Fallo
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encontraría correctamente articulada con relación a la existencia de pagos efectuados
fuera de registración.
Bajo esta plataforma fáctica, si bien es cierto que una eventual omisión de oponer
oportunamente la excepción de prescripción no podría ser suplida de oficio por el juez,
ello por aplicación de los principios generales que rigen la normativa en análisis (cfr.
art. 2552 CCYCN vigente al momento de la interposición de la demanda), lo cierto es
que tal escenario no sucede en la presente causa.
Sin perjuicio de lo expuesto, la defensa oportunamente articulada por la
demandada en la causa no se encuentra –a mi modo de ver- realizada en forma genérica
sino que –por el contrario- se puede vislumbrar de manera precisa y correcta en qué
consiste la excepción y hacia qué rubros está dirigida, a poco que se advierta que a fs. 62
la recurrente manifestó lo siguiente: “…la propia parte actora refiere que dichos pagos
habrían ocurrido en los años 2007 y 2008…” para antes decir que “…resulta
francamente insólito que recién haya manifestado estas circunstancias transcurridos
aproximadamente diez años desde los (inexistentes) pagos señalados, los cuales se
encontraban ampliamente prescriptos”.
Sentado de lo anterior, la queja de la recurrente no tendrá favorable recepción en
mi voto.
En efecto, se debe recordar que el art. 256 de la LCT determina que prescriben a
los dos años las acciones relativas a créditos provenientes de las relaciones individuales
de trabajo y este plazo habrá de computarse desde el momento en que el crédito materia
de autos se tornó exigible (cfr. art. 2554 CCYCN vigente al momento de la interposición
de la demanda).
Sin embargo, en el caso no se trata de diferencias salariales o de un reclamo de
tracto sucesivo que genere plazos prescriptivos individuales sino que –por el contrario-
el actor reclama las indemnizaciones previstas por los artículos 10 y 15 LNE,
practicando –tal como analizaré infra de conformidad con el agravio planteado por la
parte actora- la correspondiente intimación, siendo además el único límite temporal que
presentan los rubros en cuestión el del artículo 11 in fine de la referida LNE. En virtud
de ello, resulta claro que dicho acto se encuentra destinado a producir sus efectos en un
mismo momento, o lo que es lo mismo, los eventuales créditos se tornan exigibles desde
la fecha del distracto exigible (cfr. art. 2554 CCYCN precitado).
Dicho de otro modo, la indemnización de los artículos 10 y 15 LNE sólo resultan
exigibles a partir del momento en el que vence el plazo del art. 11 de dicho cuerpo legal,
sin que se proceda a la registración de la relación y, por consiguiente, ése es el momento
a partir del cual comienza a correr el plazo de prescripción de la acción correspondiente
a esos rubros, con prescindencia de los meses que resulten computables en su base de
cálculo.
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Ello es así puesto que –como dije- este requerimiento formal [y no las
reclamaciones verbales que pudieron realizarse] y la falta de regularización dentro del
referido plazo son las circunstancias determinantes del derecho del trabajador a percibir
las sanciones en cuestión.
Bajo tales premisas, teniendo en cuenta la fecha del distracto y de promoción de
la demanda (14/07/2017, ver cargo a fs. 16 vta.), cabe desestimar la queja formulada en
este sentido y concluir que en la causa no ha operado prescripción alguna, conf. art.
2554 CCYCN [vigente al momento de la interposición de la demanda].
III.- A continuación, y atento lo resuelto en el acápite anterior, daré tratamiento a
la queja formulada por la demandada con relación a la existencia de pagos fuera de
registración.
En este sentido, el apelante afirma que la sentenciante de grado ha efectuado una
valoración arbitraria de la prueba testimonial obrante en la causa.
Delineado el proceso probatorio, advierto en primer término que los testigos que
declararon en autos corroboraron la versión de los hechos que dio la actora.
Al respecto, Adrián Barrios relató a fs. 233/234 que “Las vueltas en negro (…)
representaban por mes entre $1000 y $1500. Las vueltas las terminaban juntos y las
cobraban ambos en la tesorería del puente La Noria”.
Similares consideraciones surgen del relato aportado por Ángel Zamudio a fs.
235/236 que expuso que “Cobraban cuenta sueldo a fin de mes por depósito bancario y
había vueltas en negro que se cobraban en ventanilla. En la tesorería de Puente la
Noria (…) Se le pregunta si sabe cuánto cobraba el actor y responde las vueltas les
pagaban todos igual, eran 1.500 por mes y lo sabe por encontrar al actor en tesorería
Puente La Noria porque el testigo también cobraba”.
