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Fabulas de Esopo

El documento presenta varias fábulas clásicas que transmiten lecciones morales, como la importancia de la perseverancia y el trabajo duro en 'La liebre y la tortuga', la necesidad de ser previsores en 'La cigarra y la hormiga', y las consecuencias de la deshonestidad en 'El pastor y el lobo'. Cada fábula ilustra cómo las acciones y decisiones de los personajes llevan a resultados que reflejan valores éticos y sociales. En conjunto, estas historias enseñan a los lectores sobre la virtud de la diligencia, la generosidad y la sinceridad.

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Fabulas de Esopo

El documento presenta varias fábulas clásicas que transmiten lecciones morales, como la importancia de la perseverancia y el trabajo duro en 'La liebre y la tortuga', la necesidad de ser previsores en 'La cigarra y la hormiga', y las consecuencias de la deshonestidad en 'El pastor y el lobo'. Cada fábula ilustra cómo las acciones y decisiones de los personajes llevan a resultados que reflejan valores éticos y sociales. En conjunto, estas historias enseñan a los lectores sobre la virtud de la diligencia, la generosidad y la sinceridad.

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1.

La liebre y la
tortuga
“Un día una liebre orgullosa y veloz, vió como una tortuga caminaba por el camino
y se le acercó. La liebre empezó a burlarse de la lentitud del otro animal y de la
longitud de sus patas. Sin embargo, la tortuga le respondió que estaba segura de
que a pesar de la gran velocidad de la liebre era capaz de ganarla en una carrera.
La liebre, segura de su victoria y considerando el reto imposible de perder, aceptó.
Ambos pidieron a la zorra que señalara la meta, a lo que esta aceptó, al igual que
al cuervo para que hiciera de juez.
Al llegar el día de la competición, al empezar la carrera la liebre y la tortuga
salieron al mismo tiempo. La tortuga avanzaba sin detenerse, pero lentamente.
La liebre era muy veloz, y viendo que sacaba una gran ventaja a la tortuga decidió
ir parándose y descansando de vez en cuando. Pero en una de las ocasiones la
liebre se quedó dormida. La tortuga, poco a poco, siguió avanzando.
Cuando la liebre despertó, se encontró con que la tortuga estaba a punto de
cruzar la meta. Aunque echó a correr fue demasiado tarde y finalmente la tortuga
ganó la carrera".
Esta fábula nos enseña que el trabajo duro, la perseverancia, la constancia y
el esfuerzo nos llevarán a nuestras metas, aunque sea poco a poco, si no nos
rendimos. También nos permite ver cómo la arrogancia, la falta de constancia y el
exceso de seguridad en uno mismo nos puede llevar a perder oportunidades y a
no alcanzar nuestras metas.
2. La cigarra y la
hormiga
“Era un caluroso verano. Una cigarra, protegida del sol por la sombra un árbol y
disfrutando el momento sin ninguna intención de ponerse a trabajar, cantaba y
cantaba continuamente. Mientras vió como su vecina, una trabajadora hormiga, se
encontraba trabajando arduamente para ir llevando comida a su hogar.
La cigarra le ofreció cantar y descansar, a lo que la hormiga la indicó que debería
dejar de estar ociosa y ponerse a recoger alimentos. La cigarra ignoró su consejo.
Meses después llegó un invierno frío, que sorprendió a la cigarra sin nada que
comer ni un sitio al que ir. Desesperada acudió a su vecina la hormiga pidiéndole
ayuda. Sin embargo, la hormiga contestó preguntando qué había hecho durante el
verano. La cigarra le dijo que cantar, a lo que la hormiga le respondió que bailara
ahora ya que cuando pudo no hizo nada para evitar esa situación, y cerró la puerta
dejando fuera a la cigarra".
Aunque luego sería reformulada por la Fontaine, se considera o atribuye esta
conocida fábula también a Esopo. La moraleja es clara: debemos esforzarnos y
trabajar duro para subsistir y conseguir llevar a cabo una vida digna que nos
permita sobrevivir., mientras que la vagancia y la falta de actuación nos pueden
salir caras Debemos ser constantes, perseverantes y previsores.
3. El lobo y el
cordero
“Había una vez un lobo que vió a un cordero en la orilla de un río y quiso
comérselo ofreciendo un pretexto simple pero verosímil. A pesar de estar río
arriba, le acusó de no dejarle beber al revolver el agua. El cordero contestó que al
estar el lobo río arriba y el más abajo no era posible que que así fuera.
Al ver el fracaso, el lobo acusó al cordero de haber insultado a sus padres el año
anterior, a lo que el cordero contestó que hacía un año el aún no había nacido. El
lobo dijo entonces que aunque el cordero se justificaba muy bien, no le dejaría ir y
no iba a dejar de comérselo".
Esta fábula nos enseña que a menudo aquellos que quieren provocarnos daño
no se van a detener independientemente de nuestros argumentos o de que sea o
no justo.
4. La paloma y la
hormiga
“Había una vez una hormiga que, sedienta, se acercó a beber a un río. Sin
embargo, una vez allí se vió arrastrada por la corriente. Estaba ahogándose
