Primera Entrega
Primera Entrega
Andrea Y. Díaz, Felipe I. Espinoza, Iván F. Muñoz, Romina A. Muñoz y Felipe J. Soto
Universidad Austral de Chile
Mg., Fontbona, Jaime.
28 de abril de 2025
Introducción
Cuando hablamos de salud mental nos referimos al estado de equilibrio en que la
persona tiene la capacidad de reconocer sus propias capacidades, afrontar tensiones normales
de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad (OMS, 2022). En este
sentido, las enfermedades de salud mental constituyen una de las principales causas de
discapacidad a nivel mundial, afectando significativamente la vida de quien las padece (OMS,
2022). En el contexto chileno, los problemas de salud mental representan un alto porcentaje
de prevalencia y las últimas encuestas estiman que una de cada siete personas presenta
problemas y/o algún síntoma de salud mental (Bravo, 2025).
En este sentido, los usuarios de salud mental representan un gran porcentaje de la
población y algunos han decidido desempeñar un papel activo en la búsqueda de soluciones y
en la promoción de su bienestar a través de asociaciones y grupos de apoyo que promueven
un enfoque dirigido a intereses específicos. Las agrupaciones de usuarios de salud mental son
organismos situados cuya configuración está estrechamente vinculada a su contexto, así como
lo indica Menchaca (2017) la identidad de las agrupaciones se constituye en base a las
experiencias comunes de sus participantes, generalmente asociadas al sistema de salud, la
discriminación, la violencia o, a una condición física o mental, ya sea por vivencia propia o
de un cercano. Estas agrupaciones articuladas bajo el manto de la transformación social traen
consigo un espacio físico a la contención y la inherente resistencia simbólica que fortalece el
sentido identitario (Montero, 2004; Bourdieu, 2011).
Según Vololona Rabeharisoa (2006 en: Menchaca, 2017), las agrupaciones de
personas diagnosticadas con una misma condición se organizan en torno a tres
reivindicaciones fundamentales: una reivindicación identitaria, que surge del reconocimiento
de experiencias compartidas y la construcción de una identidad colectiva; una reivindicación
epistemológica, que postula la experiencia vivida como una forma de conocimiento legítima y
complementaria al saber profesional, desde la cual buscan participar en la producción de
conocimiento sobre sus propias condiciones; y una reivindicación política, que defiende el
derecho a intervenir en las decisiones que afectan sus vidas y situaciones diagnósticas.
Las agrupaciones guardan relación con los movimientos sociales del Orgullo Loco, que
surgen en los años 70 en contextos anglosajones, impulsado por organizaciones de ex
pacientes y sobrevivientes de la psiquiatría. Quienes cuestionaron el poder de la psiquiatría
tradicional, generando nuevos significados en torno a sus experiencias e identidades,
fortaleciendo la comunidad a través de la ayuda mutua y promoviendo expresiones de
autonomía, como la creación de instituciones paralelas y la demanda de cambios materiales
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concretos. En conjunto, estas acciones posibilitaron la construcción de nuevas narrativas que
redefinieron sus vivencias, apartándose de las categorías impuestas por el enfoque biomédico.
Se concibe la locura como una identidad colectiva y una construcción política, promoviendo
la defensa de derechos, ya que muchas personas han visto limitado su acceso a la
ciudadanía(Castillo, 2021). Por ello, uno de los prinicipales desafíos es por la igualdad en el
ejercicio de derechos y por la superación de las estructuras de exclusión y discriminación.
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desconfianza hacia los diagnósticos médicos. Por su parte, los pacientes con trastornos
mentales graves han identificado situaciones de violación de la confidencialidad, negación o
interrupción de la atención, y negligencias, afectando el acceso y la calidad de los servicios y
deteriorando la confianza en los profesionales, lo que incrementa su malestar (Vaccari et al,
2020).
Frente a este escenario, las agrupaciones de usuarios y familiares surgen como
espacios de ciudadanía que promueven la defensa de derechos, la reinserción social y la
contención emocional. Estas agrupaciones fortalecen las redes de apoyo, mejoran las
dinámicas familiares afectadas por trastornos mentales y contribuyen a la toma de conciencia
de derechos tanto en el ámbito familiar como comunitario, posicionándose como agentes de
cambio social. Han sido descritas como espacios de socialización, acompañamiento y ayuda
mutua (Otero y Fernadez, 2019). Algunas agrupaciones desarrollan posturas críticas frente al
sistema de salud, denunciando la verticalidad en la toma de decisiones y la falta de
participación de los usuarios, lo que perpetúa un modelo que responde a intereses
institucionales y no a las necesidades de las personas, llevando a muchos usuarios a
marginarse del sistema público de salud (Abarca-Brown y Montenegro, 2023).
