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Tema 71

La revolución científico-técnica del siglo XX transformó la ciencia en una institución social clave, vinculada a la industria y el Estado, generando tanto avances significativos como críticas sobre su uso como herramienta de control social. Nuevas teorías científicas, como la relatividad y la mecánica cuántica, desafiaron conceptos tradicionales, mientras que innovaciones tecnológicas impactaron profundamente la vida cotidiana y la economía. Esta era no solo redefinió el conocimiento y la producción, sino que también alteró la percepción del ser humano sobre su lugar en el universo.

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Tema 71

La revolución científico-técnica del siglo XX transformó la ciencia en una institución social clave, vinculada a la industria y el Estado, generando tanto avances significativos como críticas sobre su uso como herramienta de control social. Nuevas teorías científicas, como la relatividad y la mecánica cuántica, desafiaron conceptos tradicionales, mientras que innovaciones tecnológicas impactaron profundamente la vida cotidiana y la economía. Esta era no solo redefinió el conocimiento y la producción, sino que también alteró la percepción del ser humano sobre su lugar en el universo.

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Tema 71. Revolución científico-técnica en el siglo XX.

Implicaciones en la sociedad.

1. La era de la ciencia. La revolución científica-teórica

1.1 La era de la ciencia

1.2 Las nuevas teorías científicas

1.3 Los grandes avances científicos

1.4 Aplicaciones prácticas y actitudes sociales

2. La revolución tecnológica

2.1 La era de los grandes inventos

2.2 Las nuevas tecnologías

3. La influencia de la tecnología en la sociedad y el empleo

3.1 Consecuencias económicas

3.2 Consecuencias sociales

4. Nuevos lenguajes y formas visuales

5. El impacto de las nuevas tecnologías en la creación y difusión artística

1.1. La era de la ciencia


La expresión “era de la ciencia” se refiere a la consolidación del conocimiento
científico como forma dominante de explicación, predicción e intervención en el
mundo, proceso que se acelera especialmente en los siglos XIX y XX. Este período se
caracteriza por la transformación de la ciencia en una institución social, con un aparato
técnico, metodológico y profesional altamente especializado, vinculado estrechamente a
la industria, el Estado y la sociedad civil.

En palabras del filósofo Gaston Bachelard, se trata del momento en que la ciencia
abandona la mera observación empírica para adoptar una actitud epistemológica
activa, guiada por la razón matemática y la experimentación sistemática. En La
formación del espíritu científico (1938), Bachelard defiende que el conocimiento
moderno avanza precisamente superando los obstáculos del pensamiento inmediato o
“ingenuo”, mediante una ruptura con la experiencia cotidiana.
Durante el siglo XX, la ciencia se convierte además en fuerza productiva directa,
articulada con el sistema económico capitalista. La noción de “ciencia aplicada” —ya
presente en el siglo XIX— se institucionaliza en centros de investigación ligados a la
industria, como Bell Labs en Estados Unidos, o el Instituto Fraunhofer en Alemania.
Este vínculo provoca un giro funcional en la producción científica: el saber ya no se
persigue sólo por sí mismo, sino también por su valor estratégico, económico o
militar.

Autores como Jürgen Habermas han analizado este fenómeno en clave crítica. En
Ciencia y técnica como ideología (1968), Habermas señala que la ciencia moderna, al
ser incorporada al aparato técnico-administrativo del Estado, se convierte en
instrumento de control social, legitimando decisiones políticas y tecnocráticas sin
debate democrático real. A pesar de ello, también reconoce que la racionalidad
científica puede constituir un medio de emancipación si se mantiene su dimensión
crítica y reflexiva.

Asimismo, Thomas Kuhn plantea, en La estructura de las revoluciones científicas


(1962), que la ciencia no progresa de forma lineal, sino mediante cambios de
paradigma, rupturas conceptuales que redefinen lo que se considera verdadero. Así, la
ciencia es también un producto histórico, sometido a tensiones internas y externas, y no
un proceso puramente acumulativo o neutro.

Durante el siglo XX, el impacto de la ciencia se universaliza: la medicina transforma


radicalmente la esperanza y calidad de vida; la física abre nuevas fronteras del
conocimiento con la relatividad y la mecánica cuántica; la biología molecular da paso a
la ingeniería genética; la informática redefine las formas de trabajo y comunicación.
Todo ello alimenta la percepción —tanto entusiasta como crítica— de vivir en una “era
científica”.

Pero más allá de sus efectos prácticos, la ciencia moldea el imaginario colectivo y la
autoimagen del ser humano. Como afirma Edgar Morin, el pensamiento científico ha
sido clave en la “autoconciencia” de la humanidad, descentrándola del cosmos
(Copérnico), de la vida (Darwin) y de la razón (Freud), pero también permitiéndole
reconstruir su identidad en relación con el conocimiento (Morin, El método I, 1977).