cuando una paloma, que se encontraba posada en una rama de un árbol cercano,
observó la escena y acudió rauda a salvarla.
Tras ponerla a salvo, la hormiga agradecida le prometió que algún día le
devolvería el favor si podía a pesar de su diminuto tamaño.
Pasó el tiempo y un día un cazador llegó a la zona. Viendo a la paloma posada,
aprestó su arma y se preparó para cazarla.
Sin embargo la hormiga, que se hallaba cerca, vió la escena y acudió a rauda a
cumplir su promesa. La hormiga picó en el talón al cazador, el cual ante el dolor
soltó su arma. La paloma aprovechó la oportunidad para salir huyendo volando,
salvando su vida".
Esta fábula es una muestra de la importancia de la generosidad y como toda
buena acción tiene al final su recompensa.
5. El murciélago y las
comadrejas
“Cayó un murciélago a tierra y fue apresado por una comadreja. Viéndose próximo
a morir, imploró el murciélago por su vida. Le dijo la comadreja que no podía
soltarle porque de nacimiento era enemiga de los pájaros. El murciélago replicó
que no era pájaro sino un raton, librándose de este modo con gran astucia.
Tiempo después volvió a caer en manos de una sgunda comadreja, a la que
suplicó que no le devorara. La comadreja ñe dijo que odiaba a los ratones, de
manera que no podía dejarle marchar. El murciélago sin embargo le contestó que
él no era un ratón sino un pájaro, de manera que consiguió volver a librarse".
Esta pequeña fábula de Esopo tiene como moraleja que debemos ser capaces
de adaptarnos a las situaciones de manera rápida y flexible, algo que sin duda
es lo que nos va a permitir medrar y sobrevivir.
6. El asno y la zorra
encuentran al león
“El asno y la zorra, habiéndose unido para su mutua protección, salieron un día de
caza. No anduvieron mucho cuando encontraron un león. La zorra, segura del
inmediato peligro, se acercó al león y le prometió a capturar al asno si le daba su
palabra de no dañarla a ella.
Entonces, afirmándole al asno que no sería maltratado, lo llevó a un profundo foso
diciéndole que se guareciera allí. El león, viendo que ya el asno estaba asegurado,
inmediatamente agarró a la zorra, y luego atacó al asno a su antojo”.
Esta fábula nos enseña como moraleja que no debemos traicionar nunca a los
amigos por temor a los enemigos, ya que al final también saldrás traicionado.
7.- El pastor y el lobo
Todos los días, un pobre pastor mandaba a su hijo que llevara las ovejas a pacer.
Ya sabes que tenemos muy pocas ovejas -le decía- y que no podemos perder ni
una, así que vigílalas con los cinco sentidos. Y si ves al lobo, grita tan fuerte como
puedas, y el pueblo entero acudirá en tu ayuda.
El pastorcillo se pasaba los días tumbado sobre la hierba del prado mientras las
ovejas pacían.
“Esto es aburridísimo”, se decía. “¡Ojalá apareciese el lobo! ¡Así al menos me
distraería un poco!”.
Un buen día se le ocurrió una idea para entretenerse. Se puso de pie y comenzó a
gritar desesperado:
¡Que viene el lobo, que viene el lobo!
Al oír los gritos, el pastor, el lechero y el panadero cogieron unos garrotes y
echaron a correr hacia el prado. Cuando llegaron junto al pastorcillo, no podían
con su alma.
¿Dónde está el lobo? – le preguntaron.
¡Aquí no hay ningún lobo! – respondió el chico, partiéndose de risa al verlos tan
asustados-. ¡No era más que una broma!
Escúchame, joven- le respondió el panadero-: tenemos cosas más importantes
que hacer que venir corriendo hasta aquí para que nos tomes el pelo. Que sea la
última vez que bromeas con cosas tan serias.
El muchacho parecía haber aprendido la lección, y aquella noche le prometió a su
padre que nunca más volvería a mentir. Pero unos días más tarde, cuando estaba
vigilando las ovejas, se acordó de lo mucho que se había divertido engañando a
los aldeanos, y volvió a gritar:
¡Que viene el lobo, que viene el lobo!
Alarmados, los aldeanos abandonaron sus labores y corrieron hacia el prado
armados con horcas, palos y garrotes. Pero no vieron al lobo por ningún lado.
¿Te parece gracioso, verdad? – le recriminaron al pastorcillo.
Os juro que esta vez sí he visto al lobo- insistió el muchacho-, pero ha salido
corriendo al oíros.
Como los aldeanos ya estaba escarmentados, nadie se creyó aquella excusa.
¡Ese chiquillo es un desvergonzado! – refunfuñaba el lechero de regreso a casa.
Al día siguiente, el pastorcillo llevó de nuevo sus ovejas al prado, y, apenas se
tumbó en la hierba, descubrió una oscura figura de ojos relucientes que acechaba
al rebaño desde lo más sombrío del bosque.
¡Que viene el lobo, que viene el lobo! – gritó entonces el pastorcillo con todas sus
fuerzas.
El animal avanzó poco a poco lanzando un gruñido para espantar al pastor, quien
seguía gritando despavorido:
¡Que viene el lobo, que viene el lobo!
Pero esta vez nadie acudió.
El lobo se abalanzó sobre una de las ovejas, la apresó por el cuello con sus
poderosos colmillos y la devoró en un abrir y cerrar de ojos.
Moraleja: Nadie cree a un mentiroso
Ideas para pensar: Decir mentiras siempre trae desgracias. – No todo vale para
pasar un buen rato – Pensar ideas con los niños para no aburrirnos

