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Durkheim - Las Reglas Del Método Sociológico - Prólogos

El documento presenta la obra 'Las reglas del método sociológico' de Émile Durkheim, que aborda la necesidad de aplicar un enfoque científico al estudio de los fenómenos sociales, desafiando las nociones comunes y prejuicios. Durkheim argumenta que los hechos sociales deben ser tratados como cosas, lo que permite un análisis objetivo y racional, y destaca la importancia de no dejarse influir por el sentido común en la investigación sociológica. A lo largo del texto, se discuten las controversias y críticas que surgieron tras la publicación inicial de la obra, así como la evolución del pensamiento sociológico desde entonces.

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Durkheim - Las Reglas Del Método Sociológico - Prólogos

El documento presenta la obra 'Las reglas del método sociológico' de Émile Durkheim, que aborda la necesidad de aplicar un enfoque científico al estudio de los fenómenos sociales, desafiando las nociones comunes y prejuicios. Durkheim argumenta que los hechos sociales deben ser tratados como cosas, lo que permite un análisis objetivo y racional, y destaca la importancia de no dejarse influir por el sentido común en la investigación sociológica. A lo largo del texto, se discuten las controversias y críticas que surgieron tras la publicación inicial de la obra, así como la evolución del pensamiento sociológico desde entonces.

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Primera edición en francés, 1895

Primera edición en español, 1986


EMILE DURKHEIM Segunda reimpresión, 2001

Las reglas del


método sociológico

Se prohibe la reproducción total o parcial de esta obra


—incluido el diseño tipográfico y de portada—,
sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico,
sin el consentimiento por escrito del editor.

Título original:
Les regles de la Miihode sociologique

D. R. O 1986, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, S. A. DE C. V.

X
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
D. R. CY 1997, Foz:no DE CULTURA ECONÓMICA
Carretera Picacho-Ajusco 227; 14200 México, D. F.
www,[Link] .rnx

ISBN 968-16-2445-9
MÉXICO
Impreso en México
Prólogo a la primera edición principio y téoricamente que aplicarla con perseve-
rancia. Todavía estamos demasiado acostumbrados a
zanjar estas cuestiones según lo que nos sugiere el
sentido común, para poder mantenerlo fácilmente a
distancia de las discusiones sociológicas. Cuando
más liberados de él creemos estar, nos impone sus
juicios sin que nos demos cuenta. No hay más que un
procedimiento largo y especial para prever tales
situaciones de debilidad. Es lo que pedimos al lector
que no pierda de vista: que tenga siempre presente
en su cabeza que las formas de pensar a las que está
Estamos tan poco habituados a tratar los hechos so- más hecho son contrarias, antes que favorables al
ciales de una manera científica que corremos el riesgo estudio científico de los fenómenos sociales, y, en
de que algunas afirmaciones contenidas en este libro consecuencia, que se ponga en guardia contra sus
sorprendan al lector. Sin embargo, si bien existe una primeras impresiones. Si nos dejamos llevar por ellas
ciencia de las sociedades, no hay que esperar que sin oponer resistencia, corremos el riesgo de que nos
consista en una simple paráfrasis de los prejuicios juzgue sin habernos comprendido. Así, podría suce-
tradicionales, sino que nos haga ver las cosas de un der que nos acusara de haber querido absolver todos
modo distinto a como aparecen al vulgo; pues todas los actos de delincuencia, valiéndose para ello como
las ciencias tienen por objeto hacer descubrimientos, pretexto de que nosotros lo convertimos en un fenó-
y todo descubrimiento desconcierta en mayor o meno más de los que se ocupa la sociología. La
menor grado las opiniones recibidas. Así pues, en lo objeción, no obstante, sería pueril, porque, si es nor-
que respecta a la sociología, a menos que se preste al mal que en todas las sociedades se cometan delitos,
sentido común una autoridad que ya hace tiempo no lo es menos que se castigue por ellos. La institu-
dejó de tener en las otras ciencias —y que no se ve de ción de un sistema represivo no es un hecho menos
dónde podría llegarle—, es preciso que el estudioso se universal que la existencia de la criminalidad ni
decida resueltamente a no dejarse intimidar por los menos indispensable para la salud colectiva. Para
resultados a que le lleven sus investigaciones, si fue- que no hubiera delitos sería preciso un nivelamiento
ron conducidas de acuerdo con un método. Si buscar de las conciencias individuales que, por razones que
la paradoja es propio de un sofista, esquivarla luego veremos, no es ni posible ni deseable; en cam-
cuando los hechos la imponen es propio de un espí- bio, para que no hubiera represión no tendría que
ritu sin coraje o sin fe en la ciencia. haber homogeneidad moral, lo que es inconciliable
Por desgracia, es más fácil admitir esta regla en con la existencia de una sociedad. Pero el sentido

