Paso a comentar y analizar un caso muy interesante relacionado con
la garantía de evicción, que se resolvió en los tribunales de Junín,
Provincia de Buenos Aires. El caso es Loureyro Maximiliano Ezequiel c/
Labado Ariel Ceferino s/ Evicción, y trata sobre la compra de un auto
que resultó ser un vehículo mellizo, es decir, un auto clonado.
Les cuento brevemente qué pasó.
Maximiliano Loureyro compró un Renault Sedan modelo 1987.
Aparentemente, todo estaba en regla: se hizo la verificación policial,
se firmaron los formularios, y se realizó la inscripción. Pero más
adelante, al intentar transferirlo de nuevo, se descubrió que el auto
tenía los números de motor y chasis adulterados. Como
consecuencia, el vehículo fue decomisado. Es decir, el comprador
perdió la posesión legítima del auto, sin culpa alguna de su parte.
Ante esta situación, Loureyro inicia una demanda invocando la
garantía de evicción, y tanto en primera instancia como en la Cámara,
los jueces le dieron la razón.
Ahora bien, ¿qué es la garantía de evicción?
Es la obligación legal que tiene el vendedor de asegurar al comprador
el uso y goce pacífico del bien vendido. Si el comprador es privado del
bien por una causa jurídica anterior a la venta —como en este caso,
por una adulteración que ya existía—, entonces el vendedor debe
responder, aunque no haya actuado con mala fe ni supiera del
problema.
La Cámara fue muy clara: esta garantía tiene carácter objetivo. Es
decir, no importa si el vendedor conocía o no el defecto; lo que
importa es que el comprador perdió el dominio. Además, los jueces
destacaron que no es suficiente que el vehículo haya pasado una
verificación policial. Esas revisiones pueden no detectar ciertas
adulteraciones, sobre todo si están bien disimuladas.
Otro dato importante es que, al revisar los antecedentes del dominio,
se descubrió que un antiguo titular había firmado formularios para
transferir el mismo vehículo a dos personas distintas. Eso generó una
duplicación de identidades del mismo auto. Un fraude que finalmente
terminó perjudicando a Loureyro.
Entonces, ¿qué resolvió la justicia?
Que el vendedor debía devolver el precio de la compraventa, pagar
los gastos en los que incurrió el comprador, e incluso intereses.
Además, se ordenó remitir el caso a la fiscalía para investigar posibles
responsabilidades penales por la adulteración.
Desde mi punto de vista, es un fallo muy acertado.
Refuerza la seguridad jurídica en las operaciones de compraventa de
bienes registrables, como los automotores, y protege al comprador
frente a situaciones que no puede prever ni evitar. También recuerda
a los vendedores que deben actuar con mucha diligencia y
asegurarse de que el título que transmiten sea válido y libre de
conflictos.
Este tipo de decisiones judiciales son fundamentales para generar
confianza en el tráfico jurídico y proteger a quienes actúan de buena
fe.