En lo que concierne al ámbito político, las agrupaciones de usuarios son actores
relevantes en el proceso de atención de salud y la definición de políticas públicas. Si bien son
comunes en el ámbito de la salud general, en el contexto de la salud mental en Chile estas
organizaciones han emergido de manera más reciente. De hecho, el rol de las agrupaciones ha
sido destacado y amparado dentro de la Ley Nº 21.331 promulgada en mayo del año 2021,
considerándolos como actores necesarios dentro de la implementación de políticas públicas
en salud mental y defensa de los derechos de usuarios.
Esta ley reconoce y protege los derechos fundamentales de las personas con
enfermedad mental o discapacidad psíquica o intelectual. Su objetivo principal es garantizar
el respeto a la dignidad, autonomía y derechos humanos de estas personas en el ámbito de la
salud mental. Promueve una atención interdisciplinaria en salud mental. Además, enfatiza la
importancia de mantener los vínculos y la comunicación de las personas hospitalizadas con
sus familiares y entorno social. Reconoce el derecho de los familiares y quienes apoyan a
estas personas a organizarse para abogar por sus necesidades y promover la inclusión social
(Minsal, 2021).
La implementación efectiva de esta ley requiere de un entorno social que reconozca y
valore el rol de las asociaciones de usuarios como actores legítimos en la co-construcción de
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salud mental, por lo tanto, este reconocimiento garantiza un avance hacia un modelo de
atención en salud mental comunitario (Barrera y Parra, 2024).
Durante el primer Plan Nacional de Salud Mental (Minoletti y Zaccaria, 2005) se
adoptó un enfoque comunitario que reconoció a las familias como un valioso recurso
colectivo y político en el apoyo y cuidado de los usuarios. Este enfoque impulsó, durante el
segundo plan, el desarrollo de una red de actores de la sociedad civil, destacando la creación
de CORFAUSAM, con el objetivo de colaborar y establecer contacto directo con esta
población. Sin embargo, esta fue objeto de críticas por mantener a los usuarios en un rol
pasivo dentro del proceso, baja representatividad, además, por la escasa coordinación y
comunicación con otras organizaciones (Montenegro & Cornish, 2019).
En este contexto, se implementó el Decreto 570, con el objetivo de regular la
internación de personas con enfermedades mentales. Este decreto exigía que las decisiones
sobre hospitalización forzada fueran aprobadas por la Comisión Nacional para la Protección
de las Personas con Enfermedades Mentales, integrada por representantes de organismos
médicos, científicos y legales. En consecuencia, la necesidad de incluir la representación del
usuario condujo a la creación de la Asociación Nacional de Usuarios del Servicio de Salud
Mental (ANUSSAM), que se convirtió en el principal canal de expresión para los usuarios, lo
que aportó mayor legitimidad y sentido a la idea de una participación activa (Montenegro &
Cornish, 2019).
Posteriormente, la reforma del AUGE buscó ampliar el acceso a la atención médica en
Chile, incluyendo inicialmente tres condiciones de salud mental: esquizofrenia, depresión y
consumo problemático de sustancias. Aunque representó un avance, también tuvo efectos
negativos en la participación de usuarios y familiares, al priorizar una lógica biomédica
basada en evidencia científica y paquetes de tratamiento estandarizados. Excluyendo no sólo
aspectos comunitarios, sino que además redujo el presupuesto y frenó el progreso en la
participación de usuarios (Montenegro & Cornish, 2019).
Desde el primer plan nacional, estas organizaciones han sido fundamentales en la
implementación del modelo comunitario de salud mental, asegurando espacios para la
presencia activa de los usuarios y sus familias en la planificación y evaluación de servicios.
Sin embargo, el nivel de participación, según datos del 2013, ha demostrado que es bajo,
siendo la participación activa limitada contando con solo el 1,6% de los consultantes
participando en las agrupaciones de usuarios (Minoletti et al, 2018).
