LA DIMENSIÓN INTERNACIONAL DEL CONFLICTO SOCIAL Y ARMADO EN COLOMBIA
INJERENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS, CONTRAINSURGENCIA Y
TERRORISMO DE ESTADO
Renán Vega Cantor
Profesor Titular Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Pedagógica Nacional, Bogot á
Agradecimientos: Para la elaboración de este Informe contamos con la invaluable asesoría investigativa de José
Antonio Gutiérrez, la asistencia de Emilce Garzón Peña y Luisa Natalia Caruso y la colaboración en la búsqueda
documental de Ana María Joven. En los Estados Unidos, Michael Evans, analista del National Security Archive
en Washington, nos proporcionó más de quinientos documentos desclasificados acerca de las relaciones entre
ese país y Colombia. La actual administración de la Universidad Pedagógica Nacional, bajo la rectoría del
Profesor Adolfo Atehortúa, me concedió una descarga académica para dedicarme de tiempo completo a elaborar
este escrito. Mi esposa e historiadora Luz Ángela Núñez Espinel, me brindó solidaridad y consejos en el
momento crucial en que nacieron nuestras dos hijas, Marisol y Lucia, a quienes les he quitado compañía paterna
en los primeros días de su tierna infancia, para elaborar este texto. A ellas, les dedicó este escrito, con la
esperanza de que puedan vivir en un país decente, en el que no se mate a nadie por pensar, defender sus derechos
y luchar por construir una sociedad justa.
«[…] vivimos en una atmosfera de mentira, tergiversación y falsedad sin paralelo […]. No debe temerse a la
investigación histórica de la verdad, así ésta nos abochorne y lacere».
Germán Guzmán C., La violencia en Colombia. Parte descriptiva, Ediciones Progreso, Cali, 1968, p. 12.
E n este informe se analiza el impacto que ha tenido la injerencia de los Estados Unidos en
el conflicto social y armado en los últimos sesenta años. Dada la extensión y
complejidad del asunto se esboza una perspectiva histórica desde el siglo XIX, dividida en
cinco grandes períodos, hasta el momento actual: Fase I: Desde el nacimiento de la República
(1821) hasta el fin de la Hegemonía Conservadora (1930); Fase II: Coincide con la República
Liberal (1930-1946); Fase III: Desde el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca
(TIAR) de 1947 hasta la misión militar estadounidense de William P. Yarborough en 1962;
Fase IV: Desde los inicios de la contrainsurgencia moderna (1962) hasta el Plan Colombia
(1999); y, Fase V: Plan Colombia-2014. En cada una de las fases analizadas se introducen
tanto los intereses estratégicos de los Estados Unidos como algunos factores internos que
explican la consolidación de una relación de subordinación y dependencia que beneficia a las
clases dominantes de Colombia y afecta negativamente a la mayor parte de la población.
Se examinan los nexos entre la injerencia imperialista, la contrainsurgencia y el terrorismo de
Estado, pero también la manera como en Colombia se gesta y se desarrolla una
contrainsurgencia nativa, desde la década de 1920. Por límites de espacio, solamente
utilizamos las referencias bibliográficas estrictamente necesarias y textuales a pie de página.
Cada afirmación que se hace en este informe tiene un amplio respaldo documental, como
exige la investigación histórica, cuyo registro aparece en la bibliografía general.
1
INTRODUCCIÓN: LA SUBORDINACIÓN ESTRATÉGICA DE COLOMBIA
«Hemos obtenido todo lo que hemos solicitado a este país […]. Colombia no ha regateado sino que de todo
corazón ha salido en apoyo de nuestra política […] y no existe país en Sur América que se haya desempeñado
en forma más cooperadora».
Spruille Braden, (Embajador de los Estados Unidos) 6 de marzo de 1942, citado en David Bushnell, Eduardo
Santos y la política del Buen Vecino, Bogotá: El Ancora Editores, p. 45.
«Consideramos que […] debe realizarse un esfuerzo concertado por todo el Equipo del País [Colombia] a fin
de seleccionar personal civil y militar con miras a un entrenamiento clandestino en operaciones de
resistencia, […] y, en la medida en que sea necesario, ejecutar actividades paramilitares, de sabotaje y/o
terroristas, contra partidarios del comunismo conocidos. Los Estados Unidos deben apoyar esto».
