Capitulo I
La Seguridad social. Definición. Caracteres y Trabajo Decente
I.- Definición
La Organización Internacional del Trabajo ( - ILO) define la Seguridad Social como la protección
que una sociedad proporciona a los individuos y los hogares para asegurar el acceso a la asistencia
médica y garantizar la seguridad del ingreso, en particular en caso de vejez, desempleo,
enfermedad, invalidez, accidentes del trabajo, maternidad o pérdida del sostén de familia.
La seguridad social está claramente definida en los Convenios de la OIT y en los instrumentos de la
ONU como un derecho fundamental –aunque en realidad sólo una pequeña proporción de la gente
en nuestro planeta disfrute del mismo.
En términos generales es un sistema basado en cotizaciones que garantiza la protección de la salud,
las pensiones y el desempleo, así como las prestaciones sociales financiadas mediante impuestos, la
seguridad social se ha convertido en un reto universal en un mundo globalizado.
Hasta no hace mucho se suponía que la proporción creciente de la fuerza de trabajo de los países en
desarrollo, terminaría en un empleo en el sector formal cubierto por la seguridad social. Sin
embargo, la experiencia ha mostrado que el crecimiento del sector informal se ha traducido en tasas
de cobertura estancadas o en proceso de reducción. Aún en países con un elevado crecimiento
económico, cada vez más trabajadores, a menudo mujeres, se encuentran en empleos menos
seguros, como es el trabajo eventual, el trabajo a domicilio y algunos tipos de empleo por cuenta
propia que carecen de cobertura de la seguridad social. Los grupos más vulnerables que no forman
parte de la fuerza de trabajo, son personas con discapacidad y personas mayores que no pueden
contar con el apoyo de sus familiares y que no están en condiciones de financiar sus propias
pensiones.
En el orden local podemos definir a la seguridad social como el derecho de las personas a gozar de
protección ante las distintas contingencias y necesidades específicas que enfrentan en cada una de
las etapas de su vida, desde el nacimiento hasta la vejez y la muerte. Es la forma en que la sociedad
da respuesta a las diversas problemáticas que tienen sus miembros y en especial, los más
vulnerables.
Ahora bien, retomando la definición dada al principio las contingencias son aquellas situaciones que
tienen alguna probabilidad de ocurrir a lo largo de la vida de las personas. Por ejemplo: un accidente
de trabajo, una enfermedad, un período de desempleo, el embarazo y nacimiento de un hijo/a, la
invalidez parcial o total, o el fallecimiento del proveedor/a de ingresos del hogar, etc.
En general, se trata de situaciones que obligan a las personas a dejar de trabajar y de percibir
ingresos laborales –temporal o permanentemente– y ponen en riesgo las condiciones de vida del
trabajador y de su familia o generan cargas económicas extra. Otros eventos, en cambio, ocurren
con certeza: todas las personas envejecen, y en algún momento mueren. Ese envejecimiento, que
finalmente impedirá trabajar, se constituye, para la seguridad social, en una necesidad: la de seguir
recibiendo un ingreso económico cuando ya no se puedan desarrollar actividades remunerativas.
Desde el punto de vista de los Derechos Humanos la seguridad social ha sido considerada como un
derecho humano básico en la Declaración de Filadelfia de la OIT (1944), y en su Recomendación
sobre la Seguridad de los medios de vida, 1944 (Núm. 67). Este derecho está confirmado en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948, y en el Pacto Internacional sobre Derechos
Económicos, Sociales y Culturales, 1966.
Estos documentos tienen como eje la dignidad humana, y en la misma medida que se reconoce que
la miseria es uno de los mayores atentados a la dignidad de las personas, la seguridad social ha sido
en la sociedad actual el sistema más eficaz, y a la vez el más complejo, para remediarla. En
definitiva, la función esencial para la que han sido creados los sistemas de protección social –y la
razón por la cual es un derecho humano fundamental– es la cobertura de las necesidades básicas de
los seres humanos para que puedan llevar una vida digna.
En la Argentina, en el año 1957 se incorporó a la Constitución Nacional el texto de “artículo 14
bis”. Con la reforma constitucional de 1994 los textos sobre derechos humanos tienen rango
constitucional conforme art. 75.22 de nuestra máxima norma jurídica
Por lo tanto, el Estado argentino ha asumido el compromiso de adoptar medidas encaminadas a
lograr el pleno ejercicio del derecho a la seguridad social.
Una serie de instrumentos garantizan en la Argentina el derecho a la seguridad social.
En abril de 2011, el Congreso de la Nación ratificó el Convenio 102 de 1952 , de la OIT, relativo a
la Norma Mínima de la Seguridad Social1.
Este es el único convenio internacional que trata sobre las nueve ramas de la seguridad social: 1.
asistencia médica; 2. prestaciones monetarias por enfermedad; 3. prestaciones de desempleo; 4.
prestaciones de vejez; 5. prestaciones en caso de accidentes de trabajo o enfermedad profesional; 6.
prestaciones familiares; 7. prestaciones de maternidad; 8. prestaciones de invalidez; 9. prestaciones
de sobrevivientes.
Este Convenio 102 de la OIT establece estándares mínimos para cada una de estas ramas y enuncia
principios para la sostenibilidad y buena gobernanza de los sistemas que ofrecen estas prestaciones.
Se establecen parámetros de cantidad de personas cubiertas en cada rama, así como niveles mínimos
de las prestaciones que los estados deberán garantizar.