Aunque la importancia de las agrupaciones de usuarios y familiares es reconocida en
la formulación de políticas, informes de la OMS (2014) evidencian una baja presencia y
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escasa organización de las agrupaciones de usuarios y familiares en salud mental, reflejada en
la falta de registros y en su limitada participación en instancias estatales. Además, no existe
una legislación que garantice su inclusión efectiva en la toma de decisiones, lo que se traduce
en una baja participación y escasa influencia de estas organizaciones en el desarrollo de
normativas y programas de salud mental (Menchaca, 2017).
Comprender las barreras que enfrentan las agrupaciones de usuarios en Chile es
esencial para analizar los desafíos en su recuperación. Estas barreras incluyen factores macro-
culturales, micro-culturales e individuales que afectan su formación. Por ello, resulta clave
abordar los obstáculos que surgen desde las instituciones, como centros de salud, organismos
estatales y otros actores vinculados.
Asimismo, una barrera significativa para la recuperación de los usuarios de
agrupaciones de salud mental tiene que ver con el espacio que se les otorga en temas
legislativos. Chile ha impulsado diversas reformas de salud mental, sin embargo carece de
marcos legales que respalden de manera sólida la participación de los usuarios. Montenegro y
Cornish (2019) señalaban que, hasta ese momento, Chile no contaba con una ley de Salud
Mental. Esta ausencia dejaba al colectivo de usuarios sin una protección normativa clara ni un
espacio garantizado dentro del ámbito legislativo, evidenciando una falta de voluntad política
de reconocimiento. Así, los usuarios eran convocados principalmente para discutir medidas
coercitivas, sobre todo centradas en hospitalizaciones involuntarias (CONAPREM), más que
para otorgarles autonomía en la formulación de políticas públicas. Esta situación comenzó a
cambiar el año 2021 con la promulgación de la ley 21.331.
El visibilizar demandas de salud mental, históricamente silenciadas, puede fomentar el
surgimiento de nuevas organizaciones de usuarios, fortaleciendo así la participación
ciudadana en salud mental y contribuyendo a procesos de recuperación más significativos, ya
que al ser parte de una agrupación se construye una identidad colectiva con un rol político
importante en la defensa de derechos (Rosales et al, 2020; Montenegro, 2018; Castillo, 2021).
Por otra parte, para el ámbito académico, es de vital importancia ampliar la
perspectiva teórica en la formación de pregrado de los psicólogos de la Universidad Austral
de Chile, incorporando las experiencias de los usuarios de servicios de salud mental, tanto de
espacios terapéuticos individuales y grupales como de los servicios gratuitos y privados. Esto
impulsaría el desarrollo de profesionales con una perspectiva clínica-comunitaria,
estrechamente relacionada con el problema identificado por tesistas de la misma universidad,
quienes han cuestionado la escasa consideración de los saberes y trayectorias de los usuarios
en los modelos formativos tradicionales. Si bien en atención primaria existe una mayor
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apertura hacia la consideración, opinión y participación de los usuarios de los centros de
salud, dicha participación presenta restricciones importantes, ya que no incluye la toma de
decisiones sobre los modelos de salud o el tipo de atención que la población desea, sino que
se limita principalmente a la asistencia a actividades o talleres organizados por los equipos de
salud (Coloma et al, 2014).
La importancia de ampliar esta perspectiva radica en la necesidad de descentralizar el
conocimiento, ya que, al incluir las voces de los usuarios en la formación, abre la posibilidad
de que los mismos estudiantes (ya sea como usuarios o como personas cercanas a estas
experiencias) contribuyan a la creación de conocimiento basado en relatos verídicos y
situados crono-contextualmente en el momento que se comparten (Montenegro & Cornish,
2019). Esta dinámica, también enriquecería la práctica docente, al nutrirse de experiencias
reales que complejizan la teoría aprendida en las salas de clase.
Por otra parte, la perspectiva clínico-comunitaria, a diferencia de los enfoques
tradicionales centrados principalmente en la remisión de síntomas, permite considerar
factores psicosociales que influyen de manera directa en la salud mental, y que en muchos
casos resultan prioritarios de abordar, tales como el fortalecimiento de redes de apoyo, el
desarrollo de competencias personales, entre otros. En este marco, se vuelve fundamental que
los futuros profesionales fortalezcan su capacidad investigativa, orientándola hacia la
producción de conocimientos pertinentes a la realidad local y regional (Montero, 2004).
