Behind Closed Doors
Behind Closed Doors
Rating: Explicit
Archive Warning: Underage Sex
Category: M/M
Fandom: Naruto (Anime & Manga)
Relationship: Uchiha Sasuke/Uzumaki Naruto
Characters: Uchiha Sasuke, Uzumaki Naruto
Additional Tags: Alternate Universe - High School, Secret Relationship, Student/teacher
relationship, Top Uzumaki Naruto, Bottom Uchiha Sasuke, Desk Sex,
Dirty Talk, Oral Sex, Semi-Public Sex, Possessive Behavior, Sasuke
Uchiha is a brat, Mutual Pining, Jealousy, Smut, soft moments,
Crossdressing, maid outfit, Public teasing, Rough Sex, Anal Fingering,
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Position), Plot What Plot/Porn Without Plot, Underage Sex - Freeform,
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Language: Español
Stats: Published: 2025-04-24 Completed: 2025-04-25 Words: 11,273 Chapters:
2/2
Behind Closed Doors
by Prettylittlebunny02
Summary
El sol del mediodía caía tibio sobre el patio del instituto, mientras los alumnos aprovechaban
el recreo para agruparse entre risas, almuerzos rápidos y chismes que flotaban en el aire.
Sasuke estaba sentado con su grupo habitual bajo la sombra de un cerezo: Karin revisaba
unas hojas de cálculo del consejo estudiantil, Juugo comía en silencio, y Suigetsu molestaba
como siempre, lanzándole bolitas de arroz a un gato que había tenido la mala idea de
acercarse.
—¿No tienes nada mejor que hacer? —resopló Sasuke sin levantar la mirada de su libro.
—Estoy alimentando a una criatura indefensa, Uchiha —dijo Suigetsu con una sonrisa ladina
—. No todos tenemos un palo metido en el...
Fue entonces cuando Sasuke oyó voces femeninas cerca. No era que estuviera prestando
atención, claro que no... pero reconocía esas voces: Hinata, Ino y Sakura. Su conversación
llegó clara y sin intención de ser discreta.
—¿Y vieron cómo se le marcaba el pecho cuando se remangó las mangas esta mañana? —
susurró Ino, casi jadeante.
—Es que el profesor Uzumaki tiene ese algo... no sé, como energía de "te doy clase, pero
también te rompo la cama" —añadió Sakura entre risitas.
—¡Sakura-chan! —Hinata intentó sonar ofendida, pero no pudo evitar reír también—. Pero
sí, es... muy atractivo.
Sasuke cerró el libro con más fuerza de la necesaria. El corazón le latía con una irritación que
no podía mostrar abiertamente.
Suigetsu se carcajeó.
—Vaya, vaya. ¿No que el presidente del consejo estudiantil era inmune a esas cosas?
—Estoy harto de oír tonterías sobre profesores —soltó Sasuke, intentando mantener el tono
plano.
Sasuke no respondió. Simplemente desvió la mirada hacia el segundo piso del edificio, donde
sabía que el aula de Comunicaciones quedaba vacía hasta el siguiente bloque. Donde sabía
que Naruto probablemente estaba... y lo peor: que era imposible no pensar en él.
Sasuke aún miraba con fingida indiferencia hacia el edificio cuando las risas agudas se
acercaron. Hinata, Ino y Sakura se unieron al grupo, saludando con entusiasmo.
—Karin, ¿ya terminaste el reporte del comité de actividades? —preguntó Hinata, acercándose
con una sonrisa tímida, aunque su escote parecía estratégicamente más pronunciado de lo
habitual.
—Sí, lo dejé en la sala del consejo esta mañana —respondió Karin con su habitual tono
seguro. Luego alzó una ceja—. ¿Pasa algo?
—Nada, solo... queríamos ver si te unes a nosotras mañana. Vamos a decorar el aula para la
semana cultural —explicó Sakura.
—Y de paso, ver si conseguimos que el profe Uzumaki supervise —añadió Ino con una
sonrisa traviesa y un codazo disimulado a Hinata.
—¿Otra vez con eso? —resopló Karin, aunque su sonrisa no se desdibujó—. ¿No se cansan?
—¡Ay, vamos! ¿Cómo no hablar de él? ¡Está buenísimo! —dijo Ino, sin ningún pudor—.
Alto, moreno —miró a Sasuke con una risita por lo bajo, como si se burlara de su rivalidad
implícita—... y con esa sonrisa de “te explico el temario y después te explico cómo llegar al
cielo”.
—¡Pues sus pechos gigantes! —rió Ino, señalando con sutileza el busto de Hinata, que se
ruborizó hasta las orejas.
—Tal vez por eso es tan bueno enseñando —añadió Sakura, y estallaron en risas otra vez.
Sasuke ya no podía soportarlo. Se puso de pie con brusquedad, sacudiéndose el pantalón del
polvo y la hierba. Todos lo miraron con sorpresa.
—Tengo cosas que hacer —respondió Sasuke con tono seco. Se giró y caminó en dirección al
edificio escolar, las manos apretadas en los bolsillos, sin mirar atrás.
Naruto estaba concentrado en una pila de exámenes cuando la puerta del aula de
Comunicaciones se abrió suavemente. No alzó la vista de inmediato, apenas frunció el ceño
por la interrupción hasta que escuchó el leve clic del cerrojo cerrándose desde adentro.
Sasuke no respondió. Cerró la puerta sin apuro, como si no tuviera prisa, y se acercó con
pasos lentos pero seguros, como si conociera perfectamente el territorio que pisaba. Con ese
mismo aire sereno, dejó su bolso sobre una de las mesas vacías y caminó hasta el escritorio
del profesor.
Naruto apenas alcanzó a abrir la boca para decir algo más cuando Sasuke, sin previo aviso, se
acomodó en su regazo, ladeando una pierna a cada lado de sus caderas. Se sentó con todo el
peso de su orgullo, los brazos rodeando el cuello de Naruto como si nada fuera extraño en
eso.
—Oye... —murmuró el rubio, mirando de reojo hacia la puerta como si temiera que alguien
pudiera entrar.
—Puse seguro —respondió Sasuke en voz baja, sin apartar la vista de él—. Relájate.
Naruto lo miró, todavía desconcertado. Sasuke no solía hacer esas cosas en la escuela.
Normalmente era él el que ponía los límites, el que evitaba los gestos comprometedores. Pero
ahora... ahora lo tenía encima, hundiendo un poco más la cabeza en su cuello, con los labios
rozándole apenas la piel.
—¿Pasó algo? —preguntó Naruto, suavemente, aunque ya intuía la respuesta. Conocía ese
tono, ese leve temblor en el orgullo de Sasuke cuando necesitaba cariño pero no sabía cómo
pedirlo.
Sasuke no contestó de inmediato. Simplemente se dejó estar ahí, con las manos descansando
en el pecho del otro, la respiración calmándose poco a poco. Finalmente habló, apenas un
murmullo:
Naruto deslizó una mano por su espalda, por encima del uniforme perfectamente planchado
del presidente del consejo estudiantil, y lo atrajo un poco más hacia sí.
—¿Ventajas?
Naruto rió un poco más fuerte ahora, abrazándolo con más fuerza.
—¿Solo?
El silencio que siguió fue denso, tenso, como si una cuerda invisible se tensara entre los dos.
Naruto lo sostuvo de la cintura, deslizando los dedos con suavidad, pero con intención.
Luego alzó el rostro de Sasuke con una de sus manos, obligándolo a mirarlo directo a los
ojos.
—Solo te amo a ti —le dijo en voz baja, tan firme como suave—. No hay nadie más, Sasuke.
Y antes de que pudiera replicar, lo besó. Fue un beso cálido, lento, como si quisiera sellar con
sus labios cada palabra que acababa de decirle. No había prisa, ni necesidad de más. Solo el
calor compartido de dos almas que se encontraban en secreto entre pasillos de escuela.
Sasuke cerró los ojos y se dejó llevar por ese beso, sintiendo el corazón más liviano, menos
ansioso. Cuando Naruto se separó, le acarició el cabello con ternura.
—Ahora, tengo que terminar de corregir estos exámenes. ¿Te vas a quedar conmigo un rato?
Naruto soltó una pequeña risa y volvió su atención a los exámenes sobre el escritorio, lápiz
rojo en mano.
Durante un momento, solo se escuchó el rasgueo del bolígrafo contra el papel. Sasuke, quieto
como un gato satisfecho, simplemente lo observaba de reojo, sintiendo el leve subir y bajar
del pecho de Naruto bajo el suyo.
