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PEDRO LAMY DUPUY
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(ESTUDIO COMPENDIOSO, DOCUMENTAL,
NARRATIVO Y CRÍTICO)
EXPOSICX-'; !
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MADRID- "LONA
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DONACIÓN C E L A ; f.i.i ,'CA NACIONAL
D E t'.ÍOMT.-Y^rO M fj[ MADRID
MONTEVIDEO
J O S É M A R Í A SERRANO - EDITOR
Calle Andes, N.» 1370
1913
PEÑA HERMANOS - IMPRESOBES
Si en los viejos papi'lfs empnlvados >l<- In> arrhiv
fsián las ^raniii'.s verdades de la hist^iia, jnaix'Iiein
hacia ellos.
P . LAMY D r j T v
INDICE
ÍNDICE
I PARTE
I Nuestra portada.
II Una explicación.
III Las líneas de nuestros venerados maestros.
IV Carta-prólogo de Amadeo Almada.
V El motivo de estas páginas.
II PARTE
I Belacíones y correspondencias del general
Artigas con el Paraguay.
III PARTE
I José Gaspar Eodríguez Franga.
II Desde Itapúa al Convento.
III En Curuguaty.
IV El profesor Bompland.
V El proceso Cabanas.
8 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
IV PARTE
I Artigas en el cuartel de S. Isidro el Labrador.
I I Eelaciones internacionales de Carlos Antonio
López con el Brasil y los pueblos del Plata.
I I I La Comisión Militar Uruguaya.
IV El rancho de Manorá.
V Artigas y Paz.
V I La visita del unigénito.
VII Importancia histórica de la Convención del 45.
VIII Acuña de Figueroa y Artigas.
I X Andrea y Mercedes Cuevas. El sacerdote Cas-
telví.
X Alejandro García y Gregorio ííarvaes.
X I La casa-chacra de López I.
X I I El Manduvi guazú. (Sterculia Stría).
X I I I El Ivyrá pytá. (Peltofhorum vogelianum).
X I V El rancho solariego de Ivyráy.
X V Epiforema.
V PARTE
I Las dos peregrinaciones.
I I Nuestras palabras.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
I РАЕTE
HOJAS SUELTAS
COPIA DEL CUADRO DEL COMANDANTE SEÑOR AUSINA
NUESTEA POETADA
El señor Ausina Cortés, teniente coronel en la gue-
rra franco-prusiana, de la legión de extranjeros for-
mada en Francia; á la edad de 73 años, como sim-
ple aficionado, pintó el cuadro «Artigas en Ivyráy»
que nos sirve de portada.
El rancho y la selva son copia fiel de la realidad;
la cabeza del general la tomó Cortés del retrato de
Bompland; pero, en cuanto al poncho, si bien es
cierto que el «paran paraguayo es á rayas blancas
y negras, no lo son todas de un mismo ancho.
Creemos que es la portada que mejor puede ser-
vir de primera plana á nuestras páginas.
P. L. D .
UNA EXPLICACIÓN
II
Estas líneas estaban destinadas á ser las palabras
de una conversación en alguno de los salones que s'e
usan para actos de esta naturaleza; pero la observa-
ción que nos hace un estimado é ilustrado compa-
triota de que la extensión del trabajo corresponde
al opúsculo y no á la conversación, nos hizo desis-
tir de nuestro propósito y abordar el opúsculo.
Habíamos sido honrados ya con dos cartas de nues-
tros grandes maestros Eodó y Zorrilla de San Mar-
tín, contestándonos á una consulta que de un mis-
mo tenor hicimos á ambos, y como ellas recompen-
san con exceso nuestras labores de la investigación,
nos vamos á permitir el honor de publicarlas ante-
puestas á nuestras páginas.
Ellas nos han de servir de estímulo para prose-
guir las tareas de la investigación.
P. L. D.
LAS LÍNEAS D E NUESTEOS VENEEADOS
MAESTEOS
m
Montevideo, 4 de Octubre de 1912.
Sr. D . Pedro Lamy Dupuy.
Mi amigo muy estimado:
No puede menos de ser favorable, y aun entusias-
ta, la opinión que Vd. me pide sobre sus estudios y
propósitos. Todo cuanto contribuya á hacer la ma-
yor verdad sobre la figura histórica de Artigas es
obra patriótica. Que eso es todo lo que ella reclama
en su gloriosa ascensión: verdad y más verdad. El
plan ó sumario que Vd. me somete, me parece inte-
resantísimo. La conversación que Vd. nos promete
sobre tales y tan amables temas será acogida con
aplauso por todos les que nos interesamos en el es-
tudio de nuestra historia nacional.
Y ninguno será más cordial que el que le tribu-
tará.
Su amigo affo. y S. S.
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN.
16 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
Montevideo, 6 de Octubre de 1912»
Sr. D . Pedro Lamy Dupuy.
Ciudad.
Estimado señor y amigo:
En contestación á su atenta carta y al resumen,
que la acompaña, de la conferencia que se propone
Vd. dar sobre la permanencia de Artigas en el Pa-
raguay, cúmpleme manifestarle que los temas que
Vd. apunta me parecen interesantísimos, y que, te-
niendo Vd. sobre ellos investigación personal y pro-
pia, creo que su conferencia merecerá la atención
de cuantos se preocupan del esclarecimiento de lo&
techos históricos que tienen relación con la figura
del glorioso caudillo nacional.
Sin otro motivo, me es grato suscribirme de V d .
affo. S. S. y amigo.
JOSÉ ENRIQUE EODÓ.
CARTA-PROLOGO
IV
Sr. don Pedro Lamy y Dupuy.
Estimado compatriota:
Por muchos conceptos, mi opinión no puede sino-
ser -favorable al-folletoque tengo á la vista. En primer
término, porque toda contribución al esclarecimiento
de los sucesos históricos, cuando viene bien documen-
tada, es de suyo interesante, aun prescindiendo de la
forma literaria en que se nos presente. Y luego, porque
refiriéndose su obra de Vd. al Oral. Artigas, y abar-
cando precisamente el período menos conocido de su-
vida, debe adquirir considerable relieve todo nuevo
dato aportado, por insignificante que se considere, to-
da luz que se encienda en la noche llena de arcanos de-
aquel largo y desolado destierro que fué como un sello
de grandeza puesto por él destino sobre la frente de
un héroe de rasgos enérgicos, propios y originales,
singular entre todos los héroes libertadores de pueblos..
Y algunos datos nuevos trae Vd.; algunas rectifi-
caciones intenta á nociones muy corrientes sobre de-
talles de la vida de Artigas en su prolongado exilio.
Entra, además, en los hechos conocidos, con la luz de
una crítica propia, cuyo grado de exactitud ó sagaci-
dad podrán apreciar los lectores. Y si acaso no hubie-
ra acertado á crear una obra armónicamente hermosa,
en que se destacara con poderoso relieve la figura fuer-
te y melancólica á un tiempo del gran proscripto, ha,-
18 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
tría ofrecido cuando menos un conjunto de noticias
que serán otros tantos elementos preciosos para la oirá
del historiador futuro.
Así, pues, si su libro no fuera propiamente historia
por el método y el estilo, lo sería por la importancia
de los informes así como por el criterio sereno, tesone-
ro y minucioso que ha presidido á la búsqueda y com-
pilación de los materiales. Y cuanto más sencilla y
exenta de pretensiones es su presentación tanto más
meritorio es el esfuerzo, en un medio como éste en que
el estímulo no abunda y en que para escribir historia
nacional se necesita por ahora menos talento que di-
nero; tales son las dificultades con que tropieza el es-
critor y tan exigua la protección que se le ofrece—cuan-
do se le ofrece—para cosa de tanta trascendencia á
que otros países de América latina consagran muchí-
sima atención y facilidades de todo linage.
Se ve que Vd., en efecto, ha consagrado al asunto
investigaciones pacientes. Ha revuelto Vd. archivos,
ha hecho viajes costosos y ha aprovechado bien su lar-
ga estadía en la Asunción, donde ha podido ponerse
en contacto con algunos testigos vivientes de los hechos,
reconstruyendo en su imaginación, frente á los vesti-
gios materiales del tiempo ido, el ambiente en que
aquellos se desarrollaron. Ptiede considerarse Vd. feliz,
en medio de todo. ¡Cuántos hay que con una afición
decidida y hasta absorbente por los estudios históri-
cos ven transcurrir sus días sin poder consagrar á la
historia nacional un minuto siquiera, acobardados
por las dificultades casi insuperables que ofrece la in-
vestigación y porque necesitan ese minuto para dedi-
carlo á tareas más prosaicas pero más remunerado-
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 19
ras! A estos tales no les queda más que lamentar su
impotencia. Pero si hubiera muchos compatriotas co-
mo Vd. y se publicaran muchos libros como el suyo, tal
vez no escasearan tanto los escritores de mérito que, aun
desafiando la miseria y el olvido, galvanizaran la obra
reconstructora del pasado con un soplo potente de
pensamiento y de arte.
Pero hay que resignarse á esperar. Algún día se ha-
rá verdadera historia y el Artigas, por ejemplo, de la
leyenda y el Artigas de la verdad, fundiéndose en una
sola figura de carne y hueso, nos darán el relieve he-
roico del Precursor, tal, por lo menos, como yo lo veo
surgir desde el fondo del pasado, como si buscara to-
davía el molde de bronce en que acomodarse definiti-
vamente á dormir su eterno sueño. Porque tengo ne-
cesidad de decírselo: no obstante todo lo bueno, todo lo
excelente que se ha escrito sobre este punto desde Maeso
y Ramírez hasta Acevedo y nuestro gran poeta Zorri-
lla, yo espero todavía el Artigas que un historiador
genial ha de esculpir; un Artigas más concreto, más
humano, más vibrante de vida que el que conocemos;
un Artigas con menos talentos literarios y constitucio-
nalistas que los que empiezan á suponérsele; un Arti-
gas, en fin, que hallándose, en punto á sus medios é
inteligencia de realización, muy por debajo de los San
Martín y los Bolívar, no les cedió en la vastitud de los
propósitos, intuidos más que meditados, y se irguió
acaso por arriba de ellos nó por su clarovidencia ni
por su pericia militar, ni por sus dotes de político, si-
no por su contextura moral sin complejidades, simple
como el metal nativo que arrastran los torrentes aurí-
feros, y el carácter casi duro, indómito, formidable que
20 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
orientó su vida en dirección de una sola idea, de una
sola intuición, mejor dicho, servida con esa convic-
ción sencilla pero inmutable que dio no sé qué reflejos
de acero á su bandera de guerra, destinada á resurgir
incólume de todos los vaivenes tanto desde las dianas
triunfales de «Las Piedras)) como desde los entreveros
trágicos del «Catalán» y los degüellos dantescos de «In-
dia Muerta)).
Este carácter de inmutabilidad, esta marcha en lí-
nea recta hasta vencer ó estrellarse en el destino, con-
dición común á la mayor parte de los grandes hombres
de acción, fué en mi concepto, el que marcó á Artigas
con el sello indeleble de los héroes. El inmenso Bolívar
vaciló más de una vez por la misma fuerza de su genio
que le hizo ver claro, anticipándose en muchos años á
los hechos, la visión estremecedora de una América
desgarrada por la discordia y devorada por la ambi-
ción. Los hombres del Directorio en Buenos Aires,
víctimas de desfallecimientos é inquietudes á veces jus-
tificados, sanos en sus propósitos pero equivocados en
su acción, fundaron una escuela de violencias calca-
das en la revolución francesa del 89, cuya huella roji-
za se rastrea fácilmente desde el fusilamiento de Li-
niers hasta los delirios de sangre de la mazhorca; y
arrastrados por grandes decepciones, por el temor á la
anarquía, cayeron todos, más ó menos, en el absurdo
monárquico. Artigas nó. Artigas fué siempre el mis-
mo desde «Las Piedras)) hasta Avalos. Y lo fué natu-
ralmente, por la índole de su carácter y de las multitu-
des que acaudillaba, conductor como era de un rudo
pueblo de pastores casi nómades, cuyas pasiones lo-
calistas compartía y de cuyo instinto incontrastable
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 21
de libertad, fué el fiel adalid, muchas veces vencido,
pero convencido ó anonadado nunca. Con un poco
más de flexibilidad y de tacto, con oportunos y simula-
dos actos de obediencia, con un poco menos de sinceri-
dad ingenua, acaso hubiera llegado á enseñorearse de
todas las voluntades cortando un día con el filo de su
espada el nudo gordiano de la anarquía é imponien-
do con su dominación personal la unidad del Virrei-
nato. Pero entonces hubiera debido traicionar como
Masaniello á sus paisanos; entonces hubiera tenido
que entrar en combinaciones nó superiores acaso á su
natural perspicacia gaucha, pero sí repugnantes á su
inflexible rectitud. Entonces, en una palabra, Artigas
no hubiera sido Artigas, es decir, la virtud, así como
fué Bolívar el genio de la Revolución. Acaso se han
derivado males de todo ello, tal vez pudiera enrostrár-
sele su carencia de ambición personal como una gran
falta; pero es indudable que su fortuna como domina-
dor le habría hecho sospechoso de vulgaridad y media-
nía, sacrificando al triunfo de un minuto su puesto
en la inmortalidad, que tiene para siempre conquistado.
Preséntanos Vd. al gran Precursor en los diversos
períodos de su proscripción, es decir, de su largo cau-
tiverio, bajo la vigilancia formidable de aquéllos ex-
traños dominadores que se llamaron López y Francia.
Si mal no recuerdo, rectifica Vd. algunas ideas corrien-
tes sobre la retirada definitiva de Artigas después de
los desastres de «Las Tunas» y de «Abólos», haciendo
crítica sobre las causas morales ó materiales que la
determinaron. Lo que parece desprenderse de las mis-
mas narraciones de Vd. es que, derrotado y fugitivo
Artigas, no viendo sino enemigos y traidores por todos
22 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
lados, como un 'patricio proscripto de la vieja Roma,
fué el destino implacable y no él quién eligió su último
retiro. No le quedaba más que él Paraguay, y al Para-
guay fué. Todo lo demás se explica por él carácter ex-
travagante de la tiranía que dominaba á la sazón en
aquéllas apartadas regiones. Así, pues, Artigas fué
menos un desterrado voluntario que un prisionero de
Francia, primero y de López después; y él que lo sa-
bía muy bien, él que conocía la idiosincracia y sentía
clavada en su persona la mirada vigilante y suspicaz
de aquellos duros dominadores, se trazó una línea de
conducta invariable: dio para siempre por concluida
su misión, selló sus labios, colgó su espada «vencida
pero no humillada)) y, sobreviviéndose á sí mismo,
empezó á vivir para sus recuerdos y para la historia.
Una palabra imprudente lo hubiera perdido. Silen-
cioso y todo hubo de verse envuelto en intrigas que por
poco atraen sobre él las iras despiadadas del tirano.
Tiende Vd. así á destruir en parte, en beneficio de
la verdad histórica, la leyenda que idealizara aquel
destierro. El silencio de Artigas pierde muchos de sus
enigmas. El desentenderse de las cosas de su país fué
obra de cálculo y sagacidad conservadora, tanto por lo
menos, como de la tristeza que debía caer como una
mansa lluvia de amargura sobre su alma. Pero surge-
de ahí un Artigas más humano, más acorde con su
carácter de campesino observador, sagaz, meditabundo
y encerrado á cal y canto dentro de sí mismo, que pudo
vivir treinta años, casi como un Róbinson, comuni-
cándose con muy poca gente, hablando de cosas trivia-
les con uno ó dos amigos y algunas otras personas de
condición inferior, con mucha afectuosidad, eso sí,
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 23
pero sin volcar su corazón en nadie. 8u resignación
no debió ser tan amarga como la creemos nosotros,
hombres de otra época é hijos de otras costumbres. To-
do lo que sucedía á su alrededor era muy lógico para
él; su resignación debió de ser muy natural si se consi-
dera que habiendo hecho casi siempre vida campesina,
en el inquieto vivac de las montoneras libertadoras,
dentro de una civilización rudimentaria que no soña-
ba siquiera los esplendores, el confort y los refina-
mientos de nuestro tiempo, la miseria que le rodeaba
no debió de parecerle tan sórdida ni tan dolorosa. Vi-
vía en plena naturaleza, frente á vastas y hermosas
perspectivas; tenía un caballo, un arado, un ivyrapytá
frondoso á cuya sombra descansar enlas horas ardientes,
unos vecinos ingenuos con quienes cambiar algunas pa-
labras, y en ciertas circunstancias algunas monedas que
distribuir entre los pobres. Y eso parecía bastarle....
Un león acorralado, herido, despechado, rugiente
no vive tanto tiempo dentro de una jaula de hierro por
vasta qtte sea. Artigas vivió. Pero ¿quién sabe lo que
lo sostuvo en su largo infortunio? ¿Fué su gran adap-
tabilidad al medio? ¿Fué una resignación filosófica
ante lo irremediable y lo fatal? ¿Fué el conocimiento
profundo de los hombres que, haciéndole más dignos
de desprecio á sus semejantes, tornó más soportable
su cautiverio y soledad? ¿O fué la visión confortadora
de la patria descendiendo sobre su espíritu en sus lar-
gas meditaciones, junto con la convicción de haber
realizado su destino cumpliendo con un gran deber y
dejando en la memoria de los hombres un recuerdo im-
perecedero? Fuere lo que fuere, si siempre esquivó ha-
blar de las cosas de su tierra, parece cierto, en cambio,
24 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
que no asomó á sus laMos la sombra de un reproche ni
se le oyó decir nada semejante á la frase desoladora de
Rivadavia. M nunca murió para los orientales hasta
el triste día en que exhaló su espíritu, y aun desde en-
tonces no pudo considerársele muerto desde que sigue
viviendo para la gloria y para la gratitud eterna de
sus compatriotas.
Parte de la leyenda se irá desvaneciendo, pues; y la
crítica y la filosofía, sobre los datos que vayan sur-
giendo, irán retocando su figura de caudillo austero y
sencillo que si careció de los prestigios que dan la am-
bición satisfecha y la fortuna, tuvo esa otra grandeza
heroica de los grandes sacrificios prodigados casi con
la inconsciencia de su valor y coronados por un infor-
tunio soportado con la sencillez, la dignidad y el si-
lencio de los héroes antiguos. Y sobre el Artigas de
mármol idealizado por los poetas y los polemistas, irá
surgiendo, triunfante en su rusticidad, según la pa-
labra que tuve la fortuna de oir de labios de un ilustre
escritor, en conversación confidencial, un ARTIGAS D E
BARRO, amasado con la tierra de nuestras cuchillas, y
oreado por el sol y endurecido por los pamperos hasta ad-
quirir la consistencia granítica del viejo rancho de adobe,
adherido al suelo hasta convertirse como en un relieve na-
tural de la altura en que se asienta, humilde, pero firme.
Bienvenidos serán, pues, todos aquellos que, como
Vd., traigan su montcncito de tierra para la estatua
que el tiempo, más grande y justiciero que todos los
artistas, está hace mucho trabajando, á lentos y rítmi-
cos golpes de su buril perseverante y sereno.
Saluda á Vd. affte.
AMADEO ALMADA.
Montevideo, Enero 14 de 1913.
EL MOTIVO DE ESTAS PÁGINAS
Haciendo un alto en la labor del obrero que vive
luchando por la conquista del pan para el hogar y
aprovechando nuestra residencia en el Paraguay,
hemos dedicado una parte de nuestro tiempo á in-
dagar todo lo referente á los días crepusculares de
la permanencia del general José Gervasio Artigas
en el departamento de la Asunción. Igualmente he-
mos tratado de investigar cuáles fueron las rela-
ciones y correspondencias que el general mantuvo
con los gobiernos de ese país durante su actuación
pública.
Algunos años envueltos en la rutina del comercio
nos han de negar la ayuda de la elegancia del estilo
y la elocuencia de la frase, pero no nos han de dejar
huérfanos de la verdad la que por sí sola también
tiene su belleza clásica. Aun cuando nos falta el ar-
te creemos que vamos á prestar una modesta contri-
bución complementaria al estudio de la epopeya del
gran procer de nuestra patria, así como también á
rectificar y ampliar algunas afirmaciones hechas por
nuestros escritores y que no están contestes con nues-
tras informaciones.
Somos uno de los brazos obreros que pretenden
26 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
amasar el barro y alcanzar los materiales con cuyes
elementos el arquitecto ha de reconstruir el edificio
de un pedazo del siglo de nuestra historia.
Nuestro trabajo está en principio, es inconcluso,
y no se encaminaba á este opúsculo. En posesión de
todos los datos que deseamos averiguar, queremos
llegar al libro.—La oportunidad de haber venido
por un lapso de tiempo á esta nuestra cuidad natal,
nos brinda la ocasión de que hagamos conocer lo po-
co que llevamos averiguado.
Desde los albores del siglo pasado el general Ar-
tigas mantuvo relaciones y correspondencia con lo»
hombres que más tarde se posesionaron del gobier-
no de la provincia rebelde del Paraguay, y algunoa
documentes pertinentes á ello, así como otros que-
se relacionan con la residencia misma del general en
aquel país, que debieran ser del dominio público, lo
son del privado, permaneciendo enclaustrados é in-
visibles en los domicilios de algunos ciudadanos de
aquella república; pero, hemos de perseverar todo lo
posible para llegar á la obtención de todo aquello
que pueda interesar á la historia.
Vamos á tratar de los días posteriores á aquellos,
en que, el «Exmo. señor Capitán General de la Ban-
da Oriental», traicionado por la Convención coluso-
ria del Pilar, lleva su protesta altiva hasta alcanzar
el triunfo de «Las Guachas» y golpear con su sable
las fortificaciones de «La Bajada» donde se encerra-
ban los traidores.—Hablaremos del general cuando
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 27
trasponiendo las fronteras del Paraguay, para reha
cerse y continuar su obra, encontró el prim er día de
la larga vía crucis de los treinta años de su prisión
y m artirio.
Se afirm a de continuo y sin verdad que el general
buscó en el Paraguay un voluntario ostracismo, con
tradiciéndose así todos sus esfuerzos realizados des
de «La Bajada» hasta el Convento de la Merced, pa
ra continuar la lucha. Los hechos que abonan nues
tras afirm aciones irradian con claridad m eridiana
esos esfuerzos de Artigas para proseguir su grande
obra.
Los sacrificios etnoríticos de un héroe tienen su
límite hum ano y en Artigas lo tuvieron por el injusto
apresamiento en Itapúa.
Penetraremos en el fondo de un pedazo del pasado
y desde allá hablarem os al presente contándole ca
riñosamente lo que hemos visto y lo que hem os oído
de los labios de los ancianos. De los ancianos que la
muerte ha respetado acaso para trasm itirnos algu
nos recuerdos que desde nuestra patria no se alcan
zan á apreciar y conocer.
En ese sitio de Ivyray, tan venerando para nos
otros, sólo dos veces se han reunido algunos urugua
yos para evocar el pasado glorioso y m anifestar su
gratitud al precusor de la nacionalidad que поз enor
gullece. Hace veinte y siete años que el legislador
paraguayo sancionó la propiedad uruguaya de ese
terreno y en vano buscaréis en él un testim onio de
28 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
nuestro recuerdo y gratitud, pues sólo encontraréis
el ultrage de nuestro olvido. El lance N.° 26 del
camposanto de los insolventes en el Paraguay, no
tiene ni un pedazo de alaqueca que señale la fosa
que recibió y aprisionó el cuerpo de nuestro gran pa-
triarca. La vida del individuo no va más allá de la
vida de la generación, pero la vida de las generacio-
nes sucesivas cruza la vida de los siglos, y es por ello
que ña de llegar el día que surja á la vida de la nacio-
nalidad uruguaya la generación capaz de practicar
allá nuestro deber y nuestro recuerdo. Nunca nues-
tros diplomáticos y cónsules acreditados en aquel
país se han dignado recordar en forma alguna el 23
de Setiembre de 1850, ni tampoco, (con mayores fa-
cilidades que nosotros), buscar los datos con los cua-
les nuestros escritores hubieran descrito con mayor
amplitud y certeza los 30 años de la residencia del
general en el Paraguay. Treinta años de una vida
que tienen su poesía tan bella y tan diferente de su
actuación en el Uruguay y que uno de nuestros poe-
tas debiera cantar á la posteridad pulsando el laúd
de la gratitud nacional, é inspirándose en el mártir
de la traición, que después de haber luchado tanto
en aras de la libertad y por los dogmas déla democra-
cia republicana, muere envuelto en las negras som-
bras de la larga noche de la tiranía en medio de la
aurora de su América soñada libre é independiente.
Ya lo hemos dicho desde las columnas de nuestro
viejo paladín del periodismo «La Bazón», que nues-
tros hombres de pensamiento han dedicado toda su
atención al héroe con prescindencia del mártir, sien-
do así, en nuestro concepto, que los treinta años del
ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO 29>
mártir en el Paraguay son perfectamente comple-
mentarios de los del creador en el Uruguay coma
lo es el Calvario de la prédica de la doctrina respec-
to del cristianismo.
No es justo que nuestros poetas y literatos tiren,
al rincón de la historia, con una página apagada, tan
largo y lúgubre poema. Id allá á la verdi-oscura lo-
ma á ver el sitio del rancho solariego y las sendas-
arenosas y húmedas de Manorá, 1er. Presidente, de
los Arroyos y del Sacramento, por donde él diaria-
mente transitaba: veréis á los dos gigantes corpu-
lentos de la selva, el «Manduvi-guazú» y el «Ivyrá-
pytá», donde el chingólo saluda el alba con el mismo
silbo funerario con que interrumpe el silencio de su
sepulcro en la necrópolis montevideana, árboles ba-
jo cuya sombra de frescor Artigas, tendiendo su mi-
rada por la pradera inculta poblada por unos cuan-
tos huérfanos de ideales, con su carandaí (1) en la
mano, prisionero y olvidado, tantas veces habrá im-
petrado al destino continental días felices para la
patria con la oración del patriotismo que la evoca á.
impulsos de un gran cariño.
Estaréis á la orilla de la metrópoli y notaréis la
ausencia del hombre y la máquina que hieren á la
tierra y del industrial que adorna y entibia el aire
con los penachos de humo del progreso.—Es aquella
aún hoy, una verdadera y silenciosa mansión de la
muerte.
Caminaréis más allá, hasta la gran planicie areno-
(1) Sombrero de paja de la manufactura de los aborígenes-
del Paraguay.
30 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
sa de «Manará», y encontraréis el otro rancho cente-
nario en el cual los ancianos que por allí viven dicen
que pasó cinco años de su vida el general; y en don-
de está el alto «Tarumá» de las siestas de Artigas,
con su tallo y ramas grises, con sus hermosas ñores
color zafiro, con sus frutos que cuelgan como relu-
cientes perlas de azabache, y con su inmensa copa
que sobresaliendo por encima del verde techo del
bosque pretende alcanzar el infinito para perfumar
con su suave y deliciosa aroma el pedazo de tul ce-
leste que cubre la patria americana.
Id más aún, hasta «Curuguaty», en el corazón de
Sud-América, en medio de los bosques inmensos, don-
de está el sitial de los surcos que el arado trazaba y
sembraba la misma mano que desde el alto podio de
la democracia republicana blandió en los aires de
nuestra tierra la espada del blandengue vencedor en
«Las Piedras».—Puede que ya no quede ni un pedazo
del rancho que construyó para su último cuartel de
soldado retirado, pero quizá reste un anciano que
rompiendo la nema que guarda el secreto, profane
el silencio histórico de veinte años y que redivivo
en el verso tome el colorido necesario para nacer en
las páginas inmortales del gran libro de la patria.
Ya habéis escrito las narraciones épicas del gue-
rrero; haced ahora el poema necrólatra del cautivo.
Hace 62 años que murió el héroe, recordemos al
mártir. Y sean las páginas que hoy escribimos, la
corona fúnebre que desde el suelo déla patria por
él creada, le envía allá sobre su tumba olvidada, el
último de los Orientales.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
II РАВТВ
RELACIONES T CORRESPONDENCIAS DEL GENERAL
ARTIGAS CON EL PARAGUAY
I
Durante el lustro glorioso de la Eevolución de Ma-
yo el general Artigas fué, sin duda alguna, el preex-
celso más saliente del extinguido Virreinato del Eío
de la Plata. Así lo atestiguan los documentos que ha-
•ce un siglo duermen en el silencio de los archivos y
de los cuales una gran parte son ya de público cono-
cimiento.
La labor de la investigación tiene sus grandes di-
ficultades. Todo hombre que se haya dedicado un
año no más al examen de los documentos que guar-
dan los inmensos almacenes de los archivos habrá
apreciado el sin número de dificultades que ofrece
esa tremenda tarea.—Existen volúmenes que aún
no han sido catalogados; otros de los cuales se han
sustraído piezas cuya existencia las denuncian otras
que hacen mención de ellas. Las horas del día en que
es permitida la investigación son las que todo hom-
bre necesita para la lucha diaria. El esfuerzo priva-
do sin la ayuda del Estado hace imposible la investi-
gación amplia y perfecta. Las grandes verdades de
la historia están en esos almacenes de volúmenes, y
no es simplemente en la transmisión y desde el bu-
fete de trabajo que el escritor puede alcanzar á sa-
berlas y hacerlas conocer.
2
34 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
La obra de la Bevolución de Mayo necesitó para
la estabilidad de la conquista alcanzada, de un lar-
go proceso de sangre que se divide en dos partes:
1.°, las luchas con los portugueses; y 2.°, la anarquía
entre las provincias provocada por las ambiciones
absorbentes de las Juntas Gubernativas de Buenos
Aires, en las que colaboró en forma especial, el dua-
lismo consular del Paraguay, tan pronto como Gas-
par Bodriguez Francia aparece en el gobierno de
esa provincia.
Cuando los jefes de los cuarteles del Paraguay en
el año 1811 derribaron el poder español, el general
Artigas les envió una nota de felicitación por la coo-
peración que prestaban á la obra colectiva.
Sabido es que una gran parte de estos jefes, eran
los oficiales de las tropas paraguayas que en unión
con las tropas orientales, de las que era oficial Ar-
tigas, se batieron en Montevideo contra la invasión
inglesa. (1806-1807).
En ocasión en que se vislumbraba una posible in-
vasión á las provincias por parte de los portugueses
so pretesto de derechos reclamados en favor de la
princesa Carlota, las Juntas gubernativas y los Ca-
bildos desde el primer momento fijaron su atención
en el vencedor en «Las Piedras») como el general más
capaz de mandar las tropas de la defensa de la co-
munidad. Las Juntas y los Cabildos se ponen en con-
tacto con él por medio de notas y emisarios; Buenos
Aires le envía 700 hombres de fusilería con artillería
suficiente; el Paraguay le remite provisiones y ex-
plica las causas por las cuales no puede enviarle tro-
pas; Córdoba, Santa Pé, Entre Eíos y Corrientes le
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 35
invitan á la defensa; la Banda Oriental lo tiene por
su Jefe Supremo. Artigas toma para sí en la lucha
internacional todas las responsabilidades de tan al-
to cargo y el sacrificio de su tranquilidad en los cam-
pamentos y los combates.
