Historia Económica
c. 272
Módulo 4
Historia Económica 272 Módulo 4
Índice
La economía mundial de posguerra: el capitalismo del Estado de bienestar y el
socialismo real 2
Los años de la reconstrucción 3
Plan Marshall 4
El marco institucional para el nuevo orden mundial. 5
Bretton Woods 5
El Estado de bienestar y su orientación keynesiana 7
Características 7
La extensión del modelo fordista de producción y la sociedad de consumo 8
De la crisis de los setenta a la globalización: nuevos patrones de crecimiento 9
Primeros síntomas de agotamiento de la expansión 10
La salida de la crisis: bases para la recuperación 12
El despegue de los “tigres asiáticos” y China 12
El capitalismo global y el nuevo orden mundial 13
¿Y qué es la globalización? 14
La tercera fase 15
Actividad de Evaluación (Optativa) 17
Bibliografía 17
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Historia Económica 272 Módulo 4
La economía mundial de posguerra: el
capitalismo del Estado de bienestar y
el socialismo real
Las dos guerras mundiales y la depresión de los años treinta determinaron la evolución
económica, social, política e institucional del mundo a partir de la segunda mitad del siglo
XX. El período 1947-1973 se caracterizó por dos procesos principales: por un lado, una
prosperidad general sin precedentes que ha llevado a algunos autores a calificarlo como la
edad dorada del capitalismo; por el otro, el enfrentamiento durante la etapa de la Guerra
Fría, entre dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética. La división del
mundo fue entre dos bloques políticos y económicos encabezado cada uno por una
superpotencia. La relación entre estos dos planos del período es clara: las tensiones entre
el oeste y el este (como se denominaba también a los bloques constituidos) implicaba
también la lucha de los dos sistemas económicos (el capitalismo y el socialismo). Al nivel
de los discursos, los defensores del primero debieron disputar con los mensajes
revolucionarios del segundo, en referencia a una propuesta productiva radicalmente
diferente.
El mundo industrial se expandió en los últimos espacios de atraso en Europa occidental y
oriental; mientras que en el denominado Tercer Mundo (compuesto en parte por antiguas
colonias que acceden a la independencia luego de la segunda guerra mundial), la
producción de alimentos creció a un mayor ritmo que la población y aunque hubo intentos
de industrialización, continuó la dependencia mediante la exportación de materias primas y
alimentos. Igualmente, la concentración de los beneficios del desarrollo industrial en unos
pocos países condujo a un incremento de las desigualdades. Cada vez con más
insistencia, mientras se irá diluyendo el conflicto oeste-este, comenzará a plantearse una
situación nueva: “norte-sur”.
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Los años de la reconstrucción
Las estimaciones difieren en cuanto a las pérdidas humanas y materiales de la segunda
guerra mundial: entre cincuenta y setenta millones de muertos (unos cuarenta en Europa)
de los cuales cerca del 60% eran no combatientes; mientras que las destrucciones
materiales alcanzaron valores extraordinarios: sólo en la Unión Soviética fueron arrasadas
17 mil ciudades así como el 70% de las infraestructuras de transporte. El ingreso nacional
descendió en un 50% en Austria y Polonia, un 40% en Finlandia, Grecia e Italia, y entre el
10 y el 20% en Francia, Países Bajos y Bélgica. La reducción fue menor en Gran Bretaña,
Suiza y Suecia.
La recuperación fue muy rápida al punto que en 1950 prácticamente Europa había
conseguido los niveles de producto bruto interno (PBI) de antes de la guerra (Cuadro Nº 1);
entonces ¿cómo fue posible este proceso tan corto en el tiempo? A diferencia de lo
ocurrido con el Tratado de Versalles que se caracterizó por un espíritu revanchista, ahora se
procuró la cooperación entre los países para salir de la crítica situación.