Pero pronto, su mente empezó a divagar. El recuerdo de las chicas hablando de Naruto, la
forma en que lo miraban, el murmullo sobre su “prominente busto”, seguía retumbando en su
cabeza. Y entonces, una idea cruzó su mente... casi como una travesura.
—¿Sasuke...?
—¿Sí? —preguntó con voz inocente, apoyando su barbilla en el hombro de Naruto mientras
seguía ese pequeño vaivén. Deliberado. Travieso. Silencioso.
Naruto respiró hondo y bajó la vista al examen otra vez, intentando ignorarlo. Pero Sasuke
intensificó el movimiento, sutil pero persistente, presionándose justo donde sabía que Naruto
era más sensible.
—Tengo que corregir esto... —murmuró el rubio, aunque su tono ya había perdido algo de
firmeza.
Sasuke bajó la mirada, sus pestañas temblando por la fricción suave que provocaba
moviéndose sobre su regazo, como si cada milímetro fuera pura provocación. La sonrisa
ladina que curvó sus labios era apenas perceptible, pero suficiente.
—Tú no eres un pervertido… —murmuró con falsa inocencia, las manos rodeando el cuello
de Naruto mientras rozaba su nariz contra la del mayor— al menos, eso les dije a ellas. Pero
solo porque no saben la verdad.
—¿La verdad?
Naruto soltó una carcajada suave, cerrando los ojos un segundo, como si esa confesión le
supiera mejor que cualquier halago.
—Mmm… me gusta cómo suena eso —murmuró contra sus labios, sujetándolo por la cintura
para controlarlo un poco más—. ¿Y tú qué eres entonces, si me provocas así a propósito?
Naruto gruñó bajo, entre divertido y frustrado, clavando la mirada en esos ojos oscuros que
se divertían con cada reacción suya.
—Eres tan malcriado… —murmuró Naruto, esta vez con la voz más baja, rozando un
gruñido mientras mantenía la mirada fija en él—. Siempre buscando atención.
Sasuke ladeó la cabeza, con una media sonrisa que no ocultaba su satisfacción por provocar
esa reacción.
Naruto lo sostuvo por la cintura y lo levantó con facilidad de su regazo, haciéndolo quedar de
pie frente a él. Luego se acomodó en la silla, echándose hacia atrás como quien se dispone a
disfrutar de un espectáculo privado. Sus ojos no dejaban los de Sasuke.
—Arrodíllate.
El tono no admitía objeción, y Sasuke, con el corazón latiéndole fuerte en el pecho, obedeció
sin decir una palabra. Se deslizó hacia el suelo con elegancia contenida, como si incluso en la
sumisión le perteneciera el control de cada uno de sus movimientos.
Naruto se inclinó hacia él, con una mano acariciándole la mejilla y el pulgar rozándole la
comisura de los labios.
Sasuke alzó la mirada, oscuro, expectante… y asintió muy despacio, mientras comenzaba a
desabotonar el pantalón de su profesor.
—Buen chico —susurró Naruto, los dedos enredándose con calma en su cabello.
Sasuke bajó la mirada, sus pestañas temblando levemente mientras sus manos trabajaban con
precisión en desabotonar el pantalón de Naruto. Se movía con una mezcla de cuidado y
urgencia apenas contenida, como si aquello fuera parte de un ritual que conocía demasiado
bien… y que adoraba ejecutar.
Naruto exhaló despacio, observando cómo sus dedos temblaban ligeramente de anticipación.
Le acarició la cabeza con calma, entrelazando los dedos en su cabello oscuro, guiándolo con
delicadeza hacia su pelvis.
—Eso es… muéstrame cuánto te gusta —murmuró con una sonrisa apenas torcida.
Sasuke no necesitaba más indicaciones. Con una devoción casi peligrosa, se inclinó, rozando
primero con los labios, lento, dejándose saborear el calor que empezaba a latir contra su boca.
Lo adoraba. Lo adoraba más de lo que se permitía admitir en voz alta. Y en ese momento,
solo existía esa necesidad: complacerlo.
Naruto contuvo un suspiro cuando lo sintió abrir la boca apenas, su lengua lamiendo con
lentitud, con una intención clara de provocar.
—No tienes idea de lo bien que te ves así… —gruñó Naruto, apoyando más el peso de su
cuerpo en la silla mientras lo guiaba con una leve presión—. Siempre tan tragón conmigo,
¿ah?
Sasuke gimió en respuesta, profundo, como si esas palabras le encendieran aún más. El
sonido reverberó en la entrepierna de Naruto, haciéndolo gruñir de nuevo mientras su espalda
se arqueaba apenas. La lengua de Sasuke era insistente, juguetona, y sus labios se sellaban
con fuerza alrededor de él como si no hubiera hecho otra cosa más que practicar para este
momento.
Naruto apretó los dientes, la mandíbula marcada, los ojos entrecerrados mientras su mano
acariciaba la nuca de Sasuke con una mezcla de afecto y dominio.
—¿Tanto te gusta tenerme en la boca, eh? —susurró—. Siempre tan ansioso por tragarme
entero…
Sasuke gimió de nuevo, más fuerte, y redobló el ritmo, como si le provocara que Naruto le
hablara así. Y sí, le provocaba. Lo volvía adicto. Lo hacía suyo.
Sasuke no solo se movía con la boca, ahora también empezaba a balancear las caderas con un
ritmo instintivo, desesperado, como si estuviera cabalgando sobre una fantasía invisible, una
que llevaba el nombre de Naruto. El movimiento hacía que sus nalgas se apretaran y se
relajaran con cada vaivén, provocador sin siquiera intentarlo.
—Joder, Sasuke… —su voz tembló entre placer y fascinación—. ¿Así de caliente estás, eh?
¿Tan desesperado por sentirme que te montas hasta con la boca llena?
Sasuke soltó un gemido apagado contra su carne, sin detenerse. Cada movimiento era más
firme, más húmedo, más rítmico, como si quisiera dejarlo completamente insensible. Sus
mejillas se habían teñido de rojo, pero su expresión era puro desenfreno: entrecerraba los
ojos, los muslos le temblaban levemente, y aún así no paraba.
Naruto se echó un poco hacia atrás en la silla, dejando caer la cabeza mientras soltaba una
risa jadeante.
—Eres una maldita adicción, ¿lo sabías? —jadeó—. Mírate… te ves tan jodidamente sexy
así, tragándome como si no pudieras respirar sin mí. Maldito vicioso.
Los ojos de Sasuke brillaron, excitados por las palabras, por el tono grave y dominante que lo
envolvía. Y como si fuera poco, apretó sus propias piernas y gimió aún más fuerte,
hundiéndose un poco más.
Naruto apenas podía mantener los ojos abiertos. Cada vez que bajaba la vista y veía esa
imagen —Sasuke arrodillado entre sus piernas, con los labios rojos, húmedos, devoto,
tragando sin dudar—, su cuerpo temblaba de puro deseo.
La lengua de Sasuke trabajaba con una dedicación absurda, como si cada centímetro fuera
necesario, como si quisiera marcarlo con la boca, con el sonido sucio y húmedo que llenaba
el salón silencioso. Sus dedos presionaban la parte interna de sus propios muslos, como si
necesitara algo que lo anclara mientras se perdía en esa devoción instintiva.
—Ah, mierda, me voy a correr… —avisó, apretando los dientes—. Sasuke, traga todo, ¿me
escuchas? No dejes ni una gota…
El Uchiha gimió en respuesta, como afirmando sin palabras, y Naruto no aguantó más. Con
un último gruñido gutural, su cuerpo se tensó, la pelvis se arqueó ligeramente hacia adelante
y lo liberó todo en la boca de Sasuke.
El gemido que escapó de Sasuke fue puro fuego. Lo sostuvo con firmeza, sin retroceder,
recibiendo cada descarga caliente, los labios sellados, los ojos cerrados. Se tomó su tiempo,
como si saboreara lo que acababa de conseguir. Como si fuera su mayor victoria.
Naruto seguía recuperando el aliento, aún con la mirada fija en Sasuke como si no pudiera
creer lo que acababa de pasar. Pero en lugar de dejarlo alejarse demasiado, le tendió una
mano con una media sonrisa, ese tipo de sonrisa que solo Sasuke conocía de él: sucia,
posesiva, encantada.
Sasuke obedeció, levantandose con esa gracia contenida que parecía solo provocarlo más. Se
sentó nuevamente en su regazo, acomodándose con lentitud como si supiera exactamente lo
que hacía. Naruto lo recibió con gusto, sus labios volviendo a encontrarse en un beso
profundo, húmedo, descarado. Nada de suavidad esta vez. Se comían la boca como si todavía
tuvieran algo que probarse.
