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Memòria

El trabajo final de grado explora el concepto de muertes no biológicas, específicamente la muerte social y psicológica, y su impacto en la salud mental y social de los individuos. A través de entrevistas a profesionales de la salud, se identifican percepciones, experiencias y factores desencadenantes asociados a estas muertes, así como la necesidad de un cuidado basado en la dignidad. Los hallazgos indican que, aunque el concepto es poco conocido, es un problema real que requiere atención en el contexto actual.
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Memòria

El trabajo final de grado explora el concepto de muertes no biológicas, específicamente la muerte social y psicológica, y su impacto en la salud mental y social de los individuos. A través de entrevistas a profesionales de la salud, se identifican percepciones, experiencias y factores desencadenantes asociados a estas muertes, así como la necesidad de un cuidado basado en la dignidad. Los hallazgos indican que, aunque el concepto es poco conocido, es un problema real que requiere atención en el contexto actual.
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Estefanía Soto Pérez

Patricia Nieto Ayuso

LA MUERTE NO BIOLÓGICA: APRECIACIONES,


EXPERIENCIAS Y FACTORES
DESENCADENANTES PERCIBIDOS POR
PROFESIONALES DE LA SALUD.
MUERTE SOCIAL Y MUERTE PSICOLÓGICA

Trabajo final de grado

Dirigido por: Dra. María Jesús Aguarón García

Enfermería

Facultad de Enfermería

Tarragona, 2020/2021
Índice

1 INTRODUCCIÓN ................................................................................................... 8
2 OBJETIVOS ........................................................................................................ 10
2.1 Objetivo general. .......................................................................................... 10
2.2 Objetivos específicos. ................................................................................... 10
3 MARCO TEÓRICO .............................................................................................. 10
3.1 La muerte: Diferencia entre muerte y proceso de morir. ............................... 10
3.2 Conceptualizar la muerte no biológica. ......................................................... 12
3.3 Tipología de muertes no biológicas. ............................................................. 13
3.3.1 La muerte social. ................................................................................... 13
3.3.2 La muerte psicológica o psicógena. ....................................................... 15
3.4 Contextos generadores de riesgo para sufrir muertes no biológicas. ............ 18
3.4.1 Institucionalización prolongada o permanente. ...................................... 18
3.4.2 La soledad y el adulto mayor. ................................................................ 20
3.4.3 Aislamiento y exclusión social. .............................................................. 21
3.4.4 Estigma social. ...................................................................................... 22
3.4.5 Sucesos traumáticos insuperables. ....................................................... 22
3.4.6 Niveles socioeconómicos precarios y sinhogarismo. ............................. 23
3.4.7 Duelos patológicos. ............................................................................... 23
3.5 Teoría de la incertidumbre ante la enfermedad, por Merle Mishel. ................ 24
3.6 Modelos de cuidado en enfermería. .............................................................. 25
3.6.1 Modelos de atención centrados en la persona. ...................................... 25
3.6.2 Gerotranscendencia. ............................................................................. 26
3.6.3 Cuidados centrados en la dignidad. ....................................................... 26
4 METODOLOGÍA .................................................................................................. 27
4.1 Trabajo de campo. ........................................................................................ 28
4.1.1 Obtención de la muestra. ....................................................................... 28
4.1.2 La entrevista como método de investigación. ........................................ 28
4.2 Aspectos éticos. ........................................................................................... 29
4.3 Análisis de los datos. .................................................................................... 29
5 RESULTADOS Y DISCUSIÓN ............................................................................ 30
5.1 La muerte no biológica. ................................................................................ 31
5.1.1 Percepciones. ........................................................................................ 31
5.1.2 Experiencias. ......................................................................................... 33
5.2 Factores desencadenantes de MNB. ............................................................ 36
5.2.1 Enfermedades mentales. ....................................................................... 37

2
5.2.2 Aislamiento social. ................................................................................. 41
5.2.3 Falta o ausencia de resiliencia. .............................................................. 44
5.3 Consecuencias de la muerte no biológica. .................................................... 47
5.3.1 Depresión. ............................................................................................. 48
5.3.2 Suicidio. ................................................................................................. 48
5.3.3 Visibilizar lo invisible. ............................................................................. 49
5.4 Cuidado profesional. ..................................................................................... 52
5.4.1 Rutinización en el quehacer enfermero.................................................. 52
5.4.2 Formación de los profesionales. ............................................................ 54
5.4.3 Percepción del cuidar en dignidad al otro. ............................................. 56
6 CONCLUSIONES ................................................................................................ 60
7 LIMITACIONES Y DIFICULTADES...................................................................... 61
8 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ..................................................................... 62
9 ANEXOS.............................................................................................................. 71
9.1 Anexo 1: Consentimiento informado. ............................................................ 71
9.2 Anexo 2: Preguntas de la entrevista ............................................................. 74

3
AGRADECIMIENTOS

En primer lugar, agradecer a nuestra queridísima Chus por haber sido una gran tutora y
referente, por su dedicación y paciencia al guiarnos y acompañarnos durante todo el
proceso de elaboración del trabajo final de grado. Gracias por el apoyo recibido, por la
comprensión y el cariño con el que haces las cosas.

En segundo lugar, reconocer la gran labor de nuestros informantes, por sus grandiosas
aportaciones y por abrirse de la manera más especial e íntima en las entrevistas.
Gracias por la generosidad de compartir vuestros conocimientos.

Por otro lado, dar las gracias a nuestros queridos familiares y amigos que han estado al
pie del cañón durante todo el camino universitario y, por supuesto, reconocer su
contribución y ayuda en la elaboración de este trabajo, culmen de nuestros estudios.

A todas y cada una de las personas que nos han apoyado, impulsado y animado, gracias
de todo corazón.

4
“(…) una parte de nuestra existencia radica en las almas de quienes están a
nuestro lado: por eso resulta inhumana la experiencia de quien ha vivido los
días en que el hombre era una cosa a los ojos del hombre”.

Primo Levi.

5
RESUMEN
Las muertes no biológicas, en concreto la muerte social y psicológica, son un tipo de
muertes que aparecen cuando un suceso suficientemente traumático daña una o varias
dimensiones humanas relacionadas con los contextos sociales y mentales. Este
deterioro dimensional desencadena diversos efectos colaterales pudiendo afectar a
otras áreas que conforman el holismo del ser humano. Así pues, la finalidad del presente
trabajo de final de grado es conocer las percepciones y experiencias de diferentes
profesionales del ámbito de la salud en relación a la muerte no biológica y sus posibles
factores de riesgo o desencadenantes. Asimismo, lo es el comprender y estudiar los
conceptos de muerte psicológica y social en profundidad. Para dar respuesta a los
objetivos planteados se ha empleado una metodología cualitativa, llevando a cabo
entrevistas individuales semiestructuradas realizadas a cuatro informantes
profesionales de la salud. Los resultados más relevantes extraídos del análisis de las
entrevistas mostraron que únicamente tres de los participantes conocían el concepto
teórico estudiado, pero pese a esto, todos ellos habían tenido alguna experiencia
relacionada con la muerte no biológica, sobre todo con la muerte social. Coincidieron
también en que hay desencadenantes que motivan y generan estos tipos de muerte,
pudiendo abordar mejor la situación si se siguen las premisas de un cuidado en
dignidad. Pese a ser una entidad que existe y confluye en la sombra, es un problema
real que sucede con frecuencia en el contexto actual.

Palabras clave: Muerte social, muerte psicológica/psicógena, factores de riesgo,


resiliencia, dignidad en el cuidar.

ABSTRACT

Non-biological death like social death and psychological death, are a type of deaths
which appear when a traumatic event hurts some humans dimensions related to social
and mental contexts. This dimentional deterioration triggers some collateral effects that
can affect other areas that define the human’s holism. So, the aim of this final degree
project is to know the perceptions and experiences of different healthcare professionals
in relation to non-biological death and its possible risk factors or triggering. Likewise,
another objective is to understand and study the concepts of psychological and social
death in depth. To respond to the objectives set, a qualitative methodology has been
used carrying out semi-structured individual interviews with four health professional
informants. The most relevant results obtained from the analysis of the interviews shown
that only three of the participants knew the teorical concept studied, but all of them han
had some experience related to non-biological death, especially to social death. Also,

6
they agreed on the existence of triggers, which motivate or generate this types of deaths,
better addressing the situation if the premises of a dignified care are followed. Despite
being an entity that exists and converges in the shadow, it is a real problem that
frequently occurs in the current context.

Key word: Social death, psychological death, risk factors, resilience, dignity in caring.

7
1 INTRODUCCIÓN
¿Se puede padecer un tipo de muerte aunque físicamente se siga vivo? El ser humano,
valorado desde una perspectiva holística e integral, es considerado un supersistema
integrado por diferentes campos que conforman las diversas áreas de la existencia
humana (1). Cuando una o varias dimensiones pertenecientes al ámbito social,
emocional o psicológico se ven alteradas significativamente, pueden dar lugar al
concepto que se describe en este trabajo, haciendo uso de la nomenclatura de muertes
no biológicas (MNB), como la social y la psicológica.

Concretamente, la muerte social está propiciada por una modificación en la esfera que
referencia al ser humano en el contexto social, y la muerte psicológica o psicógena está
causada por una afectación en la parte emocional o mental del individuo (2)(3). Estas
entidades se caracterizan por llegar a producir una forma de muerte dimensional que
conlleva a la descoordinación del resto de esferas humanas, pudiendo desencadenar
procesos patológicos de diferente naturaleza como social, psicológica u orgánica,
llegando a coexistir a la vez en el mismo individuo (1).

La MNB está desencadenada por una serie de sucesos vitales, relevantes para la
persona, que provoca, entre otros resultados, una desconexión con el entorno, una
pérdida en las relaciones con sus iguales y una total falta de motivación para desarrollar
actividades propias y básicas de la existencia humana.

El propósito de este trabajo final de grado, en primer lugar, es conseguir un mejor


conocimiento acerca de la MNB y todo lo relacionado a ella, a través de las percepciones
y experiencias de los profesionales de la salud entrevistados con este objetivo. También
se pretende entender los factores de riesgo que desencadenan esta afección y así poder
estudiar sus consecuencias. Por último, exponer las premisas de un cuidado integral
basado en el respeto y la dignidad humana. No se reflejarán en este proyecto datos
estadísticos y numéricos relacionados con la MNB, ya que no se ha encontrado
información referente a este aspecto.

Este estudio, basado en una metodología cualitativa, se ha llevado a cabo mediante la


realización de cuatro entrevistas semiestructuradas mediante el uso de plataformas
online a diversos profesionales sanitarios de los campos de enfermería y antropología
médica y social respectivamente. Está dividido en los diferentes apartados que
conforman la normativa establecida para este tipo de estudio, pero cabe que se
destaquen dos grandes partes. La primera, recoge el marco conceptual y teórico del
elemento a estudiar, en este caso, tratar de conceptualizar los dos tipos de muerte no
biológica, la social y psicológica, los diferentes contextos generadores de riesgo y

8
teorías y modelos de cuidado en enfermería. Esta parte tiene como objetivo principal
facilitar la comprensión del texto a los lectores que se enfrenten por primera vez a estos
conceptos un tanto desconocidos. En la segunda parte, resultados y discusión, se
reúnen los hallazgos recopilados a lo largo del análisis e interpretación de las
entrevistas, siendo la base fundamental del estudio y, su posterior argumentación a
través de lo recogido en la revisión bibliográfica. Los resultados obtenidos se clasifican
en cuatro categorías diferentes que comprenden a su vez diversas subcategorías.

La primera categoría, “La muerte no biológica”, engloba las percepciones y experiencias


de los entrevistados acerca de estas formas de muerte. La segunda categoría, “Factores
desencadenantes de la MNB”, trata sobre los contextos de riesgo destacados por los
informantes, los cuales generan un riesgo elevado de sufrir una MNB. La tercera,
“Consecuencias de la MNB”, describe los infortunios y desenlaces que pueden llegar a
generarse propiciados por esta condición. Y la cuarta y última categoría, “El cuidado
profesional”, recoge diversas premisas para llevar a cabo una actuación asistencial ética
y moralmente correcta, proporcionando, de este modo, cuidados integrales basados en
el respeto y promoción de la dignidad del paciente.

Las motivaciones que ha llevado al planteamiento, elección del tema y posterior


realización del estudio han sido principalmente dos. La primera es más personal, ya que
ambas autoras hemos vivido varias experiencias, tanto en las prácticas de la carrera
como en el ámbito familiar, en las que podríamos considerar la existencia de personas
que han dejado de ser ellas abandonando su esencia y su personalidad, hechos que
podrían reflejar y encajar con el concepto que ahora nos ocupa y al que previamente
tampoco dábamos nombre. La segunda razón ha sido que, a pesar de ser una
problemática que tenga cabida en la sociedad en la que vivimos, no se conoce ni se
piensa en ella como una forma de muerte del ser humano. Sobre la muerte no biológica
recae un tabú todavía mayor que el de una muerte al uso por ello, sigue manteniéndose
velada al no hablar de ella.

Encontrar información sobre el tema resulta complicado ya que se trata de un término


poco mencionado en la literatura científica, pero se considera que, como futuras
graduadas en la disciplina enfermera, obtener conocimientos sobre ello será de vital
importancia para la práctica asistencial llegado el momento. De igual modo, se querría
dar visibilidad a un hecho tan presente y desconocido incluso para algunos profesionales
relacionados con este ámbito.

9
2 OBJETIVOS
2.1 Objetivo general.
Conocer la percepción y experiencia de diferentes profesionales del ámbito de la salud
en relación a la muerte no biológica y sus posibles factores desencadenantes.

2.2 Objetivos específicos.


- Comprender los conceptos de muerte psicológica y social en profundidad.
- Comparar las experiencias y percepciones de diversos trabajadores del ámbito
de la salud para su posterior análisis.
- Identificar los factores de riesgo que puedan favorecer que se produzcan
muertes no biológicas y sus consecuencias.

3 MARCO TEÓRICO
3.1 La muerte: Diferencia entre muerte y proceso de morir.
Para poder entender qué es la muerte o proceso de morir es preciso conocer el concepto
"vida". La vida, desde el punto de vista de la biología, se define como la capacidad de
nacer, respirar, desarrollarse, evolucionar y morir. Algunos autores afirman que la
muerte es lo contrario a la vida, puesto que, la finitud biológica es el cese de la vida
misma, tal y como señala el profesor de neurología J.L Trueba (4), “la última palabra del
final de la vida es la muerte” dicho de otra manera, es la etapa final del ciclo vital. La
muerte es universal, pero cada cultura o civilización la asume y la vive de manera
diferente. El proceso de morir no ha cambiado, no obstante, las creencias, el
posicionamiento y los comportamientos frente a ella son tan variados como las personas
que la afrontan.

En nuestra sociedad existe una tendencia generalizada de creer que negando la muerte
será posible escapar de ella, haciéndola menos cierta o real pero, este es un hecho que
dista mucho de la realidad, de facto, el filósofo A. Weismann (5), afirmó que: “ la duración
de la vida está gobernada por necesidades de la especie, la existencia ilimitada de los
individuos sería un lujo sin una correspondiente ventaja evolutiva”.

De modo que, la muerte, además de formar parte de la vida, es la culminación prevista


de ésta, se trata de un hecho insoslayable al que todo ser humano está abocado, es
inevitable, sin embargo, le rodea cierta incertidumbre puesto que, no se sabe cuándo ni
cómo se va a producir, generando así, un terrible miedo a lo desconocido que en vez de
enfrentarlo se prefiere omitir, creando un gran estigma a su alrededor y convirtiéndolo
en un tema tabú(6)(7).

10
La muerte biológica o muerte clínica es un término extensamente descrito y referenciado
científicamente. A principios del s XVII, William Harvey, por primera vez en la historia,
estableció un criterio de muerte biológica basado en la parada cardiorrespiratoria que
tiene lugar cuando la persona deja de respirar y el corazón deja de latir por sí mismo.
Este método fue considerado el de elección para probarla durante siglos, aunque, en
1740 Jean Jacques Winslow (8), defendió que: "la putrefacción es la única prueba
segura de la muerte". Más adelante, a mitad del siglo XX surgió la innovadora terapia
intensiva que, gracias a los grandes avances de la biotecnología hace posible sustituir
funciones orgánicas tales como la respiratoria, mediante respiración mecánica y el
trabajo del corazón a través de técnicas de resucitación.

Por consiguiente, actualmente, a efectos científicos, éticos y legales, la muerte


encefálica (ME) es el criterio diagnóstico para determinar que una persona ha muerto.
Cuando hablamos de ME nos referimos al cese irreversible de todas las funciones de
las estructuras intracraneales, hemisferios cerebrales y de tronco-encéfalo (9). Una vez
declarada hay que proceder a la retirada de todas las medidas artificiales de soporte
salvo que sea donante, en tal caso, entraría en el proceso de extracción de órganos
para trasplante (10).

Para evitar confusiones, es importante mencionar que el individuo no fallece como


consecuencia del cese de la reanimación o ventilación, sino todo lo contrario, se
interrumpe la asistencia artificial porque la persona ya ha muerto (11). Además de
describir diversas terminologías referentes a la finitud vital, J.L Trueba (4) en su trabajo,
defiende que existen diferencias sustanciales entre los conceptos muerte y proceso de
morir. En primer lugar, describe el morir como “un proceso evolutivo dentro de una
referencia lineal de tiempo que aún no ha concluido y que lleva consigo un pronóstico
de muerte próxima”, es decir, un estado de terminalidad, pero no todavía a la realidad
de la muerte, ya que la persona aún vive.

En cambio, en referencia a la muerte biológica o clínica, JL. Trueba (4) explica que es
“la actualidad presencial de la realidad de la muerte en quien yace, postrado
clínicamente, ante un médico, que tiene que afrontar, verificar y atestiguar mediante un
juicio diagnóstico, el estado de muerte irreversible”. Así pues, finalmente se hace
efectiva la muerte. Aunque la línea que separa ambos conceptos es ínfima, hay una
gran desavenencia entre estar vivo y dejarlo de estar.

11
3.2 Conceptualizar la muerte no biológica.
A lo largo de toda la revisión bibliográfica realizada, se puede afirmar que en la literatura
consultada hay diferentes maneras de interpretar y describir lo que se nombra en el
presente trabajo como muerte no biológica (MNB), ya que es una categoría muy amplia
que engloba términos de muerte distintos a los de una muerte biológica, pero en sí, no
existe una definición clara ni establecida de manera consensuada del significado de
MNB, entorpeciendo así, tanto la detección como la capacidad de comprender su
significado.