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común, partiendo del hecho de que el delito es detes- mero artificio dialéctico, puede, en un instante, des-
tado y detestable, concluyó, sin razón, que éste quiciarlo todo por completo!
nunca podría desaparecer por completo. Con el Asimismo, por estar acostumbrados a representar-
simplismo que lo caracteriza, no concibe que una nos la vida social como si fuera el desarrollo lógico de
cosa que repugna pueda tener una razón de ser útil, y, conceptos ideales, quizá se juzgue burdo un método
sin embargo, no hay en ello ninguna contradicción. que hace depender la evolución colectiva de condi-
¿No hay, acaso, en el organismo funciones repug- ciones objetivas, definidas en el espacio, tampoco es
nantes cuyo ejercicio regular es necesario para la imposible que se nos trate de materialistas. No obs-
salud del individuo? ¿No detestamos el sufrimiento? tante, con más razón podríamos reivindicar el califi-
Y, sin embargo, un ser que no lo conociera sería un cativo contrario. En efecto, y siguiendo en esta idea,
monstruo. Hasta puede suceder que el carácter natu- ¿acaso no afirma la esencia del espiritualismo qu'e los
ral de una cosa y los deseos de alejamiento que ins- fenómenos psíquicos no pueden derivarse de manera
pira sean solidarios. Si el dolor es un hecho natural, inmediata de los fenómenos orgánicos? Pues bien,
lo es a condición de que no se le ame. Si el delito es nuestro método, en parte, no es más que una aplica-
normal, a condición de que se le deteste.' Nuestro ción de este principio a los hechos sociales. Al igual
método no tiene, pues, nada de revolucionario. Es que los espiritualistas separan el reino psicológico
incluso, en cierto sentido, esencialmente conserva- del reino biológico, Inosotros separamos al primero
dor, pues considera los hechos sociales como cosas del reino social; como ellos, no nos negamos a expli-
cuya naturaleza, por flexible y maleable que sea, no car lo más complicado por lo más simple. A decir
podemos, pese a todo, modificar a voluntad. ¡Cuán verdad, empero, ninguna de las dos denominaciones
peligrosa es la doctrina que, no viendo en ellos más nos encaja con exactitud; la única que aceptamos es
que el producto de combinaciones mentales, un la de racionalista. Efectivamente, nuestro- objetivo
principal es extender a la conducta humana el racio-
' Pero, se nos objeta, si la salud encierra elementos detestables, ¿cómo presen- nalismo científico, haciendo ver que tal como se la
tarla, lo que nosotros hacemos después, como el objetivo inmediato de la
consideró en el pasado, es reducible a relaciones de
conducta? Hacerlo no implica ninguna contradicción. Ocurre sin cesar que una
cosa, pese a ser dañina por algunas de sus consecuencias, sea, por otras, útil o causa-efecto que una operación no menos racional
hasta necesaria para la vida; ahora bien, si los malos efectos que tiene son puede luego transformar en reglas de acción para el
neutralizados regularmente por una influencia contraria, resulta que, de hecho,
sirve sin perjudicar, pero siempre es detestable, porque no deja de constituir por
futuro. Lo que han llamado nuestro positivismo es
sí misma un peligro eventual no conjurado por la acción de ninguna fuerza sólo una consecuencia de este racionalismo.Vólo se
antagonista. Así sucede con el delito; el daño que ocasiona a la sociedad es
puede caer en la tentación de ir más allá de los
anulado por el castigo, si éste se aplica conforme a unas reglas. Lo cual quiere
decir que, sin producir el mal que implica, mantiene con las condiciones funda- hechos, ya sea para rendir cuenta de ellos o para
mentales de la vida social las relaciones positivas que veremos a continuación.
Pero como, por así decirlo, se vuelve inofensivo a pesar suyo, los sentimientos de Es decir, que no debe confundirsele con la metafísica positivista de Comte
aversión de los que es objeto no dejan de tener fundamento. y de Spencer.

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dirigir su curso, en la medida en que se los considera
irracionales; pues si son inteligibles, bastan tanto a la
ciencia como a la práctica: a la ciencia, porque no
hay entonces motivo alguno para buscar fuera de
ellos sus razones de ser; a la práctica, porque su valor
útil es una de esas razones. Por lo tanto, nos parece
que, sobre todo en esta época en que renace el misti-
cismo, una empresa semejante puede y debe ser aco-
gida sin inquietud, y hasta con simpatía, por todos
los que, pese a que se aparten de nosotros en algunos
puntos, comparten nuestra fe en el futuro de la razón.

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Prólogo a la segunda edición pios". La experiencia, sin embargo, ya había
mostrado todos los peligros que entraña este método,
el cual, al permitir que se construyan arbitraria-
mente los sistemas de discusión, permite también
que se les derrote sin ningún esfuerzo.
No creemos equivocarnos si decimos que, después,
la oposición se fue debilitando poco a poco. No hay
duda de que todavía se nos impugna más de una
proposición, pero no podríamos asombrarnos ni
quejarnos de esas saludables desavenencias. Cierta-
mente, está muy claro que nuestras fórmulas habrán
Cuando este libro salió a la luz por primera vez de reformarse en el futuro. Resumen de una práctica
provocó vivas controversias. Las ideas vigentes, un personal y forzosamente limitada, tendrán que evo-
poco desconcertadas, se resistieron al principio con lucionar por necesidad a medida que ampliemos y
tanta energía que, durante algún tiempo, casi nos fue profundicemos nuestra experiencia de la realidad
imposible hacernos oír. Acerca de los temas que nos social. Además, en lo tocante a la cuestión de los
habíamos expresado con toda claridad se nos adjudi- métodos, nunca pueden hacerse más que a modo
caron gratuitamente opiniones que nada tenían en provisional, pues los métodos cambian a medida que
común con las nuestras, y se creyó que refutándolas avanza la ciencia. Sin embargo, en los últimos arios y
se nos rebatía a nosotros. Cuando dijimos en repeti- a pesar de todos los antagonismos, la causa de la
das ocasiones que para nosotros la conciencia, tanto sociología objetiva, específica y metódica ha ido
individual como social, no era nada sustancial, sino ganando terreno sin cesar. A ello ha contribuido
sólo un conjunto más o menos sistematizado de fenó- mucho con toda seguridad la fundación del Année
menos sui generis, se nos tachó de realistas y ontolo- sociologique. Por abarcar al mismo tiempo todo lo
gistas. Cuando dijimos expresamente y repetimos de que pertenece al dominio de la ciencia, el A nnée ha
mil maneras distintas que la vida social estaba hecha logrado, mejor que ninguna obra especializada,
en su totalidad de representaciones, se nos acusó de comunicar el sentimiento de lo que la sociología
eliminar el elemento mental de la sociología. Se debe y puede llegar a ser. Así hemos podido darnos
llegó incluso a revivir contra nosotros procedimien- cuenta de que no estaba condenada a seguir siendo
tos de discusión que se creían definitivamente des- una rama de la filosofía general, y que, por otra
aparecidos. En efecto, se nos imputaron opiniones parte, podía entrar en contacto con los detalles de los
que nosotros no habíamos mantenido, con el pre- hechos sin degenerar en mera erudición.
texto de que "concordaban bien con nuestros princi- Nunca sería excesivo el homenaje que desde aquí