En ejercicio de esas altas funciones proyecta loa
planes de la defensa y los comunica por notas á las
Juntas gubernativas de las Provincias. Se dirige á
la Junta del Paraguay por un largo oficio de 10 ho-
jas en Diciembre de 1811, en cuyo documento ex-
plica el alcance del peligro que amenaza á las pro-
vincias, la necesidad de sostener en acción conjun-
ta las conquistas de la Bevolución de Mayo y el dog-
ma que la inspiró.—Solicita el envío de tropas de
auxilio y provisiones para los ejércitos cuyo comando
se le confiara.—Envía para la condución de esas tro-
pas y proviciones con amplias credenciales para con-
certar la forma del envío á su edecán el capitán Juan
Francisco Arias, y no siéndole posible á la Junta pa-
raguaya enviar tropas sino simplemente promisio-
nes, manda á su vez, al capitán Francisco Bartolo-
mé Laguardia, con instrucciones para explicar á Ar-
tigas las causas por las cuales no podía enviarle el
a,uxilio de tropas como así mismo para pedir al ge-
neral el plan militar al cual debía el Paraguay ajus-
tar su conducta durante la defensa colectiva.
El largo oficio del general fué comunicado sin
transcribirse por la Junta al Cabildo Justicia y Be-
gimiento de Asunción en 9 de Enero de 1812. Esta
falta de transcripción provoca en los miembros del
Cabildo un incidente con la Junta gubernativa en el
cual ambos cuerpos discuten en largos oficios las fa-
36 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
cultades y obligaciones que á cada uno corresponde
por la costumbre y leyes generales, y en especial,
por la ley de Castilla, las ordenanzas del Cabildo de
Buenos Aires de 31 de Diciembre de 1695 y Beal Cé-
dula de Julio 13 de 1796.
El entusiasmo con que la Junta del Paraguay r e -
cibe el Oficio de Artigas, la obediencia y el aprecio
que le otorgan las provincias y los envíos de notas
y emisarios directos para ante el general que ellas,
efectúan, siembran un celo y desconfianza infunda-
dos en la Junta gubernativa de Buenos Aires que en
el año 12 del siglo pasado componían, Feliciano An-
tonio Chiclana, Manuel de Sarratéa, Juan José Paso
y Bernardino Bivadavia y de la que fué secretario el
inteligente rioplatense y extraviado antiartiguista.
Nicolás Herrera.
—Impelida dicba Junta por su celo y desconfian-
za, inicia ante la Junta paraguaya, y á espaldas de
Artigas, un expediente que desde la primer nota so-
licita sea de carácter reservado entre ambas corpo-
raciones, protestando contra el hecho de que los
emisarios y notas para el general Artigas se envia-
ran directamente y reclamando el derecho, para que
en adelante todo envío de tal naturaleza se hiciera
por su intermedio, de lo que hemos de ocuparnos más-
adelante.
La instalación de la Corte de Portugal en Bío, dio'
lugar á que las Juntas gubernativas del extinguido
virreinato rioplatense pusieran toda su atención,
en los pasos de la Corte. Esta aspira á su vez á ex-
tender sus dominios hasta el Bío de la Plata, so pre-
texto de derechos eventuales en favor de la princesa.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 37
Carlota. Esta pretensión de la Corte, manifestada á
la Junta bonaerense, provocó la iniciación del pro-
ceso de sangre en que necesariamente tuvieron que
verse envueltas las provincias en defensa de sus le-
gítimos derechos y del sistema alcanzado.
En 7 de Enero de 1812 la Junta de Buenos Aires
dirige á la del Paraguay, un oficio explicando la pre-
tensión de la Corte; la necesidad de la defensa gene-
ral y de ponerse de acuerdo con Artigas, enviándole
todas las tropas y demás auxilios que fueren necesa-
rios; la invasión por la Banda Oriental de 5.000 sol-
dados del ejército portugués y la victoria que sobre
ellos ha alcanzado el general; y finalmente, la nece-
sidad de que el Paraguay no se rehuse á ese deber.
El 19 del mismo mes la Junta Paraguaya contes-
ta á ese oficio haciendo saber que ya se ha puesto
de acuerdo con Artigas para la defensa común; que
ha enviado al general unos auxilios de provisiones
que le solicitara; que ha comisionado para ante el
general al capitán Laguardia para recibir de él el
plan militar de la defensa, y á la vez le recuerda á esa
Junta el pedido que le hiciera de la remisión de ar-
mas por carecer el Paraguay de ellas. Como la Jun-
ta paraguaya no explicaba en forma satisfactoria la
razón de no contribuir con tropas á la defensa é in-
sistía en solicitar se le remitiese armamento, la Jun-
ta bonaerense le libra un largo oficio detallando el
momento que caracterizaba á las provincias, sus cau-
sas y peligros, y reiterando al Paraguay la necesi-
dad de contribuir en forma más amplia á la defensa.
En esa comunicación se expresa también, que el ge-
neral en jefe del ejército portugués, envió á esa Jun-
38 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
ta el día 18 del citado mes, á un parlamentario pro-
poniendo que se retiren las tropas de la defensa pa-
ra que se restituya la paz internacional; que se ase-
gure que no serán más atacados de hecho los domi-
nios de S. B. A.; y, para que se declare re beldé al ge-
neral Artigas, (1) cuyas proposiciones fueron recha-
zadas con desprecio según así lo expresa la Junta.
El 25 de Enero la Junta paraguaya contesta á la
Junta bonaerense con extensión. En esa nota mani-
fiesta sus entusiasmos por la defensa que se persi-
gue; su amor á la libertad; su afán de obrar de acuer-
do con el general Artigas y contribuir con 1.000 hom-
bres de tropa á reunirse con el ejército de dicho ge-
neral pero insiste en que para ello es menester que
la Junta bonaerense le envíe armamento, porque el
poco con que cuentan les es necesario para proveer
á las tropas que defienden los límites de Miranda,
Borbón y Apa que se encuentran en peligro de ser
invadidos por los portugueses. Que envía al capi-
tán Pedro Pascual Centurión para recibirse de esos
pertrechos y poder aportar su concurso y que espe-
ra de Artigas las indicaciones acerca de los detalles
que debe ejecutar ese gobierno por su parte para la
defensa.
El 19 de Enero no habiendo recibido el general
Artigas el auxilio de tropas que había solicitado al
Paraguay, ni la nota que la Junta de esa provincia
le enviara explicándole las causas que motivaban
no poder concurrir con tropas, libra un oficio acom-
pañando el suplemento á la Gaceta del día 3, una co-
(1) Los portugueses ya veían en Artigas el único obstáculo.
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 39
pia de los oficios recibidos de la Junta de B. Aires
con fechas 2, 7 y 11 de ese mes, y un estado de los
auxilios que el gobierno de Buenos Aires había san-
cionado remitirle por la bajada de Santa Fé. Indica
las ideas de que está poseído y la necesidad de la
unión para la común defensa; manifiesta que «1.000
lusitanos reunidos en «Guirá-pytá» (1) se resuelven
á atacarlo y que ignora si serán los 1.200 que vienen
desde Maldonado, pero que un puñado tan despre-
ciable jamás será capaz de perturbarlo ni ponerse
en cotejo con sus legiones resueltas á disputar la co-
rona del triunfo en todo trance».
La Junta paraguaya dando cuenta del recibo de
este oficio á la de B. Aires, después de explicar loque
en él manifiesta Artigas, dice: «Así lo creemos indu-
dablemente, según el crédito y opinión de este gran
general, sus vastos conocimientos militares y acer-
tadas disposiciones que ha tomado en todas las em-
presas que ha movido con gloriosa reputación, tan-
to más cuanto llegue á aumentar sus fuerzas con el
Begimiento que llegue á despachar V. E., cuyos in-
dividuos unidos á los seis mil quinientos (2) que tiene
poco más ó menos, según el aviso que nos dio el 7 de
Diciembre del año pasado, formarán un ejército in-
vencible y respetable para rechazar á otros tantos
y aún muchos más portugueses á la medida del mu-
cho ardor y esfuerzos de los americanos que se in-
flaman y avivan á la presencia de unos enemigos
(1) Guirá-pytá, en castellano, pájaro colorado.
(2) Después de la batalla de «Las Piedras*, Artigas quedó
al mando de 6.500 soldados.
40 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
siempre despreciables para nosotros.» Continúa di-
ciendo la Junta que al día siguiente contestará á la
nota de ese «gran general», y que en vista de que Ar-
tigas manifiesta que el más corto auxilio llegará
siempre á tiempo de aprovechar las ventajas y dar
el triunfo á la libertad, le será bochornoso en extre-
mo enviarle tan solamente dos cientos ó trescientos
combatientes; reitera que carece de armamentos pa-
ra enviar mayor número de tropas y que no tenien-
do tampoco Artigas para poderlas armar, no las en-
vía, porque se verían obligadas al deshonroso papel
de inútiles mirones,, é insiste en el deseo de obrar de
acuerdo y en unión con el general.
El distinguido ciudadano é ilustrado historiador
paraguayo Don Fulgencio Eicardo Moreno, descen-
diente del ilustre general Yegros, nos manifestó que
esas tropas fueron enviadas en oportunidad á poner-
se á las órdenes del general Artigas, mandadas por
el capitán Antonio Tomás Yegros, hermano del pre-
sidente de la Junta del Paraguay de esos días que lo
era el nombrado general Fulgencio Yegros. Igual-
mente nos manifestó el distinguido escritor que Ar-
tigas escribió una carta al presidente Carlos Antonio
López, en los últimos años de su vida, la que está
destinada á llamar la atención por su relación con la
lucha internacional que en la mitad del siglo pasado
sostuvo la Argentina de Eosas con el Uruguay de
Joaquín Suárez. (1)
El 2 de Febrero de 1812 el general Artigas escri-
bió una carta á Mariano Larios Galván, secretario de
(1) Véase III parte, II, final.
ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO 41
la Junta gubernativa del Paraguay, con quien man-
tenía correspondencia privada para alcanzar con cer-
teza la marcha é intenciones de los miembros del go-
bierno, en la que le explica un momento de disgusto
y le recuerda una consulta. Son muy pocas líneas y
vamos á leerlas. Dice así:—«Las consideraciones tie-
nen sus límites y yo no tengo uno más que asignarles
cuando los últimos acontecimientos hacen resonar
el grito de la venganza impulsado por el honor y la
justicia. La causa de la humanidad es la nuestra,
nunca debemos ser invencibles á su resentimiento
cuando el fuego sagrado de la libertad nos inflama.
Montevideo publicó ya la guerra contra las Pro-
vincias Unidas del Eío de la Plata del modo más so-
lemne. La persecución escandalosa en nosotros y
contra todo paisano de aquellas inmediaciones, es el
primer efecto de ella, y las tropas portuguesas situa-
das en los tres cerros, tienen su vista sobre nosotros.
El general portugués hace de 1.° y Gaspar Vigodet,
de 2 . Esa primacía en el extranjero nos anuncia su
o
preponderancia en todo respecto de los españoles,
deduciéndose de ella que la desición de todo pende
de su arbitrio.
Yo no necesito presentar á su imaginación otros
objetos; éstos son muy bastantes para no autorizar
un nuevo grado de sufrimiento en nosotros. Opri-
midos ya por el peso de nuestra indignación todo
europeo indiferente sea visto por nosotros como un
enemigo irreconciliable. La prudencia así lo dicta;
nos sobran pruebas que nos convencen de la inuti-
lidad de nuestras especulaciones para reducirlos al
sistema de los hombres.
á2 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
T o me lisonjeo que Vd. aprobará esta resolución
y le dará toda la extensión que le es consiguiente.
Aguardo por momentos la resolución de Vd. sobre
mi consulta, y entre tanto quedo fomentando el ar-
dor de mis conciudadanos para que cubiertos de la
sangre enemiga, hallen en ella, la embriaguez debida
á sus deseos.
Dios gde. á Vd. ms. as.—Guartel General en el
Salto Chico, costa occidental del Uruguay, 2 de Fe-
brero de 1812.—José Artigas».
El 5 de Marzo la Junta gubernativa de Buenos
Aires envía una nota á la del Paraguay, dándole
cuenta de que siete buques portugueses en contu-
bernio con el gobierno de Montevideo han atacado
en las balizas del Bío de la Plata, resueltos á incen-
diar á uno de los buques armados de Buenos Aires,
pero que fueron rechazados después de una hora de
combate. Igualmente manifiesta la Junta en esa no-
ta, que la intención de los aliados es repartirse la
rica Banda Oriental, y recomienda que urge que la
provincia del Paraguay preste todos los auxilios que
sean posibles al general Artigas, en nombre de la fe-
deración jurada para la defensa de los derechos de la
comunidad.
El 24 de Marzo la Junta bonaerense promueve el
expediente con carácter de reservado, que antes he-
mos recordado, basado en una causa que tiene todo
el color de lo inverosímil, y que sólo refleja que di-
cha Junta así que vio que el general Artigas era el
vértice á donde convergían directamente las provin-
cias, tuvo gran celo y desconfianza.
Indudablemente que las altas funciones del ge-
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 43
neral, sus victorias, y sus relaciones directas y dia-
rias con los Cabildos y Juntas Gubernativas de las
provincias, formaban en él la personalidad llamada
á alcanzar el más alto prestigio entre los pueblos
rioplatenses.
No sólo los Gobiernos y Cabildos tenían ya la cos-
tumbre de dirigirse directamente al general y dar
cumplimiento á sus pedidos, sino que, basta los di-
versos oficiales distribuidos por las provincias al
mando de pequeñas fuerzas, se dirigían directamen-
te al general y recibían de él las órdenes que ejecu-
taban con todo entusiasmo y obediencia.
De abí que la Junta bonaerense lleva á conoci-
miento de la del Paraguay, en la nota que tratamos,
que el envío directo del emisario capitán Laguardia
provocó entre los oficiales del general Artigas, una
sospecha contra el gobierno de Buenos Aires, y que
convendría en adelante que las relaciones interpro-
vinciales y envíos de emisarios, se efectuaran por
intermedio del gobierno bonaerense.
A esta nota, contesta la Junta paraguaya, con
carácter también de reservado, en Abril 19, expli-
cando los motivos que la impulsaron para enviar
ante el general Artigas, el emisario Laguardia.
Solicita á la vez de la Junta bonaerense explique
cual fué la conducta del mencionado Laguardia que
baya podido dar motivos para esas sospechas, en-
viando también, una copia de las instrucciones que
llevó el emisario para ante el general. Noticia haber
recibido en esos momentos una nota de Artigas, ex-
poniendo los motivos que retardaron el regreso del
emisario y promete en adelante abstenerse de en-
viar más comisiones y legacías.
44 ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO
El 20 de Mayo Bernardino Bivadavia, se dirige
á la Junta paraguaya y en nombre del gobierno de
Buenos Aires contesta á la nota anterior, manifes-
tando que su gobierno no insistirá más sobre un par-
ticular sin objeto dado que la causa que provocó el
oficio reservado del 24, fué no baber sabido á tiempo
la comisión que llevaba Laguardia para ante Ar-
tigas.
El 12 de Mayo la Junta bonaerense envía oficio
á la del Paraguay haciéndole saber que por los últi-
mos oficios del general Artigas, se entera que esa
provincia no ha mandado aún las tropas de auxilio
al general y que por última vez solicita quiera man-
dar de inmediato, aun cuando sean 500 soldados,
que los momentos son difíciles «á extremo que de la
suerte del ejército de Artigas, depende para las provin-
cias la libertad ó una eterna esclavitud)). — Becuerda
que la Banda Oriental se encuentra invadida por
5.000 portugueses; que las costas están hostilizadas
por fuerzas marítimas de Montevideo; el Paraná in-
comunicado siéndole imposible evitarlo á las bate-
rías del Bosario; el Perú ocupado por las armas de
Goyeneche; y, finalmente, por todas partes llenos
de peligros. Expresa que para cubrir tantas atencio-
nes no bastan los recursos solos de Buenos Aires y los
trabajos serán estériles si todos los pueblos de las
Provincias Unidas no apuran sus esfuerzos para coo-
perar con tropas á batir los enemigos y fijar de un
modo permanente las bases de la independencia
civil.
El 23 de Abril, Artigas dirige un Oficio al Cabil
do Justicia y Begimiento de Asunción. Este oficio
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 45
provoca gran contento y satisfacción en los miem-
bros del Cabildo, quienes en su contestación le re-
cuerdan que cuando recibieron su primer oficio hi-
cieron reunir en la plaza de Armas de Asunción al
pueblo paraguayo, y le dieron lectura á la prédica
del apóstol, que el pueblo escuchó con entusiasmo.
De conformidad con este acuerdo, el Escribano Pú-
blico y de gobierno Jacinto Euiz, redacta una nota
para el general Artigas que suscribieron todos los
miembros del Cabildo. Es un documento breve, va-
mos á conocerlo.
«Indeleble de nuestros sentimientos será el gozo
de que nos ha llenado el más que obsequioso oficio
de V. E. de 23 del último Abril. No podía V. E.
en consociación de esos Héroes del Oriente ha-
cernos oferta más cuantiosa, ni de más precio y
estimación que la total entrega á nuestra disposi-
ción; regalo que el Sócrates estimó, por el mayor que
puede hacerse. En su retribución quedamos ligado
á igual comportación inalterable por evento alguno,
como la magnanimidad de V. E. y la generosidad de
sus infatigables conciudadanos lo exigen.
El entable de relaciones con nuestro sabio gobier-
no, que nos indica, nos afianza hasta lo extremo la
sinceridad de la oferta de V. E., y de su envidiable
ejército, no obstante que no nos sirve de primera
prueba de la adhesión á la causa pública de esta pro-
vincia, sino de ratificación de lo mismo en que nos
dejó persuadido el primer oficio que dirigió V. E. á
este Superior Gobierno, que por nuestras manos se
leyó al pueblo y por quién fué recibido con todo en-
tusiasmo, complacencia y ternura, que caben en
"unos pechos proclives á la mayor armonía, paz y
46 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
concordia, que la razón de humanidad dicta y en
que influyen sin falencia los derechos de los Pueblo»
Libres. Si V. E. admite la exposición de nuestro re-
cíproco afecto, y palabra recibida por fiadora de
nuestra verdad, trasmítala á esos beneméritos é in-
vencibles campeones de la libertad de que se com-
ponen las tropas del mando de V. E.—Dios gde. á
V. E. ms. as'—Sala Capitular de la Asunción, Julio
18 de 1812—Juan José Montiel—Pedro Vicente
Frasqueri—Anselmo Agüero — Carlos Isasi — San-
tiago Baez—José Mariano Valdovinos—Dionisio Ca-
ñiza.—Al señor General en Jefe del Ejército Oriental
Don José de Artigas, de que doy fé: Jacinto Buiz,
escribano público y de Gobierno.
Durante el resto de este año 12, délas relaciones
y correspondencias de Artigas, sólo tenemos noti-
cia de dos oficios del general á la Junta del Paraguay
y de la contestación de dicha Junta á esos oficios.
Sabemos donde están los originales del resto de la
documentación, pero nos ha faltado tiempo hasta el
presente para su estudio. Lo propio nos ocurre con
el año 13 del cual sólo hemos alcanzado 5 documen-
tos, y con el año 15 que podremos examinar 3 pie-
zas nada más.
Del año 14 tenemos casi toda la documentación,
pero de los años 16 al 20 sobreviene el silencio, pues,
el tirano Gaspar Bodríguez Francia cortó las rela-
ciones con el general y encerró la provincia de su
despótico comando con el examilión de sus recelos
extraviados haciendo imposible que pudieran lle-
gar á ella ni el hombre ni el pensamiento. Así que
para el examen de ese lustro de la historia tendre-
mos que abrevar en fuentes agenas.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 47
Los dos oficios del general á que acabamos de re-
ferirnos llevan fechas de 1.° de Octubre y 15 de No-
viembre, y en ellos Artigas expresa sus quejas res-
pecto de ciertas adversidades y propone el plan pa-
ra ultimar sus operaciones á fin de poder establecer
y consolidar sobre sus verdaderas bases el gran edi-
ficio de la regeneración política de las Provincias
Unidas. A ellos contesta la Junta paraguaya, en Di-
ciembre 4, que ese gobierno admira en todo la pru-
dencia, la previsión y la constancia del general, fren-
te al cúmulo de adversidades que le rodean, cuando
sólo debiera esperar recompensas. Que advierte que
aun existe alguna dificultad para la ejecución del
plan que se propone y que desearía que el general
fuera más extenso sobre el particular. Que ese go-
bierno se encuentra atareado preparando una es-
cuadrilla armada en guerra para la defensa de las
costas, y que espera que el general continúe su co-
rrespondencia.
El general Artigas como lo manifiestan sus oficios
escritos al finalizar el año 1812, desde los campa-
mentos descubría el espíritu de preponderancia ab-
sorbente, que próximamente pretenderían practicar
los hombres del gobierno de Buenos Aires. En pre-
visión de que tales acontecimientos pudieran pro-
ducirse, proyectó un plan militar de defensa para las
provincias.
Mas tarde, en 1813. con motivo de la Asamblea
de Diputados de las Provincias, comisionó á Dáma-
so Antonio Larrañaga para comparecer ante el go-
bierno bonaerense, cuyas credenciales para el ejer-
cicio de esa legacía las otorgó el 29 de Junio, á fin
48 AETIGAS EN EL CAUTIVEKrO
de indagar de aquel gobierno cuál sería el grado de
autonomía, y cuál la organización que se tendría la-
voluntad de sancionar para la Banda Oriental y de-
más provincias. En ejercicio de esas funciones La-
rrañaga se entrevistó con los miembros del gobier-
no y con algunos Diputados, y al mismo tiempo se
dirigió por escrito al general José Bondeaux. El 23
de Julio desde Buenos Aires, Larrañaga dio cuenta
de su misión al general Artigas. Poco después re-
gresa el Diputado Tomás García Zúñiga, y explica
al general el resultado de la realización de la Asam-
blea. Artigas, discorde con las resoluciones, comunica
á la Junta paraguaya su disconformidad en 26 de
Agosto y la incita á poner en práctica su plan mili-
tar que. en previsión, de antemano había proyecta-
do. Dado que estos dos documentos, tienen relación
con los grandes principios que Artigas proclamó en
ese año y que ellos sirven, una vez más, para ilus-
trarnos respecto de la sinceridad é integridad del
general en la profesión del dogma republicano, va-
mos á transcribir á esas dos notas cuyo valor histó-
rico no ha de escapar á la ilustración de nuestros lec-
tores. La nota de Larrañaga, dice:—«En desempe-
ño de la honrosa comisión que V. E. me ha confiado
en su correspondencia del 29 último, pasé á ver al
Gobierno y á otros S. S. de la Asamblea, y después
de larguísimas conferencias y debates el resultado
es lo siguiente: Que se admitirán cuatro Diputados
contando con el de Maldonado; que éstos unidos con
los demás Diputados determinarán la forma de Go-
bierno que haya de regirnos en adelante; que los D i -
putados de la Banda Oriental serán los que expon-
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 49-
gan sus razones y sus derechos; ellos mismos sancio-
narán lo que sea justo y conveniente. La voluntad ge-
neral de los pueblos y sus representantes decidirán,
y todos obedecerán, pero entre tanto el Gobierno
Supremo está encargado de mantener el orden pú-
blico y de hacer la guerra á los enemigos. Si los pue-
blos de la Banda Oriental, quieren arreglar mejor
el sistema presente de sub-administraciones, si quie-
ren vigorizar más la administración de justicia, e s -
cribo con este objeto al general Don José Bondeaux,
para que si gustaren reunirse los hacendados y pro-
pietarios, arreglen ellos mismos un método equita-
tivo y económico de sub-administraciones, establez-
can las justicias, y se tomen las medidas de protec-
ción que estimen más convenientes. Ellos serán los
administradores y ellos serán los jueces.
Las milicias honradas de la Banda Oriental ocu-
pan el primer lugar en la consideración de las Pro-
vincias Unidas y serán socorridas como las demás
tropas, luego que se fije el número y continúen en
aquella disciplina y subordinación que les conserve
el carácter militar que tan gloriosamente han ad-
quirido. •
Por último, deseoso el gobierno de inspirar áV..
E. toda la confianza debida no trata de hacer un
misterio de sus disposiciones militares. Ellas no tie-
nen otro objeto, ni son otras sus miras, que hacer
la guerra á los enemigos, que para ello multiplica
los medios de defensa. Para esto solamente tiene un
ejército en el Perú y otro delante de Montevideo, y
con el mismo objeto multiplica y aumenta sus fuer-
zas en la capital, que deben ser la base de todas las
operaciones.
50 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Estos son los sentimientos que quiere el gobierno
exprese á V. E. en su nombre, para que pueda cum-
plir con los encargos de V. E. Dios guarde á V. E.
ms. as. Buenos Aires 23 de Julio de 1813.—Dámaso
Antonio Larrañaga.—Al Sr. General Don José Ar-
tigas».
Las pretensiones del gobierno de Buenos Aires, pa-
ra la organización de las provincias contrasta con la
autonomía á que ellas aspiraban, y la nueva organi-
zación militar que se resolvía reducía al general Ar-
tigas de las funciones de jefe de los ejércitos al ser-
vicio de la defensa de la comunidad, al grado de je-
fe de regimiento. El Paraguay en esos momentos
había comunicado al general que proyectaba la reu-
nión de un Congreso para adoptar una organización
política conforme á su voluntad, y que no había
por ello querido nombrar diputados al Congreso ge-
neral de las provincias. El general Artigas, discorde
con las pretensiones egoístas y absorbentes del go-
bierno de Buenos Aires manifiesta su disconformi-
dad al gobierno paraguayo en el oficio siguiente:
«El adjunto papel (1) impondrá á V. E. del resulta-
do de mi comunicación al S. P. E., que tuve la hon-
ra de incluir á V. E. en mi oficio 3 de Julio, señalado
con el N.° 1.
Nuestro diputado Don Tomás García de Zúñiga,
•está ya aquí sin haberse sellado su comisión. No hay
remedio. Se quiere precisamente que se esté solo á
las deliberaciones de Buenos Aires, no obstante que
las deliberaciones de la Asamblea empiecen por don-
de debían concluir.
(1) La nota de Larrañaga á Artigas.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 51
La falta de garantías para fijar nuestro destino
según el dogma de la Eevolución, hasta ahora es lo
que ha dado impulso á nuestros pasos. Por conse-
cuencia nuestros gobiernos deben instalarse bajo
unos principios análogos á nuestro sistema con to-
das las facultades bastantes á la conservación mien-
tras la Constitución del Estado no fije las formas
subalternas y sus atribuciones consiguientes. Tal es
la convicción de esta Provincia. Ella es inviolable,
y V. E. marcha sobre los mismos principios y está
sujeto á los mismos ataques.
La necesidad conforme con el interés, grita por la
ejecución del plan que he tenido la honra de propo-
ner á V. E. El Congreso Supremo que V. E. ha con-
vocado, yo no dudo que fijará nuestra gloria. Las
convenciones de los pueblos han sido ahorcadas en
los primeros pasos de su regeneración. Las nuevas
garantías que deben establecerse es el grado de res-
peto que contraste con el uso de la fuerza. (1)
Nada tengo que decir á V. E. sobre la legitimidad
de nuestras operaciones. V. E. sigue en el mismo pié
que nosotros sin que haya vínculo que obligue por-
que no hay Constitución.
V. E. ha visto los escándalos repetidos con que
se han circulado las órdenes, no estando integrada
la representación de los Pueblos, y V. E. vé en la
historia de esta Provincia, como se prescinde del uso
de sus derechos para la instalación de su gobierno
(1) Según la nota de Larrañaga las disposiciones militares
del gobierno bonaerense eran para apoyar sus pretensiones.
52 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
insinuándole una nueva instalación. Ese extremo de
servilidad á que se quiere conducirnos, ultraja á la
justicia.
Tenga, pues, V. E. la dignación de entrar en nues-
tras combinaciones, y adoptando las medidas, fije-
mos nuestra verdadera regeneración.
Tengo la honra de ser de V. E. atento venerador.—
Delante de Montevideo, 26 de Agosto 1813.—José
Artigas».
En nota aparte de la que acabamos de dar á la
lectura, el general comunica al Paraguay, que aca-
ba de llegar á su conocimiento que los españoles emi-
grados al Brasil, tratan de formalizar un proyecto
sobre la frontera de la Banda Oriental, ocupando al-
gunos de sus puntos, y que á pesar que nada debe
temerse respecto de los españoles, debe estarse pre-
venido respecto de los portugueses en esta combi-
nación, puesto que sus resultados pueden ser de gra-
vedad.
El 6 de Setiembre el jefe militar paraguayo des-
tacado en Belén, Eduardo Carrasco, comunica al
comandante de la frontera del Paraná, costa para-
guaya, Vicente Antonio Matianda, que ha recibido
sus dos notas, una para Víctor de la Puente y otra
«para nuestro general y presidente» las cuales se
apresuró anacerías llegará su destino; que desea siem-
pre se le ocupe en todo aquello que fuere en favor de
la libertad y al mismo tiempo le comunica que ha
sido desterrado Bernardo Planes de la Villa de Man-
dizoví quién ha tomado el rumbo hacia el Arroyo
de la China, con dos cañones y fusilería, y con dos
carretas de municiones. Que ha recibido un oficio
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 53
•de Artigas comunicándole que los portugueses pre-
tenden hacer movimientos y que se trate de estar
con vigilancia.
Este movimiento de Planes de que habla Carras-
co fué uno de los primeros contra el general Artigas
y estaba comprendido en el plan de B. Aires, como
hemos de examinarlo después.
El comandante paraguayo Matianda, en Setiem-
bre 15 comunica al Presidente de la Junta general
Tegros el recibo de esa comunicación de Carrasco.
Da cuenta de que una división de Correntinos salie-
ron á auxiliar á Planes y que fué sorprendida por los
charrúas, quienes dieron muerte á toda la división.
Que Planes ha incendiado la Villa de Mandizoví,
matando á muchos vecinos y saqueando sus casas.
Que los portugueses están reuniéndose en San Bor-
ja; que éstos tienen más de doscientas canoas y mu-
cha caballada, y que ya han sido electos los diputa-
dos para el Congreso á reunirse en Asunción.
Tenemos, pues, que Artigas vigila, lucha y con-
traresta en guerra internacional á los portugueses,
defendiendo la soberanía de las Provincias y el sis-
tema adoptado por los Pueblos; y en medio de esas
tareas que á otro jefe hubiera absorbido toda su
atención y todas sus actividades, igualmente vigila,
descubre y contraresta al gobierno de Buenos Ai-
res en sus pretensiones egoístas de absorción; y, en
defensa también en este caso, de los derechos de las
Provincias, proyecta de antemano un plan militar,
que pone en práctica con heroica decisión.
Los prestigios del general en vez de ser utilizados
por el Gobierno de Buenos Aires, para el manteni-
54 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
miento de las conquistas alcanzadas y la paz públi-
ca entre los pueblos rioplatenses, sirvieron para ser
contrarestados por ese mismo gobierno, á impul-
sos del monarquismo traidor al dogma, sembrando
el germen satánico de la anarquía que necesaria-
mente tuvo que desviar el rumbo de la historia.
De exprofeso vamos apartando ciertos hechos,
y sus respectivos comentarios que se entrelazan con
los que estamos recordando, en obsequio al tema-
que hemos escogido para nuestro estudio. La seve-
ridad de la síntesis que regla nuestro trabajo nos
obliga á que sólo examinemos los que hasta hoy son
poco conocidos y aquellos de que no se tiene conoci-
miento en absoluto.