Para poder explicar y contextualizar mejor el término de MNB, es necesario aludir que,
desde una perspectiva integral, el ser humano no es una composición de elementos
yuxtapuestos y parcelados, sino que es un ser integrado y multidimensional constituido
por distintas dimensiones que, fusionadas, conforman el ser de una persona (1). Estas
dimensiones abarcan diferentes esferas humanas como la física, la química, la
biológica, la psicológica, la social, la cultural, la ética-moral y la espiritual, y la falta de
integración o descoordinación de alguna de ellas, puede desencadenar procesos
patológicos en las tres grandes dimensiones del ser humano: la dimensión biológica, la
psicológica o la social (12).

Tal y como menciona el autor D. Hernández-Jiménez (13), el cuerpo, hace referencia a


la dimensión biológica, entendiéndose como la materialización de la vida en el ser
humano. La comunidad, indica la dimensión social, como el macro sistema en el que se
desarrolla la vida humana interaccionando con iguales, estableciendo lazos afectivos y
desarrollar el sentido de pertenencia. Por último, el alma, hace mención a la dimensión
psíquica/mental y cognitiva, entendida como el cultivo de la razón, la ética y moral, la
conciencia de uno mismo, las emociones y los sentimientos.

Por consiguiente, la MNB es una muerte que se produce en vida, es decir, no existe un
diagnóstico de muerte biológica o encefálica, esto es, la persona sigue respirando y
mantiene un pulso estable ya sea, por sí misma o de manera artificial (8). Sin embargo,
existe una descoordinación holística, traducida en una forma de muerte que afecta al
ser social y ser psíquico, cuyo origen radica en dos grandes dimensiones humanas, la
social y la psicológica, y cuya inestabilidad podrá afectar posteriormente a otras
dimensiones colindantes de la persona (12). Por ello, podemos indicar que la normo
finitud no es la única forma que existe de abandonar la vida, ya que hay variaciones
como en los casos de MNB, en las que se altera simbólicamente el curso natural de la
biología humana.

12
3.3 Tipología de muertes no biológicas.
La MNB engloba diferentes tipos de muerte, entre ellos se encuentra la muerte social y
la muerte psicológica o psicógena, conceptos estrechamente interrelacionados donde
lo que se afecta, en primer lugar, es la dimensión social y psíquica de la persona, y no
la dimensión biológica. Aunque posteriormente, a consecuencia de esto, podrían verse
dañadas otras dimensiones como se ha explicado con anterioridad (1)(13).

Una de las características más importantes de estas formas de muerte es que la persona
va dejando de recibir estímulos motivacionales internos y externos que alimenten su
actividad vital, lo que conlleva, en el peor de los casos, a que la persona se deje ir
completamente, acabe enfermando y falleciendo. Ambas muertes no biológicas están
muy interconectadas, pudiéndose dar en primer lugar tanto una como la otra e incluso
cohabitar ambas en el mismo individuo. Tanto la muerte social como la muerte
psicológica, tienen en común estar desencadenadas por situaciones vitales dilatadas en
el tiempo, algunas inevitables y otras traumáticos y estresantes, que va dejando una
impronta negativa muy notoria para la persona que las padece.

Estas situaciones o sucesos pueden ser, por ejemplo, padecer una enfermedad terminal
o mental muy estigmatizada, la soledad en la vejez, el rechazo de la sociedad por
cualquier condición personal o una pérdida, entre otros, lo que provoca en la persona
una respuesta negativa y pasiva para conllevar la situación. El individuo pierde las
habilidades para seguir manteniendo vínculos sociales y mecanismos resilientes de
supervivencia, dando como resultado una reducción del contacto con el entorno e
incluso el abandono total. Esto puede conllevar también a una pérdida de la motivación
por vivir haciéndole olvidar el cumplimiento de las necesidades básicas.

3.3.1 La muerte social.


[Link] Conceptualización de muerte social.
Es importante destacar que el ser humano es un ser social por naturaleza, nace, vive y
muere en relación con otros individuos (14). Sin embargo, cuando el individuo cae en el
olvido o desprecio, existe la posibilidad de que se produzca una muerte social a pesar
de que la persona siga viva físicamente. De hecho, H. Maturana (5) autor de
“Transformación en la convivencia” afirma que: “cuando algo se desorganiza ya no
existe más, se desintegra y pierde su identidad de clase, la muerte de un ser vivo
consiste en la pérdida de la organización propia de lo vivo en aquella unidad compuesta
que era un ser vivo”. Por lo tanto, se vuelve a confirmar que la muerte no se contempla
sólo de manera biológica, es posible continuar vivo fisiológicamente hablando, pero, por
lo contrario, a nivel social estar muerto.

13
Según la autora J. Králová (2), la muerte social podría describirse como la interrupción
de la capacidad humana para seguir funcionando como un ser social, debido a que
existe una desvinculación de la persona con su entorno social. A causa de la ruptura
total o parcial con el contexto social, es posible que se produzca una muerte social,
entendida como la pérdida del sentido de pertenencia a un grupo, cultura o lugar y a su
vez, a la pérdida de las competencias necesarias para establecer vínculos con otras
personas. Así pues, se trata de una muerte paulatina, que va haciéndose cada vez más
visible conforme se van desvaneciendo los lazos que conforman y unen su círculo social.
J. Králová, se refiere a los que la sufren como los "socialmente muertos" y los describe
como personas cuyos corazones laten y pulmones respiran; individuos que han muerto
antes de que estén físicamente muertos, así pues, siguen vivos, pero no lo considera
vida como tal, sus vidas ya no tienen un significado social, es mera existencia.
Asimismo, refiere que no hay estadísticas que midan con precisión el número de
personas que se encuentran en muerte social pero que, es una tendencia creciente en
la población mundial(2).

Otra autora que define la muerte social es la filósofa Lisa Guenther (15) en su
investigación “Confinamiento solitario: Muerte social y sus vidas posteriores” donde
indica que la muerte social “es el efecto de una práctica social en la que una o un grupo
de personas es excluido, dominado o humillado hasta el punto de convertirse en muerto
para el resto de la sociedad”. Es decir, aunque estas personas estén físicamente vivas,
sus vidas ya no tienen un significado social, es mera existencia. Algunos ejemplos de
situaciones en las que se puede dar son: exclusión racial y de género, pobreza profunda,
enfermedades crónicas o infecciosas, falta de vivienda, demencias avanzadas y
migración forzada entre muchos otros.

La muerte social también puede tener lugar por elección del propio individuo, quien
decide aislarse voluntariamente por causas intrínsecas al mismo, como por ejemplo un
proceso complicado de enfermedad, duelos patológicos o trastornos mentales como la
depresión, trastornos antisociales de la personalidad o aislamientos voluntarios entre
otros. Este último es conocido como el síndrome de Hikikomori, descrito por el psiquiatra
T. Saito (16) como el comportamiento asocial que conduce a abandonar la sociedad
afectando principalmente a la juventud. También se puede producir muertes sociales
por desvinculación paulatina de la vida en sociedad, como ocurre en las personas
mayores en etapas finales del ciclo vital. Por lo tanto, el significado social de la muerte
se presenta en la propia vida, puesto que la conciencia social está determinada en cierto
grado por la existencia social. De modo que, el significado social de la muerte se puede

14
presentar en la propia vida puesto que, la conciencia social está determinada en cierto
grado por la existencia social (17).

3.3.2 La muerte psicológica o psicógena.


[Link] La influencia de la psique sobre el soma.
Desde la antigüedad se ha conocido y expuesto el término psique, el cual ha ido
evolucionando hasta la actualidad sin grandes modificaciones. Diversos autores como
Sigmund Freud o Carl Jung, han descrito este concepto haciendo referencia al cómputo
de capacidades humanas de una persona que engloba los fenómenos e interacciones
mentales que realiza un individuo consciente e inconscientemente. Es decir, los
procesos de pensamiento que acompañan y dirigen la parte somática de la persona
(18)(19).

Se puede señalar pues, que la mente/psique es tan poderosa porque ejerce una
influencia directa en los actos conscientes e inconscientes de la persona. Por ello las
manifestaciones somáticas que acompañan a individuos sometidos a sucesos
traumáticos, estrés crónico, escasa confianza o con pensamientos negativos, entre
otros, tienden a sufrir más procesos de enfermedad, e incluso podrían ocasionar un
empeoramiento en cualquier afección que se pudiese estar padeciendo (20)(21).

[Link] Conceptualización y tipologías de muerte psicológica o psicógena.


La definición de muerte psicógena se entiende como la sucesión de unas determinadas
etapas caracterizadas por el retraimiento, el aislamiento social y la finitud psíquica, de
la persona, pero no de su dimensión biológica, sin que haya una patología médica que
explique o justifique este deceso mental (22). La principal causa es la capacidad de
influencia que tiene la mente sobre el funcionamiento del cuerpo, provocando en las
primeras fases, una total falta de energía y motivación por vivir (23). Posteriormente, en
etapas finales, el desequilibrio ocasionado por la ruptura de la dimensión psíquica
generará disfunciones biológicas que se agravarán al paso del tiempo dando como
resultado final la muerte (24).

Los hechos que desencadenan este estado pueden ser muy diversos, y dependerán de
cada individuo y de su capacidad de auto - reconstrucción, pero lo que tienen en común
es que son sucesos lo suficientemente traumáticos para la persona que los vive y que
generan una gran afectación en ella, convirtiéndose en sucesos insuperables hasta
incluso contando con ayuda externa (23)(24).

Generalmente la muerte psicógena se asocia a la vivencia de un evento traumático físico


o mental donde se experimenta un sufrimiento emocional tan intenso que puede

15
conllevar a perder la vida. Pero dependiendo del factor que cause la falta de deseo por
vivir se pueden dar varios tipos, tal y como explica el psicólogo O. Castillero (24):

• En la muerte por emplazamiento, el detonante en este caso, es la sugestión que


cada persona ejerce sobre sí misma y el condicionamiento de suponer que su
muerte va a llegar cuando se dé una serie de acontecimientos concretos. Esto
genera en el sujeto un elevado nivel de tensión emocional lo que dará lugar a
que la psique le acaba abocando a una muerte real.
• La muerte vudú también surge de las creencias y sugestiones por parte de quien
cree que ha sido hechizado/maldecido o por haber roto algún tabú sagrado. Para
que se de este tipo de muerte psicógena las personas han de estar a favor de
este tipo de creencias.
• El hospitalismo es un término que hace referencia a la separación de un infante
y su progenitor o figura de apego durante un periodo de tiempo muy prolongado
y sin volver a percibir la sensación de pertenencia y afecto. El niño/a es
consciente de esta drástica ruptura y lo somatiza mediante la aparición de
ansiedad grave, angustia, pérdida del apetito, involución y, finalmente, muerte,
a causa de la privación de afecto y sentimiento de abandono.

[Link] Explicación fisiopatológica.


Según el Dr. John Leach (3), el primero en describir los marcadores clínicos del
“abandono”, existen diferentes hipótesis las cuales explican que el declive psicológico
progresivo que sufre una persona y que aboca al auto abandono podría estar
relacionado con la vivencia de determinados eventos traumáticos severos físicos o
mentales, que den como resultado un funcionamiento anormal del circuito frontal-
subcortical, más concretamente, en el área cingulada anterior y corteza prefrontal
dorsolateral, responsables de la motivación, conductas dirigidas y orientación hacia la
supervivencia, como exponen los Dres. J. Flores y F. Osrtosky (25) en el capítulo 14 de
la Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias.

Según la autora Marian Gómez Beldarrain (26), la afectación da lugar a una condición
conocida con el nombre de Síndrome disejecutivo, que describe la incapacidad para
llevar a cabo conductas en respuesta a un estímulo, resolver un problema, tomar
decisiones, organizar un plan de acción e inhibir respuestas inapropiadas, alteraciones
en la metacognición, cognición social, etc. La persona también manifiesta entre otros
síntomas apatía, falta de impulso, afectividad plana y falta de preocupación general.

16
[Link] Etapas de abandono que preceden a la muerte psicológica.
El autor Miguel Mila indica que, generalmente, la muerte psicógena no sucede de forma
súbita y repentina, salvo en los casos en los que el impacto emocional genera una
respuesta fisiológica letal para el individuo. Habitualmente este tipo de deceso atraviesa
unas fases en las que la persona va aislándose y apagándose hasta que culmina con la
pérdida de la vida. Las siguientes fases son descritas por varios autores como M. Mila
(23), I. Valerio (22) y O. Castillero (24).

1. Fase de abstinencia o retirada social:


Esta fase se inicia generalmente tras un suceso traumático psicológico en el que la
persona comienza a manifestar retracción y aislamiento, alejándose de su entorno y
demostrando una falta de motivación, apatía, indiferencia emocional y progresiva
pasividad ante todo lo que la rodea, e incluso se tiende a presentar cierto egocentrismo.

Para el Dr. John Leach (27), experto en neurociencia, la fase de abstinencia puede ser
una forma de sobrellevar la situación, excluyendo a la persona de cualquier compromiso
externo para permitirse una realineación interna de la estabilidad emocional, es decir,
alejarse para intentar reconstruirse. Dicho ejercicio puede no ser controlado y ejecutado
con éxito, por lo que puede progresar en apatía y abstinencia extrema, entrando, así, en
la segunda fase.

2. Fase de apatía:

Esta fase es más grave que la primera. La persona empieza a sentir una falta total de
energía junto con una fuerte sensación de desconexión de la realidad. En estos
momentos se puede perder el instinto de la autopreservación, dejando de cultivarse para
el propio desarrollo y conservación de la vida. En esta etapa hay una notoria falta de
arreglo y descuido personal, ya que incluso la tarea más simple se vuelve cuesta arriba
y se declina la realización de la misma.

3. Fase de abulia:

Es el resultado de la progresión desfavorable proveniente de la segunda fase. A la falta


de energía se le suma también una falta grave de motivación intrínseca, iniciativa y
capacidad de tomar decisiones, mostrando así un entumecimiento mental con falta de
contenido y conciencia. Con frecuencia en esta fase la retracción en sí mismos es tal
que las personas dejan de realizar las necesidades básicas como comer e incluso
renuncian a hablar.

Aunque por parte del paciente haya una incapacidad total de automotivación, es de vital
importancia para el personal de enfermería conocer que, en esta fase, es cuando

17
todavía es posible la regresión de la persona, propiciando su posible recuperación
mediante la motivación externa a través de la persuasión, el razonamiento, el
antagonismo e incluso el asalto físico. El manifiesto de las personas que se han
conseguido recuperar es la descripción de esta fase como “tener una mente como
papilla o totalmente en blanco sin pensamiento alguno”

Si por el contrario se eliminan temporalmente los motivadores externos la persona


vuelve a la inercia del empeoramiento y si no se continúa seriamente con dichos
estímulos la situación se volverá más intensa y se entrará en la siguiente fase.

4. Acinesia psíquica:

Empeoramiento grave de la situación e incremento de la sintomatología anterior a un


nivel en el que, aunque la persona está visiblemente consciente, hay un estado de
apatía tan profundo que conlleva a una total falta de sensibilidad, es decir, aunque
puedan sentir son incapaces de reaccionar incluso al dolor extremo, sin ni siquiera
estremecerse si se les golpea ni intentar evitar la estimulación nociva. Con frecuencia
son incontinentes y continúan mintiendo en su propia pérdida.

5. Muerte psicógena/psicológica:

Es la última fase del proceso y la que lleva a la muerte real de la persona tras una etapa
en la que ningún tipo de estimulación logrará que la persona reaccione. No existe
motivación para vivir y la persona se deja ir, lo que finalmente llevará al deceso. El
progreso de la etapa cuatro a la cinco suele durar unos 3-4 días y poco antes de la
muerte hay un falso destello de vida hasta la recaída final.

3.4 Contextos generadores de riesgo para sufrir muertes no


biológicas.
A continuación, se desarrollan las diferentes condiciones personales que predisponen a
las personas a tener un cierto riesgo de sufrir una muerte no biológica, en concreto, una
muerte social y una muerte psicológica. Estos colectivos de los que se hace mención
tienen una vulnerabilidad instaurada que los acerca a esta condición de anómala
muerte.

3.4.1 Institucionalización prolongada o permanente.


Uno de los pioneros en trabajar el término de institución total fue uno de los sociólogos
más importantes del siglo XX, Ervin Goffman (28), quien ideó este concepto como “Un
lugar de residencia o trabajo, donde un gran número de individuos en igual situación,

18
aislados de la sociedad por un periodo apreciable de tiempo, comparten en su encierro
una rutina diaria, administrada formalmente”.

Goffman (28), describió en cuatro puntos su idea de institución total: “Primero, todos los
aspectos de la vida se desarrollan en el mismo lugar y bajo la misma autoridad única.
Segundo, cada etapa de la actividad diaria del miembro se lleva a cabo en la compañía
inmediata de un gran número de otros, a quienes se da el mismo trato y de quienes se
requiere que hagan juntos las mismas cosas. Tercero, todas las etapas de las
actividades diarias están estrictamente programadas, de modo que una actividad
conduce en un momento prefijado a la siguiente, y toda la secuencia de actividades se
impone desde arriba, mediante un sistema de normas formales explícitas, y un cuerpo
de funcionarios. Finalmente, las diversas actividades obligatorias se integran en un solo
plan racional deliberadamente concebido para el logro de objetivos propios de la
institución.” (Goffman, 1970).

Pese a que han pasado varios años desde que Goffman ideó su teoría y el día a día en
las instituciones haya progresado, todavía se mantienen vigentes algunas de las
características sobre la institucionalización que este autor definió en su momento. Esto
es corroborado más tarde por la profesora de sociología de la universidad Autónoma de
Barcelona, la Dra. María Pía Barenys Pérez (29), que a través de su tesis “Un marco
teórico para el estudio de las instituciones de ancianos”, realiza un análisis sociológico
en el que afirma que dichas instituciones continúan encajando en la definición que hizo
de ellas E. Goffman, ratificándolo en los resultados de su estudio, y señalando que “en
la institucionalización se produce primero una pérdida del control y en segundo lugar, el
aislamiento progresivo del mundo exterior (extrañamiento).” (MP. Barenys 1990). Como
dijo María Pía Barenys (29)(30): “Toda institución es un reflejo de la sociedad que la ha
creado”.