Hasta 1947 las ayudas de los países, con el propósito de la reconstrucción, tuvieron escasa
significación, se realizaron en forma indiscriminada y en general, se destinaron para
mantener viva a la población, especialmente en Europa oriental1 . Tres factores
contribuyeron a una recuperación relativamente rápida: durante el desarrollo de la guerra
los nacimientos aumentaron, con lo cual no hubo descenso global de la población; la
destrucción de los equipos de producción no fue general y podían identificarse zonas
prácticamente no afectadas; Estados Unidos, con un importante crecimiento económico
durante la guerra y nación vencedora, se involucró en la recuperación. Este factor fue el
más relevante: el liderazgo mundial pasó a ser considerado como necesario a raíz de la
mirada respecto al significado de la década de 1920; y el propio crecimiento del país sería
posible, en la medida en que la demanda agregada por la recuperación, evitaría el colapso
de un sistema productivo que había dependido de la guerra. Cuando la Unión Soviética
mostró intenciones de implantar su hegemonía en los territorios liberados por el Ejército
Rojo, los norteamericanos comprendieron la urgencia de lograr la reconstrucción y la
mejora del nivel de vida de las poblaciones de los países que potencialmente serían sus
aliados en la Guerra Fría.
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Plan Marshall
El debilitamiento de Europa llevó a la administración estadounidense a plantear la
denominada doctrina Truman (política que comprometía ayuda a los “pueblos libres” que
resistan los intentos de “subyugación por minorías armadas o por presiones exteriores”)
que incluía ayudar a los países que evitaran las tentativas de dominación por parte del
bloque soviético. La misma tuvo su principal materialización en el Plan Marshall, propuesta
lanzada en julio de 1947 por el secretario de estado, general George Marshall, un amplio
programa de reactivación económica que comprendió dos objetivos principales: uno,
económico (evitar una posible recesión de la economía norteamericana por falta de
mercados para sus productos) y otro, político (evitar que los países europeos occidentales
se convirtiesen en economías socialistas).
La idea era ayudar a los países europeos a salir de la difícil situación económica en que se
encontraban, dado que sus exportaciones no eran suficientes para pagar las importaciones
necesarias para la recuperación, que venían en su mayor parte de Estados Unidos .
Además, el panorama se agravaba por la fortaleza del dólar y el crecimiento de los precios
norteamericanos. Los resultados económicos significaron una reconstrucción europea más
acelerada y una reactivación económica espectacular, que se transmitió a toda la economía
mundial; a la vez, una fuerte dependencia tecnológica, económica y financiera de los países
beneficiarios respecto a Estados Unidos . En materia de cuentas externas, los déficit con el
área dólar (las importaciones europeas –alimentos, materias primas– provenían de Estados
Unidos) intentaron equilibrarse aunque no siempre con resultados satisfactorios; de
diferentes modos, se procuró estimular las exportaciones (promociones mediante
campañas, ayudas financieras a los empresarios) y disminuir las importaciones (controles
físicos, restricciones del consumo, sustitución de importaciones) a medida que la
recuperación tenía lugar. En síntesis, la corriente de dólares que significó el Plan Marshall
no sólo benefició a los países receptores, sino que los Estados Unidos asistieron a la
creciente apertura de sus mercados y a un incremento de las exportaciones. La
recuperación económica y el posterior crecimiento favorecieron el asentamiento de
regímenes democráticos y parlamentarios en Europa occidental, dando comienzo a una
etapa de prosperidad.
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El marco institucional para el nuevo orden mundial.
En el último año del desarrollo de la segunda guerra mundial, los Estados Unidos y Gran
Bretaña discutieron el modo de restablecer las bases para la reconstrucción de la
economía mundial, una vez que finalizase el conflicto. La experiencia del periodo de
entreguerras y de la lucha contra la gran depresión, así como el temor a la extensión del
comunismo soviético marcaron el acuerdo: la reconstrucción de posguerra tenía que
basarse en la recuperación de todos los países vencedores o vencidos, la intervención de
los estados sería clave para la ordenación de las economías y el avance del libre comercio,
y la cooperación entre países, actuarían como las garantías del progreso económico y la
estabilidad política.