La documentaría que poseemos y las piezas que
deseamos adquirir para su complemento sólo pue-
den ser estudiadas en la amplitud del libro á que ne-
cesariamente debemos llegar, ya que á la costumbre
de la calumnia de antaño ha sucedido la escuela
contemporánea de herirnos con el silencio, publi-
cándose en centenares de páginas impresas el largo
proceso de la independencia de esta parte del con-
tinente, sin dedicar siquiera una página al guerrero
que fué uno de los más grandes y sinceros colabora-
dores en la obra colectiva. Para algunos escritores
parece que sólo fuera suficiente saber cultivar las
letras sin que sea necesario amar las verdades de la
historia que existen empolvadas á través de todo un
siglo en los almacenes que las guardan.
Llegamos ya á los días en que los pueblos riopla-
tenses en medio de las luchas con el enemigo ex-
tranjero son provocados á ofrecer su resistencia con-
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 55
tra los planes del gobierno de Buenos Aires. El «ge-
neral Artigas que mandaba 8.000 soldados de los ejér-
citos de las Provincias, tomó para sí 1» dirección de
la resistencia. Proyectó un plan militar que comuni-
có á los Gobiernos y Cabildos y el desarrollo de esas
operaciones militares que tuvieron su principal eje-
cución en el año 14, vamos á examinarlo con algunos
documentos que sirven para ilustrar el estudio de
esa parte de la historia.
Las notas del general de 1.° de Octubre y 15 de
Noviembre á la Junta Paraguaya, demuestran con
evidencia que Artigas previo los planes del gobier-
no bonaerense, y que á fin de no ser sorprendido pro-
yectó el plan de resistencia que vamos á examinar
en sus principales partes,, siempre dentro del marco
de las relaciones de Artigas con el Paraguay.
En Octubre de 1813, reunido un Congreso de di-
putados en Asunción, cambió el sistema de gobier-
no provincial trocando la Junta gubernativa por un
dualismo consular y para el ejercicio de esas funcio-
nes eligió al general Fulgencio Yegros y al teólogo
Gaspar Bodríguez Francia. Estos cónsules se turna-
ban en el ejercicio cada cuatro meses. De esta mane-
ra el Paraguay se separa de su hermana Buenos Ai-
res y guarda una paralela de oposición con Artigas
á la conducta del gobierno bonaerense.
Tres meses más tarde, el 20 de Enero de 1814, el
general Artigas dirige un oficio al cónsul general
Yegros desde su campamento de Bato\í, y en este
documento dice: que algunas ocurrencias de que la
premura del tiempo le impide hablar por el momen-
to, han dado la señal para empezar sus operaciones;
56 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
qi>9 el gobierno de Buenos Aires temeroso del golpe
que le amenaza en ese período de la revolución, qui-
so asegurarse poniendo el sello á sus intrigas para,
esclavizar á la Banda Oriental, llegando los lances
al último término; que convencido de la identidad de
pensamientos con el Paraguay, empezó á tomar sus
medidas, haciendo marchar una división á Merce-
des, donde se le reunieron las guarniciones de dife-
rentes pueblos; que en ese momento hace á toda esa
fuerza ejecutar el proyecto de atacar á Hilarión
Quintana, comandante general de Entre Bíos, en el
Arroyo de la China. Al mismo tiempo participa que
distribuye sus órdenes á las divisiones del sitio; que
ya se halla á nueve leguas de Tacuarembó Chico,
con cuyas fuerzas, de allí, seguirá su marcha hasta
Belhén, para después seguidamente atacar á Planes
y asegurar la independencia (1) de Entre Bíos. Que
las consecuencias de su plan no serán otras que la
paz y la libertad; que todas las circunstancias convi-
dan á aprovechar lo precioso de esos instantes; que
todo está en convulsión y «en los gobiernos de las pro-
vincias está hacer ventajosa la crisis».
Comunica que al día siguiente de su salida del si-
tio comenzó un desorden general; que sus providen-
cias así como sus marchas fueron secretas, y que an-
tes de sus comandantes poderlas publicar las tro-
pas lo echaron de menos, y el regimiento de Blan-
dengues empezó primero á desfilar buscándolo.
Que el general Bondeaux noticioso de la ocurrencia,
(1) Ya Artigas siente la necesidad de la Independencia de-
cada provincia.—Véase final de esta II parte.
AETIGAS EN EL CAUTIVERIO 57
trató de desarmarlos enviando algunos de sus dra-
gones, lo que motivó un choque en el Cerrito donde
quedaron muertos 10 de éstos, y 2 blandengues. Que
Bondeaux pidió auxilio al regimiento de Pardos (au-
xiliadores 2ST.° 6) y le fué negado. Que sus blanden-
gues le han seguido así como otros elementos de las
demás divisiones, como también, gran número de
desertores de los mismos auxiliadores.
Que estas ventajas no habían entrado en las com-
binaciones de su plan militar, porque no necesitaba
para su proyecto nada más que las fuerzas del gran
campamento de Tacuarembó Chico, y la,s que había
hecho marchar á Mercedes, dejando toda la demás
fuerza en la línea frente á Montevideo, para á su re-
greso concentrar allí todas sus tropas, expulsar á los
jefes auxiliadores y «establecerse en un pié respeta-
ble capaz de alcanzar todas las ventajas posibles
sobre Montevideo, tajo él sistema que adoptará de
acuerdo con él Paraguay» (1).
Que á pesar de todo lo ocurrido al llevarse el plan
más adelante recuerda que los auxiliadores no pue-
den pjor sí solos hostilizar la plaza ni tampoco te-
mer salidas y se ven por otra parte obligados á man-
tenerse asediándola, impidiéndoles él la retirada
mientras lleva á cabo sus operaciones; pero que es-
tando esas tropas en una fermentación gravísima,
si la duración fomenta el desorden, pueden los re-
sultados ser funestos, proporcionándose á Montevi-
deo unas ventajas que lo harán más formidable y
más difícil la realización de su plan.
(1) El Paraguay ya se había declarado república libre é in-
dependiente.
58 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Que espera del gobierno del Paraguay que com-
penetrado de las circunstancias del momento se de-
cidirá á tomar una parte en esas operaciones para
facilitarle la prontitud con que debe acudir á su pro-
vincia cuyas fronteras quedan poco menos que aban-
donadas. Invita al gobierno paraguayo para encar-
garse de la parte del plan relativa á las Misiones,
mientras él ejecuta todo lo demás á fin de dar á un
mismo tiempo los golpes en todas partes, y porque
así será menos dificultosa la realización de las ope-
raciones y la demora mucho menor, por estar aque-
llos puntos más inmediatos á esa república que á él y á
la vez por tener en mal estado sus caballadas que le
harían imposible marchar con la celeridad con que
es menester hacerlo.
Al mismo tiempo recomienda al Paraguay que es
muy oportuno asegure el Paraná hasta «La Bajada»
y que guarnezca el «Arroyo de la China» después que
sus fuerzas hayan destruido á Quintana. Que para
ello no se necesita incomodarse por mucho tiempo
porque organizada la frontera de Entre Bíos, esa
provincia misma cooperará á su seguridad y todos
habrán tenido la gloria de habérsela proporcionado,
reportando además á cada una de las provincias to-
das las ventajas á que puede aspirarse para la con-
solidación del gran sistema.
Que para el caso de que esas ideas no sean del
agrado del gobierno paraguayo, espera quiera ha-
cérselo saber porque de todos modos siente la nece-
sidad de continuar sus operaciones. Que para todo
lo demás que pueda ocurrir recuerda á ese gobierno 1
la necesidad de nombrar un diputado bastante au-
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 59
torizado con el que podrán tratar todo cuanto con-
cierna á los arreglos de fijar pactos y poner el sello
á la obra de la regeneración, consolidando la unión
inalterable que debe garantirla, con cuyos dig-
nos frutos se alcanzará el bienestar general que se
anhela.
Propiamente dicho el Paraguay se rehusó á to-
mar parte en ese plan. Si bien es cierto que llamó al
general en auxilio para destruir á Planes en las már-
genes del Aguapey, ello fué para apoderarse de las
armas de las tropas de Planes, porque el Paraguay
carecía de armamentos, todo lo que hemos de cono-
cer más adelante, así como la traición de las autori-
dades de esa provincia al pacto realizado con el ge-
neral cuando fué llamado en auxilio.
Seis días después de la nota del general al gobierno
paraguayo, envía otra, en 26 de Enero, al comandan-
te militar de la frontera del Paraná, Vicente Antonio
.Matianda, pariente del cónsul Fulgencio Yegros y
persona amiga del general, en la que le explica en
síntesis lo que manifiesta en su nota del 20 dirigida
á Fulgencio Yegros y le pide influya para que el
•cónsul acepte tomar parte en las operaciones ten-
dientes á la realización del plan que tan mutuamen-
te dictan los deseos de todos.
Dando cumplimiento Matianda á este pedido, en
9 de Febrero, cita á todas las tropas fronterizas del
Paraná para concentrarse en Candelaria y envía
una nota á uno de sus capitanes Miguel Tomás Fe-
xreira, al que entre otras cosas le ordena que trate
que los europeos y demás vecinos del lugar no es-
criban á parte alguna ni comuniquen noticias que
60 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
hubieren adquirido de las que trajo el enviado J o -
sé López. (1).
Al mismo tiempo se dirige en día 12 del mismo
mes á los cónsules Tegros y Francia, haciéndoles
saber que ha recibido un oficio del jefe de los Orien-
tales, cuya copia remite, y que la generosa invita-
ción que hace ese buen patriota para la realización
con el Paraguay de una razonable unión le parece
muy favorable para la seguridad exterior. Que con
algo más de energía y actividad, esa república po-
drá hacerse de armamento y alcanzar los límites
hasta donde haga cuenta. Que todo se puede conse-
guir sin peligro y que conviene también á las rela-
ciones mercantiles y epistolares la destrucción del
resto de enemigos porteños que urge descoronar en
todo Entre Eíos. Que no se puede temer á esos ene-
migos porque sus últimos contrastes lo tienen en la
mayor consternación y que el ejército de Eondeaux
se haya imbécil. Que la resolución de Artigas sobre-
Planes le hace temer que éste se introduzca en te-
rritorio paraguayo con todo su armamento mayor
y menor y logre escaparse á Corrientes, único asilo en
la crisis. Que para evitar ese caso ha hecho salir con
esa fecha sus citaciones para todas las tropas fron-
terizas á fin de reunirías, pues no es dable que dicho
armamento se escape desde que le hace tanta falta
al Paraguay.
Habiendo tenido el general Artigas en el desarro-
llo de sus operaciones y en ejecución del plan de an-
temano combinado que concurrir á Entre Eíos y á
(l) Portador de la nota de Artigas.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 61
Corrientes, llamado también á su vez por la mayor-
parte de esos pueblos; en Febrero 15, dirige una no-
ta oficial al gobernador de Corrientes en la que ex-
plica las causas que lo obligaron á repasar el Uru-
guay y llegar con sus tropas á esas provincias. Es
el general mismo el que va á dar las explicaciones
necesarias respecto de su conducta de haber invadi-
do con sus tropas. El documento dice así:—«He lle-
gado, con fuerzas de caballería é infantería á Entre
Eíos y tengo el honor de saludar á V. E., ofreciendo
á su disposición mis más cordiales afectos y los de
ellas.
Llamado por la mayor parte de los pueblos que
componen esta gran provincia para proteger su li-
bertad, restablecer su seguridad, y fijar la dignidad
de la revolución consultando sus aplicaciones é in-
tereses, han pasado mis tropas el Uruguay, y han
pasado ya á tener sus trabajos. Yo hago un deber
mío en trasmitir á V. E. estas circunstancias, para
que analizándolas como corresponde no mantenga
su juicio en la incertidumbre y se convenza del ca-
rácter único que invisten mis citadas fuerzas.
Los resultados de la campaña que hace dos años
se sigue en la provincia Oriental del Uruguay, me-
condujeron también á este territorio con mis tropas,
y su entrada fué benéfica al país, arrojando de él á
los extranjeros que lo azotaban, y que sin duda se
habían establecido en él.
Todo se concluyó felizmente y su seguridad ulte-
rior fué garantida, sin que en el todo de tantos tra-
bajos y fatigas se descubriese algo que no fuera pro-
tección. Este recuerdo de mi conducta en aquel pe-
62 AHTIGAS E N EL CAUTIVERIO
ríodo, debe servir también á fijar las ideas de V. E.,
en el desinterés de mis miras limitadas al objeto in-
dicado.
Bajo este concepto V. E. debe permanecer tran-
quilo y estarlo igualmente los beneméritos habitan-
tes del territorio de su mando. Serla ultrajar la equi-
dad de mis sentimientos incomodarse del menor
modo.
Las tropas de los aliados se conducen con las mis-
mas miras, y no hay el menor motivo para que per-
sona alguna deje su refugio y sosiego. Nosotros muy
distantes de perturbarlo, evitaremos todo motivo
bastante á suscitar sus recelos y muy lejos estamos
de amagar contra su seguridad y derechos.
Si V. E. y el pueblo de Corrientes necesitan de
nuestro auxilio, estamos siempre prontos á fran-
queárselo. Este lenguaje de ingenuidad y buena fe,
debe acabar de fijar la confianza de V. E. y de esos
dignos ciudadanos, convenciéndolos de que jamás,
por nuestra parte, procederemos á violar los senti-
mientos, el grado de amistad y fraternidad que
siempre nos han sido recíprocos, habiéndose estre-
chado más sus vínculos por el dogma general de la
Eevolución que ha unido más íntimamente nuestros
intereses.
Por estas sinceras protestas yo me lisonjearé que
V. E. firme en los mismos principios, mantendrá
una conducta consiguiente, conservando el justo
equilibrio con lo amistoso y fraternal de la mía, sin
permitir se suscite el menor recelo entre esos habi-
tantes.
Yo tengo la satisfacción de respetarlo á V. E. El
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 65
objeto de mis tropas en Entre Eíos es únicamente
limitado á auxiliar á los pueblos que me han pedido
auxilio. Mi permanencia sólo durará mientras se fi-
je su seguridad y sosiego, elementos precisos al res-
tablecimiento de su prosperidad, reiterando por con-
clusión á V. E. que si para tan digno fin necesita
también V. E. y ese pueblo de nuestros auxilios, los
hallarán igualmente prontos.
Hago un honor mío, dirigir á V. E. mis más afec-
tuosas consideraciones, con las que soy de V. E .
apasionado paisano y afectísimo servidor. José Ar-
tigas—15 de Febrero 1814.—Banda Oriental del
Uruguay. Al señor Teniente gobernador de la ciu-
dad de Corrientes».
Artigas tenía conocimiento de que este goberna-
dor estaba en connivencia con Planes, Solís y Quin-
tana, y que preparaba una reunión de oficiales en
«Curuzú-Cuatiá» (1) con el objeto de combinar un
plan militar contrario al general y en armonía con.
el gobierno de Buenos Aires. Es por eso que la nota
que le envía Artigas es indirectamente una adver-
tencia que toca todos los puntos que en esos momen-
tos eran necesarios para disuadir de sus propósitos
al gobernador y para preparar su protesta más tar-
de al Cabildo de esa provincia como hemos de verlo
después.
Viendo el gobierno de Buenos Aires que el presti-
gio de Artigas y sus éxitos concluirían en definitiva
por imponer á ese gobierno el capitulado de los dere-
chos que el general anhelaba para las provincias, se
(1) «Curuzú Cuatiá»,—en castellano, Cruz de papel.
«4 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
•decide á socavar las bases de la unión é intereses de
los gobiernos provinciales, habiendo en ello tenido la
suerte de encontrar en Francia, en el Paraguay, y
en José León Domínguez en Corrientes, los gober-
nantes predispuestos, por sus descarrilados crite-
rios para prestarse á esos fines, que uno en pos del
otro dieron origen á las adversidades que fueron la
causa que llevaron al general Artigas, seis años más
tarde, á desaparecer en el agreste boscaje de Curu-
guaty, como un sol que irradiando luz vivificante á
sus planetas en medio de ellos se sepulta de pronto
en el ocaso infinito.
Francia recibe de los gobiernos de Buenos Aires
y Corrientes el conocimiento de sus discordancias
con Artigas, y este le invita á tomar parte en su re-
sistencia. El gobernante paraguayo sabe que el ge-
neral puede llegar á la Asunción con la misma facili-
dad que ha llegado á Entre Bíos y Corrientes; no
ha nacido para amar ningún ideal superior ni para
luchar como soldado y encuentra una solución có-
moda cesar en sus relaciones con Artigas y posterior-
mente cerrar las puertas de su provincia, convir-
tiéndose en un espectador sin norte que va á correr
su suerte al acaso frente á esos grandes debates de
los ideales y de la espada.
El 19 de Febrero, el gobierno bonaerense se diri-
ge por escrito al gobierno paraguayo, diciéndole que
los excesos del general Artigas han llegado á tal pun-
to, que ese gobierno se ha visto precisado á arran-
carlo de la sociedad y autorizar su persecución co-
mo á traidor y enemigo declarado de la patria, se-
gún se comprueba del bando de proscripción que ha
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 65
•mandado publicar por los pueblos de su depen-
dencia.
Que interceptadas varias cartas á Artigas, en ellas
,se comprueba que induce á toda la campaña á una
sublevación general contra el ejército sitiador, y
•contra Buenos Aires. Que él proclama á todos los
orientales que sus proyectos están protegidos por el
Paraguay comprometiendo de este modo los respe-
tos de la autoridad del gobierno paraguayo. Que ese
gobierno no puede imaginar que el del Pa-
raguay en las combinaciones políticas de Artigas lle-
gue á proteger su traición, la anarquía, la división
y la guerra civil. Que espera del gobierno paraguayo
que prevendrá á todos los jefes de fuerzas de su de-
pendencia para que en adelante se abstengan de
prestar el menor auxilio á Don José Artigas é indi-
viduos que le siguen en su rebelión.
Esta nota la recibió el prepotente Francia que en
esos días estaba en ejercicio de su turno consular
preparando en silencio los medios para deshacerse
de su colega Yegros, haciéndose crear por un Con-
greso, la magistratura unipersonal.
Libró oficios á los jefes de fuerzas de la margen
paraguaya del Paraná, para que en adelante no to-
maran más ninguna participación en la lucha del
general Artigas contra el gobierno de Buenos Aires,
cortando así las combinaciones que con el general
mantenía esa provincia que desde ese momento la
resta á las luchas en nombre de una neutralidad que
sólo pudo ser necesaria para alimentar el alma de
su despótica tiranía, como hemos de verlo en opor-
tunidad.
3
66 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Desde la celebración del Congreso de Asunción,
en Octubre de 1813, la provincia del Paraguay se
separó de Buenos Aires é instituyó el gobierno pro-
pio. Las autoridades de Buenos Aires á pesar de ello,
no aparentan incomodarse mayormente y continúan
sus relaciones como de nación á nación, mientras
Artigas lucha al frente de sus tropas. Desaparecido
el general de la escena, en 1820, las autoridades bo-
naerenses vuelven á pretender que el Paraguay es
una provincia argentina y se resisten á reconocerle
independiente, (1) hasta que en 1852, por expresa
condición impuesta por el Uruguay y el Brasil á Ur-
quiza y demás personalidades del antirrosismo ar-
gentino, en el capitulado de la liga formada contra
Eosas, es recién cuando tiene forzoso origen su re-
conocimiento.
En la nota que Posadas envía á Francia, á que
acabamos de referinos, el gobernador bonaerense
manifiesta que ha declarado al general Artigas, trai-
dor á la patria. Sabido es que el general no fué un
traidor á su patria, ni á las provincias, sino la puer-
ta cerrada á las pretensiones de los que en Buenos
Aires colaboraban en vergonzoso contubernio, trai-
dores á la democracia, y para pisotear los sagrados
derechos de las provincias unidas del Eío de la Pla-
ta, en defensa de cuyos derechos Artigas consagró
con sincera fidelidad toda su inteligencia y su espa-
da hasta su íiltimo día de soldado.
El 14 de Febrero el comandante militar de Santa
María, Juan Antonio Montiel, recibe del coman-
dante militar de Candelaria una nota por la cual
(1) Véase IV parte, IT.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 67
ordena le mande toda su gente armada por necesi-
tarla para cubrir la línea de la frontera á su cargo,
puesto que la provincia se halla en peligro de ser
invadida por gente armada de los enemigos del sis-
tema. En cumplimiento de esta nota dio Montiel sus
órdenes & les capitanes para reunirse en Santa Eosa
y de< ahí marchar á San Cosme. Al mismo tiempo li-
bra oficio á Francia haciéndole saber la nota recibi-
da y la ejecución de sus movimientos.
A esta comunicación Francia la contesta en no-
ta de 4 de Marzo, diciendo que los motivos de inva-
sión de gente armada al mando de Planes sub-dele-
gado de Yapeyú, que vá perseguido por Artigas, no
es motivo para invadir ó atacar á los dependientes
ó moradores del distrito de otro gobierno cuando solo
pasan á otra ciudad ó lugar de su misma provin-
cia. «Que en contestación prohibe absolutamente el
alarmarse ó conmoverse contra el citado sub-delega-
do Planes y el marcharse á tomar parte alguna en
las disensiones actuales de los orientales con los de-
pendientes ó moradores de los departamentos del
gobierno de Buenos Aires». Que «esa disposición es la
que debe fijar en adelante la conducta á observarse,
previniéndole igualmente cooperar ni hostilizar á los
empleados, vecinos ó moradores de los otros pueblos
libres>>. (1).
Esta resolución no fué comunicada á Artigas y
sus planes que tenían desde luego en algunas partes
la base de la combinación con las tropas paragua-
(1) Ordenes favorables al gobierno bonaerense y contrarias
á Artigas.
68 AETIGAS EN EL CAUTIVERIO
yas situadas en una de las márgenes del Paraná,,
tuvieron con la nueva resolución de Francia, que su-
frir alguna sorpresa y trastorno, prestando de esta.-
forma el expresado gobernante una colaboración,
á los adversarios del general.
A pesar de esta resolución de Francia, las autori-
dades del Paraguay pactan con Artigas que si des-
truye á Planes esa provincia contribuirá con tropas-
para ir á batir á Eondeaux en Montevideo. El gene-
ral destruye á Planes en las márgenes del Aguapey
y el gobierno paraguayo se apodera del armamento
del vencido enviando á buscarlo á Francisco Anto-
nio González, y no cumple con el auxilio de tropas á,
que estaba obligado. Y fué en esa forma tan poco
correcta como el Paraguay pudo armar á los solda-
dos que más tarde por orden de ese mismo gobierno,
en gratitud, apresan alevemente al general en Itapúa-
El día 4, también de Marzo, el jefe Vicente A n t o -
nio Matianda dirige nota á los cónsules del Para-
guay, haciéndoles saber que se baila acampado en.
Santo Tomé, con dos cientos hombres mal armados
para estorbar de algún modo que los perseguidos por
Artigas atropellen en su marcha á ese territorio al
pasar para Corrientes, único refugio posible. Que las-
tropas de Artigas cubren toda la costa del «Miri-
naí» esperando contestación del gobierno paraguayo
para avanzar sobre Misiones. Que sabe positiva-
mente que el teniente gobernador se encuentra con.
más de seiscientos hombres y que marcha hacia San-
to Tomé; que aun cuando varios oficiales de esa gen-
te le son adictos sospecha que pueda esa gente dar-
se vuelta; que el armamento de ellos se compone de?.
ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO 69
doscientos treinta fusiles y tres piezas de artillería
de bronce, con muchas municiones y chuzas. Que
trescientos cincuenta naturales que fueron remiti-
dos por Celedonio del Castillo á Buenos Aires, se in-
corporaron á Planes por no poder seguir adelante
temerosos de Artigas; que Castillo se halla acuarte-
lado en San José, con armamento y caballadas. Que-
Planes y Castillo invadirán forzosamente ese terri-
torio para pasar á Corrientes, porque saben que no
tiene suficiente tropa para impedirlo. Todo lo cual
participa al gobierno esperando instrucciones al res-
pecto.
Al día siguiente el mismo jefe envía otra nota ma-
nifestando que una división de Artigas se halla en
el Pueblo de <0Ja Cruz» para atacar á Planes pero
que éste, huye pasando al otro lado del Aguapey.
Que aunque sus fuerzas son pequeñas, está resuel-
to á atacar, primero, á Castillo, y después, á Planes.
A pesar de la nota de Francia, dirigida á Montiel,
este jefe Vicente Antonio Matianda, como ignoraba
aún la resolución de su gobierno para no continuar
las relaciones con Artigas, prosiguió ejecutando la
parte que le correspondía en el plan y en las relacio-
nes con el general. Pero el 8 de Marzo Matianda re-
cibe de su gobierno un oficio por el cual se le hacen
las mismas observaciones y se le dan las mismas ór-
denes que antes le fueron dadas á Montiel, más él
contesta á su gobierno que desea ultimar las opera-
ciones en que está empeñado contra Castillo y Pla-
nes y que tan pronto termine, dará cuenta detalla-
damente al gobierno, á fin de que se le juzgue, pero
que cree en este caso obrar sinceramente en bien de
su provincia.
70 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
La conducta respetuosa y cariñosa del general
para con el gobierno de Corrientes que se justifica
en la nota que Artigas le dirige desde Entre Eíos en
Febrero 15, y la suma de reconocimiento de las so-
beranías provinciales que igualmente practica con
su aliado paraguayo solicitando de éste autorización
para entrar en su territorio en persecución del ad-
versario común, Planes y Castillo, comprueban el
grado de respeto y sinceridad que practicaba con
sus propios defendidos por quienes venía sacrifi-
cándose en los campamentos; y, contrastando con
esa conducta, los gobiernos de Corrientes y del Pa-
raguay se ponen en comunicación por notas que se
libran entre sí.
Conocedor el general de la incorrecta comporta-
ción del teniente gobernador de Corrientes se diri-
ge, en 5 de Marzo, por oficio al Cabildo de esa pro-
vincia quejándose del proceder de ese gobernador
y explicando una vez más los motivos que lo obli-
garon á repasar el Uruguay.
Vamos á examinar esa pieza en todas sus partes.
Habla así el general:
«Convencido por miles de acontecimientos de que
todas mis medidas para fijar la seguridad de la pro-
vincia Oriental del Uruguay, serían infructuosas
si no eran apoyados por otras para la conservación
de la dignidad de la misma provincia, me decidí á
ponerlas en ejecución con todo el vigor que manda-
ba la urgencia.
Yo había visto repetidas veces asesinados mis
chasques y atropellada escandalosamente la segu-
ridad individual de los pasajeros de mi provincia
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 71
que transitaban por este territorio en medio de to-
dos mis desvelos y planes de moderación que recla-
maban una conducta análoga para mantener en jus-
to equilibrio la armonía, amistad y buena fe.
Hechas las reclamaciones competentes al gobier-
no, las contestaciones de S. E. me hacían ver que no
tenían el menor conocimiento de tales atentados,
pero ellos se perpetraban, y fué preciso contenerlos
por sí mismo y restablecer con prontitud la tranqui-
lidad general, el sosiego y confianza pública que de-
ben reinar entre unas provincias hermanas que se
necesitan recíprocamente para la conservación de
su seguridad y verdaderos intereses. Afortunada-
mente en el mismo tiempo había sido yo llamado
por la mayor parte de este gran territorio para pro-
teger su seguridad y derechos, facilitando al mismo
tiempo su prosperidad. Sólo la conducta escanda-
losa de don Hilarión de la Quintana y don Bernar-
do Planes motivaron mis quejas y ella era también
la que impulsaba la de los pueblos que ellos violen-
taban indignamente, vejándolos, oprimiéndolos y
comprometiéndolos en los éxitos mismos que debían
precisamente ejercitar providencias fuertes en los
Orientales.
Para llenar, pues, tan dignos fines análogos en un
todo ámi primer objeto de extinguir los desórdenes
con que se afligía á mi provincia, he cubierto Entre
Eíos con mis tropas de caballería é infantería. Co-
mo yo no había creído al muy digno pueblo de Co-
rrientes complotado en aquella conducta de opro-
bio é irritación, luego que pasé el Uruguay, creí de
mi obligación saludar por una carta-oficio á su te-
72 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
rúente gobernador, manifestándole el objeto de mi
venida, de nn modo el más atento, absteniéndome
de toda circunstancia superflua para que pudiera
fijar su juicio en el asunto, y removiera todo motivo
de sospecha, á fin de que no se turbase del menor
modo ni su tranquilidad ni la de esos beneméritos
habitantes, de suerte que todos calmasen sus rece-
los y temores que tal vez los mal intencionados les
hubiesen inspirado, evitando se fijase un concepto
verdadero sobre mis marchas, y concluí ofreciéndo-
le mi auxilio, si lo necesitase, para la conservación
de los intereses de su pueblo.
Este paso á que me obligaba la justicia y equidad,
yo creía que hubiese correspondido á mis deseos;
pero después de haber aguardarlo infructuosamen-
te quince días la contestación, se me ha noticiado en
ese período mil providencias alarmantes, que ha
firmado el mismo teniente gobernador y que ori-
ginales existen en mi poder, siéndome extraño so-
bremanera que él se esmere tanto en tomar parte
en un asunto que por su naturaleza, á mi ver, no po-
día ser transcendental á esa provincia que yo no ha-
bía creído mezclada en los excesos que han motiva-
do mis quejas.
Esa conducta ha suscitado mis sospechas, y se
han agravado tanto más cuanto han crecido las
circunstancias que convencen de la mala fó. Ayer
mismo he recibido por conducto del jefe de van-
guardia don Blas Basualdo una copia que el citado
teniente gobernador le ha figurado ser de un ofi-
cio que en contestación me ha dirigido, admitiendo
ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO 73
mis principios de fraternidad y prometiendo man-
tenerlos sin hacer la menor innovación, bien averi-
guado el objeto de mis operaciones.
Yo protesto á esa ilustre corporación, sobre mi
honor, que no he recibido tal contestación; pero
aun en ese caso su conducta es muy poco análoga á
la buena armonía. El confiesa haber recibido mi co-
municación en 21 del próximo pasado, y que me-
diante ella, disipados los recelos generales, había va-
riado su plan de resoluciones según el cual se halla-
ba dispuesto á salir en persona á la frontera; pero
aun con fecha 22 avisa á la comandancia de «Curuzú
Cuatiá», que el 25 se pondría en camino para aque-
llos destinos, cuyo papel original existe en mi poder.
Después de una inconsecuencia de este tamaño S.
S. vé que no hay en que garantirse la buena fe.
Yo he creído que el pueblo de Corrientes es un
pueblo hermano y que él no ha mirado jamás como
á un enemigo á los orientales, y que muy distante
de quererles hacer la guerra conserva siempre ha-
cia ellos aquellos sentimientos de buena fe y armo-
nía que hacen el vínculo de la gran familia que com-
ponemos. Ese ilustre Cabildo, consultando los ver-
daderos intereses ele ese territorio, me parece que no
desconocerá esos principios. Yo de mi parte brindo
siempre con ellos á U. S., asegurándole que no es en
manera alguna mi objeto pertubar la tranquilidad
y sosiego públicos. Mi plan es para destruir los des-
órdenes que atacaban la seguridad de mi provin-
cia, restableciendo así la paz que debe reinar entre
unas y otras, y abriendo por esa vía los grandes ca-
nales de prosperidad que están unidos á la franque-
74 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
za y libertad de sus relaciones. La obra está ya muy
adelantada. Don Hilarión de la Quintana fué ya
destruido por las fuerzas unidas de mi izquierda en
el paso del puente del «Gualeguay-chú», tomándo-
sele las tres piezas de artillería que llevaba con to-
das sus municiones; y el Barón de Holemberg que
pasó en su auxilio del Paraná con todas las fuerzas
que había acantonadas en Santa Fe, ha sido igual-
mente batido y destrozado, quitándosele todo su
armamento de artillería; municiones y demás per-
trechos de guerra; de modo que ya solo resta el de-
partamento de Yapeyú, para llenar el fin precioso
de pacificar todo el territorio, y al momento regre-
saré con mis tropas, con la satisfacción de dejar re-
movidas todas las trabas que la imprudencia había
opuesto al giro de intimidad que recíprocamente de-
bemos conservar como hermanos.
