ESTUDIO DE EFESIOS 2:11-22
INTRODUCCIÓN: Efesios 2:11-22 es un pasaje clave donde el apóstol Pablo enseña sobre
la reconciliación entre judíos y gentiles a través de Cristo. Antes de Cristo, los gentiles
estaban alejados de las promesas de Dios, pero ahora, gracias a Su sacrificio, todos somos
hechos uno en Él. Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la unidad en la Iglesia y el
acceso que tenemos al Padre por medio de Cristo.
1. OBRA SALVADORA DE JESUS: RECUERDA LO QUE FUERON LOS GENTILES ANTES DE
CONOCER A CRISTO Y AHORA LO QUE SON EN ÉL. (Efesios 2:11–13)
La expresión por tanto (v. 11) conecta los pensamientos que siguen con lo que acaba de
expresar respecto a la obra salvadora de Cristo. Pablo llama la atención de sus lectores al
hecho de que antes eran considerados por los judíos, los fariseos en particular, como
inferiores a ellos porque no habían recibido el rito de la circuncisión y por esto fueron
llamados despectivamente los de la incircuncisión. Este hecho fue el motivo de una gran
discriminación contra los gentiles en la mente de los judíos, quienes consideraban
despectivamente a los gentiles como incircuncisos, inmundos y fuera del alcance de la
gracia de Dios. La incircuncisión era como una “cortina de la carne”, una muralla, un
estorbo que separaba a los gentiles de los judíos. Los gentiles en la carne se refieren a su
condición natural como no judíos. Gentiles es éthnos, que significa “las naciones” o sea
las otras naciones que no conocieron a Jehovah como Dios. Estas eran consideradas como
paganas y aborrecidas por los judíos.
A continuación, Pablo menciona la condición espiritual anterior de los efesios. La describe
con tres frases:(1) Sin Cristo, (2) apartados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los
pactos de la promesa, y (3) estando sin esperanza y sin Dios en el mundo (v. 12).
Al decir que estaban sin Cristo señala que los gentiles no conocían a Jesús ni sabían nada
acerca de la promesa de Dios de enviar al Mesías al mundo. La palabra Cristo es Cristós,
que es sinónima con la palabra hebrea para Mesías y las dos significan el “ungido de Dios”,
el Hijo prometido de Dios.
Pablo agrega a esta situación la de estar apartados de la ciudadanía de Israel y ajenos a
los pactos de la promesa (v. 12b). La palabra griega que se traduce apartados significa
alguien que es un extranjero o que es separado de los demás, en este caso, de los judíos.
Ajenos (xénos) se puede traducir “extranjeros” y significa que no fueron incluidos en la
promesa de Dios con el pueblo escogido. Israel fue el pueblo de los pactos. La palabra
“pacto” (diathéke) quiere decir acuerdo, contrato o promesa. La promesa se refiere a la
que hizo Dios directamente con Abraham (Gén. 17:1, 2) y había repetido a Isaac y su
descendencia en varias ocasiones. Esta promesa abarcaba a la descendencia de Abraham
y la identificaba con Jehovah. Los gentiles no fueron contemplados en esta relación íntima
y vital. La expresión sin Dios traduce athéos que también nos da la palabra “ateo”.
Aunque tuvieron muchos dioses, éstos no eran el Dios verdadero. El resultado fue que,
aunque tenían muchos dioses no conocieron al verdadero Dios. Quedaron desprovistos
absolutamente de Dios.
Teniendo presente este recordatorio triste, Pablo procede a señalar en el v. 13 que aquel
estado lamentable había sido cambiado en Cristo: Pero ahora en Cristo Jesús. Antes
estaban fuera de Cristo, ahora están en Cristo Jesús: Expresión favorita de Pablo que usa
para señalar el lugar actual donde está el que cree. Los que antes estaban lejos ya han
sido acercados por la sangre de Cristo (ver Isa. 57:19). La clave reconciliadora es la
sangre de Cristo. Podemos entender que la expresión “ser acercado” significa ser atraído
a, reunido con, o reconciliado con. En otras palabras, la sangre de Cristo obra para quitar
de en medio nuestro estado pecaminoso y demoler todos los obstáculos que nos han
separado de Dios en el pasado.