En efecto, en los años treinta el mundo había asistido al derrumbamiento del patrón oro
internacional, y a distintos experimentos fracasados de los países con la adopción de tipos
de cambio flotantes. La desastrosa experiencia monetaria de la crisis del treinta convenció
de que el sistema de tipos de cambio flotantes causaba inestabilidad en los mercados y
perjudicaba al comercio mundial: ante la recesión del período de entreguerras, las
economías nacionales cerraron sus propios mercados al comercio, entre fuertes
turbulencias en los mercados internacionales, guerras comerciales y devaluaciones,
medidas todas que generaron un elevado costo en el conjunto mundial. Con la finalidad de
evitar la repetición de situaciones parecidas, se procuró forjar un sistema diferente.
Bretton Woods
El marco general para el diseño fue la conferencia en la ciudad estadounidense de Bretton
Woods (New Hampshire, julio de 1944) en la que participaron cuarenta y cinco países,
incluida la Unión Soviética, aunque no firmaría los acuerdos. El objetivo básico era
fomentar el desarrollo del comercio internacional, pero ello exigía también un sistema
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monetario internacional que sustituyera al patrón-oro. Los tres pilares del sistema de
Bretton Woods serían:
a) La aceptación del dólar norteamericano como única moneda convertible en oro y por
tanto, su adopción como patrón de cambio internacional, con respecto al cual, se
establecía la paridad del resto de monedas. A finales de la década de 1940, los Estados
Unidos contaban con el 60% de las reservas de oro del mundo, y era el abastecedor de
materias primas y productos industriales necesarios para la reconstrucción de Europa y
Japó[Link] trataba del sistema “patrón oro-divisas” que incluía como divisas de reserva las
de aceptación internacional: un sistema mundial de tipos de cambio fijos de las monedas,
siendo el ancla del sistema el oro . El dólar era la única moneda convertible en oro, una
divisa de reserva tan válida como el oro mismo, con lo cual, los países mantenían
principalmente sus reservas en forma de oro o de dólares, y tenían el derecho de vender
sus dólares a la Reserva Federal de Estados Unidos a cambio del oro al precio oficial.
b) El establecimiento de una serie de instituciones financieras internacionales, que
desempeñarán las funciones asignadas al sistema financiero en una economía nacional:
una, el control de los cambios y de la masa monetaria (Fondo Monetario Internacional, FMI);
y otra, dedicada a financiar el desarrollo económico mediante préstamos a largo plazo a los
países afectados por la guerra y a los más pobres (Banco Internacional para la
Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD), más adelante convertido en Banco Mundial, BM)
Las principales funciones atribuidas al FMI incluyeron:
1) fomentar la cooperación monetaria y la estabilidad cambiaria; 2) contribuir al crecimiento
del comercio internacional; 3) favorecer un sistema multilateral de pagos internacionales
mediante la eliminación de restricciones cambiarias (o la convertibilidad de las monedas
nacionales); 4) elaborar planes globales (líneas de créditos, actuaciones políticas y
presupuestarias, negociación de deudas) para corregir situaciones de dificultades
económicas de los países miembros.
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El Estado de bienestar y su
orientación keynesiana
Distintas causas explican el mayor protagonismo del Estado en cuestiones económicas
después de la segunda guerra mundial: los efectos de la depresión mundial de la década
de 1930 había impulsado políticas de corte keynesiano; la intervención gubernamental
durante los años de la guerra demostraba los resultados de la experiencia (prioridad de la
producción de guerra, racionamientos, control de la actividad y los precios); y la fuerza de
los partidos de izquierdas –comunistas o socialdemócratas– y el temor a la extensión del
comunismo, llevaron hasta a los sectores más conservadores a admitir que era necesario
una intervención estatal mayor, que actuase allí donde los mercados no funcionaban
plenamente (sanidad, educación) para garantizar la estabilidad social. La teoría económica
keynesiana reivindicaba un papel activo del Estado mediante los correspondientes
instrumentos de política monetaria y fiscal, para sostener la demanda efectiva y el empleo,
y así enfrentar las crisis económicas. El déficit presupuestario fue aceptado como una
medida para evitar la crisis y favorecer el crecimiento.