En idéntico sentido se expidió el testigo Daniel Cantero a fs. 238/239:
“Cobraban sueldo el blanco por depósito bancario, tenían en negro vueltas de más eso
lo cobraban por ventanilla en la cabecera de Larrázabal en La noria lo pagaba un
tesorero (…) Las vueltas en negro se daban terminando el turno se daban una vuelta o
más según lo que pudiera el chofer. Sabe que el actor cobraba en negro por verlo en la
ventanilla cuando el testigo iba a cobrar en negro. Se lo cruzaba también en el
recorrido. Se le pregunta cuánto cobraba el actor las vueltas en negro, eso dependía de
las vueltas del mes podrían ser hasta 6 vueltas más o menos…”.
Reconozco plena eficacia convictiva a estos testimonios, porque los declarantes
han dado suficiente razón de sus dichos, los cuales resultan concordantes entre sí y con
la posición actoral asumida en autos, mientras que las manifestaciones de la accionada,
no alcanzan para restarles valor probatorio, máxime cuando no aportó en autos otros
elementos de prueba que respalden su postura (arts. 386 y 456 del C.P.C.C.N.).
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A modo de ejemplo, destaco especialmente que la versión brindada por los
deponentes en torno al monto de la remuneración abonada fuera de registro, así como las
características particulares de las “vueltas” que las originaban, fueron descriptas en
forma concordantes por los relatos reseñados y concuerda con la tesis expuesta en el
líbelo inicial.
En efecto, a fs. 6vta del mentado escrito constitutivo, el demandante
específicamente sostuvo lo siguiente: “En los años 2007 y 2008 la demandada me
abonó una suma de $1400 sin registro, es decir, “en negro”, producto de abonar las 3
vueltas realizadas por jornada cada día intermedio sin registración contractual
alguna…”, circunstancia que incluso se condice con lo expuesto por el Sr. Cantero con
relación a que se solían realizar hasta 6 vueltas mensuales.
En definitiva, los hechos expuestos por los testigos reseñados dan cuenta de la
modalidad utilizada por la ex empleadora y de la habitualidad que los pagos fuera de
registro poseían en el período temporal denunciado en el escrito inaugural, por lo que la
tesis expuesta por la demandada con relación a una supuesta inexistencia de los mismos
debe ser –a mi juicio- desestimada.
En este marco, como ya adelanté, la descripción de los hechos efectuada por los
testigos traídos a este proceso conduce a admitir la postura del inicio.
No ignoro que la quejosa en su memorial recursivo argumentó que la Sra. Jueza
“a quo” habría realizado una valoración arbitraria de dichos testimonios por considerar
que “…los dichos referidos por los testigos no provenían de una captación propia de
sus sentidos, sino de dichos de terceros, incluyendo al propio actor”, mas lo cierto es
que –tal como surge de los relatos analizados- todos los deponentes propuestos a
instancias de la parte actora pudieron dar cuenta de la existencia de pagos clandestinos
por haber compartido con el actor el momento exacto en el que recibía dicho pago en el
puente La Noria, por lo que el argumento esbozado debe ser desestimado en tanto
resultaría erróneo afirmar que sus manifestaciones no provienen de circunstancias
percibidas a través de sus sentidos.
En definitiva, destaco que los testigos fueron compañeras de trabajo del actor y
han realizado una narración coincidente y objetiva, entre sí y con los términos de la
demanda (arts. 386 y 456 CPCCN) y lo cierto es que aun cuando se desestimaran los
testimonios de quienes depusieron a propuesta del Sr. Mercurio, ello tampoco mejora la
situación de la demandada por cuanto de la propia postura que asumió en el proceso y de
los elementos colectados en autos no puede colegirse la inexistencia de pagos
clandestinos.
Sabido es que cuando se han invocado varias causas como sustento de la decisión
rupturista no resulta necesario la demostración de cada una de ellas si existen otros
incumplimientos que por sí solos impidan la prosecución el vínculo, circunstancia que –
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en consecuencia- implica que el resultado adverso de la pretensión del actor en torno a la
existencia de un despido discriminatorio [y al cual me referiré infra] no obsta a la
procedencia de la acción.
Conforme lo dispuesto en el considerando anterior, el distracto devino incausado,
injustificado y en definitiva arbitrario (cfr. art. 245 LCT), por lo que propicio confirmar
el fallo atacado en este aspecto que se decide.
Con relación al incremento previsto en el artículo 10 de la Ley 24.013 la parte
actora cuestiona su rechazo en tanto argumenta que –contrariamente a lo analizado en
origen- los pagos fuera de registro fueron denunciados a la AFIP mediante CD
681854238 en claro cumplimiento con lo dispuesto por el artículo 11 de la precitada
normativa.
Al respecto, concuerdo con la valoración efectuada por el quejoso.
En efecto, como es sabido, el art. 47 de la ley 25.345 introdujo un requisito
adicional para la percepción de las multas previstas por la ley 24.013, esto es la
comunicación a la Administración Federal de Ingresos Públicos de la intimación cursada
al empleador en los términos de lo normado por el art. 11 inc. a) de la ley citada.