Mientras se besaban, las manos grandes de Naruto bajaron por la espalda de Sasuke. Sus
dedos se deslizaron por la tela del blazer y la camisa hasta llegar a su cintura. De ahí, directo
a su trasero.
Apretó una nalga con una mano, firme, como si la reclamara, mientras con la otra daba una
nalgada sonora que hizo temblar el cuerpo de Sasuke contra él.
—Ah —gimió el menor, separándose apenas del beso, jadeando en su oído—. Pervertido…
Naruto rio bajo, y luego bajó la mano hasta presionar con descaro la tela entre sus piernas,
donde la ropa interior de Sasuke apenas podía ocultar la hinchazón.
Metió los dedos por el borde elástico de su ropa interior, sin llegar a bajarla, solo colándose
lo suficiente para frotar con firmeza sobre su entrada.
—Tch… Naruto —susurró Sasuke con la voz temblorosa, su espalda arqueándose—. Estás
loco…
Los dedos se movían con ritmo lento, pero insistente, haciéndolo respirar más rápido. Naruto
lo miraba como si lo saboreara con los ojos, mientras su otra mano seguía apretando con
fuerza una de sus nalgas.
—Podría tenerte así todo el día… arrastrándote sobre mí, pidiendo más…
—¿Te gusta así? —le susurró en la oreja—. Que te tenga encima, que nadie sepa lo que
hacemos… mientras tú te derrites solo con mis dedos.
Naruto gruñó suave, entre dientes, apretando con ambas manos las nalgas de Sasuke,
haciéndolas suyas con cada presión, con cada caricia descarada. Sus dedos amasaban con
deseo, y cuando Sasuke arqueó la espalda, Naruto le soltó una frase al oído, ronca y grave:
Sasuke gimió ahogado en su boca, apenas separándose para respirar mientras seguía
montando su pierna. El roce era húmedo, elástico, caliente. Naruto lo sentía claramente, y no
dejaba de apretarlo, marcando su territorio, llevándolo al límite.
Sasuke soltó un jadeo ronco, sin dejar de moverse, sintiendo cómo el placer le subía por la
columna en ondas, alimentado por cada apretón, cada palabra sucia, cada beso como si fueran
a devorarse.
Naruto se quedó quieto un segundo, como si esas palabras lo golpearan directo en el centro
del pecho. Luego, sin decir nada, lo levantó con facilidad, y lo sentó sobre el escritorio
despejado en cuestión de segundos, sin dejar de mirarlo a los ojos. Los papeles y exámenes
corregidos cayeron al suelo sin importancia.
—Sabes que no puedo negarte nada cuando me hablas así —murmuró con una sonrisa
torcida, mientras bajaba con destreza el cierre del pantalón de Sasuke y le quitaba todo de una
sola vez, dejándolo desnudo de cintura para abajo.
El aire fresco del aula hizo que Sasuke se estremeciera, pero no fue por frío.
Naruto se inclinó sobre él, atrapando su boca en un beso lento, profundo, mientras una de sus
manos bajaba entre sus piernas, acariciándolo con dedos grandes, cálidos, explorando el
camino con calma. Sasuke se aferró a su cuello, sus caderas ya moviéndose buscando más.
Naruto deslizó el primer dedo con facilidad, húmedo, directo, haciendo que Sasuke soltara un
suspiro largo que se perdió entre sus labios.
—Estás tan caliente… —le susurró Naruto, besándolo de nuevo—. No puedo creer que
aguantaras tanto.
Naruto introdujo un segundo dedo, despacio pero firme, y Sasuke arqueó la espalda, sus
muslos temblando mientras se aferraba a los hombros del otro. El escritorio crujió
suavemente bajo ellos, y el aula estaba tan silenciosa que cada respiración se sentía
amplificada.
—Relájate… —le dijo Naruto, besando su mandíbula—. Quiero que lo sientas todo…
Sasuke asintió apenas, los ojos entrecerrados por el placer y la expectativa, su respiración
desordenada.
Naruto sonrió contra su piel, dejando una pequeña mordida en su cuello antes de murmurarle
al oído, con voz ronca y cargada de deseo:
—Tengo que prepararte bien… —empezó a mover los dedos dentro de él con más firmeza,
haciéndolo jadear—. Porque este agujerito es tan estrecho, y yo soy muy grande… —bajó la
voz a un gruñido suave, deleitado—. No quiero hacerte daño, pero sí quiero que lo sientas
entrando hasta el fondo…
Sasuke gimió ahogado, mordiéndose el labio, sus caderas empujando hacia la mano de
Naruto, como si su cuerpo rogara por más.
—¿Te gusta cuando hablo así? —le susurró Naruto, con una sonrisa de superioridad
masculina mientras metía un tercer dedo, sintiendo cómo el cuerpo de Sasuke lo aceptaba con
lentitud, con lucha, pero con hambre—. Tu cuerpo está hecho para esto… hecho para mí.
Naruto soltó una carcajada baja, oscura, que retumbó contra el pecho del menor. Retiró los
dedos con cuidado, se incorporó apenas para desabrochar su propio pantalón, bajándolo solo
lo suficiente para liberar su erección gruesa y tensa, empapada en la punta.
Sasuke lo miró de reojo, tragando saliva al verlo, con una mezcla de ansiedad y deseo.
—Listo para mí, ¿uh? —dijo Naruto, acomodándose entre sus piernas—. Entonces mírame…
quiero ver tu cara cuando empiece a entrar.
Sasuke sostuvo su mirada, desafiante, hasta que Naruto posicionó la punta justo en su entrada
y comenzó a empujar, lento pero implacable. El cuerpo de Sasuke se tensó al instante, la boca
abierta en un gemido sin voz, los dedos apretando los bordes del escritorio.
—Joder, estás tan apretado… —gimió Naruto, sintiendo cómo lo envolvía centímetro a
centímetro—. Vas a volverme loco…
Naruto lo agarró por las caderas, firme, y empujó más hondo, sintiendo cómo lo envolvía con
un calor palpitante y estrecho que lo hacía temblar de placer.
—Te lo daré todo, bebé… —le prometió con un tono ronco, encajando por completo con un
último empuje que hizo temblar al escritorio bajo ellos—. Todo.
Sasuke jadeaba, tembloroso, aferrado a los bordes del escritorio como si de eso dependiera su
estabilidad. Sentía el peso, el grosor y el calor de Naruto dentro de él, llenándolo de forma
tan completa que apenas podía pensar con claridad.
Naruto se quedó unos segundos quieto, permitiéndole adaptarse, mientras su boca recorría el
cuello de Sasuke con besos húmedos, lentos, acompañados de susurros que lo hacían temblar
aún más.
Sasuke intentó replicar algo, pero en cuanto Naruto se retiró apenas y empujó de nuevo, un
gemido crudo escapó de su garganta.
Naruto soltó una risa baja, satisfecha.
—Eso pensé… —le dijo, comenzando un ritmo lento, empujando hondo con cada
movimiento, asegurándose de que Sasuke sintiera cada centímetro—. Te gusta, ¿verdad?
Sentirte usado así por tu profesor… por tu hombre…
—¿Por qué? —Naruto empujó con más fuerza, haciéndolo gemir—. Si tu cuerpo me está
rogando que hable más… estás empapado, Sasuke. Me estás apretando tan fuerte que no sé
cuánto tiempo voy a aguantar.
Sasuke gimió de nuevo, echando la cabeza hacia atrás, su expresión deshecha por el placer
que lo consumía. Naruto lo tomó de la cintura, marcando un ritmo más firme, golpeando
justo donde sabía que lo haría gritar.
—Ahí… —susurró Naruto con voz ronca—. Te gusta cuando te doy ahí, ¿no? Cada vez que
mi polla choca con ese punto, te estremeces. Tu cuerpo es tan honesto, tan mío…
Sasuke apenas podía responder. Solo se aferraba más fuerte, su espalda arqueándose bajo los
embates, su boca entreabierta dejando salir jadeos constantes.
Naruto bajó una mano y lo tomó por el cuello, inclinándolo hacia él para que sus labios se
rozaran.
Naruto gruñó satisfecho y le besó con fuerza, salvaje, mientras sus caderas seguían golpeando
con precisión. El escritorio crujía levemente bajo el peso del ritmo que aumentaba, como si
compartiera con ellos la tensión creciente.
—Entonces prepárate, bebé —susurró Naruto contra su boca—. Porque no pienso parar hasta
que te vea venirte otra vez.
Naruto lo sostenía con fuerza por las caderas, obligándolo a recibir cada estocada profunda,
cada embestida rítmica que sacudía el escritorio y arrancaba gemidos descontrolados del
fondo de la garganta de Sasuke. El aire estaba espeso, húmedo, cargado del sonido de los
cuerpos chocando, del respiro entrecortado y de las palabras sucias que Naruto soltaba sin
censura.