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queremos rendir a nuestros colaboradores por su cia de manera natural, todo aquello de lo que no
entusiasmo y su dedicación; gracias a ellos pudimos podemos hacernos una idea adecuada por un simple
intentar hacer esta demostración con hechos y gra- procedimiento de análisis mental, todo lo que el
cias a ellos puede continuar. espíritu no puede llegar a comprender más que con
No obstante, pese a todo lo reales que sean los la condición de que salga de sí mismo, por ,vía de
progresos realizados, es incuestionable que las con- observaciones y experimentaciones, pasando progre-
fusiones y los errores pasados aún no se han disipado sivamente de los rasgos más exteriores y más accesi-
por completo. Por ese motivo, querríamos aprove- bles de manera inmediata, a los menos visibles y más
char esta segunda edición para añadir algunas expli- profundos. Tratar como cosas a los hechos de un
caciones a las que ya hemos dado, responder a ciertas cierto orden no es, pues, clasificarlos en tal o cual
críticas y aportar nuevas especificaciones sobre algu- categoría de lo real; es mantener frente a ellos una
nos puntos. actitud mental determinada; es abordar su estudio
partiendo del principio de que ignoramos por com-
pleto lo que son, y que no podemos descubrir sus
La proposición según la cual debemos tratar los propiedades características, como tampoco las cau-
hechos sociales como si fueran cosas —proposición sas desconocidas de las que dependen, ni siquiera
básica de nuestro método— es una de las que más valiéndose de la introspección más atenta.
contradicciones ha provocado. Algunos encuentran Definida así, en términos precisos, nuestra proposi-
paradójico y escandaloso que asimilemos a las reali- ción, lejos de ser una paradoja, casi podría pasar por
dades del mundo exterior las del mundo social. Para un truismo si no fuera porque las ciencias que se
ellos, hacerlo es equivocarse totalmente sobre el sen- ocupan del hombre la ignoran con demasiada fre-
tido y el alcance de esta asimilación, cuyo objeto no cuencia, la sociología más que ninguna otra. Efecti-
•s rebajar las formas superiores del ser a las formas vamente, en este sentido puede decirse que todo
inferiores, sino, por el contrario, reivindicar para las objeto de ciencia es una cosa, excepto, quizá, los
primeras un grado de realidad igual, al menos, al que objetos matemáticos; en lo que a ellos respecta, como
todo el mundo atribuye a las segundas. En pocas nosotros mismos los construimos desde los más sim-
palabras, no decimos que los hechos sociales son ples hasta los más complicados, para saber lo que son
cosas materiales, sino que son cosas como las cosas basta con mirar dentro de nosotros y analizar inte-
materiales, aunque de otra manera. riormente el proceso mental de que ellos son el resul-
¿Qué es realmente una cosa? La cosa se opone a la tado. Pero, cuando se trata de hechos propiamente
idea como lo que se conoce desde fuera se opone a lo dichÓs, en el momento en que emprendemos la tarea
que conocemos desde dentro. Cosa es todo objeto de de hacer ciencia con ellos son necesariamente para
conocimiento que no se compenetra con la in tel igen- nosotros incógnitas, cosas ignoradas, pues las repre-