Características
Las nacionalizaciones de sectores claves de servicios públicos (eléctrico, agua, gas,
transporte) y actividades industriales (construcción naval y aeronáutica, química, minería de
carbón) constituyeron otra forma de intervención.
En el primer momento, cuando resultaba prioritaria la recuperación económica europea, el
énfasis estuvo en elevar el nivel de inversión (industrias básicas) para asegurar un
crecimiento más rápido de la producción y de las exportaciones. Cada uno de los
gobiernos se convirtieron en los mayores inversionistas, no sólo mediante las empresas
públicas de su propiedad (en Francia y Gran Bretaña una parte sustancial de la industria fue
nacionalizada) sino mediante otros canales intermedios. La inversión fue prioritaria antes
que el consumo y las políticas gubernamentales apoyaron este sentido económico:
créditos baratos, exenciones fiscales, medidas para estimular el ahorro.
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a) el Estado asumió la responsabilidad de garantizar el pleno empleo como objetivo
fundamental de sus políticas macroeconómicas;
b) el compromiso social con los sectores más desprotegidos, para promover una equitativa
distribución de los bienes sociales y así forjar la igualdad de oportunidades;
c) política fiscal progresiva que no alcanzaba al consumo sino a la riqueza;
d) papel de árbitro entre los actores sociales, en especial, del capital y el trabajo; e)
productor de bienes y servicios (en Europa y no en Estados Unidos).
Los pilares básicos sobre los que descansaba entonces el Estado de bienestar son el
Estado empresario, el neocorporativismo y el Estado social propiamente dicho
(Esping-Andersen, 1993). En el primer caso, el nuevo sistema puede ser definido como
economía mixta en el sentido que a los agentes económicos privados se les sumó el
Estado que actuó en diferentes ramas: líneas aéreas, ferrocarriles, electricidad, explotación
y comercialización de petróleo, agua, gasoductos, comunicaciones, correo y otras
empresas de bienes de capital.
En el segundo caso, estamos ante una forma de mediación ejercida por el Estado para el
funcionamiento de un sistema basado en tres interlocutores –capital, trabajo, Estado– y el
arribo a acuerdos coyunturales donde las partes cedían ciertas demandas, a cambio de
mayores beneficios.
El tercer aspecto, implicaba la ampliación de los derechos sociales de la ciudadanía:
garantías respecto a la salud, educación, empleo, recreación, subsidios por desocupación,
a la vejez o invalidez.
La extensión del modelo fordista de producción y la sociedad de
consumo
Como hemos indicado, la transformación de los procesos productivos en base a la
extensión del fordismo, ha sido uno de los pilares del crecimiento económico. Constituyó
desde finales del siglo XIX, una estrategia de acumulación intensiva de capital a partir de la
gestión científica del trabajo; su instrumentación provocó un incremento en la productividad
del trabajo, posibilitando la producción masiva de bienes de consumo baratos. Ahora bien,
para que el sistema no desembocara en una crisis de superproducción (como la de 1930),
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el trabajador masivo creado por el taylorismo debía convertirse en el consumidor masivo de
los bienes que se industrializaban.
