CICLO GEOLÓGICO, TIPOS DE ROCAS Y METEORIZACIÓN
La base de la formación del suelo radica en el Ciclo Geológico, que es un conjunto de
procesos continuos que transforman los materiales de la Tierra. Este ciclo abarca la
formación de rocas, su levantamiento, erosión, transporte, deposición y, finalmente, su
transformación en nuevas rocas o sedimentos. La piedra angular en la formación del suelo
es la meteorización de las rocas.
Las rocas se clasifican en tres tipos principales, según su origen en el ciclo geológico:
Rocas Ígneas: Formadas por el enfriamiento y solidificación de magma (rocas
intrusivas como el granito) o lava (rocas extrusivas como el basalto). Constituyen la
base de gran parte de la corteza terrestre.
Rocas Sedimentarias: Formadas por la acumulación y compactación de
sedimentos (fragmentos de otras rocas, restos de organismos, precipitados
químicos) bajo la acción del agua, el viento o el hielo. Ejemplos: arenisca, caliza,
lutita.
Rocas Metamórficas: Formadas por la transformación de rocas ígneas o
sedimentarias preexistentes bajo altas presiones, temperaturas y/o fluidos
químicamente activos. Ejemplos: mármol (de caliza), gneis (de granito).
Todas estas rocas, una vez expuestas en la superficie terrestre, están sujetas a la
Meteorización, que es el proceso de desintegración y descomposición de las rocas y
minerales por la acción de agentes atmosféricos, biológicos e hídricos. Como se mencionó
anteriormente, se distinguen dos tipos principales:
Meteorización Física (Mecánica): Rompe la roca en fragmentos más pequeños sin
cambiar su composición química (ej: acción de la helada, cambios de temperatura,
abrasión por viento y agua).
Meteorización Química: Altera la composición química de los minerales de la roca,
transformándolos en nuevos compuestos más estables bajo las condiciones
superficiales (ej: oxidación, carbonatación, hidrólisis).
Los productos de esta meteorización, junto con la materia orgánica, son los constituyentes
básicos del suelo.
Ø En la formación del suelo hay interacción entre litósfera, atmósfera, biósfera e
hidrósfera.
Esta afirmación es fundamental y resume la visión holística que hemos estado
desarrollando. El suelo es, por definición, un punto de encuentro y un producto de la
interacción dinámica de los cuatro grandes sistemas terrestres:
Litosfera: Aporta el material parental (rocas y minerales) que es el sustrato
inorgánico del suelo. La composición y estructura de la roca madre influyen
directamente en la mineralogía del suelo resultante.
Atmósfera: Proporciona los gases (oxígeno, dióxido de carbono) necesarios para la
meteorización química y la respiración de organismos. También influye en el
régimen térmico y de precipitación, afectando la velocidad de los procesos de
formación del suelo.
Biosfera: Incluye la vegetación, los animales y los microorganismos. Aportan
materia orgánica al suelo, promueven la meteorización biológica (raíces), influyen
en la estructura del suelo a través de la formación de agregados y participan en los
ciclos de nutrientes esenciales.
Hidrosfera: El agua es el agente universal de la meteorización química y el principal
agente de transporte de sedimentos. El agua en el suelo disuelve y moviliza
nutrientes, permite la actividad microbiana y afecta directamente las propiedades
físicas del suelo (humedad, consistencia).
Sin la interacción constante y compleja de estos cuatro "esferas", la formación de un suelo
tal como lo entendemos sería imposible.
Ø La litósfera es la capa de rocas que se ubica en la superficie de la corteza terrestre.
Sufre transformación por los agentes meteóricos y meteorización.
Esta afirmación refuerza el papel central de la litosfera como el material parental a partir
del cual se origina el suelo. La litosfera, en su exposición a la superficie, se convierte en el
lienzo sobre el cual actúan los agentes de la intemperie. Los agentes meteóricos (como la
lluvia, el viento, el hielo, los cambios de temperatura, la luz solar) son los catalizadores
que inician y mantienen los procesos de meteorización. Estos agentes, junto con la
actividad biológica y química, van desintegrando y descomponiendo las rocas, liberando
los minerales que formarán el esqueleto del suelo. Es un proceso de degradación y
transformación que convierte una masa rocosa sólida en un material suelto y complejo.
1) En la formación del suelo intervienen los Factores Formadores y Procesos
Formadores.
Esta es una perspectiva fundamental en edafología que explica la diversidad de suelos en
el planeta:
Factores Formadores: Son las variables ambientales que influyen en la formación
del suelo y determinan las características del suelo final. Son relativamente
estáticos en el tiempo geológico y actúan de forma integrada:
o Clima: Temperatura (afecta la velocidad de las reacciones químicas),
precipitación (disponibilidad de agua para reacciones, lixiviación,
transporte), y viento (erosión, transporte).
o Organismos (Biota): Plantas (aporte de materia orgánica, acción de raíces),
animales (bioturbación, aporte de residuos), microorganismos
(descomposición, ciclos biogeoquímicos).
o Relieve (Topografía): Pendiente (afecta la erosión y el drenaje), orientación
(incidencia solar), posición en el paisaje (acumulación de agua o
sedimentos).
o Material Parental (Roca Madre): Tipo de roca (ígnea, sedimentaria,
metamórfica), su composición mineralógica y su estructura influyen en la
textura, el color y la fertilidad inicial del suelo.
o Tiempo: La duración de la actuación de los factores formadores determina
el grado de desarrollo del suelo. Los suelos jóvenes son menos
diferenciados que los suelos maduros.