En el caso, conforme surge de la prueba informativa remitida al Correo
Argentino y que obra anejada en la causa a fs. 112/118, surge con claridad que el
demandante remitió de manera oportuna, y en los plazos previstos por la ley, la
respectiva comunicación al ente recaudador (ver específicamente fs. 114), por lo que
entiendo que la sentencia atacada debe ser modificada en este tramo, acogiendo de
manera favorable la indemnización del artículo 10 LNE, la cual calcularé conforme a los
parámetros a los que me referiré infra de acuerdo al segundo agravio planteado al
respecto por la parte demandada.
IV.- Seguidamente, la demandada cuestiona la base salarial utilizada por la Sra.
Jueza “a quo” ($24.474,77 –ver fs. 461-) en tanto argumenta que la mejor remuneración
mensual, normal y habitual devengada por el accionante sería de $23.997,54 ya que no
correspondería incluir en la misma conceptos tales como “valor promedio enfermedad”
y “ajuste de SAC”. En apoyo de su tesitura, cita la prueba pericial contable obrante en la
causa.
Ahora bien, al momento de determinar la mejor remuneración, el perito tuvo en
cuenta el salario percibido por el trabajador en el mes de junio del año 2016 (ver fs. 390
y 396 específicamente), el cual –a su vez- detalló que tenía excluido el SAC que la
demandada pretende ahora sea nuevamente descontado de la base de cálculo.
Por otra parte, también observo que en respuesta al punto g) del cuestionario, el
galeno también determinó las sumas no remunerativas abonadas al actor en el último año
trabajador (2016) y el monto correspondiente a éstas, excluyendo –una vez más- dicho
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valor del mejor sueldo determinado en el punto 3) del mismo cuestionario (ver fs. 396 al
respecto).
En consecuencia, y siendo además que la demandada no cuestionó
oportunamente dicho dictamen y –por ende- el salario utilizado para el cálculo de los
rubros diferidos a condena, confirmaré lo decidido en origen en este aspecto.
V.- Habiendo sido tratada la totalidad de los agravios vertidos por la parte
demandada, procederé a estudiar a continuación aquellos formulados por el demandante.
Así, en forma preliminar, analizaré los agravios expresados por la parte actora
respecto al rechazo de despido discriminatorio y su consecuente indemnización extra
tarifada.
En este sentido, el recurrente afirma haber sido discriminado por sus cualidades
físicas y por su estado de salud debido a que –según afirma- sus valores médicos eran
totalmente normales para una persona con talasemia y que –pese a ello- la demandada se
negó a aceptar la renovación de la licencia de conducir oportunamente obtenida y lo
mantuvo en reserva de puesto de manera injustificada y arbitraria.
En este contexto, si bien el despido resultó arbitrario, lo que debe dilucidarse es
si además de ser arbitrario obedeció a una restricción, alteración o exclusión cuya
finalidad fuera el menoscabo o supresión de los derechos fundamentos como para
configurar un trato discriminatorio.
Un trato desigual puede ser discriminatorio cuando la distinción o exclusión
obedece a motivos tales como “raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política
o gremial, sexo posición económica, condición social o caracteres físicos” (cfr. ley
23.592) o cualquier otra circunstancia. Delineado este punto y toda vez que la
demandada negó que la actitud asumida con respecto a la talasemia del Sr. Mercurio
tenga por motivación algún aspecto vinculado con la condición subjetiva del trabajador
[detallada en el considerando que antecede], entiendo que tal como la doctrina y
jurisprudencia mayoritaria de esta cámara han sostenido con criterio que comparto, lo
dificultoso del tema está dado por la carga probatoria, ya que no resulta factible
identificar el despido sin causa y el despido discriminatorio, en tanto que son dos tipos
distintos de despido, el primero carece de causa porque no la tiene, - como en el caso- o
porque si la tiene no alcanza a conformar el supuesto previsto por el art. 242 de la LCT,
mientras que en el segundo hay una causa prohibida.
Desde dicha óptica será el trabajador quien deberá, en primer término, demostrar
o aportar indicios suficientes de que el acto lesiona su derecho fundamental y “una vez
configurado el cuadro indiciario, recae sobre el empleador la carga de acreditar que su
actuación tiene causas reales absolutamente extrañas a la invocada vulneración de
derechos fundamentales (…)” (CNAT, Sala V, sent. 68536, 14/6/2006, “Parra Vera
Máxima c/San Timoteo S.A.” , Sala V, sent. 69131 21/12/2006, “Arecco, Maximiliano
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c/ Praxair Argentina S.A.” Sala II, sent. 95.075, 25/6/2007, “Alvarez, Maximiliano y
otros c/ Cencosud S.A.”, Sala IV, sent 94.581 19/3/2010, “Olguin Pedro Marcelo c/
Rutas del Sur SA. s/ acción de amparo”, Sala X “Muñoz Carballo Alejandra Noelia c/
Casino Buenos Aires S.A. Compañía de Inversiones en Entretenimientos S.A. UTE” ,
sent. 17.456 del 30 de abril de 2010, entre muchos otros).
