VOTO CONCURRENTE DE LOS JUECES RICARDO C.
PÉREZ MANRIQUE, EDUARDO
FERRER MAC-GREGOR POISOT Y RODRIGO MUDROVITSCH
No es la primera vez que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en
adelante “la Corte IDH” o “el Tribunal”) se pronuncia sobre el derecho al medio
ambiente. Estimamos, sin embargo, la pertinencia de emitir este voto concurrente para
resaltar cómo, paulatinamente, este derecho se hace cada vez más latente en el ámbito
interamericano, especialmente desde la Opinión Consultiva No. 23 de 2017
En el caso Habitantes de La Oroya Vs. Perú, la Corte IDH puso en el centro de gravedad de
la sentencia al derecho al medio ambiente y su vinculación con otros derechos que estimó
violados. Se declaró la responsabilidad internacional del Estado por la vulneración de los
derechos al medio ambiente, salud, vida, vida digna, integridad personal, niñez, acceso a la
información, participación política, incumplimiento del deber de investigar y recurso judicial
efectivo contenidos en los artículos 26, 4.1, 5, 13, 23, 8.1 y 25, en relación con las
obligaciones generales de los artículos 1.1 y 2 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (en adelante “la Convención Americana” o “Pacto de San José”), en perjuicio de
80 habitantes de La Oroya, teniendo dichas violaciones, por su naturaleza, un “alcance
colectivo”. En el caso, la Corte IDH declaró violados todos estos derechos ya que se habían
afectado como consecuencia de los altos niveles de contaminación derivados del Complejo
Metalúrgico de La Oroya, que implicó más de cien años de violaciones con riesgos de
irreversibilidad.
4. A nuestro juicio, este caso pone de relieve y cristaliza de manera contundente
el impacto que tiene la no garantía de los derechos sociales —como el medio ambiente
y la salud— en las personas, especialmente cuando se trata de afectaciones que se
prolongan en el tiempo sin que se adopten las medidas que son adecuadas y efectivas
(con base a las obligaciones ambientales). En particular, deseamos poner de manifiesto
cómo la jurisprudencia y normativa interamericana se ha ido transformando,
evolucionando y ampliando, de manera gradual, al grado de identificar que el derecho
al medio ambiente es un derecho autónomo tutelado por el artículo 26 de la Convención
Americana —en su dimensión individual y colectiva—, y que en los últimos años se ha
puesto en el centro de la jurisprudencia interamericana.
5. De ahí que estimamos pertinente desarrollar en el presente voto cinco ámbitos
relacionados con el derecho al medio ambiente y su impacto en las generaciones
presentes y futuras. Por una parte, (i) visibilizar cómo este fallo se inserta en un
contexto que hemos denominado “verde” en el derecho internacional de los derechos
humanos (infra párrs. 6 a 15). En segundo lugar, (ii) la evolución de la jurisprudencia
interamericana sobre medio ambiente (infra párrs. 16 a 37). En tercer término, (iii)
destacar algunos aspectos en materia de medio ambiente que se abordan en la
sentencia (infra párrs. 38 a 45). En cuarto lugar, (iv) visibilizar la dimensión colectiva
de este derecho y su relevancia en materia de reparaciones colectivas y de no repetición
(infra párrs. 46 a 70). En quinto término, (v) destacar el carácter de jus cogens de la
protección del medio ambiente y profundizar en el principio de equidad
intergeneracional (infra párrs. 71 a 160). Finalmente, se expondrán unas conclusiones
generales (infra párrs. 161 a 177).
Verde: El derecho al ambiente a Al realizar una radiografía del derecho
internacional actual, podemos constatar la existencia de un derecho que podemos
denominar “verde”.
I.1. Sistema de Naciones Unidas
7. En el caso del Sistema Universal de Derechos Humanos, un punto de inflexión
ocurrió en el año 2022 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció
“el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible como un derecho
humano”7
.
Esto puede verse en la decision de la corte al 158. En el caso concreto, la Corte advierte
que, de los informes elaborados por la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos
Naturales en 1986, por DIGESA en 1999, por el gobierno local de la Provincia de Yalili en
2003, por el Ministerio de Salud en 2005, por la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos,
Afroperuanos, Ambiente y Ecología del Congreso de la República de 2007, por el Dr.
Fernando Serrano de 2007, por el Ministerio de Ambiente de 2011 y 2017 (supra párrs. 76 a
84), se desprende con claridad que: a) las actividades metalúrgicas en el CMLO son la
causa principal de la contaminación ambiental por arsénico, cadmio, plomo y otros metales
en el aire, el suelo y el agua en La Oroya; b) que ya en 1981, fecha en que el Perú aceptó la
competencia contenciosa de este Tribunal, el Estado ya tenía conocimiento de dicha
contaminación ambiental, y c) de que estas actividades tenían un impacto negativo en el
aire, suelo, agua, y en los habitantes de La Oroya. Asimismo, la Corte recuerda que el
Tribunal Constitucional, en su sentencia de 2006, concluyó que los niveles de
contaminación por plomo y otros elementos químicos generaron afectaciones a los
derechos a la salud y el medio ambiente de la población de La Oroya284.
159. De esta forma, el Tribunal considera que se encuentra probada la presencia de altos
niveles de contaminación ambiental en La Oroya; las causas de dicha contaminación, y que
el Estado conocía que ésta constituía un riesgo significativo para el medio ambiente y la
salud de las personas. En razón de ello, la Corte procederá a analizar los hechos
relacionados con el cumplimiento del Estado de sus obligaciones de regulación, supervisión
y fiscalización de las actividades de metalúrgicas del CMLO, la cual fue operada por
Centromin, una empresa estatal, y por Doe Run, una empresa privada que adquirió el
CMLO en 1997. En esta parte del análisis la Corte se referirá a normas y hechos relevantes
para la calificación de responsabilidad del Estado a partir de 1981, año desde el cual la
Corte puede ejercer su competencia contenciosa sobre Perú respecto de la contaminación
ambiental en La Oroya y sobre sus efectos en la salud de sus habitantes (supra párr. 17).
263. En lo que se refiere al caso concreto, no existe controversia respecto a la presencia de
altos niveles de contaminación ambiental en La Oroya por plomo, cadmio, arsénico, dióxido
de azufre y otros metales en el aire, suelo y agua; que la principal causa de contaminación
ambiental era resultado de la actividad metalúrgica del CMLO, y que el Estado tenía
conocimiento sobre esta contaminación y sus efectos en las personas. En razón de ello, el
análisis del presente caso se realizó respecto del cumplimiento de las obligaciones del
Estado en la protección de los derechos que se pudieron ver afectados por dicha
contaminación ambiental, tanto en su dimensión individual como colectiva. En ese sentido,
el Estado incumplió con su deber de regulación previo al año 1993, y además incumplió con
su deber de supervisión y fiscalización de las actividades del CMLO al otorgar prórrogas
para el cumplimiento de las obligaciones establecidas en el PAMA de Doe Run. El Estado
incumplió con su deber de prevención al otorgar dichas prórrogas, a pesar de la evidencia
técnica acerca de la presencia de contaminantes en La Oroya, lo cual requería acciones
inmediatas por parte del Estado de conformidad con su deber de debida diligencia para
evitar daños significativos al medio ambiente, y en general por sus omisiones en la
fiscalización efectiva de las actividades del CMLO. La afectación al medio ambiente también
constituyó una violación al derecho al medio ambiente sano durante el tiempo que el CMLO
fue operado por Centromin. Asimismo, la Corte determinó que el Decreto Supremo Nº
0003-2017 MINAM, que modificó en el año 2017 los valores máximos de dióxido de azufre
permisibles en el aire, constituyó una medida deliberadamente regresiva que violó la
obligación de desarrollo progresivo respecto del derecho al medio ambiente sano.
9. Por otro lado, se debe poner especial atención a la Observación General No. 26
(2022) del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales relativa a los
derechos sobre la tierra y los derechos económicos, sociales y culturales, en la cual se
indicó que “el uso sostenible de la tierra es esencial para garantizar el derecho a un
medio ambiente limpio, saludable y sostenible y para promover el derecho al desarrollo,
entre otros derechos”10. De igual forma, el Comité de los Derechos del Niño, en su
Observación General No. 26 (2023), ha señalado que “un medio ambiente limpio,
saludable y sostenible es tanto un derecho humano per se cómo una condición
necesaria para el pleno disfrute de un amplio abanico de derechos”11
11. Finalmente, la importancia de la temática a nivel global se advierte con el paso
trascendental que ha dado el Consejo General de Naciones Unidas al solicitarle a la
Corte Internacional de Justicia una Opinión Consultiva sobre las obligaciones de los
Estados con respecto al cambio climático13
2. Sistema Europeo de derechos humanos: 12. Ni el Convenio Europeo de Derechos
Humanos ni la Carta Social Europea de
Derechos Humanos han reconocido el derecho al medio ambiente sano de manera
expresa. En el caso del Tribunal Europeo, se debe precisar que el reconocimiento del
medio ambiente se ha realizado mediante lo que se ha denominado “justiciabilidad
indirecta” como dan cuenta diversos asuntos. Sin embargo, lo relevante, en este
momento, en la sede de ese Tribunal, es que existen algunos pronunciamientos
pendientes que involucran de manera frontal las obligaciones en materia de medio
ambiente y cambio climático de los países que integran el Consejo de Europa14
I.3. Sistema Africano de Derechos Humanos
14. Finalmente, en el caso de este Sistema, la Carta Africana de Derechos Humanos
y de los Pueblos indica que: "Todos los pueblos tendrán derecho a un medio ambiente
general satisfactorio y favorable a su desarrollo". Al respecto, la Comisión Africana de
Derechos Humanos y de los Pueblos, ha señalado que el “derecho al medio ambiente”
se encuentra garantizado por lo contemplado en el artículo 24. Con base en ello, ha
precisado que el derecho al medio ambiente se encuentra estrechamente relacionado
con los derechos económicos, sociales y culturales, en la medida que el medio ambiente
afecta la calidad de vida y la seguridad de los individuos16
.
2. El derecho al medio ambiente y su justiciabilidad directa
27. En el caso de la justiciabilidad directa, antes de la presente sentencia, el Tribunal
Interamericano se pronunció en dos ocasiones: por un lado, en la Opinión Consultiva
No. 23 sobre las obligaciones de los Estados en materia de medio ambiente relacionadas
con el derecho a la vida y la integridad personal (2017); y, por el otro, en el caso
Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat (Nuestra Tierra) Vs.
Argentina (2020).
2.1. La Opinión Consultiva No. 23
28. En la OC-23, la Corte IDH precisó que es importante resaltar que el derecho al
medio ambiente sano como derecho autónomo, a diferencia de otros derechos, protege
los componentes del medio ambiente, tales como bosques, ríos, mares y otros, como
intereses jurídicos en sí mismos, aún en ausencia de certeza o evidencia sobre el riesgo
a las personas individuales. Se trata de proteger la naturaleza y el medio ambiente no
solamente por su conexidad con una utilidad para el ser humano o por los efectos que
su degradación podría causar en otros derechos de las personas, como la salud, la vida
o la integridad personal, sino por su importancia para los demás organismos vivos con
quienes se comparte el planeta, también merecedores de protección en sí mismos30
.