La autora MJ. Aguarón (31) en su tesis doctoral “La historia de vida como herramienta
de mejora de los cuidados gerontológicos”, cita a ambos autores e indica que
actualmente la vida en las instituciones continúa presentando los mismos rasgos que
describió en su momento E. Goffman y reafirmó, posteriormente, P. Barenys.

Otra fuente es el Diccionario de Psicología Social y de la Personalidad, la cual recoge


que la palabra institución se utiliza para designar cierto tipo de establecimientos
especializados en el proceso o la modificación de las personas con la intención de
educar, castigar o curar, guardando relación directa con disciplinas como la pedagogía,
la psiquiatría y las ciencias humanas en general. Varios ejemplos son las personas que
se encuentran viviendo en hospitales psiquiátricos, prisiones y geriátricos (32). Por

19
institucionalización pues, se entiende como el proceso con que las personas usuarias a
largo plazo pueden llegar a modificar su forma de vida volviéndose retraídas,
dependientes y mostrando una clara incapacidad para vivir fuera de ellas.

En este caso la muerte no biológica puede sobrevenir a estas personas y ser


desencadenada por los efectos secundarios nocivos que resultan de un ingreso de larga
duración en una institución pública o privada, por una determinada causa o enfermedad
no incompatible con la vida y, también, tienen riesgo una vez finaliza el ingreso y deben
reintegrarse en la comunidad portando esa etiqueta personal que genera rechazo por
temer a lo desconocido (32).

Algunos de los efectos negativos de la institucionalización que propicia esta situación


son:(33)

- Pérdida del contacto con la realidad, convirtiendo la vida en la institución como


única referencia existencial.
- Falta de responsabilidad y de control sobre la toma de decisiones relacionados
con las actividades de la vida diaria.
- Pérdida de identidad por el efecto de la aplicación de protocolos estándar, al
tratar las realidades colectivas y no las realidades individuales.
- Establecimientos de clases sociales entre los residentes en función de su nivel
necesidades asistenciales o incapacidades, y no en función de sus capacidades.
- Conciencia de interno/paciente que eclipsa a la persona que hay detrás.
- Persona como objeto de una pauta a seguir con horarios y protocolos
preestablecidos.
- Descargas emocionales sobre profesionales y residentes con sus capacidades
físicas o de comunicación más afectadas.
- Negación de parcelas emocionales o sexuales en los residentes.

3.4.2 La soledad y el adulto mayor.


Existe una tendencia extendida en algunos países desarrollados basada en la
desvinculación progresiva de las personas mayores de la sociedad y el aboque de las
mismas a una muerte social haciéndolas vivir un final de vida en soledad. Deben afrontar
solos el avance del deterioro físico y mental propios de la vejez sin el apoyo de su
entorno, generando en estos individuos un sentimiento de soledad extrema que
repercute en su estado general de salud (34).

Actualmente, debido a la pandemia mundialmente conocida como la COVID-19, ha


habido una repercusión contundente en este sector poblacional debido a los largos
confinamientos, altos contagios y gran virulencia en el adulto mayor, hecho que hoy en

20
día sigue ocurriendo junto con la interrupción de la conexión con la comunidad, limitando
a estas personas a ver la vida pasar en soledad a través del cristal de sus viviendas.
Este duro y triste proceso que les toca vivir a algunas personas mayores va haciendo
mella en su estado físico y mental generando pensamientos desmotivadores para hacer
frente a los años de vida que les quedan, aumentando exponencialmente las
probabilidades de una muerte prematura (35)(36)(37).

3.4.3 Aislamiento y exclusión social.


El aislamiento social se puede definir como la situación objetiva de la falta total o mínima
de relación con el entorno y disminución del tamaño de la red social , y puede producirse
de manera voluntaria e involuntaria, dependiendo de las circunstancias personales y el
contexto del individuo (38). En algunos casos, el aislamiento se lleva a cabo de forma
voluntaria, siendo la misma persona la que por circunstancias propias, toma la decisión
de autoaislarse de forma indefinida. Va perdiendo la conexión y los vínculos sociales
que previamente mantenía, cerrando el círculo de contacto social/familiar a lo
estrictamente necesario, llegando incluso a ser nulo en ciertas ocasiones (39). Uno de
los motivos de este aislamiento es evitar que su entorno vea el estado físico y mental
en el que se encuentran, e incluso no piden ningún tipo de ayuda por no ser una carga
para ellos, por tanto, deciden vivir su sufrimiento separados de los demás. Por el
contrario, el aislamiento involuntario no se lleva a cabo por iniciativa de la persona, sino
que por factores contextuales diversos como el internamiento en una institución, pasar
por un proceso largo de enfermedad o ser persona mayor e ir disminuyendo poco a poco
la vida social (40).

Por exclusión social se entiende el “proceso mediante el cual los individuos o grupos
son total o parcialmente excluidos de una participación plena en la sociedad en la que
viven” (European Foundation, 1995:4). En este caso es la misma sociedad en general
quien genera un rechazo y decide apartarlos porque no encajan con los estereotipos
preestablecidos por la misma. La sociedad los inhabilita debido a la estigmatización, un
atributo profundamente desacreditador que se ha generado a lo largo de los años sobre
estas personas (41). Las personas que tienen mayor riesgo de aislamiento y exclusión
social son las que estén sufriendo cualquier tipo de enfermedad mental, crónica o
degenerativa, adicciones, ex reclusos, institucionalizados, prostitución, adolescentes,
violencia, bullyng, discapacidades, colectivo LGTBIQ+, inmigración, adultos mayores,
etc., entre otras categorías.

21
3.4.4 Estigma social.
El estigma social es un término acuñado por E. Goffman (42), quien lo define como “el
rechazo social por características o creencias que van en contra de las normas
culturales establecidas” matizando tres categorías que causan estigma social. Tribales
como la etnia o religión, las diferencias físicas, como la obesidad o enfermedades
mentales, etc. Comportamentales o personales, como la delincuencia, la
homosexualidad, etc. Hoy en día el estigma “es un rasgo general de la sociedad, un
proceso que se produce dondequiera que existan normas de identidad” (Goffman 1989),
y sigue marcando una línea de apto/ no apto para ser aceptado y poder vivir en
comunidad sin destacar demasiado. Esta dicotomía social entre lo normal y lo anormal
se reduce a ser aceptado o rechazado por el entorno en el que se convive y desarrolla
como ser humano por no pertenecer a la mayoría o al promedio (42).

La sociedad en la que vivimos actualmente está liderada por los cánones en busca de
la perfección y la excelencia, abocando a cuadricular la forma en la que se juzga al resto.
Se han consensuado socialmente dos posibles variantes de existencia, ser normal o
anormal con sus respectivas connotaciones, unas más benevolentes que otras. Si la
comunidad a la que se pertenece decide que un individuo no entra dentro de su
normalidad, será etiquetado y marcado siendo susceptible de padecer situaciones
complicadas.

Estos conceptos de normalidad o anormalidad son tratados por Georges Canguilhem


(1904-1995), filósofo y médico francés especializado en epistemología e historia de la
ciencia, a través de su libro “Lo normal y lo patológico” (1943). Canguilhem realiza un
examen crítico de normal, anomalía y anormalidad en el que indica que la persona que
está enferma o discapacitada pierde su capacidad normativa pero no significa que
quede desprovisto de norma alguna, sino que su normalización no se corresponde con
las actuales condiciones de existencia. “El enfermo está enfermo porque sólo puede
admitir una norma, el enfermo no es anormal por ausencia de norma sino por
incapacidad para ser normativo” (Canguilhem, 1971) (43).

3.4.5 Sucesos traumáticos insuperables.


Los sucesos vitales que abren una brecha profunda en el equilibrio global del ser
humano tras su paso generando un sufrimiento importante, se denominan sucesos
traumáticos (44). El suceso traumático es juzgado como tal desde el punto de vista de
la persona que lo ha vivido, ya que las percepciones son subjetivas e individuales. Será
insuperable si no se activan los mecanismos de superación del mismo, pero la
capacidad de superación de los eventos adversos que se hacen frente a lo largo de la

22
vida es diferente en cada individuo. Por ello hay personas que, pese a todos los
esfuerzos de la misma y la ayuda aportada por el entorno, no consiguen alcanzar el
equilibrio que tenían antes, tratar de recomponerse y continuar donde lo dejaron
adaptándose a la nueva realidad que les toca vivir (45).

Algunos sucesos traumáticos insuperables pueden desencadenar llegar a padecer una


muerte no biológica, ya que la persona se deja ir, sufriendo una involución mental y un
deterioro físico que le puede ocasionar, finalmente, la muerte (3).

3.4.6 Niveles socioeconómicos precarios y sinhogarismo.


La dificultad o imposibilidad para acceder a los recursos necesarios que aportan un
estilo de vida sin preocupaciones básicas como la alimentación, la educación o la
sanidad, hacen que estas personas dejen a un lado su sano crecimiento físico y
emocional hacia la excelencia y bienestar, focalizándose principalmente en actividades
de subsistencia poco o nada motivadoras ni saludables, que generan un estrés crónico
y un malestar continúo repercutiendo negativamente su estado general.

3.4.7 Duelos patológicos.


El duelo es un proceso normal y una respuesta natural de dolor que sufre cualquier ser
humano al experimentar una pérdida significativa con la que se había creado un vínculo
afectivo, fuera cual fuese la naturaleza de esa pérdida. Está acompañado por una serie
de sentimientos entrelazados como el sufrimiento, la rabia o la desesperación, que van
modificándose a medida que va superándose el duelo hasta su completa resolución
(46). El duelo está compuesto por una serie de fases dinámicas e interconectadas
descritas por multitud de autores, entre ellos Horowitz (1976), Bowlby (1980), Kübler-
Ross (1969) o Cabo de Villa (2007), etc. Pero en este caso se expondrán las cinco fases
descritas por Kübler-Ross (47).

La primera fase es la de negación, en la que se rechaza la realidad y los sentimientos


están anestesiados. En la segunda, la ira, se siente sensación de soledad y
resentimiento queriendo proyectar el dolor interna o externamente. La tercera fase es la
negociación, y consiste en la reevaluación de la situación y los recursos para asumir la
nueva realidad. La cuarta fase, la depresión, es una recaída por tomar conciencia
realmente de la pérdida que se ha sufrido y, la última fase, la aceptación, es el periodo
de restablecimiento y mirada al futuro, recordando la pérdida sin dolor. Estas fases no
necesariamente han de ir apareciendo ni superándose en orden, tampoco se tiene
porqué experimentarlas todas para resolver con naturalidad el proceso de duelo (48).

23
Pero existe una forma patológica de duelo que manifiestan las personas al no superar
el proceso satisfactoriamente. Al revisar la bibliografía se ha observado que al duelo
patológico se le han asignado varios nombres tal como duelo no resuelto, complicado,
crónico, retrasado o exagerado, pero todos hacen referencia a un proceso de duelo
anormal e intensificado el cual sobrepasa a la persona desarticulando sus mecanismos
de adaptación dando como resultado una incorrecta superación o una permanencia
indefinida en alguna de las etapas sin avanzar hacia la resolución (46).

A continuación, una tabla resumen de los contextos generadores de riesgo:

[Link]ón prolongada o permanente.


[Link] soledad y el adulto mayor.
[Link] y exclusión social
[Link] social
[Link] traumáticos insuperables
[Link] socioeconómicos precarios y sinhogarismo
[Link] patológicos
Tabla1: Contextos de riesgo. (Elaboración propia)

3.5 Teoría de la incertidumbre ante la enfermedad, por Merle Mishel.


Enfermería cuenta con una gran aportación de modelos y teorías enfermeras fundadas
por importantes autoras célebres como la pionera gran teórica Florence Nightingale (49)
con su “Teoría del entorno” que hace referencia a la importancia del contexto que
envuelve al enfermo en relación con su proceso de recuperación, o Virginia Henderson
(50) con su “Teoría de las necesidades humanas”, quien defendió su cumplimiento por
parte de enfermería en los procesos de enfermedad. Gracias a todas las autoras
referentes que han colaborado y aportado sus conocimientos relevantes en beneficio de
la disciplina enfermera, hace que hoy en día estos modelos y teorías sigan sustentando
la base de actuación en la práctica clínica diaria.

Por su relación con el tema principal del TFG “Muertes no biológicas” se considera que
la teoría enfermera más adecuada es la propuesta por la enfermera y doctora en
psicología, Merle Mishel con su “Teoría de la incertidumbre” descrita en 1988. Lo que
Mishel creó fue la primera aplicación de la conceptualización de la incertidumbre como
factor estresante en el contexto de la enfermedad (51).

Esta teoría describe pues, la incapacidad que tiene un individuo de dar significado a una
situación que está viviendo, la cual está relacionada con el estado de pérdida de salud
o algún déficit físico o mental. Ante la necesidad de tomar decisiones, la persona es

24
incapaz de asignar un valor definido a objetos o acontecimientos, así como prever las
consecuencias o resultados con exactitud, por falta de información o conocimientos (52).
Por este motivo, se observa una clara relación entre el concepto de muertes no
biológicas y lo postulado por M. Mishel en esta teoría, ya que las personas que se
encuentran experimentando una muerte social o psicológica son incapaces de entender
y superar lo que les está sucediendo, careciendo de apoyo por parte de su entorno en
algunos casos.

3.6 Modelos de cuidado en enfermería.


Gracias a las muchas contribuciones científicas que han aportado enfermeras/os
teóricas a lo largo de la historia como F. Nightingale o H. Peplau entre otras, hoy en día
contamos con multitud de modelos de enfermería correspondientes a las distintas
teorías enfermeras que organizan, describen y establecen en la práctica asistencial el
modo de encaminar, actuar y ejercer el trabajo que día a día se lleva a cabo en cualquier
ámbito sanitario (53). Estos modelos se crearon con la intención de aportar una
estructuración del conocimiento enfermero tomando como referencia para su
construcción un marco teórico y una metodología específica (54).

En la actualidad, el trabajo que desempeñan todos los profesionales de enfermería debe


estar fundamentado en estos modelos como base científica de la práctica clínica. Por
ello es necesario una amplia formación para poder identificar diferentes situaciones de
salud de diversa complejidad que requieran de una intervención enfermera o
multidisciplinar, para así poder ofrecer unos cuidados de calidad que fomenten la
dignidad, individualidad y autonomía de las personas. Hay una gran variedad de
modelos de cuidados que son específicos de enfermería, pero también hay otros que
son de aplicación interdisciplinar, ambos contribuyen a dar respuesta a las necesidades
de cada persona de forma individualizada y específica con el objetivo de poder brindar
los cuidados desde una perspectiva de autocuidado, autoestima y motivación (54), con
el fin de detectar, prevenir, disminuir en incluso evitar las causas detonantes o factores
de riesgo que pueden llevar a una persona a sufrir, en este caso, una muerte no
biológica.

3.6.1 Modelos de atención centrados en la persona.


Los cuidados que se ofrecen bajo este nombre tienen como principal característica
saber identificar las necesidades cambiantes de la persona reconociendo su
singularidad y unicidad, para posteriormente poder trabajar con ella teniendo como base
principal promover sus capacidades y autodeterminación, otorgándole el papel

25
protagónico como receptora de cuidados al colocarla en el centro de la atención,
respetando todas sus esferas y adaptándose a ella (55).

Los modelos de atención centrados en la persona trabajan los siguientes ítems:

- Promocionar la autonomía y apoyar la toma de decisiones tomando el control en


la vida cotidiana.
- Proporcionar protección, seguridad, cuidados sanitarios y personales.
- Fomentar la independencia de la persona.
- Ofrecer un trato respetuoso en cuanto a la intimidad, identidad personal,
proyectos vitales, creencias…)
- Propiciar oportunidades de contacto e integración social.
- Estimular la realización personal.
- Motivar en la participación de actividades gratificantes y estimulantes en un
ambiente agradable.
- Aportar orientación y acompañamiento a cuidadores familiares o del hogar.

Para ello es necesario que los profesionales de enfermería que ofrecen dichos cuidados
puedan llegar a comprender la perspectiva de la persona a la que están ayudando, para
así favorecer la independencia funcional, la automotivación y el progreso (55).

3.6.2 Gerotranscendencia.
El profesor y sociólogo sueco Lars Folke Tornstam (31), especializado en investigación
geriátrica, fue el autor de la teoría psicosocial de la Gerotranscendencia, que describe
el desarrollo del envejecimiento positivo. Se centró en los cambios naturales que tienen
lugar en la mente de los adultos mayores, los cuales están relacionados con el cambio
de perspectiva al afrontar la realidad, pasando de ser de forma materialista y pragmática
a holística y trascendente. Llegado el momento, la persona mayor realiza una
retrospección de su vida y si el baremo ha sido positivo, lo acepta y se siente satisfecho
con lo hecho hasta el momento.

3.6.3 Cuidados centrados en la dignidad.


H. Max Chochinov (56), profesor del departamento de psiquiatría en la universidad de
Manitoba, escribió un artículo que describe el A, B, C y D del cuidado centrado en la
dignidad, puntos clave para abordar la actividad enfermera desde una perspectiva
holística y global. Todos los profesionales que se dedican al ámbito de la salud influyen
profundamente en la forma en la que los pacientes experimentan la enfermedad y en su
propia autopercepción de dignidad, ya que se basa en el modo en el que los pacientes
perciben la manera en la que son vistos.

26
La “A” de actitud, hace referencia a que los profesionales de la salud deben realizar una
introspección examinando sus actitudes, presunciones y las suposiciones que
construyen sobre los pacientes, ya que influyen en el trato con los mismos. La “B” de
buen comportamiento, fundamentado en actos de bondad y respeto son reflejados y
captados por el paciente, indicando que es merecedor de dicha atención. La “C” de
compasión que indica el conocimiento profundo que tiene el personal sanitario del
sufrimiento ajeno, unido a un deseo ferviente de querer ayudar a paliar ese sufrimiento,
mostrando empatía y haciendo todo lo posible por esa persona. La “D” de diálogo, ya
que se requiere de un intercambio de información dentro de una relación terapéutica
colaborativa en la que se establezcan contextos de confianza para proporcionar un
cuidado basado en la comunicación honesta y en los acuerdos mutuos.