Yo repito á U. S. que nada me ha traído con res-
pecto á Correintes y que por mi parce jamás será
violada nuestra amistad; pero IT. S. debe contener
á ese jefe militar. Yo muy distante de faltar á nues-
tra fraternidad ofrezco el auxilio que está en mis
manos si es que se necesita para algún fin de públi-
ca utilidad, mantener la seguridad ó integridad te-
rritorial, etc. Propenda, pues, esa Ilustre Corpora-
ción al restablecimiento de la tranquilidad, impi-
diendo todo conducto que ofenda la armonía y fra-
ternidad tan precisas al fomento de nuestros recí-
procos intereses y á la mejor conservación de nues-
tra libertad y derechos, de modo que la intriga no
haga también servir de objeto á mis medidas á unos
pueblos cuya hermandad amo y aprecio en toda la
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 75
extensión imaginable. Yo reposo tranquilo en la
equidad de mis intenciones, no considerándome en
manera alguna responsable si se me provoca á otras
providencias fatales, y me dirijo á U. S. expresa-
mente en último paso después de verse ultrajada
mi razón con el silencio del teniente gobernador
que abrió campo á unas sospechas que yo no tenía
refinándolas con los documentos de que he hecho
mención.
Aprovecho esta ocasión para honrarme etc, etc
5 de Marzo de 1814, en mi cuartel general—José Ar-
tigas.—Al muy ilustre Cabildo de la ciudad de Co-
rrientes».
Al repasar el Uruguay Artigas, alcanzó á saber
que el gobernador de Corrientes estaba aliado con
Quintana y Planes, jefes militares obedientes al
gobierno de Buenos Aires, en sus pretensiones de
limitar los derechos á las provincias. Tenía en sus
manos los documentos que lo comprobaba, pero
antes de proceder por la fuerza, buscó de la mane-
ra más sincera y culta las formas de disuadirlo. Ago-
tado el último recurso sin resultado alguno, mandó
al jefe de vanguardia Blas Basualdo á posesionar-
se de «Curuzú Cuatiá» después de haber dejado al
jefe de su izquierda Manuel Francisco Artigas, des-
tacado en la villa del Paraná.
Cubiertas por su vanguardia y por su izquierda
esas provincias marcha con el resto de las unidades
de su ejército hacia el Paraguay á destruir á Planes.
Eetrocede á Santa Fe y de aquí marcha á Córdoba,
donde en unión con las fuerzas del coronel Ignacio
Alvarez derrota al general Alvear.
76 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Todas estas acciones militares con sus respecti-
vos movimientos y los fines á que se dirigían los co-
municaba al Paraguay á medida que se iban produ-
ciendo y mientras así procedía al servicio de la sin-
ceridad y de la armonía, vamos á concluir de cono-
cer la conducta de las autoridades gubernativas de
las provincias de Corrientes y del Paraguay. Ello
ha de servirnos para desvirtuar las afirmaciones
contrarias á la verdad que presentan al general Ar-
tigas en forma despótica invadiendo las provincias,
siendo así que en esa gran cruzada desde Montevi-
deo al Aguapey, otorgaba el respeto debido á cada
una de las soberanías provinciales y á sus autori-
dades.
La Asamblea militar proyectada para celebrarse
en «Curuzú Cuatiá» era para tratar del plan militar
para atacar al general; lógico era, pues, que él se de-
fendiera interrumpiendo militarmente la celebra-
ción de esa asamblea que sólo respondía á ambicio-
nes personales de autoridades contrarias á los in-
tereses generales de las provincias.
El jefe de vanguardia de las fuerzas auxiliares
el 28 de Febrero libró oficio al Cabildo de Corrien-
tes censurando la conducta del teniente goberna-
dor de esa provincia la que reputaba hostil al gene-
ral Artigas y favorable al gobierno de Buenos Aires.
El Cabildo contesta esa nota en oficio del 8 de Mar-
zo en el cual dice: que los oficios dirigidos por el
gobernador á Planes y Solís para la reunión en «Cu-
ruzíi Cuatiá» fueron librados con anterioridad á ha-
ber recibido el Gobernador la nota del general Ar-
tigas del 15 de Febrero. Que la reunión en «Curuzú.
ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO 77
'Cuatiá» no fué proyectada para sostener la autori-
dad de Buenos Aires, puesto que se ignoraba que
-hubiera enemigos en el continente, sino que ella tie-
ne por único fin evitar los desórdenes interiores que
se temen en ocasión que una reunión general propa-
ga la deserción de las tropas de la Patria en los mu-
ros de Montevideo, según así lo informó ese gobier-
no á Artigas en contestación á su oficio del 15 de
Febrero. Que el Cabildo está informado de la since-
ridad con que el teniente gobernador adoptó el plan
sugerido por el general Artigas. Que la conducta que
observó el señor jefe de vanguardia cuando se apo-
deró de «Curuzú Cuatiá» quitando los empleados ci-
viles y militares, no era conforme á la cordialidad
repetidamente protestada. «Que si la ocupación de
«Curuzú Cuatiá» y las reformas adoptadas obede-
cían á actos propios del jefe de vanguardia, ellos no
traerían otro resultado que turbar el orden público
y comprometer los sentimientos y el honor de su ge-
neral, pero que si obedecía á órdenes de Artigas, ello
arrancaba á ese ayuntamiento lágrimas de dolor
al ver que un general hermano que ofrece sus fuer-
zas en auxilio y protección de sus hermanos, renue-
va en este continente las máximas con que el empe-
rador de la Francia ocupó el trono de Castilla y se
apoderó de sus reyes».
Según se desprende de la nota de Artigas de 5 de
Marzo, el general conocía perfectamente la conduc-
ta hostil de José León Domínguez el gobernador, y
tenía en su poder los originales de algunas corres-
pondencias con Planes y Solís para la reunión de
«Curuzú Cuatiá»; pues estas dos personas eran ofi-
78 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
cíales que al mando de tropas estaban al servicio de
la causa del gobierno bonaerense. El Cabildo de Co-
rrientes sabe que el emperador de la Francia ocu-
pó el trono de Castilla y se apoderó de sus reyes,
pero ignora que el general Artigas está hace más de
un año en guerra con el gobierno de Buenos Aires,
así como también los fines que se perseguían en la
reunión proyectada en «Curuzú Cuatiá», según así
lo afirma en su nota al jefe de vanguardia del gene-
ral. El general Artigas en su nota al Cabildo de esa
provincia dice que si el gobernador no cesa en sus
operaciones hostiles se verá precisado á obrar por sí
mismo y como el gobernador insiste en realizar la
reunión en «Curuzú Cuatiá», se vio precisado á que
su vanguardia ocupara ese pueblo y renovara sus
autoridades á fin de no dejar crear obstáculos que
interceptaran el plan que venía ejecutando. Hemos
de ver después como el general no estaba equivoca-
do al ocupar «Curuzú Cuatiá» como no lo hubiera
estado tampoco apoderándose del mismo Cabildo y
del teniente gobernador.
El 28 de Marzo el jefe de vanguardia del ejérci-
to al mando del general Artigas, Blas Basualdo, se
dirige de nuevo por nota al Cabildo de Corrientes en
la que expresa que son tantos los medios de que se
valen los hombres ambiciosos para destruir la má-
quina del sistema que se ve precisado á dirigirse á
ese Cabildo movido por sus sentimientos en favor
de la libertad de los pueblos y porque cree que et
Cabildo ignora Jas maquinaciones é intrigas que los
déspotas y tiranos tratan de introducir en los pue-
blos. Que su mente y la de su general es introducir
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 79
en esos países el buen régimen, orden, libertad y
tranquilidad pública, lo contrario de lo que ocurre
con la, denigrante intriga y plan formado por el te-
niente gobernador José León Domínguez con Ber-
nardo Planes y Francisco Antonio Solís, á fin de fo-
mentar sus caprichos contra la voluntad de los pue-
blos, escribiendo al general una cosa mientras en
realidad se opera otra, como se comprueba en el le-
gajo de correspondencia que le ha tomado al gober-
nador en donde manifiesta los sentimientos de éste,
que son hacer una reunión general en «Curuzú Cua-
tiá* á fin de sostener la autoridad de Buenos Aires,
y por otro resorte hacerle ver al general Artigas que
«sa gobernación se aviene con las ideas de él. Que
los Cabildos como padres de los pueblos deben ve-
lar y mirar por ellos porque de ello proviene su feli-
cidad ó infelicidad. Que está enterado que la volun-
tad de los pueblos es conforme con la opinión del
general. Al mismo tiempo incluye copia de la nota
que Artigas acaba de dirigir al teniente goberna-
dor para que enterado de ella el Cabildo tome las
medidas más conducentes al bien general y sosiego
público.
Antes de terminar de conocer la conducta de las
autoridades correntinas, vamos á examinar la del
gobierno paraguayo dominado por Francia, la que
es semejante á la de Corrientes.
La Junta presidida por el general Yegros y el Ca-
bildo, habían mantenido relaciones amistosas con
el general, pero aparecido Francia al ejercicio del
gobierno consular domina á su colega Yegros y con-
sigue que las autoridades paraguayas cesen en sus
80 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
relaciones con Artigas, como hemos de examinario*
en oportunidad.
El 13 de Marzo el secretario de los cónsules del
Paraguay, Sebastián Antonio Martínez Saenzy li-
bra un oficio en nombre de su gobierno al goberna-
dor de Corrientes José León Domínguez, por el cual
le hace saber que ha llegado á conocimiento de los
cónsules que en Corrientes circula el rumor de que-
Artigas en sus proyectos hostiles á ese territorio de
su mando ú otros dependientes de Buenos Aires,
obra de acuerdo con la provincia del Paraguay y
que ese jefe ha llegado sin duda á expresarlo así pa-
ra valorar más sus pretensiones; que los cónsules
no han podido mirar con indiferencia semejante odio-
sa imputación con la que se ha ofendido ligeramente
la circunspección de su gobierno, y que le encar-
gan manifieste al gobernador que el gobierno del
Paraguay en tiempo alguno ha convenido tratado ó-
alianza, ofensiva defensiva, con el expresado jefe
don José de Artigas; que hasta el presente su go-
bierno ignora los motivos de las actuales disensio-
nes entre dicho jefe y los departamentos de la Ban-
da Oriental y Misiones, que ofrece su mediación pa-
ra una amigable conciliación, pues, considera que la.
guerra entre pueblos hermanos será perjudicial y
puede ser más funesta que la misma persecución del
enemigo común.
Que su gobierno acaba de librar oficios á sus jefes
de la frontera en Candelaria y Santiago, dándoles-
órdenes que de ningún modo tomen parte alguna,
en las indicadas desavenencias entre los jefes de la.
otra Banda.
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 81.
Ese gobierno paraguayo que así se expresa al g o -
bierno de Corrientes es el que unos días después-
mandará á Francisco Antonio González á recibirse
del armamento de Planes, vencido por la vanguar-
dia de Artigas en virtud de un pacto que el comandan-
te de las fronteras del Paraguay realizó con el gene-
ral y que el propio gobierno paraguayo careció del
honor de saberlo cumplir, á pesar de que tuvo el ar-
did de apoderarse de esas armas, con las cuales las-
tropas de esa provincia pudieron ser armadas.
El comandante militar de Candelaria vivía so-
ñando con expansiones territoriales y á pesar de las
órdenes de los cónsules para no intervenir más en
las luchas de Artigas, el 13 de Marzo manda una
carta al capitán Ferreyra y á otros oficiales de su
dependencia. Al capitán Ferreyra le dice que es
tiempo de aprovechar la ocasión favorable para to-
mar el resto de Misiones conque brinda Artigas. Que
si ahora no hacen algo ya no podrán parecer entre
gentes. Que espera sin demora que llegue hacia él
y le lleve la marca ó apure el herrero, para que la
concluya; que les diga á Pereira y á su tocayo que
nieguen al Ser Supremo para que tenga éxito en su
viaje á Belén.
Jaime Antonio Corvalán, oficial al mando de la
tropa de Bobí, al recibir de Matianda orden para re-
mitirle la tropa, lo ejecuta sin demora y llegado que
hubo esto á conocimiento de los cónsules fué repro-
bado por intermedio de los comandantes de Caa-
zapá y Santiago, lo que motivó un oficio de discul-
pa de dicho Corvalán en Abril 4 donde explica su
conducta.
82 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Por el examen de notas anteriores hemos visto
qne el comandante militar Matianda siempre acon-
sejaba tratar de ponerse en combinación coa Arti-
gas para poder vencer á Planes y posesionarse el Pa-
raguay de las armas de este jefe por serles muy ne-
cesarias á esa provincia que carecía de ellas, así co-
mo también de posesionarse de parte de Jas Misio-
nes de Corrientes.
A esos fines llamó al general Artigas en auxilio
para combinar un plan militar con el cual vencer á
Planes, ofreciéndole en compensación que las tropas
paraguayas irían á acompañarle hasta Montevideo
á batir al ejército de Eondeaux.
Los cónsules del Paraguay sabedores que Planes
había sido vencido y que se le había quitado el ar-
mamento, comisionaron á un tal Francisco Antonio
González para que se recibiera de dicho armamento
y averiguara todo lo referente á los actos de Ma-
tianda.
González da cuenta de su misión en Abril 23 des-
de Itapúa en la siguiente forma: «Excmo. Señor:
«Habiendo determinado seguir lo ordenado por
V. E. me di á conocer el día 20 de Abril al corregidor,
Cabildo y mayordomo de este pueblo. El 21 ordené
por un oficio al teniente don José Joaquín León pa-
sase al pueblo de Candelaria á recibir el armamento
y municiones que me indicó por un oficio el ciuda-
dano don Vicente Antonio Matianda, y en efecto
recibió todo lo que reza en el apunte que incluyo á
V. E., lo que hice saber á este pueblo de Itapúa el
día 22 por parecerme así conveniente según las pre-
sentes circunstancias.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Las noticias adquiridas desde mi llegada, son las
siguientes: El ejército de Artigas (1) reunido con el
de Matianda avanzaron á Planes en el pueblo de «La
Cruz», pero el que obtenía el mando en jefe era Ma-
tianda, y según común decir era auxilio pedido por
Matianda en cuya creencia estoy por varios informes,
porque el jefe de la tropa aliada vino en la crencia
de que concluida aquella acción marcharía con la
gente de Matianda á atacar el ejército sitiador de
Montevideo, que es el de Eondeaux, y no efectuado
así, tuvieron sus desavenencias entre uno y otro je-
fe (2) por último llegó aquel jefe á pedir á éste el
cañón de bronce para atacar á Eondeaux y habién-
dose negado Matianda á esto, mandó Blascito quien
era general de aquel ejército y segundo de Matian-
da, en la acción de «La Cruz», á un capitán con al-
gunos soldados á seguirlo hasta el paso del Aguapey
con el objeto de llevar el cañón, cuyo comisionado se
volvió sin decir ni proponer cosa alguna, porque ya
veía estar la gente de Matianda á esta banda del
Aguapey.
Eespecto de la alianza que han tenido el general
Artigas con Matianda todo es conducente á favore-
cer el enemigo de nuestra causa, el europeo! y ani-
quilar y destruir al gobierno provinciano de Buenos
Aires, haciendo para este efecto un tratado formal
que V. E. no ignora según estoy informado del parte que
le ha dado Matianda; así mismo estará cerciorado de
que este comandante había puesto jefes militares
(1) Fué simplemente la vanguardia al mando de Basualdo.
(2) Matianda y Basualdo.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
y políticos en el departamento Porteño por lo que
se dignará V. E. determinar si los traeré á aquellos
jefes ó si los dejaré estar con sus empleos; esto no
me parece aprobado, pues se nos dirá que V . E. ba
determinado todo lo obrado, por residir basta el pre-
sente gobernando los paraguayos aquel departa-
mento.
En la actualidad me bailo con dos compañías de
naturales quienes ban sido fieles á la patria; algunos
de ellos se desertaron y ganaron este pueblo, y los
demás que quedaron con el comandante Matianda
-en Candelaria como para marchar á Corrientes, se-
gún les había dicho éste, estos naturales se convoca-
ron con algunos oficiales y soldados españoles, pa-
ra el caso de que quiera pasar San Carlos adelante,
maniatarlo al comandante y traerlo juntamente con
las carretillas de armamento á entregármelo en este
pueblo. El capitán de dichos naturales es el chasquero
á quién lo mando para que V. E. se entere de todo.
En este mismo día pasa el teniente don José Joaquín
León con treinta hombres á cubrir el punto de Can-
delaria, y con él mando á un vichador de satisfac-
ción á correr la costa del Uruguay y ver los movi-
mientos de cualquier tropa ó ejército. Dios gde. á
V. E. ms. as. Itapúa 23 de Abril de lSli.—Francis-
co Antonio González».
Manuel Francisco Artigas, comandante en jefe
de la izquierda del ejército del general Artigas, es-
taba en la capital de Entre Eíos con sus tropas des-
de que fueron destruidas las de Hilarión de la Quin-
tana y las del Barón de Holemberg. Tenía también
la costumbre de mantener correspondencias con las
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 85
autoridades paraguayas, y el 26 de Julio del 14, diri-
gió al gobierno de esa provincia un oficio que es de
muy pocas líneas y vamos á transcribirlo. Dice así:
«Excmo. Señor: Han variado totalmente las cir-
cunstancias después de mi última comunicación. El
gobierno de Buenos Aires para borrar la ignominia
de los tratados firmados con Vigodet, anunció al
público en la Gaceta del 9 del corriente, que la pla-
za de Montevideo había sido rendida á discreción y
que en seguida se desarmaron todas las tropas que
estaban acuarteladas para marchar á la Península.
Este suceso inesperado comprueba lo que siem-
pre nos ha llenado de temores: la ninguna confian-
za que merecen aquellos gobernantes para garantir
sus promesas. Este fundado recelo me obliga de nue-
vo á anunciar á V. E. la necesidad de estrechar nues-
tras relaciones para cimentar los intereses de una
liga ventajosa.
El jefe de los orientales siempre inflexible en sus
principios de equidad y derechos, jamás permitirá
una preponderancia sobre los intereses de su provin-
cia y demás protegidas. El ha sido llamado por el
general Alvear para solidar la unión y sus diputa-
dos están ya dentro de Montevideo. Yo aseguro á V.
E., que el resultado de ningún modo desmentirá los
intereses de esa república; y en tal caso pongo á la
consideración de V. E. la necesidad de arreglar nues-
tras operaciones para los sucesos.
Sellamos al mundo entero una lección de virtud.
Unido este delicioso continente será respetable á
sus enemigos y su felicidad será inevitable. De lo
contrario viviremos expuestos y la sangre rubrica-
86 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
rá nuestra libertad ó nuestra tiranía. Medítelo V. E.
y seguro de que son recíprocos los intereses, resuel-
va V. E. lo que fuere de su soberano agrado.
Tengo la honra de saludar á V. E. con toda consi-
deración.—Villa del Paraná, Julio 26 de 1814.—Ma-
nuel Francisco Artigas». (1).
El general Artigas día á día comunicaba con sin-
ceridad al gobierno paraguayo todos sus pasos é in-
tenciones sin que esas autoridades le hayan corres-
pondido desde que Francia entra en ejercicio del
poder. La resistencia armada del ejército del gene-
ral desparramado por Corrientes, Entre Eíos y las
Misiones facilitó la disgregación de la provincia del
Paraguay é hizo posible el ejercicio del gobierno
propio.
En nuestro concepto, después que la vanguardia
del ejército del general derrotó á Planes, debió aquél
de continuar su marcha desde el Aguapey á la Asun-
ción, renovar sus autoridades y hacer efectivo el
auxilio de tropas pactado, tarea á que hubiera
brindado facilidad la carencia de armamento de las
tropas de esa provincia.
El 3 de Octubre el Cabildo de Corrientes cuya
conducta hostil al general ya nos es conocida, ani-
mado por la conducta de los cónsules del Paraguay
que denuncia la nota que éstos pasaron por inter-
medio de su secretario, al gobernador, en fecha 13"
de Marzo; libra á su vez al gobierno paraguayo una
(1) Desde que Quintana y Holemberg fueron destruidos, era
el comandante militar de Entre Ríos en ejercicio del gobierno
provincial.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 87
nota intrigante en la que dice que, de la gente de
Artigas destacada en varios puntos de la capital, (1)
se han desprendido 80 hombres á los que se han reu-
nido varios foragidos que después de haber saquea-
do y asdado el partido de «Curuzú Cuatiá» pasaron
el río Corrientes en dos partidas, una por el «Paso de
Santillán» y la otra por «Caaguazú»; (2) que se han apo-
derado de caballadas y con ellas se han dirigido á
los pasos de Candelaria é Itapúa, según parte ofi-
cial del comandante de la plaza de San Eoque, (3)
Corneiio Vicente Araujo.—«Que aun cuando ese Ca-
bildo no se halla falto de fuerza armada no ha podi-
do evitarlo por haberle llegado la noticia positiva cuan-
do ya los ladornes se hallaban en las inmediaciones
del territorio de Misiones. Que por ello ha resuelto
oficiar al comandante de Candelaria pidiéndole cai-
ga sobre toda la caballada. Que este procedimiento
lo exigen la humanidad, la ley, la religión y la justi-
cia, pero como el expresado comandante es un je-
fe subalterno que puede trepidar en tomar provi-
dencias fuertes, necesarias en el presente caso, es
que el Cabildo ha acordado dirigirse á ese gobierno
para que así lo ordene á ese jefe subalterno, por el
propio honor de la provincia».
Mientras el Cabildo de Corrientes pretende con
el gobierno paraguayo en acción conjunta, quitarle
(1) Véase nuestra llamada posterior en esta misma nota del
Cabildo para apreciarse el grado de verdad de sus afirmaciones.
(2) Caaguazú, en castellano, yerba grande.
(3) Una de las secciones de la ciudad de Corrientes de la que
«1 Cabildo estaba á pocas cuadras.
88 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
al general unos caballos en nombre de la humanidad,,
la ley, la religión, la justicia, y el honor de la provin-
cia del Paraguay; Artigas predica á los pueblos de
esa provincia de Corrientes el evangelio conversivo
de la libertad é independencia indicándoles que de-
ben reunir un Congreso á ese fin y para establecer el
gobierno con todas las atribuciones precisas para
las funciones propias. A esta altura de los aconteci-
mientos que estamos recordando el general Artigas,
que cree impracticable la unidad de las provincias
del Eío de la Plata, provoca á los pueblos de Corrien-
tes á elevarse en la escala de la libertad basta lle-
gar á la Independencia. Eecorre los pueblos de esa
provincia sembrando la idea, la que entusiasma á
sus habitantes y produce la confusión en los miem-
bros del Cabildo. Uno de los miembros de esa Cor-
poración, Pedro Ferré, con tal motivo dirige breves-
líneas en consulta á una de las autoridades de Ita-
púa, Jcsé Joaquín León. Sabido es que Ferré fué
más tarde gobernador de esa provincia y que desde
ese puesto luchó contra Buenos Aires en nombre de
los principios que ahora Artigas proclama, y cuya
lucha por la Independencia de Comentes y Entre
Eíos tuvo en Ferré, como así mismo en el gobierno
paraguayo después de desaparecido el tirano Fran-
cia, sus más entusiastas colaboradores, hasta que
en 1852, Urquiza y Derqui las entregan á Buenos
Aires esclavas difinitivas. La carta de la referencia,
dice así:
«Comentes, Abril 24 de 1814—Señor don José Joa-
quín León.—Mi estimado amigo:—No trato de per-
der esta ocasión para satisfacer de algún modo la.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 89
curiosidad de Vd., llevado de los buenos sentimien-
tos que lo animan y han caracterizado desde que
tuve el gusto de tratarlo. Los hombres tenemos en
unas circunstancias como las presentes que noticiar
é¡ los amigos acontecimientos que tal vez sean conse-
cuencias de un funesto resultado, pero como yo ten-
go explorada su ingenuidad no trepido en dirigir á
Vd. las voces que corren en este pueblo con no po-
ca satisfacción de que es cierto lo que le digo, y es
como sigue:—El señor general Artigas ha ordenado
én esta ciudad que forme un Congreso en el cuál decla-
re su Independencia; que se dicte la Constitución y
se estallezca un gobierno con todas las atribuciones
correspondientes. Este Cabildo se encuentra con in-
finitos obstáculos que salvar para la realización del
expresado Congreso, porque antes de practicar di-
ligencia alguna para ello, se halla con toda su cam-
paña en tal convulsión que no dudo que de aquí á
poco va á verse envuelta toda ella en una comple-
ta anarquía, porque en tales términos han compren-
dido la tal Independencia que cada partido (1) la
quiere para sí.
Deduzca Vd. de estos principios el aspecto sepul-
cral que presenta la campaña cuya conducta debe
,ser indispensablemente trascendental á esta ciudad.
Tengo entendido que este Cabildo viéndose asesta-
d o trata después de algunas reflexiones de declarar
la Independencia para sosegar los espíritus de pre-
vención que hay contra él para si no la declara, por-
que aun cuando quisiese hacerse lo contrario se ve
(1) División administrativa de provincia.
90 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
expuesto á sufrir un vejamen según la opinión ge-
neral campesina como he dicho antes, y para no
considerarse atrincherado en términos de poder sal-
var su inmunidad, procede á contratar las disposi-
ciones del que está con la fuerza prepotente.
El señor Artigas ofrece repetidamente la cordia-
lidad y fraternidad en términos de comprometer-
se á ser un verdadero protector de la liga.—Si, amigo,
esta es la piedra de te que y este el gran problema
que nos calienta los cascos ignorando cuáles son los
puebles que entran en dicha liga, á pesar de que es
muy general en el ejército de su mando la voz de
que esa provincia del Paraguay está unida con él,
y por consiguiente que van de acuerdo. Nosotros
ignoramos si es verdad esta voz propalada entre
ellos mismos, y aun por acá, de la que muchos no
dudan, pero yo para darle crédito y estar más satis-
fecho de su verdadera amistad, deseo saberla por
Vd. mismo, porque es preciso que vayamos á la re-
cíproca con teda la confianza que exigen dos ver-
daderos amigos, exponiéndome sus ideas para que
las mías puedan no atollarse en la incertidumbre,
pues Vd. sabe muy bien que la verdad siempre ha
tenido un lugar preferente que si por solo cumplir
con su deseo no estando yo cerciorado de sus pen-
samientos miento en mis comunicaciones, no cum-
plo con mi carácter.—Vuelvo á suplicar á Vd. que
no me mezquine las noticias de esa provincia bajo
la firme inteligencia que sabré darles la reserva qae
se requiere y que sabré preferir la seguridad de V d .
antes que divulgarlas como exposición suya. De
Buenos Aires no sabemos nada por haberse inter-
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 91
ceptado todas las comunicaciones terrestres y ma-
rítimas, pues sólo hay permiso para ir hasta «La Ba-
jada» más no para otra parte, con lo que cumplo lo
prometido en cuanto á noticias, no en el todo de la
demostración de mi afecto, pues singularmente lo
ama este su invariable amigo que S. M. B.—Pedro
Ferré. (1)
El general Artigas continúa sus marchas por San-
ta Fé y por Córdoba, y el 21 de Abril del 15, desde el
Paraná donde tenía en esa fecha establecido su
cuartel general libra dos oficios al gobernante pa-
raguayo Gaspar Eodríguez Francia. En uno le dice
que cuando sus fuerzas ocuparon Yapeyú en con-
sorcio con el comandante de Candelaria Vicente .An-
tonio Matianda, dio sus órdenes para que no se re-
movieran de ese departamento las armas, artillería
y demás pertrechos que allí se encontraron hasta
nueva disposición suya; que á pesar de eso Matianda
las condujo á Candelaria ignorándose ahora la si-
tuación de él, por lo que ruega á Francia quiera in-
dicarle los pasos precisos para no hacer infructuo-
sa la reclamación.
Sabido es que Francia mandó buscar ese arma-
mento con Francisco Antonio González el 23 de
Abril anterior y como el Paraguay carecía de esos
materiales, según así lo afirman de continuo desde
el año 11 sus cónsules y Matianda, fué de esa suer-
te como pudo poseerlos.
En el otro oficio dice el general Artigas á Francia
(1) Para la mayoría de los escritores Artigas solo luchó por
la simple autonomía provincial.
92 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
que al fin lian llegado los días de felicitarnos por la
destrucción de los tiranos que oprimían. Que los su-
cesos victoriosos de sus armas lo condujeron hasta
la margen del Paraná en donde la guarnición de
Santa Fe cedió á sus intimaciones de inmediato, ve-
rificándose lo propio en Córdoba y restableciéndose
por lo tanto la dignidad popular en esos países. Que
tuvo la satisfacción de recibir las protestas de amis-
tad de varios oficiales de Buenos Aires así como en-
tablar relaciones con el coronel don Ignacio Alva-
rez; que sus fuerzas invistieron el precioso carácter
de ejército libertador á cuyo frente protegiendo los
votos de aquella provincia, sostuvieron el clamor
universal. Que las inventivas del brigadier general
Alvear en campaña fueron deshechas, su facción
puesta en prisiones, y él mismo confinado á bordo
de una fragata de S. M. Británica, herido por toda la
execración de un pueblo que [Link] los suyos
los derechos de los demás pueblos. Que la premura
del tiempo le impide detallar con mayor amplitud
un acontecimiento tan brillante; que es ese el mo-
mento de fijar la estabilidad del dogma general por
lo que espera que el gobierno paraguayo se decida
entrando en una combinación exacta con él para dar
á la América un gran ejemplo de moderación, cir-
cunspección y firmeza, haciendo llevarse á cabo el
sistema sacrosanto de equidad que sirvió de objeto
á nuestra gloriosa revolución; y que es preciso obrar
con presteza aprovechando los momentos favora-
bles que se tocan.
Estas notas fueron eviadas á Francia por el ge-
neral, por intermedio de Jacinto de Silva de Co-
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 93
mentes, según así se comprueba de la nota de éste
al gobernante paraguayo fechada en Mayo 6.
En los archivos paraguayos no consta que Fran-
cia las haya contestado, y el examen de la actua-
ción de éste en el gobierno convida á creer que guar-
dó silencio. Artigas le dice á Francia que se han des-
truido los tiranos que oprimían, y ésto al tirano pa-
raguayo debe haberle parecido una sentencia de
muerte. El general le habla de libertad y dignidad
popular, á un gobernante que ejercía el despotismo
y que le negaba á la América Española el derecho-
de practicar el régimen de la libertad. (1).
A mi amado maestro José Enrique Rodó:
Hemos examinado al correr de la mano una grani
parte de la correspondencia y relaciones que el ge-
neral Artigas mantuvo con el Paraguay. Estas re-
laciones añadidas á las que el general mantuvo corl-
eada una de las demás provincias, constituyen la par-
te más importante de la gran foja de servicios pres-
tados por él en favor de los pueblos rioplatenses en.
esa cruzada desde Montevideo hasta el Aguapey del
Paraguay, y desde aquí hasta Córdoba, en donde
unas veces lucha como soldado y otras predica co-
mo apóstol.