En consecuencia, la relevancia de nuestra investigación radica en su capacidad de
incidir en prácticas y políticas que promuevan la inclusión, el respeto y la autonomía de las
personas en sus procesos de recuperación. Asimismo, esta perspectiva investigativa
contribuiría a detectar vacíos de conocimiento, por ejemplo, en áreas poco exploradas de la
experiencia de los usuarios, lo cual debe ser concebido como una oportunidad formativa que
estimule la generación de nuevos saberes comprometidos con las necesidades de la
comunidad.
Siendo así, el presente seminario ofrece una oportunidad valiosa para ampliar la visión
teórica sobre la salud mental, incorporando desafíos actuales al análisis, y fomentando el
interés en el enfoque clínico-comunitario.
Se espera, por tanto, contribuir con material que no solo brinde herramientas
académicas, sino que también ofrezca una dimensión pedagógica e inspiradora para el
empoderamiento de usuarios y de agrupaciones emergentes.
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Relevancia
La relevancia política de nuestra investigación recae en el hecho de que a pesar que
las agrupaciones de usuarios y familiares son reconocidas en la formulación de políticas,
informes de la OMS (2014) evidencian una baja presencia y escasa organización de las
agrupaciones de usuarios y familiares en salud mental, reflejada en la falta de registros y en
su limitada participación en instancias estatales. Además, no existe una legislación que
garantice su inclusión efectiva en la toma de decisiones, lo que se traduce en una baja
participación y escasa influencia de estas organizaciones en el desarrollo de normativas y
programas de salud mental (Menchaca, 2017).
Por esto, comprender las barreras que enfrentan las agrupaciones de usuarios en Chile
es esencial para analizar los desafíos en su recuperación. Estas barreras incluyen factores
macro-culturales, micro-culturales e individuales que afectan su formación. Por ello, resulta
clave abordar los obstáculos que surgen desde las instituciones, como centros de salud,
organismos estatales y otros actores vinculados.
Asimismo, una barrera significativa para la recuperación de los usuarios de
agrupaciones de salud mental tiene que ver con el espacio que se les otorga en temas
legislativos. Chile ha impulsado diversas reformas de salud mental, sin embargo carece de
marcos legales que respalden de manera sólida la participación de los usuarios. Montenegro y
Cornish (2019) señalaban que, hasta ese momento, Chile no contaba con una ley de Salud
Mental. Esta ausencia dejaba al colectivo de usuarios sin una protección normativa clara ni un
espacio garantizado dentro del ámbito legislativo, evidenciando una falta de voluntad política
de reconocimiento. Así, los usuarios eran convocados principalmente para discutir medidas
coercitivas, sobre todo centradas en hospitalizaciones involuntarias (CONAPREM), más que
para otorgarles autonomía en la formulación de políticas públicas. Esta situación comenzó a
cambiar el año 2021 con la promulgación de la ley 21.331.
El visibilizar demandas de salud mental, históricamente silenciadas, puede fomentar el
surgimiento de nuevas organizaciones de usuarios, fortaleciendo así la participación
ciudadana en salud mental y contribuyendo a procesos de recuperación más significativos, ya
que al ser parte de una agrupación se construye una identidad colectiva con un rol político
importante en la defensa de derechos (Rosales et al, 2020; Montenegro, 2018; Castillo, 2021).
Frente a este escenario, el estudio de Villarroel (2019) comprobó que la participación
ciudadana tiene un efecto positivo en la mejora de la calidad y la eficacia en la
implementación de procesos del sistema de salud. Esta participación favorece la canalización
de información sanitaria, mejora la comunicación entre los dispositivos de atención primaria
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y las comunidades usuarias, y permite una retroalimentación más precisa sobre las
necesidades locales. Asimismo, fortalece la eficiencia en la asignación de recursos públicos,
facilita la focalización del gasto conforme a las demandas comunitarias y mejora la
pertinencia de las decisiones de gestión, especialmente en la planificación local, la
identificación de brechas y la formulación de acciones de mejora. Por esto, resulta relevante
fortalecer los mecanismos de participación, mediante estrategias que promuevan una
participación activa en la toma de decisiones, sistemas de evaluación más rigurosos y
políticas públicas que integren de manera estructural a la ciudadanía.