La dignidad en el cuidado se basa, principalmente, en la autopercepción del paciente y


en la capacidad que posean los profesionales de afirmar el valor que este tiene, viendo
a la persona que realmente es o era y no solo la enfermedad que padece, ya que si no
se siente reconocido es más proclive a sentir que no está siendo tratado con dignidad y
respeto, minando así el propio sentimiento de valía sintiendo que es una molestia y una
carga para los demás, pudiendo empezar a preguntarse si tiene sentido continuar
existiendo (56),(57).

4 METODOLOGÍA

Para poder enmarcar el trabajo y contar con una visión global de lo que actualmente se
conoce sobre la muerte no biológica, se consideró necesario en primer lugar, llevar a
cabo una revisión bibliográfica de los conceptos más relevantes relacionados con el
tema, a partir de la búsqueda en bases de datos de ciencias de la salud como PubMed,
CINAHL, Scielo, Dialnet, Elsevier, Cuiden, en buscadores generales, temáticos y en
plataformas de organismos especializados como OMS y RAE. Los límites establecidos
fueron el idioma (español e inglés) y la fecha de publicación (2009-2021), aunque
también se ha utilizado bibliografía relevante hasta los años 1980. Para la búsqueda de
artículos se utilizaron las palabras claves mencionadas a continuación: “Muertes no
biológicas”, “Muerte social”, “Muerte Psicológica - Psicógena”, “Factores de riesgo”,
“Modelos de atención” y “Cuidado enfermería”.

La metodología empleada en el presente trabajo es cualitativa y el método utilizado son


entrevistas semiestructuradas, ya que el objetivo es indagar desde diversas
perspectivas, los conocimientos, percepciones y experiencias vividas que no se pueden
cuantificar en datos numéricos ni medibles. Esta metodología se considera la más

27
adecuada para el estudio del problema planteado y los objetivos a los que se quiere dar
respuesta, puesto que se trata de un estudio inductivo, flexible, que permite incorporar
nuevos hallazgos y líneas de investigación inicialmente no planteadas, pues al principio
no se contemplaban por falta de conexión con el objetivo de estudio pero que,
finalmente, guardan relación (58).

Asimismo, este estudio, permite que el resultado final no sea establecer relaciones de
causa-efecto, sino más bien aprender, comprender y entender. Además, busca la
especificidad de la realidad observada. Por ello, se puede llevar a cabo en estudios de
pequeña escala en los que incluso el investigador puede considerarse también, sujeto
de análisis (59).

4.1 Trabajo de campo.


4.1.1 Obtención de la muestra.
Para la elección de la muestra de estudio, se efectuó una selección intencional de
informantes y los criterios implementados fueron que estuvieran relacionados con
diferentes unidades sanitarias tales como residencias, sociosanitario, críticos y salud
mental. Se contactó con profesionales del ámbito sanitario tanto de asistencia directa
como profesorado de ciencias de la salud mediante correo electrónico, en el cual se les
explicaba en qué consistía el trabajo, sus objetivos, metodología y se adjuntaba el
consentimiento informado. (Anexo 1)

Inicialmente, se obtuvo respuesta y aceptación de 6 informantes, pero, finalmente,


fueron entrevistados un total de 4 profesionales cuya procedencia era: Antropología
médica, críticos, geriatría y atención primaria/domiciliaria.

Criterios de inclusión: Profesionales del ámbito de las ciencias de la salud, que trabaje
o haya trabajado en el ámbito asistencial.

Criterios de exclusión: Profesionales sanitarios de áreas pediátricas.

4.1.2 La entrevista como método de investigación.


El método elegido para la recogida de datos, como se ha avanzado anteriormente, ha
sido la realización de entrevistas individuales semiestructuradas puesto que, mediante
esta herramienta, existe la posibilidad de utilizar preguntas abiertas e incluir cuestiones
que no se habían contemplado a la hora de realizar el guion. Se preparó una batería de
8 preguntas abiertas (Anexo 2) con la intención de dar pie a los profesionales
entrevistados a expresarse con total libertad y comodidad creando un ambiente ameno
y natural. Se considera apropiado pues, hacer posible cumplir los objetivos, ya que
mediante las entrevistas podemos conocer las necesidades de atención a la salud

28
percibidas por los informantes, identificar problemas de salud y saber de sus
experiencias y percepciones.

Las entrevistas se llevaron a cabo durante los meses de enero y febrero mediante
plataformas online tales como “Skype” y “Teams”, y estas tuvieron una duración variable
de entre 30 y 60 minutos dependiendo de la capacidad de extensión del entrevistado/a,
y entrevistadora y de las experiencias relatadas. Cabe destacar que para la recopilación
de la información se usó una grabadora de audio con previo consentimiento verbal.

En la medida de lo posible, se intentaba contar con la presencia de las dos autoras del
trabajo; una asumía el rol de presentadora y, la otra, de observadora. Este rol era
pactado con anterioridad. De esta manera se intentó poder captar con más detalle toda
la información, tanto verbal como no verbal, que se producía durante las entrevistas. La
observadora tomaba notas durante la entrevista mientras la entrevistadora realizaba las
preguntas y hacía de moderadora. Cuando esto no era posible, la misma entrevistadora
iba tomando notas a lo largo de la conversación. Esto se consideró adecuado puesto
que, lo que se buscaba es realizar un análisis narrativo de contenido, permitiendo así
clasificar la información por unidades de significación.

4.2 Aspectos éticos.


A los informantes se les hizo llegar y saber mediante el consentimiento informado, que
su participación era voluntaria y que en cualquier momento podían abandonar el estudio.
Se les explicó los objetivos del trabajo, método a utilizar y se les facilitó las preguntas
de la entrevista con anterioridad con el objetivo de centrar el tema y ofrecer el tiempo
necesario para recordar y recopilar vivencias obteniendo, así, respuestas completas y
llenas de contenido. También, se les aseguró los derechos de anonimato,
confidencialidad, intimidad y respeto a sus decisiones respetando así La Ley Orgánica
3/2018, de 5 de diciembre, de protección de Datos Personales y garantía de los
derechos digitales, publicada en 2018 por el BOE (60). De igual modo, se llegó al
compromiso de compartirles los resultados de la investigación una vez concluida. Una
vez leídas todas las condiciones, se obtuvieron los consentimientos firmados a modo de
aprobación y, gracias a ello, se pudieron realizar las entrevistas y hacer uso de los datos
recogidos en las grabaciones.

4.3 Análisis de los datos.

Para el análisis de los datos se llevaron a cabo las transcripciones textuales de las
entrevistas que fueron completadas con las notas de la observadora y verificadas con
la persona entrevistada identificada con la inicial “E” de “Entrevistado/a”, junto a un

29
número (E1, E2, E3 y E4), con el fin de crear un código de identificación y no desvelar
su identidad. Posteriormente, se efectuó un análisis exhaustivo de las mismas. En
primer lugar, se realizaron varias lecturas minuciosas de las entrevistas, destacando
aquellas partes más relevantes junto a la selección de verbatims adecuados a las
categorías que se iban a crear.

En segundo lugar, se realizó un análisis individual de cada entrevista y comparaciones


ínter-entrevistas observando cada una de las semejanzas y divergencias entre los
testimonios de los informantes. Esto permitió definitivamente, establecer diferentes
unidades de significación que dieron lugar a las siguientes categorías y subcategorías
que quedan reflejadas en el siguiente cuadro, y ampliadas en el apartado de “Resultados
y discusión”

Categorías Subcategorías

1. La muerte no biológica 1.1. Percepciones

1.2. Experiencias

[Link] desencadenantes 2.1. Enfermedades mentales

2.2. Aislamiento social

2.3. Falta o ausencia de resiliencia

[Link] de la MNB 3.1. Depresión

3.2. Suicidio

3.3 Visibilizar lo invisible

4. Cuidado profesional 4.1. Rutinización en el quehacer enfermero

4.2. Formación profesional

4.3. Percepción del cuidar en dignidad al otro

Tabla 2: Categorías. (Elaboración propia)

5 RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Como se ha avanzado anteriormente, el análisis de las entrevistas dio como resultado


cuatro categorías: la muerte no biológica, los factores desencadenantes, las

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consecuencias de la MNB y el cuidado profesional. Cada una de ellas presenta diversas
subcategorías que se desarrollarán a continuación en cada apartado correspondiente.

5.1 La muerte no biológica.


En esta categoría se encuentran las subcategorías de percepciones sobre la entidad de
la MNB; Experiencias personales y profesionales transmitidas por los informantes a
través de las entrevistas realizadas.

5.1.1 Percepciones.
Una percepción es el conocimiento o comprensión de una idea y su posterior
interpretación subjetiva por la persona perceptora (61)(62) Por ello, con el objetivo de
conocer la significación que tiene la muerte no biológica (MNB) para los cuatro
informantes entrevistados, se les preguntó abiertamente si se habían planteado alguna
vez la existencia de una forma de muerte distinta a la clínica/biológica.

Cabe destacar que al ser un tema un tanto desconocido, las respuestas de los
informantes fueron diversas, pero a la vez coincidentes en algunos puntos de sus
discursos. Los entrevistados construyeron una relación muy directa entre la MNB y la
muerte producida en la dimensión social y psicológica de la persona, aportando
conexiones significativas que se expondrán a continuación.

Algunos, como los informantes E1 y E2, la asociaron a situaciones como el aislamiento


involuntario, el estigma sobre ciertas enfermedades, sobre todo mentales, la exclusión
social o la soledad, coincidiendo en el significado de muerte social con los sociólogos
Orlando Patterson y Zygmunt Bauman (63), quienes la describieron como una condición
que tienen aquellas personas que no son aceptadas como plenamente humanas por la
sociedad en general, dando lugar a una segregación social en este proceso. Se ha
observado que los informantes establecieron una relación simbólica causada por la
desvinculación comunitaria, entre la condición que resulta de la inexistencia social y una
forma de muerte para los otros, en la que uno queda velado en un contexto paralelo e
imperceptible para el resto de la sociedad.

E1 “(…) hay gente que siempre ha estado a la sombra, pero siempre ha estado asociado
sobre todo a pacientes de salud mental, estas personas ya estaban muertas socialmente
y también, por ejemplo, los abuelos (…) y lo sola que está la gente, estas personas no
existen para la sociedad, entonces ¿si no existo?, significa que estoy muerto.”

E2 “(…) yo creo que el concepto de muerte no biológica me parece un concepto muy


interesante para describir esa existencia a la cual se convoca a las personas con

31
sufrimiento psíquico (…) Se les convoca a una muerte social en el sentido de que la
persona queda como desactivada socialmente”

Por otro lado, en los entrevistados E3 y E4 se encontraron similitudes en las


significaciones de la MNB relacionándola con la sobrecarga psíquica, el sufrimiento
emocional, la desconexión de la persona con el entorno y el verse desbordado al no
encontrar salida a situaciones sumamente traumáticas para la persona. Situaciones que
a la larga rompen los lazos sociales y los posibles apoyos que estos pudiesen ofrecer.
Asimismo, se denotó que concatenaron la significación de MNB con la muerte social

E3 “(…) la muerte no biológica es aquella muerte más social, aquella muerte que está
relacionada cuando nosotros estamos bien físicamente, pero que no vemos una salida
a las cosas que nos vienen por delante”

E4 “(…) personas que se preguntan qué sentido tiene su vida, no tienen aficiones…”

Aunque algunos de ellos no le ponían nombre teórico al concepto tratado, tenían


constancia de que este fenómeno se producía con bastante frecuencia y además lo
habían presenciado varias veces en su vida sin saber previamente que fuese un tipo de
muerte no biológica. Este hallazgo se ha dado el caso en informantes que trabajan o
han trabajado alguna vez con adultos mayores, quienes desde que entraron en contacto
con este sector poblacional percibieron la desconexión ambiental, monotonía diaria y
desmotivación vital que tiene lugar en algunas personas en esa etapa vital de la vida.

E1 “(…) con la perspectiva de los años, te das cuenta de cuánto abuelo había sentado
exclusivamente en una silla, que no hacía otra cosa más. Ya está, hacía eso, de la cama
a la silla, de la silla a la cama, mirar a la nada y ya está, nada más. Y era un abuelo tras
otro, tras otro, tras otro”.

Incluso se constató que uno de los informantes se dio cuenta en el transcurso de la


entrevista que tenían familiares cercanos en esa situación y no lo había asociado hasta
que se habló sobre ello.

E4 “(…) que mira, ahora que me lo planteo, también estaba muerta en vida, aunque
estaba bien pero no tenía anhelo por nada, estaba allí en el sofá y del sofá a la cama y
que haces ya en esas edades…”

La totalidad de los profesionales afirmó que sí creían en la existencia de distintas formas


de muerte, observando que algunos de ellos lo relacionaron también con unas formas
súbitas e inesperadas de morir, como por ejemplo el suicidio o una muerte inesperada
en un accidente de tráfico, es decir, por situaciones imprevistas, no por procesos de

32
enfermedad normo típicos en los que a uno le da tiempo a empezar a tejer el proceso
de duelo. Tal y como expone la autora MC. Ramos Cortés (64) en su tesina “Duelo ante
una muerte inesperada”, en este caso toma protagonismo el llamado “duelo por muerte
súbita” que es descrito como el que aparece al producirse muertes sin previo aviso que
requieren que la persona asimile el suceso para llegar a una comprensión de la
situación, siendo el duelo más difícil de elaborar porque no existe aviso de la inminencia
de la muerte.

E4 “(…) yo ese término no lo conocía como tal, y como la muerte es un tema tabú,
tampoco se habla mucho. También entendía este concepto de muerte como por un
suicidio o por un accidente de tráfico, algo súbito que no sea un proceso de
enfermedad… (…)

E3 “(…) para mí la muerte no biológica cómo sanitaria y como enfermera es aquella


muerte social o aquella muerte que a veces las personas sufren sin ningún sentido,
sobre todo el suicidio (…) porque la muerte psicológica puede conllevar al suicidio, una
muerte social es una muerte invisible de aquellas personas que se quedan solas sin
nadie (…)

En la revisión bibliográfica se ha observado que autores que desarrollan los conceptos


de muerte psicológica, como M. Milá (23) y J. Leach (3), o la muerte social como O.
Patterson y Z. Bauman (63) entre otros, refieren que una muerte psicológica podría
desencadenar una muerte social y viceversa, ya que son condiciones que se atraen
entre ellas, pudiendo coexistir a la vez en la misma persona. Se entiende pues este nexo
de unión, como la predisposición que tendrá una persona que padezca muerte
psicológica a verse avocada al aislamiento y desconexión del entorno y otra que sufra
una muerte social a la posibilidad de padecer un deterioro psicológico y emocional
originado por la exclusión y la desvinculación social.

5.1.2 Experiencias.
En esta subcategoría, se recogen las vivencias experimentadas por los informantes con
ejemplos prácticos y reales de la problemática expuesta sobre la velada muerte no
biológica que tiene lugar hoy en día en nuestra sociedad. Se ha podido constatar que la
totalidad de los entrevistados ha tenido experiencias cercanas relacionadas con la MNB,
algunos de ellos relatándolas como frecuentes en pacientes de ámbitos como salud
mental, geriatría y críticos con secuelas graves. También refieren experiencias fuera del
entorno hospitalario en el seno de la comunidad en personas con algún factor de riesgo
que general vulnerabilidad en ellas de forma que las predispone a presentar esta
entidad.

33
En una de las experiencias compartidas por el informante E1 se comprueba como la
MNB tiene su espacio en las plantas hospitalarias, en pacientes que han sufrido
accidentes o patologías graves cuyas secuelas son tan sumamente significativas que
cambiarán sus vidas por completo sin posibilidad de volver atrás. Un ejemplo que
destaca el entrevistado es el estado vegetativo como consecuencia de un TCE grave en
el que, como expone Kenneth Maiese (65) en su trabajo “Enfermedades cerebrales,
medulares y nerviosas” en su trabajo “Enfermedades cerebrales, medulares y
nerviosas”; ya no se controla el pensamiento ni el comportamiento, pero las partes que
controlan las funciones vitales siguen funcionando. Con lo cual se puede contemplar
como la paciente abre los ojos y parece despierta pero no responde a ninguna
estimulación significativamente. El informante percibe el estado de MNB de la persona
porque, aunque biológicamente siga viva, las demás esferas que completan el
significado holístico de su vida están dañadas irreversiblemente.

E1 “(…) Está en coma, lo único que hace es respirar por si sola, la alimentamos por una
PEG, ni se mueve, ni interactúa con el mundo ni nada, ¿está viva? sí, ¿se le puede
incorporar a la sociedad? No. ¿A que está condenada? a vivir en una cama, de la cama
al sillón y del sillón a la cama, porque esta niña no interactúa con el medio, no tiene un
contacto visual siquiera (…) y esta chica al tiempo morirá incluso para sus familiares,
aunque biológicamente siga viva”.

En otra de las vivencias comentada por E1, se observa la incidencia de MNB de las
personas que forman parte del personal sanitario e inician una nueva jornada al salir de
la propia, ya que tienen a su cargo familiares dependientes, por lo que no desconectan
nunca del rol cuidador, no realizan actividades lúdicas, ni tienen vida social. Todo esto
acompañado por un desgaste físico y emocional por la constante rutina, hasta el punto
de desarrollar cuadros depresivos importantes debido a padecer la conocida sobrecarga
del cuidador desarrollada por el Dr. Steven H. Zarit, ya que son cuidadoras a nivel
sanitario asistencial, en su puesto de trabajo y en el domicilio. Como señalan E. Flores,
E. Rivas y F. Seguel (66) en su artículo “Nivel de sobrecarga en el desempeño del rol
del cuidador familiar de adulto mayor con dependencia severa”, este cuidador se ha de
enfrentar a situaciones críticas derivadas del estrés de cuidar. Se ve afectado su estado
de salud y bienestar apareciendo agotamiento general y sintiéndose desbordado la
mayor parte del tiempo, pudiendo llegar a presentar ansiedad y depresión. Un conjunto
de signos y síntomas que en enfermería se conoce como “Cansancio en el rol del
cuidador” (66). Esto se agrava todavía más si la profesión de persona también es la
asistencia sanitaria, como es el caso.

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E1 “(…) socialmente todo se reduce exclusivamente al hospital y a su casa, no ven más
salida, no están muertas, pero para la sociedad son personas inexistentes, y ellas
mismas dicen: “no me gusta mi tipo de vida, no me apetece hacer nada, no quiero salir,
lo único que hago es cuidar todo el día y lo que quiero es morirme” porque ya están
muertas a nivel social, tienen muy pocas salidas, ya no pueden hacer nada más”.