John F. Kennedy Library. National Security Files. Box 319. Special Group; Fort Bragg Team; Visit to
Colombia, 3/1962, «Secret Supplement, Colombian Survey Report».
«Si Pastrana fue la norteamericanización de la política de seguridad colombiana, en la medida en que la
estrategia que buscaba una salida negociada al conflicto y la formulación inicial del Plan Colombia como una
estrategia integral para el desarrollo terminaron adaptándose a la agenda y los intereses del gobierno
norteamericano, Uribe es la «colombianización» de la estrategia de seguridad norteamericana en el país, es
decir la interiorización de los dictámenes de Washington, ya no una adaptación de una iniciativa propia, sino
una traducción del diagnóstico, las políticas y demandas estadounidenses».
«Habla el Comandante del Sur», Revista Semana, No. 1080, versión digital.
A la hora de analizar las causas del conflicto social y armado, así como las variables que lo
han prolongado y el impacto sobre la población civil, Estados Unidos no es una mera
influencia externa, sino un actor directo del conflicto, debido a su prolongado
involucramiento durante gran parte del siglo XX. La participación de los Estados Unidos ha
sido deliberadamente minimizada por su carácter encubierto, puesto que sus actuaciones «son
planificadas y ejecutadas de tal manera que se pueda ocultar, o al menos, permitir una
negación plausible de quien patrocina estas acciones»1. Esas acciones se inscriben en el marco
de una relación de subordinación, entendida como un vínculo de dependencia en el cual el
interés particular de Colombia se considera representado en los servicios a un tercero (Estados
Unidos), que se concibe como dotado de una superioridad política, económica, cultural y
moral. Es una relación desigual y asimétrica que asume un carácter estratégico, pues la
existencia misma de la república se piensa como indisociable de la situación de
subordinación, por lo que cabe hablar de una subordinación estratégica más que pragmática.
Según un defensor de la subordinación, “la forma más eficiente de garantizar nuestra
soberanía nacional, es mantenernos como fuerte aliado bajo la sombrilla protectora de los
1
Dennis Rempe, «The Origin of Internal Security in Colombia: Part I-A CIA Special Team Surveys la
Violencia, 1959-60, Small Wars & Insurgencies, 10:3 (1999), p. 41.
2
Estados Unidos”2. ¡Qué tal el contrasentido de pretender conciliar la dependencia imperialista
con la soberanía nacional!
La relación Colombia-Estados Unidos entendida como «subordinación por invitación» supone
examinar el rol activo del bloque en el poder en reproducirla, debido a que existe «desde hace
más de cien años un pacto entre las elites nacionales, para quienes la subordinación ha
reportado ganancias económicas y políticas»3. Esos beneficios son administrados mediante
prácticas clientelistas, que atraviesan el conjunto de las instituciones y estructuras políticas y
sociales en Colombia. La utilización clientelista de las redes internacionales corre por cuenta
de sectores del Estado, del Ejército y la Policía, para quienes la asistencia y el presupuesto
militar son un botín privado que les confiere poder y ha creado una casta militar que se
considera intocable.
Este sistema clientelista de las redes internacionales que subyace a la subordinación
estratégica, tienen como correlato un nivel limitado de autonomía e independencia a la hora
de tomar decisiones no sólo en el terreno internacional, sino en el doméstico, donde Estados
Unidos, por lo general, dice la última palabra. Desde luego, también juegan un rol importante
otros países, como Inglaterra e Israel, en el impulso de políticas contrainsurgentes, pero por
cuestiones de espacio no se consideran en este Informe.
Una subordinación estratégica y una autonomía restringida son claves a la hora de entender
la perduración de un conflicto, porque «es imposible no advertir la centralidad absoluta de
Estados Unidos en la definición de las líneas políticas que adoptó la élite del poder en
Colombia, del anti-comunismo de la Guerra Fría a la ‘guerra a las drogas’ y a la ‘guerra
global al terrorismo’, Washington le provee los argumentos y la agenda»4.