Así, la alta prevalencia de problemas de salud mental en Chile, junto a la persistente
insatisfacción con el sistema de atención y el estigma asociado a los trastornos mentales,
evidencia la necesidad de reconocer y valorar las iniciativas colectivas surgidas desde los
propios usuarios. Las agrupaciones de salud mental no solo representan respuestas a carencias
estructurales, sino que también constituyen espacios fundamentales de producción de
conocimiento, afirmación identitaria y acción política (Otero y Fernadez, 2019; Abarca-
Brown y Montenegro, 2023; Villarroel; 2019). Su estudio se vuelve imprescindible para
comprender las dinámicas de resistencia y transformación que se impulsan desde la base
social, ofreciendo perspectivas que enriquecen y cuestionan los modelos tradicionales de
intervención. Investigar estas agrupaciones permite no solo visibilizar sus aportes a los
procesos de recuperación y ciudadanía, sino también fortalecer la construcción de sistemas de
salud mental más inclusivos, participativos y respetuosos de los derechos humanos
Por otra parte, para el ámbito académico, es de vital importancia ampliar la
perspectiva teórica en la formación de pregrado de los psicólogos de la Universidad Austral
de Chile, incorporando las experiencias de los usuarios de servicios de salud mental, tanto de
espacios terapéuticos individuales y grupales como de los servicios gratuitos y privados. Esto
impulsaría el desarrollo de profesionales con una perspectiva clínica-comunitaria,
estrechamente relacionada con el problema identificado por tesistas de la misma universidad,
quienes han cuestionado la escasa consideración de los saberes y trayectorias de los usuarios
en los modelos formativos tradicionales. Si bien en atención primaria existe una mayor
apertura hacia la consideración, opinión y participación de los usuarios de los centros de
salud, dicha participación presenta restricciones importantes, ya que no incluye la toma de
decisiones sobre los modelos de salud o el tipo de atención que la población desea, sino que
se limita principalmente a la asistencia a actividades o talleres organizados por los equipos de
salud (Coloma et al, 2014).
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La importancia de ampliar esta perspectiva radica en la necesidad de descentralizar el
conocimiento, ya que, al incluir las voces de los usuarios en la formación, abre la posibilidad
de que los mismos estudiantes (ya sea como usuarios o como personas cercanas a estas
experiencias) contribuyan a la creación de conocimiento basado en relatos verídicos y
situados crono-contextualmente en el momento que se comparten (Montenegro & Cornish,
2019). Esta dinámica, también enriquecería la práctica docente, al nutrirse de experiencias
reales que complejizan la teoría aprendida en las salas de clase.
Por otra parte, la perspectiva clínico-comunitaria, a diferencia de los enfoques
tradicionales centrados principalmente en la remisión de síntomas, permite considerar
factores psicosociales que influyen de manera directa en la salud mental, y que en muchos
casos resultan prioritarios de abordar, tales como el fortalecimiento de redes de apoyo, el
desarrollo de competencias personales, entre otros. En este marco, se vuelve fundamental que
los futuros profesionales fortalezcan su capacidad investigativa, orientándola hacia la
producción de conocimientos pertinentes a la realidad local y regional (Montero, 2004).
En consecuencia, la relevancia de nuestra investigación radica en su capacidad de
incidir en prácticas y políticas que promuevan la inclusión, el respeto y la autonomía de las
personas en sus procesos de recuperación. Asimismo, esta perspectiva investigativa
contribuiría a detectar vacíos de conocimiento, por ejemplo, en áreas poco exploradas de la
experiencia de los usuarios, lo cual debe ser concebido como una oportunidad formativa que
estimule la generación de nuevos saberes comprometidos con las necesidades de la
comunidad.
Siendo así, el presente seminario ofrece una oportunidad valiosa para ampliar la visión
teórica sobre la salud mental, incorporando desafíos actuales al análisis, y fomentando el
interés en el enfoque clínico-comunitario.
Se espera, por tanto, contribuir con material que no solo brinde herramientas
académicas, sino que también ofrezca una dimensión pedagógica e inspiradora para el
empoderamiento de usuarios y de agrupaciones emergentes.