Este es el criterio que luego fuera auspiciado por la Corte Suprema de Justicia de
la Nación "Pellicori, Liliana Silvia c/Colegio Público de Abogados de la Capital
Federal s/ amparo" (sentencia del 15/11/2011, Fallos 334: 1387) al sostener que la
cuestión de los medios procesales destinados a la protección y, en su caso, reparación de
los derechos y libertades humanas se erigió siempre como uno de los capítulos
fundamentales del Derecho Internacional de los Derechos Humanos (...) y ponen de
relieve los serios inconvenientes probatorios que regularmente pesan sobre las presuntas
víctimas, nada menos que en litigios que ponen en la liza el ominoso flagelo de la
discriminación, cuya prohibición inviste el carácter de ius cogens. Así, resultará
suficiente para la parte que afirma haber sido discriminada con la acreditación de hechos
que prima facie evaluados resulten idóneos para inducir su existencia, caso en el cual,
corresponderá al demandado a quien se reprocha la comisión del trato impugnado, la
prueba de que este tuvo como causa un motivo objetivo y razonable ajeno a toda
discriminación. La evaluación de uno y otro extremo, naturalmente, es cometido propio
de los jueces de la causa, a ser cumplido de conformidad con las reglas de la sana crítica.
La doctrina del Tribunal no supone la eximición de prueba a la parte que tilda de
discriminatorio a un acto, pues de ser esto controvertido, pesa sobre aquélla la carga de
acreditar los hechos de los que verosímilmente se siga la configuración del motivo
debatido(cfr. Considerandos 11 y 12 del precedente citado).
Es así que, en relación con la mecánica probatoria en este tipo de causas, se ha
sostenido en criterio que comparto que “no corresponde exigir al trabajador plena
prueba del motivo discriminatorio, bastando a tal efecto los indicios suficientes (art.
163, inc. 5 del CPCCN). Por tal motivo es que en el reparto de cargas procesales, a
cargo de la empleadora deberá colocarse la justificación de que el acto obedece a otros
motivos. No implica lo expuesto, desconocer el principio contenido en el artículo 377 de
la norma citada, ni lo específicamente dispuesto en la ley 23592, ya que “(...) quien se
considere afectado en razón de cualquiera de las causales previstas en esta ley (raza,
nacionalidad, opinión política o gremial, sexo, caracteres físicos, etc.) deberá en primer
lugar, demostrar poseer las características que considera motivantes del acto que ataca
(...) y los elementos de hecho, o en su caso, la suma de indicios de carácter objetivo en
los que funda la ilicitud de éste, quedando en cabeza del empleador acreditar que el
despido tuvo por causa una motivación distinta y a su vez excluyente, por su índole, de
la animosidad alegada (...)”.
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Este estándar probatorio elaborado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación
ha sido reiterado en la causa “Sisnero” (Fallos: 337:611 del 20/5/2014) y “Monteagudo
Barro” (Fallos 337:1142 del 28/10/2014, donde la Corte se remitió a las pautas
probatorias fijadas en el precedente “Pellicori” (Fallos 334: 1387) . En igual sentido se
ha expedido recientemente el Máximo Tribunal en la causa “Varela, José Gilberto c/
Disco S.A. s/ amparo sindical” sentencia del, 4/9/2018, Fallos 341:1106) señalando en
el considerando nro. 9 que “(…) esta Corte ha señalado cuál es el estándar de prueba
aplicable cuando se discute la existencia de medidas discriminatorias en el marco de
una relación de empleo dada la notoria dificultad, por la particularidad de estos casos,
de considerar fehacientemente acreditada la discriminación ("Pellicori", Fallos: 334:
1387, "Sisnero", Fallos: 337: 611). Según dicho estándar, cuando se discute si la
medida obedece a un motivo discriminatorio, la existencia de dicho motivo se
considerará probada si el interesado acredita de modo verosímil que la medida fue
dispuesta por esa razón y, en ese caso, el demandado no prueba que responde a un
móvil ajeno a toda discriminación (…)”
Al respecto, luego de evaluar a la luz de las reglas de la sana crítica (cfr. art. 386
del C.P.C.C.N.) las probanzas arrimadas a la causa, coincido con lo expuesto por la Sra.
Juez que me precede, dado que no resulta posible concluir que el actor hubiere sido
discriminado por alguna razón prohibida por nuestro ordenamiento legal (cfr. arts. 17, y
1 de la ley 23.592) o que el acto del despido hubiere lesionado sus derechos
fundamentales ya que en el caso, ni siquiera existen indicios que en los términos
dispuestos por el art. 165 inc. 5 del CPCCN me persuadan que la ex empleadora hubiere
incurrido en un acto atentatorio del derecho fundamental que tiene toda persona a no
sufrir un trato desigual discriminatorio.