En resumen, la “era de la ciencia” no se limita a una época de descubrimientos, sino que


designa una transformación profunda de la relación entre el ser humano, el saber y
el mundo, donde la ciencia se convierte en principio organizador de la vida moderna,
generador de sentido, herramienta de poder y fuente de conflicto.

Bibliografía (formato APA 7)

 Bachelard, G. (2000). La formación del espíritu científico. México: Siglo XXI


Editores. (Obra original publicada en 1938).
 Habermas, J. (1986). Ciencia y técnica como ideología. Madrid: Tecnos. (Obra
original publicada en 1968).
 Kuhn, T. S. (2006). La estructura de las revoluciones científicas. México:
Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1962).
 Landes, D. S. (2003). La riqueza y la pobreza de las naciones: Por qué unas son
tan ricas y otras tan pobres. Barcelona: Crítica.
 Morin, E. (1981). El método I: La naturaleza de la naturaleza. Madrid: Cátedra.
(Obra original publicada en 1977).
 Mumford, L. (1990). Técnica y civilización. Madrid: Alianza Editorial. (Obra
original publicada en 1934).

1.2. Las nuevas teorías científicas


El siglo XX se caracteriza por la irrupción de un conjunto de teorías científicas que
transformaron radicalmente la visión que el ser humano tenía de la naturaleza, del
universo y de sí mismo. A diferencia de los modelos clásicos heredados de Newton —
basados en el determinismo, la continuidad espacio-temporal y la previsibilidad—, las
nuevas teorías introducen una imagen más compleja, indeterminada y probabilística de
la realidad.

La teoría de la relatividad

Publicada por Albert Einstein en 1905 (relatividad especial) y ampliada en 1915


(relatividad general), esta teoría supuso una ruptura con la física newtoniana, al redefinir
los conceptos de espacio, tiempo y gravedad. Einstein demostró que el tiempo no es
absoluto, sino relativo al observador, y que la gravedad no es una fuerza en sentido
clásico, sino la curvatura del espacio-tiempo causada por la masa (Einstein, Sobre la
teoría de la relatividad especial y general, 1916/1995).

Estas ideas tuvieron no solo consecuencias físicas, sino también filosóficas y


epistemológicas: se pone en cuestión la existencia de un marco espacio-temporal
universal y se introduce la noción de perspectiva, incluso en las ciencias más “duras”.

La mecánica cuántica

La teoría cuántica, desarrollada por físicos como Max Planck, Niels Bohr, Werner
Heisenberg y Erwin Schrödinger entre 1900 y 1930, describe el comportamiento de la
materia a escala subatómica. Sus hallazgos —como la dualidad onda-partícula, el
principio de incertidumbre o el colapso de la función de onda— desafían el sentido
común y la lógica determinista.

Heisenberg, en La imagen de la naturaleza en la física moderna (1955/1984), afirmaba


que el conocimiento de la realidad a nivel cuántico está condicionado por la interacción
entre el observador y lo observado, lo que pone en cuestión la objetividad absoluta y
la independencia del fenómeno respecto al marco experimental.

La biología molecular y la genética

Otro gran avance del siglo XX fue la consolidación de la biología molecular,


especialmente tras el descubrimiento de la estructura del ADN por Watson y Crick en
1953. Esta revolución, en palabras de François Jacob en La lógica de lo viviente
(1970/1974), inaugura una nueva etapa en la que la vida deja de ser concebida como
fuerza vital misteriosa para ser explicada como información, código y replicación
estructurada.

Gracias a la genética moderna, se abren las puertas a disciplinas como la biotecnología,


la ingeniería genética o la clonación, con profundas implicaciones médicas, éticas y
filosóficas.

La teoría del caos y la complejidad

A partir de los años setenta, una serie de enfoques interdisciplinares cuestionan la visión
lineal y mecanicista de los sistemas físicos, biológicos o sociales. Investigadores como
Ilya Prigogine (Premio Nobel de Química) y Edgar Morin proponen una ciencia de la
complejidad, basada en el estudio de sistemas abiertos, no lineales, autoorganizados y
caóticos.

En El fin de las certezas (Prigogine, 1997/2003), se argumenta que la irreversibilidad, el


azar y la emergencia son propiedades fundamentales de la naturaleza, lo que obliga a
repensar el ideal de una ciencia exacta, previsible y completamente controlable.

Estas nuevas teorías no solo amplían el conocimiento, sino que cuestionan las bases
epistemológicas de la ciencia moderna, obligando a replantear conceptos como
causalidad, objetividad, tiempo o identidad. En conjunto, configuran un giro
posnewtoniano y poscartesiano que afecta a toda la cultura contemporánea.

Bibliografía (formato APA 7)

 Einstein, A. (1995). Sobre la teoría de la relatividad especial y general. Madrid:


Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1916).
 Heisenberg, W. (1984). La imagen de la naturaleza en la física moderna.
Barcelona: Salvat. (Obra original publicada en 1955).
 Jacob, F. (1974). La lógica de lo viviente: Una historia de la herencia.
Barcelona: Salvat. (Obra original publicada en 1970).
 Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.
 Prigogine, I. (2003). El fin de las certezas: Tiempo, caos y las leyes de la
naturaleza. Barcelona: Tusquets. (Obra original publicada en 1997).
 Watson, J. D., & Crick, F. H. C. (1953). A structure for deoxyribose nucleic
acid. Nature, 171, 737–738.