29. En términos generales, la Opinión puede seccionarse en tres grandes bloques:
i) la jurisdicción en materia ambiental, ii) la relación de otros derechos humanos con el
derecho al medio ambiente y iii) las obligaciones en materia ambiental que deben
observarse.
30. En cuanto al primer punto, la Corte IDH hace una distinción entre territorio y
jurisdicción. El Tribunal precisa que es el segundo termino el que debe de prevalecer
en el caso de determinar quién es el Estado al cual potencialmente se le puede imputar
la responsabilidad internacional. La OC identifica que a partir del concepto “Estado de
origen” se puede identificar quién o quiénes serían sobre los que recaería la
responsabilidad internacional. La Corte IDH considera que el Estado de origen es aquel
que dentro de su jurisdicción permite o bien tolera que se desarrollen potenciales
agentes contaminantes (en el incumplimiento de sus obligaciones en materia
ambiental. Véase cuadro del párrafo 33 del voto)
31
.
31. Otro concepto que es de especial relevancia en este apartado es el de “conductas
extraterritoriales en materia ambiental”. La Corte IDH es consiente que la violación al
medio ambiente no respeta fronteras por lo que muchas veces los agentes
contaminantes que se generen en el Estado de origen tendrán un impacto en el
territorio/jurisdicción de Estados terceros. Bajo este panorama, la Corte IDH considera
que será el Estado de origen el que tendrá la posible responsabilidad internacional por
violaciones al medio ambiente que se generen en Estados terceros, está conclusión la
Corte IDH la realiza en el entendimiento que es el Estado de origen el que ejerce una
especie de control efectivo dentro de la jurisdicción de otros Estados32. La noción de
control efectivo ha sido desarrollada principalmente en situaciones de conflicto armado
internacional, pero de manera reciente que se ha empezado a aplicar en la protección
del derecho al medio ambiente33
.
32. En el segundo apartado, la Corte IDH indicó que se aplicaban las obligaciones
de respeto, garantía y no discriminación en cuanto al contenido de este derecho. Precisó
que dada la relación que tiene el derecho al medio ambiente sano con otros derechos
existen derechos que pueden ser susceptibles a ser “vulnerables por la degradación
ambiental” —como el derecho a la vida, integridad personal o salud— o derechos que
pueden servir como un “instrumento” para garantizar el derecho en cuestión (como el
de acceso a la información o el derecho a la participación política)34
34. En cuanto a las obligaciones hay dos cuestiones que deben destacarse: la
obligación de prevención y la obligación de protección —mejor conocido como principio
precautorio—. La Corte IDH identifica que la diferencia entre ambas es que mientras
que en la primera existe una certeza científica sobre cuáles serían las consecuencias
ambientales (frente a las que operan las sub-obligaciones como regular, fiscalizar,
estudios de impacto ambiental, etc.); en el caso de la segunda obligación, opera cuando
no exista certeza científica sobre las consecuencias ambientales, pero ello no exime
que el Estado tome medidas para hacer frente a los posibles daños ambientales.
Finalmente, la Corte IDH refiere que estas obligaciones tienen que materializarse
observando una “debida diligencia”, la cual no es definida por la Corte ya que
únicamente refiere que ésta debe surtir efectos siempre que existan posibles “daños
significativos al derecho a la vida o a la integridad” de las personas35
.
2.2. El caso Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka Honhat (Nuestra
Tierra) Vs. Argentina
35. En el caso de las Comunidades Indígenas Miembros de la Asociación Lhaka
Honhat (Nuestra Tierra) Vs. Argentina, el Estado fue declarado responsable
internacionalmente debido a que las poblaciones criollas introdujeron ganado en el
territorio ancestral indígena, el cual consumía plantas que las comunidades indígenas
usaban para su alimentación tradicional, así como sus fuentes de agua tradicional (las
cuales se encontraban contaminadas con heces de ganado). Adicionalmente, existía un
problema de tala ilegal. Todo lo anterior también vulneró el derecho a participar en la
vida cultural debido a que el no disfrutar de los derechos anteriormente descritos,
también impactaba en la continuidad de sus prácticas culturales.
36. En el caso, la Corte IDH declaró, por primera vez en un caso contencioso, la
vulneración del derecho al medio ambiente contenido en el artículo 26 de la Convención
Americana, ya que en el territorio indígena de dicha comunidad se habían realizado
actividades de tala y extracción ilegal de madera y otros recursos naturales, y que tales
actividades habían sido puestas en conocimiento de las autoridades estatales36
39. En particular, el caso que analizó la Corte IDH presenta ciertos avances inclusive
frente a la Opinión Consultiva No. 23, que en su momento constituyó (y lo sigue siendo)
un instrumento de vanguardia en la materia cuando fue emitida por este Tribunal
internacional.
40. En primer lugar, constituye el primer precedente en el que el Tribunal
Interamericano hace un pronunciamiento sobre cómo “la contaminación” —en este caso
del aire, agua y suelo— tiene afectaciones directas en derechos convencionalizados
(como el medio ambiente). Además, a nuestro criterio, constituye de particular
relevancia que este Tribunal catalogue que todas y todos tienen un “derecho a respirar
un aire cuyos niveles de contaminación no constituyan un riesgo significativo al goce
de sus derechos humanos”. Este pronunciamiento está en sintonía con lo que ha indicado el
Comité Europeo de Derechos Sociales en relación con las obligaciones de los Estados para
la protección del aire.
41. En segundo lugar, el Tribunal Interamericano hace una especial puntualización
respecto de cómo se debe considerar “el agua” como elemento dentro del derecho al
medio ambiente. Así, el Tribunal Interamericano identifica, por un lado, “una faceta
sustantiva” del agua como un elemento que tiene un valor en sí mismo —por ejemplo,
cuando se ha reconocido a los ríos como sujetos de derecho—; y la segunda, cuando
se refiere al agua como derecho autónomo, es decir, cuando el Tribunal se vea llamado
a determinar si el acceso o no al agua vulnera derechos de los individuos que protege
la Convención Americana. En suma, esta importante distinción que realiza la Corte
IDH es de vital importancia porque lo que está detrás de esta clasificación es poner
sobre relieve aquellos casos que deberán ser analizados desde el contenido del derecho
al medio ambiente, de aquellos otros casos que las violaciones se deban observar desde
el contenido del derecho al agua, como derecho autónomo, protegido también por el
artículo 26 del Pacto de San José.
42. En tercer lugar, el Tribunal Interamericano refiere la importancia del principio
de “equidad intergeneracional”40. La mención de este principio en esta sentencia no es
aislada, ya que a diferencia de muchos derechos humanos que protege la Convención
Americana, el contenido del derecho al medio ambiente no puede reducirse a medidas
de reparación —o políticas que se adopten desde esa perspectiva— bajo la lógica que
únicamente tendrán impacto en un periodo de tiempo corto (y por tanto impactando a
un grupo de personas en una generación). Por el contrario, las medidas que se adopten
desde la perspectiva del medio ambiente no tienen que perder de vista que la
salvaguarda de los bienes ambientales (por ejemplo, en este caso, aire, agua y suelo)
ineludiblemente tendrán un impacto en generaciones futuras a corto y largo plazo.
También implica reconocer la responsabilidad que tiene la Corte IDH en esta época con
las siguientes generaciones.
43. En cuarto lugar, la Corte IDH deja un mensaje muy contundente sobre la
importancia de que la comunidad internacional reconozca progresivamente la
prohibición de conductas que lesionen al medio ambiente como una norma imperativa
de derecho internacional (ius cogens)
41. Al respecto, debemos recordar que la base de
este tipo de normas parte del núcleo que no se admite una “justificación” por parte de
las autoridades de los Estados para transgredir los bienes que se protegen. Es decir,
por ejemplo, no existe una razón válida y justificable para torturar, desaparecer
forzadamente o someter a esclavitud a una persona. Ese es el mismo razonamiento
que se encuentra detrás del pronunciamiento de la Corte IDH en este caso: la
comunidad internacional debe reconocer que el Derecho Internacional no admite una
justificación y una permisión para que todos los bienes que integran el medio ambiente
sean vulnerados. Esta razón cobra mayor congruencia con el propio principio de equidad
intergeneracional, ya que, a nosotros en este momento, nos corresponde salvaguardar
lo que en todo caso deberán disfrutar las generaciones futuras. Estas dimensiones serán
desarrolladas y profundizadas en el epígrafe quinto del presente voto.
44. En quinto lugar, debe destacarse la dimensión colectiva del derecho al medio
ambiente y las reparaciones también colectivas y de no repetición que, en el caso de la
Comunidad de La Oroya, reflejan una justa compensación por más de cien años de
violaciones con riesgos de irreversibilidad. El establecimiento de garantías colectivas de
no repetición permite reparar a la comunidad afectada por los daños ambientales y
prevenir los riesgos para las generaciones futuras. Esta dimensión colectiva se
desarrollará en el cuarto apartado de este voto.
Ambito colectivo:
49. Al reconocer que el daño a la salud de las víctimas fue resultado de una violación
colectiva al derecho a un medio ambiente sano, la Corte IDH puso en práctica, en su
jurisdicción contenciosa, las consideraciones emitidas por el propio Tribunal cuando
emitió la Opinión Consultiva No. 23 en 2017. En esa ocasión, la Corte IDH estableció
que “el derecho humano a un medio ambiente sano se ha entendido como un derecho
con connotaciones tanto individuales como colectivas. En su dimensión colectiva, el
derecho a un medio ambiente sano constituye un interés universal, que se debe tanto
a las generaciones presentes y futuras [...]”. La posibilidad de reconocer a la colectividad
como principal afectada por los daños ambientales causados por la explotación de
minerales refuerza también que la protección de la naturaleza no sólo se relaciona con el
ser humano, sino también “por su importancia para los demás organismos vivos con
quienes se comparte el planeta, también merecedores de protección en sí mismos”, como
postula la citada opinión consultiva48
50. El mismo documento también presenta conclusiones adicionales sobre la
relación intrínseca entre los derechos al medio ambiente y a una vida digna, según las
cuales la protección del medio ambiente es una de las condiciones para el disfrute de
una vida digna a través del acceso a la salud, a la alimentación y a niveles aceptables
de calidad del aire y del agua49
. La contaminación del suelo, el agua y el aire, como
ocurrió en la Comunidad de La Oroya, pone en peligro la salud de los residentes, ya
que no se satisface plenamente el “estado de completo bienestar físico, mental y social,
y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”
50
. En la propia sentencia, el
Tribunal reconoce que “las presuntas víctimas del caso se encontraron en una situación
de riesgo significativo para su salud ante la exposición durante años a altos niveles de
metales pesados y de contaminación ambiental en La Oroya”
51
.