Otros convenios y recomendaciones de la OIT relativos a las políticas de extensión de la seguridad
social son
• Convenio sobre la igualdad de trato (seguridad social), 1962 (núm. 118)
• Convenio sobre las prestaciones en caso de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales,
1964 (Cuadro I, Lista de Enfermedades profesionales, Enmendado en 1980) (núm. 121)
• Convenio sobre las prestaciones de invalidez, vejez y sobrevivientes, 1967 (núm. 128)
• Convenio sobre asistencia médica y prestaciones monetarias de enfermedad, 1969 (núm. 130)
• Convenio sobre la conservación de los derechos en materia de seguridad social, 1982 (núm. 157) •
Convenio sobre el fomento del empleo y la protección contra el desempleo, 1988 (núm. 168)
• Convenio sobre la protección de la maternidad (Revisado), 2000 (núm. 183)
En 2001, la Conferencia Internacional del Trabajo adoptó la Resolución y Conclusiones Relativas a
la Seguridad Social
II.- Los principios de la seguridad social
1
En la Conferencia General de 1952, la OIT aprobó el Convenio N° 102 de Seguridad Social en el Trabajo. En
este convenio se establece por primera vez la integralidad de la seguridad social, al incorporar al mismo
tiempo todos sus componentes
Un objetivo primordial de las políticas de seguridad social emanadas de los instrumentos nacionales
e internacionales es garantizar el goce del derecho sin discriminación alguna.
Por lo tanto, se rigen por una serie de principios fundamentales. Estos son:
a) Universalidad en la cobertura: La seguridad social es un derecho humano. Por lo tanto, toda
persona, en tanto miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social y la garantía de ese
derecho debe ser la misma para todas las personas ante la misma situación o contingencia. La idea
de universalidad, al establecer que el derecho a la seguridad social no debe discriminar etnia, sexo,
idioma, religión, orientación política, nacionalidad, propiedad, ingreso ni ninguna otra pertenencia
y/o característica. En este sentido, en la Argentina no se hace distinción en cuanto a la nacionalidad,
origen o idioma del trabajador en relación con el pago de las prestaciones de seguridad social. En
algunos casos se exige una antigüedad mínima en la residencia. La cobertura de salud nos brinda un
muy buen ejemplo sobre lo que significa la universalidad: cualquier persona ante un problema de
salud tiene derecho a ser atendido en los hospitales públicos, centros de salud y algunos
dispensarios, sin restricciones, independientemente de su nacionalidad, origen o procedencia.
b) Unidad: La seguridad social debe ser integral y funcionar como un todo, estableciendo criterios
congruentes y coordinados cuando existen diversos sistemas de seguridad social, otorgando
beneficios de igual categoría para todos los receptores de los servicios.
Con este principio no se busca la centralización o unificación del sistema de seguridad social en una
sola entidad como pudiera ser el Estado, sino lo que se pretende es la de que exista congruencia en
la recepción de beneficios de las diferentes entidades que participan en la administración de los
sistemas de seguridad social, de modo que la multiplicidad de instituciones no quebrante el
principio de unidad.
c) Igualdad: La igualdad como principio general es el derecho y garantía social aplicable al
campo de la seguridad social, que se traduce en que todo aquel que tenga acceso a la seguridad
social debe recibir los mismos beneficios que todas aquellas que se encuentran en la misma
situación.
d) Integridad de los Beneficios. Este principio, es la garantía de cobertura de todos los beneficios de
seguridad social. Los beneficios de seguridad social no deben quedarse en la protección de los
riesgos originales (invalidez, vejez, muerte, enfermedad y maternidad). Deben detectarse las
diferentes necesidades sociales para acudir a su protección, ampliando y concediendo de acuerdo a
las diferentes necesidades de toda la población, hasta lograr la plena garantía de los beneficios
integrales de la seguridad social.
e) Mejora de los beneficios. Este principio tiene analogía con el principio de retroactividad de la
Ley contenido en el primer párrafo del artículo 14 Constitucional y que en nuestra legislación tiene
aplicabilidad y sirve de fundamento en las situaciones que pudieran presentarse. Se basa en el
concepto de progresividad de los convenios internacionales. Así que, si por un lado los beneficios se
modifican cualitativa y cuantitativamente, en tales condiciones deben otorgarse en favor de los
beneficiados, si por el contrario se modifican los beneficios en su perjuicio, entonces esa
modificación no deberá de aplicarse.
Es pertinente aclarar que este principio no se rompe cuando se modifica o se crea un beneficio
similar en otra área del sistema de seguridad social, ni tampoco cuando resultan necesario hacer un
ajuste para corregir un error o bien para corresponder a una realidad económica y social.
f) Eficacia de los Servicios. También llamado este principio de inmediatez. Donde los beneficios de
seguridad social deben llegar en forma oportuna e inmediata. Para ello, para que los beneficios sean
eficaces, es necesario que los procedimientos y trámites administrativos sean breves y sencillos, los
plazos para el otorgamiento de beneficios sean cortos y en general para que todo esto ocurra, la
atención, prestación y otorgamiento de los servicios debe desconcentrarse. Es decir, para que no
todos los trámites y servicios se otorguen en un mismo lugar, para que las distancias territoriales no
sean obstáculo en la obtención de los beneficios.
g) Participación social. Este principio se basa en la participación de todos los actores sociales,
públicos y privados, involucrados en los sistemas de Seguridad Social y por tanto deben estar
representados en la dirección de las entidades que administran los diferentes programas, teniendo
también injerencia en el diseño del sistema y de todos los cambios y servicios que se deban otorgar.
