4 π (1 − ν ) c
siendo R la distancia sobre la cual el campo de deformación es efectivo, c/2 el radio del núcleo de la
dislocación y G el módulo de cizalladura.
∂ (U1 + U 2 + U 3 + U 4 )
=0 (8.16)
∂c
grano d y la tensión de corte efectiva en el punto de fluencia es (τys - τi), la deformación de corte es
(τys - τ i)/G y el desplazamiento de cizalladura resulta d(τ ys - τ i)/G. Entonces podemos escribir
s
k ys d
(
na = τ ys − τi ) Gd = G
(8.18)
2G γs
σc = s
(8.20)
k ys d
El modelo de Cottrell no considera el papel que desempeñan las partículas (carburos, inclusiones,
etc.), las cuales afectan a la fractura por clivaje. Sin embargo, este modelo pone de manifiesto el papel
de los esfuerzos de tracción y explica los efectos del tamaño de grano y de los parámetros de fluencia
(τys, k yss ) sobre la fractura. McMahon y Cohen [MCMA65] demostraron más tarde la importancia del
tamaño de los carburos presentes en el material. Para ello realizaron ensayos a varias temperaturas en
probetas de tracción de idéntico límite elástico y propiedades de fluencia, pero conteniendo carburos
de distintos tamaños. Los resultados (Fig. 8.11) pusieron de relieve que los carburos grandes
promueven la rotura por clivaje, mientras que los carburos finos permiten que el material se comporte
de forma más dúctil, ya que en el primer caso la rotura a bajas temperaturas ocurre a valores menores
y sin apenas deformación plástica.
Fig. 8.11 Curvas esquemáticas tensión-deformación para aceros conteniendo carburos de diferentes tamaños
El modelo de Smith [SMI66] toma en consideración el tamaño de las partículas presentes para
determinar la resistencia al clivaje (Fig. 8.12). Si se considera un apilamiento de dislocaciones de
longitud d, según el análisis de Stroh un carburo se fracturará si
4 E ' γc
(
τef = τ ys − τi ≥ ) πd
(8.21)
Así, suponiendo que el trabajo externo necesario para extender la grieta desde el carburo al grano no
plastificado (es decir, la energía específica superficial γp) es mayor que γc, la fractura en el punto de
fluencia es controlada por la nucleación si
4 E 'γp
(
τef = τ ys − τi ≥ ) πd
(8.22)
Sin embargo, si τef está comprendida entre los límites establecidos por las ecuaciones 8.21 y 8.22,
aplicando un balance energético similar al realizado anteriormente en el modelo de Cottrell, resulta
2
2 2 4 c0 τi 4 E ' γ p
12
c0
d σ +
c efτ 1 + ≥ (8.23)
π d τef πd
Básicamente, se puede alcanzar este mismo resultado a partir de un modelo muy sencillo que se indica
en la figura 8.13. Suponiendo que la rotura por clivaje se inicia en una fisura microscópica (por
ejemplo, una fisura circular) situada cerca de un concentrador de tensiones (una entalla o una fisura
macroscópica), el factor de intensidad de tensiones correspondiente a esta situación es
2 π c0
K= σ (8.25)
π 2
Fig. 8.13 Grieta macroscópica de radio de curvatura ρ con una microfisura circular delante de la punta
La tensión de rotura, σf, corresponde a σ cuando K = KIc = [2γE /(1- ν2)]1/2, por tanto
Eγ
σf = π (8.26)
(1 − ν )c
2
0
8.1.6 Modelo de la tensión crítica para la fractura por descohesión (Ritchie, Knott y Rice)
σ = k ' εm (8.27)
donde σ0 es una tensión de referencia que se va a considerar como el límite elástico del material.
Además, la ecuación 8.28 permite observar que la distribución de tensiones prácticamente sólo es
sensible a σ0 y al coeficiente de endurecimiento por deformación, m. La distribución de tensiones se
muestra en la figura 8.14 para diferentes valores de K. Nótese que la tensión máxima apenas depende
de este parámetro. Al aumentar el factor de intensidad de tensiones, la tensión máxima prácticamente
no se incrementa, sino que más bien se ensancha la distribución de tensiones y disminuye dK/dx.