En consecuencia, para que el modelo se mantuviera en el tiempo en función al modo en
que había sido organizado, suponía: el crecimiento de las inversiones financiadas con
beneficios; y la ampliación del poder de compra de los trabajadores asalariados. La tasa de
ganancia podría mantenerse o crecer en la medida en que se consiguiera un contrato de
largo plazo de la relación salarial (con límites para despidos y acuerdos de incrementos de
sueldos en función a la variación de precios y la productividad). Los convenios colectivos
fueron el instrumento que mantuvo la tranquilidad social: los patrones pudieron acordar con
los sindicatos niveles salariales, condiciones de trabajo y el compromiso de evitar conflictos
laborales. Así, el aumento de los salarios reales se tradujo en consumo masivo, la demanda
estimuló nuevas inversiones que al estar vinculadas con incrementos de la productividad
aseguraron tasas de ganancias atractivas y otra vez, nuevas inversiones. Al mismo tiempo,
crecieron los mercados internos a través de la elevación del poder de compra. Este era el
círculo virtuoso de los “años dorados”.Las condiciones de alza de ingresos que aumentaron
rápidamente durante más tiempo, favorecieron la conformación de la sociedad de
consumo. El período de prosperidad económica, con el crecimiento en la producción y la
productividad, no fue resultado sólo de las mejoras técnicas, sino que hubo cambios
estructurales, algunos ya venían realizándose con anterioridad a la guerra pero que desde
ahora avanzaron y se aceleraron.
De la crisis de los setenta a la globalización: nuevos patrones de
crecimiento
El espectacular crecimiento económico que había caracterizado a la economía mundial
desde los años cincuenta (sólo marcado por cortas recesiones coyunturales) hizo pensar
que el capitalismo había superado las catastróficas crisis que marcaron su historia. Sin
embargo, al comienzo de la década de los setenta se inició una nueva crisis estructural que
confirmó su movimiento cíclico. Es posible identificar una subdivisión temporal de la etapa
que abarca nuestro período final de estudio: desencadenamiento de la crisis (1971-1979);
la forma en que es enfrentada y se produce la absorción de la misma por las diferentes
economías (1979-1985) y finalmente, el período en el que se crean las condiciones (sobre
otros parámetros) para una nueva configuración económica (asociada con el término
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“globalización”) desde los años ochenta hasta la década de 1990. Los objetivos de este
capítulo son explorar los motivos que llevaron a la desaceleración de la economía hacia
comienzos de los setenta; identificar los factores que desencadenaron una nueva crisis,
analizar los cimientos sobre los que se asentó la reestructuración de la economía mundial y
comprender el hundimiento de las economías del bloque soviético.
Los setenta como años turbulentos: inestabilidad cambiaria y crisis energética
La etapa que se inicia una vez superados los efectos de la segunda guerra mundial fue de
crecimiento con pleno empleo y estabilidad. A partir de los años setenta ese ciclo se
interrumpe dando lugar a un período que se caracteriza por aumentos desconocidos de
desempleo e inflación, fuertes desequilibrios externos y un aumento de las diferencias entre
países desarrollados y países menos desarrollados.
La crisis no afectó de igual forma a las diferentes áreas económicas. Durante este período
se producirá la incorporación de los “tigres asiáticos” (Corea, Taiwán, Hong Kong y
Singapur) al conjunto de países desarrollados; la integración económica en Europa dará un
salto adelante con la firma del Acta Única en 1985 y del Tratado de Maastricht (1992);
mientras se produce el desmantelamiento del bloque soviético y de las economías de
planificación y, finalmente, la apertura de la economía China.
Primeros síntomas de agotamiento de la expansión
Entre 1968 y 1973 se fueron gestando las condiciones que darían lugar a dos
acontecimientos que marcarían la evolución posterior: la crisis del dólar y la crisis del
petróleo. No se trató de factores aislados sino que estuvieron vinculados, especialmente a
partir de sus efectos, porque uno y otro, modificaron la correlación de fuerzas entre los
principales actores del sistema económico mundial.