8.- La cigarra y las


hormigas
La alegre cigarra se pasó todo el verano tocando el acordeón y arrancando notas
a su viejo violín. “No hay nada como la música”, se decía mientras marcaba el
ritmo con sus patas. A menudo, veía pasar a las hormigas en hilera, cargadas con
trozos de hojas y granos de cereal y se burlaba:
¡Mira que llegáis a ser tontas! – les decía-. ¡Con el calor que hace y no se os
ocurre nada mejor que trabajar como esclavas! Venga, chicas, marcaos un baile,
que el verano está hecho para cantar y menear la cintura. ¡Ya pensaremos en
almacenar comida cuando caiga el primer copo de nieve!
Pero cuando los días se acortaron y cayó la primera nevada, la alegre violinista no
encontró nada que llevarse a la boca. Temblando de frío, se asomó al hormiguero
para pedir caridad.
Por favor, amigas mías- les suplicó a las hormigas-, ¿por qué no me dais un
granito de trigo o un tallito, por pequeño que sea? A vosotras os sobran las
provisiones y yo, en cambio, tengo tanta hambre que ya no puedo ni cantar.
¿Estás de broma?- respondieron las hormigas con desdén-. Nosotras nos
pasamos el verano trabajando para que no nos faltaran víveres durante el
invierno, y tu, mientras tanto, te dedicabas a cantar al son de tu acordeón. “¡Mira
que llegáis a ser tontas!”, nos decías. “¡El verano está hecho para cantar y bailar!”.
Pues ahora ya sabes lo que tienes que hacer: ¡cantar y bailar sobre la nieve!
Moraleja: No dejes para mañana lo que debas hacer hoy. Debemos ser
constantes, perseverantes y previsores.
Ideas para pensar: Vicio de la Pereza y virtud de laboriosidad – Dar o no dar una
segunda oportunidad a la cigarra – Generosidad de las hormigas.