Si se supone que la fractura se inicia cuando la tensión en la punta de la grieta alcanza un valor crítico,
podría ocurrir que este criterio no fuera aplicable si este valor fuera mayor que la tensión máxima que
se desarrolla en la punta ( σ*f 1 ). En caso contrario, puede ocurrir que esta condición se verifique
cualquiera que sea el valor de σ ( σ*f 2 ) o de K. Esto pone de manifiesto que el criterio no es suficiente
para explicar la rotura.
Por esta razón, Ritchie, Knott y Rice [RITCH73] introdujeron la siguiente hipótesis adicional: la
descohesión se produce cuando KI = KIc si σyy (θ = 0) ≥ σ*f sobre una distancia x = l0* , donde σyy es
la tensión local en la dirección de abertura de la grieta, σ*f es la tensión crítica para la descohesión
transgranular, y l0* es una distancia característica relacionada con la microestructura.
Imponiendo
K I = E ' J = K Ic (8.30)
cuando
σ yy (θ = 0 ) ≥ σ*f en x = r = l0* (8.31)
El cociente σyy /σ0 es función de x/(KI /σ0)2, y se conoce a partir del análisis de las tensiones en la
punta de la grieta; σ0 es función de la temperatura y se determina a partir de los ensayos de tracción;
σ*f , que es independiente de la temperatura y de la velocidad de solicitación, se obtiene a partir de
ensayos en probetas pre-entalladas; l0* se estima a partir de la microestructura, y es una constante del
orden del tamaño del grano. Originalmente se supuso que l0* no variaba con la temperatura, pero
posteriormente se han realizado observaciones que indican lo contrario. El valor de m aumenta al
disminuir la temperatura y al aumentar la velocidad de deformación. La variación del límite elástico
con la temperatura, T, y la velocidad de deformación, ε , se puede escribir de forma aproximada
mediante la siguiente relación
Este resultado permite analizar la variación de KIc con la temperatura y la velocidad de solicitación.
Utilizando la expresión de KIc dada en la ecuación 8.33 y la de σ0 de esta última ecuación, en la figura
8.15 se presentan los resultados para aceros ensayados a tres velocidades de deformación en un
intervalo de temperaturas que va desde -200 ºC hasta -20 ºC.
Las predicciones de la teoría son buenas para temperaturas inferiores a la NDT (Nil Ductility
Temperature). En el caso de un acero estructural bainítico, la teoría se ajusta a los resultados
experimentales con: σ0 = 480 MPa; σ*f = 1830 MPa; d = 25 µm; y l0* ~ 2-4 d.
A partir de las ecuaciones 8.33 y 8.34 pueden hacerse algunas predicciones sobre la tenacidad de
fractura:
d) microestructura más gruesa → aumento en l0* → disminución en σ*f . En este último caso, sin
embargo, la tenacidad es máxima cuando existe un compromiso entre el incremento en l0* y la
disminución en σ*f .
Fig. 8.15 Tenacidad de fractura para aceros estructurales ensayados a tres velocidades
de deformación en un intervalo de temperaturas que va desde -200 °C hasta -20 °C
En general, las predicciones de KIc basadas en el modelo RKR son buenas para temperaturas bajas en
que la rotura tiene lugar por clivaje, pero a medida que aumenta la temperatura las estimaciones del
modelo dan valores inferiores a los experimentales. Por consiguiente, el modelo RKR se puede utilizar
para acotar los valores de tenacidad de fractura siempre y cuando ésta se produzca por clivaje.
Es razonable pensar que l0* sea una magnitud que dependa de la probabilidad de encontrar delante de
la grieta una inhomogeneidad capaz de nuclear el clivaje. El caso más común sería el de una partícula
frágil de una segunda fase. Por lo tanto, el valor de l0* y el de la tenacidad de fractura tendrían un
carácter estadístico, lo cual justificaría las dispersiones usualmente observadas en los valores
experimentales de la tenacidad de fractura.
Los modelos basados en la teoría del eslabón más débil permiten una primera aproximación a la
caracterización de la tenacidad de fractura utilizando métodos estadísticos. Basta suponer que la
probabilidad de fractura es igual a la probabilidad de encontrar una partícula delante de la grieta capaz
de iniciar el clivaje. En el modelo de Anderson y Stienstra [AND89] la probabilidad de rotura se
expresa en términos de una distribución de Weibull
p
K − K min
P =1 − exp − Ic (8.35)
θ K − K min
donde p = 4 y los parámetros θK y Kmin se obtienen mediante un ajuste a los datos experimentales.
