Irarrázaval Renato
[de Despierto en el sueño, 1975]
Clamor
Mi boca encierra el grito de la noche.
Mi lengua ya no encuentra reposo en la palabra.
El grito
Es la profundidad
del mar en nuestra boca,
el rescate más hondo de la voz.
Por eso la boca arrastra
en los filos del grito
un temblor de Dios.
La sílaba primera
espesa en su latido.
Materno
Hay un llanto en las madres,
como la queja efímera de la flor
que en sus espinas separa.
La paternidad cría un engendro sombrío,
la filiación es el imán en que muchos se pierden.
Tienta bucear la imagen que aprisiona la herencia.
Equívoca nostalgia: hay espejos prohibidos
que no hermanan jamás la semilla con el fruto.
Somos la primera oscuridad
que desangró la luz sin dueño.
Tuvimos que beber toda la ceguera materna
para resistir el alumbramiento.
Soy el habitante oscuro de los puertos,
un bosque húmedo me sostiene
y el astro engasta en mí su lejanía.
El encargado de pulsar los mares
confunde el aliento de los cielos
y abre un abismo en cada frente.
Aquél que hizo madurar los vientos
sembró el alba con el calor del grito.
¿Qué madre invisible colabora al misterio?
[de Por la cerradura del espejo, 1979]
Visión
Cuando no se pueda
apelar a la nostalgia
en altar respiraremos.
En el asombro de la cima
abre el enigma,
la lenta desnudez del mar.
Entonces cerrarás la edad
del templo.
Insomnio
Para contarte Clarisa mis insomnios
mira por la cerradura del espejo.
Verás que a mis pies la niebla se arrodilla,
que vecino comparto con la sábana la muerte,
qué blasfemo soy de los recuerdos,
qué ojera me crece como pez dormido.
Me olvido de ese brazo que conduce
mi lecho al son del remo y de tu astucia.
Me olvido de ese abrazo
que sólo desafía nuestra imagen,
el sueño anticipado del espejo.
[de Interrogo al olvido, 1982]
Recuerdo
Oigo tu cuerpo transitar fuera del tiempo.
Tal vez tu grito descienda la escalera.
Aguas
Baja la niebla por el río.
Humedad que a ciegas va rondando
las ausentes riberas, repitiendo
el clamor ruidoso de las aguas.
Las piedras entonan acordes subterráneos.
Estado
Pero estoy observándome:
estoy donde mismo me dejé
oscilando la palabra que me debo.
[de 60 poemas, 1988]
Llamado
Hondamente busqué tu nombre
entre las olas:
prodigios de la sal y abrazos de mareas.
Yo estoy a este otro lado del vértigo
de playas,
donde las dunas me llaman
por mi nombre más antiguo.
Muéstrame la arruga de tu boca,
los hombros lacerados,
tu costado llameante de bocas paulatinas
y la piel en su placer entero.
[de Otras guerras y deleites, 1989]
Sangre dormida
Pulsando un abrazo ciego
el tacto marchitó tu destierro.
En la cosecha de mis manos
liberé tanta sangre dormida.
[de El ojal del corazón, 1994]
El ojal del corazón
De la unidad, la mitad
se advierte en sus peligros,
mientras la desmesurada región
de las urgencias
amenaza sobrevivir en los perfiles.
La forma cansada corrompe
la presencia del olvido.
Mi frente piensa serena en los puños,
en la sanguínea pubertad de las culpas,
en el sosiego que destruye la sonrisa
y en el ojal donde descansa el corazón.
[de El espejo de la sombra, 1998]
A Omar Cáceres
Porque el hombre ama su propia
y oscura vida solamente
O. C.
Vamos afinando los pasos
hacia la muerte,
besando un espejo entre las brumas,
contando los latidos que arrancan
de los astros.
Mis espaldas invocan un lamento
de montaña
y la tristeza cose el vértigo a la altura.
El espacio conoció los lamentos
de las bocas heridas, las alas iniciales
de todos los torrentes, los signos del cielo
que degollaron los astros, los bosques
que olvidaron sus crímenes.
[de Desalojo, 2000]
El animal
Los animales reflejan en sus miradas
proyectos sin destino.
En sus pupilas rejuvenecen los pastos y
las colinas cuelgan al atardecer.
La carne en su peso y talle sueña de pie
en la instancia más cruel.
Pulso y sangre en el vértigo de la conciencia.
Esa muerte no entiende el designio de la raza.
En la noche de los pastizales aparece el
rebaño en su perfecta estatura.
Sombra y párpado para rumiar la muerte.
En los huesos del animal ardor y
cansancio. En el terror que domestica
el macho el peso grava su mirar y
enciende las glándulas. Elasticidad
dorsal de la piel contra el horizonte.
El pulso ronca en su bravura y los ojos
queman las yemas de los cuernos.
Miedo y advertencia. Clamor de la carne.
Un infierno enciende y adiestra la luz de
los genitales.
Animales cómplices en el semental de sus
playas cuando su descendencia
suspende los límites de la memoria.
El animal necesita perforar el silencio,
abordar su intimidad y olvidar
su preñez. El peso en su tamaño y la
miopía arriesgaron los espacios propios.
En la oscuridad del rebaño látigo y
estrellas. El sueño hurga en las formas
del olvido y la vastedad adormece a las
colinas.
El animal se reconcilia en la fiebre del
límite.
Alguien profanó su mirada
bajo el linaje del silencio.
[de Una sombra compartida, 2005]
Consignas
Confieso que se turban mis arterias,
la mano que acorrala las consignas.
Los huesos en el sueño,
los sudores.