9.- Las cuentas de la


lechera
Érase una vez una joven campesina que salió al mercado a vender un cántaro
lleno de leche recién ordeñada. Por el camino, iba pensando qué haría con las
ganancias:
“Esta leche es muy buena” se decía. “Dará mucha nata y la batiré muy bien hasta
que se convierta en mantequilla, que me pagarán muy bien en el mercado. Con el
dinero que gane, compraré doscientos huevos. Los huevos me darán hermosos
pollitos, que se pasarán el verano piando en el corral. Cuando empiecen a crecer,
los venderé al mejor precio. Y con ese dinero, compraré un cerdito. Y cuando lo
venda, me compraré el vestido más hermoso y cuando lo vean todas las chicas
del pueblo se morirán de envidia.Me lo pondré el día de la fiesta mayor y seguro
que el hijo del molinero querrá bailar conmigo al verme tan guapa”.

Tan ensimismada iba la joven que no vio una piedra en el camino y tropezó. El
cántaro cayó al suelo, haciéndose añicos. Adiós a la leche, a los huevos, los
pollitos, el cerdito y al maravilloso vestido con los que había soñado.
Moraleja: No hagas castillos en el aire. Sueña cuanto quieras, pero no olvides
mantener los pies en la tierra.
Ideas para pensar: Esta fábula de Esopo nos enseña a huir de las ensoñaciones
y a valorar y ser felices con lo que tenemos. – Utilizar bien la imaginación.

10.- El lobo
disfrazado de oveja
Esto era un lobo muy hambriento que llevaba varios días acechando a un rebaño
de ovejas, pero el pastor las vigilaba tan de cerca que al lobo le era imposible
acercarse a ellas. Un día encontró una piel de oveja en el bosque y tuvo una idea
para despistar al pastor.
Me disfrazaré con esta piel de oveja. Así las ovejas y el pastor creerán que soy
una oveja más.
Y su plan funcionó. Al atardecer, el lobo se acercó al rebaño camuflado y como la
noche era muy oscura, el pastor no se dio cuenta del engaño y el lobo fue llevado
al establo con el resto de las ovejas. El lobo se relamió, pensando en el gran
banquete que se daría por la noche.
Pero, cuando anocheció, el pastor entró en el establo buscando carne para cenar.
Y, creyendo que el lobo era una oveja, lo tomó y se lo llevó. El lobo se revolvía
para poder escapar, y entonces se le cayó la piel de oveja.
El pastor, al descubrirlo, no se lo pensó dos veces: sacó el cuchillo y lo mató.
Moraleja: Quien muchas trampas hace, termina por caer en ellas.
Ideas para pensar: Esta fábula de Esopo quiere enseñar que la mentira y las
trampas siempre nos traerán problemas. Cuanto mayor sea la mentira, mayor será
el daño