En efecto, de los propios términos del líbelo inicial, se desprende con claridad
que el trabajador manifestó haber tomado conocimiento de que padecía de talasemia a
fines de julio del año 2015, en virtud de lo cual comenzó a gozar de un régimen de
licencias pagas por enfermedad hasta el mes de julio del año 2016, momento en el cual
la demandada lo ingresó en el plazo de conservación del puesto de trabajo previsto por el
artículo 211 LCT (ver fs. 6vta), por lo que mal puede alegar el ahora recurrente que no
existía un justificativo médico evidente que alabara la postura asumida por la patronal.
Sobre el punto, destaco que -tal como fuera argumentado en origen- en su misiva
del día 15/09/2016 la demandada –pese a la discordancia entre los criterios médicos con
relación al estado de salud del Sr. Mercurio- intimó al actor a que retomara sus tareas
habituales, por lo que sería erróneo considerar que la intención de ésta era extinguir el
vínculo y –menos aún- por una actitud discriminatoria basada en la talasemia padecida o
en algún otro factor psicofísico que pudiera tener el demandante si –como vengo
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diciendo- la ex empleadora exteriorizó claramente su intención de continuar con el
vínculo laboral habido pese a la talasemia invocada.
En este sentido, señalo que este aspecto del análisis no solo se encuentra
reconocido sino también acreditado en el sub examine.
En efecto, el testigo Barrios –propuesto por la parte actora- manifestó a fs. 233
que tenía conocimiento de que el Sr. Mercurio tenía problemas de salud por anemia,
circunstancia que fue corroborada por el deponente Zamudio a fs. 235 [también
propuesto por la parte trabajadora].
Desde otra perspectiva, el perito médico en su informe de fs. 365/366 detalló la
patología sufrida por el actor y, si bien indicó que es imposible curarse de la talasemia,
lo cierto es que tal aspecto no obsta al hecho claro y concreto de que es posible que –en
determinados casos- los valores alterados en sangre imposibiliten a una persona de
prestar servicios de manera habitual, tal como –a mi criterio- sucede en autos.
Nótese que, contrariamente a la tesis expuesta por el apelante, lo aquí
argumentado halla sustento en el informe de la Comisión Nacional de Regulación del
Transporte anejado a fs. 247/315 en el cual expresamente se informó que el demandante
no pudo completar los exámenes psicofísicos para la obtención de la licencia nacional
habilitante para el transporte de pasajeros el día 23/06/2015, pudiendo recobrarla recién
a partir del 26/08/2016, fecha ampliamente posterior a la de inicio de la reserva de
puesto.
Sobre el punto, no es ocioso resaltar que el examen realizado por la Comisión
comprende estudios físicos, clínicos, sensoriales, neurológicos y psicopatológicos, por lo
que resulta claro que el Sr. Mercurio no se encontraba apto para conducir ya que –de lo
contrario- no le hubiera sido negada la licencia pertinente, máxime si se tiene en cuenta
–insisto- que la patología padecida [talasemia] se encuentra reconocida por el trabajador
y por ende no discutida en autos.
No soslayo que –tal como fuera expuesto por el apelante- el Centro Médico
Nogoya decidió declarar al actor como persona apta para retomar sus tareas habituales,
mas lo cierto es que –tal circunstancia- no torna antijurídica [a mi modo de ver] la
decisión de la demandada de colocar oportunamente al Sr. Mercurio en reserva de
puesto. Digo esto, pues si bien la parte actora con su argumentación intenta hacer
prevalecer el informe privado por sobre el de la Comisión mencionada supra, lo
concreto es que el mentado Centro Médico recién realizó los exámenes médicos
pertinentes en el mes de agosto del año 2016 (ver informe de fs. 344), es decir, con
posterioridad a la fecha de inicio de la reserva de puesto (Julio 2016) por lo que mal
puede intentar utilizarse este aspecto como justificativo válido para contrarrestar una
decisión que –en definitiva- había sido tomada con anterioridad.
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Asimismo, y tal como adelanté supra, el hecho de que la demandada hubiera
intimado al Sr. Mercurio a prestar servicios pese a su talasemia y a la existencia de
criterios médicos discordantes, implican una causa seria, razonable objetiva y extraña a
la vulneración de los derechos fundamentales, al mismo tiempo que revela la
inexistencia de la discriminación invocada en el escrito inicial.
Por otro lado, también debo hacer hincapié en que la parte actora en ningún
momento de su memorial recursivo rebate este aspecto sustancial del decisorio de grado,
lo cual genera que la queja técnicamente se encuentre desierta en los términos previstos
por el artículo 116 LO.
En efecto, si bien el recurrente intentó justificar que podía retomar tareas pues los
estudios médicos y de sangre habrían indicado valores “normales”, lo concreto es que –
tal como fuera expuesto en origen y no rebatido por el apelante- dicho extremo no se
encuentra acreditado ni respaldado mediante ninguna documentación en la causa que
habilite a la suscripta receptar en forma favorable el agravio impetrado.