La frase la sangre de Cristo es una referencia a la muerte de Jesús en la cruz para
conseguir para todos los que creen en él la remisión de sus pecados. Esta obra vicaria
quitó lo que nos separaba de Dios y nos acercó de nuevo en una magna obra
reconciliadora. Solamente de esta manera ha sido posible que el gentil, tanto como el
judío, sea salvo. Comenzamos así a darnos cuenta de cómo Dios ha estado preparando
una nueva comunidad espiritual y santa en Cristo. Hemos visto a Jesús en esta porción
como el agente reconciliador entre Dios y los gentiles que estábamos lejos de él.
2. LA OBRA PACIFICADORA DE JESUS, LO QUE HIZO EL PARA DERRUMBAR TODO
OBSTACULO ENTRE LOS GENTILES Y LOS JUDIOS (Efesios 2:14–18)
En estos identifica a Jesús como nuestra paz quien de ambos nos hizo uno (v. 14). Cristo
unificó a los dos pueblos antagónicos, gentil y judío, en uno solo. Moule describe esta
acción de la siguiente manera: “Pagano y fariseo nos abrazamos, pues Dios nos ha
abrazado a ambos en su amado Hijo.” La palabra nuestra incluye a ambos en la
reconciliación uniendo en paz a los dos enemigos.
Jesús no sólo es el mediador de la paz, Él es la sustancia de esta paz. Esta verdad se
expresa en la frase que sigue: El derribó en su carne la barrera de división, es decir, la
hostilidad (v. 14b). El mismo efectuó esta paz por medio de su muerte vicaria en la cruz
ofreciéndose a sí mismo. La acción de derribar significa destruir, quebrantar o desatar.
Aquí se refiere a que Jesús en su encarnación y su muerte había destruido la barrera de
división que separaba a la humanidad de Dios. El mismo se acercó a la humanidad por
medio de la encarnación y venció toda oposición del enemigo por su muerte y
resurrección.
Otra acción pacificadora de Jesús se expresa con la frase y abolió la ley de los
mandamientos formulados en ordenanzas... (v. 15a). Esta acción se refiere también a lo
que hizo en su carne o sea en su crucifixión (v. 14), la cual derribó completamente la
barrera divisoria. Él había preparado el camino por medio de una vida perfecta y de sus
enseñanzas superiores y preceptos más elevados. Culminó éstas con su muerte en la cruz.
Por ella anuló lo que para el judío fue el baluarte de su religión, la ley de los mandamientos
formulada en ordenanzas. El sistema de leyes tendía a separar al hombre de Dios en vez
de acercarlo y dividía los hombres entre sí. En cambio, el nuevo sistema implantado por
Jesús tiende a juntarlos en el amor de Dios. El resultado de esto es la unidad, para crear
en sí mismo de los dos hombres (gentil y judío) un solo hombre nuevo (v. 15b). La muerte
de Jesús sirvió para juntar al pueblo judío y las naciones gentiles en un solo pueblo con
Dios. En un solo hecho Jesús hizo posible la reconciliación entre toda la humanidad y Dios.
Pablo habla de esto como crear en sí mismo... un solo hombre nuevo, es decir una nueva
comunidad, un nuevo pueblo. Así, hizo la paz.