1.3. Los grandes avances científicos


El siglo XX fue testigo de un número sin precedentes de avances científicos que
transformaron radicalmente todos los campos del saber: desde la física fundamental
hasta la biología, pasando por la medicina, la informática o la cosmología. Estos
descubrimientos no solo ampliaron el horizonte del conocimiento, sino que
modificaron la forma en que el ser humano se concibe a sí mismo y su lugar en el
universo.

Física y cosmología

Uno de los grandes hitos fue, sin duda, el desarrollo de la física cuántica y la teoría de
la relatividad (ya vistas en el punto anterior). Estas teorías permitieron descubrir y
comprender fenómenos invisibles al ojo humano, como los campos electromagnéticos,
los átomos y las partículas subatómicas, y reformular conceptos básicos como el tiempo,
el espacio y la energía.

El siglo XX fue también el siglo del descubrimiento del universo en expansión. En


1929, Edwin Hubble demostró que las galaxias se alejan unas de otras, lo que condujo a
la formulación de la teoría del Big Bang, según la cual el universo tiene un origen finito
y evoluciona dinámicamente (Hawking, Historia del tiempo, 1988/2007).

Más recientemente, avances como la detección de ondas gravitacionales en 2015


(predichas por Einstein cien años antes) y el estudio de la materia oscura y la energía
oscura abren nuevas fronteras en la física teórica y la cosmología, aunque también
plantean desafíos epistemológicos al conocimiento científico.

Medicina y genética

Otro de los avances más significativos fue el desarrollo de la biología molecular,


especialmente con el descubrimiento de la doble hélice del ADN en 1953 (Watson &
Crick). Este hallazgo inauguró una era de manipulación genética, con aplicaciones en
medicina, agricultura, biotecnología e investigación forense.

La medicina experimentó una auténtica revolución: desde la introducción de los


antibióticos (como la penicilina en 1928 por Alexander Fleming) hasta el desarrollo de
técnicas como la diálisis, los trasplantes de órganos, la cirugía laparoscópica, la
fertilización in vitro y, más recientemente, las terapias génicas y las vacunas de ARN
mensajero.

También emergen nuevas disciplinas como la neurociencia, que comienza a explicar


las funciones cerebrales complejas desde una perspectiva científica, o la psiquiatría
biológica, que transforma el tratamiento de enfermedades mentales.

Informática y matemáticas

La revolución informática, iniciada con las máquinas de cálculo y cristalizada en el


desarrollo del ordenador electrónico en los años 40 (Turing, von Neumann), marca un
cambio de paradigma. Desde entonces, la informática ha avanzado hasta la computación
cuántica, la inteligencia artificial y el big data, provocando una redefinición del
conocimiento, la comunicación y el trabajo.

A su vez, las matemáticas contemporáneas han desarrollado estructuras abstractas que


permiten modelizar procesos complejos en física, economía, ecología o sociología,
como ocurre con la teoría de sistemas, la lógica difusa o la topología.
Ecología y ciencias de la Tierra

En el ámbito ambiental, el siglo XX vio emerger una nueva conciencia científica del
planeta como sistema interconectado. La teoría de Gaia, formulada por James
Lovelock, propone que la Tierra funciona como un superorganismo autorregulado, lo
que ha influido en la ecología moderna y en los movimientos ambientalistas (Lovelock,
La venganza de la Tierra, 2006).

El desarrollo de la teoría de la tectónica de placas, la datación radiométrica, el


análisis del cambio climático y la simulación de modelos climáticos globales permite
entender los procesos geológicos y atmosféricos desde una perspectiva histórica y
predictiva.

En conjunto, los avances científicos del siglo XX no solo transformaron el


conocimiento, sino que alteraron el marco cultural, político, económico y ético en el
que se desenvuelve la humanidad. El saber científico dejó de ser una actividad marginal
para convertirse en el centro operativo de la civilización contemporánea.

Bibliografía (APA 7)

 Hawking, S. (2007). Historia del tiempo: Del Big Bang a los agujeros negros.
Barcelona: Crítica. (Obra original publicada en 1988).
 Jacob, F. (1974). La lógica de lo viviente: Una historia de la herencia.
Barcelona: Salvat.
 Lovelock, J. (2006). La venganza de la Tierra: La teoría de Gaia y el futuro de
la humanidad. Madrid: Planeta.
 Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.
 Watson, J., & Crick, F. (1953). A structure for deoxyribose nucleic acid. Nature,
171(4356), 737–738.