Se pretende á todo trance hacer comprender que
nada hay más allá de San Martín y Bolívar entre los.
(1) III parte, I.
94 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
autores y luchadores por la Independencia de esta
parte del Continente, y en forma que hiere, se des-
conoce la importante colaboración del general Ar-
tigas, en quién sólo se quiere ver el blandengue de
«Las Piedras».
Su cadáver sepultado despreciativamente por el
gobernante Carlos Antonio López en la fosa N". 26 0
del «Campo Santo de los Insolventes» de la Asunción
del Paraguay, algunos escritores han podido envol-
verlo con el negro manto de la calumnia y otros han
podido poner sobre aquella fosa la piedra del olvido.
Pero así como la simiente agrieta y sale debajo del
duro suelo, la importante colaboración del general
Artigas en las tareas iniciales por la libertad y por
la democracia de estos Estados del Continente, ha
de surgir por sí misma en cada una de las provincias
unidas del Eío de la Plata, en medio de generacio-
nes venideras más capaces de investigar é interpre-
tar las verdades de la historia.
Luchó, contra los ingleses, en la reconquista da
Buenos Aires y en las invasiones á Montevideo, dis-
tinguiéndose como soldado. Luchó como jefe, con~
ira los españoles, en la gran victoria de «Las Piedras».
Mereció la distinción de Buenos Aires, Paraguay, 5
demás provincias del extinguido virreinato riopla-
tense, de ser el jefe supremo de los ejércitos provin-
ciales contra los portugueses, en las horas en que, co-
mo lo afirma el gobierno bonaerense en su nota del
12 de Mayo de 1812, «del ejército de Artigas depende
la libertad ó una eterna esclavitud para las provincias
unidas». Batalló sin cesar por la autonomía é indepen-
dencia de las provincias contra los planes de egoísmo
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 95
y prepotencia del gobierno de Buenos Aires, alcan-
zando las victorias de «Gualeguay-chú», «Espini-
11o», «Curuzú Cuatiá», «La Cruz», «Santa Fé» y de
«Córdoba». — En «Las Guachas», «La Bajada» y
«Albalos», dejó escrita con sangre de orientales su pro-
testa contra el pacto colusorio del Pilar; y en los úl-
timos años de su vida, después de veinte años de si-
lencio, ofreció su espada envainada en Itapúa, contra
la causa de Rosas, (1) por que había nacido para re-
pudiar al despotismo y á la tiranía.
Hablemos epitomadamente y con verdad:
San Martín, el gran soldado, desde «Cuyo» á «Li-
ma», luchó simplemente para que el amo que gober-
naba con residencia europea gobernara con residen-
cia americana. (2). Sus horas desde la infancia al
hombre pertenecen al viejo continente, y por lo tan-
to, á su corazón no le dieron vida y aliento les días
gloriosos de Mayo. Hijo de españoles, nacido en el
Paraguay bajo la dominación española, provincia
que había pertenecido al Perú, pretendía anexar á
éste las cuatro provincias del extinguido virreina-
to ríoplatense. (3). Se sentía peruano y monarquista
español. (4)
(1) Véase IV parte, II, fianl.
(2) Mitre: Historia de San Martín, IV, 92.—Restrepo: His-
toria de la Revolución de Colombia, III, 609, proporsición 6.*
de San Martín á La Serna.
(3) Restrepo: obr. cit, proposición 5. , de San Martín á la.
a
Serna.
(4) Véase el conjunto de proposiciones de San Martín á La
Serna en la conferencia de Puncbauca.
96 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Bolívar, el grande ambicioso de gloria y de poder,
desde el «Orinoco» á los «Andes Ecuatoriales», bus-
caba la monarquía criolla. El sería el primer coro-
nado (1) y después lo serían sus tenientes porque no
tenía sucesores.
Todo esto era una Independencia muy pequeña
que valía menos que las últimas gotas de sangre de
Maipú y Ayacucho y el esfuerzo para clavar el es-
tandarte de Caracas en las cumbres del Potosí.
Artigas, el soñador y el inquieto etnorítico, desde
«Las Piedras» á «Itapúa», sin un solo minuto de va-,
cilación y en medio del monarquismo de todos, lu-
chó por una corona adorante. Por la corona de lau-
reles de la Eepública.
Su germen fué epífito porque creció sobre de otros
que no le sirvieron de alimento y fué el único que fe-
cundizó en las conquistas que hoy todos disfruta-
mos en el triunfo definitivo!
Padecen de error los escritores que afirman que
Artigas luchó solamente por la simple autonomía
de las provincias.
En los días de Mayo el general creyó sinceramen-
te en la «República de las provincias unidas del Bío-
de la Plata» y se puso al servicio de la creación de
esa gran patria; pero el tiempo, los hombres y Ios-
hechos, le hicieron sentir bien pronto la necesidad
de la Independencia de los Estados constituidos en
repúblicas. Basta el esamen de tres notas de los ar-
chivos para convencernos. La carta que Ferré di-
(1) Villanueva (C. A.): La Monarquía en América. Bolívar
j el general San Martín, VIII, 265 y 266; X , 278.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 97
rige á León en 24 de Abril de 1814,1o dice todo. Al
declararse independiente el Paraguay, en 1813, el
general no protesta sino que saluda la independen-
cia de esa provincia llamándola «sabia república».
Y en la nota que Artigas dirige al Paraguay, en 20
de Enero de 1814, le propone al gobierno,—de la ya
república del Paraguay,—la ejecución en unión de
su plan militar, para después fijar en común el sis-
tema de gobierno «que adoptará de acuerdo con el
Paraguay».
Al desaparecer Artigas del escenario de las luchas,
fácil les fué á sus adversarios decir al mundo todas
las calumnias capaces de los hombres llenos de pa-
sión y de odio. El general quedó huérfano de aboga-
do y sepultado en medio del silencio; pero no sola-
mente del silencio tremendo de la lejana selva agres-
te, sino que también de un silencio más terrible: en
medio del silencio de las verdades de la historia!
Ya se van alcanzando los días que algunos admi-
rados de ayer serán los olvidados del mañana. Son
los días de la justicia postuma y definitiva que se
aproximan para entregar el pedestal y el nombre
que la piedra ó el metal consagrará por siempre en
sus icnológicas representaciones morales, para na-
rrarle en su lenguaje escultural al eterno futuro el
pretérito glorioso!
En los días que los Estados del virreinato ríopla-
tense nacieron á la vida de libres, no hubo más que
una luz: el Sol de Mayo. Mas fué un Sol grandemente
egoísta, porque no esclareció la mente ni alumbró el
camino más que á un solo guerrero:—Al general
José Gervasio Artigas!
i
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
III PAETE
JOSÉ GASPAR EODRÍGTJEZ PRANQA.—DESDE ITAPTJA
AL CONVENTO.—EN CTJRTTGTJATY.—BOMPLAND.—
E L PROCESO CABANAS.
JOSÉ GÁSPAE EODEIGTJEZ FEAÍTCA
El célebre tirano José Gaspar Eodríguez Franca,
quién españolizando su apellido se bizo llamar Fran-
cia, era hijo de padre portugués y de madre para-
guaya, nacido en América portuguesa, (San Pablo)
en 1764, é instruido en el convento de Córdoba, Ee-
pública Argentina.
Ya hombre y teólogo se radicó en el Paraguay y
tomó parte en los sucesos preparatorios de la rebel-
día de esa provincia al gobierno español, primero, y
á la Junta gubernativa de Buenos Aires, después,
y por su carácter hiperbático y su ilustración supe-
rior á la de los demás compañeros, fué bien pronto
el asesor de los rebeldes.
El general Fulgencio Yegros se hizo el caudillo
de la tropa, y acompañado de los jefes de ella prepa-
raron la deposición del gobernador español, coro-
nel don Bernardo de Velazco, que ejercía esas fun-
ciones desde el 5 de Mayo de 1806, la que tuvo lu-
gar por un motín el 14 de Mayo de 1811. El doctor
Pedro Somellera, asesor del gobernador Velazco,
fué quién sugirió la idea de la rebeldía á los jefes del
motín.
Al quedar el Paraguay libre del gobierno español,
entre Francia y los jefes del ejército que goberna-
102 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
ban á la provincia ge dividieron las opiniones. Mien-
tras el primero opinaba que debía marcharse con
prescindencia del gobierno de Buenos Aires, los se-
gundos afirmaban lo contrario.
Fué así que Francia se sintió incómodo en el go-
bierno y presentó renuncia de su cargo el 1.° de Agos-
to; pero, algunos miembros del Cabildo le conven-
cieron que debía retirarla y continuó entonces en
sus funciones hasta Diciembre del mismo año 11 que
vuelve á renunciar y se retira á la vida privada.
La Junta continuó presidida por Yegros mante-
niendo relaciones amistosas con el gobierno de Bue-
nos Aires y con el general Artigas. Pero en 1813,
Artigas invitaba al Paraguay á que le acompañara
en su plan de resistencia á las pretensiones del go-
bierno bonaerense; y á su vez este gobierno invita-
ba á dicha Junta á marchar contra Artigas.
Estas nuevas complicaciones en las relaciones in-
terprovinciales hicieron á los miembros del Cabildo
de Asunción convencer al general Yegros y demás
personas de la Junta, de la necesidad de la reincor-
poración de Francia.
Este y la Junta aceptan y pactan la reunión de
un Congreso; cambiar el gobieno de la Junta por un
dualismo consular, y repartirse el mando y las uni-
dades del ejército entre los dos cónsules; á cuyo fin
el Congreso le confirió al teólogo Francia el grado
de brigadier general.
Beunido el Congreso en la Asunción en Octubre
de 1813, designó á Francia y á Yegros como cónsu-
les gubernativos de la provincia rebelde, los que se
turnaban en el ejercicio del gobierno cada cuatro
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 103
meses, y en Octubre del año siguiente, estando Fran-
cia de turno, se reunió de nuevo el Congreso, y éste
se hizo designar dictador por cinco años.— La ma-
yoría de los votos eran favorables á Yegros para la
designación de ese cargo, pero Francia por medio
de violencias hizo que la Asamblea le designara á él.
Las tropas se amotinaron contra la resolución del
Congreso queriendo imponer á éste que la dictadu-
ra unipersonal la ejerciera Yegros, pero éste mismo
jefe apaciguó á la tropa é hizo que acatara la reso-
lución del Congreso.
En 1816 Francia hizo reunir á un nuevo Congre-
so, lo presidió, y se hizo nombrar dictador perpetuo
del Paraguay, cargo que ejerció hasta el dia de su
muerte el 20 de Setiembre de 1840.
Francia que sin la voluntad del ilustre general
Yegros no hubiera sido nunca elevado á ese cargo,
fué así como llegó al ejercicio de esas funciones. Ló-
gico es reconocer que el general Yegros fué un pa-
triota, que obró de buena fé, no creyendo que Fran-
ciaharía un despótico uso de esas funciones.
Eefiriéndose á los veinte y seis años de la tiranía
de Francia dice el eminente ciudadano paraguayo
don José Segundo Decoud:—«El reinado del terror
había contaminado á todos con su hálito venenoso,
á tal punto, que la vida se había hecho insoporta-
ble y la muerte era la más dulce aspiración de todas
las clases sociales».
Eecuerda Mitre, que cuando Belgrano y Echeve-
rría fueron al Paraguay comisionados por la Junta
de Buenos Aires para que esa provincia firmara un
pacto de unión, Francia en sus conversaciones con
104 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
los comisionados sostuvo que era inaplicable para
la América española el régimen de la libertad en to-
da su extensión.
Don Meólas Herrera, padre de nuestro ilustre
doctor Manuel Herrera y Obes, en el año 1813, fué
comisionado por la Junta de Buenos Aires para ob-
tener de la del Paraguay el envío de un delegado al
Congreso General de las provincias unidas. Herrera
tenía que tratar con Francia y no pudiendo conse-
guir el envío del delegado se retiró dando cuenta de
su misión en nota del 7 de Noviembre del mismo año,
la que refiriéndose á Francia, dice:—«Este hombre
que, imbuido en las máximas de Boma, intenta ri-
diculamente organizar su gobierno por aquél mode-
lo, me ha dado muchas pruebas de su ignorancia,
de su odio á Buenos Aires y de la inconsecuencia de
sus principios.—El ha persuadido á los paraguayos
de que la provincia sola es un imperio sin igual: Que
Buenos Aires la adula y lisonjea, porque la necesi-
ta: Que con el pretexto de la unión trata de escla-
vizar al continente: Que los pueblos han sido vio-
lentados por el envío de sus representantes: Que
todas nuestras ventajas son supuestas: y, hasta en
sus contestaciones manifiesta su rivalidad; pues ja-
más se me ha reconocido como Enviado del Supre-
mo Poder Ejecutivo de las provincias del Bío de la
Plata, sino como á un diputado del gobierno de Bue-
nos Aires, ni á V. E. se le atribuye otra autoridad».
Esta afirmación de Herrera respecto de las ideas
del tirano la hacen casi todos los escritores.
Francia odiaba á los españoles contra quienes se
especializó en sus crueldades. Son innumerables los
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 105
decretos que dio contra los intereses y las personas
de esa nacionalidad que residían en el Paraguay. An-
tes de cumplir el cuarto mes de su gobierno, el 1.°
de Marzo de 1814, dio un decreto prohibiendo á los
españoles que casaran con otras mujeres que no fue-
ran indias, mulatas y negras, ni que apadrinasen los
hijos de los blancos, ni salieran de testigos en los
matrimonios de éstos. Por otro decreto del mismo
mes y año autorizó el comercio exterior solamente
con los portugueses, por los puertos de Barbón, Villa
Concepción é Itapúa/—Esta reglamentación trajo
más tarde algunas complicaciones y el general Ar-
tigas protestó de ellas á Francia, pero éste contes-
tó al general que insistía en que las cosas continua-
ran en esa forma por él reglamentada y entonces
Artigas desalojó las tropas del tirano, quien en ven-
ganza ordenó á sus soldados que incendiaran los
quince pueblos más florecientes de las Misiones, pe-
ro estas hostilidades cesaron más tarde y el comer-
cio volvió á operarse de conformidad entre ambos.
Desde los primeros días de su gobierno Francia
trató por todos los medios de aislar á la Provincia
de toda comunicación exterior. Dificultaba la en-
trada y salida de ella lo que sólo consentía muy li-
mitadamente conforme á su capricho; persiguió y
reglamentó al clero haciéndose jefe de él; embru-
teció al pueblo llevándole hasta perder la noción de
su propia existencia, buscando por todos estos me-
dios, según él, que el espíritu de rebelión no llegara
al pueblo.
Vivía encerrado y aislado del trato de la gente,
leño de desconfianzas, y persiguió á las personas
106 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
más salientes del país llegando en su despotismo
muchas veces á encarcelar á gentes de condición
humilde.
Solía pasear á caballo escoltado, por la cuidad,
y el pueblo sin distinción de sexos á su paso tenía
la obligación de cerrar las puertas y ventanas de sus
domicilios y los transeúntes alejarse. Si los soldados
de la Escolta encontraban á alguien en su camino
era un delito que se castigaba con sablazos y
cárcel.
Un médico suizo, Juan Eodolfo Eengger, vino
al Eío de la Plata para realizar estudios de ciencias
naturales, se radicó en el Paraguay, trató personal-
mente seis años á Francia, y regresando después á
Europa escribió un libro sobre la Eevolución del Pa-
raguay, en Aarau el 16 de Marzo de 1827. En este
libro trató también de escribir respecto de los acon-
tecimientos d e las provincias en general pero estas
informaciones las recogió á su paso en Buenos Ai-
res; así que muchas de ellas son parciales y están
en contradicción con la verdad de la historia, pero
en cuanto á los hechos que en el Paraguay presen-
ció, sus narraciones están muy ajustadas á la ver-
dad. En una de las páginas de ese libro dice el mé-
dico Eengger hablando de Francia:—«Poco social,
apasionado á trabajar en su bufete, y á esta pasión
debe añadirse que era muy inclinado á las mujeres;
nunca quiso casarse, de suerte que no llegó á ser je-
fe de familia; huía de todos los afectos tiernos, no
conoció los dulces lazos de la amistad: en fin, la po-
ca instrucción que le ofreció el trato de sus compañe-
ros, y la falta absoluta de recursos literarios, no le
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 107
dieron mucho lugar de adquirir algún conocimien-
to del mundo; y de ahí dimanó su carácter inflexi-
ble, que posteriormente le condujo de un extravío
á otro. Era además propenso á ciertos accesos de
hipocondría, que algunas veces llegaban hasta la
demencia; circunstancia tanto más fácil de explicar
cuanto que ya tenía la reputación de un hombre
muy singular; su hermano es loco, y una hermana
suya lo ha sido durante algún tiempo».
Es éste el hombre y el gobernante á quien Arti-
gas en la adversidad fué á pedirle un auxilio en 1820
y en momentos sumamente inoportunos como lo
hemos de ver más adelante.
El general Artigas difícilmente debía conocer al
Francia gobernante puesto que, como lo hemos di-
cho, la provincia desde el primer momento de su
gobierno, vivió incomunicada rigurosamente de las
demás del Virreinato. Pero sí conocía al Francia di-
rigente de los revolucionarios contra el gobierno es-
pañol y al Francia dirigente rebelde á la Junta de
Buenos Aires, cuando mantenía comunicaciones con
el Paraguay.
Por ese entonces el Francia luchador, en sus pa-
labras y en sus hechos, dice lo contraro del Francia
gobernante.
Cuando los doctores Manuel Belgrano y Vicente
Anastasio Echeverría fueron al Paraguay como emi-
sarios del gobierno de Buenos Aires para tratar con
Francia un pacto de unión, estos delegados escri-
bieron al general Artigas, el 12 de Octubre de 1811,
ofreciéndole de parte de Francia las tropas del Pa-
raguay las que por Itapúa y Candelaria irían á ope-
108 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
rar bajo sus órdenes. Más tarde habiéndose rehusa-
do el Paraguay á nombrar diputados á Buenos Ai-
res y á prestarle auxilios que le reclamaba, surgie-
ron algunas cuestiones enojosas con la Junta guber-
nativa bonaerense y ésta acusó al gobierno para-
guayo de ser quien incitaba á Artig declarar in-
dependiente á la Banda Oriental,—según afirmación
de Garay;—pero nosotros sólo tenemos conocimien-
to, que el gobierno bonaerense hizo al dualismo
consular del Paraguay una simple observación de
que Artigas manifestaba que procedía de acuerdo
con el Paraguay, (nota del 19 de Febrero de 1814).
DESDE ITAPÚA (1) AL CONVENTO
II
El despotismo inhumano de Francia se hizo in-
tolerable para el pueblo y un grupo de distinguidos
ciudadanos naturales capitaneados por el ilustre
procer general Yegros, empezaron á concertar des-
de 1818 una conspiración para hacer cesar la san-
guinaria tiranía.
Era el general don Fulgencio Yegros el jefe que
desde 1810 tenía mayor prestigio en el pueblo y en
la tropa. Hijo de uno de los matrimonios de mayor
fortuna en la provincia y de abolengo consular, era
muy patriota y sin ambiciones de mando. Hemos
recordado ya como fué que pudiendo ser el gober-
nante único prefirió que lo fuera Francia, creyéndo-
le por su sobresaliente ilustración más capaz de
ejercer el cargo en bien de todos. Este acto muy po-
co común en la historia, en aquel entonces como
hoy, dice claramente cuáles eran los sentimientos y
patriotismo del general.
Se distinguió en las batallas de Paraguarí y Ta-
cuarí, en las que puede decirse que se escribió el ac-
ta inicial de la rebeldía del Paraguay. Era el jefe de
(1) Itá-púa, en castellano, piedra-punta.
no ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
los complotados para la conquista de la noche he-
roica del 14 de Mayo de 1811. El ejército y el pue-
blo lo distinguieron elevándolo á la primera magis-
tratura gubernativa en las horas iniciales del go-
bierno propio. Era cuidadano y escaló el poder por
la senda del sacrificio en el escalafón del guerrero.
En el ejercicio de la primera magistratura del país
no necesitó de la violencia y del crimen para gober-
nar y acatando la resolución del Congreso de 1814,
que creó la magistratura unipersonal para Francia,
aun cuando el ejército estaba á su favor, se retiró á
las filas del pueblo.
Francia, su sucesor, vino del exterior, y sin cono-
cer los campos ensangrentados por la lucha, llegó á
la altura por el ardid de palabras que nunca concor-
daron con sus hechos. Necesitó de la sanguinaria
tiranía para el ejercicio del poder y de la violencia
sobre el Congreso para su elección.
A Carlyle, Garay, Baez y otros, Francia ha podi-
do inspirarles admiración; más para nosotros, es un
sujeto cuya actuación pública nos demuestra aca-
badamente que era una mezcla de Satanás y de Ju-
das. Y en Yegros, el gran caído de 1821, vemos ar-
cabuceado por la tiranía á quien conspirando contra
ella cayó abrazado con la democracia.
Si es poco serio y riñe con la civilización preten-
der justificar la tiranía, sea ella la de propia patria
como la de la agena, lo bello es repudiarla. Eepu-
diémosla!
De haber triunfado Yegros, el Paraguay no hu-
biera conocido los días nefandos de la sanguinaria
tiranía. Acaso ni Eosas hubiera podido ser el único
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 111
gran lunar negro en la historia del extinguido virrei-
nato del Eío de la Plata.
Y de haber triunfado Yegros, Artigas en la resis-
tencia de las provincias, hubiera escrito una pa-
rasca más en el libro de la historia; la parasca de su
triunfo completo y definitivo.
Conspirar contra Francia, que como lo afirma
Eengger, por una palabra dicha inocentemente,
mandaba arcabucear de inmediato á un habitante,
era una empresa muy difícil y peligrosa; y así fué
que la conspiración se llevaba á cabo con mucho si-
gilo y lentitud.
Francia en sus constantes recelos vigilaba siem-
pre á todo aquél que pudiera ser contrario á su ti-
ranía y capaz de conspirar. La conspiración á su
vez había ido tomando cuerpo y el tirano llegó á
sospechar que algo se concertaba contra él. Llega
así el año 20 y los conspiradores resolvieron desig-
nar el día Viernes Santo para matarle, pero un tal
Bogarín que era uno de los conjurados, al confesar-
se en uno de los días de Cuaresma, reveló el plan á
Fray Anastasio Gutiérrez, quién, á su vez violando
el secreto profesional, lo comunicó á Francia, aun
cuando éste pretendió hacer creer que el fraile man-
dó á Bogarín á que le delatara la trama. Francia se
enfureció grandemente, tomó medidas terribles, y
respecto de ellas dice Eengger:—«Francia desde lue-
go mandó prender á todos los que le había denun-
ciado, entre ellos su antiguo colega don Fulgencio
112 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Yegros: al mismo tiempo hizo doblar las guardias
de la capital, anduvo personalmente de patrulla por
las calles varias noches seguidas, y dio orden á los
comandantes de campo para que ejerciesen la más
severa vigilancia.»
«Esta conspiración le hizo mucho más inaccesible:
desde entonces no veía más que traidores y conspi-
radores en cuantos querían acercársele. Desgraciado
el hombre que encontraba á su paso, pues su pena
inmediata era una cárcel ó un presidio: el dictador
todo lo castigaba, tanto el accidente más leve como
la falta menos prevista; en términos que habiéndose
un día espantado su caballo porque vio en la calle
un tonel viejo, mandó prender al dueño de la casa
ante cuya puerta estaba el tonel.—Como las decla-
raciones del delator (1) le dieron á conocer que los
conjurados habían decidido asesinarle cuando salie-
ra á pasearse, le pareció que las calles angostas y tor-
tuosas de la ciudad, bien así como los naranjos que
en ellas había, eran á propósito para facilitar seme-
jante intento, y por lo mismo las mandó derribar, y
cortar la mayor parte de los árboles sin ninguna con-
sideración á la sombra que proporcionaban, tan útil
en medio de las arenas ardientes de la capital; hizo
derribar fachadas de casas y casas enteras, tanto
para abrir nuevas calles como para ensanchar las
antiguas; pero pronto observó que para formar la
ciudad con alguna regularidad, necesitaba un plan,
y como no lo había fijado, desaprobó al empleado
que había hecho ejecutar aquellas demoliciones, y
(1) A Bogarín se refiere.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 113
precisó á los propietarios á levantar de nnevo las
fachadas que había mandado derribar. También se
hizo componer una habitación en un cuartel, situado
á extramuros de la ciudad, y la ocupó á intervalos
para que no pudiese saberse donde pasaba la noche».
Se encontraba, pues, Francia en el año 1820 en los
dias que descubría una gran conspiración contra su
vida y su poder. Tenía en la cárcel á una parte de
los libertadores algunos de los cuales habían manteni-
do correspondencia con Artigas.—Supo que la visita
del corone] argentino Balta Vargas que había ido
por esos dias al Paraguay lo era en carácter de emi-
sario del director de Buenos Aires señor Pueyrredón
con el fin de escitar á los conspiradores contra él y
á favor del gobierno bonaerense; y todos estos hechos
lo aturdieron y enfurecieron de tal manera que como
lo hemos de recordar después, hasta en un delegado
del Instituto de Ciencias Naturales de la Francia
que vino por ese entonces á Buenos Aires, y que lo
fué el doctor Grandsire, veía á un temible adversa-
rio político y le dijo al doctor Eengger que si Grand-
sire volvía á orillas del Paraguay lo mandaría
apresar.
Fué por estos dias, á principios de Setiembre de
1820, que el general Artigas llegó á Itapúa y desde
allí mandó una nota á Francia (1) narrándole la con-
ducta de Ramírez y posiblemente solicitándole el
auxilio que el caso requería.—Francia sospechó que
fuera incierta la traición de Ramírez y todo cuanto
le comunicaba en su nota; que todo esto pudiera ser
(1) Setiembre 6 de 1820.
114 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
una combinación de Artigas y Bamirez, y por to-
da contestación mandó á su escuadrón de caballería
á Itapúa con órd en de apresar al general y conducirle
á la Asunción y á los oficiales y clases los mandó dis-
tribuir por varios sitios del país. A dos jóvenes sar-
gentos, Ledezma y Alvarez, Orientales, les tocó res-
pectivamente ser confinados á «Ipané» y «Tacuaty»
donde murieron no ha mucho á corta distancia de
«Ivyray» y aun viven en esos sitios sus deudos.
Ladezma murió ejerciendo el cargo de sargento de la
policía de Villeta.
Artigas que ignoraba quien era el Francia gober-
nante y los terribles días de la conspiración que á éste
le tenía enloquecido, estaba lejos de suponer que el
dictador le negaría el auxilio, y mucho menos aún, no
podría saber que la contestación á su nota sería
mandarlo apresar.—Así fué que cuando llegó el es-
cuadrón á Itapúa con la nota para el Subdelegado
Ortellado, ordenando el tirano su apresamiento,
Artigas fué arrestado inmediatamente.—Entonces el
general que recibió esta nueva é inesperada contra-
riedad, se despidió de sus soldados, como lo dice el
sargento Ledezma:—«cuando nos separamos en Ita-
púa, el general y nosotros llorábamos.»—
Mandó Francia una nota al convento de la Merced
en la Asunción, situado á cuatro cuadras de su casa,
dando orden para que se preparara una celda para
encerrar en ella al general.—Esa nota lleva fecha 20
de Setiembre y el 23 llegaba Artigas al convento escol-
tado por el Escuadrón.—En esa nota á la vez Fran-
cia ordena que el general «hiciera ejercicios y se con-
fesara», sin duda creyendo por este medio alcanzar á
ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO 115
conocer la conspiración exterior que él suponía en
combinación con la descubierta en la Asunción, para
repetirse de esta suerte el caso de Bogarín!
Tenía por lo tanto Francia en la cárcel á los cons-
piradores y en el convento al general, á quien suponía
con Ramirez en combinación con ellos.—Artigas en-
cerrado en el Convento solicitó por repetidas veces
una audiencia á Francia, para intentar un último
esfuerzo, pero éste preocupado en conocer toda la
conspiración, buscó el pretexto de los antiguos re-
sentimientos que ambos habían tenido por cues-
tiones del comercio interprovincial y negóse á con-
cederle audiencia.
Después de la acción de «La Bajada», el general
Artigas y Ramirez libran la última batalla en «Abalos».
Artigas comprende que no puede tenerla misma suerte
que en «Las Guachas».—(1) Le hacen falta algunos
soldados y más armamento. Se retira con sus tropas
á Candelaria y Ramírez á su vez se retira con las
suyas á la ciudad de Corrientes donde establece su
cuartel general. (2) Una nave de guerra de Ramírez
es sublevada por un oficial llamado Aguiar quien
la pasa á Artigas.—El general siente la necesidad
del auxilio de tropas y armamentos para poder ven-
(1) Derrotado Ramirez en «Las Guachas**, recibió en «La Ba-
jada)) refuerzos de Buenos Aires al mando de Mancilla.
(2) Ramírez no se atrevió perseguir á Artigas y se retiró á la
capital correntina aponerse ala defensiva. Desde luego, el ejér-
cito de Artigas no sería tan pequeño como el que establece
Francia en su nota del 12 de Mayo de 1821, al jefe de «Fuerte
Borbón» Bernardo Velazquez.
116 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
cer definitivamente á Ramírez y continuar sus ope-
raciones militares, pero no le resta más que una puer-
ta donde golpear en demanda de ellos, y es entonces
cuando vá á golpear las puertas cerradas de Gaspar
Rodríguez Francia.—Deja á su tropa en la margen
argentina del Paraná y se embarca en el Paso de Can-
delaria el día martes 5 de Setiembre de 1820, acom-
pañado de su ayudante Matías Abucú, de otros ofi-
ciales y de los sargentos Ledesma y Alvarez.—(1)
Llega á Itapúa, y á Bernardo Ortellado, subdelegado
de ese pueblo, le entrega una nota dirigida al Supremo
del Paraguay.—Se encontraba el general en Itapúa
esperando la contestación de Francia, cuando como ya
lo bemos recordado, llega el escuadrón escolta, de la
Asunción, con una nota del dictador para Ortellado,
en la que Francia ordena el apresamiento del general,
su conducción á la Asunción y la distribución de sus
oficiales.
El comandante militar de Yataity Cora, Saturnino
Blanco Nardo, el 10 de Setiembre, envía con el te-
niente Narciso Sandoval, un oficio á su jefe el general
Ramírez, y en él le da cuenta que estando de vigilan-
cia para el caso de que el enemigo quisiera volver á
atacar (2), mandó una partida de diez soldados y un
sargento, á la Tranquera de Loreto, con el cometido
de vigilar y comunicarle las novedades; que ba re-
(1) Para los escritores Artigas fué á buscar un voluntario
ostracismo!
(2) Ese enemigo es el que los escritores ven perdido total-
mente en «Abalos» huyendo en busca de un voluntario ostra-
cismo!
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 117
cibido del comandante de San Miguel, un oficio en el
cual le dice, que llegó un natural poblador de un te-
rreno por esas inmediaciones, llamado Francisco Zar-
za, que viene de las Misiones y que éste dice que el
día martes 5 del corriente se embarcaron el general
Artigas, Matías Abucú y otros de su tropa en el Pa-
so de Candelaria, quedando la demás tropa (1) á esta
banda; que éstos se hicieron dos partidas tirando
con sus armas de fuego unos á la costa de Ibera y
otros al pueblo que fué de Loreto, y que igualmente
recibe la noticia verbal de su capitán Acosta de que
un joven español de apellido Malmoreda que traba-
jaba en las Misiones hizo la relación del embarque
de Artigas siendo completamente conteste con la
que hizo Zarza.