El entrevistado E3 mediante su experiencia, muestra el sufrimiento oculto que se puede


generar en los senos familiares aparentemente perfectos sin dificultades
socioeconómicas, ni pérdidas de salud, que ante un suceso inesperado no han sabido
afrontar ni gestionar la realidad que les ha tocado vivir, volviéndose un hecho
insuperable que desencadena el inicio de la decadencia personal hasta puntos
inimaginables. El informante muestra como se hace efectiva una de las consecuencias
más devastadoras de la MNB, el suicidio, precedido por el desarrollo del cansancio en
el rol del cuidador y la carencia de la capacidad de ser seres resilientes y superar las
adversidades que la vida les había puesto en su camino. Entendiendo por ser resilientes,
como expone JD. Uriarte (67), a los procesos de superación que les permiten a las
personas, un desarrollo normal y armónico con su medio a pesar de vivir un contexto
desfavorecido experimentando situaciones conflictivas (Luthar y Cicchetti, 2000;
Werner, 1984).

Según la autora AT. Osorio Rojas (68), en su trabajo “Resiliencia, un aspecto nuevo que
puede aportar al profesional de enfermería para mejorar el cuidado en el ciclo vital, en
las situaciones difíciles de la vida y como herramienta para la prevención del suicidio”,
describe la resiliencia ante el suicidio como la capacidad que tiene el ser humano por
medio de sus competencias, habilidades o recursos, para la regulación y afrontamiento
de sentimientos, pensamientos y conductas relacionadas con el suicidio. Es decir, las
aptitudes para enfrentarse al espectro suicida, una vez presentadas esas ideaciones
suicidas (Galvis, Ojeda, & Rivera, 2012). Por el contrario, la capacidad de resiliencia
puede verse afectada por tener limitaciones para encaminar alternativas de resolución
de problemas, incapacidad para potenciar los recursos de los que se dispone y no
utilizar los factores protectores intrínsecos de cada persona, tal y como expone AT.
Osorio Rojas (68), son la introspección, independencia, interacción, moralidad, humor,
iniciativa, y creatividad (Wolin & Wolin, 1993).

E3 “(…) Pero tuvieron una segunda hija con un autismo profundo y no lo pudieron
soportar… no lo pudieron soportar hasta el punto en el que llegaron al suicidio colectivo.
Se suicidaron el padre y la madre (con 60 años) y antes mataron a la hija (de 18) en el
mismo suicidio, porque claro el de ella no fue voluntario claro. (…) Ellos llevaban una

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vida normal, pero desde que habían tenido a la hija siempre estaban enfadados,
socialmente se fueron alejando de las personas, se enfadaban con todo el mundo, no
lo aceptaban comenzaron a culpabilizar a todo el mundo de todo lo que pasaba y
decidieron hacer esto”

Otra de las experiencias narradas por el informante E2 tiene que ver con el campo de la
salud mental, y se puede extraer el terrible daño que generan los prejuicios arraigados
y establecidos en la sociedad hacia las personas que padecen una enfermedad mental
y a su entorno, dando como resultado desvinculaciones personales y profesionales que
afectan a los roles de la vida en comunidad por culpa del estigma hacia este sector
poblacional, coincidiendo así con lo dicho por la autora A. Aretio (69) en su artículo “Una
mirada social al estigma de la enfermedad mental”. Como se ampliará más adelante, en
este colectivo recae un fuerte estigma social generando en la persona un gran
sufrimiento acompañado por sentimientos de soledad, angustia y tristeza.

E2 “(…) conozco a una persona que tiene un diagnóstico de bipolaridad y lo primero que
dice es que a partir del momento en que uno tiene ese diagnóstico, uno desaparece
para los otros de alguna manera. La gente pierde sus amigos, pierde sus parejas, lo
pierdes todo, porque hay como una serie de prejuicios construidos históricamente sobre
estas categorías que hacen que las personas se alejen (…)”

5.2 Factores desencadenantes de MNB.


Otra cuestión que interesaba conocer para dar respuesta a los objetivos planteados era
identificar los factores de riesgo más relevantes, según los informantes, para poder sufrir
una MNB. Según la OMS (70), un factor de riesgo hace alusión a “cualquier rasgo,
característica o exposición del individuo que aumente su probabilidad de sufrir una
enfermedad, lesión o afección” que provoque una pérdida de salud física o mental,
afectando, por consiguiente, a las dimensiones humanas relacionadas con los contextos
vitales en los que la persona se desarrolla y relaciona.

Por ello, en esta categoría se recogerán las circunstancias desencadenantes


mencionados y descritas por los entrevistados. A su vez, dentro de esta categoría se
encuentran tres subcategorías que agruparán diferentes contextos de riesgo. La
primera, enfermedades mentales, agrupará los factores de riesgo de exclusión social y
estigma, categorías diagnósticas y sobre medicación; la segunda, aislamiento social,
recogerá los factores de riesgo desencadenados por la institucionalización, concepción
de normalidad o anormalidad y soledad impuesta o involuntaria; y, por último, la tercera
subcategoría, falta o ausencia de resiliencia, contemplará los duelos patológicos por la
muerte de los hijos.

36
5.2.1 Enfermedades mentales.
La palabra enfermedad proviene del latín “infirmitas” cuyo significado es el de “falta de
firmeza” y hace referencia al cambio más o menos grave de la salud física o mental de
un ser vivo. Concretando con la definición de enfermedad mental, según los autores J.
Tomás, J. Almenara, N. Gondón y S. Batlle (71), en su trabajo de “Paidopsiquiatría”, se
entiende como la ausencia de salud mental a consecuencia de un proceso
psicopatológico que altera la dimensión emocional, cognitiva y comportamental del
individuo, generando la presencia de un sufrimiento psíquico, viéndose afectadas
distintas esferas psicosomáticas de la persona.

Es evidente que hay una clara discriminación social repercutiendo negativamente en el


individuo cuando el origen de la enfermedad es de tipo mental, tal y como señala el Dr.
Duncan Pedersen (72), en su trabajo “Estigma y exclusion social en la enfermedad
mental”, las personas que padecen una enfermedad mental son estigmatizadas por las
distintas sociedades de dos maneras; una es la significación cultural negativa impuesta
a ciertas formas de comportamientos y, otra, es las medidas que se llevan a cabo en
una comunidad para controlar y reprimir estas formas de comportamiento consideradas
desviaciones de la norma y, por consiguiente, como estas prácticas invocan a la
exclusión social y al círculo vicioso de estigmatización de la enfermedad mental.

❖ Exclusión social y estigma.

Tras revisar y analizar las entrevistas, tres de los cuatro informantes, señalan que la
persona que sufre un trastorno mental tiene un riesgo muy elevado de sufrir una MNB,
siendo las que manifiestan sintomatologías de forma más visible las que mayor
repercusión tienen, como por ejemplo la esquizofrenia, ya que la sociedad responde
ante una persona “extravagante” con un estereotipo determinado, haciéndolo sentir
aislado y señalado como corrobora el sociólogo Dr. Thomas J. Schef (73).

En lo relatado por informante E1, se advierte el comportamiento excluyente de la


sociedad en general respecto “a los locos” como vulgarmente se les suele denominar,
prefiriéndolos lejos de la vida comunitaria, en instituciones mentales, para que no alteren
la dinámica de la vida diaria, confirmando, así, la muerte social y emocional que estas
personas han de soportar, además de recalcar la marginalidad provocada por la
sociedad debido al mero hecho de padecer sufrimiento psíquico. Todos estos
comportamientos, pensamientos y creencias infundadas están originados por la dañina
estigmatización que recae en los trastornos mentales y quienes lo sufren, generando
aún más impedimentos para la reintegración y vida en comunidad. Mientras que algunos
trastornos mentales, como la depresión o la demencia senil, son aceptados y en general

37
admitidos con cierta tolerancia, otros como la bipolaridad o la esquizofrenia, continúan
estando asociados con estereotipos de violencia y peligrosidad, tal y como apuntan los
autores Angermeyer, Schulze,2001 y Corrigan, 2002, entre otros (74).

E1 “(…) para los pacientes psiquiátricos la muerte social es brutal. Si tú tienes una
enfermedad mental socialmente eres inaceptado, estás loco,” y yo a los locos los quiero
fuera de aquí, me da igual el tipo de enfermedad mental que sea”, quedan excluidos.
“Están bien en psiquiátricos, lejos de mí”, porque lo que no conocemos nos da miedo
(…) ¿están muertos socialmente? totalmente ¿emocionalmente? pues seguramente”

Se ha observado, pues, que el estigma existente y notorio se ha convertido en una


marca denigrante que acompaña a la persona a lo largo de su vida, engendrando un
rechazo absoluto ante la significación negativa que la sociedad en general le da a este
tipo de enfermedades por pura tradición y desinformación.

En lo expuesto por el entrevistado E2, se comprueba la losa del rechazo que recae en
estos individuos, originado por el estigma social, en primer lugar, hacia la categoría
diagnóstica y, en segundo, lugar hacia ellos por padecer enfermedades mentales.
Descrito por el padre de la microsociología E. Goffman (75), en 1963, el estigma es “la
presencia de un atributo personal negativo y en extremo denigrante, que hace a una
persona diferente a las demás, de una clase indeseable o de inferior categoría”. La
generación de un estigma cuyo origen, tal y como apunta D. Pedersen (72), “es el
producto de varios procesos secuenciales o simultáneos de etiquetamiento,
estereotipación, distanciamiento y segregación, degradación y discriminación”, impacta
brutalmente en este grupo, abocándolos a una desintegración social y generando un
grave e imborrable sufrimiento individual y colectivo.

E2 “(…) otro factor de riesgo es el estigma que existe sobre las categorías médicas,
sobre el sufrimiento, por qué las personas tienen determinado sufrimiento como
decíamos, que son nombrados de una cierta manera y ese nombre tiene un estigma
social (…) Hay un encierro que tiene que ver con la institucionalización prolongada y
hay otro encierro qué tiene que ver con la categoría diagnóstica, y en estos casos
cuando está dispuesta de tal manera sobre la vida de las personas, las encierra. La
categoría se transforma en una nueva prisión (…)”

Otro factor de riesgo que comenta el informante E2 en la entrevista es algo tan evitable
y simple como mirar a los ojos. Este pequeño y cotidiano gesto dota a la a persona con
la que se está manteniendo cualquier tipo de comunicación, de una existencia, una
forma de conexión y muestra de escucha activa, porque si no lo miras es como si no
estuviese.

38
E2 “(…) si nadie te mira, otro factor de riesgo, no mirar a los ojos, algo que reclaman
muchas veces los pacientes, la falta de un contacto, de una escucha (…)”

Y un ejemplo de esto es lo que plasma en su tesis doctoral “Radio Nikosia: La rebelión


de los saberes profanos” el antropólogo Dr. Martín Correa-Urquiza (76), mediante una
entrevista realizada a uno de sus informantes que acude al psiquiatra, quien afirma lo
siguiente: “No me mira a los ojos, ni me mira en su consulta. Se queda ahí, de lado,
atento a su ordenador, tecleando con dos dedos porque aún es de la vieja escuela,
mirando mi ficha clínica sin saber si yo sigo siendo yo. Me ve a través de mi ficha clínica.
Ése soy yo para él y yo sé que no soy ese. No hay diálogo. No me conoce. Me pregunta
como estoy sin mirarme”.

Este hecho, aunque parezca tan simple, genera en el individuo una despersonalización
extrema y un reflejo de desinterés por querer reconocer la identidad real que habita en
el otro y no la que se crea a través de un diagnóstico médico. Además, obstaculiza, en
cierto grado, el empoderamiento de la persona con sufrimiento psíquico, hacia su propio
proceso de recuperación.

❖ Etiquetas diagnósticas y sobremedicación.

En lo mencionado por uno de los entrevistados, E2, se observa el daño que produce la
otorgación de categorías diagnósticas en estas personas, según el Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders (DSM lll y 5) o la International Classification of
Disease, 10th Revision (CIE-10) (77), entendiendo por dichas categorías la descripción
que se recoge de los síntomas manifestados, es decir, son constructos teóricos
desarrollados por expertos, de lo que dicen y hacen las personas, como reflejo de lo
que piensan y sienten para completar los diagnósticos médicos establecidos en esta
especialidad, la de psiquiatría. Portar estas categorías diagnósticas en el contexto
médico conlleva a que, posteriormente, se transformen en etiquetas desprestigiantes a
nivel social, dando como resultado a nivel comunitario la exclusión y la invisibilidad de
estas personas, debido a esa tendencia de asociar la identidad con la enfermedad,
siendo un hecho totalmente absurdo pensar que ser es lo mismo que estar.

E2 “(…) La categoría empieza a transformarse en una pátina que te rodea entero y que
no te permite relacionarte (…) es una categoría que te desprestigia socialmente de tal
manera que te aboca a una muerte social o sea no te puedes relacionar; entonces
podemos pensar que una categoría como esquizofrenia, hoy te aboca a una muerte
social. (…) las categorías médicas que en un momento se transformaron en categorías
sociales que impactan sobre la vida de las personas de una manera brutal y sumamente
desempoderante (…)

39
Según el artículo “La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental”
realizado por un grupo de profesionales sanitarios compuesto por dos psiquiatras, M.
López y L. Fernández, una psicóloga, M. Laviana, una auxiliar de enfermería, AM.
Rodríguez y una socióloga, A. Aparicio (78), comparten que el uso de estas categorías
estigmatizantes genera una distancia o rechazo social, posiciona a la persona en un
contexto de vulnerabilidad y desventaja dañando no solo las relaciones personales, sino
la búsqueda de vivir con cierta “normalidad” en el contexto social con acciones como
trabajar, autorrealizarse o formar una familia, entre otras. Estas etiquetas sumamente
deshumanizadoras conllevan a cuestionar que todo lo que hace, dice, siente y piensa la
persona, provenga de la enfermedad y su existencia fuese comparable con otra persona
que tuviese una etiqueta igual.

En lo dicho por este mismo informante, se constata que otro factor de riesgo para
producirse una MNB es la sobremedicación psicofarmacológica y los efectos
secundarios que esta produce, coincidiendo así con que defendía ya en el siglo XX el
reivindicativo psiquiatra escocés, Ronald David Laing (79), quien dedicó su vida a
cuestionar los límites de la psiquiatría y denunció, entre otros procedimientos, la
sobremedicación existente como base del tratamiento de estos pacientes. El
entrevistado señaló como fundamental la transfiguración que sufre la persona una vez
se inicia la terapia y como contribuye a entorpecer la inclusión y el desarrollo psicosocial
del individuo con y en su entorno.

Según la psiquiatra J. Moncrieff (80) en su artículo “Un enfoque alternativo del


tratamiento farmacológico en psiquiatría”, la medicación psiquiátrica genera un estado
de “inhibición neurológica” caracterizada por una serie de alteraciones físicas y
emocionales, como la lentitud en los movimientos y el pensamiento, la falta de
motivación, la restricción emocional y el aumento de la inactividad. Todos estos efectos
secundarios con los que tienen que lidiar día a día las personas consumidoras de
psicofármacos avocan a emplear una terapéutica alternativa para contrarrestar estos
efectos; pero a su vez, estos fármacos “correctores” también tienen sus propios efectos
indeseados. En definitiva, un círculo vicioso difícil de romper.

La persona con sufrimiento mental se encuentra pues, bajo un amplio y estigmatizador


marco medicamentoso, que empaña y redibuja su verdadero ser, quedando expuesto
tan solo, un producto vulnerable y desconocido para sí mismo, según expone el autor
M. Correa-Urquiza (81), en su artículo “El cuerpo silenciado: Reflexiones sobre los
itinerarios corporales de la locura”, proyectando ahora lo que los fármacos permiten que
seas y no lo que se es en realidad, debido a las múltiples alteraciones que se produce

40
en la dimensión orgánica/física, generando cambios muy visibles y estigmatizados como
la modificación de la expresión facial, el volumen corporal, el incentivo vital, los
movimientos temblorosos y comportamientos dubitativos que dan como resultado final
unas devastadoras significaciones sociales negativas.

Si se hiciese una lectura de la realidad diaria a la que se enfrentan y han de soportar


algunas de las personas con enfermedad mental, sería la siguiente: La lápida del
estigma hacia ellos y su enfermedad, su existencia sobremedicada y aletargada, la falta
de estímulos vitales, entre otros motivos robados por la medicación incapacitante, los
incesantes intentos de inclusión comunitaria siendo cruelmente rechazados, excluidos
y la proyección distorsionada que tienen para los otros y para sí mismos de lo que en
realidad son.

E2 “(…) la muerte social tiene que ver también con la sobre medicación, con el exceso
de medicación en este caso (…) he estado con gente que a veces viene absolutamente
sobremedicada, con un estar cómo quebrado, como ausente, como tembloroso, en
dónde la condición de la sobre medicación les impide sentir el mundo, les impide
conectarse con el mundo (…)si tú tienes esquizofrenia ¿qué te queda? pues dedicarte
a estar así, comprimido químicamente, tratado químicamente, decir a todo que sí y no
pensar, porque quién piensa por ti son los otros y si no tienes jurisdicción sobre tu propia
vida estás muerto en vida (…) porque la medicación es profundamente destructiva del
cuerpo.”

El autor R. Whitaker (82), en su libro “Anatomía de una epidemia: panaceas,


psicofármacos y el impactante ascenso de la enfermedad mental en [Link].”, secunda
la idea de la destrucción que produce en el cuerpo la sobre medicación, y define el
proceso de consumo abusivo de psicofármacos como “la epidemia de la disfunción
cerebral”, haciendo referencia a que el consumo continuado de psicofármacos, puede
desencadenar a largo plazo atrofia y daños cerebrales, provocar episodios psicóticos,
ocasionar nuevos diagnósticos mentales, aumentar la cantidad y el número de
psicofármacos y medicación correctora y, por último, la gran dificultad en su proceso de
retirada y su confusión con recaídas. R. Whitaker insta a dejar de creer que los
psicofármacos son el mejor y el único tratamiento para la enfermedad mental y el
sufrimiento psíquico, recordando que la psicoterapia o el ejercicio físico han demostrado
ser muy eficaces en ciertos contextos.