FASE I: ANTECEDENTES DE LA POLÍTICA DE SUBORDINACIÓN A WASHINGTON
Las relaciones de Colombia con Estados Unidos tienen una larga historia, que se remonta a la
independencia, ya que la Gran Colombia es el primer país latinoamericano en tener una
misión diplomática en Washington. En el caso colombiano, dicha relación adquiere relativa
autonomía durante la mayor parte del siglo XIX, cuando Estados Unidos tiene una
importancia comercial similar a la de otras potencias como Francia e Inglaterra, y después
2
Alfredo Rangel, «!Viva el Plan Colombia!», Semana, marzo 21 del 2009. (Siempre el énfasis es nuestro).
3
Arlene Tickner, «Intervención por invitación. Claves de la política exterior colombiana y de sus debilidades
principales», Colombia Internacional, 65 (2007), pp. 98-99.
4
Marco Palacios, Violencia pública en Colombia. 1958-2010, Bogotá: F.C.E., 2012, pp. 35-36.
3
Alemania, pese a una cierta aceptación táctica y pragmática de la Doctrina Monroe. Desde
mediados del siglo XIX, la relación con Estados Unidas está signada por conflictos en torno al
Istmo de Panamá y el pago de indemnizaciones, los cuales moldean el carácter subordinado
de las clases dominantes de Colombia.
El principal mecanismo de intervención estadounidense en los asuntos colombianos se basa
en el Tratado Mallarino-Bidlack de 1846, mediante el cual se confieren amplios privilegios a
Estados Unidos para utilizar el Istmo de Panamá, así como potestad para reprimir los
conflictos sociales en esa región -entonces parte integral del territorio colombiano. Entre 1850
y 1902, Estados Unidos desembarca tropas e invade el Istmo en catorce ocasiones, para
defender sus intereses comerciales, como se observa en el Cuadro No. 1.
Cuadro No. 1
INTERVENCIONES DE ESTADOS UNIDOS EN PANAMA
1850-1902
1850: El 22 de mayo a raíz de un tumulto en el que murieron dos estadounidenses, a petición del Cónsul de los
Estados Unidos, intervino un buque de guerra de Inglaterra para reprimir el tumulto.
1856: Del 19 al 22 de septiembre para proteger los intereses estadounidenses durante una insurrección.
1860: Del 27 de septiembre al 8 de octubre, para proteger los intereses estadounidenses durante una revolución.
1861: (mayo) Luego del estallido de una guerra civil en Colombia, el Gobernador del Istmo solicita, tras
consultas con los cónsules de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, protección para mantener el orden. Estados
Unidos es el único país que responde afirmativamente a esta solicitud.
1862: (junio) Colombia solicita ayuda a Estados Unidos a fin de sofocar los desórdenes interiores y los
estadounidenses envían fuerzas navales y terrestres.
1865: El 9 de marzo de 1865 un Destacamento de los Estados Unidos ocupa la ciudad de Panamá en momentos
en se quería derrocar al Presidente del Estado Soberano de Panamá.
1868: El 7 de abril, para proteger los viajeros y las valijas en virtud de la ausencia de tropas locales debido a la
muerte del presidente de Colombia.
1873: Del 7 al 22 de mayo y del 23 de septiembre al 9 de octubre, para proteger las propiedades estadounidenses
a causa de hostilidades motivadas por la posesión de un nuevo gobierno en Panamá.
1885: De enero a mayo, a causa de la guerra civil y del incendio de Colón.
1891: A raíz de una epidemia de cólera el gobierno de Colombia se vio obligado a cerrar el puerto de Colón. El
gobierno de Estados Unidos, contraviniendo las normas de sanidad más elementales, obliga a reabrir el puerto,
utilizando como medida intimidatoria uno de sus barcos de guerra.
1895: El 8 y el 9 de marzo, durante una revolución.
1901: Del 20 de noviembre al 4 de diciembre, para mantener en servicio el ferrocarril.
1902: Del 16 al 23 de abril, durante una guerra civil para proteger las propiedades estadounidenses.
1902: Del 17 de septiembre al 18 de noviembre, para impedir el transporte de tropas -tanto del gobierno como de
los revolucionarios- por el ferrocarril.