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sentaciones que de ellos pudimos hacernos en el más, aun en los casos en que sí hemos colaborado a su
curso de la vida fueron hechas sin método y sin crítica, formación, apenas si podemos entrever, y eso de la
por lo que carecen de valor científico y debemos manera más confusa y, a menudo, más inexacta, las
hacerlas a un lado. Los hechos de la psicología indi- verdaderas razones que nos han movido a obrar, y la
vidual presentan este carácter y deben ser considera- naturaleza de nuestra acción. Ni siquiera cuando
dos bajo este aspecto. En efecto, aunque tales hechos sólo se trata de nuestros asuntos privados conocemos
pertenecen a nuestro interior por definición, la con- los móviles relativamente simples que nos guían: nos
ciencia que de ellos tenemos no nos revela ni su creemos desinteresados cuando actuamos con
naturaleza interna ni su origen. Como mucho, hace egoísmo, creemos obedecer al odio cuando cedemos
que los conozcamos hasta cierto punto, pero sólo al amor, a la razón cuando somos esclavos de prejui-
como las sensaciones nos hacen conocer el calor o la cios irracionales, etc. ¿Cómo, pues, tendríamos la
luz, el sonido o la electricidad; esa conciencia nos da facultad de discernir con mayor claridad las causas
de ellos impresiones confusas, pasajeras, subjetivas, mucho más complejas de las que proceden los asun-
pero no ideas claras y concretas, ni conceptos expli- tos de la colectividad? Pues, como mínimo, todos y
cativos. Precisamente por este motivo se ha fundado cada uno de los individuos participamos en ellos
en lo que va del siglo una psicología objetiva cuya aunque sea en una ínfima medida; tenemos una mul-
regla fundamental es estudiar los hechos mentales titud de colaboradores, y captar lo que sucede en las
desde fuera, es decir, como cosas. Con mucha más conciencias de los otros se halla fuera de nuestras
razón debe ser así el estudio de los hechos sociales, posibilidades.
pues la conciencia no podría ser más competente Nuestra regla no implica, pues, ninguna concep-
para conocerlos a ellos que para conocer un poco de ción metafísica, ninguna especulación sobre el fondo
su propia vida.' Se objetará que, como son obra de los seres. Lo que pide es que el sociólogo se ponga
nuestra, sólo tenemos que tomar conciencia de noso- en estado mental en que se encuentran los físicos, los
tros mismos para saber lo que hemos puesto en ellos químicos, los fisiólogos cuando se adentran en una
y cómo los hemos formado. Pero, para empezar, la región tadairía inexplorada de su campo científico.
mayor parte de las instituciones sociales nos son lega- Es preciso que, al penetrar en el mundo social, tenga
das, ya hechas, por las generaciones anteriores; nada conciencia de que penetra a lo desconocido; que se
tuvimos que ver en su formación y, por consiguiente, sienta en presencia de hechos cuyas leyes son tan
no es interrogándonos sobre ellas como podremos insospechadas que podrían ser las de la vida, cuando
averiguar las causas que les dieron nacimiento. Ade- la biología aún no había nacido; es preciso que se
. A la vista está que, para admitir esta proposición, no es necesario mantener prepare para hacer descubrimientos que lo sorpren-
que la vida social sólo esté hecha de representaciones; basta asentar que, sean derán y lo desconcertarán. Ahora bien, para que todo
individuales o colectivas, las representaciones no pueden estudiarse científica-
mente más que a condición de que las estudiemos con objetividad. esto suceda, es preciso que la sociología halla alean-

17 18
zado ese grado de madurez intelectual. Mientras que tal pensador, individualmente, se representa tal ins-
el estudioso de la naturaleza física siente vivamente titución sino el concepto que de ella tiene el grupo:
las resistencias que se le oponen y sobre las que tanto sólo éste es socialmente eficaz. Pero, como no pode-
esfuerzo le cuesta triunfar, parece en serio que el mos conocerlo por simple observación interior, dado
sociólogo'se mueve entre cosas que en un momento que no está completo en ninguno de nosotros, es
se vuelven transparentes para el espíritu, a juzgar por preciso hallar algunos signos exteriores que lo hagan
la facilidad tan grande con que lo vemos resolver las perceptible. Además, ese concepto no ha nacido de la
cuestiones más oscuras. En el estado actual de la nada: es un efecto de causas externas que tenemos
ciencia, ni siquiera sabemos verdaderamente lo que que conocer para que podamos apreciar su valor en
son las principales instituciones sociales, como el el futuro. Hagamos lo que hagamos, siempre, pues,
Estado o la familia, el derecho a la propiedad o el hemos de regresar al mismo método.
contrato, el esfuerzo y la responsabilidad; ignoramos
casi por completo las causas de las que dependen, las
Ii
funciones que desempeñan, las leyes de su evolución;
sobre ciertos puntos, apenas si empezamos a entrever Otra de nuestras proposiciones también ha sido ata-
algunos chispazos. Y, sin embargo, basta hojear las cada y no con menos fuerza que la anterior: se trata de
obras de sociología para darnos cuenta de lo raro que la que presenta los fenómenos sociales como exterio-
es el-sentimiento de esta ignorancia y de estas dificul- res a los individuos. Hoy se nos concede de buena
tades en sus autores, quienes no sólo se consideran gana que los hechos de la vida individual y los de la
como obligados a dogmatizar sobre todos los proble- vida colectiva son heterogéneos en algún grado; puede
mas a la vez, sino que creen que en unas cuantas incluso decirse que sobre este punto estamos
páginas o frases pueden llegar a la esencia misma de logrando un acuerdo, si no unánime, por lo menos
los fenómenos más complicados. Es decir, lo que muy general. Ya casi no hay sociólogos que nieguen
tales teorías comunican no son los hechos, que no especificidad a la sociología. Pero, como la sociedad
podrían ser tratados de modo exhaustivo con tanta se compone de individuos,2 parece de sentido común
rápidez, sino la prenoción que de ellos tenía el autor que la vida social no tenga otro sustrato que la
antes de iniciar su investigación. No hay duda de que conciencia individual; en otras palabras, parece per-
la idea que nos hacemos de las prácticas colectivas, de manecer en el aire y planear en el vacío.
lo que son o de lo que deben ser, es un factor que Sin embargo, lo que tan fácilmente se juzga inadmi-
contribuye a su desarrollo. Pero esta idea misma es sible cuando se trata de hechos sociales, se admite sin
también un hecho y, para poder fijarlo conveniente-
mente, debemos estudiarlo, también, desde fuera. Proposición que, por otro lado, sólo es parcialmente exacta. Además de los
individuos, hay cosas que son elementos integrantes de la sociedad. Lo que
Porque lo que importa saber no es la manera en que sucede es que los individuos son los únicos elementos activos de ella.