51. Además de que la contaminación ambiental representó un riesgo significativo
para la salud de las víctimas expuestas en la comunidad de La Oroya, la sentencia
también reconoce que la violación del deber de prevención por parte del Estado implicó
que los pobladores de la región desconocieran el alcance y la nocividad de los riesgos
de intoxicación52
. La falta de información científica sobre los riesgos a los que estaban
sometidas las personas —debido a la ausencia o insuficiencia de marcos legales,
estudios de impacto ambiental y planes de contingencia— generó una situación de
vulnerabilidad frente a las actividades de la empresa minera. El acceso a la información
sobre el medio ambiente se considera una cuestión de interés público y debe
garantizarse de manera accesible, efectiva y oportuna53
.
55. El riesgo de irreversibilidad de la contaminación causada por las actividades del
Complejo Metalúrgico de La Oroya impulsa el cumplimiento de obligaciones colectivas
en relación con el principio de precaución y el principio de equidad intergeneracional.
El primero se define como el “deber de los Estados de preservar el ambiente para
permitir a las generaciones futuras oportunidades de desarrollo y de viabilidad de la
vida humana” y el segundo se refiere a la obligación de los Estados de “coadyuvar
activamente por medio de la generación de políticas ambientales orientadas a que las
generaciones actuales dejen condiciones de estabilidad ambiental que permitan a las
generaciones venideras similares oportunidades de desarrollo”, conforme a lo
enfatizado por la sentencia del caso61
El corpus iuris interamericano ha permitido el desarrollo
de instrumentos jurídicos capaces de hacer frente a violaciones de esta naturaleza, con
dos mecanismos principales que se analizarán a continuación. El primero radica en la
posibilidad de abrir la lista de víctimas prescrita en el artículo 35.2 del Reglamento de
la Corte IDH. El segundo, enfoque de esta sección, se refiere al desarrollo de la
jurisprudencia sobre medidas de reparación colectivas, especialmente en la forma de
garantías de no repetición.
59. En cuanto a la identificación de las víctimas, el artículo 35.1 del Reglamento de
la Corte IDH establece que la Comisión deberá someter el caso a la Corte IDH con la
debida identificación de las presuntas víctimas en el momento procesal oportuno. Por
regla general, las víctimas deben ser identificadas en el Informe de Fondo y, si
posteriormente se añaden nuevas víctimas, el derecho de defensa del Estado quedará
debidamente salvaguardado. A su vez, el artículo 35.2 del Reglamento de la Corte IDH
establece que “[c]uando se justificare que no fue posible identificar a alguna o algunas
presuntas víctimas de los hechos del caso por tratarse de casos de violaciones masivas
o colectivas, el Tribunal decidirá en su oportunidad si las considera víctimas”.
60. La consolidada jurisprudencia de la Corte IDH ya ha postulado determinadas
hipótesis como susceptibles de aplicación del artículo 35.2 del Reglamento de la Corte
IDH, tales como la ocurrencia de conflictos armados, el desplazamiento forzado o la
destrucción de los cuerpos de las víctimas, la desaparición de familias enteras, la
dificultad de acceso a las zonas donde se han producido violaciones de los derechos
humanos, la falta de registro de los habitantes del lugar debido al tiempo, las
características particulares de las víctimas, la migración, las omisiones investigativas
por parte del Estado que contribuyen a la identificación incompleta de las víctimas, la
esclavitud y, más recientemente, la práctica de actividades de inteligencia
61. Aunque el presente caso ante la Corte IDH no implicaba la aplicación del artículo
35.2, la trayectoria jurisprudencial ha mostrado una comprensión cada vez más clara
de las medidas que pueden adoptarse en caso de daño colectivo. Las respuestas dadas
por la Corte IDH al daño colectivo causado por el impacto ambiental de las actividades
metalúrgicas en la Comunidad de La Oroya permiten reajustar el alcance de las medidas
de reparación y sus efectos de no repetición para preservar la vida de las generaciones
actuales y futuras. En este sentido, los siguientes párrafos estarán dedicados al examen
de este relevante mecanismo adoptado por la Corte IDH para tratar de las afectaciones
colectivas de derechos humanos, a saber, las reparaciones colectivas.
65. El alcance de las medidas de no repetición en el caso de la Comunidad de La
Oroya se suma a la cadena de precedentes de la Corte IDH sobre reparaciones en casos
en los que las actividades extractivas causan daños ambientales intergeneracionales.
En el caso Pueblos Kaliña y Lokono Vs. Surinam (2015), el contexto fáctico de las
violaciones involucra actividades de extracción de mineral en el territorio de una reserva
ambiental76
. Las medidas de no repetición, a su vez, estaban dirigidas a desarrollar un
plan de rehabilitación de la zona, la evaluación integral actualizada del territorio
afectado, las medidas para eliminar los daños causados y un mecanismo de supervisión
y vigilancia del plan de rehabilitación de la comunidad77
.
66. En el caso de La Oroya, las medidas de reparación establecidas por la sentencia
también se comprometen a garantizar el máximo alcance debido a la magnitud de las
violaciones. Cabe recordar que, durante la fase escrita del proceso, los representantes
realizaron observaciones sobre el número total de personas afectadas por la
contaminación. El principal reclamo de la representación se refería a la incompatibilidad
entre el número de víctimas identificadas por el Informe de Fondo elaborado por la
Comisión Interamericana y el verdadero número de personas afectadas por la
contaminación en la Comunidad de La Oroya, ya que los daños causados por los impactos
ambientales afectan no sólo a ciertos habitantes de la zona, sino a la
comunidad en su conjunto
Por ello, exigieron que las medidas de reparación establecidas por la Corte IDH consideren
las afectaciones de manera colectiva.
67. En este sentido, las medidas otorgadas incluyen un diagnóstico del estado de
contaminación del aire, del agua y del suelo en la ciudad de La Oroya y un plan de
acción para contener los daños en las zonas afectadas. También incluyen la creación
de mecanismos de participación efectiva para conocer e impugnar el plan de acción
antes, durante y después de su ejecución. Como medidas de no repetición se
establecieron los siguientes protocolos (i) el Estado debe compatibilizar la normativa
existente con los estándares de calidad del aire81; (ii) el Estado debe garantizar el
correcto funcionamiento de los sistemas de alerta en la ciudad de La Oroya, así como
desarrollar un sistema de monitoreo de la calidad del aire, agua y suelo;(iii) también
se establece la atención médica inmediata y especializada para los habitantes de La
Oroya que sufran síntomas o enfermedades derivadas de la contaminación, y (iv) la
creación de un Fondo de Asistencia para tratamientos médicos fuera de la ciudad de La
Oroya.
.
68. En cuanto a las actividades de CMLO, las medidas de no repetición estipulan que
las operaciones de la empresa deben cumplir los parámetros medioambientales
internacionales y estar supervisadas por un plan de compensación medioambiental en
vista de los daños ya causados. En cuanto a la administración pública, la sentencia
prevé un plan de formación permanente para las autoridades públicas85 y un sistema
de información con datos actualizados sobre la calidad del aire y las zonas
contaminadas86. Por último, el Tribunal establece un plan de reubicación para los
habitantes de La Oroya que deseen abandonar la ciudad debido a los riesgos
medioambientales derivados de la contaminación. El impacto colectivo de las medidas
de reparación es proporcional a la magnitud de la irreversibilidad de los daños causados
por las actividades del CMLO durante más de cien años.
69. El establecimiento de medidas de no repetición de alcance colectivo en relación
con los habitantes de La Oroya permite asegurar la efectividad del principio de
precaución y del principio de equidad intergeneracional. Así, se crearon mecanismos
para contener los daños existentes y trazar el alcance de los riesgos futuros. Según el
Informe de Fondo de la Comisión Interamericana, alrededor de 23 de las víctimas eran
niños, que se vieron afectados por enfermedades o alteraciones de la salud88. Una de
ellas tenía 14 años cuando se le diagnosticó cáncer como consecuencia de la
contaminación ambiental y falleció. El impacto agravado en la vida de las niñas, niños
y adolescentes hace que las medidas de no repetición deban ser preventivas y no
meramente paliativas de los daños ya causados.
70. Los fundamentos que guían la sentencia tienen en cuenta el impacto colectivo
de los daños ambientales y establecen medidas de no repetición capaces de reducir los
riesgos para las generaciones futuras. En este sentido, en la actual etapa de desarrollo
jurisprudencial sobre derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, el caso
Habitantes de La Oroya vs. Perú es una importante fuente de estándares para los
Estados en relación con sus obligaciones de asegurar condiciones equitativas de
desarrollo frente al cambio climático.
La protección del medio ambiente como norma imperativa de derecho
internacional (jus cogens)
71. La sentencia reconoce la trascendencia de la obligación internacional de
protección del medio ambiente contra actos que causen “daños graves, extensos,
duraderos e irreversibles al medio ambiente en un escenario de crisis climática que
atenta contra la supervivencia de las especies”89 y, en este sentido, refiere a su
reconocimiento progresivo como una norma imperativa de derecho internacional (jus
cogens) por parte de la comunidad internacional; teniendo en cuenta tanto el interés
de las generaciones presentes y futuras, así como su importancia para la supervivencia
de la humanidad. Estimamos importante ahondar en la consideración de la obligación
de protección del medio ambiente como una norma de jus cogens, en tanto éste
constituye uno de los primeros pronunciamientos jurisprudenciales en este sentido.
Profundizaremos en esta afirmación que consideramos de gran trascendencia, en la
medida que a nuestro criterio en el estado actual de evolución del Derecho Internacional
la protección del medio ambiente y la obligación de no dañar al mismo tiene el carácter
de jus cogens, sin perjuicio de ser un proceso en desarrollo permanente por su propia
naturaleza.
72. La Corte IDH ya se ha referido al jus cogens señalando que “se presenta como
la expresión jurídica de la propia comunidad internacional como un todo que, a raíz de
su superior valor universal, constituye un conjunto de normas indispensables para la
existencia de la comunidad internacional y para garantizar valores esenciales o
fundamentales de la persona humana. Esto es, aquellos valores que se relacionan con
la vida y la dignidad humana, la paz y la seguridad”90; de forma tal que cristalizan y
protegen derechos fundamentales así como valores universales sin los cuales la
sociedad no prosperaría.
73. De esta manera, las normas de jus cogens encarnan o cristalizan intereses y
valores generales o universales de la comunidad de Estados y no de los Estados en
particular, tal como lo ha indicado la Corte Internacional de Justicia: “los Estados
contratantes no tienen intereses propios; sólo tienen, todos y cada uno, un interés
común, a saber, la realización de esos altos fines que son la razón de ser de la
convención”91
.
74. Como consecuencia de lo anterior, se limita la libertad convencional de los
Estados, así como tampoco les es posible negar el carácter de jus cogens para
sustraerse individualmente de su cumplimiento; toda vez que son normas que se
encuentran firmemente arraigadas en la convicción jurídica de las naciones y porque
son indispensables para la existencia misma de la comunidad internacional. De ahí que,
con su reconocimiento, se está protegiendo a la comunidad internacional en su conjunto
contra actos, hechos u omisiones de un Estado que atenten contra el bien jurídico
universal que es el medio ambiente.