Tal es el caso de la participación social en nuestro país por medio del tripartidismo, donde los
diferentes sectores que integran las instituciones de seguridad social participan en su constitución,
dirección y funcionamiento.
h) Preferencia de recursos. Uno de los fines del Estado es la tutela de la sociedad y otorgar y
mantener su bienestar. Por tanto, debe preferirse la asignación de recursos económicos a los
programas de seguridad social, particularmente a aquellos que tienden a la satisfacción de las
necesidades fundamentales. Este principio es de especial importancia en cualquier escenario, ya que
para superar cualquier situación económica crítica del Estado, la población debe encontrarse en
condiciones de afrontar cualquier contingencia, por tener uno de los principales satisfactores que es
la plena seguridad social.
III.- Caracteres de la seguridad social
De los principios antes desarrollados podemos inferir estos caracteres del sistema de seguridad
social. Con la expresión "caracteres de la seguridad social " vamos a aludir a unos rasgos o notas
que forman parte del núcleo más profundo de su propia naturaleza o modo de ser, hasta el punto de
que, si le falta alguno de esos rasgos, esa realidad que llamamos Derecho de la Seguridad no
existiría en su sentido propio y pleno
a) Solidaridad: Este carácter está estrechamente vinculado con la noción de “bienestar general”.
Implica comunidad de intereses y aspiraciones; es decir, la unión y colaboración conjunta y
recíproca de todos los integrantes de la sociedad. No vivimos una vida aislada, sino que integramos
una comunidad formada por personas de las cuales podemos separarnos solo relativamente. Por el
hecho de formar parte de la misma sociedad, las personas establecen lazos de solidaridad entre sí,
aunque no se conozcan, porque el bienestar de cada uno es el bienestar de la comunidad en su
conjunto. Estos lazos se dan entre personas de la misma generación que se encuentran en diferentes
situaciones y entre personas de distintas generaciones. La política de seguridad social debe hacer
visibles y más estrechos esos lazos, contribuyendo de este modo al bienestar de todos. En virtud de
la solidaridad, el rico ayuda al pobre, el que más tiene al que menos tiene; una generación activa
ayuda a otra ya pasiva, sin que desaparezca la responsabilidad individual de cada uno y sin que la
dignidad humana sufra desmedro, como tampoco la libertad de cada cual, sino que, justamente, el
ejercicio de la solidaridad respalda y define la libertad, la dignidad y la responsabilidad.
b) Universalidad. De todo lo expresado hasta ahora, surge con claridad que uno de los caracteres
fundamentales de la Seguridad Social es la tendencia a cubrir o amparar a todos los hombres, sin
hacer distingos. Los derechos que incluye la Declaración Universal de los Derechos Humanos
pertenecen a todos los seres humanos por el mero hecho de serlo. La Asamblea General de las
Naciones Unidas ha declarado que los Derechos Humanos mantendrán su carácter de integralidad,
interdependencia, inalienabilidad y universalidad.
c) Integralidad. La Seguridad Social se orienta hacia el amparo de todas las contingencias sociales
característica conocida “integralidad" de las prestaciones. Se trata de derechos que dada su
condición de derivados de su naturaleza humana que es una sola. De allí que no pueda validarse
ningún criterio para imponer distinciones o restricciones a esa unidad humana. La integralidad hace
referencia al derecho de cada persona a exigir el disfrute de todos los derechos. Por lo tanto, todas
las personas son sujetas de todos los derechos, ningún Estado podrá aducir alguna circunstancia
para negar parcialmente los Derechos Humanos a alguna persona o grupos de personas. Ellos no
son divisibles, pues en gran medida la violación de algún derecho, actúa en detrimento de otro. Así,
la indivisibilidad y la interdependencia de los Derechos Humanos, fueron proclamadas desde 1968,
en la Conferencia de Teherán, con la finalidad de brindar una protección más eficaz al ejercicio de
los Derechos Humanos.
d) Unidad. Los tres caracteres anteriores exigen cierta unidad o armonía en la organización
legislativa, administrativa y financiera de sistema, evitando contradicciones, desigualdades,
injusticias y complejidades. La unidad es un derivado de la universalidad y de la integridad, así
como de la solidaridad.
e) Equidad: Se trata de un carácter del sistema que deriva del principio justicia social. La equidad
se caracteriza por el uso de la imparcialidad para reconocer el derecho de cada uno, utilizando la
equivalencia para ser iguales.
IV.- El concepto de trabajo decente
El término trabajo decente puede generar, para quien lo aborda por primera vez, alguna confusión
de tipo semántico ya que puede ser confundido por el objeto como lo contrario del trabajo ilícito
previsto en el art. 39 de la L.C.T..
La decencia en alguna de sus acepciones es “dignidad en los actos y en las palabras, conforme el
estado o calidad de las personas”2. Me parece que ese sentido es el que mejor se adecua al término
trabajo decente elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT ) por sobre recato,
honestidad o modestia. Estos, que de cualquier modo se vinculan con el sentido del término, se
relacionan más con la finalidad del contrato que las condiciones en que debe ser prestado y
protegido el trabajador en la prestación de servicios laborales en la sociedad moderna.