5.2.2 Aislamiento social.


En esta subcategoría se realizará una contextualización de diversos factores de riesgo
que generan en el individuo una desvinculación social, propiciando así una MNB. El

41
aislamiento social, según los “Centros para el Control y la prevención de Enfermedades”
(CDC) (83), se define como la separación y pérdida total del contacto con el entorno y
su consiguiente falta de conexiones sociales. Por ello se incluyen en esta subcategoría
la institucionalización, la concepción de normalidad o anormalidad y la soledad impuesta
o involuntaria.

❖ Institucionalización.

Un pionero en describir las consecuencias de la institucionalización fue Erving Goffman


(28), quien dejaba frases como la siguiente en su libro “Internados” y al que hace
referencia uno de los entrevistados: “La barrera que las instituciones totales levantan
entre el interno y el exterior, marca la primera mutilación del yo”. Es decir, que la
institucionalización es una realidad análoga e invisible para el resto de la sociedad
donde algunos seres pasan largos periodos de su vida sin otro contacto que no sea los
demás internos y el personal que allí trabaje. E. Goffman (28), también describe a su
manera el concepto de muerte no biológica que se trata en este trabajo, denominándola
“muerte civil” haciendo referencia al despojo permanente de derechos y ciertos roles
que sufre la persona institucionalizada en hospitales psiquiátricos, prisiones, geriátricos
e internados, como integrante de una sociedad.

Dos de los informantes identifican situaciones que tienen lugar al ser una persona que
existe en una institución o que, a pesar de no estar en una, está vinculada de por vida
por motivos de enfermedad. Se muestra como en ocasiones se pierde la voz en lo más
intrínseco del propio ser humano y es el control sobre sí mismo y sobre su manera de
hacer y ser.

E2 “(…) Otro factor es la institucionalización, es clarísimo, eso ya lo decía [Link] en


un gran libro que se llama Internados(…) quién habla sobre ti siempre es otro, en este
caso un médico, la familia, que te dice lo que tienes que hacer, a dónde tienes que ir,
cuándo se puede acabar, la medicación que te tienes que tomar… tú pierdes toda
jurisdicción sobre tu propio cuerpo y sobre tu propia vida, eso te mata socialmente y te
transforma en un muerto en vida”

E4 “(…) una persona en la residencia que está en una silla, allí mirando al infinito y para
mí es eso lo que consideraría una muerte en vida”

Goffman (28), señala también cuando a los internos “se les arrebata el nombre por el
cual uno fuese llamado, por lo que la pérdida del propio nombre puede representar otra
gran mutilación del yo”. En síntesis, se aprecia que una serie de pérdidas genera un

42
desarraigo emocional, psicológico y social en la persona internada, ocasionando una
interferencia diferida en el tiempo en la posible y futura reinserción en la sociedad.

❖ Concepción de normalidad o anormalidad.

El periodista, escritor y satírico estadounidense Ambrose Bierce (84), a través de un


documento realizado por el propio autor llamado el “Diccionario del diablo”, ”, recopiló
un léxico de definiciones corrosivas de la época (1881-1906), donde entre otros
términos, describió la palabra anormal como “adjetivo que no responde a la norma. En
cuestiones de pensamiento y conducta ser independiente es ser anormal y ser anormal
es ser detestado. En consecuencia, es aconsejable parecerse más al Hombre Medio
que a uno mismo. Quien lo consiga obtendrá la paz, la perspectiva de la muerte y la
esperanza del Infierno”.

Uno de los entrevistados, E2, señala la importancia que tienen los diferentes contextos,
en relación a los juicios sentenciadores dictados por la sociedad sobre las diferentes
formas de existir en ellos, es decir, todo lo que en ese contexto este calificado “como
apto” marcará la línea divisoria de lo opuesto. En el otro extremo existirán los que se
salgan de la norma y el ser anormal convocará a ser apartado y excluido socialmente,
ya que el hecho de ser juzgado como normal o no, dependerá del contexto y de lo que
socialmente este aceptado como normal.

Coincidiendo con el entrevistado sobre la discriminación y separación social que recae


en las personas que, desde el punto de vista del entorno donde viven, no son normales,
ya son muchos los autores que lo reafirman, entre ellos Michel Foucault en el año 2000
con su trabajo “Los Anormales” o Georges Canguilhem en 1943 con su tesis “Lo normal
y lo patológico”. La profesora Indiana Vallejos (85) en su trabajo “El Otro Anormal”
describe también las consecuencias que conlleva ser lo contrario a normal “Normal es
una categoría inventada para confirmar lo propio e instalar el control, expulsar, aniquilar,
corregir, censurar, moralizar, domesticar todo lo que exceda sus propios límites, todo lo
Otro”.

E2 “(…) claro que no eres válido para vivir en esta comunidad, porque no eres normal
(…) La normalidad se construye culturalmente y es el resultado de un consenso histórico
y geográfico. Aquello que es normal aquí, puede no ser normal en otros contextos y
viceversa. (…) Es aquello que se ha consensuado he instalado socialmente como el
sentido común de las cosas, pero el sentido común no es la verdad, sino en todo caso
es un tipo de verdad consensuada, pero hay muchas verdades posibles y hay muchos
otros sentidos comunes dependiendo de donde las personas existen (…)”

43
❖ Soledad impuesta o involuntaria.

Según la definición que proporciona el diccionario de la Real Academia Española (RAE)


(86), soledad significa carencia voluntaria o involuntaria de compañía. En este caso la
mayoría de los entrevistados identifican como factor potencial de riesgo para
desencadenar una MNB la carencia involuntaria de compañía, es decir, la soledad
impuesta o involuntaria. Esta se entiende como la aparición de un sentimiento negativo
de tristeza, melancolía o vacío interior en la persona que se siente sola y aislada durante
periodos indefinidos, no por elección propia, pudiendo generar consecuencias
arrolladoras sobre la salud física y psíquica (87)(88) e incluso llegar a presentar una
entidad llamada soledad crónica, definida como la existencia de sentimientos de soledad
y de aislamiento social continuos y prolongados con incapacidad de conexión con los
demás llegando incluso a provocar sentimientos profundos de incomodidad, baja
autoestima y rechazo (89). Los entrevistados señalan que esta condición de soledad
involuntaria contribuye al desapego comunitario y a la pérdida de redes sociales,
convirtiéndose la persona en invisible para el resto.

E1 “(…) la soledad, o sea las personas que están solas creo que también, no solas por
elección, solas porque por equis motivos en esta vida no han construido una familia o
personas que no tengan una red social establecida (…)

E4 “(…) pues factores como la indigencia, la soledad, estas personas que están solas,
que no tienen contactos sociales y que a lo mejor viven de una pensión, de una ayuda
o de una invalidez (…)

E3 “(…) pues muchos factores importantes como el maltrato la violencia de género la


violencia de gente mayor, la soledad, el vivir solo etc. (…) Durante este confinamiento
he pensado mucho en aquellos pacientes que yo tenía, había muchos que vivían solos,
que no habrán tenido acompañamiento ¿cómo estarán estas personas si ya eran débiles
y tenían una enfermedad de base?”

La soledad, sobre todo en el adulto mayor, es un problema invisible y presente en la


sociedad que viene influenciado por pérdidas conyugales, desvinculación fraternal y
niveles socioeconómicos y culturales bajos entre otros. Y este es uno de los colectivos
que más lo sufre, encontrándose en una etapa vital que puede llegar a ser muy
vulnerable (90).

5.2.3 Falta o ausencia de resiliencia.


Según la definición que presenta la Real Academia Española de la Lengua (RAE) (91),
la resiliencia hace referencia a la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un

44
agente perturbador o un estado o situación adverso”, es decir, la competencia humana
de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. La rama de
psicología está de acuerdo en que gracias a la resiliencia el ser humano afronta las crisis
o los eventos potencialmente traumáticos, pero añade algo más y es el hecho de que
una vez se hayan superado estas situaciones se salga fortalecido y con un aprendizaje
de ellas (92).

En esta categoría se recogerán diferentes contextos en los que la falta o ausencia de


resiliencia toma un papel importante en cuanto a la superación de infortunios vitales y
se ampliará en la conceptualización de los duelos patológicos motivados por las
pérdidas de los hijos/as.

En las entrevistas dos de los informantes referencian esta resiliencia nombrándola como
“un sistema de resistencia” o “la capacidad de afrontamiento” que tienen las personas
al vivir situaciones extremas en su vida y que podría tener que ver con la naturaleza de
cada ser humano. Afirman que la incapacidad de ser un ser resiliente en el trascurso de
la vida es un posible riesgo de generar una MNB, ya que no cuentan con la capacidad
de auto florecer tras el suceso, por lo que entrarán en un círculo vicioso de
desesperación y sufrimiento difícil de romper, tengan o no ayuda de su entorno.

E3 “(…) las personas tenemos una cosa que se llama sistema de resistencia. Hay veces
que dices ¿cómo puede ser que hayas pasado por todo esto y seas capaz de afrontarlo
y en cambio, otra persona que ha pasado por menos que tú no es capaz de desarrollar
esta resistencia y volver a aflorar? (…) puede haber un componente biológico qué haga
que no aceptemos las cosas, según como seamos nosotros (…) Por mucho que nos
ayuden, yo creo que hay una línea muy fina de resistencia”.

E1 “(…) Hechos que no se llegan a superar, eso ya depende de tu capacidad de


afrontamiento, hay gente que tiene una cabeza muy estructurada y es capaz de afrontar
los problemas de una manera, no te voy a decir que sin que les afecte, pero si con una
gran capacidad de superarlos brutal, y hay gente que se queda en el dolor. (…)

Hay una frase muy relevante que menciona el informante E1 “hay gente que se queda
en el dolor”, que da lugar a que se abra una categoría muy importante cuando se está
hablando de no superar el dolor, y se trata del duelo. Como expone I. Cabodevilla (93),
en su trabajo “Las pérdidas y sus duelos” el duelo, del latín “dolus”, que proviene de la
palabra dolor, es un conjunto de procesos psicológicos y psicosociales que le siguen a
una pérdida, sea cual sea el tipo de pérdida. El duelo es un proceso natural que se ha
de superar para encontrar el equilibrio, pero si se queda estático en alguna de sus fases
da lugar al duelo crónico. Coincidiendo con el informante E1, el autor I. Cabodevilla (93),

45
describe el duelo crónico como “el duelo que se queda como pegado en el dolor,
pudiéndolo arrastrar durante años”, esta complicación ocasiona en la persona un
estancamiento en el dolor y el sufrimiento, retrasando su paso a la aceptación y
superación del proceso de duelo.

❖ Duelos patológicos: muerte de los hijos/as.

La muerte de un hijo/a constituye para algunos padres, un hecho devastador e ineludible


que precede a un periodo de duelo indefinido y diferente para ambos, como apunta Louis
Vicent Thomas (91), que marcará un antes y un después en la vida de estos. En algunos
casos estos duelos no avanzan favorablemente y se convierten en duelos patológicos o
complicados. En 1980, el Dr. Milton J. Horowitz (94), psicólogo clínico, define el duelo
complicado como aquel cuya intensificación llega al nivel en el que “la persona que está
desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o permanece inacabablemente en
este estado sin avanzar en el proceso de duelo hacia su resolución”.

A través de lo expuesto por el informante E1 se puede observar que la muerte de un


hijo/a es un factor de riesgo para ser susceptible de padecer una MNB. El entrevistado
lo describe con los términos “muerte consentida, autoimpuesta o autoinfligida”, haciendo
referencia a que la persona decretará desde el momento de la pérdida, no tener ni
derecho ni sentido recomponerse a lo sucedido. Este proceso patológico que se
emprende dará lugar a lo que en la literatura se conoce como duelo crónico, y
coincidiendo con Cabodevilla (93), “la persona será incapaz de rehacer su vida,
mostrándose absorbida por constantes recuerdos, girando toda su vida en torno a la
persona fallecida y considerándolo como una ofensa hacia el difunto poder restablecer
cierta normalidad”.

E1 “(…) Otro factor de riesgo son las madres que hayan perdido un hijo, esas madres
en el momento en el que su hijo fallece se han muerto con su hijo (…) Creo que es
donde más se puede representar una muerte no biológica, es una muerte muy
emocional, “me auto muero con mi hijo o con mi hija”. (…) “yo no me permito vivir porque
mi hijo o mi hija no está aquí conmigo”, esta sería la muerte consentida por una madre
o por un padre que pierde a un hijo. Creo que es una de las muertes que se auto
imponen, “no tengo derecho a vivir porque mi hijo no está vivo” y de esas muertes no se
hablan (…) estoy convencida de que esta es una muerte autoinfligida, “yo no tengo
derecho a la vida porque mi hijo ya no está aquí”.

Además, el mismo informante advierte el no disponer de una palabra que describa la


situación de unos progenitores al perder a su hijo/a, ya que el hecho de no ponerle

46
nombre a una realidad que viven muchos padres es una forma de deshumanizar e
invisibilizar este suceso contribuyendo de algún modo a la dificultad de superar el duelo.

E1 “(…) hay una palabra para definir que una mujer se ha quedado sin su marido o
viceversa se llama viudo o viuda, pero no hay ninguna palabra que defina una madre
que ha perdido su hijo cómo se llama? no existe (…)”

En la literatura se ha constatado la falta de léxico para definir a las personas cuando


muere se hijo/a. Únicamente se ha encontrado que en el idioma hebreo existe una
palabra “Shjol” para su definición, y a una escritora colombiana llamada Bella Ventura
(95), quien inventó el término “Alma mocha” para describir la condición humana de un
ser que pierde a su hijo/a.

5.3 Consecuencias de la muerte no biológica.


En esta categoría se reúnen dos de las consecuencias más graves de padecer una MNB
y son mencionadas por los entrevistados como vinculaciones muy directas de esta. Se
dividen en dos subcategorías denominadas depresión y suicidio

Todas las personas que estén en riesgo o padeciendo una MNB tienen algo en común,
una condición de vulnerabilidad. El origen de la palabra vulnerable proviene del latín
“vulnerabilis”, formada de “vulnus”, que significa herida, daño, golpe, y, también,
desgracia o aflicción; y el sufijo “abilis”, que indica posibilidad. Es decir, ser vulnerable
indica la posibilidad de ser dañado tanto física como psíquica y emocionalmente, dando
lugar a la apertura de la vertiente del sufrimiento, no sólo de la persona, sino también,
en ocasiones, del entorno con el que se relaciona (96). Tal y como expone la autora L.
Feito (97) en su artículo “Vulnerabilidad”, “la vulnerabilidad tiene que ver pues, con la
posibilidad de sufrir, con la enfermedad, con el dolor, con la fragilidad, con la limitación,
con la finitud y con la muerte. Principalmente con esta última, tanto en sentido literal
como metafórico. Es la posibilidad de nuestra extinción, biológica o biográfica, lo que
nos amenaza y, por tanto, lo que nos hace frágiles”.

La MNB marca un antes y un después en la trayectoria vital de una persona, reflejándose


como un desapego vital, social, psicológico y emocional a todo lo referente a la vida. El
hecho de ser vulnerable, además de repercutir en el bienestar general, tendrá
consecuencias en la adecuada toma de decisiones. Pero, aunque este colectivo tenga
la condición común de vulnerabilidad, la repercusión posterior que tendrá padecer una
MNB, tomará itinerarios distintos dependiendo de la situación y las características de la
propia persona. Varios informantes en sus entrevistas han mencionado la asociación
que existe al sufrir una MNB con el consecuente riesgo de padecer, en estadios iniciales

47
de la MNB, la deshabilitación social o el inicio una depresión, entre otros; y, en estadios
avanzados, la autólisis, el dejarse ir e incluso el suicidio.

5.3.1 Depresión.
La depresión, del latín “depressio”, significa opresión, encogimiento o abatimiento. En el
trabajo de A. Aguirre Baztán (98), “Antropología de la depresión”, lo señala como un
trastorno psíquico que se podría describir como “hundimiento vital” (K. Schneider, 1920),
como la vivencia existencial de la muerte. En la depresión hay un sentimiento de
sufrimiento que lo envuelve todo, viéndose afectada la parte cognitiva y somática en
todas las esferas que conforman la vida de la persona, es decir, se sufre por el mero
hecho de vivir. Tal y como refleja en su trabajo A. Baztán (98), cita a F. Alonso, quien
menciona que “es quizá, la única enfermedad en la que se desea morir; el depresivo se
tutea con la muerte, la desea como forma de poner fin a su sufrimiento”.

En lo mencionado por el informante E3 se observa la posición que adopta una persona


al no desarrollar el proceso de duelo con naturalidad, quedándose indefinidamente en
la fase de la depresión. Se experimentan sentimientos de desesperanza y dolor,
adoptando una actitud de claudicación ante la crítica situación que se está viviendo.
También se acompaña de la aparición de otros síntomas típicos de los estados
depresivos como el aislamiento social o la falta de motivación por vivir. Justificado por
Elisabeth Kübler-Ross (48), psiquiatra suiza, quien publicó en 1969 el libro “On death
and dying” “Sobre la muerte y el morir”, en el que describió por primera vez las cinco
fases que se han de ir superando, no necesariamente por orden, para finalizar el
proceso de duelo satisfactoriamente y las consecuencias negativas al quedarse
atascado en alguna de ellas, concretamente en la depresión, etapa crítica de vacío y
hundimiento personal.

E1 “(…) si, por ejemplo, una depresión brutal, creo que está muy asociada. Pensar que
cuando tú tienes una enfermedad grave, tú pasas por todas las fases del duelo, también
o sea cualquier tipo de perdida, aunque no sea de salud tienes un duelo y lo has de
pasar. Hay gente que se queda en la depresión y no pasa a la aceptación de la
enfermedad ¿por qué? porque no hay apoyo social.”

5.3.2 Suicidio.
Etimológicamente el Dr. Thomas Browne (99)(100) acuñó el término suicidio basándose
en la procedencia del latín, de las palabras “sui”, que quiere decir, si mismo, y “caedere”
que significa matar, lo que viene a significar en su conjunto, matarse a sí mismo. Son
muchos los autores que han definido el suicidio desde distintas perspectivas, como por
ejemplo E. Durkheim (101), quien hizo la primera definición científica social del término

48
en 1897 "Se llama suicido a toda muerte que resulta, mediata o inmediata, de un acto,
positivo o negativo, realizado por la víctima misma, sabiendo ella que debía producirse
ese resultado”. Es decir el desenlace final a un fracasado intento de los mecanismos de
adaptación a una situación insoportable para la persona, coincidiendo con lo postulado
por la autora M. Nizama (102), en su artículo “Suicidio”. Se denotó una coincidencia en
dos de los informantes al mencionar el suicidio como consecuencia directa de la MNB,
reflejando ser un acto propiciado por un gran padecimiento previo, a veces ocultado,
que arrebata toda motivación por vivir nublando las salidas y ayudas que pudiese tener
la persona y, finalmente, llevándola a cometer el acto de quitarse la vida.