Comprendiendo Eamírez por este oficio de Nar-
do que Artigas golpeaba las puertas de Francia en
demanda de algún armamento ó tropas, se decide á
buscar los medios de interceptarle al general ese au-
xilio que buscaba, para vencerle definitivamente. (2).
A este fin dirige á Francia un oficio donde le recuer-
da que cuando sus desavenencias con Artigas por la
reglamentación del intercambio comercial, coad-
yuvaron con el general el comerciante irlandés Cam-
bpell y el ciudadano paraguayo Bedoya á quienes
los remite para ser castigados bajo la custodiado
(1) Esta tropa quedó al mando del oficial Nicolás Aripí, y
en compañía del profesor Bompland.
(2) Ramírez fué vencido en «Las Guachas», y habiendo reci-
bido refuerzos, en «lia Bajada», pudo librar la batalla de «Aba-
los».—Desde luego, Artigas tenía que buscar refuerzos también.
118 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
su ayudante Villanueva. Francia apresa al ayudan-
te Villanueva, envía presos á Villa Pilar á Cambpell
y á Bedoya y no contesta al oficio de Ramírez, pues
sospecha que Ramírez y Artigas están en combina-
ción con la conspiración interior.
Ramírez vive inquieto, aspira á buscar por cual-
quier medio á desbaratar el plan de Artigas; desea
una palabra de Francia para calcular las circunstan-
cias del momento y entonces recurre á otro proce-
dimiento. Libra á Francia un nuevo oficio, fechado
en Corrientes el día 22 de Setiembre, pidiendo la
extradición de Artigas porque éste tiene que respon-
der en jucio público á las provincias federadas de
ser el culpable de todos «Zos males que afligen á la
América del Sud!¡>; á la vez solicita la entrega de la
nave de guerra sublevada por Aguiar y manifiesta
su extrañeza por la detención de su ayudante Villa-
nueva y la falta de contestación á su oficio anterior.
Le reitera á Francia que ahora el comercio inter-
provincial puede girar libremente, y acompaña el
parte oficial de Nardo para que el gobernante para-
guayo se convenza de que él sabe que Artigas está
en el Paraguay.
Francia no contestó tampoco á este oficio de Ra-
mírez y no accedió á la extradición del general Ar-
tigas ni á la entrega de la nave reclamada, pues, pa-
rece que supuso que Ramírez buscaba hacerle creer
en la realidad de su traición á Artigas para favore-
cer así á su jefe.
El proceso á los conspiradores seguía su curso di-
rigido por el propio tirano, quién daba la orden de
aplicar doscientos azotes á los deponentes antes de
ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
precederse al interrogatorio; pero todos los patrio-
tas sufrían el tormento sin declararle al verdugo to-
do cuanto deseaba averiguar, y como la causa de la
patria es muy grande para todo ciudadano, muchos
de ellos sucumbían gritando viva la patria. Hubo
uno, Pedro Juan Caballero, que se suicidó antes de
recibir el tormento y en una de las paredes de la
cárcel dejó escrito con un carbón:'—«JSTO ignoro que
el suicidio es contrario á la ley de Dios y de los hom-
bres, pero el tirano de mi patria no debe saciarse
con mi [Link]».
Se encontraba en sus tareas procesales Francia,
deseoso de saber hasta donde alcanzaba la conspi-
ración y sin poder lograr su intento, cuando el trai-
dor Ramírez apela á un tercer recurso siempre en
persecución de los mismos fines. En Enero dirige
una carta al general Fulgencio Yegros que estaba
preso como jefe de la conspiración. Como es na-
tural, esta carta fué á manos de Francia y no de
Yegros, como lo deseaba Ramírez. En esta carta
Ramírez aparenta que la tropa de su mando estan-
do en combinación con los conspiradores iba á ope-
rar atacando al Paraguay, buscando por este medio
obligar al dictador á aceptar sus proposiciones que
le hiciera en sus notas anteriores.
Francia no podía alcanzar á conocer toda la tra-
ma de la conspiración y ahora intercepta una car-
ta de Ramírez, en lo que ve claramente, «como él ya
lo sospechaba,» que los conjurados procedían de
acuerdo con sus enemigos del exterior. Todo esto
entrelazado sacó á Francia fuera de quicio. Mandó
arcabucear al general Yegros y demás patriotas
120 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
arrojando los cadáveres á la vía pública frente á su
propio domicilio, de donde sus deudos los manda-
ban recoger á la noche porque las aves carnívoras
empezaban á devorarlos; reunió dos mil hombres
en Villa Pilar para guardar todos los pasos del Pa-
raná por donde Ramírez podía atacar al Paraguay;
suspendió dar pasaportes para el extranjero; mandó
armar algunas piraguas y les dio orden de avanzar
hasta Corrientes para que observaran los movimien-
tos del enemigo; y, al general Artigas que era ageno
á toda esta trama, lo mandóes coltado á internarse á
perpetuidad en Curuguaty, donde lo guardó veinte
años el silencio de la historia!
Hace algunos años los archivos paraguayos me-
recieron el honor de ser saqueados en una parte de
sus documentos de importancia histórica. Es así co-
mo han desaparecido de esos archivos la mayor par-
te de los documentos relativos al despotismo que
oprimió por más de medio siglo á ese pueblo herma-
no. La exposición escrita en Itapúa por el general
Artigas en los primeros días de Setiembre de 1820,
donde el general necesariamente habrá manifesta-
do sus adversidades, las ideas que motivaban su ac-
titud y las necesidades para continuar la lucha, ma-
nos tiranófilas la han sustraído, así como también,
la nota que el tirano Francia libró el 20 de ese mes
al convento de la Merced, para encerrar en él á su
traicionado prisionero, y que el ilustrado escritor
paraguayo José Segundo Decoud, hace nueve años,
afirma haber tenido en sus manos.
Artigas había mantenido una conducta invaria-
ble con el Paraguay, bajo el gobierno de la Junta,
A R T I G A S E N E L C A U T I V E R I O 121
como así también, bajo el dualismo consular; sus
esfuerzos y sus luchas habían facilitado á esa pro-
vincia el ejercicio del gobierno propio desde 1813;
había desairado al representante yanqui el asilo que
le ofrecía porque tenía fe en el auxilio del Paraguay
para proseguir la lucha; la falta de algún armamen-
to ó cierto número de tropas había sido la causa
única de no haber triunfado en «La Bajada» y en
«Abalos»; no había sido traicionado por los pueblos
de las provincias, sino por un puñado de hombres
que tenían la dirección gubernamental de ellas al
bajo precio de la traición; el Paraguay estaba ame-
nazado de ser esclavizado por el gobierno de Bue-
nos Aires; lógico era, pues, suponer que Francia, aun
cuando no contribuyera con tropas ó armamentos
á la defensa común, no procedería á apresar al ge-
neral. (1) Ninguna razón ó derecho justifica esa trai-
ción de Francia, y Artigas apresado y encerrado en
el convento de la Merced, continuó luchando para
disuadir de su error al déspota, pero éste encontró
más cómodo á los fines de estabilizar su tiranía, no
entregar el general á Ramírez ni á los portugueses,
ni coadyuvar con él en la lucha.
Basándose en la larga nota que Francia libró en
Mayo 12 de 1821 al comandante de Borbón, Bernar-
do Velázquez, los escritores uruguayos han llegado
á la conclusión de que el general buscó en el Para-
guay el asilo de un vencido.—Pero es el caso que
Francia vivió engañando y mintiendo con su pala-
(1) De las relaciones y correspondencia de Artigas con el
Paraguay no se deduce ninguna causa que motive esta conduc-
ta de Francia.
22 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
bra y con su pluma conforme á los fines y necesida -
des de su tiranía. Si cotejamos las afirmaciones que
en aquella nota se hacen respecto del general, con las
que también hace el Supremo paraguayo en sus pa-
labras al doctor Eengger al narrarle el apresamien-
to del doctor Bompland, y con los fundamentos que
motivaron su sentencia en el proceso Cabanas, di-
fícil nos será afirmar que el general fué un derrota-
do que buscó en el Paraguay un asilo para retirar-
se definitivamente de la lucha. Y si observamos la
conducta de Francia, apresando al general en Ita-
púa, encerrándolo en el convento de la Merced, y
más tarde confinándolo al sitio donde enviaba á to-
dos sus apresados más despreciados y castigados,
más difícil nos será aún, denominar asilo, á lo que
tiene todas las formas de la traición y del cautiverio.
A Francia se le apareció en Itapúa el genio de la
democracia republicana y tenía necesariamente que
encarcelarlo en la lejana é inculta selva de Curugua-
ty, para devolverlo al secreto de la Naturaleza de
que procedía y hacer así posible al destino de Améri-
ca la existencia de su nefanda tiranía y la de P o -
sas, esfacelando un bello pedazo de la historia.
Venimos de ese pedazo de suelo agreste donde su-
frió ese gran genio de la democracia por la sin-
ceridad de sus sublimes esfuerzos y por su grande
amor hacia su pueblo. Y en nombre de ese genio, de
esos esfuerzos, y de ese amor, depositamos ante el
altar de la patria libre, la más enérgica de las pro-
testas y la más justiciera de las quejas, contra esa
página negra y maldita que escribieron en la histo-
ria ríoplatense, la Argentina de Eamírez y el Para-
guay de Francia!
EN CURUGUATY
III
Curuguaty, que en lengua guarany quiere decir
«lugar de los porongos,» es un paraje en el centro
del Paraguay con una pequeña población llamada
"Villa San Isidro el Labrador, distante unas ochen-
ta leguas de la Capital, circundada de inmensos
bosques y desprovista aun hoy de medios de loco-
moción. Su pequeña población vive alejada del con-
tacto de la civilización, llevando una vida muy pri-
mitiva y practicando la lengua y las costumbres abo-
rígenes.
Francia tenía destinado ese lugar para confinar
algunos presos y por lo tanto había un comandan-
te con tropa suficiente para la vigilancia. Si Arti-
gas se hubiera evadido por el único sitio por donde
habría podido hacerlo le hubiera hecho caer en
manos de los portugueses.
Estando el general preso en Curuguaty, Francia
le pasaba treinta y dos pesos mensuales, pero más
tarde como consiguiera Artigas el usufructo de un
terreno á media legua de la Villa, construyó en él
un rancho, se instaló con su asistente Joaquín Mar-
tínez y se dedicó á las tareas de la labranza.
Desde que tuvo con su trabajo medios para su
subsistencia distribuía entre los pobres de Curugua-
124 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
ty la paga mensual que le pasaba el Dictador, ra-
zón por la cual Francia la mandó suspender en el
año 1832.
El aislamiento á que Francia sometió al Paraguay
y la tiránica limitación del sistema gubernamental
que estaba obligado á soportar el pueblo que para
su Supremo tenía todas las obligaciones del «Pueblo
Cosa» sin ninguno de los derechos del «Pueblo Sobe-
ranía», separó á Artigas del conocimiento de la
marcha de los sucesos que fueron desarrollándose
en el Plata, y la prisión de veinte años en la selva de
Curuguaty, convirtiendo al guerrero y luchador en
hombre oprimido, hízole terminar su misión de sol-
dado.
Sin él nuestro pueblo hubiera tenido otro destino.
Ni la tricolor de él y de los «33», ni nuestra bicolor
venerada, hubieran flameado en las grandes páginas
continentales. Las narraciones de la historia ameri-
cana serían más breves y su poesía menos bella.
EL PROFESOR BOMPLAND
IV
Después de los hechos narrados anteriormente el
tirano aumentó más su despotismo y desconfianzas.
El decreto del 1.° de Marzo de 1814 trató de ha-
cerlo aplicar con más rigor aún, en las personas na-
cidas en Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Buenos
Aires, cuyos matrimonios como lo dice su decreto,
sólo podía ser realizado con indias, mulatas y negras.
Hemos recordado que Francia era hijo de padre
portugués, nacido en América portuguesa, y que en
los primeros días de su gobierno dio un decreto por
el cual el comercio exterior sólo era permitido con los
portugueses; y agregaremos, que habiendo arcabu-
ceado por montones á españoles, entrerrianos, co-
rrentinos y santafecinos, por el sólo motivo de tener
esa nacionalidad, nunca arcabuceó un solo por-
tugués.
Una vez que internó al general Artigas en Curu-
guaty, se dirigió á Montevideo por nota al general
Lecor ofreciéndole celebrar una convención de amis-
tad y comercio la que fué inmediatamente celebrada,
reglamentando ambas partes el comercio paragua-
yo-portugués por Itapúa. Fué éste el primer acto de
relación exterior que llevó á cabo el tirano en el ejer-
cicio de su gobierno unipersonal y á perpetuidad.
126 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
Cuando Francia mandó á su escuadrón de caba-
llería á apresar al general Artigas, á sus oficiales y
clases, el profesor Bompland quedó con los soldados
del general y con ellos formó un establecimiento in-
dustrial dedicado principalmente á la elaboración
y exportación de la yerba-mate.
Era Aimé Bompland un sabio profesor francés,
doctor en ciencias naturales, de quién dice el doctor
Manuel Domínguez, «que fué la cabeza científica me-
jor organizada que pisó el Paraguay».—Nacido en
la Bocbela vino al Bío de la Plata enviado por el
«Instituto de ciencias naturales» de su país, llegó á
Montevideo y más tarde pasó á las provincias ar-
gentinas en la época en que Artigas era grandemen-
te combatido y calumniado; y sin embargo el profe-
sor Bompland simpatizando con la causa de Artigas,
entabló relación con él y le acompañó basta Itapúa.
Habiendo el profesor tomado gran cariño al general,
veinte y siete años más tarde hemos de ver brindar-
le dos grandes pruebas de admiración y aprecio.
Se encontraba Bompland con el oficial Aripí y de-
más ex-soldados de Artigas dedicados pacíficamen-
te á las tareas de la elaboración de la yerba cuando
á los diez meses que funcionaba el establecimiento,
en Noviembre de 1821, el sanguinario tirano enlo-
quecido vio en ese establecimiento un peligro, re-
cordó que era Bompland un amigo y compañero de
Artigas á quien llama su enemigo, y mandó á su es-
cuadrón con orden de matar á los que allí trabaja-
ban, de apresar al profesor, y destruir el estable-
cimiento.
Así fué que en el mes de Noviembre referido Bom-
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 127
pland,con la cabeza partida de un sablazo,fué con-
finado á Santa María, donde se dedicó á la labran-
za, que muy escasamente le proporcionaba lo sufi-
ciente para mantener la vida.
Cuando los franceses radicados en Montevideo su-
pieron la prisión de Bompland se dirigieron por no-
ta al dictador pidiendo le libertara y éste no hizo lu-
gar. La Corte de Eío se interesó también por él y
fué desairada. El Instituto del cual era miembro
Bompland mandó á uno de sus miembros el doctor
Grandsire para solicitar su libertad; éste envió al ti-
rano desde territorio argentino en 1824 una nota so-
licitando permiso para llegar á la Asunción y cum-
plir la comisión, pero el déspota no le permitió en-
trar al Paraguay, y no hizo lugar á la libertad de
Bompland. Siendo de los fundamentos de su resolu-
ción : — «que el momento no era oportuno para
permitir que los franceses se introdujesen en Amé-
rica».—Según nota del libro de Eengger agrega:—
«El proyecto de poner al príncipe de Luca por so-
berano del Virreynato de Buenos Aires, ya le había
indispuesto contra aquella nación y la última gue-
rra de España aún había aumentado su aversión».
Hablando del delegado del Instituto Francia le
dijo á Eengger:<—«He oído hablar de Grandsire
cuando su primer viaje á Buenos Aires, y sé que se
ocupó mucho más de política que de historia natu-
ral». Por esta vez le he dejado volverse, pero que no
venga más». Y hablando Francia á Eengger de que
había mandado apresar á Bompland, le dice: :—«que
1
Bompland había formado un establecimiento para
la preparación de la yerba del Paraguay, con los in-
128 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
dios que cuando pasó Artigas se habían quedado
en las Misiones destruidas de Entre Eíos.—Querien-
do establecer relaciones conmigo dos veces ha ve-
nido á la orilla izquierda del Paraná frente á Ita-
púa, con el objeto de hacerme entregar cartas del je-
fe de aquellos indios; pero estas cartas él mismo las
había escrito».:—«Yo no he podido tolerar que se
preparase yerba en aquel distrito que nos pertenece
porque de ello resultaría demasiados perjuicios al
Paraguay, por cuya razón he mandado cuatrocien-
tos hombres que, después de haber destruido aquel
establecimiento, han traído muchos prisioneros in-
dios y con ellos á Bompland». (1)
Afirma Bengger que, «Francia atacó á toda persona
que hubiera tenido alguna relación con Artigas espul-
sando del país á unos é internando á otros, y que
á un comerciante . inglés que tenía un estableci-
miento muy considerable le dio 24 horas de
plazo para abandonar el país sin poder obtener per-
miso para justificarse, porque éste había mantenido
relaciones con el general».
En el año 1829 el profesor Bompland obtuvo per-
miso del dictador para salir del Paraguay lo que pu-
do realizar recién en 1831.
Bajo el gobierno de Carlos Antonio López visitó
al Paraguay en 1847 y fué á Ivyráy á ver á su anti-
guo amigo y compañero de infortunio llevándole un
(1) Esta afirmación de Francia, no está conteste con la que
hace en su nota al jefe de «Fuerte Borbón», en Mayo 12 de
ese mismo año 21, respecto del número de soldados de
Artigas.
ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO 129
ejemplar de la Constitución Nacional del Uruguay
como gran testimonio de admiración y respeto, y al
mismo tiempo lo retrató; por cuya razón el Uruguay
es deudor á Bompland de poseer la copia del único
retrato tomado del natural al general Artigas. Se-
gún afirma Decoud, cuando el general se retrató de-
claró que gozaba de perfecta salud.
En 1831 Bompland se trasladó de Santa María á
Santa Ana de la provincia de Corrientes, radicándo-
se allí donde más tarde adquirió una propiedad en
la que falleció en 1858 á la edad de 85 años.
Francia desde el principio de su actuación públi-
ca se sintió adversario de Artigas. Las ideas del ge-
neral le mortificaban. Derribado el poder español en
el Paraguay, no pudo imponer su criterio á la Jun-
ta gubernativa ni al Cabildo. Fué recién en 1814
cuando aparece prepotente en el poder, y uno de los
primeros actos del gobierno de ese entonces fué en-
viar por intermedio de su secretario Martínez Sáenz
al gobierno de Corrientes la nota del 13 de Marzo en
la que se manifiesta que el Paraguay no mantiene
ninguna relación, ni concordancia, ni tratado con
Artigas. De idéntica, cobarde y calumniosa manera
procede á comunicar al gobierno de Buenos Airea
que Artigas no obra de acuerdo con el Paraguay.
Fué por ese entonces que el gobierno paraguayo
cortó toda relación con el general y babiendo hecho
Artigas la reclamación que espresa su nota de fecha
Abril 21 de 1815, respecto del armamento de Planes,
quedó incontestada.
Más tarde en el ejercicio de la magistratura uni-
personal, Francia, persiguió á toda persona que hu-
5'
130 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
biera tenido alguna relación con Artigas, como lo
comprueban plenamente algunos de los hechos que-
hemos examinado y como lo afirma el doctor Een-
gger.
Tuvo por lo tanto, el tirano, que castigar á Bom-
pland su delito de haber sido amigo y compañero-
del general Artigas!
EL PROCESO CABANAS
De continuo hemos tenido ocasión de observar
que varias de las afirmaciones de los escritores no
están contestes con las verdades de los archivos. El
trabajo de contradecirlas lo abordaremos en opor-
tunidad; pero, hay una afirmación muy común en
los escritores respecto de la cual sentimos la nece-
sidad de manifestar nuestras dudas. Nos referimos
á la conspiración de Artigas con Cabanas para de-
rribar á Francia del poder.
Esta afirmación sólo tiene por base el célebre pro-
ceso Cabanas. Examinémoslo.
Este proceso lo formó Francia personalmente en
1822. La actuación pública del tirano, nos demues-
tra que desde Setiembre de 1821 á Diciembre de
1824, se dedicó con todo entusiasmo á las tareas de
formar procesos, aplicar tormentos y confiscar los
bienes á todo aquel que á su juicio pudiera ser un
conspirador. La conspiración descubierta en 1820
lo condujo á estos extravíos, á extremo que, habien-
do desconfiado que los españoles residentes en la
provincia pudieran conspirar, los citó por un bando
de 9 de Junio de 1821 para que dentro del término
fatal de dos horas se presentaran en la plaza públi-
ca, y una vez reunidas más de trescientas personas
132 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
de esa nacionalidad, á las 10 de la mañana, los man-
dó presos á la cárcel, sin excluir al anciano Velazco,
ex-gobernador español de la provincia, ni al Obispo
que también era hijo de España.
Los tuvo encarcelados hasta el 22 de Enero de
1823, en que mediante el despojo de ciento cincuenta
mil pesos fuertes obtuvieron su libertad, menos Ve-
lazco que falleció en la prisión.
Fué por ese entonces que el gobernador de Santa
Ee, Estanislao López, embargó un cargamento de
algunas armas destinadas al Paraguay, y Francia
en represalia, mandó apresar á todos los pacíficos
santafecinos que residían en la Asunción, de los cua-
les la mayor parte perecieron en la cárcel y el resto
sólo recuperó su libertad en 1840 después de haber
muerto el tirano!
Fué también en los últimos días de 1821, cuando
el tirano que no veía en su frenesí más que conspi-
radores en todas partes, á los ex-soldados de Arti-
gas que habían formado un establecimiento para
elaborar yerba mate en una de las márgenes del Pa-
raná, bajo la dirección del sabio profesor francés Ai-
mé Bompland y del oficial Nicolás Aripí,—sin nin-
guna indicación previa,—los mandó disolver á sa-
blazos confinando á Bompland á Santa María.
En Abril de 1822 Francia tuvo sus desconfianzas
respecto de los deudos del coronel Cabanas que ha-
cía algún tiempo había fallecido. Sintió la necesidad
de formar un proceso y confiscar á los deudos los
bienes dejados por el coronel, y es entonces que or-
dena el proceso al cadáver del coronel Cabanas, lo de-
grada y confisca los bienes á sus deudos.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 133
Para la confiscación délos bienes Francia se ba-
sa,—y esto es una afirmación simplemente, — en
que el general Artigas entregó en Santa Fe en
Marzo de 1815 (1) un oficio para Cabanas á un su-
jeto paraguayo llamado Francisco Antonio Aldao;
(2) pero es el caso que la nota del 21 de Abril de 1815
referente á la reclamación del general Artigas con
motivo del armamento tomado á Planes en la ac-
ción de «La Cruz», aparece en los archivos, y la de
data de un mes antes entregada á Aldao no aparece.
La desaparición de algunas notas del general Ar-
tigas de los archivos de Asunción fué realizada con
todo ingenio. Desaparece la nota que el general en-
vió- á Francia desde Itapúa el 6 de Setiembre de 1820
y la nota que Francia dirigió al convento do la Merced
el 20 de ese mes, para quedar por fínica verdad en
las páginas de la historia lo que dice, la nota que
no desaparece, y que el 12 de Mayo del año 21
Francia dirige al jefe de Fuerte Borbón.-—Desapa-
rece la nota que se afirma que Artigas dirigió á Ca-
banas y que constituye la razón única del proceso,
pero no desaparecen todas las demás que por esos
mismos días Artigas dirige al Paraguay; y es así co-
mo se pretende comprobar que el general á princi-
(1) En Abril de 1815 Artigas dirige á Francia la nota recla-
mando del armamento de Planes; por eso Francia á la cons-
piración de Artigas le dá la data de un mes antes, tínica que
pudo escoger después de 7 años, como la más apropiada al caso.
(2) Su deposición en el proceso se. limitó á lo que Francia
acostumbraba, esto es, á firmar el papel que el tirano le
presentó.
134 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
pios de 1815 conspiró contra Francia en el poder y
propuso el crimen político á Cabanas.
Más aún, es el caso que Francia en su infinita ion-
dad y misericordia, á pesar de que en el año 22 descu-
bre el delito de Artigas, lejos de castigar al delin-
cuente que está vivo, indefenso y en su poder, le
continúa pasando una mensualidad proporcionada á
la paga de un oficial español y dejándole el usufructo
de un terreno en Curuguaty; y, en cambio, castiga
con la degradación y confiscación de sus bienes al
coronel Cabanas que babía fallecido (1).
Semejante locura en un sujeto como Francia no
puede merecer tomarse en serio. Sus afirmaciones (2)
no concuerdan con sus becbos, no pueden ser creídas.
(1) Obsérvese que Francia forma el proceso sin siquiera ha-
cer deponer al general, que solo busca confiscar los bienes á
los deudos de Cabanas, y que castiga al único de los complica-
dos que había fallecido.
(2) Los fundamentos que sirven de fundamento á su sen-
tencia.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
IV P A E T E
DESDE EL CUARTEL DE S. ISIDRO EL LABRADOR i LA
NECRÓPOLI
AETIGAS EÍT EL CUARTEL DE S. ISIDRO EL
LABRADOR
A mi amado maestro Dr. Juan Zorrilla di
San Martin.
En la mañana del 20 de Setiembre de 1840, con
la muerte de Francia, se desbordaron las pasiones
contenidas, desde el 12 de Octubre de 1813, en los
cuidadanos paraguayos en cuyas manos estaba la
fuerza militar de la Asunción.
Se reunieron en asamblea los jefes de la fuerza y
nombraron una Junta provisoria de gobierno com-
puesta de los cuatro jefes de los cuatro cuarteles de
la ciudad, y del Alcalde de la misma.
Uno de los primeros actos de este gobierno cuar-
telero fué mandar una nota al comandante de San
Isidro el Labrador de Curuguaty, ordenando que Ar-
tigas fuera puesto en seguras prisiones.—El 22 de
Setiembre á la 1 p. m. fué cumplida la orden y Ar-
tigas entregado á la custodia del sargento Tomás
Fernández, labrándose un acta que suscribieron él
comandante Juan Manuel Gauto y los testigos An-
tonio de la Cruz Fernández y Santiago Alvarez Mar-
tínez, vecinos éstos de la villa de San Isidro el La-
brador. (1).
(1) Después de veinte años de cautiverio!
138 AETIGA3 E N EL CAUTIVERIO
A los cuatro meses, el 22 de Enero de 1841, un sar-
gento de la tropa, Eomualdo Duré, apresa á los miem-
bros de la Junta so pretexto de que ésta no convocaba
al pueblo para elegir gobierno titular, y es nombra-
da otra en sustitución con facultad de convocar á
un Congreso y elegir gobierno definitivo. Esta nue-
va Junta fija la fecba del 19 de Abril del mismo año
para la reunión de una Asamblea de quinientos dele-
gados de todos los pueblos. Esta fecba fijando 82
días de plazo pareció excesiva á la soldadesca anar-
quizada, y el 9 de Febrero, ó sea á los diez y siete
días de ejercer sus funciones, esta Junta fué también
derribada por un nuevo motín militar y constituye-
ron una tercera compuesta del alférez Mariano Roque
Alonzo como comandante general de armas, y de
Carlos Antonio López como secretario, designándo-
se el día 12 de Marzo para la celebración de la Asam-
blea.
Se despacharon comisiones militares á todos los
puntos del país para hacer saber que se debían nom-
brar los delegados y para comunicar á los pueblos
lejanos que lo ignoraban, la muerte del Supremo
Francia y la designación del gobierno provisorio.
Se procedió á la celebración de la Asamblea y en
ella se hicieron elegir López como primer cónsul, y
Alonzo como segundo, en el ejercicio de cuyas fun-
ciones gobernaron al país hasta 1844.
Artigas guardaba arresto en el cuartel durante
esta escandalosa sucesión de motines de la solda-
desca del difunto Francia, y organizado el nuevo
gobierno del dualismo consular, éste resolvió aliviar
al general en su prisión. El 27 de Agosto libraron
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 139
unas órdenes al comandante de Curuguaty y en esa
nota en su parte final hay un párrafo que dice así:
—«Se dirá á Artigas que si quiere volver á su patria
lo podrá verificar en los buques mercantes que vie-
nen de Corrientes á Pilar, y se nos avisará de su re-
solución en primera ocasión que se ofrezca».—(1).
Esta notificación que verbalmente le hizo el co-
mandante de Curuguaty á Artigas, el general la re-
cibió con los recelos que la época y las circunstan-
cias hacían sentir al preso, y desde luego manifes-
tó que deseaba continuar en la villa.
Trece días después, el 9 de Setiembre, en la nota
de órdenes que los cónsules libran á Gauto, el últi-
mo párrafo se refiere al general y dice:—«Dirá Vd.
á don José Artigas! que hemos tenido en considera-
ción su resolución de concluir el resto de sus días en
la villa en lugar de verificar el regreso que se le ha
propuesto á su país, con el objeto de facilitarle cuan-
do gustase verificarlo, y en consecuencia le atende-
rá Vd. en cuanto exijan sus circunstancias y llegado
el caso de su fallecimiento, se le harán los honores
fúnebres corrientes».
El 24 Gauto contesta á todos los puntos de la no-
ta de los cónsules, menos al que se refiere al gene-
ral, y entonces en la nota del 28 de Setiembre, de
las órdenes de los cónsules al comandante, hay en
la parte final estas lineas:—«Se ha reparado en el
(1) Artigas en Curuguaty no podía saber si le sería posible
cruzar la provincia de Corrientes sin peligro de su vida. Hacía
20 años que vivía aislado ignorando cual era la marcba de las
provincias.
140 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
oficio citado la falta de contestación al de sn refe-
rencia sobre el particular de Artigas, de modo que por
esta omisión misteriosa, no sabemos si se le ba puesto
presente lo prevenido á su favor en el oficio indicado».
«Los honores fúnebres prevenidos en aquel oficio
para el caso de fallecimiento de dicho individuo se
harán del modo y con la solemnidad que permita la
villa, convidándose de asistencia á los vecinos prin-
cipales, sin que esta explicación se vaya á publicar
ó vulgarizar antes de tiempo, siendo una adverten-
cia reservada por ahora al mismo comandante para
su gobierno á su tiempo. En lo tocante á la atención
que se le ha prevenido á favor del individuo expre-
sado nos avisará todo lo que le sea necesario, y por
su parte le dará buen tratamiento».
Doce días después, el 10 de Octubre, el coman-
dante Gauto libra oficio á los cónsules diciéndoles
que Artigas estaba en la mayor indigencia, que ca-
recía de ropas, etc. Con el mismo portador los cón-
sules, el día 14, le envían al preso un socorro de ro-
pas y 25 pesos. La nota que acompaña á esta limos-
na para el general Artigas, dice así:
«Con el portador del oficio fecha 10 del corriente,
que se contesta, no habiendo mejor oportunidad
por ahora, se remite un atado de artículos expresa-
dos en la adjunta minuta para un socorro de vestua-
rio á Artigas con el numerario de 25 pesos fuertes
acomodados dentro del mismo atado, y se le tendrá
presente una vez que se halla en la suma indigencia
de que se ha dado noticia en dicho oficio. Se hará el
acuse de recibo en primera ocasión sin necesidad de
un propio particular sobre ello.—Asunción, Octubre
14 de 1841—López, Alonzo».