La muerte de Cristo en la cruz fue la que logró la reconciliación e hizo la paz. Este es el
sentido del v. 16 que dice: También reconcilió con Dios... por medio de la cruz. Esta
reconciliación fue hecha a ambos en un solo cuerpo. Ambos se refieren a los dos partidos
de la humanidad, los judíos y los gentiles, antes enemigos. Un solo cuerpo se refiere al
concepto de la iglesia ya mencionado en 1:22b, 23a (la iglesia, la cual es su cuerpo). El
objetivo de esta reconciliación fue formar la iglesia en un solo cuerpo y la manera de
lograrlo fue dando muerte en ella a la enemistad. En la iglesia los que antes fueron
enemigos ahora son amigos. Por medio de su muerte Cristo puso fin a la enemistad que
existía hacia Dios de parte de la vieja humanidad y simultáneamente estableció el reino
de la paz mediante la reconciliación. De esta manera creó una nueva humanidad.
Habiendo efectuado su obra salvadora y reconciliadora en la cruz, Jesús vino anunciando
el evangelio, el mensaje de la paz. El texto del v. 17 es una cita de Isaías 57:19, lo que
usa Pablo aquí para poner énfasis en el contenido del mensaje de Jesús y el propósito de
su misión sobre la tierra, traer paz. El mismo mensaje de paz es para ambos,
equitativamente y sin discriminar. No hay dos evangelios, uno para los gentiles y otro
para los judíos. Hay uno solo y este es accesible para todos, porque como Pablo escribe
ambos tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu (v. 18). Podemos acercarnos al Padre
por medio de la ayuda del Espíritu Santo (ver 3:12). Esto fue hecho posible por lo que
hizo Cristo, nuestro pacificador. El Padre es el mismo Dios de ambos en contraste con los
muchos dioses locales que antes adoraban los moradores del valle del río Lico.
Cabe notar aquí que en los vv. 17 y 18 tenemos una referencia clara a las tres personas
de la Trinidad, Jesús, el Padre y el Espíritu.
3. JESUS EN SU CAPACIDAD DE EDIFICADOR: EXPLICA EL GLORIOSO RESULTADO DE
ESTA PACIFICACION. Efesios 2:19-22.
Pablo concluye su reflexión sobre la nueva comunidad en Cristo con una serie de figuras
que describen a los creyentes como conciudadanos, familia y edificio (vv. 19–22). Las
palabras por lo tanto (v. 19a) relacionan lo que sigue con lo que acaba de decir con
respecto a la obra redentora, reconciliadora y unificadora de Jesús. Presenta ahora la obra
edificadora de Jesús. Comienza señalando a los creyentes en Cristo que ya no sois
extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de
Dios (v. 19b). La palabra griega traducida extranjeros (xénos) se encuentra también en
el v. 12, donde se refiere a los ajenos a los pactos de la promesa. A estos que antes
fueron excluidos Pablo les otorga la ciudadanía espiritual en Cristo, llamándolos
conciudadanos de los santos. Gozan de todos los derechos y privilegios como “legales”
igual que cualquier otro. Difícilmente podría un gentil hacerse ciudadano del pueblo
escogido de Dios (Israel), pero ahora en Cristo éstos tienen plena ciudadanía con los
demás santos. Santos (ágios) en este contexto se refiere a los santos escogidos (1:4) de
entre los judíos y los gentiles que han sido apartados en Cristo para la gloria de Dios. Así,
los creyentes son identificados como pertenecientes al nuevo pueblo de Dios formado en
Cristo; no son más ni judíos ni gentiles. La expresión miembros de la familia de Dios
enfoca una relación aún más íntima y estrecha. Pertenecemos a la familia de Dios por
derecho de haber sido escogidos para adopción como hijos suyos (1:5) y por esto
cohabitamos con los demás miembros de la familia con iguales privilegios como hermanos
en Cristo. La figura de una edificación se introduce en el v. 20. Pablo comienza diciendo:
Habéis sido edificados. Estas palabras traducen una sola en el griego que podría ser
traducida con la palabra sobreedificados. Da a entender la nueva situación de los lectores:
miembros plenos del reino y de la familia de Dios. Se refiere al resultado de haber sido
salvados y reconciliados por Jesús; y ahora hemos sido situados efectivamente como parte
integral del nuevo edificio que se está levantando por Dios para ser un templo santo en
el Señor (v. 21). El autor inspirado utiliza dos figuras del oficio de la construcción para
relacionar a los creyentes íntegramente con esta edificación: el fundamento y la piedra
angular.