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de 1995 propuso un marco exhaustivo para potenciar
el aporte del sistema de las Naciones Unidas a un modelo de crecimiento más equilibrado e
inclusivo basado en la justicia social.
2
Real Academia Española Diccionario de la lengua española Tomo I – Vigésima primea edición-, Madrid,
1992, pág 665
Este marco estableció las bases de diversas Cumbres subsiguientes: de los Objetivos de Desarrollo
del Milenio y del Programa de Trabajo Decente. Como expresó la Comisión Mundial sobre la
Dimensión Social de la Globalización y el relativo trabajo de la OIT y de las Comisiones
Económicas Regionales, el modelo de globalización y el patrón de crecimiento que han emergido
durante los últimos 30 años suscita una preocupación cada vez mayor.
Aunque este modelo, sin duda ha estimulado el crecimiento económico mundial, también ha
generado un aumento en la desigualdad de los ingresos y otras desigualdades dentro de los países.
En tal sentido, no ha logrado reducir los altos niveles de empleo informal generando un retraso de
trabajo decente en relación con el incremento de la fuerza laboral, así como altos niveles
persistentes de desempleo y subempleo juvenil en todas las regiones.
Esto es lo que el Director General de la OIT, en su informe a la Conferencia Internacional del
Trabajo en lo que denominó como una nueva era de justicia social, llamó crecimiento “ineficiente”
ya que “la pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos”3.
Es que “las personas en condiciones de pobreza ejercen cada día su voluntad de sobrevivir, pero sin
el apoyo ni la posibilidad de ascender por la escalera de las oportunidades. Imaginen hasta donde
podrían llevarlos sus propios esfuerzos si esa escalera estuviera en su lugar. Tenemos la
responsabilidad colectiva de colocarla allí”4.
Casi la mitad de los 2,8 mil millones de trabajadores del mundo no ganan lo suficiente como para
superar junto con sus familias la línea de pobreza de 2 dólares diarios. La pobreza no es un
problema exclusivo de los pobres. Es difícil imaginarse lograr la estabilidad política y social y la
seguridad mundial cuando un número tan grande de personas continúa atrapado en la pobreza o
cuando se enfrentan a escasas oportunidades en un sistema global que les parece discriminador e
injusto.
La lucha contra la pobreza y en favor de la integración social va más allá del aumento de los
ingresos. Se trata también de derechos, dignidad y comunicación que permitan a las personas
desarrollar su potencial económico, social y político.
El trabajo decente resume las aspiraciones de las personas en su vida laboral, aspiraciones en
relación a oportunidades e ingresos; derechos, voz y reconocimiento; estabilidad familiar y
3
Declaración relativa a los fines y objetivos de la Organización Internacional del Trabajo, Filadelfia, 1944
4
Juan Somavia Director General de la OIT
desarrollo personal; justicia e igualdad de género. Las diversas dimensiones del trabajo decente son
pilares de la paz en las comunidades y en la sociedad.
Este concepto se vincula, sin dudas, con el concepto de proyecto de vida que ha sido recogido por
nuestra Corte Suprema de Justicia Nacional en el precedente “Arostegui”5 siguiendo la doctrina del
la Corte Interamericana de Derecho Humanos6. Esta, si bien referida a la reparación del daño por
accidente, ha considerado que debe valorarse a la persona por el exclusivo hecho de ser persona –
es decir persona en su subjetividad y dignidad irreductible, dotada de una personalidad singular y
justamente por ello titular de atributos e interesas que no son susceptibles de apreciación en
términos económicos.
El Derecho se ocupa entonces de construir principios y reglas que tienen objeto la tutela de esa
dimensión existencial. Claramente el trabajador como persona y como “sujeto preferente de tutela”7
merece que su prestación de servicios laborales estén dados en un marco que permita su realización
personal y no sean por el contrario un obstáculo para ella.
En este sentido, afirma la Corte Suprema de Justicia que “tal como lo ha juzgado la Corte
Interamericana de Derechos Humanos "[e]l 'proyecto de vida' se asocia al concepto de realización
personal, que a su vez se sustenta en las opciones que el sujeto puede tener para conducir su vida y
alcanzar el destino que se propone. En rigor, las opciones son la expresión y garantía de la libertad.
Difícilmente se podría decir que una persona es verdaderamente libre si carece de opciones para
encaminar su existencia y llevarla a su natural culminación. Esas opciones poseen, en sí mismas, un
alto valor existencial y su cancelación o menoscabo implican la reducción objetiva de la libertad”8
El acceso a un nivel adecuado de protección social es un derecho fundamental de todos los
individuos reconocido por las normas Internacionales del trabajo y por las Naciones Unidas.
Además, es considerado un instrumento para la promoción del bienestar humano y el consenso
social, que favorece la paz social y es indispensable para lograrla, y por lo tanto para mejorar el
crecimiento y el comportamiento de la economía.