El mecanismo de rotura por clivaje deja de ser operativo a medida que aumenta la temperatura, ya que
disminuye el límite elástico, el fondo de la fisura se redondea cada vez más y, en consecuencia,
disminuye el valor de la máxima tensión que puede generarse en sus alrededores, llegándose a una
situación en que no es posible alcanzar las condiciones para que se produzca el clivaje.
Esta transición, típica de los aceros ferríticos, se puede justificar de la manera siguiente: a
temperaturas muy bajas, la tenacidad de fractura está controlada por el tamaño medio de los carburos;
a medida que aumenta la temperatura y el límite elástico disminuye, hace falta un tamaño mayor de
microgrieta (es decir, de carburo fisurado) para “disparar” el mecanismo de clivaje. Todo ello se
consigue aumentando el área de la zona en proceso de fractura (relacionada con la longitud
característica l0* ) porque así aumenta la probabilidad de encontrar carburos mayores. Pero el tamaño
de esta zona depende de la distribución de tensiones en el fondo de la fisura y, aunque aumenta al
incrementar la tensión de solicitación, llegará un momento en que en toda la zona no se encuentren
carburos del tamaño necesario. En ese instante, la microfisuración por clivaje dejará de ser operativa y
se iniciará una transición hacia otros micromecanismos de rotura.
Tal como se ha mencionado anteriormente, la fractura dúctil ocurre por nucleación, crecimiento y
coalescencia de cavidades para formar una macrogrieta. La nucleación tiene lugar en las inclusiones o
en las partículas de una segunda fase (carburos, por ejemplo) y se ve favorecida si las partículas son
frágiles, grandes, alargadas o si existe una baja resistencia de la intercara partícula-matriz. Cuando se
observa una superficie de fractura dúctil (Fig. 8.16), se puede apreciar la existencia de numerosas
cavidades alrededor de partículas o inclusiones y el desgarro se produce al unirse dichas cavidades.
En el caso de la presencia de una grieta grande en el material, estas cavidades se inician y crecen
delante de la grieta, donde las deformaciones son mayores, hasta que se produce coalescencia y la
fisura avanza (Fig. 8.17).
Todos los factores que favorecen la nucleación y el crecimiento de cavidades también promueven la
rotura dúctil. Uno de ellos es la tracción hidrostática. Se ha comprobado que las cavidades se forman
fácilmente en la zona de estricción de las probetas que se ensayan a tracción y en las regiones de alta
triaxialidad delante del fondo de las fisuras. Más aún, a partir de los experimentos clásicos de
Bridgman [BRID44], se ha podido constatar que la superposición de una compresión hidrostática a
una probeta, una vez iniciada la estricción, aumenta la resistencia y el alargamiento a rotura.
Fig. 8.18 Formación de cavidades y etapas de la rotura en una matriz dúctil en presencia de inclusiones
a medida que la tensión aplicada aumenta desde a) hasta f)
En la figura 8.19b se aprecia que la deformación entre cavidades también se puede presentar como
localizada en bandas de cizalladura y este mecanismo se denomina descohesión por deslizamiento.
Esta situación suele ocurrir en materiales con poca capacidad de endurecimiento por deformación.
Finalmente, en la figura 8.19c se muestra otro posible mecanismo, el cual consiste en la delaminación
que puede progresar en planos perpendiculares al plano de la grieta. Éste suele presentarse en
materiales fuertemente anisótropos y que exhiben una menor resistencia en la dirección normal a la
fisura debido, en muchos casos, a la presencia de inclusiones alargadas.
En aquellos materiales cuyas partículas están fuertemente adheridas a la matriz, la fase de nucleación
de las cavidades suele ser la etapa crítica, es decir, el material se rompe apenas iniciada la nucleación.
Por el contrario, cuando la nucleación se genera con facilidad, las características de la fractura están
controladas por las etapas de crecimiento y coalescencia de las cavidades. En este caso, para que el
material rompa las cavidades deben alcanzar un tamaño crítico, en relación con el espaciado, y
aparecer después de una inestabilidad plástica entre ellas que conlleve el desgarro final.
La observación de las roturas dúctiles indica que las cavidades casi siempre se nuclean en partículas
de segundas fases. También se encuentran asociadas a las fronteras de grano, aunque es un proceso
mucho menos frecuente. La formación de las cavidades puede ocurrir por separación de la intercara
con la matriz cuando la adherencia es débil (caso de las partículas de sulfuro de manganeso en los
aceros), o bien por la rotura de las propias partículas, lo cual se ve favorecido por una fuerte
adherencia entre partícula y matriz (como ocurre con los precipitados en las aleaciones de aluminio o
los carburos y nitruros en los aceros).