1.4. Aplicaciones prácticas y actitudes sociales


La revolución científico-técnica del siglo XX no se limitó a laboratorios ni
publicaciones académicas: sus hallazgos fueron rápidamente traducidos en
aplicaciones prácticas que transformaron todos los aspectos de la vida cotidiana, desde
la salud y la producción industrial hasta la guerra, la comunicación y el ocio. A su vez,
esta transformación material conllevó un cambio profundo en las actitudes sociales
hacia la ciencia, sus límites y sus responsabilidades.

Ciencia y vida cotidiana

Los descubrimientos científicos dieron lugar a innovaciones tecnológicas que alteraron


radicalmente el modo de vida en los países industrializados. La electricidad, el agua
corriente, los electrodomésticos, los medios de transporte (automóvil, avión), los
antibióticos, las vacunas o la televisión marcaron el surgimiento de lo que Lewis
Mumford llamó “la megamáquina” del progreso técnico y sus consecuencias sociales
(El mito de la máquina, 1967/1971).

En la segunda mitad del siglo XX, la automatización de procesos productivos mediante


maquinaria, electrónica e informática facilitó el aumento de la producción y la
reducción de costes, pero también generó fenómenos como el paro tecnológico y la
alienación laboral. André Gorz advirtió en Metamorfosis del trabajo (1988/1992) que
la lógica tecnocrática podía deshumanizar la economía si no se acompañaba de una
reflexión ética y política.

Tecnología militar y ambivalencia ética

Uno de los hitos más impactantes de la aplicación científica fue el proyecto Manhattan
y la consiguiente creación de la bomba atómica, que mostró el poder destructivo de la
ciencia aplicada sin control político ni reflexión moral. Esto generó una profunda
ambivalencia en la percepción social de la ciencia, que pasó de ser símbolo de progreso
a una fuerza potencialmente apocalíptica.

Este cambio de actitud se refleja en el manifiesto de Einstein y Bertrand Russell de


1955, en el que se instaba a la humanidad a elegir entre el fin de la guerra o el fin de la
civilización. A partir de entonces, nacen los debates contemporáneos sobre la bioética,
la tecnociencia y la responsabilidad social del científico (Jonas, El principio de
responsabilidad, 1979/1995).

La ciencia como ideología y como cultura

Durante buena parte del siglo XX, la ciencia fue percibida como la fuente de autoridad
legítima en la organización del mundo moderno. Se constituyó una especie de “cultura
científica” dominante (Snow, Las dos culturas, 1959/2006), en la que la autoridad del
saber científico se impuso sobre las formas tradicionales o religiosas de conocimiento.

No obstante, el auge de enfoques críticos como el posmodernismo o la epistemología


feminista, desde los años 70, cuestionó la neutralidad, objetividad y universalidad de
la ciencia. Autoras como Donna Haraway (en Ciencia, cyborgs y mujeres, 1991/1995) y
Sandra Harding denunciaron que la ciencia moderna estaba impregnada de supuestos
culturales, de género y de poder.

Democratización y divulgación científica

A pesar de estas críticas, se fortaleció también la idea de que la ciencia debía ser
accesible, comprensible y controlada democráticamente. La creciente importancia de
la divulgación científica —desde revistas como Scientific American hasta series como
Cosmos de Carl Sagan— responde a la necesidad de formar ciudadanos informados
capaces de participar en decisiones sobre salud, energía, medio ambiente o inteligencia
artificial.
En suma, las aplicaciones prácticas de la revolución científica no solo reconfiguraron
las condiciones materiales de existencia, sino que abrieron interrogantes profundos
sobre la ética, el poder y los fines del saber humano. La confianza ciega en el
progreso dio paso a una actitud más crítica y compleja, en la que la ciencia se entiende
como una empresa humana situada, con consecuencias sociales inevitables.

Bibliografía (APA 7)

 Einstein, A., & Russell, B. (1955). Manifiesto Russell-Einstein. Londres.


 Gorz, A. (1992). Metamorfosis del trabajo: Crítica de la razón económica.
Madrid: Sistema. (Obra original publicada en 1988).
 Haraway, D. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres: La invención de la naturaleza.
Madrid: Cátedra.
 Jonas, H. (1995). El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la
civilización tecnológica. Barcelona: Herder. (Obra original publicada en 1979).
 Mumford, L. (1971). El mito de la máquina: Técnica y evolución humana.
Barcelona: Pepitas de Calabaza. (Obra original publicada en 1967).
 Snow, C. P. (2006). Las dos culturas. Barcelona: Ediciones Paidós. (Obra
original publicada en 1959).
 Sagan, C. (1980). Cosmos. Barcelona: Planeta.

2.2. Las nuevas tecnologías


La expresión “nuevas tecnologías” suele referirse a un conjunto de innovaciones
surgidas a partir de la segunda mitad del siglo XX —especialmente desde la década de
1970— que reconfiguran de forma profunda los procesos productivos, las formas de
comunicación, el acceso al conocimiento, la gestión de la vida cotidiana y, en definitiva,
el modo en que las sociedades se organizan y se representan a sí mismas. Estas
tecnologías son el núcleo de la llamada tercera revolución industrial o revolución
informacional, términos empleados por autores como Manuel Castells (La era de la
información, 1996/1999).