5
CSJN Arostegui Pablo Martín v. Omega Aseguradora de Riesgos del Trabajo SA y otro S 8 de abril de 2008
6
Corte Interamericana de Derechos Humanos Loayza Tamayo vs. Perú, serie C n. 33, del 17/9/1997; Corte
Interamericana de Derechos Humanos , Bulacio v. Argentina S : 18/09/2003, SJA 2/6/2004; Corte
Interamericana de Derechos Humanos Masacre de Mapiripán v. Colombia 15/9/2005
7
CSJN Aquino, Isacio c/ Cargo Servicios Industriales S.A." S 21/9/2004
8
CSJN Arostegui Pablo Martín v. Omega Aseguradora de Riesgos del Trabajo SA y otro 8 de abril de 2008
Otro aspecto vinculado al trabajo decente es la discriminación. Cientos de millones de personas son
víctimas de la discriminación en el mundo del trabajo. Esto viola derechos humanos fundamentales,
y además tiene profundas consecuencias económicas y sociales. La discriminación sofoca las
oportunidades, desperdicia un talento humano que es necesario para el progreso, y acentúa las
tensiones y desigualdades sociales. Combatir la discriminación es un componente esencial del
trabajo decente, y los logros repercuten mucho más allá del lugar de trabajo.
Los temas relacionados con la discriminación están presentes en todo el trabajo de la OIT. La no
discriminación es el principio más importante del repertorio de recomendaciones prácticas sobre
VIH/SIDA y el mundo del trabajo.
El programa trabajo decente aborda como temas centrales la creación de empleos que compatibilice
con una globalización justa. De este modo el debido reconocimiento de los derechos en el trabajo
requieren diálogo social y protección social a fin de superar la pobreza mediante el trabajo.
Los temas relacionados con ellos se vinculan con las condiciones de trabajo, inspección del trabajo,
migración laboral, salud y seguridad en trabajo, seguridad social y discriminación.
Veamos entonces algunos problemas centrales del denominado “trabajo decente”.
V.- Problemática del concepto trabajo decente
El concepto trabajo decente implica para el trabajador moderno oportunidades de trabajo
productivo con un ingreso justo, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para las
familias.
También implica mejores perspectivas para el desarrollo personal y la integración social, libertad
de expresar opiniones, organizarse y participar en la toma de decisiones e igualdad de trato para
todas las mujeres y hombres.
En todo el mundo las personas enfrentan déficit, brechas y exclusiones como consecuencia del
desempleo y subempleo, de trabajos de poca calidad e improductivos, de trabajo peligroso e
ingresos inseguros, de derechos negados, desigualdad de género, de la explotación en el caso de
trabajadores migrantes, de falta de representación y voz, protección y solidaridad inadecuadas para
enfrentar enfermedades, discapacidad o vejez.
Conforme surge de las estadísticas de la OIT hay cerca de 200 millones de desempleados, más que
nunca antes en la historia. La mitad de los trabajadores del mundo viven con menos de dos dólares
al día. De los desempleados, la OIT estima que 86 millones, cerca de la mitad del total, son jóvenes
entre 15 y 24 años. Uno de cada siete niños en el mundo continúa involucrado con algún tipo de
trabajo infantil. Accidentes y enfermedades en el trabajo causan dos millones de muertes al año, un
promedio de 6.000 al día sólo por citar algunos ejemplos.
De este modo, en primer lugar, más que nunca antes es necesario colocar el empleo en el centro de
las políticas económicas y sociales. Incluso entre aquellos que trabajan, la persistencia de la pobreza
plantea la necesidad de contar con empleos que sean productivos y dignos. La lentitud con la cual se
genera trabajo decente en el mundo hace necesaria una mayor coordinación de las políticas
macroeconómicas, así como políticas activas del mercado de trabajo al nivel de cada país.
En este sentido Stiglitz9 ha dicho que “las políticas adoptadas frente a la crisis financiera mundial
que estalló en 2008, promueven casi exclusivamente los intereses nacionales. El proteccionismo y
los planes nacionales de salvamento de bancos y de reactivación económica están distorsionando la
competencia en detrimento de los países en desarrollo, de la protección social y de la meta de una
recuperación rápida. Y tal vez haya una destrucción de empleos excepcional. El autor aboga por que
se adopte un plan mundial de reactivación económica. Defiende también una reconsideración de las
ideas y reglamentaciones económicas y de la asistencia al mundo en desarrollo, una actitud menos
exigente del Fondo Monetario Internacional y el apoyo a la protección social para que actúe como
estabilizador. La cuestión más descollante de la actualidad es, sin lugar a dudas, la crisis económica
mundial. Comenzaremos el artículo refiriéndonos a algunos aspectos muy generales de la misma
para pasar después a otros más concretos como el trabajo decente y la protección social. La crisis
está afectando a todas las naciones del mundo, incluidos los países en desarrollo. Durante cierto
tiempo se creyó en el mito de que la crisis surgida en los Estados Unidos quedaría circunscrita a este
país, por lo que no llegaría ni a Europa ni a los países en desarrollo. Ya es indudable que no es así.
La globalización ha unido a toda la economía mundial y no puede darse un desplome del país más
rico del mundo sin que tenga repercusiones en todos los demás”.
Uno de los sectores donde más impacta el problema de la crisis es sin dudas en el trabajo de las
mujeres. En la edición de Tendencias mundiales del empleo de las mujeres, publicado el Día
Internacional de la Mujer en el año 2009, figura un análisis de los datos iniciales recabados.