De forma convencional se acostumbra a clasificar a las partículas de segundas fases en tres categorías:
Para partículas mayores de 1 µm, Ashby [ASH66], Argon [ARG75] y, posteriormente, Beremin
[BER81], han desarrollado un modelo basado en las incompatibilidades entre la deformación de la
matriz bajo un esfuerzo cortante y una inclusión esférica rígida. El modelo predice la aparición de
tensiones en los polos de la inclusión, capaces de despegarla de la matriz, iniciando así una cavidad.
Estas tensiones aumentan con el tamaño de las partículas, lo cual favorece la nucleación en las
partículas mayores. Este aspecto está de acuerdo con las observaciones experimentales en el caso de
materiales con inclusiones fuertemente adheridas a la matriz, tales como aleaciones de aluminio y
titanio.
(
σintercara = σ H + k σ − σ ys ) (8.36)
En los aceros estructurales de bajo y medio límite elástico, la cavidad está ya generada al comienzo de
la deformación alrededor de inclusiones no metálicas, siendo el caso más común el de las inclusiones
de sulfuro de manganeso (MnS).
Para partículas pequeñas, Goods y Brown [GOO79] desarrollaron un modelo basado en la interacción
entre la partícula y las dislocaciones. En este caso, la tensión en la intercara resulta ser
σintercara = σb + σ H + σ d (8.37)
donde σH y σd son las componentes hidrostática y desviadora máxima y σb viene dada por
εb
σb = 5.4 α G (8.38)
r
En la expresión anterior, α es una constante que puede variar entre 0.14 y 0.33, G el módulo de
rigidez transversal, ε la deformación remota máxima, b el módulo del vector de Burgers y r el radio de
la partícula. En este modelo se predice que la tensión local aumenta al disminuir r, contrariamente a lo
que ocurría en el modelo anterior para partículas grandes.
La nucleación de cavidades se puede producir por rotura de las partículas frágiles. Es bien conocido
que la probabilidad de rotura de los sólidos frágiles depende del volumen de material expuesto a
tracción. En consecuencia, las partículas de mayor tamaño tendrán mayor tendencia a romperse, lo
cual a menudo tiene lugar al inicio de la deformación.
En el caso de partículas muy espaciadas (por ejemplo, inclusiones de MnS en aceros), la nucleación de
cavidades no se ve afectada por la tensión hidrostática, es decir, el efecto de entalla es pequeño. Por
otra parte, si las partículas están muy juntas y tienen fuerte adherencia a la matriz (caso de la
cementita globular), la tensión hidrostática induce la nucleación de cavidades y el efecto entalla
deviene importante.
Si se supone que la densidad inicial de cavidades es pequeña, entonces se asume que cada cavidad
crece de forma independiente hasta que finalmente interactúan y la deformación se localiza entre ellas,
produciéndose estricciones locales y la rotura final.
Una fractura muy típica que se observa en el ensayo de tracción es la fractura copa-cono de los
materiales dúctiles (Fig. 8.20). Aunque la deformación es relativamente uniforme a través de la
estricción, la fractura se inicia generalmente en el centro de la probeta donde las tensiones
longitudinales y transversales son mayores (Fig. 8.20a), se extiende hacia la superficie por nucleación,
crecimiento y coalescencia de microcavidades, sobre una sección aproximadamente perpendicular a la
dirección de tensión máxima. Cuando se forma la estricción, se genera un estado triaxial de tensiones
en el centro, el cual promueve la iniciación y el crecimiento de cavidades alrededor de las partículas
de mayor tamaño. Al aumentar la deformación, las cavidades coalescen y se forma un defecto en
forma de disco (Fig. 8.20b). En el exterior del disco, las cavidades crecen menos, ya que la tensión
triaxial es menor. Entonces la deformación se concentra en bandas formando 45° con el eje de
tracción (Fig. 8.20c) produciéndose el crecimiento de cavidades incluso en las partículas pequeñas,
para finalmente llegar a la fractura del material provocando el aspecto de copa-cono (Fig. 8.20d).
A fin de ilustrar lo anterior, en la figura 8.21 se puede apreciar el aspecto de la superficie de fractura
de una probeta donde se distingue la región correspondiente a los labios de cizalladura de la zona
central, y en la figura 8.22 se muestra una sección longitudinal de la rotura de una probeta de tracción,
en la cual se observan cavidades en la región cercana a la superficie de fractura.