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ningún problema en lo que respecta a otros reinos de propiedades nutritivas y demás no están en los dos
la naturaleza. Siempre que se combinan elementos gases de que se compone, sino en la sustancia
diferentes y de ellos resultan, por el hecho mismo de compleja que ellos forman con su asociación.
su combinación, otros elementos nuevos, es preciso Apliquemos este principio a la sociología. Si,
comprender que estos últimos pertenecen, no al como se nos admite, la síntesis sui generis que consti-
ámbito de los elementos, sino al del todo formado tuye toda sociedad produce fenómenos nuevos, dis-
por su unión. La célula viva no contiene nada más tintos a los que acontecen en las conciencias
que partículas minerales, como la sociedad no con- solitarias, es preciso admitir que tales hechos especí-
tiene nada aparte de individuos; y sin embargo, es.a ficos residen en la sociedad misma que los produce y
todas luces imposible que los fenómenos caracterís- no en sus partes, es decir, en sus miembros. En este
ticos de la vida residan en los átomos de hidrógeno, sentido son pues exteriores a las conciencias indivi-
oxígeno, carbono y nitrógeno. Pues así ¿cómo duales consideradas como tales, lo mismo que los
podrían producirse los movimientos vitales en el caracteres distintivos de la vida son exteriores a las
seno de elementos no vivos? ¿Cómo, además, se sustancias minerales que componen al ser vivo. No
repartirían las propiedades biológicas entre estos ele- se les puede reabsorber en los elementos sin caer en
mentos? No podrían encontrarse por igual en todos una contradicción, ya que por definición suponen
ellos por cuanto que no son de la misma naturaleza; una cosa distinta a la que estos elementos contienen.
el carbono no es el ázoe y, por lo tanto, no puede Así queda justificada, por una razón nueva, la sepa-
revestir las mismas características ni desempeñar el ración que hemos establecido más adelante entre la
mismo papel. No menos inadmisible es el hecho de psicología propiamente dicha, o ciencia de la mente
que cada aspecto de la vida, cada uno de sus caracte- individual, y la sociología. Los hechos sociales se
res principales se encarna en un grupo de átomos diferencian de los hechos psíquicos no sólo en cali-
diferente. La vida no podría descomponerse así; es dad: tienen otro sustrato, no evolucionan en el
una y, en consecuencia, no puede tener otro asiento mismo medio, no dependen de las mismas condicio-
que la sustancia viva en su totalidad. Está en el todo, nes. Esto no significa que no sean, también ellos,
no en las partes. No son las partículas no vivas de la psíquicos de alguna manera, puesto que todos con-
célula las que se alimentan, se reproducen, en una sisten en modos de pensar o de actuar. Pero los esta-
palabra, las que viven; es la célula misma, y ella sola. dos de la conciencia colectiva son de una naturaleza
Y esto que decimos de la vida podría repetirse de diferente a la de los estados de la conciencia indi-
todas las síntesis posibles. La dureza del bronce no vidual, son representaciones de otro tipo. Y la
está en el cobre, ni en el estaño, ni en el plomo que mentalidad de los grupos no es la de los individuos;
sirvieron para formarlo y que son cuerpos blandos o tiene sus leyes propias. Las dos ciencias son tan neta-
flexibles; está en su aleación. La fluidez del agua, sus mente distintas como dos ciencias cualquiera pueden