. Se conservan los términos empleados por Estados Unidos para justificar las intervenciones.
FUENTES: Archivos Diplomáticos de Francia y Gregorio Selser, El Rapto de Panamá, EDUCA, San José,
1984. Tomado de Renán Vega et al., El Panamá colombiano en la repartición imperialista, Ediciones
Pensamiento Crítico, Bogotá, 2003, pp. 96-97.
Tras fallidos intentos por empresas francesas de construir un canal que uniera los dos
océanos, Theodore Roosevelt respalda una aventura independentista en Panamá (Noviembre
de 1903) y envía al buque USS Nashville a aguas panameñas para evitar un desembarco de
4
tropas nacionales, con la cual se arrebata esta parte del territorio a Colombia. Años más tarde,
Roosevelt recalca sus «sentimientos de amistad» con nuestro país:
Hablar de Colombia como un poder responsable […], es sencillamente absurdo. La analogía hay
que establecerla con un grupo de bandidos sicilianos o calabreses […]. Si no se hubiera sublevado
[el ‘pueblo de Panamá’], yo me proponía recomendar al Congreso la toma de posesión del istmo
por la fuerza de las armas5.
El caso de Panamá genera un sentimiento de indignación en contra de Estados Unidos,
pasajero entre las clases dominantes, que es aplacado con los 25 millones de dólares que
reciben luego de la firma del Tratado Urrutia-Thompson en 1921, y que Estados Unidos
aprueba para tener acceso a nuestro petróleo. Como lo dice sin aspavientos el Senador Lodge
de los Estados Unidos: «El pacto con Colombia es rico en petróleo»6.
La subordinación estratégica a los Estados Unidos va de la mano con la modernización
política, económica y militar de Colombia, y de una creciente influencia económica de las
empresas de ese país. Sus capitales gozan de una significativa presencia, con una balanza
comercial favorable, en transporte, infraestructura y comunicaciones desde finales del siglo
XIX, concentrados principalmente en el Istmo de Panamá. En la década de 1920 se
incrementa dicha inversión, sobre todo en las economías de enclave petrolero y bananero y en
el sector financiero, mediante préstamos ligados al financiamiento de obras públicas e
infraestructura. Estados Unidos, por su parte, a principios de la década de 1920 consume el 72
por ciento de las exportaciones colombianas. En pocas palabras, las clases dominantes de
Colombia empiezan a mirar hacia la «Estrella Polar», como lo había recomendado el
presidente conservador Marco Fidel Suarez (1918-1921), en cuya administración se avanza en
la entrega del petróleo colombiano a inversores estadounidenses.
1918-1929: LOS ORÍGENES DE LA CONTRAINSURGENCIA NATIVA
Como doctrina y práctica, el apelativo de contrainsurgencia se utiliza desde la década de 1950
por parte de militares franceses que enfrentan los movimientos independentistas en Vietnam
primero y luego en Argelia. Posteriormente, es reciclada por los Estados Unidos durante la
presidencia de John F. Kennedy, en 1962, cuando se convierte en doctrina oficial de esa
potencia. Sin embargo, en Colombia desde las primeras décadas del siglo XX se genera una
5
Washington Post, mayo 8 de 1914.
6
Chicago Tribune, abril 13 de 1921.
5
contrainsurgencia nativa, con el fin de reprimir las protestas sociales y destruir los
emergentes movimientos políticos de izquierda, que en principio no tuvo ningún influjo
extranjero ni sistematización doctrinaria.
En la contrainsurgencia es fundamental la construcción del enemigo, lo que se hace desde la
década de 1920 cuando se larva la idea del comunismo como adversario supremo de los
«valores sagrados» de la nacionalidad colombiana. Con la denominación genérica de
comunismo se representa a un conjunto variopinto de sectores sociales, entre los que se
incluyen a sindicatos, asociaciones campesinas y, en general, a aquellos que demanden
reivindicaciones para mejorar sus condiciones de vida, en razón de lo cual deben ser
combatidos. En Colombia, el anticomunismo es anterior a la emergencia de cualquier
movimiento que se denominara comunista y en idéntica forma la contrainsurgencia surge
antes de que existan los movimientos guerrilleros.