Características fundamentales

Las nuevas tecnologías se distinguen por su:

 Digitalización: La conversión de todo tipo de información (textos, imágenes,


sonidos) en código binario ha permitido la unificación de medios y formatos.
 Interconectividad: La red informática global (Internet) ha facilitado una
comunicación instantánea a escala planetaria.
 Miniaturización y portabilidad: Dispositivos cada vez más pequeños y
potentes han descentralizado la producción y el acceso al conocimiento.
 Automatización e inteligencia artificial: La capacidad de las máquinas para
ejecutar tareas complejas sin intervención humana está transformando sectores
enteros.
Como señala Pierre Lévy, estas tecnologías no son únicamente herramientas, sino
vectores de transformación cultural y cognitiva, al modificar los modos de leer,
escribir, aprender, recordar y relacionarse (La inteligencia colectiva, 1994/2004).

Principales ámbitos de innovación

1. Tecnologías de la información y la comunicación (TIC): Incluyen el


desarrollo de redes (Internet, telefonía móvil), hardware (ordenadores, tablets,
smartphones), software (sistemas operativos, aplicaciones) y plataformas
digitales (navegadores, redes sociales, inteligencia artificial).
2. Biotecnología: Aplicación de principios biológicos a la ingeniería genética, la
medicina personalizada, la farmacología avanzada, la agricultura transgénica,
etc. Desde la clonación de la oveja Dolly (1996) hasta la edición genética con
CRISPR-Cas9, estos avances abren nuevas fronteras éticas y políticas.
3. Nanotecnología: Manipulación de la materia a escala atómica y molecular.
Tiene aplicaciones en medicina, energía, electrónica o nuevos materiales (como
los grafenos). Su potencial disruptivo ha sido destacado por autores como Eric
Drexler (Engines of Creation, 1986).
4. Tecnología espacial y satelital: Desde la carrera espacial iniciada en los años
50 hasta la consolidación de redes GPS, telescopios orbitales o misiones
privadas (SpaceX), la exploración espacial ha dejado de ser un símbolo de
prestigio nacional para convertirse en un campo estratégico global.
5. Energías alternativas: En respuesta a la crisis ecológica y al agotamiento de los
combustibles fósiles, las nuevas tecnologías energéticas (solar, eólica,
hidrógeno, fusión) constituyen una revolución en curso, condicionada por la
economía, la política internacional y la transición verde.

Hacia una tecnocultura global

La expansión de estas tecnologías ha dado lugar a una “tecnocultura global”, en la que


los procesos simbólicos, cognitivos y afectivos están mediados por dispositivos
digitales. Esto ha generado tanto oportunidades (como el acceso masivo a la
información) como riesgos (vigilancia, desinformación, aislamiento, dependencia
tecnológica).

Autores como Byung-Chul Han (En el enjambre, 2013) o Evgeny Morozov (El
desengaño de Internet, 2011/2012) han advertido sobre las derivas totalitarias del
control digital y la pérdida de pensamiento crítico en un entorno dominado por la
inmediatez y el ruido informativo.

En definitiva, las nuevas tecnologías constituyen una mutación antropológica y social


de gran calado, cuya comprensión exige un enfoque interdisciplinar: técnico, pero
también ético, político y filosófico. El mundo contemporáneo ya no puede pensarse al
margen de estas tecnologías que configuran tanto la infraestructura material como la
conciencia simbólica de nuestras sociedades.
Bibliografía (APA 7)

 Castells, M. (1999). La era de la información. Vol. I: La sociedad red. Madrid:


Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1996).
 Han, B.-C. (2014). En el enjambre. Barcelona: Herder. (Obra original publicada
en 2013).
 Lévy, P. (2004). La inteligencia colectiva: Por una antropología del
ciberespacio. Barcelona: Gedisa. (Obra original publicada en 1994).
 Morozov, E. (2012). El desengaño de Internet: Los mitos de la libertad en la
red. Barcelona: Destino. (Obra original publicada en 2011).
 Wiener, N. (1969). Cibernética y sociedad. Madrid: Ediciones Guadarrama.

3.1. Consecuencias económicas de la tecnología en la


sociedad y el empleo
La revolución científico-técnica del siglo XX trajo consigo transformaciones
estructurales profundas en la economía global. Las nuevas tecnologías modificaron los
modos de producción, distribución y consumo, inaugurando una economía posfordista
caracterizada por la automatización, la flexibilidad productiva, la globalización del
capital y una creciente centralidad del conocimiento como factor económico.

Del fordismo al posfordismo

Durante buena parte del siglo XX, la organización industrial se basó en el modelo
fordista, articulado sobre la estandarización, la producción en cadena y el empleo
masivo en grandes plantas fabriles. Sin embargo, a partir de los años 70, este modelo
entró en crisis debido a diversos factores:

 Estancamiento de la productividad.
 Aumento de los costes laborales en los países desarrollados.
 Competencia internacional (especialmente desde Asia).
 Saturación de mercados.