Uno de los primeros modelos de fractura dúctil es el de McClintock [MCL68], que se representa de
forma esquemática en la figura 8.23a. En él se analiza el crecimiento de una cavidad cilíndrica de
radio r con su eje dirigido en la dirección y, sometido a deformación plana. Las cavidades cilíndricas
se supone que están distribuidas regularmente con una relación entre distancia y tamaño dada por l/2r.
Fig. 8.21 Aspecto de la superficie de fractura, mostrando Fig. 8.22 Corte longitudinal de una superficie
dos regiones distintas de fractura
Se supone que la fractura tiene lugar en el momento en que las cavidades tocan las paredes de las
celdillas elementales, como se indica en la figura 8.23b para solicitaciones normales y en la 8.23c para
solicitaciones tangenciales. Sea 2r0 el diámetro inicial y l0 el espaciado entre cilindros en la dirección
x, la coalescencia ocurrirá en la dirección x cuando 2r sea igual a l, donde r y l son los valores finales
del radio y del espaciado, respectivamente. En cualquier instante, el deterioro asociado con el grado de
coalescencia viene dado por el cociente
d ln ( 2r l )
(8.39)
ln (l0 2r0 )
Cuando se aplican tensiones σxx y σzz, si la ley de comportamiento plástico del material viene dada por
una ecuación constitutiva del tipo
σ = k (ε )
m
(8.40)
(1 − m)(σ xx + σ zz )
senh
1 d ln ( 2 r l ) 2σ / 3
= (8.41)
ln (l0 2r0 ) d ε (1 − m) ln (l0 2r0 )
En el caso particular en que los cocientes entre las componentes del tensor de tensiones permanecen
constantes, la ecuación anterior puede integrarse para obtener la deformación en el momento de la
fractura
(1 − m) ln (l0 2r0 )
ε f = (8.42)
(1 − m) (σ xx + σ zz )
senh
2σ 3
Obviamente, si las cavidades están inicialmente muy próximas (r0 es grande, o bien, l0 es pequeño), la
deformación hasta la fractura será pequeña. De esta expresión también puede verse que si duplicamos
la tensión transversal, la deformación hasta la fractura disminuye de forma sustancial para un valor
pequeño de m, por ejemplo m=0.5. Por otra parte, si reducimos el valor de m, también disminuye la
deformación hasta la fractura. Es decir, la deformación hasta la fractura se reduce para altas fracciones
de volumen de cavidades, para tensiones transversales elevadas, así como también para materiales con
bajo endurecimiento por deformación.
En el modelo de Rice y Tracey [RICE69], se parte de una cavidad esférica de radio R0 en presencia de
un estado triaxial de tensiones (Fig. 8.24), y se predice que el crecimiento de la cavidad obedece a la
expresión siguiente
ε
1.5 σ H
∫
R
ln = 0.283 exp dε (8.43)
Ro 0 σ
donde R es el valor medio de los tres radios del elipsoide final, y σ y ε designan la tensión y la
deformación equivalentes.
Puesto que este modelo se basa en una sola cavidad, no tiene en cuenta la interacción con otras
cavidades ni predice el momento de la rotura. Éste se puede predecir con un criterio adicional, por
ejemplo suponiendo que ocurre cuando la cavidad alcanza un tamaño crítico.
El análisis de un sólido lleno de cavidades se puede simplificar sustituyéndolo por un sólido continuo
y homogéneo dotado de las propiedades y ecuación constitutivas adecuadas, siendo el primer modelo
en esta dirección el de Gurson [GUR77]. El papel de las cavidades se manifiesta indirectamente a
través del comportamiento global a fluencia; por ejemplo, la superficie de fluencia depende
débilmente de la tensión hidrostática, al contrario de la formulación clásica de la plasticidad, en la que
se establece que es independiente de la tensión hidrostática. Por otra parte, esta modificación de la
teoría original de la plasticidad introduce un término de ablandamiento por deformación.
El modelo de Gurson contiene un criterio de fractura, ya que supone que ésta aparece cuando se
produce una inestabilidad plástica debido a la localización de la deformación en una banda y puede
llegar a describir muy bien la deformación plástica en las etapas iniciales de la rotura dúctil. No ocurre
lo mismo en la etapa final, debido a que en este estadio es cuando se produce la coalescencia de las
cavidades mediante la formación de inestabilidades locales entre ellas, como se ha mostrado en la
figura 8.18. Como el modelo de Gurson apela a la mecánica del continuo, no puede predecir la
interacción entre cavidades, fenómeno que produce la rotura final.