11.- La liebre y la
tortuga
Un día una liebre orgullosa y veloz, vió como una tortuga caminaba por el camino
y se le acercó. La liebre empezó a burlarse de la lentitud del otro animal y de la
longitud de sus patas. Sin embargo, la tortuga le respondió que estaba segura de
que a pesar de la gran velocidad de la liebre era capaz de ganarla en una carrera.
La liebre, segura de su victoria y considerando el reto imposible de perder, aceptó.
Ambos pidieron a la zorra que señalara la meta, a lo que esta aceptó, al igual que
al cuervo para que hiciera de juez.
Al llegar el día de la competición, al empezar la carrera la liebre y la tortuga
salieron al mismo tiempo. La tortuga avanzaba sin detenerse, pero lentamente.
La liebre era muy veloz, y viendo que sacaba una gran ventaja a la tortuga decidió
ir parándose y descansando de vez en cuando. Pero en una de las ocasiones la
liebre se quedó dormida. La tortuga, poco a poco, siguió avanzando.
Cuando la liebre despertó, se encontró con que la tortuga estaba a punto de
cruzar la meta. Aunque echó a correr fue demasiado tarde y finalmente la tortuga
ganó la carrera”.
Moraleja: Persiste y vencerás.
Ideas para pensar: Defecto de la liebre, su vanidad y arrogancia, Virtud de la
tortuga, perseverancia. Esta fábula nos enseña que en ocasiones el débil vence al
fuerte. El trabajo duro, la perseverancia, la constancia y el esfuerzo nos llevarán a
alcanzar nuestras metas, aunque sea poco a poco, si no nos rendimos. Por otro
lado, la arrogancia, la falta de constancia y el exceso de seguridad en uno mismo
puede llevarnos a perder oportunidades y no alcanzar nuestras metas.

12.- La oca de los


huevos de oro
Un pobre granjero tenía la costumbre de acoger en su corral a todas las aves que
llegaban extraviadas a su granja. Un día apareció entre sus gallinas una oca de
plumas blancas y el granjero le dio de comer. A la mañana siguiente cuando se
acercó al corral, se quedó asombrado al descubrir en su nido de paja un reluciente
huevo de oro macizo. El granjero y su mujer estaban contentísimos.
Durante meses, la oca puso un huevo cada día y los granjeros bendecían su
buena suerte. La pareja empezó a llevar una vida de lujo y despilfarro. Comían,
bebían y vestían con prendas muy caras y gastaban el dinero en todo tipo de
caprichos. A pesar de ser más ricos de lo que nunca habrían soñado, nunca
estaban contentos.
Incluso pensaban que con un huevo de oro al día no tenían suficiente.
Así que a la mujer se le ocurrió la idea de abrir a la oca en canal, y así conseguir
todos los huevos a la vez.
Fueron al corral en busca de la oca y la destriparon, pero en su interior no
encontraron ningún huevo de oro.
¡Dios mío!, ¿qué hemos hecho?, sollozaban.
Desde aquel día se acabaron los caprichos y como habían derrochado todo el
dinero, los granjeros volvieron a sufrir penalidades. Y todas las mañanas decían:
¡Ay si no hubiéramos matado a la oca de los huevos de oro!
Moraleja: Quien todo lo quiere, todo lo pierde
Ideas para pensar: Vicio de la codicia y la avaricia – Para ser feliz no hace falta
ser rico. Debemos valorar lo que tenemos.