Indica que esta edificación ha sido hecha sobre el fundamento de los apóstoles y de los
profetas (v. 20). Esto significa que la edificación se funde en las enseñanzas de éstos, no
como fundamento propio, sino las enseñanzas que éstos habían dado acerca de Jesús,
quien en 1 Corintios 3:11 es identificado como el único fundamento. Es decir, que ellos
fueron los maestros inspirados y portadores de la autoridad divina. La segunda figura
tomada de la construcción es la de la piedra angular (v. 20). Pedro en su defensa ante el
Sanedrín, citando el Salmo 118:22, declara: Él es la piedra rechazada por vosotros los
edificadores, la cual ha llegado a ser cabeza del ángulo (Hech. 4:11). Al decir habéis sido
edificados (v. 20a) Pablo ubica a los creyentes como integrantes de este edificio y los
relaciona íntimamente con Jesucristo al decir en el v. 21: En él todo el edificio, bien
ensamblado, va creciendo hasta ser un templo santo en el Señor. Pedro llama a los
creyentes piedras vivas (1 Ped. 2:5), idea que está implícita en los vv. 20 y 21. Estas
piedras vivas están unificadas orgánicamente en él en un edificio bien ensamblado. Hay
dos características que tiene este edificio. Estas dos frases hablan de la unidad y del
crecimiento de la iglesia, a las cuales alude este pasaje. La unidad de la iglesia en Cristo
es un factor esencial de la naturaleza de ella. Igualmente, la naturaleza de la iglesia es
crecer. El objetivo de este edificio se revela en la frase que sigue: Hasta ser un templo
santo en el Señor (v. 21). Tiene una misión sagrada, la de servir como templo santo para
morada de Dios (v. 22). Las tres personas de la divina trinidad coinciden en la construcción
de la iglesia (v. 22) de igual manera que lo hacen en la salvación del alma de cada
creyente. El arquitecto es Dios, el constructor maestro es Jesús, y el residente principal
es el Espíritu Santo, y nosotros los creyentes somos los participantes y beneficiarios de
todo esto para la alabanza de la gloria de Dios. Este es el sentido de la declaración con la
cual concluye esta parte de la epístola: En él también vosotros sois juntamente edificados
para morada de Dios en el Espíritu (v. 22). Pablo declara que en Cristo los gentiles y los
judíos creyentes están siendo unidos en una nueva comunidad espiritual, con una
ciudadanía celestial y eterna, y como familia selecta para servir de morada permanente
de Dios en el Espíritu.
CONCLUSIÓN
Así concluimos que la iglesia de Cristo es la máxima expresión de la gloria de Dios en la
tierra y la será en el cielo cuando Cristo venga para llevarla al lugar que está preparando
para que donde yo esté, vosotros también estéis (Juan 14:3b). Juan también captó el
significado de esta promesa en su visión del cielo nuevo y la tierra nueva donde vislumbra:
He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos, y ellos serán
su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios (Apoc. 21:3). Este tabernáculo es
la iglesia, la obra maestra de Dios en Jesús. Aun con sus defectos y deficiencias humanas,
la iglesia sigue siendo la obra de Cristo y la morada de Dios en la presencia del Espíritu
Santo en cada creyente y en el conjunto de todos los creyentes santos y salvos por la fe
en Jesús.
Preguntas:
1. Discurra sobre el estado anterior de los gentiles descrito en (Ef 2:11-18), explicando
claramente cómo "la pared intermedia de separación" fue derribada por la Obra de
Cristo.
2. A su juicio, ¿cuáles son las figuras empleadas en este pasaje que mejor describen al
nuevo pueblo de Dios? Comente cada una de ellas para justificar su elección.