En este orden de ideas, la Sra. Jueza “a quo” ponderó en su decisorio aquello que
aquí se menciona, en tanto concluyó que el trabajador no acompañó los certificados
mencionados a fs. 84vta y tampoco la Clínica Boedo SRL pudo corroborar la efectiva
expedición de los mismos, aspecto que a todas luces se encontraba a cargo de la parte
trabajadora si es que pretendía acreditar que la reserva de puesto en la cual fuera
colocado el Sr Mercurio en julio del 2016 se encontraba injustificada.
No conmueve mi criterio el informe de la Fundación Argentina de Talasemia
“FUNDATAL” agregado a fs. 237 que describe las principales características de la
enfermedad alegada por el actor en tanto si bien detalla que “la talasemia en cualquiera
de sus grados no es un impedimento para conducir vehículos ni desarrollar tareas
administrativas” lo concreto es que tal aspecto no fue discutido en la causa por el
demandante, en tanto el período de licencia por enfermedad se encuentra fuera de debate
y –en consecuencia- también lo está su incapacidad para conducir y prestar los servicios
habituales durante dicho espacio temporal.
Solo a mayor abundamiento, diré que el trabajador en cumplimiento de los
deberes emergentes de los arts. 62, 63 y 84 de la LCT debe facilitar y colaborar no solo
con la realización de los pertinentes estudios médicos por parte de la patronal sino que
además debe facilitar y agilizar toda documentación que permita respaldar o contrariar
una decisión adoptada por aquella, máxime si –como sucede en el presente- el actor
pretende hacer valer un derecho amparado en documentos que no se encuentran
acompañados y que –por ende- no permiten vislumbrar que el accionante hubiese
sufrido un desmedro o menoscabo de sus derechos.
Bajo tales premisas, no surge de los elementos de la causa que el trabajador sea
titular de una indemnización por “discriminación laboral” en tanto que no existen
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elementos que permitan inferir la existencia de daños originados en hechos
extracontractuales en ocasión de la ruptura del contrato de trabajo o fuera de ella o que
resultarían indemnizables aún en ausencia de la relación laboral.
Por todo lo expuesto, propicio la confirmación del decisorio de grado también en
este aspecto.
VI.- Seguidamente, se alza el trabajador por el rechazo parcial de los salarios
caídos.
Al respecto, el apelante afirma que nunca debió ser ingresado en reserva de
puesto atento que los valores hematológicos eran normales y controlados. A todo evento,
peticiona que los mismos sean calculados desde el 03/08/2016 [fecha en la cual notificó
a la demandada su alta médica] y no desde el 12/09/2016.
En este sentido, observo que efectivamente el demandante comunicó el alta
médica a su entonces empleadora mediante CD 750832513 (ver fs. 39) y además se puso
a disposición para realizar tareas, circunstancia que se encuentra corroborada por el
informe acompañado a fs. 344 [y analizado en el considerando II del presente voto] del
cual surge claro que el examen psicofísico para la renovación de la licencia de conducir
fue realizado en el mes de agosto del año 2016 y no en septiembre del mismo año, fecha
ésta última considerada por la magistrada que me precede para el inicio del cálculo de
los salarios caídos.
Así, cabe recordar que el empleador está obligado a satisfacer el pago de la
remuneración debida al trabajador en los plazos y condiciones previstas por la ley (conf.
art. 74 LCT) y tal obligación (prestación principal del empleador) no puede ser excusada
en circunstancia alguna.
Sin perjuicio de lo hasta aquí expuesto, si bien en origen los salarios caídos
fueron calculados desde el 12/09/2016 [fecha en la cual la magistrada consideró que el
actor notificó a su ex empleadora] y el recurrente solicita sean recalculados desde el
03/08/2016, lo cierto es que –de acuerdo a aquello que surge informado por el Centro
Médico Nogoya- el Sr. Mercurio se realizó el examen pertinente recién con fecha
22/08/2016 [ver específicamente fs. 320vta] por lo que –al momento de notificarle a la
patronal el alta médica- todavía no se había realizado el examen psicofísico necesario
para avalar dicha aseveración, en virtud de lo cual no puede considerarse que la
demandada adeude salarios caídos desde la fecha peticionada, máxime cuando
técnicamente el trabajador no se encontraba apto para prestar servicios desde el 03 de
agosto.
En virtud de lo expuesto, propicio confirmar el decisorio de grado en este tramo.
VII.- La propuesta de mi voto, implica reformular el capital de condena, para lo
cual se considerarán los parámetros indicados en la sentencia de grado incluyendo el
incremento previsto por el artículo 10 LNE, lo cual implica que el Sr. Mercurio será
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acreedor a la suma de $1.537.415,23 [PESOS UN MILLÓN QUINIENTOS
TREINTA Y SIETE MIL CUATROCIENTOS QUINCE CON VEINTITRES
CENTAVOS] ($1.528.315,23 + $9.100), con más intereses a los que me referiré a
continuación.