13.- El león y el ratón


Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de
su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser
devorado, el ratón le pidió que le perdonara, prometiéndole que algún día le
devolvería el favor.
El león echó a reír y lo dejó marchar, perdonándole la vida.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con
una cuerda a un frondoso árbol, y por más que lo intentaba, no podía romper los
gruesos nudos. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león,
recordó la promesa que le había hecho, y corrió al lugar. A toda prisa, subió al
árbol y comenzó a roer la cuerda con sus pequeños dientes de roedor, dejándolo
libre.
—Días atrás — le dijo —, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti
en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos
agradecidos y cumplidos.
Moraleja: Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando
llegue el momento las cumplirán.
Ideas para pensar: Nos enseña a valorar a todos, sin importar su aspecto o
apariencia – A veces, hasta los más grandes necesitan de los pequeños – Virtud
de la gratitud.
14.- La cola del pavo
real
Hubo un tiempo en que los pavos reales podían volar más alto que cualquier otro
pájaro. Un día, después de remontarse por los aires y casi tocar las nubes, al pavo
real descendió y se posó a la orilla de un estanque de aguas plácidas y contempló
su imagen reflejada en el agua.
¡Que feo soy!, se dijo, descontento con el color pardo y el tono de su plumaje.
Daría cualquier cosa por que mis plumas brillasen con hermosos reflejos de
colores.
Y aquella noche se durmió lamentándose de su aspecto vulgar.
Al día siguiente al despertar, comprobó que sus plumas marrones habían cobrado
un brillante color irisado, en el que el azul marino se mezclaba con el verde
esmeralda, el púrpura y el turquesa, y su cola era larga, y se desplegaba como el
abanico de un emperador.
Fascinado con su nueva imagen, el pavo real empezó a pasearse por el bosque
presumiendo de su belleza. Y decía a todos los animales con los que se cruzaba
que iba a volar por encima de los árboles para que todos pudieran admirar la
belleza de sus plumas.
Entonces el pavo real desplegó sus alas, pero cuando intentó elevarse, descubrió
que el peso de su larga cole le impedía alzar el vuelo.
Desde la rama de un abedul, un gorrioncito de plumas marrones vio los esfuerzos
del pavo real y le dijo:
¿No querías tener las alas más bonitas del mundo? Pues ahora ya las tienes. ¿De
verdad crees que merecía la pena pagar por ellas un precio tan alto?Y antes de
que el pavo real pudiera replicar, el gorrión alzó el vuelo y desapareció en el aire,
dejando al pavo real pensativo.
Moraleja: La vanidad se paga cara.
Ideas para pensar: No dar excesiva importancia a la apariencia. No ser un
presumido.
15.- El niño y las
almendras
Un niño que tenía mucha hambre vio un tarro lleno de almendras en la mesa de la
cocina y se le hizo la boca agua.
¿Puedo coger unas almendras, mamá?
Coge un puñado, respondió la mujer mientras amasaba una torta, pero ni una
más, que vamos a cenar enseguida.
Como el niño era muy tragón, metió la mano en el tarro y cogió todas las
almendras que pudo. Pero su puño abultaba tanto que no lo podía sacar. Una y
otra vez, tiró con fuerza y retorció la mano hasta hacerse daño en los nudillos,
pero todo fue inútil.
Cariño, le dijo su madre. ¿No ves que si no sueltas unas pocas almendras no
lograrás sacar la mano? Anda, cómete ocho o nueve, y ya te daré más cuando
hayamos cenado.
Moraleja: Más vale poco que nada.
Ideas para pensar: Nunca se debe abarcar demasiado ni más de lo debido.Virtud
de la templanza.
16.- Los viajeros y el
oso
Dos jóvenes amigos cruzaban el bosque por una senda solitaria cuando de pronto
oyeron un ruido de pasos por entre la maleza. Comprendiendo que una bestia se
acercaba, uno de los viajeros se apresuró a trepar a un árbol mientras susurraba
alarmado:
¡Ay, como sea un oso!
Apenas había alcanzado la primera rama cuando un enorme oso pardo salió de
entre los arbustos. El muchacho que se había subido al árbol se agarraba al
tronco con brazos y piernas, y ni siquiera le tendió la mano a su compañero para
ayudarle a subir. El joven que quedó abajo decidió tirarse al suelo y fingir que
estaba muerto, pues había oído decir que los osos nunca se alimentan de
cadáveres.
El truco dio resultado, pues el oso se agachó junto al muchacho que se hacía el
muerto y le olisqueó la cara y le revolvió el pelo con el hocico y sin hacerle ningún
daño, se marchó por donde había venido, para sorpresa de los dos amigos.
Entonces el joven que había subido al árbol corrió a abrazar a su compañero y le
dijo maravillado:
¡Qué suerte has tenido: el oso no te ha hecho nada! Pero me ha parecido que te
susurraba algo al oído…
Así es- respondió el otro-: me ha aconsejado que la próxima vez que salga de
viaje elija mejor a mi compañero.
Moraleja: Desecha la amistad de la persona que al verte en un peligro, te
abandona.
Ideas para pensar: Valor de la amistad verdadera. Pensar cómo son mis amigos
y qué virtudes buscamos en ellos.

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