—Mirá cómo te tengo… —murmuró cerca de su oído, con la voz ronca y caliente—. Te
estoy rompiendo y lo sabés. Tu cuerpito lo está pidiendo. No podés esconderlo de mí, Sasuke.
Sasuke apretó los dientes, pero solo consiguió gemir más fuerte cuando Naruto golpeó justo
contra su punto más sensible una vez más. Su espalda se arqueó, su cuerpo entero
reaccionando como si cada fibra estuviera afinada a los movimientos del rubio.
—Estás temblando… —susurró Naruto, lamiendo su cuello—. Ya no sabés ni qué decir, ¿no?
Estás tan sensible que cada vez que entro más profundo, te derretís.
—Nggh… Na-Naruto… —jadeó Sasuke, sus uñas dejando marcas en el escritorio—. Me vas
a… me vas a hacer venir otra vez…
—Eso quiero, bebé —gruñó Naruto, bajando una mano para acariciarle el miembro que ya
latía, hinchado, húmedo, de lo duro que estaba—. Quiero que te vengas deshecho por mi
culpa. Quiero verte llorar de puro placer mientras te lleno entero…
Y entonces el ritmo cambió. Más rápido. Más fuerte. Las caderas de Naruto lo embestían con
tal fuerza que el sonido de su piel chocando reverberaba por todo el aula vacía. El sudor les
recorría el cuerpo, sus bocas buscándose entre jadeos, sus respiraciones pesadas
mezclándose.
Su cuerpo se sacudió mientras se venía con fuerza, una carga caliente manchando su propio
abdomen, su espalda pegándose a la palma de Naruto que lo sostenía por la cintura. Todo su
cuerpo temblaba, los músculos tensos, el rostro completamente descompuesto por la
intensidad del orgasmo.
—Eso, eso es… —jadeó Naruto, mirándolo con deseo absoluto—. Sos perfecto, Sasuke. Tan
hermoso así, rendido, mío.
Y sin darle respiro, Naruto lo apretó contra sí, levantándolo un poco y empujando más hondo.
Sasuke ya no podía ni hablar, solo gemía, la cabeza cayendo hacia atrás con los ojos cerrados,
sintiendo cómo el miembro de Naruto lo seguía castigando, rozando lugares imposibles.
—Te amo así —dijo Naruto contra su cuello—. Todo tuyo, todo mío. Me hacés perder el
control.
Naruto no paraba. Cada embestida era un golpe certero, cada movimiento lo llevaba más
hondo, más profundo, como si quisiera marcar cada rincón del interior de Sasuke. El
escritorio crujía bajo ellos, y el calor era insoportable.
—Ya no podés más, ¿eh? —le murmuró Naruto, con la voz densa, las palabras arrastradas por
el deseo—. Pero mirá cómo seguís abriéndote para mí.
Sasuke gimió ahogado, su cuerpo temblando, apenas sostenido por los brazos de Naruto.
—¡S-solo yo! —jadeó, sin pensar, con la voz rota de tanto gemir—. Solo yo puedo con esta...
con esta pija tan jodidamente grande. Nadie más… nadie más podría soportarte…
Naruto se congeló un segundo y luego gruñó con fuerza, como si esas palabras le encendieran
aún más la sangre.
—Decilo otra vez —ordenó, su boca pegada al oído de Sasuke mientras lo apretaba más
fuerte por la cintura.
—Solo yo —repitió Sasuke, gimiendo alto—. Solo yo puedo con vos, Naruto… nadie más…
nadie puede llenarse con esto como yo…
Naruto lo embistió con brutalidad, como si esas frases fueran gasolina al fuego. Su
respiración se volvió errática, sus movimientos más erráticos, desesperados.
—Te amo así —gruñó—. Deshecho, sucio, mío. Estás hecho solo para esto, para recibirme
entero.
Sasuke apenas podía hablar, su cuerpo vibrando de sensibilidad, pero sus palabras seguían
saliendo entre gemidos y jadeos.
—S-se siente tan bien… sos tan profundo… estoy tan lleno…
Naruto no se detuvo. Cada palabra, cada jadeo, lo acercaba más. Su abdomen tensó, los
músculos marcados de su torso vibrando mientras lo apretaba aún más contra sí.
—Me voy a correr —avisó con un suspiro cargado de lujuria, mordiéndole el cuello con
fuerza—. Vas a sentirlo… todo… mi amor… vas a sentirlo reventar dentro tuyo.
Un último empuje. Otro. Y con un gruñido profundo, Naruto se corrió, enterrado hasta el
fondo, mientras su cuerpo temblaba y su miembro palpitaba dentro de Sasuke, llenándolo con
una carga caliente y densa.
El calor fue inmediato. Sasuke gimió desgarrado al sentirlo, su cuerpo reaccionando con un
espasmo involuntario. Un nuevo orgasmo lo atravesó, inesperado, salvaje, dejándolo
completamente exhausto, jadeando con los ojos vidriosos.
Los dos quedaron así, fundidos, jadeando, piel contra piel, sin fuerza alguna.
Naruto permaneció unos segundos con la frente apoyada sobre el pecho agitado de Sasuke,
aún rodeando su cintura con ambas manos, como si no quisiera separarse. El cuerpo de
Sasuke temblaba suavemente bajo él, las piernas abiertas a cada lado de su cadera, aún rojas
del esfuerzo y la fricción.
Le besó una vez más el esternón, suave, como si pidiera perdón por la intensidad, antes de
levantar la cabeza y mirarlo a los ojos. Sasuke tenía la cara húmeda, no sabían si de sudor o
de lágrimas, y una expresión absolutamente rendida, pero serena.
—¿Estás bien? —preguntó Naruto, acariciando con el pulgar la mejilla encendida—. No fui
muy rudo, ¿no?
—Fuiste... perfecto —respondió Sasuke con la voz ronca, apenas audible—. Solo dame un
segundo para recordar cómo respirar...
Naruto sonrió con ternura, y mientras sus labios se rozaban en un beso lento y húmedo, fue
retirándose con cuidado de su interior. Sasuke soltó un pequeño gemido ahogado, que hizo
que Naruto le susurrara algo suave para tranquilizarlo, besándole la mandíbula, la comisura
de los labios, los párpados cerrados.
Sin romper el contacto, estiró la mano y tomó unos pañuelos del cajón del escritorio,
limpiándolo con delicadeza, primero entre sus piernas y luego donde su propia esencia había
caído sobre el vientre plano de Sasuke.
—No me mires así... —murmuró el pelinegro, con una mueca suave—. Me estás haciendo
sentir desnudo, de verdad.
—Estás desnudo —replicó Naruto con una media sonrisa, pero enseguida le dio otro beso,
profundo, lleno de calor—. Y estás precioso.
Después de vestirlo con la misma paciencia, Naruto le acomodó el cabello revuelto y lo miró
como si fuera lo más hermoso del mundo. Sasuke todavía tenía las pupilas dilatadas, los
labios hinchados de los besos y una expresión tan suave que casi se veía como un chico
normal enamorado, y no el presidente perfecto del consejo estudiantil.
—Quedate un rato más conmigo —le dijo Naruto, sin dejar de acariciarle la espalda bajo la
camisa recién abrochada—. Solo un poco más. No quiero soltar tu calor todavía.
Y así quedaron, acurrucados, rodeados por el olor a papel, tinta y deseo saciado, con la puerta
cerrada y el mundo afuera sin tener idea de lo que acababa de pasar en ese salón.
Extra
Un cartel colgaba del marco de la puerta: Café Reverso – ¡Sirvientes con estilo!
Naruto arqueó una ceja con curiosidad y asomó la cabeza dentro del salón. Lo que vio casi le
hizo perder el equilibrio.
Sasuke, vestido con un ajustado traje de maid negro y blanco, con encajes finos y medias que
subían hasta los muslos, se inclinaba con elegancia sobre una mesa, entregando una bandeja
con un perfecto “bienvenido, amo”.La falda se levanta apenas lo justo, dejando ver la
delicada curva de sus muslos marcados por las medias. Su expresión era tan seria y fría como
siempre, pero el rubor leve en sus mejillas y el hecho de que ni el corset lograba esconder la
curva perfecta de su cintura, le dieron a Naruto una ráfaga directa al pecho… y más abajo
también.
El rubio tragó saliva. “No puedes mirar así a un alumno... aunque sea tu novio secreto...
aunque se vea jodidamente bien...” se dijo, cruzado de brazos, fingiendo que simplemente
observaba como parte de su ronda de inspección.