Procesos Formadores: Son las acciones específicas que ocurren en el suelo y que
modifican el material parental. Son dinámicos y están influenciados por los
factores formadores. Incluyen:
o Adiciones (Ganancias): Aporte de materia orgánica (hojas caídas), polvo
atmosférico, precipitaciones.
o Pérdidas: Lixiviación (arrastre de materiales disueltos por el agua), erosión
(pérdida de partículas por viento o agua), volatilización de gases.
o Transformaciones: Meteorización (descomposición de minerales),
humificación (descomposición de materia orgánica para formar humus),
síntesis de nuevos minerales.
o Translocaciones (Transferencias): Movimiento de materiales dentro del
perfil del suelo (ej: eluvación/iluviación de arcillas o sales), actividad de
lombrices.
La interacción de estos factores y procesos da lugar a los diferentes tipos de suelos que
observamos y, consecuentemente, a sus diversas propiedades ingenieriles.
2) El suelo es un sistema abierto con ganancias, transformaciones, traslocaciones o
transferencias y pérdidas.
Esta afirmación es una conceptualización moderna y fundamental para entender el
dinamismo del suelo. Un sistema abierto es aquel que intercambia energía y materia con
su entorno. El suelo cumple esta definición perfectamente:
Ganancias: El suelo recibe continuamente materia (restos de plantas, animales,
polvo, precipitaciones, gases atmosféricos) y energía (radiación solar).
Transformaciones: Dentro del suelo, la materia se transforma constantemente
(minerales primarios a secundarios por meteorización, materia orgánica fresca a
humus). La energía química se libera o almacena en estas transformaciones.
Traslocaciones o Transferencias: Los componentes del suelo (agua, nutrientes,
partículas finas, materia orgánica) se mueven y redistribuyen vertical y
horizontalmente dentro del perfil. Este movimiento es crucial para la
diferenciación de los horizontes del suelo.
Pérdidas: El suelo pierde materia (por erosión hídrica o eólica, lixiviación de
nutrientes, volatilización de gases) y energía (calor por evaporación, radiación).
Este enfoque de sistema abierto es vital para comprender cómo los cambios en el
ambiente (ej. cambios climáticos, actividad humana) pueden afectar la estabilidad y las
propiedades del suelo a lo largo del tiempo.
3) Actualmente se considera al suelo como recurso natural no renovable por la presión
demográfica y por la contaminación.
Esta es una afirmación crítica y con una fuerte implicación ética y de sostenibilidad para la
profesión de arquitecto. Aunque el suelo se forma continuamente a través de procesos
geológicos, la escala de tiempo de su formación es geológica (miles a millones de años),
mientras que su degradación y pérdida pueden ocurrir en cuestión de años o décadas.
Velocidad de Formación vs. Degradación: La formación de una capa fértil de suelo
de unos pocos centímetros puede tomar siglos. En contraste, la erosión
descontrolada, la compactación, la salinización o la contaminación pueden destruir
un suelo productivo o funcional en un período de tiempo insignificante a escala
humana.
Presión Demográfica: El crecimiento de la población mundial y la expansión
urbana ejercen una presión inmensa sobre los suelos. La urbanización consume
grandes extensiones de suelo natural o agrícola, sellándolo y eliminando su
capacidad productiva y de regulación ambiental.
Contaminación: Actividades industriales, agrícolas y urbanas liberan
contaminantes (metales pesados, pesticidas, residuos tóxicos) que se acumulan en
el suelo, alterando su composición química, afectando la vida microbiana y
reduciendo su capacidad para cumplir funciones ecosistémicas, o incluso
volviéndolo inviable para la construcción.
Para el arquitecto, esto implica una responsabilidad significativa. El diseño no solo debe
considerar la capacidad portante del suelo, sino también su valor como recurso finito.
Esto se traduce en:
Minimizar la ocupación del suelo: Diseños compactos y eficientes.
Rehabilitación de suelos contaminados: Considerar proyectos en sitios brownfield.
Gestión del agua y la erosión: Diseñar infraestructuras que eviten la erosión
hídrica del suelo.
Selección de materiales: Uso de materiales que no contribuyan a la contaminación
del suelo.
Comprensión del impacto: Ser consciente de cómo un proyecto afectará el suelo
no solo en el sitio de construcción, sino también en el entorno.
Este punto eleva la discusión del suelo de un mero material de ingeniería a un recurso
natural vital cuya gestión y protección son esenciales para el desarrollo sostenible.