La respuesta fue un tránsito hacia lo que se ha denominado posfordismo o


acumulación flexible (Harvey, La condición de la posmodernidad, 1989/1998),
caracterizado por:

 Automatización de procesos mediante tecnologías digitales.


 Subcontratación y descentralización de la producción.
 Precarización del trabajo y debilitamiento de los sindicatos.
 Deslocalización hacia países con menor coste laboral.
 Fuerte dependencia de la innovación y la inversión en I+D.

Automatización y empleo

La automatización ha sido una de las consecuencias económicas más destacadas del


desarrollo tecnológico. Las máquinas han sustituido a los humanos en muchas tareas
repetitivas y físicas, aumentando la eficiencia, pero también generando desempleo
estructural en sectores tradicionales.

Jeremy Rifkin (1995) ya advirtió de una “crisis del empleo” en El fin del trabajo, al
señalar que la creciente robotización y la inteligencia artificial reducirían drásticamente
la necesidad de fuerza laboral humana en sectores como la manufactura, la agricultura o
incluso los servicios.

No obstante, esta sustitución tecnológica ha ido acompañada de la creación de nuevos


empleos cualificados en sectores como la informática, las telecomunicaciones, la
biotecnología o las energías renovables. Se habla así de una “dualización del mercado
laboral”, con una élite tecnocientífica altamente formada frente a una masa de
trabajadores precarizados o desplazados.

Economía del conocimiento

Otro efecto clave ha sido el auge de la economía del conocimiento, en la que el valor
añadido reside no tanto en los bienes materiales como en la información, el diseño, el
software y la creatividad. Peter Drucker fue uno de los primeros en destacar este
fenómeno al hablar del “trabajador del conocimiento” (La sociedad postcapitalista,
1993/1994), en referencia a aquel que produce valor a partir de datos, ideas y
soluciones.

Esto ha generado nuevas jerarquías económicas y ha reforzado el papel de las grandes


plataformas digitales (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft), que concentran
recursos, talento y poder global mediante algoritmos, datos y redes.

Impacto en la desigualdad

Aunque la tecnología ha contribuido al crecimiento económico global, también ha


intensificado las desigualdades. Según Thomas Piketty (El capital en el siglo XXI,
2013/2014), el capital tecnológico tiende a concentrarse en pocas manos, generando una
creciente brecha entre propietarios del capital digital y trabajadores dependientes.

Del mismo modo, la digitalización ha favorecido a las economías más avanzadas,


capaces de invertir en I+D, mientras ha ampliado la brecha tecnológica con los países
periféricos o en vías de desarrollo.

En suma, la revolución científica y técnica del siglo XX ha generado una


reestructuración económica de alcance global, marcada por el ascenso de nuevas
formas de producción, empleo y organización social. Si bien ha abierto enormes
posibilidades de desarrollo, también plantea retos estructurales, como el desempleo
tecnológico, la precariedad, la concentración de riqueza y la sostenibilidad del modelo
económico vigente.

Bibliografía (APA 7)
 Drucker, P. F. (1994). La sociedad postcapitalista. Barcelona: Ediciones Díaz de
Santos. (Obra original publicada en 1993).
 Harvey, D. (1998). La condición de la posmodernidad: Investigación sobre los
orígenes del cambio cultural. Buenos Aires: Amorrortu. (Obra original
publicada en 1989).
 Piketty, T. (2014). El capital en el siglo XXI. México: Fondo de Cultura
Económica. (Obra original publicada en 2013).
 Rifkin, J. (1995). El fin del trabajo: Nuevas tecnologías contra puestos de
trabajo. El nacimiento de una nueva era. Barcelona: Paidós.

3.2. Consecuencias sociales


La revolución científico-técnica del siglo XX no sólo transformó la estructura
económica del mundo, sino que tuvo un impacto decisivo sobre las formas de vida, la
organización social, los modelos de identidad y las relaciones humanas. Lejos de
limitarse al ámbito de la producción, la tecnología ha penetrado en la esfera de lo
íntimo, lo simbólico y lo político, provocando un cambio de civilización.

Sociedad de la información y cambio cultural

Uno de los efectos más visibles ha sido la consolidación de la sociedad de la


información, expresión que designa la centralidad de las tecnologías de la información
y la comunicación (TIC) en la vida cotidiana. Como señala Manuel Castells en su obra
fundamental La era de la información (1996/1999), la red se convierte en la estructura
básica de nuestra época: un nuevo espacio social, el “espacio de los flujos”, sustituye
progresivamente al “espacio de los lugares”.

Esto ha traído consigo transformaciones culturales de gran calado:

 Acceso masivo y descentralizado al conocimiento.


 Disolución de las jerarquías tradicionales del saber.
 Cambios en los hábitos de lectura, atención y aprendizaje.
 Emergencia de nuevas formas de socialización (redes sociales, foros,
plataformas).
 Proliferación de contenidos fragmentarios y sobreinformación.