77. De la protección del medio ambiente depende la supervivencia de la especie
humana y, por extensión, de la comunidad internacional en su conjunto. La dimensión
colectiva del derecho a vivir en un medio ambiente limpio, sano y sostenible se proyecta
no solo entre las personas, sino también en la comunidad de Estados, dada la
particularidad de que los ecosistemas, la contaminación y todo el fenómeno ambiental
van más allá de las fronteras nacionales, tal como ha sido sostenido por este tribunal.
En oportunidad de la Opinión Consultiva No. 23 se indicó que: “[m]uchas afectaciones
al medio ambiente entrañan daños transfronterizos. La contaminación de un país puede
convertirse en el problema de derechos ambientales y humanos de otro, en particular
cuando los medios contaminantes, como el aire y el agua, cruzan fácilmente las
fronteras”94
.
78. De ahí que la obligación de protección del medio ambiente como norma de jus
cogens cristaliza o recoge el valor fundamental de la comunidad internacional de
reconocer al medio ambiente como soporte de los Estados y condición sine qua non
para su existencia. Asimismo, de la protección al medio ambiente depende también la
seguridad internacional, erigida como valor recogido en el Preámbulo de la Carta de las
81. La Comisión de Derecho Internacional ha señalado que para la identificación de
una norma de jus cogens se requiere establecer que cumpla con dos criterios. A saber,
i) que se trate de una norma de derecho internacional general; y ii) que sea aceptada
y reconocida por la comunidad internacional de Estados en su conjunto como una norma
que no admite acuerdo en contrario y solo puede ser modificada por una norma ulterior
que tenga el mismo carácter97
.
82. Consideramos que el estado actual de la cuestión permite concluir que la
obligación de protección del medio ambiente reviste las notas de una norma de jus
cogens.
91. La obligación internacional de protección del medio ambiente como norma de
jus cogens deviene garante del orden jurídico internacional, condensa principios
necesarios o consustanciales al orden jurídico internacional porque de su respeto
depende, entre otras, de la seguridad internacional106 así como la subsistencia de la
especie humana y de la comunidad de Estados tal como la conocemos. Entonces, no se
puede concebir, tolerar ni justificar racionalmente y de buena fe que se realicen actos
que pongan en riesgo la integridad del medio ambiente, porque ello supone destruir el
cimiento o la base sobre la que se desarrolla la vida humana y todas sus dimensiones.
92. Esta cristalización se aprecia también, como ya se ha señalado, en los múltiples
instrumentos de protección del ambiente o de sus componentes en particular (En este
sentido, se encuentra el Protocolo de San Salvador; Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales; Declaración de Estocolmo de 1972; Carta Mundial de la
Naturaleza de1982; Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y Desarrollo de 1992;
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 1992;) que además
de evidenciar la preocupación internacional al respecto, reflejan el valor
que la comunidad internacional ha dado al medio ambiente, conscientes de las drásticas
consecuencias que su deterioro apareja para la continuidad de la vida tal como la
conocemos.
93. En consecuencia, es necesario consignar que para la comunidad internacional
no existen razones válidas para desconocer esta obligación de protección como norma
de jus cogens y, por tanto, no se admitan actos, hechos u omisiones estatales que
repercutan en la calidad y conservación del ambiente, máxime teniendo en cuenta que
las generaciones presentes actúan como custodios que deben entregar este bien
jurídico a las generaciones futuras en iguales o mejores condiciones de las que lo hemos
recibido de nuestros predecesores.
94. El reconocimiento de la obligación de protección del medio ambiente como una
norma de jus cogens implica varias consecuencias jurídicas para los Estados. En primer
término, la norma consuetudinaria internacional de protección del ambiente, al devenir
en una norma imperativa de derecho internacional (jus cogens) vuelve estéril la
objeción persistente que algunos Estados pudieran haber realizado. De esta forma, no
podrán eludir su cumplimiento alegando su oposición o discrepancia.
95. Asimismo, los Estados no podrán sustraerse mediante actos jurídicos, prácticas
e incluso omisiones del cumplimiento de la norma de jus cogens. Esto implica un límite
a la noción irrestricta de soberanía y autonomía de voluntad del Estado en cuanto a la
protección de un valor supraestatal o universal que es el medio ambiente, como
prerrequisito de la supervivencia de la propia humanidad y por ende de la comunidad
de Estados. Opera, pues, una subordinación de los intereses particulares a los intereses
fundamentales de la comunidad internacional.
96. La amplísima discreción que tradicionalmente se había otorgado a los Estados
en materia ambiental y de explotación de los recursos naturales, ha sido reemplazada
por una concepción global y solidaria (de familia humana), donde la gestión y cuidado
de los recursos naturales queda a cargo de toda la humanidad. Por tanto, cualquier
Estado está facultado, a partir de este reconocimiento, a reclamar a los demás el
cumplimiento de la obligación internacional derivada de esta norma, así como de llamar
a responsabilidad por los actos contrarios y los daños causados, dado que la violación
por un Estado cualquiera afecta e incumbe a todos los demás.
97. En cuanto a los tratados vigentes que pudieran existir, es necesario recordar
que aplican las reglas del artículo 64 de la Convención de Viena sobre Derecho de los
Tratados de 1969, por lo que las disposiciones convencionales contrarias a la norma
superviniente de jus cogens se anulan y los actos estatales que infrinjan estas normas
agravan la responsabilidad internacional del Estado.
98. Además, se limita la autonomía de voluntad de los Estados al suscribir tratados
en el futuro, dado que deberá ajustarse su contenido a esta nueva norma, so pena de
nulidad conforme al artículo 53 de la Convención de Viena sobre Derecho de los
Tratados de 1969. Pero es necesario recordar que este deber de ajustarse a la norma
imperativa de derecho internacional no solo se dará en el ámbito convencional, sino
que irradia sus efectos a todo el sistema del Derecho Internacional108
106. Los artículos 31 y 32 refieren a la cooperación interamericana para el desarrollo
integral como “responsabilidad común y solidaria de los Estados miembros”; aspecto
que permite inferir la consagración del principio de solidaridad internacional, el que
deviene fundamental en la consecución del desarrollo sostenible como se desarrollará
infra. La solidaridad es en consecuencia una obligación jurídica asumida por los Estados.
107. Finalmente, el artículo 33 consagra que el desarrollo -que es responsabilidad de
cada Estado- debe propender “a la plena realización de la persona humana”. Pues bien,
como se desarrollará en este acápite, no se concibe la plena realización de la persona
humana -como reza la norma- en un entorno ambientalmente degradado o en riesgo
de estarlo por las actividades que se desarrollan.
108. Por tanto, si el desarrollo a que refiere la Carta de la OEA se debe orientar y
contribuir a la plena realización de la persona, entonces es porque ese desarrollo debe
ser sostenible, duradero, que se preocupe por la durabilidad y perdurabilidad de sí
mismo, atendiendo a las necesidades de las generaciones presentes y futuras. Esto es:
no hay plena realización de la persona humana en un entorno en riesgo o donde las
perspectivas de supervivencia y bienestar no son seguras a mediano y largo plazo. He
ahí el concepto de desarrollo sostenible115
.
109. De esta manera, la consagración del derecho al desarrollo sostenible no solo
está dada por instrumentos de soft law ni depende de la buena voluntad de los Estados;
sino que, en tanto derecho emergente de la Carta de la OEA, deriva su protección en
virtud del artículo 26 de la Convención Americana, como derecho convencionalmente
protegido.
110. El desarrollo sostenible es, en primer lugar, desarrollo; por lo que impone a los
Estados inexorablemente la satisfacción de las necesidades y aspiraciones humanas
básicas como principal objetivo, lo que incluye la erradicación de la pobreza, supresión
de barreras de género e inclusión de todas las personas, acceso al agua potable,
crecimiento económico equitativamente distribuido, vivienda y educación; sistemas
democráticos donde se protejan los derechos humanos, entre otros.
113. El desarrollo sustentable, en tanto obligación estatal, debe desarrollarse en tres
áreas: (i) ecológica, lo que implica la elaboración de políticas de protección,
conservación y recuperación del patrimonio natural y del medio ambiente, teniendo en
cuenta la diversidad biológica y la capacidad de regeneración; (ii) económica, lo que
supone la adaptación de los medios de producción y consumo; valoración de los
recursos a corto y largo plazo, equidad intergeneracional e intrageneracional; y (iii)
social, en tanto se requiere igualdad de oportunidades, integración, participación
ciudadana en la toma de decisiones que afecten al ambiente, satisfacción de
necesidades básicas, trabajo decente y erradicación de la pobreza. Esto es, el desarrollo
sostenible tiene una triple dimensión que debe darse en forma equilibrada e integrada
por tratarse de tres dimensiones del mismo fenómeno; a saber, económica, social y
ambiental118
.
114. Una verdadera perspectiva de desarrollo sostenible requiere considerar el
impacto que tienen las actuales formas de desarrollo sobre los grupos vulnerables; en
especial, los niños y niñas, quienes pueden ver hipotecadas desarrollo y bienestar a largo
plazo si los recursos no son correctamente administrados y preservados en el tiempo
presente. De igual manera, también debe considerarse la
responsabilidad que recae sobre las generaciones presentes respecto de las
generaciones futuras, toda vez que estamos llamados a entregar el ambiente en
condiciones al menos iguales a aquellas en que lo recibimos.
117. El derecho al desarrollo —incluido el desarrollo económico— no puede
conseguirse a toda costa, sin consideración de los costos y riesgos de la actividad. Por
el contrario, es preciso que toda política al respecto se encuentre limitada o definida en
relación al principio de equidad intergeneracional y el desarrollo sostenible. Es correcto
afirmar que existe un deber estatal de emplear todas las energías para conseguir un
desarrollo económico y social; pero ese desarrollo ha de ser sostenido, inclusivo
(distribuido equitativamente) y sostenible. La sostenibilidad permite que el modelo
genere desarrollo y se mantenga en el tiempo, sin detrimento de las condiciones
ambientales, sociales y de cualquier otro orden. Es necesario hacer un llamado a revisar
los modelos de producción, desarrollo y consumo que operan en los Estados a fin de
que sean sostenibles a partir de la gestión sostenible y responsable de los recursos
naturales.
118. Para ello es necesario que se conjuguen esfuerzos entre particulares, los Estados
y las empresas; sin perjuicio de la obligación estatal de regulación, control y
fiscalización a fin de respetar y garantizar el derecho a un medio ambiente sano, limpio
y sostenible.
125. La sentencia también refiere a la vinculación entre el “principio de precaución”
en materia ambiental y el “principio de equidad intergeneracional” que impone a los
Estados la formulación de políticas ambientales orientadas a que las generaciones
presentes dejen un ambiente en condiciones adecuadas a las generaciones
venideras127
. Asimismo, destaca la importancia que reviste respecto de niños, niñas y
adolescentes, quienes constituyen un grupo especialmente vulnerable frente a la
degradación ambiental128
. Ello impone, inter alia, exigencias más estrictas129 respecto
de la diligencia debida y una obligación de vigilancia y fiscalización reforzada en aquellos
casos en que la contaminación proviene de empresas que por sus actividades o su
ámbito de funcionamiento pueden causar un daño al ambiente.