La constitución en el largo plazo de un Estado contrainsurgente se origina en varios miedos
complementarios de las clases dominantes: miedo al pueblo, miedo a la democracia y miedo
a la revolución. Estos miedos se nutren con los estereotipos de los comunistas como
malvados, bárbaros, salvajes y enemigos de Dios, la Patria y la Ley, que son el fermento del
odio contrainsurgente que justifica de antemano la violencia que se ejerza contra esos
«enemigos», tanto por el Estado como por particulares, Ese odio contrainsurgente se gesta en
la década de 1920 y se alimenta del terror que suscitan las protestas sociales que se
desencadenan en el país desde 1918.
A comienzos de 1918 se desencadena una oleada de huelgas en la Costa Atlántica por parte de
los trabajadores de los puertos, del ferrocarril y de algunas fábricas. Las protestas se inician
en Barranquilla y se extienden a Santa Marta y Cartagena. En la primera ciudad sobreviene un
«encuentro entre un piquete de la Policía y algunos tumultuarios ebrios que hicieron
resistencia, lo que obligó a la Policía a hacer algunos disparos al aire para amedrentarlos,
pero desgraciadamente y a gran distancia ocasionaron la muerte de un ciudadano pacífico».
Después, en Cartagena, la policía mata a cinco trabajadores en huelga y se implanta por vez
primera el Estado de Sitio para contrarrestar una protesta obrera7.
Algo similar acontece el 16 de marzo de 1919 en las calles céntricas de Bogotá cuando son
asesinados por el Ejército y la Guardia Presidencial diez humildes trabajadores en una marcha
7
Memoria del Ministro de Gobierno al Congreso de 1918, Bogotá: Imprenta Nacional, 1918, pp., ix y ss.
6
pacífica organizada para exigir al primer mandatario, Marco Fidel Suárez, que no comprara
uniformes militares en los Estados Unidos y encargara su confección a artesanos nacionales.
Para justificar el crimen, el gobierno atribuye la responsabilidad del episodio a «grupos de
anarquistas y socialistas» que «trataron de tomarse el Palacio de la Carrera y la guardia del
Palacio para contener a los amotinados disparó al aire, resultando de allí un muerto y un
herido»8.
Critica sarcástica a la inverosímil versión oficial sobre los sucesos del 16 de marzo, según la cual la tropa disparó al aire para contener los
disturbios y no contra la multitud. Bogotá Cómico. No. 82, marzo 22 de 1919.
Durante la década de 1920, los indígenas, campesinos, colonos, trabajadores de los enclaves y
otros sectores sociales que se movilizan como sujetos activos en aras de mejorar sus
condiciones de trabajo y de vida son combatidos desde el Estado con políticas contra-
insurgentes, justificadas en el anticomunismo. Así, en 1928 se expide la Ley 69 sobre Defensa
Social del 30 de octubre, conocida como la «Ley Heroica», mediante la cual se prohíbe la
existencia de organizaciones que ataquen el derecho de propiedad y la familia, castiga a
8
Marcelino Arango (Ministro de Guerra), «Circular extraordinaria», en Documentos relacionados con los
sucesos del 16 de marzo de 1919 en la ciudad de Bogotá, Bogotá: Imprenta Nacional, 1920, p. 7.
7
quienes promuevan huelgas «violatorias de las leyes que las regulan», restringe el derecho de
opinión, censura las publicaciones y se confina en colonias penales a todo individuo que
promueva la publicación de los impresos prohibidos9.