Autores como Nicholas Carr (Superficiales, 2010/2011) han advertido que este nuevo
entorno digital, aunque expansivo, puede también estar deteriorando la capacidad de
concentración, la lectura profunda y el pensamiento crítico.

Individualización y precarización

El avance tecnológico ha acelerado también los procesos de individualización social,


un fenómeno que Ulrich Beck analizó en La sociedad del riesgo (1986/2002). En una
sociedad donde las trayectorias vitales ya no están predeterminadas por la clase o el
lugar de origen, los individuos deben “auto-producirse”, tomar decisiones constantes y
gestionar por sí mismos la incertidumbre, con el apoyo de tecnologías que personalizan
y segmentan todas las experiencias posibles.

Al mismo tiempo, el auge de la gig economy y el trabajo mediado por plataformas


(como Uber, Glovo o Amazon Mechanical Turk) ha generado un nuevo modelo de
empleo: autónomo, flexible, pero también desprotegido, vigilado y sin derechos
laborales consolidados. Esto ha llevado a hablar de un “precariado” (Standing, El
precariado, 2011/2013), una nueva clase social vulnerable y fragmentada, sin
perspectivas de estabilidad.

Vigilancia, control y subjetividad

La extensión de tecnologías digitales ha implicado también una nueva economía de la


vigilancia. Como explica Shoshana Zuboff en La era del capitalismo de la vigilancia
(2019/2020), las grandes plataformas no sólo ofrecen servicios: extraen datos de
conducta y los convierten en predicciones comercializables, instaurando un modelo
de control algorítmico.

Esto plantea serias amenazas a la privacidad, la autonomía individual y los derechos


civiles, en una sociedad donde “el panóptico” ya no necesita ser visible: está inscrito en
los dispositivos que llevamos encima.

Autores como Byung-Chul Han (Psicopolítica, 2014/2015) han descrito esta nueva
forma de dominación como una interiorización de la vigilancia, donde ya no se necesita
represión, sino autoexplotación voluntaria: el sujeto se somete por amor a la eficacia, el
rendimiento y la exposición.

Brechas sociales y tecnológicas

Por último, el desarrollo tecnológico ha generado nuevas brechas sociales:

 Brecha digital generacional: entre jóvenes digitalmente nativos y adultos


mayores desconectados.
 Brecha geográfica: entre centros urbanos con infraestructuras y zonas rurales o
periféricas.
 Brecha educativa: entre quienes saben aprovechar los recursos digitales y
quienes quedan rezagados.

Estas desigualdades pueden acentuar otras ya existentes (de clase, género o etnia), si no
van acompañadas de políticas públicas inclusivas que garanticen el acceso universal y
equitativo a los beneficios del desarrollo técnico.

En suma, la revolución tecnológica no sólo transforma el trabajo, sino que modifica la


experiencia humana misma: cómo nos relacionamos, cómo percibimos el mundo,
cómo nos representamos a nosotros mismos. La técnica, lejos de ser neutral, condiciona
los marcos de posibilidad de nuestras vidas y por tanto exige una reflexión ética,
política y filosófica profunda.
Bibliografía (APA 7)

 Beck, U. (2002). La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad.


Barcelona: Paidós. (Obra original publicada en 1986).
 Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras
mentes? Madrid: Taurus. (Obra original publicada en 2010).
 Castells, M. (1999). La era de la información. Vol. I: La sociedad red. Madrid:
Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1996).
 Han, B.-C. (2015). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder.
Barcelona: Herder. (Obra original publicada en 2014).
 Standing, G. (2013). El precariado: Una nueva clase social. Barcelona: Pasado
& Presente. (Obra original publicada en 2011).
 Zuboff, S. (2020). La era del capitalismo de la vigilancia: La lucha por un
futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder. Barcelona: Paidós. (Obra
original publicada en 2019).

4. Nuevos lenguajes y formas visuales


La revolución científico-técnica del siglo XX transformó radicalmente no sólo los
procesos productivos y comunicativos, sino también las formas en que los seres
humanos crean, interpretan y comunican significados. En este sentido, el advenimiento
de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) dio lugar a la
emergencia de nuevos lenguajes y formas visuales que configuran la cultura
contemporánea.

Expansión y hibridación de lenguajes

El desarrollo de los medios digitales y audiovisuales ha propiciado una creciente


hibridación entre lenguajes tradicionales —verbal, visual, sonoro— dando lugar a
formas expresivas multimedia y transmedia. Como expone Lev Manovich en El
lenguaje de los nuevos medios (2001/2006), estas tecnologías instauraron un nuevo
paradigma en la cultura visual, caracterizado por:

 La digitalización que permite manipular y recombinar elementos visuales con


gran facilidad.
 La interactividad, que convierte al receptor en participante activo.
 La hipermedialidad, que facilita la navegación no lineal a través de textos,
imágenes y sonidos.

Estas innovaciones han cambiado el estatuto de la imagen, que pasa de ser un mero
objeto a un medio de comunicación dinámico y plural.