Focalización
La presente investigación se justifica en el estudio de las trayectorias, desafíos y
procesos de recuperación, profundizando en las vivencias y significados construidos por los
integrantes de agrupaciones de usuarios en salud mental, entendiéndose estos como partes de
colectivos que se compongan por personas que han sido previamente diagnosticadas dentro
del sistema de salud mental en Chile y por familiares o cercanos que han decidido organizarse
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en función de experiencias compartidas. Además, este estudio está territorialmente situado en
la ciudad de Puerto Montt, respondiendo a la necesidad de descentralización de la producción
de conocimiento en torno a las experiencias de organización y participación en salud mental.
Pregunta de investigación
¿Cómo se caracterizan los usuarios y familiares de agrupaciones de usuarios de salud
mental de Puerto Montt la trayectoria, funcionamiento, desafíos y la resignificación de sus
perspectivas de recuperación ?
Objetivo general
Explorar la trayectoria, funcionamiento, desafíos y perspectivas que resignifican la
recuperación de usuarios y familiares en agrupaciones de salud mental de Puerto Montt desde
la experiencia de sus participantes.
Objetivos específicos
● Describir la trayectoría de las agrupaciones de usuarios y familiares en salud mental.
● Conocer los desafíos institucionales y normativos de las agrupaciones de usuarios de
salud mental.
● Indagar en las perspectivas de recuperación desde los usuarios de agrupaciones de
salud mental.
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La propuesta de investigación es plenamente viable considerando diversos factores:
En primer lugar, la investigación se realizará mediante una metodología cualitativa basada en
focus group, esto permitirá obtener información en profundidad sobre las experiencias,
trayectorias y perspectivas de los participantes. Esta técnica es adecuada para el objetivo de
investigación, debido a que no requiere grandes recursos monetarios.
Otro factor relevante que contribuye a la factibilidad del proyecto es que un integrante
del equipo mantiene vínculos previos con personas pertenecientes a agrupaciones de
usuarios. Este contacto directo facilita significativamente el acceso a los participantes y
fortalece el proceso de convocatoria, disminuyendo potenciales barreras de entrada.
En cuanto a recursos logísticos no se contempla un gasto elevado, dado que las
principales necesidades van ligadas al transporte dentro de la región de Los Lagos,
específicamente en la ciudad de Puerto Montt. Los costos se limitan a pasajes de locomoción,
sin requerir gastos adicionales de envergadura. Respecto a los espacios físicos necesarios para
la realización de los focus group, se prevé gestionar salas o habitaciones a través de las
propias agrupaciones participantes, o bien utilizar instalaciones de la universidad, esto
garantiza la disponibilidad de un entorno adecuado y seguro para las actividades de
investigación.
Debido a la naturaleza y sensibilidad que rodea al tema de investigación, su viabilidad
será evaluada por el comité de ética de la Universidad Austral de Chile, con el objetivo de
verificar que se tomen todos los resguardos necesarios para realizar esta investigación, sin
trangredir, ni vulnerar los derechos de ninguno de sus participantes.
Por esto, el equipo se compromete a difundir de forma abierta y veraz, información
relacionada con el desarrollo y propósito de la investigación con todos los involucrados, a
través de encuadre del procedimiento e información, en conjunto de consentimientos
informados.
Marco teórico
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A continuación se abordarán los principales enfoques y antecedentes vinculados a los
movimientos sociales en salud mental. Para ello, se revisarán conceptualizaciones clave que
permitan comprender su emergencia, desarrollo y repercusiones en el campo de la salud
mental. Asimismo, se presentarán las voces colectivas que han impulsado formas alternativas
de comprensión y acción. En una primera aproximación al contexto se encuentra en Chile la
primera institución dedicada al tratamiento de personas con trastornos mentales en Chile La
casa de Orates (1852). Su relevancia se enmarca en ser el primer espacio dónde se emplea el
modelo clásico de confinamiento y uno de los principales espacios dónde se cuestiona el
estigma que perpetuaba que no contribuye a la rehabilitación, es decir pasa del modelo
asilado a uno preventivo, siendo aplicadas ideas reformistas para la época (prácticas más
médicas, psicoterapéuticas y educativas.) . CITA
Uno de los primeros movimientos sociales que hizo que esta institución pase de ser reclusión
a enfoque en salud mental es el movimiento Higiene mental, siendo esta una corriente
transnacional impulsada a mediados del siglo XX, en Chile Entre 1920 y 1950. Sectores del
movimiento obrero en Chile incorporaron las ideas de higiene mental para enfrentar
colectivamente las condiciones de vida difíciles bajo el capitalismo. Ideas provenientes de la
psicología, la psiquiatría y el psicoanálisis. La higiene mental era entendida como una
estrategia para prevenir trastornos psíquicos derivados de las escasas condiciones de vida.