9
STIGLITZ, Joseph Crisis mundial, protección social y empleo Revista Internacional del Trabajo, vol. 128
(2009), núm. 1-2, 2009
Las previsiones apuntan a un aumento del número de desempleadas cifrado en 22 millones para el
final del ejercicio. En general, los hombres y las mujeres se han visto afectados de manera diferente
desde el mismo inicio de la recesión económica, como resultado de la distinta situación en el
empleo de unos y otras antes de la crisis. Las situaciones débiles en el mercado laboral se ven
exacerbadas por las crisis. Eso puede observarse en esta primera etapa: en las economías
desarrolladas hay más hombres que mujeres que pierden su puesto de trabajo. Tal circunstancia se
debe al hecho de que, en los sectores en los que se producen las mayores pérdidas de empleos
actualmente, como los de la manufacturación y la construcción, prevalece la mano de obra
masculina. Sin embargo, se prevé que esta "punta del iceberg" se vea superada por las pérdidas de
puestos de trabajo de mujeres a medida que se produzca la siguiente oleada de quiebras, cierres y
recortes.
Por ejemplo, las tasas de desempleo de las mujeres siguen siendo superiores en comparación con las
de los varones: en 2008, las tasas mundiales de desempleo se situaron en un 6,3% en el caso de las
mujeres, frente al 5,9% de los hombres y, en 2009, la tasa femenina ascendió al 7,4%, por encima
del 7% de los varones. Por otro lado, las mujeres siguen padeciendo múltiples desventajas en lo que
se refiere al acceso a los mercados de trabajo. Su presencia es mayor en la economía informal, en el
empleo vulnerable, y en los trabajos a tiempo parcial, y como promedio, su remuneración sigue
siendo inferior a la de los hombres por trabajos del mismo valor.
Así, conforme lo sostiene la OIT, la crisis mundial del trabajo es uno de los mayores riesgos que
enfrentamos en la actualidad. Si decidimos continuar por este camino, el mundo corre el riesgo de
ser cada vez más fragmentado, proteccionista y conflictivo. Una escasez prolongada de
oportunidades de trabajo decente, inversiones insuficientes y bajo consumo causan una erosión del
contrato social que caracteriza a las sociedades democráticas, según el cual todos debemos
compartir el progreso.
Las experiencias en muchos países sugieren que los riesgos de desórdenes son mayores donde la
necesidad de oportunidades de trabajo decente es ignorada. Y que la superación de las crisis es más
veloz donde las comunidades pueden trabajar juntas para la reconstrucción.
En tal sentido, sin dudas, la igualdad de género debe constituir un principio esencial en toda
respuesta sobre políticas, ya que los efectos de la crisis económica y financiera trascienden el
ámbito de las mujeres como trabajadoras, y repercuten en la estabilidad general de la sociedad,
considerando los diversos papeles que desempeñan éstas.
Otro de los sectores afectados es el de los jóvenes. En tal sentido, ha afirmado Juan Somavia que"
es necesario un mayor esfuerzo para mejorar la productividad, los ingresos y las condiciones de
trabajo para reducir la pobreza que afecta cerca de la mitad de todos los trabajadores del mundo.
Vivimos un momento de oportunidad e incertidumbre en el cual muchas de las barreras que
impedían a las mujeres y hombres desarrollar por completo sus capacidades están derrumbándose,
pero en el cual los buenos trabajos que proveen las bases de la seguridad sobre las cuales construir
sus vidas son cada vez más difíciles de encontrar".
El segundo tema relativo a nuestra materia ( hay otros que no tratamos por ser propios del derecho
laboral como la representación gremial) se vincula con la discriminación. Cientos de millones de
personas son víctimas de la discriminación en el mundo del trabajo. Esto viola derechos humanos
fundamentales, y además tiene profundas consecuencias económicas y sociales. La discriminación
sofoca las oportunidades, desperdicia un talento humano que es necesario para el progreso, y
acentúa las tensiones y desigualdades sociales. Combatir la discriminación es un componente
esencial del trabajo decente, y los logros repercuten mucho más allá del lugar de trabajo. Al
promover la libertad sindical, por ejemplo, la OIT busca prevenir la discriminación contra los
sindicatos y sus dirigentes.
En nuestro país la jurisprudencia de nuestros tribunales superiores ha recogido la necesidad de
combatir actos discriminatorios10 establecidos en los Convenios 87, 98 y 111 de la O.I.T. Ha
sostenido la SCBA que “aun cuando se pretenda que traduce una obviedad afirmar que la
discriminación arbitraria configura una negación de la igualdad (Bidart Campos, Germán J.
"Tratado de Derecho Constitucional", t. I-B, pág. 79, Ediar, Bs. As., 2001), cabe reconocer -a partir
de allí- que más allá de las dificultades que pueda reconocer la aplicación efectiva de dicha regla de
justicia material en el ámbito de las relaciones privadas (ante y entre particulares), el enunciado es
enteramente válido para justificar la vigencia de una pauta genérica en el plano de la teoría
constitucional: el derecho a la igualdad y a no ser discriminado arbitrariamente ostenta rango
superior en la escala axiológica de los bienes e intereses jurídicos a proteger (Bidart Campos,
Germán J., ob. cit., pág. 84)”11.
10
Corte Suprema de Justicia de la Nación Asociación Trabajadores del Estado c/Ministerio de Trabajo s/Ley
de Asociaciones Sindicales S 11-11-2008; Álvarez, Maximiliano y otros c/Cencosud SA s/Acción de Amparo S
07-12-2010; SCBA causa L. 97.804, "Villalba, Franco Rodrigo contra The Value Brands Company de
Argentina. Amparo (229)". S 22/12/2010
11
SCBA causa L. 97.804, "Villalba, Franco Rodrigo contra The Value Brands Company de Argentina. Amparo
La no discriminación es el principio más importante del repertorio de recomendaciones prácticas
sobre VIH/SIDA y el mundo del trabajo.