21 22
serlo, sin importar las relaciones que, por lo demás, sentimientos son parte de su constitución, como los
pueda haber entre ellas del individuo lo son de su temperamento físico y de
No obstante, en este punto procede hacer una su organización mental. Así, aun cuando la psicolo-
distinción que tal vez aclare el debate. gía individual no tuviera secretos para nosotros, no
Que la materia de la vida social no pueda expli- podría darnos la solución a ninguno de estos proble-
carse por factores puramente psicológicos, es decir, mas, porque se relacionan con órdenes de hechos que
por estados de la conciencia individual, es para nos- ella desconoce.
otros la evidencia misma. Efectivamente, lo que las Pero, una vez reconocida esta heterogeneidad,
representaciones colectivas traducen es la manera en podemos preguntar si, no obstante, hay algo que
que el grupo se piensa en sus relaciones con los semeja las representaciones individuales y las colecti-
objetos que lo afectan. Ahora bien, el grupo está cons- vas, ya que tanto las unas como las otras son, después
tituido de otra manera que el individuo, y las cosas de todo, representaciones; y también si a consecuen-
que lo afectan son de otra naturaleza. Por ello no cia de ese parecido no habrá ciertas leyes abstractas
podrían depender de las mismas causas representa- que sean comunes a los reinos. Los mitos, las leyen-
ciones que no expresan ni los mismos temas ni los das populares, los conceptos religiosos de todo tipo,
mismos objetos. Para comprender cómo la sociedad las creencias morales, etc., expresan una realidad dife-
se representa a sí misma y al mundo que la rodea, es rente a la realidad individual; pero pudiera ser que la
necesario considerar la naturaleza de la sociedad y no manera en que se atraen o se rechazan, se agregan o se
la de los individuos particulares. Los símbolos bajo disgregan, sea independiente de su contenido y tenga
los cuales se piensa cambian según ella es. Si, por que ver sólo con su calidad general de representacio-
ejemplo, se concibe como salida de un animal epó- nes. Al estar hechas de una materia diferente, se com-
nimo, forma uno de los grupos especiales que llama- portarían en sus relaciones mutuas como lo hacen las
mos clanes. Cuando el animal es sustituido por un sensaciones, las imágenes o las ideas en el individuo.
antepasado humano, pero mítico también, es que el ¿No es de creer, por ejemplo, que la contigüidad y el
clan ha cambiado de naturaleza. Si, por encima de parecido, los contrastes y los antagonismos lógicos se
divinidades locales o familiares, imagina otras de las comparten de la misma manera, sean cuales las cosas
que cree depender, es que los grupos locales y fami- representadas? Se llega así a concebir la posibilidad
liares de los que se compone tienden a concentrarse y de que exista una psicología formal que sería una
unirse, y el grado de unidad que presenta un panteón especie de terreno común de la psicología individual
religioso corresponde al grado de unidad logrado en y de la sociología; y quizá sea esto lo que crea el
el mismo momento por la sociedad. Si ésta condena escrúpulo que ciertos espíritus experimentan a la
determinados modos de conducta es porque ofenden hora de distinguir estas dos ciencias de una manera
algunos de sus sentimientos fundamentales; y esos demasiado tajante.
23 24
Para hablar con rigurosidad, en el estado actual de componen entre sí como las sensaciones, ni los con-
nuestros conocimientos no podríamos dar una res- ceptos corno las imágenes. Si la psicología estuviera
puesta categórica a la pregunta planteada. Así es: por más avanzada, constataría sin duda alguna que cada
una parte, todo lo que sabemos sobre la manera en categoría de estados mentales tiene sus leyes formales
que se combinan las ideas individuales se reduce a que le son propias. Si es así, debemos esperar a for-
algunas proposiciones muy generales y vagas a las tiori que las leyes correspondientes del pensamiento
que comúnmente llamamos leyes sobre la asociación social sean específicas como ese pensamiento mismo.
de ideas. Y en cuanto a las leyes por las que se rige la En realidad, pese a lo poco que se ha practicado este
ideación colectiva, las desconocemos todavía más. La orden de hechos, es dificil no tener la sensación de
psicología social, que debería tener por cometido el dicha especificidad. ¿Acaso no es ella la que hace que
determinarlas, no pasa de ser una palabra con la nos parezca tan extraña la manera tan especial en que
que se designa toda clase de generalidades, variadas e los conceptos religiosos (que son colectivos en el más
imprecisas, sin objeto definido. Haría falta averiguar, alto grado) se mezclan, o se separan, se transforman
con la comparación de los temas míticos, las leyendas unos en otros haciendo que nazcan compuestos con-
y tradiciones populares, las lenguas, de qué manera tradictorios que contrastan con los productos ordi-
las representaciones sociales se interpelan o se exclu- narios de nuestro pensamiento privado? De modo
yen, se fusionan unas en otras o se separan, etc. que, si, como es de suponerse, algunas leyes de la
Ahora bien, aunque este problema se merece la mentalidad social nos recuerdan algunas de las que
curiosidad de los investigadores, apenas podemos establecen los psicólogos, no es que las primeras sean
decir que lo hayan abordado: y mientras no se hayan un simple caso particular de las segundas sino que,
descubierto algunas de estas leyes, es obvio que será además de diferencias muy importantes, entre unas y
imposible saber con seguridad si repiten o no las otras hay similitudes que la abstracción podrá poner
leyes de la psicología individual. al descubierto y que por el momento todavía ignora-
No obstante, a falta de esa seguridad, por lo menos mos. Es decir, que en ningún caso puede la sociolo-
es probable que, si existen semejanzas entre las dos gía, simple y llanamente, tomar prestada de la
clases de leyes, las diferencias no estén menos marca- psicología tal o cual de sus proposiciones para apli-
das. En efecto, parece inadmisible que la materia de carla tal cual a los hechos sociales. El pensamiento
la que están hechas las representaciones no actúe colectivo en su totalidad, tanto en su forma como en
sobre los modos en que éstas se combinan. Es verdad su materia, debe ser estudiado en si mismo y por sí
que los psicólogos hablan a veces sobre leyes de aso- mismo, con el sentimiento de lo que tiene de especial,
ciación de las ideas, como si éstas fuesen las mismas y es preciso dejar que el futuro se ocupe de averiguar
para todos los tipos de representaciones individuales; hasta qué punto se parece al pensamiento de los
pero nada es menos verosímil: las imágenes no se individuos. Este es un problema que pertenece más a