Esta apropiación se manifestó en la prensa obrera y en acciones que buscaban enfrentar
problemáticas como el alcoholismo, la sexualidad, y la manipulación ideológica. El enfoque
higienista impulsaba la educación popular y el autocuidado psíquico como herramientas
políticas. Así, la higiene mental fue integrada como parte de una crítica social y no solo
como dispositivo biomédico estatal. (CITAAA)
El movimiento “orgullo loco” surge en los años 70” en países como Canadá, Reino Unido y
Estados Unidos. En Chile se comienza a manifestar entre los años (AÑADIR) . El Orgullo
loco busca cambiar la forma en que es entendida la locura definiéndose como una identidad
colectiva. Nace desde agrupaciones de personas que habían sido pacientes psiquiátricos y que
cuestionan el poder de la psiquiatría . Lo que lleva a la creación de grupos que otorguen
apoyo entre pares desarrollando servicios alternativos. CITA
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II. Modelos de SM y usuarios
Para comprender los procesos de recuperación de los usuarios de salud mental es necesario
conocer cuales son los modelos que han estado y están presentes en las políticas públicas que
engloban las prácticas de atención, así como en los servicios y recursos que se le atribuyen a
esta área en nuestro país. En Chile, el modelo que orienta la atención no sólo define el tipo de
tratamiento que se ofrece, sino también el rol que ocupa la persona usuaria en su proceso de
recuperación. El adoptar enfoques o modelos centrados en la enfermedad o, por el contrario ,
en la comunidad, marcan una diferencia importante en el respeto de la autonomía, la
participación y la dignidad de las personas. De acuerdo al Plan Nacional de Salud Mental
2017 - 2025 del Ministerio de Salud (MINSAL), se promueve un modelo comunitario de
atención el cual reconoce la salud mental como un derecho fundamental que busca romper
aquellas concepciones limitantes centradas exclusivamente en el diagnóstico hacia una mirada
más amplia, inclusiva y participativa (MINSAL, 2017). Sin embargo, este cambio no ha
estado exento de tensiones con el predominante modelo biomédico, arrastrando dificultades
para adoptar efectivamente enfoques integrales de salud mental. En este marco, las
agrupaciones de usuarios de salud mental emergen como actores clave que se cuestionan y
resignifican las formas de atención y por lo tanto, los procesos de recuperación.
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Este modelo ha sido blanco de críticas que provienen principalmente de movimientos de
usuarios y de expertos en salud mental comunitaria, quienes rechazan su carácter
reduccionista, la medicalización del sufrimiento humano, la marginación del contexto
sociocultural y la exclusión de las personas usuarias como sujetos de derecho.
También se ha señalado en distintos estudios que este modelo favorece prácticas autoritarias,
como las internaciones sin consentimiento, y mantiene estereotipos negativos hacia las
personas con trastornos mentales, lo que limita su autonomía y dificulta su plena inclusión
como sujetos de derecho (Vaccari et al., 2020; Castillo, 2021).
En respuesta a las limitaciones del modelo biomédico, surge un enfoque que busca integrar
las dimensiones biológicas, psicológicas y sociales en la comprensión del sufrimiento mental,
reconociendo que la salud mental es el resultado de múltiples factores interrelacionado, este
enfoque fue denominado biopsicosocial y fue propuesto originalmente por George Engel
(1977) en su artículo “La necesidad de un nuevo modelo biomédico”.(FALTA CITA). Este
modelo representa avances en el plano teórico, sin embargo, aunque muchos programas de
salud mental se presentan bajo este paradigma, en la práctica persisten lógicas biomédicas en
la toma de decisiones clínicas y en la definición de tratamientos. Esto ha llevado a algunos
autores a plantear que el modelo biopsicosocial ha sido más una declaración de principios que
una transformación real en la atención (Minoletti et al., 2015; Coloma et al., 2014).