La aplicación de las fórmulas keynesianas que favorecieron el crecimiento económico
previo, también fueron generando una moderada inflación, que se fue acelerando en los
años sesenta. No sólo las expectativas condujeron a este aumento de precios sino que
resultó clave la gran escalada de alzas generalizadas ocurridas en 1965 cuando en Estados
Unidos se decidió no pagar los costos de la guerra de Vietnam (gastos militares y carrera
armamentística en el contexto de la Guerra Fría) con incrementos impositivos sino que el
aumento en el déficit público fue financiado inflacionariamente (vía emisión monetaria). El
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impacto pronto se sintió en la balanza de pagos ante la pérdida de competitividad de la
industria norteamericana; los dólares abundaban a diferencia de lo sucedido en la
inmediata posguerra; los monetaristas resaltan esta sobreemisión de la moneda realizada
por Estados Unidos para financiar sus déficits presupuestarios, alejándose de las
prescripciones de Bretton Woods, como fuente principal del problema.
La crisis del dólar se reflejó especialmente cuando en agosto de 1971 el presidente Richard
Nixon suspendió la convertibilidad de esa moneda con el oro; ya el año previo era evidente
que el país no contaba con las reservas de oro suficientes para respaldar a su moneda, en
especial, aquélla que estaba en poder de los bancos europeos y japoneses (instituciones
que se rehusaban a seguir acumulando eurodólares por el temor de una devaluación) .
La devaluación de la moneda ponía fin al sistema de Bretton Woods. En materia cambiaria,
se inicia un nuevo sistema basado en la flotación generalizada, según el cual, y a diferencia
de los tipos de cambio fijo, las autoridades no intervendrían y sería el mercado quien
delimitaría las equivalencias monetarias.
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La salida de la crisis: bases para la
recuperación
La recaída del capitalismo central obedeció (según desarrollamos en el punto anterior) a
una serie de factores económicos, sociales y aún políticos que habían apuntalado la
economía de la segunda posguerra. La recuperación europea llegó a su fin, y junto con el
desempeño de Japón, pronto superaron la competitividad de las empresas
norteamericanas. Al mismo tiempo, el derrumbe del “socialismo real” (que analizamos más
adelante) que hasta el momento había contribuido a un capitalismo de bienestar, se
encuentran entre los motivos que habilitaron el drástico giro hacia políticas neoliberales.
Al principio los gobiernos procuraron paliar los efectos de la crisis sin una traslación
inmediata a los mercados y a los ingresos reales; el ajuste fue postergado (por el costo
político que hubiera significado) y si bien la inflación y los déficits públicos merecieron
cierta atención, hubo políticas para apuntalar sectores industriales afectados por la subida
del precio del petróleo que junto con la acción de estabilizadores automáticos generaron
fuertes desequilibrios presupuestarios. En la segunda mitad de la década la política
monetaria expansiva permitió acomodarse al crecimiento de la inflación mientras los
sindicatos negociaban salarios (sólo unos pocos países aplicaron control de precios y
salarios) dando por resultado una peligrosa espiral precios–salarios en forma paralela con el
aumento del desempleo.
El despegue de los “tigres asiáticos” y China
Desde finales de la década de 1960 un grupo de países asiáticos (Corea del Sur, Taiwán,
Singapur y Hong Kong) tuvieron un crecimiento económico extraordinario, adoptando el
nombre de “tigres del Pacífico y/o asiáticos” o también conocidos por la sigla en inglés
“NIC” o “países de industrialización reciente”. Constituyen un conjunto de países que
experimentó un mayor crecimiento del PBI, PBI per cápita y productividad del trabajo entre
1973 y 1992.