Tras la aprobación de la Ley, en forma premonitoria un representante liberal, de apellido
Bolívar, señala que en la zona bananera, donde operaba la United Fruit Company, «están esos
millares de proletarios esperando la acción del Estado en beneficio de sus modestos
intereses... ¿Y si esta acción no llega? ¿Se dirá cuando los trabajadores reclamen sus
derechos, cansados de esperar, que se inicia un movimiento comunista, y enviará sus tropas, a
debelarlo, el señor Rengifo?»10. Eso es lo que efectivamente sucede, porque a las pocas
semanas de aprobada la Ley es brutalmente reprimida la huelga de trabajadores del banano,
que según un vocero de la United Fruit Company en Bogotá, produjo más de mil muertos,
como lo comunica oficialmente Jefferson Caffery, Representante de Estados Unidos en
Colombia, a Washington. Días después se promulga el decreto 4 del 18 de diciembre de 1928,
mediante el cual se declara «cuadrilla de malhechores» a los trabajadores bananeros que
hubieran participado en la huelga, se persigue a «dirigentes, azuzadores, cómplices,
auxiliadores y encubridores», y se les considera «revoltosos, incendiarios y asesinos» que
demuestran «un pavoroso estado de ánimo, muy conforme con las doctrinas comunistas y
anarquistas», y a ellos se les aplica la pena de muerte –que legalmente no existe– cuando se
estipula: «Los miembros de la fuerza pública quedan facultados para castigar con las armas a
aquellos que se sorprendan in fraganti delito de incendio, saqueo y ataque a mano armada»11.
MUERTOS EN LAS BANANERAS PASAN DE MIL ASEGURA DIPLOMATICO DE LOS ESTADOS
UNIDOS
Bogotá, 16 de enero de 1929
Honorable Secretaría de Estado, Washington
Señor:
Con referencia a los informes previos en relación con la huelga de Santa Marta, y con referencia especial a mi
despacho No. 55 de diciembre 29, tengo el honor de informar que el representante de la United Fruit Company
en Bogotá, me dijo ayer que el número de huelguistas muertos por las fuerzas militares colombianas pasa de mil.
Jefferson Caffery, representante en Bogotá de los Estados Unidos.
Fuente: Allen S. Vall-Spinoza, “Fusiles y bananos”, en Magazín Dominical, El Espectador, junio 11 de 1972,
pp., 5-6.
9
Anales de la Cámara, noviembre 3 de 1928, pp. 1064-1066.
10
La cita se encuentra en Jorge Orlando Melo, “La Ley Heroica”, en Sobre historia y política, Editorial La
Carreta, Medellín, 1979, p. 151.
11
«Decreto 4 del 18 de diciembre de 1928», en Carlos Cortes Vargas, Los sucesos de las Bananeras, Bogotá:
Imprenta de La Luz, 1929, pp. 89-90.
8
La represión se legitima previamente por diversos voceros del régimen conservador, entre los
que sobresale su Ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, quien ha dicho que Colombia enfrenta
un «peligro nuevo y terrible, quizá el más grande que haya tenido su existencia […] Tal es el
peligro bolchevique» que «ha venido a golpear a las playas colombianas amenazando […]
regando la semilla fatídica del comunismo que, por desgracia, empieza ya a germinar en
nuestro suelo y a producir frutos de descomposición y de revuelta»12. Y ese peligro
imaginario se empieza a combatir a sangre y fuego. [DOCUMENTO (DOC) 1]
Caricaturas alusivas a los vínculos entre el gobierno colombiano y la empresa estadounidense la United Fruit Company. Fuentes:
Fantoches, noviembre 24 de 1928; Fantoches, diciembre 7 de 1928.
La Masacre de las Bananeras tiene todos los ribetes del Terrorismo de Estado, puesto que las
armas del Ejército se emplean con premeditación para asesinar a colombianos que participan
en una huelga. Pocas horas antes de la masacre el general Carlos Cortes Vargas –el militar
que ordena disparar contra los obreros inermes en la noche del 5-6 de diciembre de 1928
plantea: «Dilema ineludible: o se toman medidas dolorosas, crueles, o se transige y [se
alcanzará] triunfo comunista, lo que nos traería la inmediata intervención extranjera»13. La
orden de asesinar se imparte para satisfacer a una compañía estadounidense, la United Fruit
Company, un funesto antecedente de lo que está dispuesto a hacer el Estado colombiano para
defender los intereses del capital extranjero, como lo señala Jorge Eliécer Gaitán en 1929: «Se
trataba de resolver un problema de salarios por medio de la bala de las ametralladoras del
gobierno», porque los trabajadores
12
Memoria del Ministro de Guerra, Bogotá: Imprenta Nacional, 1928, pp. vi- vii.
13
Archivo General de la Nación, Fondo Ministerio de Gobierno, Sección 1, T. 982, f. 89.