VIII.- También debe confirmarse la aplicación de intereses conforme Actas
CNAT 2630 y 2658 pues no comparto lo argumentos expuestos por el apelante, máxime
si se tiene en cuenta que el interés es el resultado de la mora. Al existir mora, se deben
intereses, y los mismos deben calcularse a una tasa que no resulte ajena a las
posibilidades de endeudamiento del acreedor que debe proveer a un crédito de carácter
alimentario.
La tasa de interés utilizada conforme Acta 2601 de fecha 21/5/2014 recomendó
la aplicación de la tasa nominal anual para préstamos personales de libre destino para el
plazo de 49 a 60 meses que utiliza el Banco Nación, desde que cada importe se haya
hecho exigible hasta su efectivo pago, y, cuando dicha tasa dejó de publicarse, el criterio
se mantuvo en el Acta Nª 2630/16.
Es cierto que la tasa que como referencia adoptó la CNAT por mayoría en el
Acta 2601/2014 y posteriores no es obligatoria ni emana de un Acuerdo Plenario pero el
sentenciante decidió voluntariamente utilizarlas por compartir el criterio de los jueces
que formaron aquella mayoría de que resultaba la más equitativa para compensar al
acreedor de los efectos de la privación del capital por demora del deudor, para resarcir
los daños derivados de la mora, así como para mantener en lo posible el valor de la
indemnización frente al deterioro del signo monetario por la grave inflación que aqueja
la economía del país desde el año 2008.
Tales consideraciones resultan aplicables también, a la tasa que la CNAT fijó a
través del Acta Nª 2630/2016 que mantuvo el criterio de la dispuesta en el Acta Nª
2601/2014 desde el cese de su publicación, aplicándose a partir del 1/12/2017 y hasta el
efectivo pago la tasa de interés dispuesta por el Acta Nº 2658 del 8/11/2017.
Por lo expuesto, sugiero confirmar la sentencia en este aspecto.
En cuanto a lo peticionado por la parte actora respecto a la desvalorización
monetaria, cabe recordar que existen dos mecanismos para paliar los efectos del proceso
inflacionario: a) la repotenciación de las deudas sobre la base de índices que reflejen la
pérdida del valor adquisitivo del dinero, y b) la aplicación de tasas de interés que, al
reparar el perjuicio originado por la mora, tomen en cuenta que éste se configura, entre
otros elementos, por la inflación. Por medio de la ley 23928 se retornó al segundo
sistema y, desde esta perspectiva, no puede afirmarse que las disposiciones en cuestión
impliquen por sí mismas afectación a una garantía constitucional.
Por otra parte, según lo ha expresado la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
la prohibición de indexar impuesta en las leyes 23928 y 25561 procura evitar que el alza
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SALA V
de los precios relativos correspondientes a cada uno de los sectores de la economía, que
se reflejan de manera inmediata en el índice general utilizado al mismo tiempo como
referencia para reajustar los precios y salarios de cada uno de los demás sectores,
contribuya de manera inercial a acelerar las alzas generalizadas de precios (CSJN, in re:
“Chiara Díaz, Carlos A. c/ Estado Provincial”, del
07/03/2006; in re: “Massolo, Alberto José c/ Transporte del Tejar S.A.”, del
20/04/2010; in re: “Belatti, Luis Enrique c/ F.A. s/cobro de australes”, del 20/12/2011).
Agregó que, aun cuando el derecho de propiedad pudo tener en la actualización
por depreciación monetaria una defensa eficaz de los derechos patrimoniales en
determinados períodos, su perduración sine die no solo postergaría disposiciones
constitucionales expresas, como las del art. 75, inc. 11, sino que causaría un daño
profundo en la esfera de los derechos patrimoniales todos, al alimentar esa grave
patología que tanto los afecta: la inflación. Agregó que no puede admitirse que lo que
fue solución de especie frente a un problema acotado temporalmente y en su
configuración, en la que no incidieron normas como las que recientemente dictó el
Congreso Nacional para procurar una moneda nacional apta, se trueque en vínculo
estable, alterando así su naturaleza esencial (CSJN, Fallos: 315:158, 992 y 1029;
recientemente, autos caratulados: “Massolo, Alberto José c/ Transporte del Tejar S.A.”,
del 20/04/2010).
En virtud de ello, teniendo en cuenta al mismo tiempo la vigencia del art. 4 de la
ley 25.561 y los citados precedentes del Alto Tribunal, considero que a partir de
considerar que la tasa fijada en la instancia anterior toma en cuenta, entre otros factores,
la depreciación de la moneda, corresponde rechazar el agravio formulado.
Por lo expuesto, debe confirmarse la sentencia de grado también en este aspecto.
IX.- La solución propuesta implica adecuar la imposición de costas y regulación
de honorarios de primera instancia (conf. art. 279 CPCCN) y proceder a su
determinación en forma originaria, lo que torna abstracto el tratamiento de los recursos
planteados en tal sentido.