Pero entonces, como si lo hubiera notado (o como si lo hubiera planeado), Sasuke se giró
lentamente y sus miradas se cruzaron.
Con una expresión impasible y provocadora, el Uchiha se acercó a sus compañeros de clase,
murmuró algo rápido, y se dirigió a la puerta trasera del salón, saliendo sin mirar atrás.
Naruto esperó unos segundos. Contó hasta diez, por protocolo. Luego caminó en la misma
dirección con el paso relajado de un profesor responsable... aunque su pulso latía con la
impaciencia de un hombre a punto de pecar en plena jornada escolar.
Naruto caminó por el pasillo trasero con las manos en los bolsillos y la mirada aparentemente
distraída. El sonido de risas lejanas y pasos apresurados retumbaba por todo el edificio, pero
él solo podía pensar en una cosa: Sasuke. O más bien, en cómo estaba vestido Sasuke.
Giró la esquina y lo encontró tal como había imaginado: apoyado contra la pared junto a la
puerta de la biblioteca cerrada, con los brazos cruzados y una ceja alzada con altivez. El
moño blanco de su cofia contrastaba perfectamente con su cabello oscuro.
Naruto sonrió de lado mientras sacaba una llave del bolsillo trasero.
—No podía parecer obvio… aunque tú ya te encargaste de eso con ese maldito uniforme.
Sasuke giró los ojos, pero abrió la puerta cuando Naruto la desbloqueó. Entraron rápido y
cerraron tras ellos. Naruto giró la llave en la cerradura sin despegar los ojos del menor.
La biblioteca estaba vacía, silenciosa, y llena del aroma a papel viejo. Naruto caminó
despacio hacia él, como si tuviera miedo de romper el hechizo de la escena.
Sasuke lo miró de reojo y, con una calma que parecía ensayada, se giró lentamente para
mostrarle la espalda. La falda corta de volantes se balanceó apenas con el movimiento,
dejando entrever cómo el encaje del delantal caía justo sobre su trasero, delineando la curva
perfecta que Naruto conocía demasiado bien. Las medias panties blancas se ajustaban
impecablemente a sus muslos, cortadas por la pretina de encaje que apenas se asomaba bajo
la tela. Cada detalle era una provocación silenciosa.
Naruto soltó una risa baja y ronca, dio un paso más y lo tomó de la cintura, pegándolo de
espaldas a su pecho. Sus labios bajaron directo al cuello de Sasuke.
—Provocarme. Hacer que quiera arrancarte esto en medio de un evento escolar. Hacerme
olvidar que soy tu profesor y que deberíamos estar actuando como si ni nos conociéramos.
—Pues lo estás haciendo fatal —dijo Sasuke, ladeando el cuello para darle más acceso
mientras una sonrisa ladina se dibujaba en sus labios.
Naruto lo empujó lentamente hacia una de las mesas de lectura, lo inclinó con cuidado hasta
que Sasuke apoyó las manos sobre la superficie de madera y la falda se alzó peligrosamente.
—¿Y si te castigo por eso? —murmuró el rubio, pasando una mano por debajo de las faldas
para acariciarlo por sobre la ropa interior ajustada.
Sasuke respiró hondo cuando sintió cómo las manos de Naruto descendían con intención,
levantándole la falda con una lentitud exasperante. El aire frío de la biblioteca le rozó la piel
expuesta justo antes de que la calidez de las palmas del rubio la reemplazaran.
—Tu castigo —susurró Naruto, mientras deslizaba los dedos sobre la curva de sus glúteos,
apretando con firmeza—. Va a empezar por recordarte a quién perteneces.
—Tú solo quieres una excusa para tocarme —respondió Sasuke con voz rasposa, sin dejar de
empujar sutilmente hacia atrás, buscando más contacto.
—Y tú solo querías una excusa para vestirte así —dijo Naruto, bajándole lentamente la ropa
interior por las piernas cubiertas de medias blancas. El sonido del encaje deslizándose entre el
silencio de la biblioteca era casi indecente.
Sasuke se mordió el labio cuando sintió los dedos de Naruto explorarlo, sin prisa, pero con
una intención clara. Uno de ellos lo rozó entre las nalgas, presionando apenas, jugando con el
borde de su entrada aún virgen de contacto ese día.
—Tan tenso… —murmuró Naruto, y comenzó a frotarlo con movimientos circulares—. ¿No
te das cuenta de lo mal que te portas cuando te dejas ver por mí así?
Sasuke tembló. Apoyó la frente contra el dorso de su brazo mientras el rubio abría con
cuidado un pequeño frasco de lubricante que había traído por si acaso. El clic del plástico al
abrirse hizo que se le encogiera el estómago.
—Te tengo que preparar bien, ¿sabes? —dijo Naruto mientras embadurnaba sus dedos—.
Porque tu agujero sigue siendo estrecho, y yo… ya sabes lo grande que soy.
Sasuke jadeó cuando el primer dedo entró con lentitud. El calor del interior lo envolvió, lo
recibió con un estremecimiento leve.
—Mnh… —Sasuke gimió, empujando hacia atrás—. No digas esas cosas tan sucias…
—¿Por qué? —preguntó Naruto, introduciendo un segundo dedo—. Si te mojas más cuando
lo hago.
El Uchiha gimió de nuevo, más alto esta vez, y Naruto se inclinó para besarle el cuello
mientras lo preparaba con movimientos expertos y precisos.
Naruto retiró lentamente los dedos, observando con ojos encendidos la forma en que el
cuerpo de Sasuke palpitaba en respuesta, aún arrodillado frente al escritorio, con la falda
levantada y las medias ajustadas hasta medio muslo. El encaje aún estirado a la altura de las
rodillas solo añadía a lo obsceno de la imagen.
Sasuke apretó los dedos sobre el borde del escritorio, su respiración acelerada cuando sintió
las manos grandes de Naruto aferrarse a sus caderas, abriéndolo con firmeza. El sonido
húmedo de una lengua saliendo lo hizo temblar segundos antes de sentir el primer lametón
lento, descarado, que le recorrió el agujero con descarada intención.
—Shh… —respondió el rubio sin dejar de lamerlo, ahora con movimientos más firmes,
circulares, saboreando cada gemido que escapaba de los labios de Sasuke—. Quiero que te
derritas solo con esto.
Naruto llevó una mano a su propio pantalón, sintiendo cómo se le marcaba con fuerza,
mientras con la otra mantenía las nalgas del Uchiha bien abiertas, devorándolo con la lengua
sin piedad, alternando entre lamer, succionar y acariciar el borde con la punta.
Sasuke se movía casi sin darse cuenta, empujando hacia la boca de Naruto como si la
necesitara para respirar, la falda ondeando apenas con sus movimientos. Sus medias se
manchaban de saliva y deseo.
—Estás tan jodidamente dulce aquí abajo —gruñó Naruto al separarse por un momento, la
boca húmeda, los labios rojos—. ¿Así querías que te tratara, Sasuke? Como mi puto postre
privado.
—S-Sí… sigue…
Naruto volvió a enterrarse entre sus nalgas, más agresivo ahora, dejándole claro con cada
movimiento de lengua que esto no era solo lujuria, sino obsesión.
El rubio se separó apenas, con los labios húmedos y la respiración agitada. Aún arrodillado,
bajó la mirada y luego, sin decir más, se recostó sobre el suelo de la biblioteca, entre los
estantes y la sombra de una luz que apenas titilaba en lo alto. Golpeó suavemente su pecho
con una mano, invitando.
—Ven. Siéntate en mi cara —ordenó con esa voz ronca que a Sasuke le desarmaba los
pensamientos.
Sasuke titubeó por una fracción de segundo, su rostro encendido, pero bajó con elegancia
contenida, acomodando la falda y subiendo con lentitud. Se dio la vuelta con un movimiento
sensual, de forma que cuando se agachó, su frente quedó en dirección a las piernas extendidas
de Naruto. Su trasero, completamente expuesto, descendió hasta cubrir el rostro del rubio.
Naruto soltó un sonido grave, casi de placer, al sentir el peso de Sasuke sobre su boca. Abrió
los ojos un segundo y se encontró con la imagen más perfecta que jamás podría haber
imaginado: las nalgas de Sasuke marcadas, temblorosas, apenas cubiertas por el borde de la
falda, justo frente a su cara.
Sin perder un segundo más, abrió la boca y lo recibió con avidez, sin temor ni pausa. Sasuke
jadeó con fuerza, aferrándose con una mano al estante más cercano, mientras la otra caía
sobre el muslo propio. Sentía cada movimiento, cada succión, cada vibración, directamente
en su centro, como si el placer le subiera por la columna en oleadas.