Los países comparten una situación geográfica similar: el sudeste asiático, con clima
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tropical y subtropical húmedo, pocos recursos minerales, escasos suelos fértiles y poca
superficie territorial; en consecuencia, y a diferencia de América Latina y África, tenían
pocos recursos naturales exportables y pocas opciones aparte de aprovechar bajos
salarios para producir artículos industriales simples y venderlos en el mercado mundial
(juguetes, ropa, muebles, para el caso de Corea y Taiwán). Dos de ellos eran
ciudades-estados (Singapur y Hong Kong); Taiwán y Corea del Sur formaban parte de
naciones divididas y eran protectorados militares de Estados Unidos. Los factores externos
han posibilitado el crecimiento. En el contexto de la Guerra Fría (y después del triunfo de
Mao en China) el temor a que buena parte del continente asiático cayera en manos
comunistas, hizo que este conjunto se beneficiara de apoyo militar, asistencia técnica y
ayuda financiera de los norteamericanos que a la vez, abrieron su mercado a los productos
coreanos, más baratos gracias al bajo nivel de [Link] rápida industrialización es un
rasgo común a estas experiencias, con un conjunto de productos que fueron destinados a
las exportaciones. A partir de los años sesenta, el sector manufacturero creció en su
participación dentro del PBI y en el volumen de las ventas al exterior, provocando el “efecto
arrastre” que genera empleo, calificación en la mano de obra, incremento de la
productividad, crecimiento de los salarios reales, consideración de la importancia del
progreso técnico.
La integración de la economía mundial durante los últimos años del siglo XX creó grandes
oportunidades para la especialización y el crecimiento.
El capitalismo global y el nuevo orden mundial
El mundo ha experimentado profundas transformaciones en las dos últimas décadas, lo
que ha significado la creación de un escenario inseguro y cambiante. Con la desaparición
del bloque soviético algunos pensadores predijeron que se acercaba una nueva era,
denominada “el fin de la historia”, que daría comienzo a un largo período de paz,
democracia y consumismo, bajo la forma de un solo sistema económico (Fukuyama, 1992).
Los acontecimientos inmediatos dieron por tierra tal perspectiva optimista. La guerra del
Golfo Pérsico; el resurgimiento de los nacionalismos en los países del este de Europa y las
crecientes dificultades de las grandes potencias industriales para resolver sus problemas
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económicos y sociales, demostraron que la historia está lejos de haber “terminado”, y que,
el “mundo nuevo” que surge en los años noventa, arrastra tras de sí cuestiones políticas,
económicas y culturales que muchos ignoraban o habían olvidado.
Estas transformaciones en la economía mundial hablan de un contexto diferente, que ha
venido a definirse de forma generalizada y hasta abusiva a través de un concepto de
perfiles imprecisos: la globalización. En la actualidad, el mundo y la economía se presentan
como mucho más interdependiente a escala internacional (en diferentes planos), al punto
de que prácticamente, no existe ninguna actividad económica y productiva que no sufra
sus consecuencias y viva procesos más o menos acelerados de transformación.
¿Y qué es la globalización?
Existen varias definiciones. El concepto empezó a usarse con frecuencia a comienzos de la
década del noventa en las escuelas de negocios de las grandes universidades
norteamericanas (Harvard, Columbia, Stanford) vinculadas a los estudios de las estrategias
para la expansión de los grandes grupos económicos financieros e industriales. La
entenderemos (dados los propósitos de este trabajo) en su vertiente económica aunque
abarca también aspectos políticos, sociales y culturales. El concepto de globalización más
difundido tiene fuertes connotaciones económicas haciendo referencia a la integración
mundial de mercados, con lo cual, no es un fenómeno nuevo sino que ha sido una
característica del desarrollo capitalista mundial desde la expansión ultramarina europea del
siglo XV (con lo cual podría pensarse que ha habido muchas “globalizaciones”), pues el
propio sistema económico presentó desde su inicio características de expansión a escala
planetaria, aún más marcadas desde finales del siglo XIX. En esta línea (que es la que
interesa para nuestros objetivos), Benjamín Coriat (1994) identifica diferentes etapas. La
primera fase, que denomina de internacionalización, desde fines del siglo XIX hasta antes
de la primera guerra mundial. Como característica central señala que si bien existe
intercambio internacional de productos, los estados mantienen el status de soberanos y
todos los atributos de soberanía económica (emisión monetaria, definición de la tasa de
cambio, control de los intercambios aduaneros), diferenciándose del período actual, en el
cual es característica la pérdida de elementos de dicha soberanía. La segunda fase,
comprende desde el final de la segunda guerra mundial hasta alrededor de los años
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setenta, denominándola de mundialización. Se trata del período en el que las firmas
multinacionales comienzan a tener en cuenta en sus decisiones, acerca de la localización
de sus actividades, sus dimensiones comerciales o financieras, una verdadera base
mundial, aprovechando las diferencias nacionales para optimizar sus equipos de
producción maximizando así a esta última.