La imagen en la era digital


La proliferación de pantallas, dispositivos móviles y plataformas digitales ha hecho que
la imagen ocupe un lugar central en la comunicación cotidiana. La cultura visual
contemporánea está dominada por:

 Imágenes en movimiento: cine digital, videoarte, animaciones, GIFs y


contenidos audiovisuales de corta duración en redes sociales.
 Fotografía digital y edición: democratización de la producción visual, pero
también cuestionamiento de la autenticidad y la verdad a través de la
manipulación digital.
 Realidad aumentada (RA) y realidad virtual (RV): tecnologías que permiten
la inmersión en entornos simulados o enriquecidos, ampliando las posibilidades
de experiencia estética, educativa o comercial.

Como plantea W. J. T. Mitchell en Teoría de la imagen (1994/2002), la imagen en la


era digital se convierte en un agente activo de sentido, capaz de influir en la percepción
social y política.

Nuevas narrativas y formatos

La revolución tecnológica ha propiciado además la aparición de nuevas formas


narrativas, que rompen con la linealidad tradicional y exploran la fragmentación, la
interactividad y la multiplicidad de perspectivas. Ejemplos son:

 Videojuegos como narrativa interactiva y espacio simbólico.


 Webdocs o documentales digitales con elementos hipertextuales.
 Narrativas transmedia, que despliegan historias a través de distintos medios y
plataformas, generando experiencias complejas y participativas.

Implicaciones culturales y educativas

Estos nuevos lenguajes visuales suponen también un desafío para los sistemas
educativos y culturales, que deben adaptarse para enseñar a leer y producir estos
códigos con competencias críticas y creativas. La alfabetización visual se convierte en
una competencia clave para la ciudadanía del siglo XXI.

Bibliografía (APA 7)

 Manovich, L. (2006). El lenguaje de los nuevos medios. Barcelona: Paidós.


(Obra original publicada en 2001).
 Mitchell, W. J. T. (2002). Teoría de la imagen. Ensayos sobre representación
verbal y visual. Madrid: Cátedra. (Obra original publicada en 1994).
 Bolter, J. D., & Grusin, R. (1999). Remediation: Understanding new media.
Cambridge, MA: MIT Press.
 Jenkins, H. (2008). Convergence culture: Where old and new media collide.
Nueva York: New York University Press.
5. El impacto de las nuevas tecnologías en la creación y
difusión artística
El avance científico-técnico del siglo XX, y especialmente la revolución digital, ha
transformado radicalmente el ámbito de la creación artística, tanto en sus procesos como
en sus canales de difusión, modificando las relaciones entre artistas, obras y público.

Nuevos medios y procesos creativos

Las tecnologías digitales han introducido herramientas que permiten una


experimentación sin precedentes en la creación artística:

 Software de diseño, animación y edición que posibilita la manipulación de


imágenes, sonidos y videos con una precisión y flexibilidad inéditas.
 Arte digital, que incorpora elementos virtuales, interacción y algoritmos, como
en el arte generativo o el arte net.
 Impresión 3D y tecnologías de fabricación digital, que abren nuevas
posibilidades en la escultura y el diseño.

Autores como Lev Manovich (El lenguaje de los nuevos medios, 2006) destacan cómo
estas herramientas permiten una hibridación de géneros, borrando las fronteras entre
disciplinas artísticas.

Democratización y globalización

Las plataformas digitales y redes sociales han democratizado la difusión artística,


permitiendo a creadores de todo el mundo acceder a audiencias globales sin
intermediarios tradicionales (galerías, editoriales, museos).

Sin embargo, esta apertura también plantea desafíos:

 Saturación de contenidos, que dificulta la visibilidad.


 Comercialización y algoritmos, que condicionan qué obras alcanzan mayor
difusión.
 Cambios en los modelos económicos, con ingresos basados en micropagos o
patrocinios digitales.

Nuevas experiencias estéticas

La tecnología ha ampliado las formas de experiencia estética mediante:

 Realidad virtual y aumentada, que ofrecen inmersión y nuevas formas de


participación.
 Instalaciones multimedia, que combinan imagen, sonido y espacio.
 Arte interactivo, que involucra al espectador como co-creador.

Estas innovaciones plantean preguntas sobre la naturaleza del arte y la autoría, temas
analizados por críticos como Rosalind Krauss (La originalidad de la vanguardia y otros
mitos modernos, 1985/1999).
Impacto en las instituciones artísticas

Museos, galerías y centros culturales han tenido que adaptarse a estas transformaciones,
incorporando exposiciones digitales, colecciones online y experiencias híbridas para
atraer a un público cada vez más tecnologizado.

Bibliografía (APA 7)

 Manovich, L. (2006). El lenguaje de los nuevos medios. Barcelona: Paidós.


(Obra original publicada en 2001).
 Krauss, R. (1999). La originalidad de la vanguardia y otros mitos modernos.
Madrid: Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1985).
 Paul, C. (2015). Digital art (3rd ed.). London: Thames & Hudson.
 Bourriaud, N. (2002). Estética relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.

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