126. No es la primera vez que este tribunal se pronuncia al respecto; sino que ya
había hecho mención de la protección de las generaciones futuras en la Opinión
Consultiva No. 23130. Concurrimos con el presente voto a desarrollar este principio de
equidad intergeneracional y su sustento normativo, habida cuenta de su especial
vinculación con el derecho al desarrollo sostenible y con los derechos de los niños, niñas
y adolescentes como grupo especialmente vulnerable al impacto de la contaminación.
Las consideraciones a la equidad intergeneracional se harán teniendo en cuenta la
perspectiva de protección del medio ambiente, sin perjuicio de que tiene otras
dimensiones, [Link]., referidas a la deuda externa de los Estados, entre otras.
141. En un contexto de desarrollo sostenible, la equidad intergeneracional trasciende
a los vivos y abarca a quienes no tienen aún existencia actual; tal como se ha señalado
en el sistema universal: “la humanidad en su totalidad forma una comunidad
intergeneracional en la que todos los miembros se respetan mutuamente y cuidan unos
de otros, alcanzando así el objetivo común de la supervivencia de la especie
humana”.148
142. En esta línea, los Estados no podrán excusarse de su cumplimiento alegando la
falta de personalidad o de legitimación de las generaciones futuras, dado que, como se
ha señalado en el ámbito universal, la conexión entre derechos y deberes en estos
aspectos no es férrea, por lo que las personas pueden estar sujetas a obligaciones sin
necesidad estricta de que exista el titular de los derechos correspondientes.149
143. En el ámbito de Naciones Unidas se lo ha definido en los siguientes términos:
“[e]n general, por solidaridad intergeneracional se entiende la cohesión social entre
generaciones [...]. Cada vez más, el ámbito de las políticas relacionadas con la
solidaridad intergeneracional se ha ido ampliando y ha pasado de centrarse en las
familias con niños pequeños a la inclusión de todas las generaciones”150. No solo se
trata de responsabilidad entre generaciones, sino que se parte de un concepto de
patrimonio común de la humanidad en virtud del cual la especie humana y los recursos
deben considerarse en forma global y gestionarse en favor de la humanidad como un
todo. Se requiere, pues, considerar al menos tres intereses: los de los seres humanos
actuales, los de las generaciones futuras y los de las entidades naturales151; teniendo
presente las nociones de patrimonio común de la humanidad y el impacto de la
irreversibilidad.
145. Es así que aparece como una fórmula de ponderación entre dos grandes bienes:
por un lado, los Estados en virtud de su obligación de respeto y garantía deben
posibilitar el mayor grado de bienestar y desarrollo para las generaciones actuales.
Pero, a su vez, este deber debe armonizarse con el deber de conservar el ambiente de
forma tal que su calidad no se vea deteriorada ni se amenace la supervivencia o el
bienestar de las generaciones venideras. La esencia de la equidad intergeneracional es
lograr la armonización entre interés presente y futuro; entre porvenir y actualidad;
entre necesidades y proyecciones.
148. Las generaciones presentes son custodias de un ambiente que no les pertenece,
sino que solamente deben administrar y explotar dentro de ciertos límites. La Corte
IDH se ha pronunciado respecto de dos principios de relevancia en el derecho
ambiental: el principio de precaución y de prevención153, los que aparecen desarrollados
también en la sentencia del presente caso. Estimamos que, en el juicio de armonización
que impone la equidad intergeneracional también cobra relevancia la regla in dubio pro
natura. Ésta impone que las incertidumbres interpretativas y los vacíos normativos se
resuelvan en el sentido de dar mayor protección o conservación a la naturaleza,
teniendo por norte el mandato de equidad intergeneracional y como extensión del
principio pro persona. Esta interpretación ha sido recogida por varios tribunales
nacionales de la región154
156. Por ello, es que la equidad intergeneracional impone a los Estados tres deberes
que deben orientar las políticas de desarrollo, los que implican tanto obligaciones
negativas, como positivas para su consecución.
157. En primer lugar, conservación de opciones. Cada generación está obligada a
conservar y restaurar la diversidad de recursos naturales, ecosistemas y especies a fin
de no coartar indebidamente la disponibilidad para las próximas, en la satisfacción de
sus necesidades.
158. En segundo término, deberá propenderse a la conservación de la calidad: no es
lícito dejar un ambiente en condiciones peores de aquellas en las que fue recibido. Así,
el medio ambiente y sus componentes no habrán de explotarse irrestrictamente: si bien
no impide la explotación del ambiente, ésta habrá de hacerse dentro de parámetros de
sustentabilidad.
159. Finalmente, requiere la conservación de acceso, entendida como el acceso sin
discriminación por parte de los miembros de la generación presente, siempre que se
respeten los derechos de las próximas generaciones. Es decir, implica la conjugación
entre la equidad intrageneracional e intergeneracional.
CONCLUSIONES
161. El caso Habitantes de La Oroya vs. Perú se inserta en un contexto en el que
podemos denominar “verde”, ya que el derecho internacional de los derechos humanos
(tanto en Naciones Unidas, Europa y África) ponen en el centro de atención el derecho al
medio ambiente y los temas relacionados con el cambio climático.
162. Tal como hemos puesto de manifiesto, consideramos que el presente caso
constituye un punto de inflexión en la jurisprudencia interamericana, debido a que la Corte
IDH pone como eje central de su decisión el derecho al medio ambiente y los componentes
que deben ser protegidos —como el aire limpio y el agua—. El caso va en la dirección de
la consolidación de la línea jurisprudencial sobre la justiciabilidad directa de los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA) desde el artículo 26 de la
Convención Americana. Además de establecer cómo el contenido que protege el derecho
al medio ambiente es diferente al de otros derechos civiles y políticos (como la vida o la
integridad personal), la sentencia tiene un especial impacto colectivo de los daños
ambientales y establecen medidas de no repetición dirigidas a reducir los riesgos para las
generaciones futuras, lo que constituye una importante fuente de estándares para los
Estados en relación con sus obligaciones de asegurar condiciones equitativas de desarrollo
frente al cambio climático.
163. Consideramos que el deber de protección del ambiente se erige actualmente
como una norma de jus cogens ante la amenaza que su inobservancia implica para la
supervivencia de los pueblos y de los valores humanos más fundamentales. En el estado
actual, es posible afirmar la existencia de una norma consuetudinaria internacional
164. Asimismo, ningún Estado puede seriamente consentir ni tolerar actos que
impliquen deterioro o menoscabo del medio ambiente o de sus componentes porque en
su protección y cuidado está interesada la comunidad internacional en su conjunto,
dado que es allí donde se contienen los elementos del Estado y porque de su tutela
depende, entre otras, la seguridad internacional. Consiste en una norma que encarna
valores supremos de la comunidad de Estados, dado que de la integridad del ambiente
depende el soporte y la continuidad de la comunidad internacional tal como la
conocemos.
165. Por tanto, la obligación de protección del ambiente cumple con las características
propias de las normas de jus cogens, irradiando sus efectos a todo el sistema del
Derecho Internacional. Cada Estado puede reclamar el cumplimiento y llamar a
responsabilidad, en su caso, a cualquier otro Estado, dado que todos están igualmente
interesados y son igualmente titulares del ambiente como patrimonio común de la
humanidad.
166. En segundo término, proyecta sus consecuencias en el Derecho de los Tratados,
tanto de los ya vigentes, así como de los futuros, los que deberán ajustar su contenido
a esta norma.
167. En tercer lugar, cada Estado deberá ajustar su conducta y abstenerse de
cualquier práctica, acto u omisión que infrinja esta norma; de lo contrario, incurrirá en
responsabilidad internacional frente al resto de la comunidad de Estados y sin que le
sea posible invocar su calidad de objetor persistente.
168. Existe un derecho al desarrollo sustentable consagrado en los artículos 31 a 34
de la Carta de la Organización de los Estados Americanos y que recibe protección
convencional en virtud del artículo 26 de la Convención Americana; lo que se suma a
la declaración del derecho humano al desarrollo de 1986.
169. El desarrollo sostenible como obligación estatal impone, en primer lugar, adaptar
los modelos de producción, explotación y consumo de forma tal que estén diseñados
para asegurar su continuidad en el tiempo, sin menoscabo de la calidad del ambiente
para las generaciones futuras. Por tanto, es importante recordar su íntima relación con
el principio de equidad intergeneracional. No supone una negación al desarrollo de los
Estados, sino que impone adoptar una perspectiva “verde” a partir de la armonización
entre necesidades presentes y proyecciones futuras.
170. Los Estados deben tener presente que el desarrollo sostenible impone la
consideración de tres áreas: ecológica, social y económica; las que deben promoverse
de forma integral y no aislada. Asimismo, habrán de tener en cuenta los grupos
especialmente vulnerables, entre los que se encuentran los niños, niñas, mujeres y
personas con discapacidad, pueblos indígenas, entre otros.
171. La consideración del ambiente como patrimonio común de la humanidad y su
vinculación con una norma de jus cogens, imponen a los Estados un deber de
colaboración o solidaridad internacional —derivado también de la Carta de la OEA— en
la formulación de políticas, investigación, control y promoción del ambiente. Es
necesario, además, conjugar esfuerzos entre particulares, empresas y Estados para
lograr una verdadera perspectiva de desarrollo sustentable.
172. Una de las dimensiones del principio de equidad intergeneracional refiere a su
vinculación con el ambiente. En este orden, supone el deber de las generaciones
presentes de administrar y gestionar el ambiente de forma tal de entregar a las
generaciones venideras un entorno al menos en las mismas condiciones en que nos
fuera entregado por las generaciones que nos precedieron. Se asemeja a la
administración de un fideicomiso cuyos beneficiarios son las próximas generaciones y
tiene su justificación en la tutela autónoma de los componentes del ambiente, así como
en un deber de solidaridad de la especie, como familia humana.
173. La equidad intergeneracional busca preservar, en última instancia, la libertad de
las generaciones futuras y puede sintetizarse como una cuestión de armonización entre
dos extremos: por un lado, el deber estatal de procurar el máximo bienestar a la
población; pero limitado o contrarrestado por el deber de no amenazar indebida o
desproporcionadamente el bienestar y la supervivencia de las próximas generaciones.
Así, cualquier medida que, aunque suponga beneficios actuales, ponga en riesgo la
integridad del ambiente en alguna de sus vertientes, debería ser calificada de insolidaria
y contraria a este principio.
174. La equidad intergeneracional en materia ambiental impone a los Estados tres
deberes concretos: conservación de opciones; conservación de calidad y conservación
de acceso. En estas consideraciones, es preciso, además, tener en cuenta el impacto
que la gestión actual del ambiente tiene también respecto de niñas y niños, como grupo
especialmente sensible a la degradación ambiental.