25 26
la jurisdicción de la filosofía general y de la lógica ble, no de abarcarlo con una especie de intuición
abstracta que al estudio científico de los hechos so- exhaustiva. También aceptamos de buen grado el
ciales.' reproche que se hace a esta definición en el sentido
de que no expresa todos los caracteres del hecho
III social y, por lo tanto, no es la única posible. En
efecto, nada hay de inconcebible en el hecho de que
'Nos queda por decir algunas palabras sobre la defi-
pueda estar caracterizado de varias maneras distintas,
nición de los hechos sociales que hemos dado en el
pues no hay razón para que sólo tenga una sola
primer capítulo de nuestro libro. Para nosotros con-
propiedad distintiva.4 Lo importante es elegir la que
siten en maneras de hacer o de pensar, y se les reco-
parezca mejor para el fin que nos proponemos. Hasta
noce por la particularidad de que son susceptibles
es muy posible emplear al mismo tiempo varios crite-
de ejercer una influencia coercitiva sobre las concien-
rios, dependiendo de las circunstancias. Y eso es algo
cias individuales (sobre este tema se ha producido
que nosotros mismos hemos admitido que es necesa-
-u-na confusión que merece destacarse).
rio a veces en la sociología, porque en algunos casos
Es tal la costumbre de aplicar a las cosas sociológi-
el carácter de coacción no es fácilmente reconocible
cas las formas del pensamiento filosófico que, a
(ver pp. 51-52). Lo único que hace falta es que, como se
menudo, se ha visto en esta definición preliminar
trata de una definición inicial, las características de
una especie de filosofía del hecho social. Se ha dicho
las que se sirve sean inmediatamente discernibles y
que nosotros explicamos los fenómenos sociales por
puedan ser advertidas antes de iniciar la investiga-
su contrario, lo mismo que Tarde los explica por
ción. Ahora bien, las definiciones qúe a veces se han
imitación. Nunca tuvimos esa ambición y ni siquiera
propuesto para oponerse a la nuestra no cumplen
se nos había ocurrido la posibilidad de que nos la
esta condición. Se ha dicho, por ejemplo, que el
atribuyeran, tan contraria como es a todo método.
hecho social es "todo lo que se produce en y por la
Nuestro propósito no era el de anticipar por vía
sociedad", o "lo que interesa y afecta al grupo de
filosófica las cohclusiones de la ciencia, sino sólo el
de indicar por cuáles signos exteriores se pueden 4 El poder coercitivo que le atribuimos es incluso una parte tan pequeña del
hecho social que éste bien puede presentar el carácter opuesto. Pues, al mismo
reconocer los hechos de los que ella debe ocuparse, tiempo que las instituciones se nos imponen, nosotros nos atenemos a ellas; nos
con el fin de que el investigador pueda advertirlos obligan y nosotros las amarnos; nos constriñen y nosotros sacarnos provecho de
su funcionamiento y de la coacción misma que ejercen sobre nosotros. Esta
donde estén y no los confunda con otros. Se trataba de antítesis es la que los moralistas han señalado con frecuencia entre los dos
conceptos del bien y del deber, que expresan dos aspectos diferentes, pero
delimitar el campo de la investigación lo más posi- igualmente reales, de la vida moral. Quizá no haya prácticas colectivas que no
ejerzan sobre nosotros esta doble acción, la cual, por otra parte, sólo es contra-
3 Es inútil demostrar por qué, desde este punto de vista, parece todavía más dictoria en apariencia. Si no las hemos definido tomando en cuenta esta vincu-
evidente la necesidad de estudiar los hechos desde fuera, ya que son el resultado lación especial, interesada y desinteresada a la vez, es sólo porque no se
de síntesis que tienen lugar fuera de nosotros y de las que ni siquiera tenemos la manifiesta por signos exteriores que se pueden percibir con facilidad. El bien
percepción confusa que la conciencia puede darnos de los fenómenos interiores. tiene algo que es más interno, más íntimo que el deber, por lo tanto, menos asible.

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alguna manera". Pero no se puede saber si la socie- la influencia que unos y otros ejercen es, en el fondo,
dad es o no la causa de un hecho o si ese hecho tiene muy distinta.
efectos sociales más que cuando la ciencia ya ha No hay que asombrarse, por lo demás, de que los
avanzado. Tales definiciones no pueden servir, otros fenómenos de la naturaleza presenten bajo for-
entonces, para determinar el objeto de la investiga- mas distintas el mismo carácter por el que nosotros
ción que comienza. Para poder utilizarlas, primero el hemos ya definido los fenómenos sociales. Esta
estudio de los hechos sociales debe haber llegado ya similitud se debe simplemente a que tanto los unos
bastante lejos y, en consecuencia, se debe haber des- como los otros son cosas reales. Pues todo lo que es
cubierto algún otro modo previo a la investigación real tiene una naturaleza definida que se impone, con
que permita reconocer los hechos sociales donde- la que es preciso contar y que, aun cuando consiga-
quiera que estén. mos neutralizarla, jamás es vencida por completo. Y,
Al mismo tiempo que se ha encontrado nuestra en el fondo, esto es lo que de tan singular tiene el
definición demasiado estrecha, se la acusa de ser concepto de la coerción social, pues todo lo que
demasiado amplia y de abarcar casi todo lo real. En implica es que las maneras colectivas de actuar o de
efecto, se ha dicho, todo medio físico ejerce una coac- pensar tienen una realidad fuera de los individuos,
ción sobre los seres que sufren su acción, puesto que los cuales se ajustan a ella todo el tiempo. Son cosas
en cierta medida están obligados a adaptarse a él. que tienen una existencia propia. El individuo las
Pero entre estos dos modos de coerción hay toda la encuentra ya formadas y no puede hacer que no sean
diferencia que separa a un medio físico de un medio o que sean de un modo distinto a como son; está,
moral. No podemos confundir la presión ejercida pues, obligado a tomarlas en cuenta, y tanto más
por uno o varios cuerpos sobre otros cuerpos o difícil (aunque no decimos imposible) es para él
incluso sobre las voluntades, con la que la conciencia modificarlas cuanto que, en grados diversos, partici-
de un grupo ejerce sobre la conciencia de sus miem- pan de la supremacía material y moral que la socie-
bros. Lo extraordinario de la coacción social no se dad tiene sobre sus miembros. No hay duda de que el
debe a la rigidez de ciertas disposiciones moleculares individuo participa en su formación. Pero, para que
sino al prestigio del que están investidas ciertas repre- haya un hecho social, es preciso que varios indivi-
sentaciones. Es verdad que los hábitos, individuales duos por lo menos, hayan combinado su acción y
o hereditarios, tienen, en ciertos aspectos, esta misma que de esta combinación resulte un producto nuevo.
propiedad. Nos dominan, nos imponen creencias o Y, como esa síntesis tiene lugar fuera de cada uno
prácticas. Sólo que nos dominan desde dentro, pues de nosotros (puesto que en ella entra una pluralidad de
todos están por completo dentro de cada uno de conciencias), tiene necesariamente como efecto el
nosotros. En cambio, las creencias y las prácticas de fijar, instituir fuera de nosotros ciertas maneras de
sociales actúan sobre nosotros desde fuera: también obrar y ciertos juicios que no dependen de cada volun-