La tercera fase
La tercera fase, denominada globalización comienza a mostrarse a fines de los setenta, con
la aceleración de la tendencia anterior pero definiendo cada vez más una etapa con
características nuevas (especialmente desde la desaparición de alternativas reales tras la
caída del bloque soviético) apoyada en una serie de premisas:
a) la desregulación, haría referencia no sólo –aunque especialmente– a la globalizaciòn
financiera y en general, de los mercados financieros así como a la de los grandes servicios
internacionales masivos, como las telecomunicaciones y el transporte aéreo;
b) el proceso de regionalización, esto es, con la apertura de los mercados, las empresas se
concentraron sobre su oficio principal (savoir-faire) y sobre sus mercados porque con el
intercambio de amenazas, la llegada de otras empresas, obligaba a remarcar el propio
territorio (el proceso de globalización coexiste con la formación de bloques económicos
regionales);
c) el fin del modelo norteamericano de organización de empresas, es decir, del modelo de
la producción masiva de productos estandarizados de bajo costo, el modelo de las
economías de escala, surgiendo en el mercado mundial nuevas culturas de empresa,
nuevos savoir-faire, nuevos modelos organizacionales conocido como modelo posfordista
o de producción flexible.
Además de esta conceptualización como proceso objetivo, se ha difundido en el terreno
cultural e ideológico una suerte de “pensamiento único” (defendido por el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial) que legitima la supremacía del sistema capitalista,
demoniza al Estado y favorece la imposición del credo liberal (individualismo, competencia,
consumismo, mercantilización de la existencia). La globalización aparece como algo
inevitable, ante lo cual el Estado es impotente.
En consecuencia, estamos ante una estrategia política (expresión de un grupo dominante)
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que apunta a crear las condiciones para una renovada racionalidad en la cual el capital
internacional no tenga restricciones en ninguno de los países para poder trasladarse
libremente; y a la reformulación de las estructuras e instituciones de la regulación fordista,
rompiendo con la conciliación de clases; una estrategia de sobreexplotación y para varios
países, también de [Link] globalización es un fenómeno que se da de forma muy
desigual en diferentes países, regiones internas, sectores de actividad, industrias y
empresas.
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Actividad de Evaluación (Optativa)
Si llegamos hasta aquí es momento que practiquemos con una actividad. Para acceder a la
actividad es importante que tengas acceso a internet. En caso de no tener podés solicitar el
módulo complementario de actividades.
¡Importante! Las actividades podés realizarlas cuantas veces desees. No suman ni restan
puntos a la asignatura. Y es muy recomendable que las hagas.
Bibliografía
– BUSTELO, Francisco (1998). Historia Económica: una ciencia en construcción, Madrid,
Síntesis.
– CIPOLLA, Carlo M. (1991). Entre la historia y la economía. Introducción a la historia
económica, Barcelona, Crítica.
– GELMAN, Jorge (2006). La historia económica argentina en la encrucijada. Balances y
perspectivas, Buenos Aires, Prometeo.
– KULA, Witold (1974). Problemas y métodos de la Historia económica, Barcelona,
Península. – NORTH, Douglas C. (1981). Estructura y cambio en la historia económica,
Madrid, Alianza.
– ROCCHI, Fernando. “Cronos, Hermes y Clío en el Olimpo del mundo académico: historia
y teoría económica, 1960-2005”, en GELMAN, Jorge (comp.) (2006). La historia económica
argentina en la encrucijada: balances y perspectivas, Buenos Aires, Prometeo.
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