E3 “(…) llega un momento que muchas veces es imposible poder hacer algo por ellos,
porque se dejan ir y no hay manera, tú insistes y pones recursos, pero se dejan ir, sí, sí,
hay muchos casos así (…) ¿cómo puede ser que nos dejemos morir? ¿por qué
decidimos que se ha acabado? Claro lo del suicidio es lo último, pero antes del suicidio
ha tenido que haber un sufrimiento terrorífico (…)

Podemos observar en lo expuesto por el entrevistado E2 el profundo tormento y


sensación de inexistencia para los otros, acompañado de una falta total de autoestima,
considerando que la única salida posible es desaparecer y dejar de sentir para siempre.
Se muestra la importancia que tiene el apoyo social y familiar en estas situaciones y
como una intercesión, por pequeña que sea, puede mostrar a la persona que todavía le
importa a alguien, pudiendo conseguir que recline la idea suicida y se adopten otros
itinerarios muy distintos que no sean la muerte del individuo.

E2 “(…) Así se producen muchas veces suicidios y cosas de ese tipo, mucha gente se
suicida porque ve que no tiene salida, se siente muerta socialmente, estoy solo nadie
me quiere. La muerte social y el suicidio están muy vinculados porque la persona siente
que ya… para que vivir, para que existir… Nadie me acepta, nadie me mira, nadie me
reconoce, nadie me autoriza, nadie resuena conmigo, nadie me entiende y a partir de
ahí para que vivir.”

5.3.3 Visibilizar lo invisible.


La sociedad en la que actualmente vivimos sigue tratando con ocultismo, miedo y
frustración el fenómeno de la muerte, poniendo mucho énfasis en las dimensiones
vitales como el nacimiento y la juventud adulta, pero relegando a permanecer en la
sombra las etapas de decadencia como el final de vida y la muerte. Es invisible aunque
está presente, y sigue siendo, como desde siempre, un tabú en pleno siglo XXl. En esta
categoría se enmarcan distintas conceptualizaciones que proyectan los informantes
sobre esta discreta pero poderosa entidad, la muerte

49
La humanidad debería ser consciente que no hablar de un problema no hará que
desaparezca. Sin embargo, la realidad es otra al tratar de esconder lo que se teme,
silenciándolo hasta convertirlo en tabú. Tal y como apuntan varios entrevistados, esto
es lo que sucede en la sociedad en la que vivimos. No se habla de temas desagradables
como del morir ni de lo que tenga que ver con la palabra muerte, aunque física y
aparentemente se siga viviendo, como ocurre en las MNB.

Se ha podido percibir una doble vertiente en la relación que tiene con la muerte uno de
los informantes. Por un lado, el óbito forma parte del día a día en su entorno profesional.
En cambio, en su ámbito familiar, cuando la muerte no es la de los otros, sino la de los
suyos, se torna tabú. Expresa silencio y temor ante la muerte y exterioriza no hablar
sobre ella en el entorno familiar. Se aprecia incluso el miedo que le provoca saber que
tendrá que pasar por ese proceso sin estar preparado para ello llegado el momento.

E4 “(…) ya son mayores y sé que llegará el día… y te planteas cómo será la vida
después ¿no? que tú tienes que seguir, pero..., pero no es algo que hable con la familia
o sea me da miedo el momento ese en el que me falten…”

Como expone JM. De Miguel (103) en su artículo “El último deseo: Para una sociología
de la muerte en España”, a lo largo de los años la significación y las costumbres
referentes a los procesos de final de vida han ido transformándose y levantando un muro
cada vez más alto llamado tabú. El informante E3 asocia la magnitud del tabú con la
educación cultural recibida sobre los contextos de la muerte, indicando que hoy en día
en el seno familiar y social se tiende al ocultismo y disfraz simbólico de todo lo referente
a temas no gratos para el bienestar auditivo y mental, mostrando sólo aquello que se
considera apropiado para ser visto y juzgado por los demás.

E3 “(…) a mí siempre me han dicho que los trapos sucios se limpian en casa, que estas
cosas que te pasen en casa no lo sepan fuera. Entonces nos hemos acostumbrado a
vivir las cosas interiormente y dar una imagen exterior de estamos bien (…) y este
concepto de muerte no biológica, muerte social, no le gusta a nadie y además como
concepto no lo conocemos, no es conocido, yo creo. La muerte social es invisible, no
se ve, ni nos gusta (…) eso tan despectivo y tan negativo lo apartas. (…) Todo esto
desde fuera no se ve, y no se habla de muerte no biológica, más bien se dice ha muerto
solo (…)

El informante E1 comparte su percepción sobre la transformación del cuidado en los


últimos días, señalando la desvinculación que se ha creado en torno a la muerte al
convertir un hecho normal y familiar en un suceso del que nadie quiere hablar, hasta el
punto de extraerlo del seno familiar e institucionalizarlo. Esto es corroborado por A.

50
Rodríguez (104) quien expone en su trabajo “Percepción Enfermera frente al cuidado
del paciente en Situación de Últimos Días” que actualmente hay un incremento de
muertes que suceden dentro del contexto hospitalario, dando lugar a deshumanizar el
proceso del final de la vida convirtiéndose en público, tecnológico e innatural.

E1 “(…) hace más o menos unos 50 años la muerte era aceptada a nivel social, a nadie
se le ocurriría dejarlo en una institución y no cuidarlo en casa, o sea, era impensable y
hoy en día los metemos en instituciones, pero porque la sociedad es así (…) se piensa
que si está en una institución estará más cuidado”.

Como dice JM. De Miguel (103), “No es posible enfocar la muerte propia de forma
adecuada sin haber sido socializado/a antes en la muerte de otros seres queridos”, pero
si se tiende al ocultismo en lo referente a la muerte, se vuelve difícil poder superar este
hándicap propuesto por el autor. Hay miles de refranes, canciones, poemas y textos
haciendo referencia a apartar lo malo, y la muerte al ser considerada como algo malo,
es apartada de la vida de las personas hasta el momento en el que les llega. Para el
informante E1 se reniega de la muerte porque no se llega a su aceptación real, y se
tiende al autoengaño pasando la mayor parte de la vida pensando que no llegará nunca.
El hecho de mantener enterrada esta etapa ineludible de la vida hará que, llegado el
momento, se esté menos preparado, más angustiado y con múltiples sentimientos de
incertidumbre ante lo que se va a experimentar, ya que, al haber estado poco presente
durante la vida no se morirá de la mejor manera posible.

E1 “(…) no nos gusta ver el último proceso de nuestra vida que es la muerte (…) Además
lo que no entendemos, tendremos a esconderlo y apartarlo (…) la muerte no la
entendemos de ninguna de las maneras, ni la muerte social, ni la muerte emocional, ni
la muerte biológica, o sea, la biológica ya ni por asomo. Es una cosa que apartamos, es
una cosa que evitamos y si no está mejor, pensamos que no nos vamos a morir nunca
y es mentira (…)”

Y en lo referente a visibilizar lo invisible, las residencias de mayores continúan siendo


esos edificios institucionales observados en la distancia, imaginando vagamente lo que
ocurre entre sus paredes y a quienes viven en su interior. Ancianos, que, sin darse
cuenta, un día serán quienes observan con perspectiva, tal y como apunta E1, quien
indica la intangibilidad que adquieren en nuestra sociedad algunos contextos que
reflejan lo que no se desea pero que ineludiblemente se experimentará en el futuro y
cuya negación convoca al descuido de un futuro real y próximo.

E1 “(…) las residencias de mayores son eso desconocido que tampoco quiero ver, ¿Por
qué? porque a mí no me gusta verme reflejada en lo que va a ser mi futuro de cuando

51
sea mayor, porque nos pensamos que vamos a ser jóvenes siempre y es otra forma de
muerte también, el hecho de querer ser joven siempre y no cambiar ni aceptar el
problema real y pensar que eso es nuestro futuro, no cuidamos nuestro futuro, lo
apartamos, lo que no nos gusta en esta sociedad actual se aparta y todo lo que
apartamos es una forma de muerte, es una forma de no existir”

En resumen, la mayoría de los informantes coinciden entre ellos y con lo expuesto por
el autor JM. De Miguel (103), en que la muerte en la actualidad sea cual sea su
dimensión, es anulada, retrasada al máximo por la tecnología, escondida y solitaria. Es
apartada sobre todo de los niños/as, maquillando ese viaje sin regreso a otro lugar. Se
ha perdido la ceremonia, el ritual conjunto, el ser plenamente consciente de que uno se
está muriendo, por ese pacto de silencio entre familia y equipo sanitario de no contar
nada al otro, se dice que, para evitar su sufrimiento. Es ahora secreta, discreta, evitando
mostrar emociones y manifestaciones externas de duelo, optando cada vez más por la
cremación, olvidando casi radicalmente a la persona con la dispersión cariñosa de sus
cenizas en un lugar emotivo, evitando así posteriores visitas a las tumbas. Se llora, pero
en secreto, igual que ahora lo es ella.

5.4 Cuidado profesional.


En la categoría del cuidado profesional se reúnen tres subcategorías que tratan sobre
la manera en la que se brinda la atención holística y multidisciplinar a las personas que
se encuentran bajo la responsabilidad de profesionales de la salud. Dentro de esta
categoría se ampliarán tres subcategorías que son las siguientes: rutinización en el
quehacer enfermero, formación de los profesionales y percepción del cuidar en dignidad
al otro.

5.4.1 Rutinización en el quehacer enfermero.


La profesión de enfermería no es como otra profesión al uso. Para desempeñar el
trabajo aspirando a la excelencia en el cuidar, es necesario que haya una pasión, una
vocación por la disciplina, requiriendo una implicación y dedicación muy profunda a nivel
personal y profesional, además de mantenida en el tiempo. En la tesis doctoral realizada
por la psicóloga Rosa María García Sierra (105), se trata la relación positiva que debe
haber entre trabajo y trabajador/a para que sea una simbiosis plena y satisfactoria. Se
refiere a este concepto con la palabra procedente del inglés “Engagement” que,
traducido al español, quiere decir compromiso. Un compromiso que trasladado al trabajo
se describe como “un estado mental positivo, satisfactorio y relacionado con el trabajo,
caracterizado por vigor, dedicación y absorción”.

52
Varios de los informantes han coincidido en el hecho de que estas premisas pueden
verse afectadas por múltiples factores a medida que avanza la carrera profesional, ya
que es una profesión muy emocional donde se viven situaciones complicadas que
pueden hacer mella en la enfermera/o y directa o indirectamente en el paciente,
viéndose ambos afectados de manera negativa.

Esta afectación negativa en los profesionales a la que se refieren los informantes es un


conjunto de signos y síntomas que dan nombre al síndrome de burnout (o síndrome de
estar quemado) definiéndose como “una forma crónica de estrés y malestar laboral
caracterizada por tres síntomas principales: cansancio emocional, despersonalización y
déficit de autoeficacia”, descrito así por Maslach, Leiter & Schaufeli en 2001, pero
identificado por seis etapas en 1980 por Edelwich y Brodsky (106).

El entrevistado E2 señala que el “estar quemado” en el puesto laboral da lugar a una


serie de consecuencias negativas entre ellas la desvinculación terapéutica con el
paciente, pero se muestra comprensible, entendiendo que en ciertos momentos los
profesionales tienen todo el derecho a encontrarse en esa situación de desborde y fatiga
mental, pero no comparte el hecho de quedarse en la simple justificación y continuar
realizando el trabajo sistemático a disgusto.

E2 “(…) A veces la práctica te cosifica, te trasforma (…) hay muchas enfermeras que
están con el síndrome de Burnout, porque uno se termina quemando y termina no viendo
a los pacientes, termina harto de los pacientes, eso puede ser comprensible en algún
momento, pero necesitamos no justificar eso (…) el tema es que no se tenga eso como
un modelo de acción permanente (…)”

También lo comparte el informante E4, quien menciona la erosión que sienten como
profesionales en el ámbito geriátrico y la rutinización que se adquiere, sumándole a esto
la carga asistencial y el grado de complejidad de los pacientes con los que trabajan, por
lo que tienen un alto riesgo de sufrir el síndrome de Burnout como apunta M. del Valle
Vega (107) en su trabajo “El Síndrome de Burnout en el personal de atención directa al
anciano en residencias geriátricas”, y que podría ser ocasionado por el aumento de las
patologías neurodegenerativas en la población adulta mayor, el ingreso en residencias
con grados de dependencia severos, la sobrecarga de trabajo, el desborde de demanda
y la falta de recursos tanto físicos como psicológicos entre otros, que minan la moral y
la motivación generando la aparición de este síndrome.

E4 “(…) es que hay veces que ves al personal... (…) llega un momento en el que es
pura rutina, te divierte entre comillas más, estar hablando con la compañera mientras
haces algo que estar hablando con ellos, porque realmente es una profesión que en

53
geriatría te quema mucho (…) notas que los ingresos que hay ahora son cada vez
más…, están más deteriorados a nivel cognitivo y a nivel físico y claro en una residencia
no puedes... tienes que intentar mantener su autonomía pero es que llega un momento
qué es que no se puede hacer más”.

La psicóloga Ciara Molina (108), describe la fatiga emocional producida por el síndrome
de Burnout como un “cansancio emocional o agotamiento asociado con sentimientos de
angustia, estrés y depresión, dándose en niveles elevados problemas de atención y
lentitud en el pensamiento”. Es decir, padecer una sobrecarga emocional a la que vaya
unida también un desgaste físico influye en las actividades laborales y básicas de la vida
diaria. Coincidiendo con esto, el entrevistado E2 manifiesta que el cansancio físico y
emocional generado por del síndrome de Burnout puede dar lugar en algunos casos a
transformar la forma de trabajar en algo mecánico, desarrollando las actividades
enfermeras de manera rutinaria y dejando en segundo plano al verdadero protagonista
del quehacer enfermero, el paciente

E2 “(…) uno si va a trabajar en temas de salud se tiene que olvidar de la rutinización en


el cuidado (…) algunas rutinas son necesarias, pero dentro de estas rutinas necesitamos
conectar con el otro para entender que el otro no es solo un organismo que late, sino
que qué es una vida, ponerse en el lugar del otro, ya que el otro está vulnerable,
expuesto (…) porque el exceso de protocolo elimina la vida también (…)

E2 “(…) hay toda una dimensión ahí qué tiene que ver con el cuidado enfermero per se,
ósea las enfermeras tienen que estar ahí, no pueden estar solamente en la dimensión
orgánica del cuerpo, las enfermeras tienen que estar en la dimensión social y emocional
de la vida (…)

5.4.2 Formación de los profesionales.


En esta subcategoría se hace una distinción entre la formación que deberían tener los
profesionales de la salud del concepto fenomenológico de la muerte y, también, sobre
el reciclaje de los conocimientos de la disciplina a lo largo de la carrera profesional.

❖ Formación ante el proceso de final de vida y la muerte.

Cuando un profesional de la salud, en este caso una/o enfermera/o, bien sea en sus
prácticas de grado o una vez finalizada la carrera universitaria, se enfrenta por primera
vez con la situación de presenciar o formar parte del proceso de final de vida de una
persona, no está preparado, sobre todo a nivel de sufrimiento emocional, espiritual y en
el proceso de duelo.

54
Tal y como expone E. Peláez Arnillas (109) en su trabajo “Enfermería ante la muerte:
Importancia de la formación ante este proceso”, la mayoría de los profesionales de
enfermería afirma no contar con la formación suficiente para tener los conocimientos y
habilidades para afrontar con naturalidad, respeto y profesionalidad el tema de la
muerte. En el discurso de uno de los entrevistados se ha encontrado esta percepción
de falta de formación ante la muerte en las carreras universitarias que se dedican a
tratar con personas en situaciones de final de vida, dando como motivo de peso que la
gran parte de la labor sanitaria, en este caso enfermera, está dedicada a la vida, por lo
que aquello que se experimenta menos tiempo no se le presta tanta atención.

E1 “yo creo que la muerte está muy poco admitida y a nivel enfermero, también… se
muere muy mal (…) no estudiamos la muerte porque nos dedicamos a la vida y la vida
es muy bonita pero la muerte forma parte de la vida. Desde que naces tienes edad para
morirte por qué has nacido, porque estás aquí (…)

Si no se ha contado con la formación pertinente para afrontar y apoyar de forma correcta


al binomio paciente-familia, se improvisa y gestiona ese momento apenas sin tener
conciencia de él ya que es una situación en la que no se cuenta con las herramientas
suficientes. Para ese profesional será la primera de muchas y lo afrontará como mejor
pueda, pero para ese paciente y su familia será la única, y la forma en la que se proceda
en esos momentos tan delicados quedará en su recuerdo para siempre. Por ello, todos
los profesionales de enfermería deberían contar con la formación necesaria en materia
de final de vida, ya que son una figura que está presente a lo largo de todo el proceso,
para que de este modo puedan mostrar un adecuado comportamiento y actitud frente a
la muerte, pudiendo ser el apoyo que los pacientes y sus familias necesitan. También
entre compañeros que sean más vulnerables a estas situaciones por diferentes motivos.

❖ Formación continuada.

Varios de los entrevistados señalan la importancia que tiene para ellos la continuidad en
la formación profesional una vez acabados los estudios obligatorios para ejercer y,
posteriormente, a lo largo de la carrera profesional. Tal y como se expone en el estudio
realizado por E. Gómez, P. Montes, A. Negre y M. Flores (110) titulado “La formación
continuada en enfermería de un centro hospitalario de cuarto nivel”, en la rama de las
ciencias de la salud, los avances científicos y tecnológicos están a la orden del día, por
lo que es necesario instaurar en el profesional de enfermería, en este caso, un hábito
de reciclaje profesional y formación continuada , entendiendo por esta según la OMS “la
formación que sigue un profesional después de finalizar su formación básica (o cualquier

55
formación de especialización) con el fin de mantener y/o mejorar su competencia
profesional” para así no caer en la práctica obsoleta y rutinaria.