—N-Naruto… —susurró entre dientes, con la voz rota por el pudor, por la intensidad, por lo
deliciosamente sucio que era todo aquello.
Naruto no respondió con palabras. Sus manos se aferraron a los muslos de Sasuke,
abriéndolos un poco más, como si no tuviera suficiente. Se movía con hambre, como si no
quisiera dejar ni un rincón sin explorar.
Los gemidos de Sasuke se volvieron más altos, más rotos, ya sin filtro alguno. Al principio
era apenas un jadeo suave, tembloroso, pero a medida que la lengua de Naruto se volvía más
insistente, más profunda, más juguetona… los sonidos que escapaban de su boca se volvían
imposibles de contener.
—¡Ah…! Ah, Naruto… n-no... no pares... —dijo, y su voz rebotó entre los estantes de libros
como un secreto que la biblioteca misma se negaba a guardar.
Naruto gruñó en respuesta, con la boca aún ocupada, las vibraciones haciendo que Sasuke se
arquease con violencia. Su espalda se tensaba, su abdomen temblaba, y sus muslos ya no
podían mantenerse firmes. Las medias blancas se manchaban de la fricción y la humedad,
pero Sasuke no podía preocuparse por eso. Su mundo entero estaba entre las manos y la boca
del hombre que tenía debajo.
—¡Aaah... ah, fuck... Naruto! —soltó con una voz tan quebrada como excitada, jadeante, casi
llorosa
Sasuke temblaba, sudoroso, con las mejillas encendidas y los labios entreabiertos. El calor
era insoportable, pero no por la falta de ventilación, sino por la lengua de Naruto lamiéndolo
sin descanso desde abajo, con hambre, como si el sabor de su cuerpo fuera lo único necesario
en el mundo. Cada vez que sentía la nariz del rubio presionarse contra él, un espasmo recorría
su columna.
—M-mi... maestro… —susurró de pronto, casi sin pensarlo. El término se le escapó con una
mezcla de vergüenza y lujuria, apenas audible entre jadeos.
Era un juego, uno peligroso. Pero ahora que lo había dicho, algo dentro de él hizo clic. Se
apoyó mejor sobre las rodillas, aún sentado en la boca de Naruto, y bajó una mano
temblorosa para acariciarse por encima de la tela húmeda del frente. No quería venirse
todavía, no sin antes devolverle algo.
—Un... un maid no debería ser tan egoísta... ¿cierto, sensei? —jadeó, mientras su otra mano
buscaba entre las piernas de Naruto, con torpeza y deseo contenido—. Debería... debería
servirlo también... hacerlo sentir tan bien como él me hace sentir a mí...
Los muslos le temblaban, y se movía sutilmente sobre el rostro de Naruto, gimiendo en tono
bajo, arrastrado, mientras sus dedos bajaban para liberarlo. Sus pensamientos eran un
torbellino caliente.
Con cuidado, giró un poco sobre el cuerpo del rubio, hasta que sus rodillas quedaron a ambos
lados de sus hombros. Era la posición perfecta. No necesitaban palabras para entender que
estaban listos. Sasuke bajó el rostro lentamente, con la respiración entrecortada, decidido a
devolverle el favor... a su maestro.
—Solo yo... —susurró para sí mismo, bajando la cabeza—. Solo yo puedo tocarlo así...
servirlo así…
La vista que tenía bajo él era abrumadora. A través de la camisa algo arrugada y la chaqueta
semiabierta, podía notar cómo el torso de Naruto se expandía con cada respiración agitada.
Su pecho subía y bajaba con fuerza, marcado apenas por la tela que seguía en su lugar. Entre
sus piernas, el cierre del pantalón abierto dejaba salir su miembro endurecido, húmedo por la
excitación, sobresaliendo con descaro desde la abertura. Sasuke lo observó con deseo,
mordiendo su propio labio.
Ese contraste —Naruto aún vestido, como si fuera un maestro intocable, pero expuesto solo
para él— lo encendía más. Era sucio. Prohibido. Perfecto.
Sasuke se inclinó aún más, dejando que su lengua recorriera la base del miembro de Naruto
con lentitud, como si lo estuviera saboreando por primera vez —aunque en su cabeza, cada
vez era mejor que la anterior. Rodeó la punta con la lengua, apenas rozándola, y luego volvió
a bajar, trazando un camino húmedo que lo hizo gemir entre dientes. Su respiración temblaba,
y el calor entre sus propias piernas se volvía insoportable.
Naruto, debajo de él, gruñó con la voz rota y grave, y sus caderas se sacudieron por reflejo.
No podía ver del todo, pero sentía la lengua de Sasuke envolviéndolo, estrecha, cálida,
desesperada. Era demasiado.
De pronto, una de sus manos se deslizó hacia arriba, aferrando una de las nalgas de Sasuke,
que aún llevaba cubiertas por la tela ajustada del traje de maid. La acarició primero con los
dedos extendidos... pero cuando la lengua del pelinegro apretó con más fuerza contra su
miembro, cuando lo succionó con descaro y volvió a gemir vibrando contra su piel, no pudo
contenerse.
La palmada resonó clara y húmeda, una nalgada firme contra la carne redonda y tensa bajo la
tela. Sasuke jadeó con fuerza y se estremeció por completo. Su espalda se arqueó un poco,
pero no se apartó ni un milímetro.
—Otra —murmuró apenas audible, relamiéndose los labios, los ojos cerrados—. Golpéame
otra vez, sensei...
Naruto volvió a alzar la mano, la dejó suspendida unos segundos en el aire, disfrutando del
temblor que recorría el cuerpo de Sasuke sobre él. Su otra mano se aferró con fuerza a una de
sus caderas, marcando el dominio que tenía sobre cada parte de él.
—¿Así te gusta, eh? —murmuró, su voz ronca y entrecortada por el placer—. No puedes
tener suficiente, ¿verdad, Sasuke?
La segunda nalgada cayó con precisión, un golpe firme que hizo que Sasuke gimiera contra
su miembro, sin dejar de chuparlo. Su lengua se movió más rápido, más profundo, como si
cada palmada lo prendiera aún más. El estremecimiento que recorrió sus piernas no fue de
dolor, fue de puro deseo. Y el movimiento reflejo de su cadera sacudió su trasero sobre el
rostro de Naruto, que exhaló un gruñido grave de satisfacción.
—Mira cómo te mueves —gruñó Naruto, clavando los dedos en la piel expuesta donde la tela
del disfraz no cubría del todo—. Tan desesperado... tan hambriento...
Sasuke respondió con otro gemido ahogado, sintiendo cómo cada palabra lo atravesaba.
Hundió aún más su boca, tragando cada pulso del placer de Naruto como si le perteneciera. Y
al hacerlo, su trasero volvió a moverse por instinto, rozando la cara del rubio en un ritmo
descontrolado y delicioso.
—Yo... —jadeó contra él, sacudiéndose de nuevo—. Yo soy el único que puede... darte esto...
sensei...
Naruto gruñó en respuesta, la respiración pesada, casi salvaje, su pelvis temblando por el
esfuerzo de no correrse aún. Su mirada subió por la espalda de Sasuke, que se arqueaba
deliciosamente, con los muslos tensos y las medias blancas marcadas por los dedos que lo
apretaban.
Con esa declaración susurrada como una promesa posesiva, Naruto soltó un gruñido y sin
previo aviso volvió a enterrar su lengua en el centro de Sasuke, empujando con fuerza y
precisión.
Sasuke soltó un gemido alto, desinhibido, y su espalda se arqueó aún más sobre el cuerpo del
rubio. Sus caderas comenzaron a sacudirse, instintivas, frenéticas, casi como si estuviera
montando la cara de Naruto con desesperación. Su voz se rompía en jadeos y sonidos
húmedos, las lágrimas acumulándose en las comisuras de sus ojos por el puro exceso de
placer.
—¡Ah...! N-Naruto... más... —su voz era apenas un susurro quebrado, su cuerpo temblando
con cada nueva embestida de lengua, mientras apretaba los dedos contra los muslos de su
pareja como único ancla posible.
Naruto lo sujetaba con fuerza, ayudándolo a moverse sobre su rostro, guiándolo con las
manos firmes sobre sus caderas. Su nariz rozaba la piel caliente, sus labios se abrían y
cerraban con devoción, hundiéndose una y otra vez, disfrutando cada espasmo de placer que
sacaba del menor.
Sasuke lloraba, literal, de placer. Las lágrimas caían suaves sobre su rostro mientras su
cabeza se movía rítmica, insistente, sin dejar de servir a Naruto con la boca. Su lengua,
húmeda y ansiosa, no paraba de envolver y acariciar el miembro del rubio, buscando su
liberación mientras su propio cuerpo no encontraba descanso.