Fig. 8.24 Crecimiento de una cavidad esférica bajo un estado triaxial de tensiones
Existen algunos modelos, como el de Thomason [THO90], que sí tienen en cuenta el proceso de
fractura final (Fig. 8.25). En este caso, se considera una distribución de huecos como cavidades
cuadradas en una matriz que se modela como un sólido rígido-plástico. La deformación se considera
plana. Si las cavidades están muy separadas es más fácil que el material se rompa por deformación
homogénea sobre toda la sección que por cuellos locales entre las cavidades.
Cuando se aplica una tensión en la dirección y, las cavidades se estiran en dicha dirección, mientras
que sus centros se aproximan en la dirección x, hasta que están suficientemente próximos para que se
forme un cuello. Entonces rápidamente las cavidades coalescen. La condición general para la
coalescencia se establece en términos de la tensión media en el cuello, σn, en la dirección y necesaria
para producir deformación en esta zona
(
σn 1 − )
f + P < σ xx + 2τ ys (8.44)
P > 2τ ys + σ xx (8.45)
En el caso de tracción uniaxial, se demuestra que la mayor parte del alargamiento proviene de
deformación uniforme, siendo atribuible solamente una pequeña cantidad a la deformación localizada
que se forma en los cuellos internos.
( )
a f
= exp 2 ε yy (8.46)
b 1− f
Cuando el proceso de rotura va acompañado de deformación plástica, el parámetro más adecuado para
caracterizar la resistencia a fractura en presencia de fisuras es la integral J. Sin embargo, en el capítulo
7 se ha visto que la rotura se puede caracterizar mediante la integral J siempre y cuando la
deformación plástica esté contenida. A continuación, se compara la tenacidad medida
experimentalmente (JIc) con la que se puede predecir a partir de los anteriores modelos de fractura
dúctil. La comparación estará limitada a roturas producidas con poca deformación plástica, o sea
donde δt es la CTOD y σys el límite elástico. Esta expresión servirá de referencia para estimar las
variaciones de KIc con el estado tensional, las partículas de segundas fases y las propiedades plásticas
de la matriz.
En la figura 8.17 se ilustró el proceso de rotura delante de una grieta cuando el micromecanismo de
fractura es la nucleación y crecimiento de cavidades. El aumento de la tensión delante de la grieta
induce la nucleación de cavidades en torno a las partículas, al mismo tiempo que la grieta se enroma
debido a la deformación plástica que tiene lugar. Finalmente se produce la extensión de la grieta por
coalescencia entre su punta y las cavidades más próximas.
Las distribuciones de tensión (apartado 7.6) y deformación delante de una grieta enromada se ilustran
en la figura 8.26. Puede apreciarse que la deformación se hace infinita en la punta de la grieta y que la
tensión alcanza un máximo a una distancia aproximadamente igual a J/σys , o sea, 2δt.
McClintock y otros autores [MCL71] formularon un criterio de rotura que puede expresarse de la
manera siguiente
J = J Ic (δ t = δ c ) (8.48)
cuando
σ
ε p (θ = 0 ) ≥ ε *f H para x ≤ l0* (8.49)
σ
del estado de tensiones, y l0* es una distancia característica. La ductilidad es muy sensible al estado de
tensiones, y se determina a partir de ensayos de tracción con probetas entalladas circunferencialmente.
K Ic ∝ σ ys E ε*f l *f (8.50)
donde se ha supuesto que el material cumple con la ecuación 8.27 y que la plastificación en la punta
de la grieta es pequeña y viene dada por la solución de Rice y Johnson [RICE70] y McMeeking
[MCME76]
δ
ε p ∝ t (8.51)
x
Los resultados experimentales de fractura pueden ser reproducidos mediante la ecuación 8.50 en la
región de fractura dúctil de la curva del ensayo de resiliencia, siempre y cuando el valor de l *f sea
aproximadamente entre 5 y 6 veces la separación entre inclusiones.