El tercer tema – que es el núcleo que trata nuestra materia - se vincula con el problema de una
protección social adecuada mediante los sistemas de seguridad social. No puede dejar de
mencionase que sólo 20 por ciento de la población mundial tiene una protección social adecuada, y
más de la mitad no tiene ninguna cobertura. Estas personas enfrentan peligros en el lugar de trabajo,
y tienen pensiones y seguros de salud débiles o inexistentes. Esta situación refleja los niveles de
desarrollo económico: en los países menos adelantados ni siquiera 10 por ciento de los trabajadores
está protegido por la seguridad social, en los países de mediano ingreso la cobertura oscila entre 20
y 60 por ciento, mientras que en los países más industrializados se acerca al 100 por ciento.
El acceso a un nivel adecuado de protección social es un derecho fundamental de todos los
individuos reconocido por las normas Internacionales del trabajo y por las Naciones Unidas.
Además, es considerado un instrumento para la promoción del bienestar humano y el consenso
social, que favorece la paz social y es indispensable para lograrla, y por lo tanto para mejorar el
crecimiento y el comportamiento de la economía.
La Protección Social es uno de los cuatro objetivos estratégicos del Programa Trabajo Decente que
contiene principios fundamentales para el trabajo de la OIT.
Desde su creación en 1919, la OIT promueve políticas y ofrece a los Estados miembros
instrumentos y asistencia con el objetivo de mejorar y extender la cobertura de la protección social a
todos los integrantes de la comunidad cubriendo una gama completa de contingencias: seguridad de
ingreso básico en caso de necesidad, asistencia médica, enfermedad, vejez e invalidez, desempleo,
accidentes en el trabajo o enfermedades profesionales, maternidad, responsabilidades familiares y
muerte. Además, se buscan alternativas para mejorar la protección social de los trabajadores
migrantes.
Finalmente el proceso de globalización, a esta altura imposible de detener, hace que debamos
considerar los planes elaborados en el orden internacional y que el mercado laboral cada vez se
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internacionaliza más y las distorsiones que las conductas desviadas producen afectan no sólo el
mercado laboral nacional sino que trasciende a la región y la mundo.
En definitiva, el trabajo decente es una parte importante de la agenda de la OIT que debe ser objeto
de estudio local e internacional a fin de alcanzar la paz mundial. Esta, sin la debida realización de
los sujetos que componen el “pueblo mundo” del que hablaba Alberdi12, no podrá ser alcanzada ya
que sólo es tal la lograda por el consenso de los hombres y no por la disuasión de las armas que sólo
produce el efecto placebo de una paz aparente.
Lo trascendental es crear un esquema normativo que sea eficaz y permita un equilibrado desarrollo
de las partes en pugna. Toda norma es el resultado de la pugna de los sectores de una actividad
determinada.
De allí que para que la misma sea reconocida como válida por los actores sociales se requiere de
una participación de todos ellos en el marco de un proceso democrático donde el legislador asuma
el moderno rol de moderador de intereses y conciliador de las propuestas de las partes quedando de
este modo a su prudente discrecionalidad la solución de aquellos aspectos en los cuales la
transacción de intereses no ha sido posible.
Ello dado que a mayor transaccionalidad mayor eficacia de la norma y por tanto mayor eficiencia
del sistema. Es cierto que “la palabra transacción es desagradable pero es importante que
aprendamos a usarla correctamente. Las instituciones son, inevitablemente, el resultado de una
transacción con las circunstancias, intereses, etc., si bien como personas podemos resistirnos a
influencias de ese tipo”13.
De este modo “ es más fácil llegar a un acuerdo razonable acerca de los males existentes y de los
medios para combatirlos, que con respecto al bien ideal y a los medios para materializarlo, entonces
mayor será nuestra esperanza de que mediante el uso del método gradual se supere la dificultad
práctica más seria de toda reforma política razonable, a saber el empleo de la razón en lugar de la
pasión y la violencia en la ejecución del programa social. Siempre existirá la posibilidad de llegar a
12
Alberdi, Juan B. El Crimen de la Guerra., Sopena Argentina, Segunda edición , Buenos aires, 1957, pág 72
13
Popper, Karl La ciudad abierta y sus enemigos Tomo I, Hyspamérica Ediciones Argentina S.A por Ediciones
Orbis, Buenos Aires, 1985, pág. 159
una transacción razonable de las partes y, por consiguiente, de alcanzar las mejoras mediante
métodos democráticos”14
De este modo, la norma transaccional, propia de las democracias modernas y evolucionadas, que
reemplazan a las soluciones unilaterales e imperativas propias de expresiones autoritarias del
pasado aún en marcos de aparente democracia, será una herramienta útil en pos de lograr un trabajo
decente para, sino la totalidad – que es el desiderátum –, para la mayor parte de los trabajadores.
La transacción social promueve la verdadera paz que está en el hombre o no está en ninguna parte15.
VI.- El sistema de la Seguridad Social de la Argentina El accidente de trabajo
Actualmente, los beneficios o prestaciones de la seguridad social vigentes en Argentina son:
A) las asignaciones familiares - Ley 24.714 -;
B) el seguro de desempleo – Ley 24.013 -;
C) la cobertura de riesgos del trabajo – Ley 24557 y complementarias -;
D) la cobertura de salud - Leyes N° 23.661 y 26.682;
E) la cobertura previsional de jubilaciones y pensiones – ley 24.241.