175. En la evaluación entre necesidades actuales y proyecciones futuras, los Estados
deben tener en cuenta, no solo los principios de precaución y prevención; sino también
la regla in dubio pro natura, como pauta hermenéutica dirigida a la autoridad
administrativa o judicial y que, ante casos de vacíos normativos o de dudas
interpretativas, impone optar por aquella solución más tuitiva del ambiente.
176. Dada la particularidad que supone la tutela de las generaciones futuras, los
Estados deben asegurar legitimación en procesos judiciales y reclamos por la tutela
ambiental, sea a organizaciones o personas defensoras de derechos humanos,
generaciones presentes o al ombudsperson o instituciones semejantes.
177. En suma, el caso Habitantes de La Oroya se inserta en una decisión más en la era
jurisprudencial de la justiciabilidad directa de los DESCA ante el Tribunal Interamericano
—en un momento de especial preocupación global por el futuro de la humanidad—, lo que
seguramente se verá complementado por la Corte IDH en la reciente solicitud de Opinión
Consultiva presentada por Colombia y Chile, sobre Emergencia Climática y Derechos
Humanos, en el Sistema Interamericano.
VOTO PARCIALMENTE DISIDENTE DEL JUEZ HUMBERTO SIERRA PORTO Y DE LA
JUEZA PATRICIA PÉREZ GOLDBERG
6. Por cierto que estamos de acuerdo en que el derecho al medio ambiente sano
es un derecho en sí mismo y debe ser protegido. Dicha tutela debe serle brindada
tanto en el nivel de las jurisdicciones nacionales (por medio de los mecanismos
previstos en los respectivos ordenamientos jurídicos internos), como en el ámbito de
la jurisdicción internacional que posee esta Corte (mediante la interpretación conexa
de tal derecho con los establecidos explícitamente en la Convención, como el derecho
a la vida, a la integridad personal y a la dignidad humana).
7. Sin embargo, de la circunstancia de que este derecho exista y sea merecedor
de protección, no se sigue que se trate de un derecho cuya justiciabilidad se
desprenda de lo establecido en el artículo 26 de la Convención Americana.
9. Disentimos también de esta decisión, en cuanto a que la sana doctrina en
materia de interpretación del Tratado (integrado tanto por la Convención Americana
como por su Protocolo Adicional), exige valorar las afectaciones al derecho a la salud
en conexión con los derechos a la vida o integridad personal que hayan sufrido
detrimento producto de una acción u omisión del Estado en el caso concreto.
10. Abona nuestra conclusión el examen que se hace en la sentencia, respecto a la
vulneración del derecho a la integridad personal de las víctimas.
11. Los dos párrafos que se dedican al derecho a la integridad personal rezan del
siguiente modo:
138. En cuanto el derecho a la integridad personal, la Corte reitera que la violación del
derecho a la integridad física y psíquica de las personas tiene diversas connotaciones de
grado y que abarca desde la tortura hasta otro tipo de vejámenes o tratos crueles,
inhumanos o degradantes, cuyas secuelas físicas y psíquicas varían de intensidad según
factores endógenos y exógenos (duración de los tratos, edad, sexo, salud, contexto,
vulnerabilidad, entre otros) que deberán ser analizados en cada situación concreta.
139. Ahora bien, la Corte ha señalado que, si bien cada uno de los derechos contenidos en
la Convención tiene su ámbito, sentido y alcance propios, existe una estrecha relación entre
el derecho a la vida y el derecho a la integridad personal. En este sentido, existen ocasiones
en que la falta de acceso a las condiciones que garantizan una vida digna también
constituye una violación al derecho a la integridad personal, por ejemplo, en casos
vinculados con la salud humana. Asimismo, la Corte ha reconocido que determinados
proyectos o intervenciones en el medio ambiente pueden representar un riesgo a la vida y a
la integridad personal de las personas.
12. Si se observa la cuestión planteada con atención, es posible constatar que no
se explica de qué modo las afectaciones a la salud son vulneraciones distintas y
separadas de las afectaciones a la integridad personal de las víctimas. Ello ocurre
precisamente porque no se hace lo debido, esto es, valorar las afectaciones del
derecho a la salud en conexión y en el marco del análisis del derecho a la integridad
personal. Esta forma de proceder, según se ha explicado, además de incorrecta,
perjudica la interpretación del derecho a la integridad personal, el que, como
resultado de esta práctica, resulta irremediablemente despojado de contenido.
14. Analizar el presente caso, por conexidad entre los derechos a un recurso judicial
efectivo y los derechos a la salud y al medio ambiente, habría ofrecido vías
argumentativas adicionales a las ya mencionadas. Habría permitido vincular la
protección constitucional a los derechos al medio ambiente y la salud, y la protección
internacional, sin que esto conllevara un exceso en el ejercicio de las competencias
de la Corte. Esto es así porque el artículo 25 de la Convención reconoce el derecho
de las personas a un recurso que las ampare contra actos que violen sus derechos
fundamentales reconocidos por la Constitución y las leyes o la Convención. El derecho
a la salud y al medio ambiente sano son derechos protegidos por la Constitución
peruana, y la Corte pudo haber analizado las consecuencias para los derechos en
juego que resultaron del incumplimiento de la sentencia del TC.
REPARACIONES
321. La reparación del daño ocasionado por la infracción de una obligación internacional
requiere, siempre que sea posible, la plena restitución (restitutio in integrum), que
consiste en el restablecimiento de la situación anterior. De no ser esto factible, como
ocurre en la mayoría de los casos de violaciones a derechos humanos, el Tribunal
determinará medidas para garantizar los derechos conculcados y reparar las
consecuencias que las infracciones produjeron547. Por tanto, la Corte ha considerado la
necesidad de otorgar diversas medidas de reparación a fin de resarcir los daños de
manera integral, por lo que, además de las compensaciones pecuniarias, las medidas de
restitución, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición tienen especial
relevancia por los daños ocasionados548
.
322. Asimismo, la jurisprudencia reiterada de este Tribunal ha señalado que las
reparaciones deben tener un nexo causal con los hechos del caso, las violaciones
declaradas, los daños acreditados, así como las medidas solicitadas para reparar los
daños respectivos.
B. Obligación de investigar los hechos e identificar, juzgar y, en su caso,
sancionar a los responsables
325. La Comisión y los representantes solicitaron realizar investigaciones penales,
administrativas, civiles o de otra naturaleza, según corresponda, respecto de los actos
de amenazas y hostigamientos a las víctimas de dichos hechos. Asimismo, solicitaron
deducir las responsabilidades de funcionarios o terceros respecto a la contaminación
ambiental en La Oroya que afectó la salud de las víctimas. Aunado a lo anterior, la
Comisión recomendó al Estado “agotar mecanismos dirigidos a deducir eventuales
responsabilidades de la empresa respectiva en relación con la contaminación ambiental
en La Oroya”.
326. Respecto de las investigaciones relacionadas con los actos de amenazas y
hostigamientos, el Estado señaló que, al margen de que “no se haya verificado actos
de hostigamiento en perjuicio de las presuntas víctimas”, ya ha coordinado con distintas
entidades estatales para identificar cualquier aspecto que pueda afectar la tranquilidad
de las presuntas víctimas. Asimismo, señaló que, de acuerdo con la Policía Nacional del
Perú, no se encuentran denuncias policiales contra la empresa Doe Run, desde el año
2006 a la fecha. Finalmente indicó que mediante la nota No 032-2021-JUS/PGE-PPES de
fecha 14 de mayo de 2021 solicitó a los representantes de los beneficiarios de las
medidas cautelares una reunión de coordinación, sin recibir respuesta a dicha solicitud.
327. La Corte recuerda que el Estado incumplió con su deber de investigar los actos de
hostigamiento hacia las personas defensoras del ambiente y/o con la salud en La Oroya
formuladas por los representantes
En ese sentido, ante la ausencia de investigación de los actos de hostigamiento
de los defensores del medio ambiente antes mencionados, y teniendo en cuenta las
conclusiones del Capítulo VIII de esta Sentencia en cuanto a las violaciones declaradas,
la Corte dispone, conforme a su jurisprudencia551
, que el Estado deberá, en un plazo
razonable, promover y continuar las investigaciones que sean necesarias para
determinar, juzgar y, en su caso, establecer las responsabilidades, según corresponda,
respecto de los hechos denunciados por las víctimas del presente caso.
328. En lo que respecta a las investigaciones relacionadas con la contaminación
ambiental en La Oroya, el Estado alegó que ha conducido diligencias orientadas a
investigar y sancionar faltas administrativas y delitos vinculados con la contaminación
ambiental y señaló diversas medidas encaminadas a dichas investigaciones. Al respecto,
la Corte constata que, de acuerdo con lo informado por el Estado, la Coordinación de
Fiscalías Especializadas en Materia Ambiental552, y la Dirección de Investigación y
Criminal de la Dirección de Medio Ambiente de la Policía Nacional del Perú553 han
adelantado procesos administrativos y penales en relación con la contaminación en La
Oroya que han sido archivados o no han resultado en una atribución directa de
responsabilidad. Visto lo anterior, la Corte considera que el Estado deberá, en un plazo
razonable, iniciar, promover y continuar las investigaciones que sean necesarias para
determinar, juzgar y, en su caso, establecer las responsabilidades de funcionarios o
terceros, según corresponda, respecto de la contaminación ambiental producida en La
Oroya.
-Medidas de restitucion:
329. La Comisión solicitó disponer de medidas de remediación del daño ambiental, que
cuenten con la participación de las víctimas y que tengan como eje central los contenidos
del derecho al medio ambiente y la salud. En particular, solicitó la realización de un
estudio que establezca acciones que deben instrumentarse en el corto y largo plazo para
remediar la contaminación ambiental de La Oroya y asegurar su implementación
efectiva.
330. Los representantes solicitaron ordenar al Estado la realización de un diagnóstico
de línea base y un plan de remediación ambiental, dirigido a la evaluación de los daños y la
adopción de medidas dirigidas a remediarlos. De manera
concreta, solicitaron que el Estado deberá realizar, en un período máximo de un año, un
diagnóstico integral de línea base para determinar el estado actual de contaminación en
La Oroya. Señalaron que dicho diagnóstico deberá incluir el análisis integral y conjunto
respecto de la contaminación del aire, del agua y de los suelos. Además, indicaron que
dicho diagnóstico deberá servir para diseñar y poner en marcha un plan para adelantar
las acciones requeridas para atender la situación. En ese mismo sentido, solicitaron que
el diagnóstico presente un mapeo de las fuentes y niveles de contaminación, para que,
a partir de ello, el Estado defina medidas en el tiempo que permitan mitigar todas las
fuentes de contaminación y remediar las zonas afectadas.
331. El Estado señaló que ya existe una empresa estatal encargada de conducir la
ejecución de los PAMA denominada “Activos Mineros S.A.C.”. El Estado explicó que, en
el caso de La Oroya, esta empresa ejecuta el proyecto de remediación llamado
“Remediación de las Áreas de Suelos Afectados por las Emisiones del Complejo
Metalúrgico La Oroya (CMLO)”.