En esta línea surge el modelo comunitario de atención en salud mental como una alternativa a
los modelos mencionados anteriormente. Este modelo…
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Impacto…
- Rol y posición del paciente y la recuperación en salud mental
Como hemos podido dilucidar, el rol que cumplen los individuos en el proceso de
recuperación ha cambiado notablemente durante el paso de los años, esto influido por los
diferentes tipos de modelos adoptados por el sistema de salud en Chile…
En el modelo de salud biomédico, los individuos categorizados comúnmente como
pacientes, eran visto como meros individuos a intervenir y tratar desde la sintomatología,
siendo la remisión de estos, el objetivo principal, sin importar que sean individuos de
derechos, por lo que habían muchas negligencias en cuanto a los tratamientos, comenzando
desde la falta de consentimiento informado, información del proceso… internación
involuntaria… con un rol pasivo frente al propio proceso de recuperación, quedando todas las
decisiones y acciones relacionadas al tratamiento en mano de los profesionales….
Luego… a inicios de los 2000, cuando el modelo de salud chileno adoptó un enfoque
desde el paradigma biopsicosocial…. permitió que el individuo se posicionara desde un rol
activo en su proceso de recuperación, lo que se veía representado en documentos estatales que
comenzaron a resignificar a los anteriormente llamados pacientes como “usuarios de servicios
de salud”, lo que les otorga un rol de responsabilidad dentro de su proceso de atención y
recuperación, dejando de comprenderlos como un objeto de intervención para verlos como
sujetos de derecho.
Ya para el año 2005 cuando se implementa el modelo de salud familiar y comunitario,
tanto el estado como profesionales y usuarios comienzan a trabajar el tratamiento y la
recuperación desde un enfoque comunitario, que considera los diversos factores psicosociales
que influyen en la salud y que termina de consolidar al usuario como un agente activo de
cambio. (FALTAN TODAS LAS CITAS)
16
que postula Paulo freire tienen en común la preocupación por las cuestiones estructurales,
foco en común por los oprimidos, buscan un proceso que mire hacia la transformación social.
- hitos específicos
17
mecanismo de control social, denunciando la segregación, el encierro y la medicalización de
la locura. Influenciado por ideologías revolucionarias y anti-autoritarias, el movimiento
plantea que la psiquiatría dominante no sólo falla en fundamentar científicamente sus
diagnósticos, sino que también funciona como un instrumento para mantener el orden social
establecido, restringiendo la libertad y deshumanizando a las personas etiquetadas como
“enfermas mentales”.
Foucault
18
“En suma, el objetivo principal de estas luchas no es tanto atacar tal o cual institución de
poder, o grupo, o élite, o clase, sino más bien una técnica. una forma de poder.” (El sujeto y el
poder,1988 )
Dispositivos de poder, institución, estado, politicas públicas como modeladoras de
sujetos – Vigilar y castigar / El sujeto y el poder
Resistencia según foucault (El sujeto y el poder)
- “Me gustaría sugerir otra vía para ir más lejos hacia un nueva economía de las
relaciones de poder, una vía más empírica, más directamente relacionada con nuestra
situación actual, la cual implica una mayor relación entre la teoría y la práctica. Esta
consiste en tomar como punto de partida, a las formas de resistencia contra las
diferentes formas de poder”.
- “Finalmente todas estas luchas giran en torno a la pregunta: “¿Quiénes somos
nosotros?”. Son un rechazo a las abstracciones de la violencia económica e ideológica,
que ignoran quienes somos individualmente como también son un rechazo a la
inquisición científica y administrativa que determina quien es uno Para concluir, el
objetivo principal de estas luchas no es atacar tanto a tal o cual institución de poder,
grupo, elite, clase, sino más bien a una técnica, a una forma de poder. Esta forma de
poder emerge en nuestra vida cotidiana, categoriza al individuo, lo marca por su
propia individualidad, lo une a su propia identidad, le impone una ley de verdad que él
tiene que reconocer y al mismo tiempo otros deben reconocer en él. Es una forma de
poder que construye sujetos individuales. Hay dos significados de la palabra sujeto;
sujeto a otro por control y dependencia y sujeto como constreñido a su propia
identidad, a la conciencia y a su propio autoconocimiento. Ambos significados
sugieren una forma de poder que sojuzga y constituye al sujeto.”
19
agrega su propia fuerza, es decir, una fuerza específicamente simbólica, a estas relaciones de
fuerza. (p.25)
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conformando un entramado de barreras que obstaculizan la inclusión social, la recuperación y
el ejercicio de derechos de las personas con sufrimiento psíquico.
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