El Estado argentino en principio cubre todas las ramas de la seguridad social incluidas en el
Convenio 102 de la OIT, aunque no siempre alcanza los valores establecidos en el convenio sobre
cantidad de personas cubiertas y el nivel o cuantía de los beneficios.
Ahora bien, la propia organización internacional incluye dentro de los convenios de la seguridad
social al Convenio N° 102 de asistencia médica, pagos periódicos que correspondan al menos al 50
por ciento del salario de referencia en casos de incapacidad temporal o invalidez, las prestaciones
para las viudas o para los hijos a cargo en caso de fallecimiento del sostén de la familia, con pagos
periódicos que correspondan al menos al 40 por ciento del salario de referencia. Posibilidad de
convertir los pagos periódicos en una suma global, en determinadas condiciones. Excepto en el caso
de una incapacidad para trabajar, la obligación de revisar las tasas de los pagos periódicos en
función de cambios sustanciales en el costo de vida y al convenio 121 que es igual que el Convenio
núm. 102, pero prevé más algunos tipos de asistencia en el lugar de trabajo. Pagos periódicos que
14
Popper, Karl ob cit, pág. 159
15
Alberdi, Juan B. ob cit pág 82
correspondan al menos al 60 por ciento del salario de referencia en casos de incapacidad temporal o
invalidez, prestaciones para la viuda o el viudo inválido a cargo, y para los hijos a cargo, en caso de
fallecimiento del sostén de la familia, con pagos periódicos correspondientes al menos al 50 por
ciento del salario de referencia. Obligación de fijar un monto mínimo para estos pagos, posibilidad
de convertir los pagos en una suma global en determinadas condiciones, y prestaciones
complementarias para las personas cuyo estado requiere la asistencia constante de un tercero.
Estos se complementan con el convenio 155 y su protocolo adicional del año 2002.
Es cierto, que se ha concebido siempre al Estado como el principal, y en muchos casos el único,
promotor de esta rama de la política socioeconómica, en vista que los programas de seguridad
social están incorporados en la planificación general de un país.
En ese contexto el Estado debe ejecutar determinadas políticas sociales que garanticen y aseguren el
bienestar en general, a través de todo el espectro de posibles necesidades que abarca la seguridad
social lo que no obsta que la misma, en algunos casos, se remita a establecer la organización
económica que permita afrontar ciertas contingencias desfavorables, a través de contribuciones
efectuadas en el transcurso del tiempo y de manera colectiva, ya sea por sindicatos o gremios,
grupos profesionales e incluso por toda la población con recursos económicos.
Ahora bien, no se debe perder de vista que la seguridad social tiene por objeto fundamental proteger
la dignidad de la persona, y esa protección no solamente contempla ribetes económicos sino
sustancialmente humanos porque se parte de la certeza que el trabajador es una persona cuyo ser no
es solamente para sí mismo sino para la sociedad en su conjunto.
En esa contextualización la lesión en la salud del trabajador como cualquier enfermedad derivada de
la exposición del trabajador a los factores de riesgos en el trabajo es una afectación a su condición
humana.
En el marco de la seguridad social debe dejare atrás la identificación del accidente de trabajo con un
“daño” que debe ser reparado económicamente y debe ponerse el centro del problema en la persona
humana que trabaja y sufre una contingencia que lo afecta lo que debe motivar una adecuada
respuesta de la seguridad social. En ese contexto deben entenderse las prestaciones dinerarias como
las prestaciones médicas de la ley 24.557.
La LRT, al menos en lo propositivo, intenta legislar sobre las condiciones de trabajo, la reducción
de la siniestralidad laboral y la eliminación los riesgos que producen daño.
Por tanto, el sistema no limita las prestaciones a la mera reparación de los daños derivados del
accidente de trabajo, sino que establece mecanismos para la rehabilitación a cargo de su obligado
las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo contemplando asimismo su obligación de promover la
recalificación del trabajador lesionado que no puede seguir haciendo la tarea que venía realizando.
En ese contexto las prestaciones dinerarias de la Ley de Riesgos del Trabajo son prestaciones de la
seguridad social sustitutivas del salario que hipotéticamente se verá privado el trabajador como
consecuencia del infortunio laboral o la enfermedad profesional pero no son indemnizaciones en el
sentido estricto de las previstas en el Código Civil y Comercial.
Esta situación, como se verá en el capítulo respectivo y en parte fue puesto en consideración en el
precedente “Vera”16 de la SCBA, pone en duda en principio la solución de la opción excluyente que
retomó el art. 4° de la ley 26.773 y rea viva la posibilidad de establecer una acumulación de
opciones.
Finalmente, la objeción de que las prestaciones sociales deben ser dadas por el estado y no por
personas jurídicas de derecho privado con fines de lucro no me parece decisivo para descalificar a la
LRT como un subsistema de la seguridad social.
En este sentido, en el sistema de Sistema de Seguridad Social en Argentina, llamado Sistema Único
de Seguridad Social (SUSS), tiene parte de este administrado por las Obra Sociales y brindado por
la medicina prepaga que debe cumplir el Programa Médico Obligatorio.
El carácter de seguridad social lo brinda el carácter de las prestaciones y la regulación ineludible
por el estado nacional más allá de quien haga efectiva la prestación social.
16
SCBA causa L. 124.807, 'Vera, Isabel contra Fisco de la Provincia de Buenos Aires. Enfermedad accidente'