332. La Corte recuerda que en el presente caso se determinó la responsabilidad
internacional del Estado con motivo del incumplimiento del deber de prevención. La
responsabilidad internacional fue el resultado de la afectación al medio ambiente por
parte del Estado cuando Centromin operó el CMLO, ante la ausencia de medidas
adecuadas de fiscalización por parte del Estado de las actividades de la empresa privada
Doe Run, y por la adopción de medidas regresivas respecto de la protección del medio
ambiente. Estos incumplimientos constituyeron una violación del deber de prevenir
daños ambientales, los cuales fueron producidos por la exposición durante años a
contaminantes que se encontraban en el aire, el agua y el suelo y que constituían un
riesgo para la salud. Según la información que obra en el expediente, y que ha sido
recogida en esta Sentencia, el aire, los suelos y el agua de La Oroya siguen teniendo la
presencia de los contaminantes emitidos por la actividad del CMLO. En razón de ello, la
Corte considera que corresponde al Estado adoptar medidas de restitución respecto del
medio ambiente.
333. De esta forma, la Corte dispone que el Estado realice un diagnóstico de línea base
para determinar el estado de la contaminación en el aire, suelo y agua en La Oroya, el
cual deberá incluir un plan de acción para remediar los daños ambientales. El Estado
deberá definir acciones a corto, mediano y largo plazo requeridas para la remediación
de las áreas contaminadas, y comenzar a ejecutar dicho plan en un plazo no mayor de
18 meses desde la notificación de la presente Sentencia. El plan de acción deberá realizar
un diagnóstico de las fuentes y niveles de contaminación y de los focos de contaminación
en La Oroya para delimitar las áreas que tengan necesidad de remediación prioritaria
atendiendo al riesgo que éstas conlleven para el medio ambiente y la salud, y realizar
las acciones de descontaminación necesarias del aire, suelos y agua. La
descontaminación deberá incluir las casas de las víctimas.
334. Las acciones de remediación deberán tomar en cuenta la información científica
actualizada en materia de reparación de daños al medio ambiente provocado por metales
pesados, y deberá tomar en cuenta otros planes y programas previamente desarrollados
para la remediación de daños ambientales en La Oroya. Asimismo, el Estado deberá
implementar mecanismos de participación eficaces que permitan a las víctimas tomar
conocimiento del plan de acción, emitir observaciones y que éstas sean consideradas
antes, durante y después de su puesta en marcha. El Estado deberá informar a esta
Corte en forma inmediata una vez que haya concluido con el diagnóstico de línea base
y la elaboración del plan de acción. Lo anterior, de forma independiente del plazo de un
año para presentar su primer informe dispuesto en el Punto Resolutivo 25 de esta
Sentencia.
-Medidas de rehabilitacion:
335. La Comisión solicitó que se ordene disponer las medidas de atención en salud
física y mental de carácter integral, necesarias para la rehabilitación de las víctimas del
presente caso, de ser su voluntad y de manera concertada, las cuales deben brindarse
de manera gratuita, accesible y especializada, tomando en cuenta la localidad en la que
se encuentra cada víctima.
336. Los representantes solicitaron que se brinde atención integral en salud a las
víctimas. En particular, solicitaron la realización de un diagnóstico médico especializado
eintegral a las víctimas por parte de un equipo multidisciplinario de especialistas que
incluya estudios biológicos, radiológicos y psicológicos, la evaluación individual de las
víctimas así como la evaluación conjunta del grupo familiar y demás personas que
compartan sus condiciones ambientales para determinar el nivel de riesgo.
337. El Estado indicó que ha desplegado diversas acciones para la atención en salud de
las presuntas víctimas. Dentro de ellas, destacó que: a) desarrolló un “Plan de Acción
de Salud para los Beneficiarios de la Medida Cautelar Nro. 271-05-Caso La Oroya y su
ampliación 2019-2022”, el cual ha venido siendo ejecutado; b) las presuntas víctimas
son afiliadas directas del Seguro Integral de Salud (SIS) Gratuito o el Seguro Social de
Salud (EsSalud), y c) el Estado cuenta con instrumentos técnicos específicos para la
atención en salud de la intoxicación por mercurio, y el abordaje integral a la población
expuesta a metales pesados, metaloides y otras sustancias químicas.
338. La Corte dispone la obligación, a cargo del Estado, de brindar gratuitamente, y
por el tiempo que sea necesario, a través de instituciones de salud públicas
especializadas, o personal de salud especializado, y de forma inmediata, oportuna,
adecuada y efectiva, el tratamiento médico, psicológico y psiquiátrico, en caso de ser
requerido, de las víctimas de violaciones al derecho a la salud, integridad personal o vida
digna, tomando en cuenta la localidad en la que estas se encuentran, y dando prioridad
a las personas que sean niños, niñas o adultos mayores, al momento de la emisión de
la presente Sentencia. El tratamiento deberá incluir, al menos, lo siguiente: a) un
diagnóstico médico actualizado de cada víctima, que deberá contemplar los estudios
especializados que sean requeridos, como evaluaciones neurológicas, psicométricas,
radiológicas, y estudios complementarios de sangre y orina; b) el suministro gratuito y
de por vida de los medicamentos o intervenciones médicas que eventualmente se
requieran para el tratamiento de las dolencias o padecimientos diagnosticados, y c) los
gastos conexos de transporte relacionados con el desplazamiento de las víctimas que así
lo requieran, desde su lugar de residencia hasta el sitio donde recibirán tratamiento
médico. El Estado dispondrá de un plazo de seis meses, a partir de la notificación de la
presente Sentencia, para la elaboración de un protocolo para el cumplimiento de esta
medida. Asimismo, deberá informar sobre las atenciones médicas brindadas a las
víctimas dentro del plazo de un año de acuerdo con lo dispuesto en el Punto Resolutivo
14 de esta Sentencia.
-Medidas de satisfaccion:
339. Los representantes solicitaron, como medidas de satisfacción: a) la publicación
de la sentencia y su resumen oficial en páginas web de distintas instituciones públicas y
el Diario Oficial; b) la preparación de una versión de la sentencia de fácil entendimiento
para niños, niñas y adolescentes a ser difundida “en medios escritos, radiales y virtuales
a nivel nacional, regional y local de La Oroya, e incorporarlo en los textos de educación
pública nacional, incluyendo y en particular, en los usados en educación pública en la
zona de Yauli y La Oroya”, y c) la realización de un acto de reconocimiento de
responsabilidad internacional y pedido de disculpas públicas. El Estado manifestó su
disposición de realizar la publicación de la Sentencia en el Diario Oficial, y en el portal
de los Ministerios de Justicia y Derechos Humanos; no obstante recalcó que el resto de
las solicitudes de los representantes son “excesivas” y no constituyen “medidas de
satisfacción necesarias”. La Comisión solicitó reparar integralmente las violaciones de
derechos humanos evidenciadas en el presente caso.
340. La Corte estima, como lo ha dispuesto en otros casos554, que el Estado debe
publicar, en el plazo de seis meses, contado a partir de la notificación de la presente
Sentencia: a) el resumen oficial de la Sentencia elaborado por la Corte, por una sola
vez, en el Diario Oficial en un tamaño de letra legible y adecuado; b) el resumen oficial
de la presente Sentencia elaborado por la Corte, por una sola vez, en un medio de
comunicación de amplia circulación nacional en un tamaño de letra legible y adecuado,
c) la presente Sentencia en su integridad, disponible por un período de un año, en las
páginas web del Ministerio de Minas y Energía, el Ministerio de Salud y el Ministerio de
Medio Ambiente, de manera accesible al público y desde la página de inicio del sitio web;
d) una cartilla informativa o infografía de la Sentencia con lenguaje accesible para niños,
niñas y adolescentes en las redes sociales de dos instituciones públicas dedicadas a la
promoción y protección de la niñez y adolescencia que el Estado designe para tales fines,
y e) dar difusión a la Sentencia en las cuentas de redes sociales oficiales del Ministerio
de Minas y Energía, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Medio Ambiente. Las
publicaciones deberán indicar que la Corte Interamericana ha emitido una Sentencia en
el presente caso declarando la responsabilidad internacional del Estado, así como el
enlace por medio del cual se puede acceder de manera directa al texto completo de la
misma. Esta publicación deberá realizarse por al menos cinco veces por parte de cada
institución, en un horario hábil, así como permanecer publicada en sus perfiles de las
redes sociales. El Estado deberá informar de forma inmediata a este Tribunal una vez
que proceda a realizar cada una de las publicaciones dispuestas, independientemente
del plazo de un año para presentar su primer informe dispuesto en el Punto Resolutivo
25 de la presente Sentencia.
341. Asimismo, se ordena al Estado la realización de un acto público de reconocimiento
de responsabilidad internacional en relación con los hechos del presente caso, que En dicho
acto, el Estado deberá hacer referencia a las violaciones
de los derechos humanos declaradas en esta Sentencia, así como a las medidas de
reparación dirigidas a resarcir los daños ambientales y a la salud provocados. El referido
acto deberá llevarse a cabo mediante una ceremonia pública presidida por altas
autoridades del Estado. Asimismo, debe contar con la presencia de las víctimas
declaradas en este Fallo y sus representantes, si así lo desean. Para tal efecto, el Estado
deberá sufragar los gastos en que puedan incurrir. La determinación de la fecha, el lugar
y las modalidades del acto, así como el contenido del mensaje que se verbalice durante
el mismo, deberán ser acordados previamente con la víctima y/o sus representantes. Dicho
acto deberá ser difundido a través de medios de comunicación y, para su
realización, el Estado cuenta con el plazo de un año contado a partir de la notificación
de la presente Sentencia.
-Garantias de no repeticion:
342. La Comisión recomendó al Estado la adopción de las siguientes medidas para
evitar la repetición de los hechos del caso: (e) asegurar que el sistema de salud para los
pobladores en La Oroya cuente con programas y servicios especializados, capacitar a
autoridades judiciales y administrativas en materia de derecho ambiental, entre otras)
343. Los representantes solicitaron que se ordenen las siguientes garantías de no
repetición:
a) actualizar los valores nacionales de referencia para plomo, arsénico, cadmio y
otros metales tóxicos conforme a los estándares actuales de la OMS, así como los
Estándares de Calidad Ambiental y los Límites Máximos Permisibles relacionados
con dichos elementos, para adoptar medidas “acordes a la realidad nacional”;
b) desarrollar e implementar protocolos de atención médica para personas
afectadas con metales tóxicos con perspectiva diferencial que incluyan la atención
de salud de calidad para niñas, niños, mujeres y adultos mayores;
c) desarrollar una política pública nacional para mejorar la calidad de aire en zonas
industriales del país que incluya el desarrollo de un sistema de monitoreo de calidad
de aire que permita realizar vigilancia y control de la contaminación ambiental;
e) generar un sistema de información y datos de manera accesible y oportuna al
público, con fines de informar adecuadamente y educar al público sobre los riesgos
que supone para la salud la mala calidad del aire; y
f) ordenar al Estado revisar y complementar los planes actuales en relación con los
procesos, planes y programas relacionados con la liquidación y/o cierre del CMLO
para considerar el posible impacto de estas actividades en los derechos humanos
de la población de La Oroya. En caso de que las actividades del Complejo fueran
reanudadas, solicitaron que se ordene al Estado supervisar y fiscalizar de forma
integral y eficaz las actividades de éste.
