Bajándote el tanga lentamente, descubro tu sexo.
Húmedo por
la creciente excitación. Acercó uno de mis dedos al hilillo de
moco que surge entre los labios abultados de tu vientre, lo
secó cuidadosamente con la boca. Al instante te acomodas en
el asiento trasero del coche para ofrecerme una vista completa
de tu sexo. Con movimientos pausados dubitativos acerco mi
mano a tu sexo y lo masajeo suavemente en círculos,
abriéndolo, apretándolo en su creciente excitación, cierras los
ojos y sientes un gemido de placer.
Un dedo tembloroso te penetra con decisión en tu cada vez
más húmedo sexo, y tus movimientos se hacen más violentos
acompañados de una serie de gemidos ahogados en placer.
Incrementó el ritmo hasta que culminas abruptamente en un
grito de triunfo y placer completo. Tus músculos se relajan
completamente y te abandonas momentáneamente al placer
que disfrutas. A continuación sin dejar un milímetro de piel,
sin que mi lengua deje una sola gota de tu dulce néctar por
sorber. Tu atención se centra en mi sexo al que dedicas similar
homenaje. Tus caricias lejos de secar tu sexo lo aumenta
considerablemente escapando una gruesa gota hacia tu otra
abertura. Sigo el camino de la gota entreteniéndome en
humedecer tu apretado esfínter con la gota de placer.
Protestas débilmente pero callas al sentir como mi dedo sube
nuevamente para hundirse súbitamente y brutalmente en tu
húmeda vagina cortándote la respiración. Mi dedo te penetra
repetidamente empapándose completamente para a
continuación sin interrupción aparente irrumpir en tu esfínter
en un grito de sorpresa y dolor. Introduzco el dedo repetidas
veces hasta el fondo acompañada cada una de ellas por un
coro de gritos y súplicas de placer. Retiro mi dedo con lentitud
y observó los fluidos extraños que lo lubrican. Respiras
aliviada, abres los ojos y ves mi gruesa y dura polla, Te
esmeras en dejarla húmeda y resbaladiza repasándola
repetidas veces con tu lengua, te tomo por las caderas y te
introduzco mi polla en tu vagina con brutalidad, gritas de
placer. Mueves tus caderas sintiendo llegar tu orgasmo
acompañado de fuertes gritos. Sin sacar mi polla de tu
interior me besas, lames en mi parte del cuello, y notas como
poco a poco mi polla crece dentro de ti.
Completamente ensartada y tras sujetarte por uno de tus
pechos dirijo la otra mano hacia tu clítoris y te masturbo al
tiempo que te penetro con suavidad, con calculados
movimientos de mi cadera y mi mano alcanzando un orgasmo
mayor que ningún otro que recuerdes.
Superada por las innumerables olas de placer que recorren tu
cuerpo te desvaneces en mis brazos. Con delicadeza dejó que
duermas mientras yo velo por tu descanso merecido...