Los estados de tensión plana y de deformación plana representan dos casos extremos del estado de
tensiones a lo largo del frente de la fisura. En tensión plana, el material tiende a fluir transversalmente
en planos situados a 45° (Fig. 8.27a), y el nivel de triaxialidad medido a través de (σH / σ ), donde
σH = σii/3 y σ es la tensión equivalente, es bajo. Por el contrario, en probetas de gran espesor el estado
se aproxima al de deformación plana (8.27b). En estas circunstancias, los valores (σH / σ ) suelen ser
mayores que 2, alcanzándose valores de hasta 2.4. Esto explica el hecho bien conocido que la
tenacidad de fractura sea mayor cuando se mide en probetas bajo tensión plana que cuando son
solicitadas en deformación plana. Una razón importante de esa diferencia es que en el primer caso es
necesario una mayor deformación para el crecimiento y la coalescencia de las cavidades.
Otra consideración importante es que cuando aumenta el tamaño de la zona plástica disminuye la
tensión máxima y se pierde triaxialidad, lo cual afecta la nucleación y el crecimiento de
microcavidades. En consecuencia, cuando la zona plástica se hace grande el resultado de medir la
tenacidad depende del tipo de probeta y de la longitud de la fisura, ya que en cada caso el grado de
triaxialidad puede ser distinto.
Otro efecto de la variación del grado de triaxialidad es que la grieta exhibe un frente curvado, ya que
ésta crece más en el centro de la placa que en la superficie, debido a la mayor triaxialidad en el centro.
Esto produce en las superficie los labios de cizalladura característicos que se manifiestan por el
crecimiento de la grieta en un plano formando 45° con la tensión aplicada, tal como se ilustra en la
figura 8.28.
Fig. 8.27 Patrón de deformación delante de una grieta en: a) Tensión plana; b) Deformación plana
Fig. 8.28 Curvatura de la grieta en los puntos cercanos a la superficie y labios de cizalladura
correspondientes a la región de tensión plana
Por otra parte, si se examina en detalle el crecimiento de la grieta en el interior de una placa se
observa que si el mecanismo de crecimiento es por nucleación y coalescencia de microcavidades, el
frente crece en forma de zig zag. Esto se debe a que en modo I el plano de máxima deformación forma
un ángulo de 45° con el frente de grieta, tal como se ilustra en la figura 8.29. Aunque este plano es el
de preferencia para la coalescencia de cavidades, la constricción global obliga a la grieta a crecer
macroscópicamente en un plano perpendicular a la tensión aplicada. Cuando se examina en detalle el
camino de la grieta, se observa que a nivel microscópico sigue un camino serpenteante de ± 45° con el
plano de fractura.
Para estudiar la influencia de las partículas de fases secundarias, Rice y Johnson [RICE70] y
McMeeking [MCME77] han propuesto un modelo basado en el modelo de crecimiento de cavidades
χ
δt = χ 0 F 0 (8.52)
R0
Fig. 8.29 Plano de máximo deslizamiento en deformación plana y trayectoria en zig zag
de la grieta a escala microscópica
Este modelo, usualmente denominado de Rice y Johnson, proporciona una buena correlación entre KIc
y el porcentaje volumétrico de partículas, f. En efecto, si se supone una distribución uniforme de
partículas del mismo tamaño, χ0 será proporcional a f-1/3 y si admitimos que F(χ0 /R0) varía poco,
entonces de la ecuación 8.52 se deduce que δt será proporcional a f-1/3. En la hipótesis de pequeñas
deformaciones plásticas, es válida la relación entre δt y KIc dada en la ecuación 8.47 y, por tanto
K Ic ∝ f −1 6 (8.53)
K Ic ≈ σ ys (8.54)
Existe una amplia evidencia experimental de que esta dependencia no es tan simple, porque hay
muchos materiales en los que al aumentar el límite elástico sucede lo contrario, la tenacidad de
fractura decrece. Parece ser que la explicación hay que buscarla en la influencia del endurecimiento
por deformación, que también afecta al crecimiento de las cavidades (el modelo de McClintock
predice que al aumentar m disminuye la tenacidad de fractura). Generalmente, al aumentar el límite
elástico disminuye la capacidad de endurecimiento por deformación, y si se gana tenacidad por
aumento de σys también se pierde por disminución de m.
Fig. 8.30 Relación entre la tenacidad de fractura y el porcentaje de partículas de segundas fases
En este orden de ideas, Garret y Knott [GARR78] han propuesto la siguiente relación empírica,
K k ≈ m σ ys (8.55)
que da buenos resultados para las aleaciones de aluminio de alto límite elástico.