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Ensayo

El ensayo de Juan José Saer explora la complejidad del exilio, especialmente en el contexto de escritores y artistas, destacando cómo este fenómeno transforma la experiencia individual y colectiva. Saer argumenta que el exilio, aunque a menudo percibido como una elección, es en realidad una consecuencia de circunstancias externas que despojan al individuo de su autonomía. A través de la distancia, el escritor exiliado puede observar y cuestionar tanto su cultura natal como la cultura europea, aunque también enfrenta la pérdida de sentido y plenitud en su experiencia vital.

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El ensayo de Juan José Saer explora la complejidad del exilio, especialmente en el contexto de escritores y artistas, destacando cómo este fenómeno transforma la experiencia individual y colectiva. Saer argumenta que el exilio, aunque a menudo percibido como una elección, es en realidad una consecuencia de circunstancias externas que despojan al individuo de su autonomía. A través de la distancia, el escritor exiliado puede observar y cuestionar tanto su cultura natal como la cultura europea, aunque también enfrenta la pérdida de sentido y plenitud en su experiencia vital.

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Ensayo: “Caminaba un poco encorvado” de Juan José Saer en El concepto de ficción, Buenos

Aires, 1997)

"Caminaba un poco encorvado"

En 1985, el exilio debe ser repensado en el marco de una nueva situación planetaria. En
términos generales, los vastos desplazamientos humanos como consecuencia de terribles
sucesos políticos han ido modificando demográficamente no pocas regiones del planeta.
Por esa razón, es notorio que la consideración de situaciones individuales puede servir
solamente para observar el efecto que el exilio produce en la praxis de ciertos individuos,
en este caso escritores o artistas. Tomar como paradigma a un individuo sería absurdo,
tratándose de un fenómeno que en buena parte es consecuencia de un desprecio evidente
por el individuo. Pero lo genérico de la condición de exiliado no debe ocultar lo específico
de la condición de escritor. Y tal vez lo que es válido para un escritor en exilio no lo es para
todo exiliado.

De las ventajas que el exilio ofrece a un escritor, la más importante sin duda es la
relativización de la propia experiencia, individual o colectiva. Narcisismo y nacionalismo
sufren, gracias al descentramiento y a la distancia, un rudo golpe. En ese sentido, podemos
considerar el exilio como un nuevo avatar del principio de realidad.

La readaptación puede dar una ilusión de óptica y hacernos creer que existe el exilio
voluntario. Pero es una noción falsa. Ningún exilio es voluntario: cuando se pasa de un
lugar a otro, creyendo tomar libremente una decisión, las razones del cambio han sido
tramadas por el mundo antes de que el sujeto las actualice. La distancia ya existía antes del
alejamiento, la ruptura antes de la separación. Que la partida se verifique o no es
secundario. En todo caso esa partida no es más que la conclusión práctica y puramente
anecdótica de una contradicción ineluctable.

Respecto del país natal, el extranjero es una especie de limbo, y una suerte de observatorio
también: es evidente que, después de cierto tiempo, el escritor exiliado flota entre dos
mundos y que su inscripción en ambos es fragmentaria e intermitente. Si la complejidad de
la situación no lo paraliza, esa vida doble puede ser enriquecedora. A un argentino,
particularmente, en cuyo país una de las contradicciones principales de la cultura reside en
la oposición nacionalismo-europeísmo, el doble campo empírico le será útil para comprobar
lo injustificado de las pretensiones nacionalistas y al mismo tiempo desmitificar la supuesta
infalibilidad europea.

Pero, claro, no todo es provecho intelectual: Tiempo, espacio, carne, memoria, experiencia,
muerte: todo esto, que es materia común a todos, en .la situación del exilio cobra un sabor
particular. Así se confunden espacio y tiempo, geografía y pasado, muerte y distancia; por
momentos, se pierden el sentido y la plenitud de lo vivido.
Para el joven Joyce, las tres armas del escritor perdido en la penumbra del extranjero,
debían ser "el silencio, el exilio y la astucia". Ese programa nos da una idea de
enfrentamiento, de soledad, de separación. En Mínima moralia no pocos de los fragmentos
de Adorno describen el mundo de los emigrados alemanes en Estados Unidos como
agobiado por el peso. de muchas amenazas internas y externas.

Y los rastros del principio de realidad se inscriben en nuestro cuerpo. Dante, el gran
desterrado, era, tomo es sabido, grave, sarcástico, amargo, un poco altanero. El exilio
coincidió con su gloria — hasta los que lo amenazaban de muerte lo respetaban, y, fuera de
Florencia, los poderosos se disputaban al huésped ilustre quien; por otra parte, no dudaba
de su superioridad terrena ni de su investidura divina. Pero, según nos lo describe Bocaccio,
"tenía un rostro melancólico y pensativo" y, cuando alcanzó cierta edad, que por otra parte
no era mucha, "caminaba un poco encorvado".

En El concepto de ficción, Buenos Aires, Ariel, 1997.

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