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tad particular tomada aparte. Como se ha hecho segregándolo de toda cuestión secundaria. Y estamos
notar,5 hay una palabra que, si se utiliza extendiendo seguros de que al atribuirle tal importancia perma-
un poco su acepción común, expresa bastante bien necemos fieles a la tradición sociológica, pues, en el
esta manera de ser muy especial: la palabra institu- fondo, de este concepto ha salido la sociología entera.
ción. En efecto, sin desnaturalizar el sentido de este Así es: esta ciencia sólo podía nacer cuando se presin-
término, se puede llamar institución a todas las tió que los fenómenos sociales, pese a no ser materia-
creencias y todos los modos de conducta instituidos les, no dejan de ser cosas reales que arneritan estudio.
por la comunidad; podemos, entonces, definir la Para haber llegado a pensar que había motivos para
sociología como la ciencia de las instituciones, su investigar lo que son, hubo que haberse entendido
génesis y su funcionamiento.6 que existen de manera definida, que tienen una
Sobre las otras controversias que esta obra ha susci- manera de ser constante, una naturaleza que no
tado nos parece inútil insistir, pues no tocan ningún depende de lo arbitrario individual y que de ella
punto esencial. La orientación general del método derivan relaciones que son necesarias. Y la historia
no depende de los procedimientos que se prefiere de la sociología no es, en realidad, más que el prolon-
emplear, ya sea para clasificar los tipos sociales o gado esfuerzo que se ha hecho con miras a precisar
para distinguir lo normal de lo patológico. Además, ese sentimiento, a profundizarlo y a desentrañar
tales desaveniencias se deben muy a menudo a que todas las consecuencias que implica. Pero, a pesar de
sus autores se niegan a admitir o admiten con reser- los grandes avances logrados en este sentido, luego de
vas nuestro principio fundamental: la realidad obje- este trabajo se verá que todavía sobreviven numero-
tiva de los hechos sociales. En definitiva, sobre este sos restos del postulado antropocéntrico, que, aquí
principio descansa de todo, y todo vuelve a él. Por ello como en todas partes, corta el camino a la ciencia. Al
nos ha parecido útil ponerlo en relieve una vez más, hombre le disgusta renunciar al poder ilimitado que
durante tanto tiempo creyó tener sobre el orden
5 Véase la voz "Sociologie" de la Grande Encyclopédie, por Fauconnet y

Mauss. social y, por otra parte, le parece que, si de verdad


6 El hecho de que las creencias y las prácticas sociales penetren en nosotros
desde fuera no quiere decir que las recibamos pasivamente y sin hacerles sufrir
existen fuerzas colectivas, está condenado por necesi-
ninguna modificación. Al pensar las instituciones colectivas, al asimilarnos a dad a sufrirlas sin poder modificarlas. Esto es lo que
ellas, las individualizamos, les imprimimos, más o menos, nuestro sello perso-
nal; es así como, al pensar el mundo sensible, cada uno de nosotros lo colorea a lo lleva a negar su existencia. Las experiencias repeti-
su estilo, y por eso distintas personas se adaptan de modo diferente a un mismo das en vano le han enseñado que esa omnipotencia,
entorno físico. Por esa razón cada uno de nosotros se fabrica, hasta cierto punto,
su moral, su religión, su técnica. No hay conformismo social que no comporte con la que se ha engañado para procurarse placer y
toda una gama de matices individuales. Sin embargo, el campo de las variacio- satisfacción en la vida, ha sido siempre para él una
nes permitidas es limitado. Es nulo o muy endeble en el círculo de los fenóme-
nos religiosos y morales, donde la variación se convierte fácilmente en delito; es causa de debilidad; que su imperio sobre las cosas
más amplio en todo lo que concierne a la vida económica. Pero, rarde o comenzó en realidad en el momento en que se reco-
temprano, incluso en el primer caso, nos topamos con un límite que no
podemos rebasar. noció que tienen una naturaleza propia y se resignó a
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aprender de ellas mismas lo que son. Desechado por
todas las demás ciencias, este deplorable prejuicio se
mantiene con obstinación en la sociología. No hay,
pues, nada más urgente que tratar de librar de él
definitivamente a nuestra ciencia; y ése es el objetivo
principal de nuestros esfuerzos.

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