ARTIGAS EN EL CAUTIVEROI 141
Mientras el general labró la tierra de su chacra,
los productos de la siembra le dieron el sobrante
con el cual conquistó su nombre de «Padre de los po-
bres de Curuguaty», pero ahora encerrado en el cuar-
tel de la villa necesita de la limosna de los cónsules
para su subsistencia.
Para la Junta cuartelera compuesta de los oficia-
les arcabuceadores de Fulgencio Yegros y demás
proceres y que heredaron el trono de la tiranía de
Francia, el general Artigas era «un bandido» que me-
recía la prisión en el cuartel de Curuguaty; y, para
los cónsules Alonzo y López, el general era un an-
ciano en la orilla del sepulcro y en la mayor indi-
gencia que merecía se le proyectaran honores fú-
nebres y se le enviara una limosna, así como tam-
bién, se le otorgara el permiso para regresar á su
patria.
A pesar de que López y Alonzo ordenan á Gauto
que para el caso de fallecimiento del general, se le
otorguen honores fúnebres, cuando aun no lo ha-
bían tratado personalmente, Artigas fallece nueve
años más tarde, cuando López hacía un lustro que
lo trataba á diario y conferenciaba con él, y cuando
la provincia del Paraguay se había entrelazado con
el Uruguay por la Convención del 11 de Noviembre
de 1845, en una reciprocidad internacional ofensi-
vo-defensiva; y sin embargo, el general fué inhuxna-
do por el propio gobernante López sin honores fú-
nebres y despreciativamente.
Había por ese entonces en la Asunción das formas
de inhumación. Los cadáveres cuyos deudos podían
abonar dos pesos de derecho de sepultura eran in-
humados en las fosas y nichos de la capilla de la Ee-
Iá2 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
coleta; y aquellos cuyos deudos carecían de los dos
pesos, eran sepultados en un terreno valdío que se
denominaba «Campo Santo de los Insolventes».—
Fallecido el general Artigas, su moreno Joaquín no
tenía como pagar los dos pesos de derecho de sepul-
tura y el gobernante López le otorgó al cadáver los
honores fúnebres de ser sepultado en la fosa ÍT.° 26
del «Campo Santo de los Insolventes!»
Lo propio parece que ocurre con el permiso otor-
gado al general para regresar á su patria. Aun cuan-
do esta investigación no la tenemos completada, sos-
pechamos también, que la realidad no concuerda
con las notas escritas. Deducimos desde ya que Alon-
zo y López variaron de criterio, respecto del regre-
so, cuando el gobierno uruguayo envió una Comi-
sión militar á buscar al general, y tenemos la per-
suasión de que Artigas ignoró que semejante Comi-
sión fuera á buscarlo.
No olvidemos que «El Paraguayo Independien-
te» hizo llegar hasta los ojos de los uruguayos de «La
Defensa de Montevideo», unas líneas necrológicas.
Quizá en la necrodulia de la hoja hebdomadaria, el
gobernante ha jugado con todo ardid su naipe obe-
deciendo el consejo de algún asesor!
Más tarde, después del reconocimiento definitivo
de la Independencia de la provincia del Paraguay,
el que se efectuó el 17 de Julio del 52, por el Agen-
te doctor Derquí, en cumplimiento de lo convenido
en las cláusulas del tratado de la liga del 51 realiza-
do por el Uruguay, Brasil y los unitarios argentinos;
el gobernante paraguayo mandó poner sobre la fosa
del general, una piedra con el nombre del inhumado y
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 143
•el año del fallecimiento.—Eecordémoslo también....
El auxilio y los honores fúnebres de Carlos Anto-
nio López para con el general Artigas, apartándo-
nos de lo que fluye de los documentos escritos pa-
ra examinar la realidad, fueron, sin duda la obra
de un estíptico.
EELACIONES INTEENACIONALES
DE CÁELOS A . LÓPEZ CON E L BEASIL
Y LOS PUEBLOS DEL PLATA
II
Conviene á nuestro entender que recordemos cuá-
les fueron las relaciones exteriores que mantuvo Carlos
Antonio López con el Imperio del Brasil, el Uruguay,
Eosasylas provincias de Corrientes y Entre Eios (1).
(1) El ilustrado escritor doctor Baez, al escribir la historia
de la actuación pública de López, entre otras fuentes de in-
formación ha consultado:
Archivo diplomático y consular del Paraguay.
Colección de «El Paraguayo Independiente».
Memorias de José Antonio Pimenta Bueno, publicadas en
la Revista Brazileira en Eío Janeiro en 1895.
Memorias del general Paz.
Colección de tratados celebrados por el Brasil con diferentes
naciones, publicada por Pereira Pinto en 1865.
Relatorio Brazileiro del Ministerio de Negocios Extranje-
ros, en 1851.
En este capítulo es al doctor Baez á quien mayormente
tendremos presente, aun cuando no compartimos algunas de
sus afirmaciones»
146 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
Esa actuación acusa, en la opinión ilustrada de
un escritor paraguayo, grandes errores, pero siendo
parte de la historia uruguaya convida á que se la
estudie y considere con alguna atención.
La actuación pública de López corre paralela á
la última década de la vida del general Artigas, y es
de nuestro deber consultarla.
Nuestro general fué un prisionero de Erancia y
de López I, y es menester que sepamos la conducta
de los Supremos y que calculemos los sufrimientos
morales del mártir.
Los archivos paraguayos en parte desaparecidos
por el euro destructor del 70, aparte la dificultad y
de llegar hasta ellos, no nos han de permitir mayo-
res luces, pero, llegaremos hasta donde nos sea
posible alcanzar.
Por la senda de nuestros esfuerzos nos ha faltado
el tiempo para consultar con mayor amplitud los
archivos y solo hemos podido llegar á un pedazo de
la historia y á las puertas de algunos ancianos, pa-
ra pedirles que nos hablen de los últimos latidos de
aquel gran corazón que tanto amó y sufrió por la
patria.
Los dictadores paraguayos pagaron al general
con tres décadas de una prisión y matirio, sin un de-
recho ni una causa que los justifique, sus luchas en
favor de los «Pueblos Libres».—T á los escritores
contemporáneos de ese país, guardando admirable
armonía, no arranca el paladín de los dogmas de
la democracia republicana, la palabra de gratitud
debida á sus sacrificios en favor de la independencia
de la patria de ellos, ni la de protesta por su marti-
rio desde Itapúa á Ivyráy.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 147
Nacidos los unos para amar la tiranía sólo lian
puesto sus inteligencias al servicio de la justifica-
ción de ella. Los otros haciendo del antilopizmo un
arma política en favor de sus divisas llegan hasta
señalar errores donde solo hay aciertos.
Joaquín Manuel Eodríguez el amigo del prisionero
de Manorá, falleció poco antes de que pudiéramos
hablar con él.
Alejandro García el digno magistrado de Ivyráy,
que fué el amigo más sincero y distinguido del ge-
neral, rebelde al despotismo, muere encarcelado por
la tiranía.
Benigno López, el hijo menor de Carlos Antonio,
ese noble joven que tantas veces sintió latir el cora-
zón de Artigas debajo del «Manduvi guazú», por
sus sentimientos liberales, es inmolado por su propio
hermano el déspota sanguinario Francisco Solano
López!
El profesor Bompland es enviado por el Institu-
to de ciencias naturales de la Francia, al Bío de la
Plata, para realizar estudios científicos. Contrae
amistad y cariño con el general y le acompaña has-
ta Itapúa, donde los soldados de caballería del tira-
no le lesionan la cabeza de un hachazo y el Supre-
mo lo confina á Santa María por él delito de ser com-
pañero de Artigas. El profesor Grandsire es enviado
por el referido Instituto á buscar al profesor Bom-
pland y el tirano se niega á entregarlo. Ambos de-
ben haber evacuado sus informes de delegados dan-
do cuenta de sus respectivas misiones, pero hasta el
presente, los que han podido hacerlo, no han com-
pulsado esos documentos.
148 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
En 1845 y 46 los señores Juan Andrés Gelly, Fran-
cisco Hordeñana y José M. Vidal, fueron á la Asun-
ción como agentes confidenciales del Uruguay, pero
ninguno de ellos, teniendo mayores motivos, se dig-
nó imitar la conducta del señor teniente general
Beaurepaire. (1)
Es así como todo se confabula para rodear de mis-
terio y silencio el cautiverio desde Itapúa basta el
lance 26 del «Campo Santo de los Insolventes» de la
Asunción del Paraguay!
Es entonces á los uruguayos á quienes toca arran-
car al general Artigas de en medio del silencio, de
las calumnias de los unos, de las ingratitudes de los
otros y de los olvidos de los demás, para colocarlo
sobre el bello pedestal impareial de la justicia y de
la admiración de los pueblos de América. Es á nues-
tros privilegiados del talento que les corresponde
hacer hablar al silencio y brotar luz á la oscuridad!
El dictador del Paraguay López I heredó de su
colega y antecesor Francia mantener la provincia
rebelde de su comando alejada de las luchas en co-
mún, conducta que observó el primer lustro de sus
funciones. Pero á partir de 1845 abre las puertas del
Paraguay á los agentes confidenciales de Corrien-
tes, Entre Bíos, el Uruguay y el Brasil, y forma en
las filas de los pueblos que luchaban por su inde-
pendencia y en contra del tirano argentino.
Manda construir el rancho de dos aguas que fué
el último domicilio involuntario del general; ya
tendremos ocasión más adelante de comprender los
(1) El -46 Beaurepaire visitó en su rancho á Artiga».
oíasrAiinvo na: N H S V O I I H V 149
beneficios que reportó á Artigas el tratado del 11 de
Noviembre del 45, así como también, que por ese
tratado Francisco Acuña de Figueroa tuvo la opor-
tunidad de agradecer á López I con el Himno Na-
cional del Paraguay, babor endulzado el último lus-
tro de vida de «aquél que yace en tierra extraña y
en dolor sumido».
El 6 de Setiembre de 1841 los cónsules López y
Alonso suscriben un tratado de amistad, comercio
y navegación con el general Ferré gobernador de
Corrientes, y otro de límites entre las mismas partes.
En Diciembre del 42 comunican á Eosas la volun-
tad del pueblo de ser libre é independiente y le pi-
den su reconocimiento, el que le fue negado por nota
del 26 de Abril del 43 y ratificada esa negativa por
otra del 27 de Marzo del 44.
El doctor José Antonio Pimenta Bueno el 14 de
Setiembre del 44, firma en la Asunción, en el carác-
ter de agente diplomático del Imperio del Brasil,
el reconocimiento de la independencia del Paraguay.
El general Guido, plenipotenciario de la Argentina
en Bío Janeiro, presentó á la Cancillería en 21 de
Febrero del 45 una nota protesta. El Ministro de
negocios extranjeros Antonio Paulino Limpio de
Abreu contestó á esa nota el 23 de Julio del mismo
año naciendo la defensa de la independencia para-
guaya y reconociendo la personalidad autónoma de
cada una de las provincias que formaron los virrey-
natos y las capitanías.
150 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Veinte y dos días después que el doctor Pimenta
Bueno firmó el reconocimiento de la independencia,
suscribe con López un tratado de alianza en 7 de
Octubre por el cual el Emperador del Brasil se com-
prometía á interponer «sus efectivos y buenos ofi-
cios» para que las demás potencias reconocieran tam-
bién la independencia del Paraguay y para que en
el caso de que ésta estuviera amenazada de un ata-
que, prestarle todos los esfuerzos, no sólo para pre-
venir las hostilidades, si que también, para que ob-
tenga justa y completa satisfacción. Y finalmente,
para proteger ambas la libre navegación de los ríos
Paraná y Paraguay.
El señor Pimenta Bueno aconsejó á López un cri-
terio internacional, y á que éste publicara «El Para-
guayo Independiente» que fué el primer periódico
que se editó en el Paraguay y que apareció en Abril
del 45. Al mismo tiempo el Brasil envió á López ar-
mas, municiones y oficiales instructores para el
ejército y para levantar fortificaciones en Humaitá.
Bosas da un decreto prohibiendo la navegación y
comercio con el Paraguay y al mismo tiempo Oribe
lo prohibe también por el Salto, que lo hacía á tra-
vés de las Misiones.
El gobierno uruguayo envía á Juan Andrés Gelly,
Corrientes y Entre Bíos al doctor Santiago Derqui,
y se celebra en la Asunción con López la conven-
ción del 11 de Noviembre del 45, en la cual la cláu-
sula de que Corrientes y Entre Bíos se declararían
independientes y constituirían un Estado autónomo
fué aconsejada á López por Pimenta Bueno, y á es-
te respecto dice el doctor Baez, «que ese proyecto
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 151
fué elaborado en Eío Janeiro en 1810 y más tarda
sostenido por Artigas».
En virtud de este tratado López dio su manifies-
to de guerra contra Eosas fundándose en que éste
y Oribe prohibieron el comercio y la libre navega-
ción de los ríos y en que no querían reconocer la in-
dependencia del Paraguay.
En Víspera de la realización de este tratado López
mandó construir un rancho de dos aguas en Ivyray
dando orden para que fuera conducido y alojado en
él, el general Artigas, que se encontraba preso á dos
leguas de ese paraje en Manorá, y desde entonces se
ve á López de continuo conferenciar con Artigas en
el corredor de la casa de su chacra.
En cumplimiento de este tratado López envía á
una parte de sus tropas á las órdenes de su hijo ma-
yor Francisco Solano López quién tenía entonces
19 años y las mandaba con el grado de general. Pú-
sose éste general con su ejército á las órdenes del ge-
neral Paz, y el 4 de Febrero del 46, Urquiza, oficial
que mandaba las tropas de Eosas, venció á esos ejér-
citos aliados. Disgustado López y quejoso de la con-
ducta de Corrientes y Entre Eíos manda retirar á
su ejército y da por caducado el tratado del 11 de
Noviembre.
Envía López á dos personas de su confianza: los
•señores Bernardo Jovellanos y Atanasio González
en carácter de agentes confidenciales para ante el
gobierno uruguayo.
Dice el doctor Baez á este respecto:
«Mas luego que vino el gobierno de Carlos Antonio
López, en 1841, solicitaron á éste todos los enemigos
152 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
¿le Eosas: el Brasil por un lado y por el otro los colo-
rados orientales y los unitarios argentinos».
«Para halagarle, el Imperio mandó como Minis-
tro á la Asunción al señor Pimenta Bueno, quien re-
conoció la independencia del Paraguay y celebró con
él un tratado de pura forma: en tanto que los otroa
le zahumaban con el incienso de la adulación en los
periódicos cuyos escritores eran Florencio Várela,
Eivera Indarte, Melchor Pacheco y Obes, el mis-
mo general Paz, y otros».
«La Alianza de López con Corrientes fué proyec-
to elaborado en Montevideo de acuerdo con el Bra-
sil. Don Juan Andrés Gelly que era unitario vino
expresamente de allí á la Asunción según se lee en
las memorias del general Paz,—para inducir á Ló-
pez á nombrar á éste, general en jefe de los ejércitos
aliados y director de la guerra contra Eosas».
«Cuando López comunicó á Montevideo su decla-
ración de guerra al dictador argentino, el presiden-
te Don Joaquín Suárez contestó diciendo que aplau-
día la actitud del Paraguay y hacía votos por el éxi-
to de la santa obra (2 de Mayo del 46); pero á la vez
mandaba á la Asunción al señor Francisco Horde-
ñana como agente confidencial y don Carlos á su tur-
no acreditaba ante don Joaquín en el mismo carác-
ter, á los señores Bernardo Jovellanos y Atanasio
González, cuya misión consistió en ir á verle, oír y
volver».
«Después de Hordeñana vino José María Vidal el
mismo año con el fin de concertar una alianza con
el Paraguay. Una de las cláusulas de sus instruccio-
nes secretas decía así:».-^
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 153
«4. —Como á todos nos importa alentar la sepa-
a
ración de Comentes y Entre Eíos para que estas pro-
vincias formen un Estado intermedio, es preciso son-
dear con cautela lo que se piense en ese sentido, por-
que, realizado será fácil promover por tratados de
alianza una liga ofensiva y defensiva, con el Brasil,
Paraguay, Bolívia y Eepública Oriental del Uru-
guay, lo que servirá para robustecer esos Estados y
prevenir asechanzas en el porvenir contribuyendo
eso mismo para arreglar los tratados de límites».
Tenemos, pues, que hasta el presente el Brasil, el
gobierno uruguayo, Corrientes, Entre Eíos y Para-
guay, siguen desde el 41 una conducta internacio-
nal aislada primeramente, y después en común, fren-
te á Eosas y á la parte del pueblo uruguayo que obe-
dece al general Oribe.
Pero á partir de ahora las cosas toman otro rum-
bo y vernos al Brasil que á pesar de haberse suscri-
to el tratado López-Pimenta Bueno, el 7 de Octu-
bre del 44, por el cual las altas partes contratantes
se comprometían á nombrar comisarios que exami-
nen y reconozcan los linderos indicados por el tra-
tado de San Ildefonso de 1.° de Octubre de 1777, se
niega á principios del 47 á aceptar el proyecto que pa-
ra el arreglo de límites le presentó Gelly, el agente
confidencial de López en Eío, guardándolo el can-
ciller brasileño sin pronunciarse nunca sobre él.
Había, pues, López, roto el tratado del 45, celebra-
do con Entre Eíos y Corrientes de acuerdo con el
Uruguay y el Brasil: Urquiza, vencedor en Vences,
sometía á esas provincias rebeldes á la autoridad
de Eosas; hacía causa con éste, Oribe, que dominaba
154 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
una parte importante del Uruguay; el general
Paz, derrotado y retirado del ejército de Corrientes
por ese entonces, fué al Paraguay radicándose en la
calle Sacramento, sección de Ivyray, en la que resi-
día Artigas. Pimenta Bueno que estaba al lado de
López ilustró al Imperio acerca del proceder que de-
bía seguir con el gobierno uruguayo, y éste, en vir-
tud de ello nombra nuevos agentes para celebrar
nueva alianza con López, Corrientes y Entre Ríos
sobre nuevas bases y aumentada la liga con Bolivia,
la que no fué celebrada.
Poco después el coronel Bernardino Baez, para-
guayo que residía en Bío, solicita por intermedio del
agente confidencial Juan Andrés Gelly un pasapor-
te para regresar al Paraguay; el ministro argentino
general Guido se opuso diciendo que Baez era ar-
gentino en razón de que el Paraguay era una pro-
vincia argentina y el canciller del Imperio aun cuan-
do Pimenta Bueno había firmado el 14 de Setiembre-
del 45 el reconocimiento de la independencia del
Paraguay, negó el pasaporte en carácter de ciudada-
no paraguayo, otorgándolo como tal ciudadano ar-
gentino.
Aquí observamos que el Imperio adopta una do-
ble y contraria conducta internacional para con Ro-
sas y los Estados que luchan contra el tirano argen-
tino.
Desairado de esta manera Gelly, se retiró de la
Corte de Río.
La negativa del Brasil á celebrar con el Paraguay
el tratado de límites y lo ocurrido con el coronel
Baez dieron motivo para que López enviara á Rosas,
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 155
«116 de Octubre del 49, una nota proponiéndole una
alianza con él y Oribe! la que no fué aceptada por
el tirano argentino. Dicha nota en ol artículo 5.° di-
ce así:—«Pactar un tratado de alianza defensiva pa-
ra ayudarse recíprocamente contra cualquier enemi-
go que atacase á uno ú otro país».
Por esta nota se ve la falta de seriedad y sinceri-
dad con que López procedió en sus alianzas y
amistades con el Uruguay, Comentes y Entre Eícs
y que la celebración de sus tratados desdo el 41 no
respondían á una política internacional única y cons-
ciente, sino á merced de los vaivenes de la Corte de
Eío, desde luego que, sus disgustos con ésta, daban
motivo á sus represalias contra el gobierno uruguayo,
Corrientes y Entre Eíos. Mas aún se dibujan las in-
consecuencias y desconfianzas con que López pro-
cedía en sus relaciones internacionales si leemos en
«El Paraguayo Independiente» tres años después de
su nota á Eosas, el 52, cuando dice que fué por la ac-
titud de él que Eosas no subyugó á Montevideo y
á Corrientes.
Nada importaba, pues, á López, la causa de Ori-
be ni la do Suárez, así como tampoco proseguir en
el proceso para encontrar el equilibrio y armonía
entre los Estados del Virreynato y el Brasil.
López sólo buscaba por cualquier medio llegar á
obtener el reconocimiento definitivo de la indepen-
dencia del Paraguay para así continuar en el ejerci-
cio de sus funciones á perpetuidad, y á esto objeto
transitó por todos los caminos hasta que llegó á la
obtención del reconocimiento.
Y es éste que así procedía con tan variable crite-
156 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
rio para con Eosas y Oribe y para con los pueblos
que luchaban contra ellos, en 1849, el que mandó al
presidente general Eivera, la nota del 10 de Diciem-
bre del 41, en la cual dice que había hecho lo posi-
ble para que don José Artigas regresara á su patria
pero que don José Artigas no quería regresar.
Volviendo después de este aparte á las relaciones
exteriores de López, diremos que éste envía fuerzas
militares al otro lado del Paraná para ocupar una
parte del territorio comprendida entre ese río y el
Uruguay, y que el Brasil toma al mismo tiempo po-
sesión de la isla paraguaya de Pan de Azúcar y la
fortifica adueñándose de ella. Eosas hizo enton-
ces avanzar sus tropas hasta Corrientes.
El Uruguay continuaba su encarnizada guerra,
denominada por nuestros padres la «Guerra Grande».
Negocia Ecsas la paz con Francia ó Inglaterra y
declara rotas las relaciones con el Imperio del Bra-
sil retirando á su ministro el general Guido en 1850.
López envía á su ejercito á recuperar la isla Pan
de Azúcar y otros sitios de que se había apoderado
el Brasil y los recupera.
En ese mismo año se prepara la liga del Brasil,
el gobierno uruguayo, y las provincias de Corrien-
tes y Entre Eíos contra Eosas y Oribe. El 25 de Di-
ciembre López y el Brasil suscriben un tratado por
el cual el Brasil se compromete á continuar sus bue-
nos oficios para el reconocimiento de la independen-
cia paraguaya por parte de las naciones que no lo
habían hecho hasta entonces; para prestarse ayuda
recíproca en caso de ser atacados por la Confedera-
ción Argentina, ó por su aliado en el Estado Orien-
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 157
tal, y para sostener la independencia del Estado
Oriental.
El Dr. Nicanor Molinas qne fué comisionado por
las provincias de Corrientes y Entre Eíos para cele-
brar con López otra alianza ofensivo-defensiva con-
tra Eosas y su aliado Oribe, recordando la que ha-
bían realizado el 11 de Noviembro del 45, fué desai-
rado por el dictador paraguayo en nota de Junio 4
del 51, por desconfianza de que Urquiza abrigara la
intención de someter el Paraguay á la autoridad de
la Confederación.
Afirma Baez:—«López, por desconfianza, no po-
día consentir que Urquiza mandase las fuerzas de
los tres Estados aliados, y continuaba abrigando la
convicción de que el verdadero intento de Urquiza
era atacar al Paraguay....»
El Uruguay firma con el Brasil otro tratado el 12
de Octubre de 1851, siguen su curso las operaciones
militares de los ejércitos aliados, y ol 14 de Octubre,
recién López cesa en sus desconfianzas según se com-
prueba plenamente por su nota aceptando volun-
tariamente formar parte de la liga del 29 de Mayo
del 51, realizada en Montevideo, y es cuando en
nuestra opinión al general Artigas recién le hubiera
podido ser otorgado el permiso de regresar á la pa-
tria, peto ya hacía trece meses que había fallecido.
Artigas fallece en Ivyray observando á Corrientes,
Entre Eíos y Paraguay, unidos al Uruguay contra
Buenos Aires, y, al Brasil coadyuvando á la obra;
y aún cuando faltaron Córdoba y Santa Fé, fué ese
el mejor castigo de la historia para quienes no le
comprendieron!
158 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Cesa en el Uruguay la «Guerra Grande». Urquiza,
vencedor en Caseros acredita en el Paraguay al doc-
tor Santiago Derqui, quién suscribe el reconocimien-
to de la independencia de esa repúbbca el 17 de Ju-
bo del 52.
Las ambiciones quedan satisfechas con exceso en
López, pues continúa diez años más en sus funcio-
nes y á su muerte deja por testamento ológrafo he-
redero de esa autoridad absoluta á su hijo Francis-
co Solano quién 27 meses después, (1) fué el causan-
te de que se fusilara colectivamente á un pueblo her-
mano y heroico, desatando una guerra que no ter-
minó sino con el esterminio de los paraguayos y el
•desmembramiento de su hermosa patria.
Examinadas estas relaciones exteriores desde el
Paraguay que es de donde seguía el curso de ellas el
general Artigas, se ve claramente que todo era te-
mores recíprocos, incertidumbres y desconfianzas
y que hasta el 51 no hubo un rumbo internacional
fijo y único en los pueblos del extinguido virrey-
nato.
El Imperio temía á la unidad de las provincias ó
instituyéndose en tutor ó defensor de las que eran
contrarias á la autoridad de Buenos Aires, aporta-
ba el concurso de la inteligencia y el ardid de sus há-
biles políticos dirigentes al servicio de la causa de
(I) 12 de Noviembre de 1864.
A R T I G A S E N E L C A U T I V E R I O 159
la desunión y en su empeño de debilitar á las pro-
vincias puso en juego todos los medios de que podía
disponer para dividirlas.
La famüia uruguaya tenía en sus dos grandes cau-
dillos el germen de la división; acomodaba á Rosas
ayudar á un bando y esto faciütaba al Brasil alcan-
zar á su favor la autoridad del gobierno de la repú-
blica.
Rosas lucbaba contra viento y marea por conse-
guir la unidad incondicional del virreynato someti-
do á la autoridad de Buenos Aires. (1).
López, influenciado y ayudado hábilmente por el
Imperio, trataba por todos los medios de conseguir
el reconocimiento de la independencia de la provin-
cia de su comando para su perpetuidad en el poder,
y á este fin, lo hemos visto primero con los pueblos
que luchan contra Buenos Aires, después, preten-
diendo unirse á Rosas y á su aliado en el Uruguay
como resulta inconcusamente de su nota al dicta-
dor argentino en 16 de Octubre del 49, y por último,
todos como uno solo contra Buenos Aires, pasando
Corrientes y Entre Ríos por obra de sus dos últimos
caudillos, Urquiza y Derqui, á la esclavitud defini-
tiva.
De no haberse practicado la unidad federativa,
de todos les Estados del Virreynato, la existen-
cia de la república de Corrientes y Entre Ríos na-
cida de la larga lucha desde Artigas hasta Der-
qui, hubiera sido aceptada con más razón por quie-
nes realizaron el tratado del 51, que el recono-
(1) La antigua tradición porten a y antiartiguista.
160 ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO
cimiento del Paraguay. Ese Estado intermedio hu-
biera hecho más posible la armonía y la igualdad de
los Estados del Virreynato y franqueándose entre
si las puertas de una amistad colectiva y defensiva,
de recíproca asistencia, hubiera servido mejor al
equilibrio con el coloso que se yergue al norte de
nuestro suelo.
De acuerdo con las relaciones exteriores de López
que hemos examinado, trataremos separadamente
la visita de la Comisión Militar Uruguaya que fué
el 41 á buscar á Artigas; la invitación del general
Paz, así como también, la visita del unigénito de
nuestro general.
Conviene aquí recordar que según el ilustrado ciu-
dadano paraguayo don Fulgencio E. Moreno, Ar-
tigas envió una nota al gobernante López ofrecien-
do su espada, envainada en Itapúa, al servicio de los
ejércitos contra Eosas, y que López dio un decreto
de gratitud al general no aceptando sus ofreci-
mientos.
Este hecho, nuevo en la historia, nos limitamos
simplemente á mencionarlo y no lo examinamos en
su grande importancia, porque el maestro Dr. Zo-
rrilla de San Martín, va á hacerlo en la segunda edi-
ción de «La Epopeya de Artigas».
LA COMISIÓN MILITAE UBUGUAYA
III
Desde 1841 al 44 eran cónsules del Paraguay don
Carlos Antonio López y el alférez Mariano Boque
Alonsos López en las deliberaciones dominaba á
Alonso que era un ignorante soldado de Francia, á
extremo que, el 44, López hizo que un Congreso
creara para él la magistratura unipersonal con el tí-
tulo de Presidente de la Bepública, desde cuyo pues-
to gobernó la provincia rebelde reasumiendo en sí
todos los poderes necesarios para las funciones de
segundo Supremo del pueblo basta el día de su muer-
te, el 10 de Setiembre de 1862. De esta manera Ló-
pez copió el proceder de Francia para con el ilustre
procer general Fulgencio Yegros.
Artigas estaba preso en el cuartel de San Isidro el
Labrador, departamento de Curuguaty. López y
Alonso sabían perfectamente que Oribe y Bosas ha-
bían vencido á los generales Lavalle y Paz en Jejuí,
y al gobernador de Corrientes don Genaro Berón de
Astrada, abado del presidente uruguayo general Bi-
vera, y que la Francia babía capitulado levantan-
do el bloqueo de Buenos Aires en Octubre de 1840.
Los acontecimientos en los pueblos del Bío de la
Plata ponían en peligro la independencia del Uru-
6
162 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
guay y dificultaban el reconocimiento de la del Pa-
raguay que era una aspiración capital de sus cónsu-
les y á lo que mayormente dedicaron sus esfuerzos-
y atenciones, aunque siempre dentro de la escuela
de la desconfianza que habían heredado del Supremo
Francia.
El presidente uruguayo general Eivera mandó
por entonces, el 41, una comisión militar al Para-
guay para que López y Alonso consintieran que el
general Artigas regresara á su patria. López y Alon-
so no consintieron á la comisión que entrara á su
país, ni que hablara con Artigas; y, á las notas del
gobierno uruguayo para ellos y para Artigas, las con-
testan el 10 de Diciembre del 41, diciendo que habían
hecho lo posible para que el general fuera á su pa-
tria, pero que éste no deseaba regresar.
Si conocemos todos estos hechos y los que les pre-
cedieron; si sabemos lo extraviado que estuvo Ló-
pez en sus cuestiones internacionales y sus descon-
fianzas, ilustradamente descritas por Baez, fácil es
comprender que á los cónsules debe haberles sor-
prendido y llamado la atención la presencia de la
comisión militar uruguaya y despertarles algún re-
celo respecto del pedido de regreso de un hombre
de tan alto prestigio como el general Artigas y en
momentos tan difíciles para la independencia de la
provincia rebelde del Paraguay. (1).
Artigas había sido despreciado, desoído y encar-
celado por Francia. La Junta cuartelera heredera
(1) Esta fué también una de las causas por las que López,
no aceptó los servicios de Artigas, limitándose á agradecerloa.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 163
•del trono de la tiranía le había despojado de su
chacra de Ouruguaty apresándole y conduciéndole
á la villa de San Isidro el Labrador y entregándolo
á la custodia del sargento Fernández. Conocía ha-
<¡ía 20 años al Paraguay, su lengua aborigen y sus
fuerzas, y estaba habilitado también para conocer
á sus gobernantes. Desde luego, al frente del ejérci-
to uruguayo podía, en el concepto de los cónsules,
convertirse en abado de Corrientes y Entre Eíos ó
de Eosas y Oribe, haciéndose un enemigo más temi-
ble que los vencidos en Paraguarí y Tacuarí. (1).