344. El Estado alegó lo siguiente respecto de las garantías de no repetición solicitadas
por la Comisión y los representantes:
a) que la empresa estatal Activos Mineros S.A.C conduce la ejecución de los
Programas de Adecuación y Manejo Ambiental, y cuenta con el proyecto
“Remediación de las Áreas de Suelos Afectados por las Emisiones del Complejo
Metalúrgico La Oroya”, implementado por la Consultora Ground Water
International mediante un estudio multidisciplinario. Asimismo, informó que, a
través de la Comisión Multisectorial Temporal para el Abordaje integral e Integrado
a favor de la Población Expuesta a Metales Pesados, viene elaborando un plan que
incluirá “estrategias de prevención, remediación, mitigación y control de la
exposición a metales pesados, teniendo como ejes estratégicos los aspectos
ambientales y de salud”;
b) que mediante el Decreto Supremo No [Link] de 22 de julio de 2021
se aprobó un Plan de Estándares de Calidad Ambiental (ECA) y Límites Máximos
Permisibles (LMP) para el 2021-2023, en el cual se incorporan los estándares
345. La Corte toma nota de las medidas legislativas y de política pública las cuales el
Estado informó haber realizado en materia de protección del medio ambiente556, atención
a la salud557, y acceso a la información y participación política558. Sin perjuicio de ello, la
Corte advierte la ausencia de material probatorio que le permita determinar cómo dichas
medidas permiten evitar la repetición de hechos como los ocurridos en el presente caso.
En ese sentido, ante la imposibilidad de verificar el alcance o impacto de dichas acciones
del Estado, y tomando en consideración las violaciones ocurridas en el presente caso, y
las obligaciones establecidas en el presente Fallo, el Tribunal considera pertinente
ordenar tanto medidas de reparación como garantías de no repetición. Lo anterior no
impide que el Estado, en la supervisión de cumplimiento de sentencia, demuestre que
las acciones que ya han sido adoptadas contribuyen al cumplimiento de las medidas que
a continuación se señalan.
346. Primero, la Corte considera que el Estado debe compatibilizar la normativa que
define los estándares de calidad del aire, de forma tal que los valores máximos
permisibles en el aire para plomo, dióxido de azufre, cadmio, arsénico, material
particulado y mercurio no sobrepasen los máximos necesarios para la protección del
medio ambiente y salud de las personas. En la determinación de dichos valores el Estado
deberá tomar en cuenta los criterios más recientes establecidos por la Organización
Mundial de la Salud, y la información científica disponible. En el cumplimiento de esta
medida, el Estado deberá actuar conforme a su obligación de no regresividad del derecho
347. Segundo, el Estado deberá garantizar la efectividad del sistema de estados de
alerta en La Oroya.
348. Tercero, el Estado deberá garantizar de forma inmediata que los habitantes de La
Oroya que sufran síntomas y enfermedades relacionadas con la exposición a
contaminantes producto de la actividad minero-metalúrgica cuenten con una atención
médica especializada a través de instituciones públicas, con acceso a personal de salud
que incluya el tratamiento médico, psicológico y psiquiátrico requerido.
349. En relación con lo anterior, la Corte estima apropiado ordenar la creación de un
Fondo de Asistencia para sufragar los costos derivados del traslado, hospedaje y
alimentación de las personas que requieran trasladarse fuera de la ciudad de La Oroya
para recibir tratamiento médico. El Estado deberá adoptar todas las medidas
administrativas, legislativas, financieras, de recursos humanos y de cualquier otra índole
necesarias para la constitución oportuna de este Fondo, de modo que el dinero asignado
al mismo pueda invertirse en forma efectiva.
350. Cuarto, el Estado deberá adoptar y ejecutar medidas para garantizar que las
operaciones del CMLO se realicen conforme a los estándares ambientales
internacionales, previniendo y mitigando daños al ambiente y a la salud de los habitantes
de La Oroya.
353. Quinto, el Tribunal estima necesario que el Estado diseñe e implemente un
programa de capacitación permanente en materia ambiental para funcionarios judiciales
y administrativos, que laboren en el Poder Judicial y en las entidades con competencias
en el sector de la gran y mediana minería en el Perú, con énfasis en poblaciones de áreas
de influencia directa e indirecta de proyectos extractivos vigentes.
354. Sexto, el Estado deberá diseñar e implementar un sistema de información que
contenga datos sobre la calidad del aire y agua en las zonas del Perú donde exista mayor
actividad minero-metalúrgica.
Pagina 132 otras medidas solicitadas
-Indemnizaciones compensatorias
Por daño materias…
361. La Comisión solicitó que se repararan integralmente las violaciones de derechos
humanos declaradas en el Informe de Fondo, incluyendo las medidas de compensación
y satisfacción necesarias respecto del daño material e inmaterial que padecieron las
presuntas víctimas.
362. En relación con el daño emergente, los representantes indicaron que las
presuntas víctimas han asumido una serie de gastos relacionados con: a) los exámenes
y tratamientos médicos particulares ante los impactos derivados de la contaminación;
b) los traslados de sitio de habitación provocados por las afectaciones en salud y el
contexto de hostigamiento, y c) el acceso a la justicia.
365. Por su parte, el Estado argumentó que no se apreciaba sustento probatorio alguno
que justificara la cuantía reclamada por los representantes. Respecto a la suma estimada
por concepto de daño emergente en los casos de María 13 y Juan 5, el Estado arguyó
que los representantes “no han presentado pruebas de los gastos incurridos y/o alguna
justificación para no presentarlos”, por lo que concluyeron que no sería procedente fijar
un monto sobre este concepto. En lo que refiere a la suma calculada en relación con
María 14, por lucro cesante, el Estado indicó que esta “no realizaba actividad comercial
alguna”, y que los representantes no aportaron “elementos probatorios que demostraran
los estudios de bachillerato que señal[aron]” los representantes. En cuanto a la suma
estimada en relación con Juan 5 por concepto de lucro cesante, argumentaron que los
representantes “tampoco adjuntaron sustento probatorio alguno”.
366. La Corte ha desarrollado en su jurisprudencia que el daño material supone la pérdida o
detrimento de los ingresos de las víctimas, los gastos efectuados con motivo
de los hechos y las consecuencias de carácter pecuniario que tengan un nexo causal con
los hechos del caso
.
367. En el presente caso, la Corte observa que, a falta de respaldo probatorio, no puede
cuantificar con precisión los montos que las víctimas habrían erogado con motivo de los
hechos, o bien los ingresos dejados de percibir. No obstante, este Tribunal considera
que, con base en las violaciones declaradas, resulta razonable concluir que las víctimas
han incurrido en diversos gastos y pérdida de ingresos vinculados con el tratamiento
médico y cuidados producto de las afectaciones a su salud así como con los
desplazamientos derivados de la situación de hostigamiento y acoso561.
H.2. Daño inmaterial
H.2.1. Alegatos de la Comisión de las partes
370. La Comisión solicitó que se repararan integralmente las violaciones de derechos
humanos declaradas en el Informe de Fondo, incluyendo las medidas de compensación
y satisfacción necesarias respecto del daño material e inmaterial que padecieron las
presuntas víctimas.
371. En relación con el daño inmaterial, los representantes argumentaron que las
presuntas víctimas del presente caso han sufrido de daños morales derivados de los
“sufrimientos y aflicciones ocasionados por vivir en una de las ciudades más
contaminadas del mundo”, así como de la “búsqueda de justicia y la situación de
hostigamiento y señalamientos que han enfrentado [las] personas defensoras por
proteger sus derechos”. Además, los representantes señalaron que las violaciones
alegadas en el presente caso habrían provocado un daño al proyecto de vida de las
presuntas víctimas. Asimismo, los representantes señalaron que el Estado debe
indemnizar los daños inmateriales ocasionados por el derecho a la vida de María 14 y
Juan 5.
372. Por su parte, el Estado señaló que los representantes no habrían aportado
elementos probatorios que sustenten la suma reclamada. En vista de lo anterior
consideraron que la Corte “no debe fijar un monto por este concepto”.
373. La Corte ha establecido en su jurisprudencia que el daño inmaterial “puede
comprender tanto los sufrimientos y las aflicciones causados por la violación como el
menoscabo de valores muy significativos para las personas y cualquier alteración, de
carácter no pecuniario, en las condiciones de existencia de las víctimas”. Por otra parte,
dado que no es posible asignar al daño inmaterial un equivalente monetario preciso, sólo
puede ser objeto de compensación, para los fines de la reparación integral a la víctima,
mediante el pago de una cantidad de dinero o la entrega de bienes o servicios apreciables
en dinero, que el Tribunal determine en aplicación razonable del arbitrio judicial y en
términos de equidad562
375. En el presente caso, la Corte estima que es razonable considerar que las violaciones
declaradas a la salud, la vida digna e integridad personal alteraron su proyecto de vida.
En particular, la Corte considera que el análisis de las violaciones a los derechos humanos
permite concluir que la contaminación ambiental produjo afectaciones a las víctimas que
tuvieron un impacto en distintos ámbitos de sus vidas, los cuales implicaron no haber
podido realizar un proyecto de vida en circunstancias normales. La afectación en ese
sentido impactó el desarrollo personal, familiar y profesional de las víctimas, lo que
amerita una calificación diferenciada al daño producido exclusivamente por los
sufrimientos que pudieron ser producidos por las violaciones a la integridad personal y
la salud.
376. Por ello, considerando circunstancias del presente caso, las violaciones cometidas
en los términos señalados en la presente Sentencia, los sufrimientos ocasionados y
experimentados en diferentes grados, las afectaciones al proyecto de vida, y el tiempo
transcurrido, la Corte estima fijar, en equidad, la suma de USD $15.000,00 (quince mil
dólares de los Estados Unidos de América), por concepto de daño inmaterial, para cada
una de las víctimas directas señaladas en el Anexo 2 de la presente Sentencia, con
excepción de aquellas que eran niños o niñas, mujeres o personas mayores durante el
tiempo en que produjeron las violaciones declaradas en la presente Sentencia, y los
casos de María 13 y Juan 5.
K. Modalidad de cumplimiento de los pagos ordenados
387. El Estado deberá efectuar el pago de la indemnización por concepto de daño
material, inmaterial, y el reintegro de costas y gastos establecidos en la presente Sentencia
directamente a las personas indicadas en la misma, dentro del plazo de un
año contado a partir de la notificación de la presente Sentencia, sin perjuicio de que
pueda adelantar el pago completo en un plazo menor, en los términos de los siguientes
párrafos.