Y Naruto sonrió contra su piel, como si eso fuera exactamente lo que buscaba.
Sasuke no pudo más. Su cuerpo se tensó violentamente, los músculos de sus piernas se
estremecieron, y un grito quebrado, abierto, se le escapó con una mezcla de placer puro y
vulnerabilidad:
El clímax lo golpeó como una ola brutal, haciéndolo convulsionar levemente mientras su
cadera se sacudía con fuerza contra la boca de Naruto. Sus jugos se derramaron sin
contención, manchando la lengua ansiosa del rubio y su propia entrepierna, mientras lágrimas
calientes bajaban por su rostro, desbordado por la intensidad.
En el mismo instante en que las manos de Sasuke, por reflejo, apretaron su miembro con más
fuerza —como si se aferraran a su fuente de cordura—, Naruto gruñó ronco y se dejó ir. Su
cuerpo tembló, y un espeso chorro blanco manchó la cara de Sasuke, desde sus labios
hinchados hasta su mejilla sonrojada.
Sasuke quedó inmóvil por un momento, con los ojos cerrados y el aliento entrecortado,
sintiendo el calor en su piel, la respiración agitada de Naruto bajo él, y su cuerpo aún
temblando por el orgasmo. Luego abrió los ojos lentamente, con la mirada vidriosa, sus
mejillas rojas y el semen resbalando por su rostro.
Naruto apenas podía con su propio jadeo, los ojos entrecerrados mientras observaba el cuerpo
tembloroso de Sasuke sobre él, las gotas del clímax aún escurriendo por la piel sensible de su
cara.
—Tch… siempre tan ruidoso cuando te gusta —murmuró con voz ronca, alzando las manos
para acariciar lentamente los muslos temblorosos de Sasuke, dándole espacio para
recuperarse, pero sin dejar de tocarlo.
Sasuke apenas tenía fuerzas para sostenerse, el pecho subía y bajaba sin ritmo claro, pero su
orgullo brillaba detrás del rubor descarado que teñía sus mejillas.
Le dio una palmada suave en una de las nalgas, luego otra un poco más firme.
Sasuke apenas recuperaba el aliento cuando giró lentamente su rostro para mirar por encima
del hombro. Sus ojos, húmedos por el exceso de placer, buscaron los de Naruto con una
mezcla de desafío y entrega.
Naruto se quedó quieto un segundo, como si lo hubiera golpeado algo invisible. La expresión
de Sasuke—los labios entreabiertos, el rubor ardiente en sus mejillas, el sudor bajando por su
sien… y su esencia, blanca y espesa, deslizándose lentamente por su barbilla y cuello—lo
dejó sin aire.
—...Mierda, Sasuke —susurró con voz ronca, la mirada clavada en ese rostro sucio y
vulnerable, pero aún así tan arrogante, tan él—. Eres una maldita visión. Te ves tan
jodidamente bien con eso… —añadió, su tono bajando—. Mi esencia en tu cara… como debe
ser.
Naruto mantuvo la mirada fija en Sasuke mientras deslizaba lentamente el pulgar por su
mejilla, recogiendo parte del rastro espeso que adornaba su piel. En lugar de limpiarlo del
todo, lo observó un segundo más... y luego llevó el dedo hasta los labios de Sasuke.
—Abre la boca —ordenó, suave pero con esa firmeza que hacía que a Sasuke se le aflojara
todo el cuerpo.
Sin romper el contacto visual, Sasuke entreabrió los labios. Naruto introdujo el pulgar
manchado lentamente, y la lengua de Sasuke lo recibió de inmediato, húmeda y ansiosa,
saboreando cada trazo de su esencia con descaro.
Sasuke, sin sacar el dedo de la boca, lo miró con una media sonrisa atrevida, lamiéndolo
como si quisiera provocarlo aún más. Y lo logró. Naruto lo sintió en la sangre, caliente y
palpitante. Sus manos volvieron a posarse en esas caderas estrechas, con la urgencia de quien
está a punto de perder el control de nuevo.
—¿No hemos tenido suficiente? —preguntó en voz baja, casi con una risa—. ¿O estás
queriendo que nos encuentren en serio?
—Cierra la puerta con seguro otra vez —susurró Sasuke, ronco, con la lengua rozándole el
dedo ya limpio.
Naruto bajó la mirada con una sonrisa torcida, pero lo siguiente que hizo fue levantar la mano
y darle una firme nalgada a Sasuke, haciendo que el cuerpo del menor se sobresaltara.
—Levántate —ordenó con voz grave, ronca aún por el placer reciente.
Sasuke soltó un suave jadeo, pero obedeció. Se incorporó lentamente, las piernas algo
temblorosas, y dejó que su cuerpo resbalara hacia un lado mientras Naruto se levantaba
también, ajustándose la ropa.
Con pasos decididos, el rubio cruzó la estancia y esta vez giró el cerrojo con fuerza,
asegurándose de que encajara bien en su sitio. Lo probó una vez más con la manija. Nada.
Estaban totalmente encerrados.
Se giró hacia Sasuke, que lo observaba con mejillas sonrojadas, el cabello desordenado
cayéndole sobre los ojos y las medias ligeramente deslizadas, revelando aún más piel de la
que Naruto podía resistir.
—Listo —dijo Naruto, volviendo sobre sus pasos con una expresión que sólo auguraba más
caos—. Ahora sí... vamos a seguir como se debe.
Sasuke no dijo nada al principio. Solo se levantó con esa elegancia natural que siempre
llevaba, aunque ahora cada paso estaba cargado de intención. Caminó hacia uno de los
libreros de la biblioteca, girando ligeramente la cabeza para mantener el contacto visual con
Naruto.
—¿No dijiste que íbamos a seguir como se debe? —susurró con una media sonrisa
desafiante.
Se apoyó con una mano sobre el borde del estante, firme pero silencioso, y con la otra llevó
los dedos hacia su propia nalga, separándola lentamente. El gesto fue descarado, provocador,
y tan explícito que Naruto contuvo el aliento.
—Entonces mírame bien, sensei… —continuó, con la voz baja, casi temblorosa por la mezcla
de nerviosismo y deseo—. ¿No es esto lo que querías desde que me viste vestido así?
El rubor en sus mejillas contrastaba con la insolencia en sus palabras, y sus ojos lo buscaban
con un brillo tan atrevido que encendía todo dentro de Naruto.
—Este agujero es solo tuyo —agregó, bajando aún más el tono, casi ronroneando—. Así que
haz algo al respecto…
Naruto no necesitó más. Su cuerpo se movió antes que su mente pudiera siquiera procesar el
descaro de Sasuke. En dos pasos ya estaba detrás de él, sus manos firmes apretando las
caderas del menor como si necesitara asegurarse de que estaba realmente allí.
—¿Tienes idea de lo que me haces cuando hablas así? —gruñó contra su nuca, dejando un
beso húmedo justo debajo de la línea del cabello, sus dientes rozando apenas la piel caliente
—. Eres un maldito demonio con cara de ángel.
Mientras hablaba, llevó las manos a las caderas de Sasuke, recorriendo con dedos firmes los
bordes de la pequeña falda, alzándola con un movimiento rápido para dejarlo aún más
vulnerable. Las medias blancas, estiradas hasta los muslos, le daban una imagen demasiado
indecente para resistirse.Su erección palpitaba nuevamente, todavía húmeda, frotándose entre
las nalgas de Sasuke, que apenas si podía respirar de la ansiedad.
—¿Así recibes a tu amo, eh, maid-chan? —gruñó, su voz cargada de un hambre cruda,
mientras pasaba su pulgar por la piel expuesta—. ¿Qué clase de sirviente se ofrece así sin
más? Te ves tan jodidamente provocador así... con esas medias y esa faldita moviéndose cada
vez que respiras —continuó, su voz ronca ya fuera de control—
Con un movimiento ágil, bajó su cierre por completo, empujando la ropa interior hacia un
lado para liberar por completo su erección. La punta tocó el centro del agujero expuesto de
Sasuke, y Naruto se relamió los labios.
—Prepárate. Voy a castigarte por provocarme tanto —dijo ronco, presionando apenas la
punta contra su agujero expuesto—. Y lo vas a agradecer, ¿no es así?
Sasuke asintió sin mirar atrás, su respiración ya temblorosa. Su mano seguía sujetando su
nalga, ofreciendo su entrada sin pudor.
—Por favor, sensei… —susurró con voz entrecortada—. Dámelo. Quiero que me folles así…
sin quitarme nada…
Empujó con más fuerza, y la cabeza entró con un gemido gutural de ambos lados. Sasuke
dejó escapar un sonido ahogado, su frente apoyándose contra el lomo de un libro grueso
mientras su cuerpo se arqueaba con la invasión.