Las costas de ambas instancias serán soportadas por la parte demandada vencida
en lo sustancial (conf. art. 68 CPCCN).
Por otra parte, teniendo en cuenta la entrada en vigencia de la ley 27.423, la
observación del art. 64 del texto normativo sancionado por el Congreso de la Nación y la
promulgación parcial dispuesta por el decreto 1077/2017 (art. 7), corresponde
determinar cuál es la ley aplicable a los trabajos cumplidos con anterioridad a la entrada
en vigencia de dicho texto normativo.
Al respecto, recientemente la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha
establecido por mayoría –con arreglo a lo decidido por ese Tribunal ante situaciones
sustancialmente análogas- que en el caso de los trabajos profesionales el derecho se
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constituye en la oportunidad en que se los realiza, más allá de la época en que se
practique la liquidación (Fallos: 321:146; 328:1381; 329:1066, 3148, entre muchos
otros). Por ello, concluyeron que “el nuevo régimen legal no es aplicable a los procesos
fenecidos o en trámite, en lo que respecta a la labor desarrollada durante las etapas
procesales concluidas durante la vigencia de la ley 21.839 y su modificatoria ley 24.432,
o que hubieran tenido principio de ejecución (arg. art. 7 del decreto 1077/2017,
considerandos referidos al art. 64 de la ley 27.423 y doctrina de Fallos: 268:352,
318:445 –en especial considerando 7-, 318:1887, 319:1479, 323:2577, 331: 1123, entre
otros” (CSJ 32/2009 (45-E) /CS1, originario, “Establecimiento Las Marías S.A.C.I.F.A.
c/ Misiones, Provincia de s/ acción declarativa”, sentencia del 4 de septiembre de 2018).
Resulta necesario, entonces, ante la entrada en vigor de un nuevo ordenamiento
arancelario, discriminar aquellas tareas pasadas durante la vigencia del régimen anterior,
de las que se hicieron a partir de la operatividad del nuevo sistema.
De tal modo, en el caso, en tanto los trabajos profesionales por la labor cumplida
en primera instancia se realizaron estando en vigencia la ley 21.839, el art. 38 OL.O., y
Leyeres arancelarias vigentes, habrán de utilizarse las normas arancelarias allí
contenidas.
A tal efecto, corresponde regular al patrocinio y representación letrada de la parte
actora, de su similar de la parte demandada, del perito contador y del perito médico por
su actuación en primera instancia, en el 17%, 15%, 7% y 6% respectivamente, del nuevo
capital de condena más intereses.
X.- Respecto a la apelación de honorarios deducida por el Dr. Nahuel Horacio
Altieri, adelanto que la queja no podrá prosperar.
En este sentido, si bien concuerdo con el recurrente respecto a que el último
párrafo del art. 58 de la ley 21.839 dispone que el abogado podrá pedir la
correspondiente regulación judicial de sus honorarios por la labor extrajudicial y que
dada la imposición del trámite previo por ante el SECLO las tareas que esa actuación
impone generan derechos a retribución del letrado que las realizó, lo cierto es que en la
sentencia de origen se efectuó la salvedad de que la regulación de honorarios a la
representación letrada de la parte actora y a la parte demandada se realizaba “por todo
concepto” (ver fs. 462), por lo que habiendo la Jueza de Primera Instancia determinado
el monto de los honorarios que por dicha actividad le cabe a los letrados actuantes [y por
ende encontrándose cumplimentado lo dispuesto en el artículo 3° de la ley 21839
(modificado por la ley 24432)], la sentencia de grado ha de ser confirmada en este
aspecto.
Tampoco prosperará el reclamo efectuado en torno al IVA, en tanto en casos
análogos al presente, desempeñándome como Juez Nacional del Trabajo a cargo del
juzgado Nº 54, tuve oportunidad de sostener que no corresponde que sea el trabajador no
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condenado en costas el que deba cargar con el pago del precitado impuesto, pues de
optarse por la solución contraria, aquél estaría abonando una suma superior a la del
pacto de cuota litis, constituyendo dicha circunstancia una violación al límite estipulado
por el art. 277 de la LCT.
En efecto, no debe perderse de vista que el pacto de cuota litis celebrado entre un
letrado y su cliente, determina una suma de dinero que percibirá el letrado por sus
servicios profesionales que se calculará sobre el crédito que en definitiva le corresponda
percibir al trabajador, por ello, determinar que sea éste quien deba pagar el impuesto
referido, importaría que no solo se habría de pagar más de lo comprometido
contractualmente sino y por sobre todo, se estaría violentando una normativa legal de
orden público como lo es el precitado art. 277 de la LCT al superarse el límite del 20%.
XI.- Regular por los honorarios en esta instancia a la representación y patrocinio
de los profesionales intervinientes en alzada, el 30% de lo que les corresponda a cada
uno por su actuación en la anterior instancia (nueva ley arancelaria).
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