E3 “(…) cuando sales al mundo real es cuando seguimos formándonos, es muy


importante seguir formándote (…)

Sin embargo, el entrevistado E4 traslada en su discurso la reticencia y el desinterés que


percibe en los profesionales de la salud de su entrono en cuanto a realizar esta
formación continuada, sobre todo en ciertos sectores sanitarios, ya que, como la
mayoría de formación no es obligatoria para seguir trabajando en algunas instituciones,
el personal se acomoda y enquista con lo que ya sabe y no ve la necesidad de
promocionar en conocimientos, viéndose este fenómeno más acentuado cuanto mayor
es la antigüedad profesional.

E4 “(…) la gente no tiene ganas de formarse porque ya bastante duro es el trabajo como
para dedicar más horas (…) la gran mayoría me refiero, están para venir a trabajar hacer
su trabajo e irse a su casa porque la formación casi siempre es fuera de horas y la
verdad es que haría falta mucha, mucha formación. (…) debería de ser más personal y
el personal no se implica”

5.4.3 Percepción del cuidar en dignidad al otro.


En la subcategoría de percepción del cuidar en dignidad al otro se recogen una serie de
valores mencionados por los entrevistados que evidencian la buena praxis en la práctica
clínica. Para hablar sobre dignidad en los cuidados es necesario referirse, en primer
lugar, al significado de la palabra. Procedente del latín dignitas, hace referencia al valor
intrínseco del ser humano por el mero hecho de serlo y estar provisto de racionalidad y
libertad. También hace referencia a la autonomía, la pertenencia, la identidad, la plenitud
de derechos y la autodeterminación, convirtiéndose en un fundamento indiscutible de
los derechos humanos (111). Por lo que el cuidado basado en la dignidad se realizará
respetando y velando por el cumplimiento de todas las premisas mencionadas.

Se ha apreciado que la mayoría de los informantes a través de sus entrevistas han


hecho alusión implícita en varias ocasiones al cuidado basado en el respeto por la
dignidad del otro y de igual modo a los principios de la bioética humana, haciendo
especial hincapié en aspectos relacionados con el empoderamiento del paciente, la
beneficencia, la visión holística, la escucha y el diálogo, el acompañamiento y la empatía
entre otros.

Ya que los profesionales de enfermería son por excelencia uno de los proveedores de
cuidados más inherentes al paciente, por ende, son los encargados potenciales de

56
promover el cuidado digno proporcionado así una atención holística. Según el trabajo
realizado por C. Martí Rico (112) “Dignidad y respeto en el cuidado de enfermería”, la
dignidad en el cuidar tiene como base primordial proporcionar el cuidado de una manera
legal y ética, basándose pues en respetar las premisas como la privacidad, información,
confidencialidad, el holismo, el acompañamiento y la autonomía del paciente para ser
dueño de la toma de decisiones referentes a su salud y enfermedad.

En los entrevistados se aprecia el reflejo de la importancia por el respeto hacia las


personas en todas sus dimensiones, su intimidad y sus valores en la realización del
trabajo enfermero y apuestan por una relación terapéutica basada en la comunicación y
comprensión, dotando al otro de la existencia inherente del ser humano, dedicándole
tiempo y realizando escucha activa, para conocer las demás dimensiones de la persona,
no solo quedarse con la parte biológica que proporciona la lectura de la historia clínica
para comprender sus vidas como algo más allá de lo exclusivamente biológico.

E2 “(…) Hay que escuchar, abrirse a reconocer al otro como una persona capaz de
producir algo, de poder decir algo sobre sí mismo, sobre sus propios cuidados y abrirnos
a un diálogo, tratar de darle un lugar al otro en su propio proceso terapéutico (…) cuando
tú le preguntas y tú lo escuchas, que también dotas al otro de una cierta existencia
social, por qué los estás escuchando, los estás haciendo participe de su proceso de
recuperación (…)”

E1 “(…) Tú la íntegras en tu cuidado hablándole, tocándole, porque eso es muy


importante, no hay que dejar de interactuar con estas personas, aunque veas que ellas
no interactúan contigo… las llamas por su nombre, les coges la mano y le haces sentir
de alguna manera que está cerca”.

❖ Desfragmentar lo infragmentable.

Rescatando una de las premisas previamente mencionadas por los informantes, y que
forma parte del cuidar en dignidad, es la concepción del otro como ser holístico y
dimensionalmente infragmentable.

El informante E2 proyecta con su discurso la idea de que, para ofrecer un cuidado pleno
basado en la dignidad, es valioso pero insuficiente seguir procedimientos que reduzcan
al ser humano, teniendo en consideración tan solo sus dimensiones biológicas. Esto se
lleva a cabo a través de los modelos científicos reductivistas de la persona a las partes
más simples de su composición, ya que está simplificación es insuficiente para abarcar
las necesidades reales de las mismas.

57
E2 “(…) el paradigma biomédico actual, lo que prima es la vida entendida como vida
biológica, entonces necesitamos cuestionar ese concepto para entender que la vida no
es solo vida biológica, es también social, psíquica y emocional. (…) muchos médicos
que solamente atienden a la dimensión biológica, orgánica y química de la vida, les
cuesta entender que existe una otra vida que no sea aquello que entra en su marco de
pensamiento, en su marco de referencia, entonces necesitamos ampliar (…)

Referente a lo dicho contamos con las aportaciones del antropólogo Byron Good (113)
en su libro “Medicina, racionalidad y experiencia. Una perspectiva antropológica” en el
que habla de la concepción ampliada sobre la enfermedad entendiendo que no tiene
que ver sólo con cuestiones biológicas, sino que hay muchas más dimensiones
humanas que influyen es estos procesos. Dimensiones sociales, culturales, religiosas
emocionales, psicológicas, etc. Pero la realidad del modelo biomédico hegemónico (E.
L Menéndez, 1984) que actualmente existe, tal y como indica J.E Sala (114) en su
trabajo “La jibarización del logos: “Cómo el reduccionismo médico te puede matar”, se
basa en la especialización médica, y esta conduce a la fragmentación del cuerpo a
extremos inimaginables, viéndose reducida la persona a partes aisladas y simples
perdiendo una visión holística y global de lo que en realidad es. Como defensor de esta
idea contamos con el entrevistado E2, quien remarca que este modelo biomédico
fragmentario tiende además de parcelar, a excluir a las personas en su proceso de
recuperación y que estas acciones conllevan a generar en el paciente unos sentimientos
muy negativos.

E2 “(…) Cuando dicen me he sentido una cosa, un objeto, maltratado, de aquí para allá,
deprimido y no escuchado, angustiado porque nadie me ha prestado atención. No
estamos trabajando solamente con organismos que laten, sino que estamos trabajando
con una vida y una persona que está ahí (…) debemos salir de nuestra omnipotencia,
salir de la sanitarización de la vida, dejar la arrogancia que a veces tenemos desde el
campo médico con respecto a la vida de los otros y entender que nosotros conocemos
una parte de lo que es la vida, que en este caso es la vida biológica, pero que, de la vida
social y emocional, el otro nos tiene que contar”

❖ Bidireccionalidad de los saberes.

Otro de los ítems que contemplan varios de los entrevistados como E2 y E3 con respecto
al cuidar en dignidad, es el poder que ejerce la comunicación o la ausencia de esta en
temas de salud. Como el hecho de poder generar diálogos tiene un doble beneficio. El
primero es para el paciente, ya que percibe esa construcción de un espacio en el que
tener control sobre su proceso de enfermedad y los itinerarios a seguir. El segundo es

58
para los profesionales, ya que al establecer diálogos se amplía el conocimiento sobre el
otro para llegar a ser mejores profesionales, más científicos, éticos y empáticos, dando
pie a que el otro cuente sobre si mismos.

Son varios los autores que han escrito sobre la influencia negativa que ejerce el flujo
unidireccional de conocimientos entre los profesionales sanitarios y la persona, sujeto
del cuidado. En el trabajo escrito por M. Correa Urquiza (81), “El cuerpo silenciado,
reflexiones sobre los itinerarios corporales de la locura”, nombra a C. Kendall, D. Foote
y R. Martorell quienes describieron el “Sistema de comunicación unilineal” como un
sistema en el que no existe un diálogo con el otro, sino un monologo pronunciado por el
que supuestamente sabe, y en el que la subjetividad de la persona se subyuga a la
objetividad del conocimiento experto. Ambos informantes apuestan por el diálogo y la
utilidad que este tiene al poder hacerles partícipes encontrando así respuestas valiosas
para contribuir en sus procesos de recuperación.

E2 “(…) el problema es la manera monológica que hemos diseñado para abordar esa
problemática (…) estamos generando un monólogo en donde, los que sabemos somos
supuestamente nosotros, pero necesitamos establecer un diálogo porque quiénes son
expertos en su vida y en lo que les está pasando y que están llenos de saberes igual,
son ellos.”

E3 “(…) yo siempre digo que lo más importante en una enfermera es saber hacer una
buena valoración de un paciente o de una persona, sea en el aspecto que sea (…) una
vez detectadas estas necesidades preguntarles ¿en qué quieres que te ayudemos?
¿qué puedo hacer por ti? ¿que podrás hacer tú por ti mismo?, ¿qué te parece a ti que
necesitas? (…)”

Se hace notorio como reflejan la importancia de intercambiar saberes entre el


profesional y el paciente, ya que no se trata construir imposiciones ni juicios de valor,
sino de conocer la perspectiva del otro contada por el otro, generando espacios para la
comunicación recíproca donde la persona tenga un lugar para expresarse, hecho que
es en beneficio de ambos.

E2 “(…) El mismo acto de establecer un diálogo recrea la vida en el otro. Entonces no


vamos a trabajar con recetas vamos a trabajar con una predisposición al diálogo (…) Y
para desactivar la muerte social necesitamos generar contextos de diálogo escuchar,
abrirse a pensar con el otro/a sobre los itinerarios de recuperación seas cuales sean”.

59
Por lo tanto, ambos profesionales secundan trabajar con la bidireccionalidad
comunicacional y reconocen el beneficio común que el diálogo brinda en contraposición
al único monólogo del experto.

6 CONCLUSIONES
A lo largo de todo el análisis realizado se ha comprobado que la muerte no biológica es
un suceso conocido por todos los informantes, ya que es identificado con cierta
frecuencia tanto en el ámbito hospitalario como fuera de él. Sin embargo, alguno de ellos
no asociaba este acontecimiento con el concepto teórico plasmado a lo largo del trabajo.
Es cierto que la MNB se trata de una entidad que produce una forma de muerte en las
dimensiones sociales y emocionales de los seres humanos, no obstante, el modelo
biomédico, actualmente vigente, le otorga un papel más protagónico a la parte
orgánica/física, quedando las demás esferas que conforman la persona, igual de
importantes, relegadas a un segundo plano en la atención médica.

Frente a la evidencia recogida, se puede observar la existencia de personas con mayor


vulnerabilidad que se encuentran envueltas en situaciones de riesgo, aumentando de
esta manera, las probabilidades de padecer una MNB, siendo las más nombradas por
los entrevistados: las personas con sufrimiento psíquico, el adulto mayor/ancianos, los
sucesos insuperables y los aislamientos prolongados. Asimismo, la exposición a los
contextos mencionados anteriormente puede desencadenar el desarrollo de
enfermedades somáticas a consecuencia de la inactividad vital; y, de igual modo,
fomentar la aparición de enfermedades mentales como la depresión severa o incluso
llegando a ocasionar actos suicidas.

Enfermería posee un papel muy importante en referencia a los cuidados integrales de


la persona, puesto que es uno de los profesionales sanitarios que está más en contacto
con el paciente permitiéndole, así, tener una visión holística y continuada de los posibles
itinerarios y procesos de salud-enfermedad. Pero la falta de formación sobre la muerte,
más allá de la muerte biológica, y de final de vida repercuten, en la identificación y
gestión de situaciones referentes al óbito humano.

En última instancia se constata que, actualmente, la sociedad en la que vivimos, sigue


renegando la muerte y todo lo relativo a ella, esto es, se sigue considerando un tema
tabú, por lo que estudiar y hablar de una forma de muerte producida cuando aún se
sigue vivo no se concibe como tal ni se le otorga la importancia que merece. A pesar de
no portar una etiqueta reconocida por todos, la muerte no biológica es un hecho real,
que existe, pero no se cuenta con suficiente bibliografía ni información que trate

60
directamente el tema. Como consecuencia, se genera un gran desconocimiento y una
escasa formación dirigida a los profesionales de la salud sobre cómo prevenirla, tratarla
o evitarla.

7 LIMITACIONES Y DIFICULTADES
Las limitaciones que se han encontrado a la hora de realizar el trabajo de final de grado
han sido varias. En primer lugar, se contactó con un total de seis informantes, los cuales
aceptaron formar parte del mismo, pero, pese a la insistencia, no obtuvimos respuesta
por parte de dos de estos. Fue una desilusión no poder trabajar con ellos puesto que
contábamos con su contribución y considerábamos que su incorporación iba a ser
enriquecedora. Finalmente, sólo cuatro siguieron adelante completando la fase de
entrevistas.

Asimismo, dada la situación actual de pandemia (COVID-19) en la que nos


encontramos, nos ha sido imposible realizar las reuniones de manera presencial. A su
vez, esto ha propiciado tener que realizar las entrevistas mediante plataformas online,
perdiendo, con este cambio, una mayor cercanía y comunicación directa con los
entrevistados. También ha sido difícil poder coordinarnos entre las dos autoras, ya que
nos encontramos en comunidades diferentes cursando modalidades académicas muy
distintas y, por lo tanto, la disponibilidad de cada una no era la misma.

Tenemos en cuenta que, dada la escasa cantidad de muestra obtenida, no es un trabajo


extrapolable; los hallazgos encontrados no son decisivos ni representativos, pero, son
suficientes para dar respuesta a los objetivos planteados y dar visibilidad al concepto
estudiado de muerte no biológica. Creemos que este trabajo podría ser el comienzo
para iniciar una investigación más exhaustiva y en un futuro nos gustaría ampliar la
muestra para obtener resultados más significativos.

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9 ANEXOS
9.1 Anexo 1: Consentimiento informado.

Documento de autorización al estudio del TFG sobre: “La muerte no biológica,


percepción y experiencia de profesionales relacionados con el ámbito de la
salud.”

Este Formulario de Consentimiento Informado se dirige


_______________________________________ que se le invita a participar en el
Trabajo de Fin de Grado (TFG) para la investigación sobre la muerte no biológica.

Introducción

Somos Estefanía Soto Pérez y Patricia Nieto Ayuso, estudiantes de la facultad de


enfermería de la Universidad Rovira y Virgili, Campus Catalunya. Estamos realizando el
Trabajo de Fin de Grado e indagamos sobre los diferentes tipos de muerte, en concreto,
la muerte social y psicológica. Le vamos a proporcionar información e invitarle a
participar en esta investigación. No tiene que decidir hoy, si va a participar o no en esta
investigación.

Propósito

El propósito de estas entrevistas es además de dar visibilidad a los términos tales como
muerte social y psicológica, conocer su experiencia y su percepción en relación a estos
conceptos.

La muerte no solo se contempla de manera biológica, es posible estar vivo


fisiológicamente hablando, pero en cambio, a nivel social y/o psicológico estar muerto.

La muerte psicológica o psicógena, hace referencia a la total falta motivación por vivir,
desencadenada por un suceso traumático físico o psicológico que la persona no es
capaz de superar por sí misma, empeorando cada vez más su situación. La muerte
social, en cambio, se entiende como la pérdida del sentido de pertenencia a un
determinado grupo a consecuencia de una ruptura del individuo con su entorno o
reducción de su ámbito social desatendiendo así, las competencias necesarias para
establecer vínculos con otras personas.

Tipo de Intervención de Investigación

71
Esta investigación se utilizará como trabajo de campo para nuestro TFG y consta de
entrevistas semiestructuradas.

Selección de Participantes

Estamos invitando a participar a profesionales relacionados con la salud de diferentes


ámbitos y unidades.

Participación voluntaria

Su participación en esta investigación es totalmente voluntaria. Usted puede elegir


participar o no hacerlo. Puede cambiar de idea más tarde y dejar de participar aún
cuando haya aceptado antes.

Procedimiento y Protocolo

Le pediremos que conteste a unas preguntas las cuales usted será conocedor/a antes
de llevar a cabo la entrevista.

Confidencialidad

Los miembros de esta investigación nos comprometemos a no compartir la identidad de


aquellos que participen. La información que recojamos a través de este trabajo se
mantendrá confidencial. Los datos acerca de usted que se recogerá durante la
investigación será puesta fuera del alcance y nadie sino los integrantes del proyecto y
personal docente tendrán acceso a verla con fines académicos.

Compartiendo los resultados

El conocimiento que se obtenga por realizar esta investigación se compartirá con usted
antes de que se haga disponible al público. No se compartirá información confidencial.
Después, se publicarán los resultados para que otras personas interesadas puedan
aprender de nuestra investigación

He leído con exactitud el documento del consentimiento informado y he tenido la


oportunidad de poder realizar preguntas y resolver dudas.

Tengo el derecho de retirarme de la investigación en cualquier momento sin que afecte


de ninguna manera.

Firma participantes Firma investigadores

72
Fecha: ________ de __________________ de ________________

Ciudad: ___________________________________

73
9.2 Anexo 2: Preguntas de la entrevista
(Breve presentación entrevistado/a: Nombre, profesión, ámbitos donde ha trabajado…)

1. ¿Qué opina acerca de que existan otros tipos de muertes que no sean la
biológica?
2. ¿Por qué cree que hay poca visibilidad e información sobre el tema?
3. ¿En su opinión cuáles serían los factores de riesgo más importantes
relacionados con la muerte no biológica?
4. ¿Cuéntenos su percepción/experiencia si la ha presenciado y como se sintió?
5. ¿Qué procedimientos se llevaron a cabo para el cuidado de la persona?
6. ¿Qué plan de cuidados y rol cree que tendría que adoptar enfermería para la
prevención y detección de personas en riesgo de sufrir MNB?
7. ¿Cómo cree que podrían estar conectadas la MNB y una enfermedad
psicosomática?
8. ¿Quiere decir alguna cosa más que le parezca relevante?

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