Naruto tomó aire profundo, sus manos firmes en las caderas del chico, y comenzó a entrar
centímetro a centímetro, con cuidado pero sin detenerse. Sentía cada contracción, cada
temblor que lo apretaba más dentro.
—¿Solo yo, Sasuke...? —le preguntó entre jadeos—. ¿Solo yo puedo llenar este agujero?
—¡Solo tú! —gritó Sasuke sin pensar, su voz elevada, embriagada—. ¡Solo tú me haces
sentir así, sensei…!
—Mierda, te ves tan jodidamente bien así... —susurró contra su espalda, dejando un beso
húmedo en la base de su cuello.
Y sin más aviso, comenzó a moverse. Empujes lentos pero intensos, su pelvis golpeando
contra el cuerpo de Sasuke una y otra vez, sacando gemidos que llenaban el aire polvoriento
de la biblioteca. El sonido de la tela frotándose, la respiración agitada, y el leve chirrido de
los libreros creaban un fondo perfecto para el pecado.
—Te sientes demasiado bien… —murmuró Naruto, con una sonrisa torcida mientras
empujaba más profundo—. Mi maid personal, ¿eh?
Sasuke apenas podía responder, su lengua colgando levemente, las palabras perdidas en
gemidos cortos, cada empuje golpeando en el punto exacto.
Naruto gruñó al sentir lo apretado que seguía estando, a pesar de todo. No podía más, su
deseo por Sasuke se desbordaba con cada embestida, con cada maldito gemido que salía de
esos labios. Necesitaba más.
Sin dejar de moverse, una de sus manos soltó la cadera de Sasuke y, con un movimiento
rápido y firme, agarró una de sus piernas por detrás de la rodilla y la levantó, doblándola
hacia arriba. Sasuke soltó un grito ahogado cuando sintió el nuevo ángulo.
—Shh… —le susurró con una sonrisa maliciosa, pegando su pecho a su espalda mientras la
empujaba hacia el librero—. Quiero llegar más profundo… y este cuerpo tuyo me lo va a
permitir.
El nuevo ángulo lo cambió todo. Naruto comenzó a moverse con fuerza, cada estocada
golpeando directo en el punto más sensible de Sasuke, sacándole gemidos tan fuertes que
habrían hecho sonrojar a cualquier estudiante que se atreviera a cruzar esa puerta cerrada.
—¡Ah—ahhh! ¡Tanto... tan dentro! —gritó Sasuke, sus dedos arañando la madera del mueble
frente a él.
Naruto no podía dejar de verlo: las medias estiradas en sus muslos, la falda levantada y
temblando con cada empuje, el agujero tragando su miembro sin piedad.
—Tu cuerpo está hecho para esto, Sasuke… —susurró cerca de su oído, jadeando—. Para ser
follado así. Solo mío. Solo así.
—¡Sí! ¡Sí, soy tuyo! —gimió Sasuke sin pensar, completamente rendido—. ¡Tu putita, tu
maid… solo tuya!
Naruto gruñó con fuerza, apretando más su pierna, hundiéndose más profundo, más rápido.
El sonido húmedo de los cuerpos chocando, la respiración entrecortada, el leve crujir de los
libreros, todo se mezclaba en una escena puramente carnal.
Y Naruto, aún con el uniforme bien puesto, con solo el cierre bajo y la entrepierna expuesta,
parecía un depredador hecho para devorar cada parte de Sasuke sin piedad.
—No pares… —susurró Sasuke, casi sin aire—. Quiero que me destruyas aquí mismo…
Naruto bajó aún más la pierna de Sasuke, pero no para soltarla, sino para tomar ambas
caderas con fuerza, jalándolo hacia él con cada embestida. Su pelvis chocaba contra las
nalgas suaves, la falda de maid rebotando con cada golpe. Le besó el cuello, luego mordió
suavemente el lóbulo de su oreja, dejando que su voz grave vibrara directamente en su piel.
—Seguro todos te miraban en el salón, ¿no? —murmuró, casi con celos—. Esos idiotas
babeando por verte con esta faldita… por imaginarse lo que llevabas debajo…
Sasuke solo podía gemir. El ritmo que Naruto llevaba, la intensidad de sus palabras, lo tenían
colapsando poco a poco, perdiéndose en el placer.
—Pero ellos solo podían mirar —continuó Naruto, con una risa ronca—. Solo yo te tengo así,
¿me oyes?
Sasuke asintió frenéticamente, con la frente pegada al mueble, los labios entreabiertos.
Naruto le dio una nalgada fuerte, haciendo que Sasuke soltara un jadeo ronco, su cuerpo
sacudiéndose.
—Dilo, Sasuke. Quiero escucharte decirlo con ese tono suplicante que me vuelve loco.
Naruto gruñó satisfecho, bajando una mano para acariciar el miembro de Sasuke mientras lo
empujaba con más hambre.
—Eso me gusta, mi maid sucia… mi obediente. Voy a llenarte tanto que vas a recordar quién
manda cada vez que te sientes en ese maldito escritorio.
Los jadeos de Sasuke se volvieron más erráticos. Naruto seguía besando su cuello,
hablándole, frotando y empujando con fuerza.
—¿Quieres que te lo dé todo aquí, dentro? —murmuró Naruto, jadeando contra su oído—.
¿Así, con el uniforme puesto, goteando por tus muslos cuando salgas?
—Sí… sí… —Sasuke apenas podía articular, su voz ronca, empapada de desesperación—.
Llena a tu maid sucia… hazlo, Naruto… hazlo ya…
Naruto gruñó con fuerza, una mano bajando para aferrarse al muslo de Sasuke mientras el
ritmo de sus caderas se volvía brutal. Cada embestida era una promesa cumplida, un golpe
profundo y certero que hacía eco entre los estantes de libros. Sasuke apenas podía mantenerse
en pie, sostenido por la presión de Naruto contra él y la biblioteca.
—¡Mírate…! —jadeó Naruto entre dientes—. Te vistes así solo para provocarme, ¿no? Todos
esos mocosos mirándote en esa falda, pero tú… tú solo me quieres a mí.
—Solo tú… —sollozó Sasuke, sus dedos apretando el borde del estante—. Solo tú puedes
tocarme así… llenar este agujero como si fuera tuyo…
—Porque lo es. —Naruto enterró el rostro en su cuello, besándolo entre embestidas—. Eres
mío, Sasuke… y no vas a olvidarlo.
Sasuke sintió cómo todo su cuerpo se tensaba al borde del abismo. Su abdomen vibraba, los
músculos de sus piernas ya no respondían. Solo podía sentir a Naruto llenándolo, empujando
más fuerte, más profundo, sucio y posesivo.
—Hazlo, baby —gruñó Naruto contra su piel—. Córrete para mí… así, tan sucio, tan
perfecto.
Sasuke gritó, rompiéndose por completo, su cuerpo sacudido por un orgasmo devastador. El
interior de sus muslos se manchó de su propio semen, la falda temblando con cada espasmo.
Y ese temblor, esa contracción alrededor suyo, fue lo que llevó a Naruto al borde. Con un
último gemido ahogado, empujó profundamente y se corrió dentro de Sasuke, llenándolo
hasta el fondo.
—¡Sasuke…! —gimió con la voz rota, mientras lo aferraba con ambos brazos, su semilla
desbordando de su interior.
Quedaron así por unos segundos, jadeando en sincronía, los cuerpos pegados, húmedos,
sucios, perfectamente deshechos.
La respiración de Naruto fue lo primero que se calmó un poco, y con un beso lento en la nuca
de Sasuke, murmuró:
Naruto permaneció unos segundos dentro de él, como si no quisiera soltarlo todavía, su
aliento caliente aún rozando la piel empapada de Sasuke. Cuando finalmente se retiró con un
sonido húmedo, su esencia empezó a deslizarse, tibia y espesa, entre los muslos del Uchiha.
Sasuke soltó un suspiro que se convirtió en una risita traviesa, ladeando apenas la cabeza con
la respiración agitada. Se inclinó para tomar sus bragas blancas de encaje, las mismas que
había llevado con la intención de provocar… y vaya si lo había logrado. Se las subió con
lentitud deliberada, dejando que el líquido lo manchara todo sin pudor alguno.
—Mmm… qué desperdicio —susurró, pasando un dedo por el borde manchado antes de
lamerlo con descaro—. Pero supongo que así sabrás que me perteneces todo el día.
Se giró apenas, lanzándole a Naruto una mirada oscura y satisfecha por encima del hombro,
mientras la falda se acomodaba juguetonamente sobre su trasero marcado de nalgadas.
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