Ninguno de los ancianos con quienes hemos ha-
blado al respecto han podido recordar que Artigas
haya manifestado alguna vez que esa comisión uru-
guaya fuera á buscarlo. Cada vez que se le pregun-
taba al general si sentía deseos de regresar á su pa-
tria, contestaba invariablemente que no deseaba
regresar, porque no podía ignorar que si se le tenía
despreciado y retenido de semejante manera por los
Supremos paraguayos, la sola manifestación de de-
seos de regresar á la patria, denunciaría la volun-
tad y posibilidad de realizarlo y pondría en peligro
su vida.
¿Porqué los cónsules Alonso y López si tenían
tan buena voluntad para que Artigas regresara á su
patria, no permitieron á la Comisión que hablara con
el general?—¿Cómo expbcarnos que á esa Comisión
que le llevaba el testimonio de tanto respeto y ad-
miración, Artigas no le haya contestado por escri-
(1) Recuérdese la desconfianza de López para con Urquiza
*«1 51.—IV, parte, II. (nota de López, Junio 4 del 51).
164 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
to á la nota de que era portadora?—¿Y cómo creer
que el general que había sido despojado de su cha-
cra de Curuguaty, que estaba preso en el cuartel de
San Isidro, que sólo había tenido un caballo, una
brida y un par de estribos, que indistintamente usa-
ban él y su moreno Joaquín, pudiera mandar de re-
galo á la Comisión un pretal y un par de estribos!
Mejor que haya sido así; pues, fué por ello que Ar-
tigas murió sin divisa en el rancho de Ivyray y pue-
de tener un altar en cada corazón uruguayo!
EL EANCHO DE MANOEÁ > (1
IV
Después del regreso de la Comisión Militar Uru-
guaya, los cónsules López y Alonzo, ordenaron la
conducción de Artigas desde el cuartel de San Isidro
á la Asunción y una vez el general allí, fué alojado
en el cuartel de la escolta y de aquí llevado á la cha-
cra de Pedro Guillermo Pérez en Manorá, para en
esta forma atenderle en su indigencia.
En Manorá en la parte que se denomina «Salida
de Manorá al Campo Grande», se encuentra una cha-
cra de unas treinta cuadras cuadradas y dentro de
ella un rancho en el que los ancianos que viven por
allí afirman que el general Artigas vivió después de
la muerte de Francia, es decir, después de 1841 á
1845. Dista este sitio unas tres leguas de la capital y
dos de Ivyray. Es hoy propietario de esa chacra y
vive en ella un anciano llamado Antonio D'Esme-
ry de quién hemos tomado la exposición siguiente
y que, palabras más ó menos, nos han confirmado
dos ancianas de ese lugar.
Nos dijo el anciano D'Esmery:—«Tengo 73 años
y desde 1841 vivo por Manorá. Pedro Guillermo Pé-
rez era propietario de esta chacra y amanuense de
Carlos Antonio López. Poco después de fallecer Fran-
cia, fué reducido á prisión Artigas y más tarde lo
trajeron á la Asunción y López le pidió á Pérez que
(1) Manorá,—sitio para cadáveres,—en castellano.
166 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
le diera en ésta su casa una habitación y lo que ne-
cesitara para su subsistencia. En ella vivió Artigas
hasta el 45 en que lo llevaron á Ivyray al rancho de
dos aguas que López mandó construir para el general
y en donde falleció después. Nunca oí decir que el
general hubiese recordado que algún presidente de
la Banda Oriental le haya mandado buscar. Lin-
dando con esta propiedad está la casa y chacra que
fué de Manuel Joaquín Rodríguez que era en aque-
lla época una especie de Alcalde de Postas de estos
sitios, quien ha fallecido hace poco á la edad de no-
venta y dos años. Este era el compañero de Artigas
y quien le afeitaba durante el tiempo que el general
vivió en esta casa. Aun vive en esa misma chacra
una hija de aquél que ha de tener unos 75 años de
edad.
Rodríguez solía decirnos que siempre le llamó la
atención lo invariable que era el general en sus cos-
tumbres diarias, y lo que más recordaba de él era
que después de almorzar se iba todos los días á ses-
tear debajo de un «tarumá» que aun existe á unas
cinco cuadras de acá, dentro de la misma chacra.
Decía el general á Rodríguez, que sestear debajo de
un árbol es más agradable que hacerlo en una habi-
tación. Vivía en la pieza del fondo en compañía de
su moreno sirviente Joaquín, que trajo de Ouru-
guaty.
Tanto el rancho como la pieza que habitó el ge-
neral se conservan tal cual eran en la época á excep-
ción de una división de madera que mandé hacer en
la pieza de Artigas. «Creo, agregó, que aun hay al-
gunos ancianos que, cuando jóvenes, han conocido
á Artigas en esta casa».
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 167
Al general, le agradaba mncbo recorrer las cha-
cras. Era, además, muy partidario de la agricultura.
Habiendo López por aquél entonces dado orden pa-
ra que cada persona con arreglo al número de miem-
bros de familia sembraran naranjos y demás produc-
tos, Artigas de continuo decía que era una orden
muy buena y siempre aconsejaba á los vecinos que
sembraran. Eodríguez era el encargado de vigilar
y á los que no cumplían la orden denunciarlos á Ló-
pez para ser castigados; y fué por eso que hasta su
fallecimiento se le odió siempre por estos sitios. Le
oí decir á Eodríguez que habiendo ido á visitar al
general á Ivyray, éste le manifestó que López le
mandaba llamar á su casa de continuo y que le tra-
taba con cariño. «Siempre me pide que le hable de
los hechos en que tomé parte, decía Artigas».
Con referencia á su prisión en Curuguaty, Eodrí-
guez recordaba la narración del general más ó me-
nos así: «Me llevaron de mi casa junto con Joaquín
al cuartel de la villa y nos tuvieron allí presos. To-
dos los habitantes se fueron amontonando al rede-
dor del cuartel por la noticia de la muerte del Supre-
mo dictador. Más tarde un oficial con dos soldados
nos trajeron á la Asunción en la casa cuartel de la
Escolta». De allí fueron acompañados el general y
Joaquín hasta esta casa por Pérez y dos sol-
dados.
Manifestaba Artigas que cuando lo prendieron
en Curuguaty supuso que Francia había muerto y
que estando preso en la villa se convenció porque
así lo decían los habitantes que en derredor del cuar-
168 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
tel se hallaban. (1) Igualmente decía el general que
en Curuguaty á media legua de la villa tenía una
chacra que él y Joaquín sembraban. Acordándose
de su chacra solía decirle á Eodríguez, que si fuera
más joven le gustaría hacer un paseo hasta ella».
(1) Dice el anciano sacerdote Maiz, que recuerda que á l a
muerte de Francia, los habitantes lloraban y decían: «omanó
la caraü, en castellano «ya murió el Señor».
Igualmente dice que habiéndose puesto él á reír de conten-
to por la muerte del tirano, recibió una buena dosis de
tmborebü), (chicotazos).
El sacerdote Maiz, es uno de los ciudadanos paraguayos de
talento privilegiado. A pesar de su avanzada edad, es de una
naturaleza excepcional, y tiene todas las actividades de un
joven.
AETIGAS Y PAZ
Carlos Antonio López celebró con el gobernador
de Corrientes don Joaquín Madariaga un tratado de
alianza en 11 de Noviembre de 1845 de acuerdo con
el Uruguay y Brasil, para hacer, en unión, la guerra
á Eosas y á su aliado en la Bepública O. del Uru-
guay, general Oribe; y por ese tratado se confirió
al general José M. Paz el mando de todas las fuerzas
terrestres y fluviales de ambas provincias. Las tro-
pas paraguayas iban al mando de Francisco Solano
López, el hijo mayor de Carlos Antonio, quien las
mandaba, de 19 años de edad, con el grado de ge-
neral. Ambos ejércitos aliados fueron derrotados por
Urquiza que mandaba los soldados de Eosas, en 4
de Febrero del 46.
Juan Andrés Gelly, que en 11 de Noviembre del
45 fué el agente confidencial de don Joaquín Suá-
rez, es el 47 nombrado por López en el mismo ca-
rácter para ante el gobierno del Imperio del Bra-
sil para gestionar de este país su protección por te-
mor á Eosas, y el arreglo de limites entre ambos Es-
tados.
El general Paz se retira de la lucha abandonando
la provincia alzada de Corrientes, la que fué sometí-
170 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
da por TJrqniza en la batalla de Vences. Fué enton-
ces, en 1847, al Paraguay el general Paz, y según
manifestación de él le propuso á Artigas le acompa-
ñara á ir á Corrientes para formar tropas y hacer la
guerra al tirano argentino, sin duda contando con
López que coadyuvaría.
En sus narraciones el general Paz bace mención
de que babló una sola vez con Artigas y que el si-
tio de la entrevista fué á orillas del río Paraguay, es-
tando Artigas pescando. Pero conociendo la sección
Ivyray y el sitio donde podía pescarse; si sabemos
que el general Artigas se encontraba de continuo
con Paz; si observamos el silencio que guarda éste
respecto de las razones de Artigas para no aceptar
la invitación y de las conversaciones que ambos ge-
nerales tuvieron durante todo el tiempo que Paz re-
sidió en esa sección, poco crédito podemos dar á esas
narraciones así como también á sus memorias es-
critas.
Cuando Paz bizo la invitación á Artigas fué á raíz
de López haber dado por caducado el tratado del 11
de Noviembre del 45, disgustado como lo afirma Ga-
ray de la conducta de Corrientes, y cuando el Bra-
sil se negaba á pronunciarse respecto del proyecto
que sobre ümites presentó á la cancillería de Bío su
agente confidencial Juan Andrés Gelly. Vivía, pues,
el dictador los días de sus mayores incertidumbres
y desconfianzas y era por lo tanto inoportuno pen-
sar en volver sobre Urquiza, quien contaba por otra
parte con la nueva ventaja de haber sometido á Co-
rrientes.
El general Paz se veía todos los días con Artigas
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 171
en el Juzgado de Alejandro García, calle Sacramento
y en la capilla del cementerio de la Eeeoleta en loa
días de oir misa. Afirma José Segundo Decoud, her-
mano político de Benigno López, el hijo menor de
don Carlos Antonio López, que Paz en el propio do-
micilio de Artigas tuvo con éste dos conferencias. Pa-
ra mejor explicación de nuestras afirmaciones va-
mos á demostrarlo haciendo el croquis de la sección
de Ivyray, lugar de la residencia de ambos generales
por si no fuera suficiente también la afirmación del
señor ÍJarvaez, amanuense del Juzgado de Ivyray en
esos días y más tarde juez de ese lugar. A su vez este
croquis servirá para explicar otras afirmaciones que
haremos más adelante.—(Véase el croquis del frente.)
Examinado este croquis se ve con toda claridad
que durante todo el tiempo de la residencia del ge-
neral Paz en Ivyray, éste se encontraba diariamen-
te con Artigas, quien visitaba de continuo al Juzga-
do y á los esposos Ayala-Cuevas. T tanto para rea-
lizar estas visitas como para ir á la capilla del ce-
menterio de la Eeeoleta pasaba por el frente del do-
micilio de Paz. Más aún: se encontraban siempre con
Artigas en los días de oir misa y regresaban reuni-
dos por la calle del Sacramento, el general Paz, el
juez García y el señor Ayala, y algunas veces el se-
ñor Eamón de la Paz Eodríguez, padre de la distin-
guida dama paraguaya, esposa del doctor Manuel
Quintana, ilustre ex-presidente argentino.
De aquí se deduce que el general Paz ha tenido
ocasión diaria de conversar con Artigas, sin necesi-
dad de ir á tan larga distancia para hacerlo á orillas
del río Paraguay atravesando el sembrado y la cha-
cra del Supremo, para lo que necesariamente le hu-
172 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
biera sido menester obtener nn previo permiso.
Demuestra, en nuestro concepto, muy poco amor
á la historia el general Paz, cuando oculta narrar
sus conversaciones diarias con Artigas en los días
en que en las patrias de ambos se desarrollaba un
proceso tan vario y trascendental.
Artigas conocía de cerca la posición internacional
que en esos momentos ocupaba el Paraguay y la ma-
nera de pensar de su gobernante. Sabía perfecta-
mente por Pedro Guillermo Pérez y Joaquín Manuel
Eodríguez, primero; y por Carlos Antonio López,
Alejandro García y «El Paraguayo Independiente»,
después, todo el proceso de la independencia del
Uruguay y las luchas que se desarrollaron durante
su aislamiento en Curuguaty, y aun cuando no le
hubiera sido fácil en esos días obtener de López el
permiso de abandonar el Paraguay, no era lógico
que lo sohcitara desde luego que al gobernante pa-
raguayo le había ofrecido su espada al servicio de
esa misma causa y fué desairado por un decreto de
gratitud no aceptándosele su ofrecimiento. Además
estamos convencidos de que tendría sus agravios
con el gobierno uruguayo y sus agentes confiden-
ciales de esos días. Vamos á explicarnos al respecto.
En Noviembre de 1845 el gobierno uruguayo acre-
ditó, como ya lo dijimos, ante el gobierno paragua-
yo á Juan Andrés Gelly como agente confidencial,
y en el año siguiente, el 46, á los señores Francisco
Ordoñana y José María Vidal. Estos agentes tuvie-
ron por misión realizar abanzas ofensivas y defen-
sivas con el Paraguay, Comentes y Entre Eíos en
contra de Eosas y su abado en el Uruguay. Para la
reabzación de estas abanzas no se tuvo en cuenta
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 173
para nada al general y ni siquiera por cortesía nues-
tros agentes se dignaron salvar los dinteles del ran-
cho que estaba allí, á pocos metros, y que guardaba
al primero y más grande de los orientales. T fué á
instancias precisamente del gobierno uruguayo, que
al general Paz se le confió el mando supremo de los
ejércitos abados. Pocos días después, en el 47, cuan-
do esos ejércitos abados han sido vencidos por el de
Eosas y la provincia de Corrientes sometida á éste,
es cuando aisladamente al general Paz se le ocurre
hacerle proposiciones al general Artigas, ofrecién-
dole soldados derrotados de una provincia sometida.
El silencio que guarda el general Paz al escribir sus
memorias demuestra elocuentemente cuál habrá sido
la merecida contestación del general Artigas á esa invi-
tación histórica.
Debemos recordar también que á raíz de ese ol-
vido de los agentes confidenciales, fué que nuestro
gran patriarca recibió la visita del militar del I m -
perio del Brasil don Enrique Beaurepaire, á quien le
dijo:—«Es lo que me resta de tantos trabajos; hoy vivo
de limosnas».—A quién así es olvidado por los agentes
confidenciales de su patria, sólo le resta, sí,continuar en
tierra extraña recibiendo la hmosna de un dictador! Si
en vez de ser nuestro agente confiencial el 45, el ciuda-
dano paraguayo don Juan Andrés Gelly, lo hubiera sido
nuestro poeta don Francisco Acuña de Figueroa, (1)
quién sabe si los labios de nuestro general hubieran pro-
nunciado esas palabras al soldado del Imperio, en 1846!
(1) Véase IV. parte, VIII.
LA VISITA DEL UNIGÉNITO
VI
La visita que José María Artigas hizo en Ivyray
á su señor padre el general Artigas, algunos escrito-
res la han examinado desde el punto de vista de los
afectos de familia; á nosotros interesa examinarla
al través de otro prisma, para tratar de llegar á la
averiguación histórica de la conducta del gobierno
uruguayo para con el general ausente.
A principios de Noviembre del 45 fué el combate
del Obligado y rotas las cadenas que intercepta-
ban la navegación por el Paraná, la nave inglesa el
«Fultón», con los señores comandantes de las escua-
dras, anglo-francesa, Hothan y Trevoir, remontó
los ríos Paraná y Paraguay hasta llegar á la Asun-
ción llevando á bordo al unigénito del general. El
11 de ese mismo mes se firmaba en la Asunción la
Convención entre Corrientes, Entre Eíos y Para-
guay, ofensivo-defensiva contra Eosas y Oribe, de
acuerdo con el Uruguay y el Brasil estando presen-
tes al acto el agente confidencial del gobierno uru-
guayo Juan Andrés Gelly y el del Brasil Antonio
Pimenta Bueno. La influencia del gobierno urugua-
yo, y á expresa indicación del mismo, hizo que López
confiara el mando supremo de los ejércitos abados al
176 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
general José M. Paz. No tenernos noticia de que el
gobierno uruguayo hubiera aprovechado ocasión
tan oportuna para solicitar de López el permiso del
regreso del general y ni siquiera nuestro agente con-
fidencial se dignó hacerle una visita al patriarca au-
sente!
José María Artigas era un soldado del gobierno
uruguayo y no podía abandonar las filas del ejérci-
to y ausentarse del país sin previo conocimiento y
permiso del gobierno. Tampoco podía por sí mismo,
por su subalterna gerarquía militar, y como extran-
jero, obtener permiso del comandante Holtan para
realizar un viaje de recreo hasta la Asunción en la
nave de guerra el «Fultón«. Sabido es que Artigas
(hijo) le propuso al general dar algunos pasos á fin
de obtener permiso para su regreso; pero este pedi-
do fué simplemente el de un hijo á un padre. No ha-
bía de por medio el deber del gobernante uruguayo.
En la conducta del agente confidencial y en la del
soldado de la Defensa, recibió, pues, el general, un
inmerecido desaire del gobierno del Uruguay; y es
lógico entonces que no haya accedido al simple pe-
dido del hijo y que permaneciera en «Ivyray» sin ha-
ber hecho nunca ninguna manifestación de deseo de
regresar á la patria. Es entonces también como se
justifican sus palabras al magistrado de «Ivyray»:
—«yo ya soy un hombre muerto hay que dejarme
quieto aquí».
Tenemos para el venerable patricio don Joaquín
Suárez todos nuestros cariños, admiración y grati-
tud por sus grandes servicios y beneficios prestados
á la república; pero tenemos el deber y el derecho
ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO 177
de ciudadano de averiguar y conocer las verdades
de nuestra historia. No escapa á nuestro criterio que
fueron para el gobernante aquellos días los más di-
fíciles y solemnes de su vida púbbca y que en su de-
rredor tenía el unitarismo argentino; pero todo ello
no es causa suficiente, en nuestro concepto, para
exonerarle del lote de culpabilidad por tan injusti-
ficado olvido. Tuvo don Joaquín, el 45, la más fa-
vorable de las oportunidades para el regreso del ge-
neral, y tan grande oportunidad se esfumó en las
frondosidades de la selva de Ivyray!
IMPORTANCIA HISTÓRICA DE LA CONVEN-
CIÓN DEL 45
VII
Hemos tenido ocasión de recordar en nuestras an-
teriores líneas varios hechos que tienen relación con
el general Artigas en su residencia en el Paraguay,
pero ninguno iguala en importancia á la convención
del 11 de Noviembre de 1845.
Por esta convención fué que López entró abierta-
mente en la liga con los pueblos del Virreynato del
Río de la Plata: Uruguay, Corrientes, Entre Ríos,
y con el Brasil. Este acercamiento con el Uruguay
obligó á López á mejorar la suerte del prisionero de
«Manorá» y á mandar construir el rancho de «Ivy-
ray» que fué el cuarto y último domicilio involunta-
rio del general en el Paraguay, y en donde por pri-
mera vez recibía algunas consideraciones del Supre-
mo, otorgándosele licencia para pasear por la sec-
ción; entablar relaciones con el Juez del lugar y
otras personas; leer «El Paraguayo Independiente»
que trataba de algunos de los asuntos internaciona-
les de su patria; hablar con los miembros de fami-
lia del dictador, y conferenciar con él, seguramen-
te de los acontecimientos entre los pueblos del Vi-
rreynato. Igualmente López ordenó volverle la pa-
180 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
ga de treinta y dos pesos mensuales que desde el
año 1832 le había sido suspendida, fundándose esa
suspensión en que con su chacra de Curuguaty te-
nía lo necesario para su subsistencia y á la vez por-
que Artigas no necesitándola, la repartía entre los
pobres de la villa de San Isidro el Labrador, según
así lo narra el ilustrado paraguayo señor Decoud.
Fué por esa convención que el general Paz, derro-
tado por Urquiza,. tuvo necesariamente que radicar-
se en el Paraguay y se le presentó á éste la ocasión
de hacer la invitación á Artigas, sabiamente no
aceptada. También sirvió para proporcionar al poe-
ta Figueroa la oportunidad de pagar elocuentemen-
te á López el haber endulzado el último lustro de la
existencia del mártir en el Paraguay. En la realiza-
ción de este convenio internacional y sus amplia-
ciones hemos tenido ocasión de apreciar nuestra
presunción de que nuestros agentes confidenciales
del 45 y 46 amargaron el corazón del general, y toca
á nuestros historiadores averiguar cuál fué la causa
por la cual el gobernante uruguayo de esos días no
indicó á Artigas para ocupar el sitio que le señaló
al general Paz. La senectud del general no podrá
disculpar al gobierno uruguayo, puesto que los an-
cianos de <dvyray» lo recuerdan hasta la víspera de
su muerte todo el día montado en su caballo con su-
ficientes fuerzas para una campaña. T debe de ha-
ber sido así, el 45, desde luego que dos años después,
el 47, el general Paz hacíale la invitación de que an-
tes hemos hablado. Fué ese año de 1845 de grandes
agitaciones para el Paraguay, el Uruguay, Corrien-
tes y Entre Ríos, quienes á indicación del gobierno
ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO 181
uruguayo buscaban poco después realizar nuevas
aüanzas ofensivo-defensivas dando un nuevo y más
ampbo rumbo interracional á la política y tratan-
do de ampbar la liga con Bolivia.
Imaginemos á nuestro gran patriarca en el último
lustro de su vida leer en «El Paraguayo Indepen-
diente» la reabzación de ese convenio. Fué esta la
única compensación á sus trabajos cuando aun vi-
vía de Hmosnas. Esa convención se firmó á pocos
metros de su rancho, bajo un pabellón que tiene los
tres mismos colores de aquél que crearon sus manos
para presidir la aurora de la lucha en favor de los
«Pueblos Libres». Contratación á la que están pre-
sentes el primer agente confidencial de su patria en
el Paraguay, el de Corrientes y Entre Bíos y el del
Brasil; que sirvió para hacerle suavizar el martirio
de su larga prisión y para López recibir el himno de
la gratitud por esa suavización;—para el Paraguay
franquear sus puertas á los jefes de la escuadra
anglo-francesa, que navegaban en el «Fultón», y Ló-
pez otorgarle el permiso á una visita que era la de
su unigénito á quién pudo de esa suerte conocer y
saber de sus deudos; y, para el sabio profesor Bom-
pland, su antiguo amigo y compañero de infortu-
nio, retratarle y llevarle un ejemplar del Código Po-
lítico de su patria libre!
En esa convención se vé crecer y triunfar el
germen fecundo que el general sembrara en sus lu-
chas por nosotros y para nosotros, por las que reci-
bió en pago la calumnia, la traición, la ingratitud,
el olvido, la prisión y el martirio. Fué por ese ajuste
que se encontró la única senda que condujo poco des-
182 ARTIGAS EN E L CAUTIVERIO
pues, al Brasil, á librarse de un enemigo poderoso;
al Paraguay, á la conquista definitiva de su inde-
pendencia nacional; al Uruguay, á la cesación de
su «Guerra Grande» y á la afirmación de su inde-
pendencia amenazada; y, á la patria de sus calumnia-
dores, á darle las libertades poHticas de que carecía!
Entre las Uneas de las cláusulas de esa conven-
ción están, sí, los principios que él proclamó en 1813
y que como lo recuerda el ilustre Carlos María Ramí-
rez, viven en la Constitución de 1853 y en la Fe-
deralización de 1880; Documento internacional cu-
yos principios que basan su capitulado los viera el
general con su clara inteligencia anticipándose medio
siglo al tiempo y á los bombres, y por ellos luchara
para la libertad y el equilibrio necesarios á la armo-
nía de estos Estados del Virreynato y del Brasil, con
la pujanza del «único guerrero rioplatense que no
tuvo una hora de vacilación y cobardía en la profe-
sión del dogma republicano».
ACUÑA D E FIGUEEOA T AETIGAS
VIII
En los primeros meses de 1846 Bernardo Jovella-
nos y Atanasio González fueron nombrados agentes
confidenciales por López para ante el gobierno uru-
guayo.
Es exotérico que el poeta autor del Himno Nacio-
nal del Uruguay admiraba y estimaba al general
Artigas y que en unos versos le recuerda al presiden-
te Oribe, en 1836, á aquel que está «en tierra extra-
ña y en dolor sumido».
Pues bien, fué ese mismo poeta, diez años más
tarde, el que con mano propia entregaba en Mayo
de 1846, al representante del Paraguay Bernardo
Jovellanos, para ser entregados al mandatario Car-
los Antonio López, un anagrama, el Himno Nacio-
nal del Paraguay y la música del himno uruguayo.
Es decir, seis meses más ó menos, desqués que Ló-
pez hizo trasladar á Artigas á su casa-chacra de
«Ivyray», de lo queEigueroa tuvo conocimiento por
el propio Jovellanos.
El que supo recordar al presidente uruguayo en
unos versos que Artigas (yacía en olvido», supo tam-
bién agradecer al gobernante paraguayo haberle
mejorado al general en su cautiverio. Es ese mismo
184 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
himno el que hace 65 años es el Himno Nacional que
los paraguayos cantan en sus efemérides y con el
que tonifican sus almas espartanas. Es el himno de
la gratitud de don Francisco Acuña de Eigueroa á
don Carlos Antonio López por haberle hecho al ge-
neral Artigas más tolerable el último lustro de su
vida.
Es preciso reconocer que el gobernante López des-
de los primeros días de su aparición en el poder fué
mejorando al general en las circunstancias difíciles
en que se encontraba desde que fué despojado de su
chacra de Curuguaty por la junta cuartelera de
1840.
La conducta, en el ejercicio de sus funciones, de
Carlos Antonio López, algunos escritores han llega-
do á nivelarla con la de su antecesor Francia, y con
la de su hijo y sucesor, Francisco Solano; pero en
nuestro concepto, aun cuando no puede ser aplau-
dida, debe reconocerse que fué algo tolerable y más
benéfica para el país. Fué debido á su esfuerzo que
el Paraguay no corrió la misma suerte de Corrientes
y Entre Eíos, pues luchó hasta obtener el recono-
cimiento de la independencia nacional.
Sin embargo, si analizamos el criterio colectivo
del pueblo paraguayo, nos encontramos con una aso-
ciación política que difiere de las demás en cuanto
á criterio histórico.
Tegros, Caballero, Iturbe, Cabanas y demás sol-
dados fueron los autores del motín libertador del
14 de Mayo. Francia era un simple asesor; y, si to-
mamos un libro de historia nacional del Paraguay
escrito por un paraguayo, nos encontramos que-
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 185
Francia es el gran héroe. La efemérides del 17 de Ju-
lio del 52, (1) siempre pasa desapercibida; para aquel
pueblo no tiene ninguna importancia.
La efemérides anualmente más recordada y en la
que sus oradores quedan afónicos, es la del 22 de
Setiembre. Ella es el día del aniversario de la bata-
lla de «Curupaity» en la guerra de la «Triple Alianza»
contra el déspota sanguinario Francisco Solano Ló-
pez. Esa batalla,simple detalle déla [Link] re-
presenta que pueda ser objeto del entusiasmo deli-
rante de una nación. Las trincheras que hiciera el
ingeniero inglés Thonson, y no el general Díaz, sólo
sirvieron para demorar un día más la derrota defi-
nitiva. Y el heroísmo que los paraguayos sólo ven
en el general Díaz detrás de las trincheras de Thon-
son en «Curupaity», no lo es mayor que el del general
Bernardino Caballero, sin trincheras, en «Itororó»,
ni que el demostrado en «Yatay», «Lomas Valenti-
nas», «Cerro Cora» y demás sitios donde tuvieron sus
encuentros los beligerantes.
ífo olvidamos que la rectificación ó demarcación
de bmites obligada á los pocos sobrevivientes de un
pueblo fusilado, es el acto más cobarde que regis-
tra la historia militar del continente; pero debemos
censurar, que ni el gobierno, ni el escritor, ni el ca-
tedrático, ni el periodista, ni la masa anónima del
pueblo, jamás recuerden que las cureñas de los ca-
ñones de la «Triple Alianza» les llevaron el código
(1) Aniversario del reconocimiento internacional de la In-
dependencia Nacional del Paraguay en cumplimiento de las
cláusulas del tratado de la liga del 51 celebrado en Montevideo.
186 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
político, el cuerpo de leyes por el cual aun hoy se
rigen y las intituciones públicas!
Todo esto es nada al lado de las zanjas y trinche-
ras del inglés Thonson en «Ourupaity»! Y son tan
anchas esas zanjas que en el año 12 del siglo X X ,
aun no les dejan ver que á orillas del «Apa» hay un
caído, y que junto con él cayó para siempre el régimen
más nefando y sanguinario que apunta la historia
americana!
Es así, al radicarse un extranjero en el Paraguay,
como aquel pueblo le muestra el templo de su pa-
triotismo. En el altar mayor, Erancia, López I I y
Díaz; y, en los últimos altares de las naves latera-
les, Yegros, Caballero, Iturbe, Cabanas y Carlos An-
tonio López!
Y es así también, que en la nomenclatura de la
viahdad pública, puede recordarse al oscuro sol-
dado de Erancia, el sargento Eomualdo Duré, (1)
pero nó á Erancisco Acuña de Eigueroa!
(1) Véase IV. parte, I.
ANDEEA Y MEECEDES CUEVAS
EL SACERDOTE CASTELVÍ
IX
Es una empresa llena de grandes dificultades lan-
zarse á requerir datos y recuerdos de los días de Ar-
tigas en el Paraguay á los ancianos que. siendo jóve-
nes, le han conocido y cuyos padres le han tratado
personalmente. Debemos recordar que el teniente
general Enrique Beaurepaire Eohan en carta dirigi-
da á nuestro ilustre Carlos María Eamírez, dice: «la
existencia de Artigas en las proximidades de la Asun-
ción era casi ignorada por la población ambiente;
ninguno hablaba de ella».
El pueblo paraguayo es una parte de la inteli-
gente y heroica raza guaraní, pero es sin duda algu-
na uno de los pueblos más atrasados del continen-
te como lo demuestran ilustradamente Manuel Gon-
dra y Cecilio Baez. Nacieron á la vida independien-
te definitiva al azar, sin conocer un período de lu-
chas y al cesar el poder extranjero tres hombres su-
cesivamente se adueñaron del país y del gobierno
formando un pueblo sin instrucción y encaminándo-
lo al culto de la tiranía. Hace recién 40 años que ini-
ciaron la era consitucional, pero ello fué á raíz de la
masacre de la guerra de la «Triple Alianza», cuando al
188 ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO
país solo le quedaban mujeres, niños y una docena
de soldados de la tiranía quienes sucedieron en el
poder á los tiranos practicando el ejercicio guberna-
mental en forma negligente y criolla.
Francia y los López no permitieron al pueblo nin-
guna instrucción y solamente llegaron á consentir
la enseñanza del «Catecismo de San Alberto» ó sea
el Código del despotismo; y sus presidentes derri-
bándose los unos á los otros semanal, mensual ó
anualmente!, no ban podido preocuparse de que la ins-
trucción púbbca pase á ser dirigida por personas con
suficiencia para la enseñanza, ni darle alguna ampb-
tud, fuera de la pequeña capital de la repúbMca; y,
lo que es peor aún, obligan á que se continúe en las
escuelas el culto á la tiranía. (1). Por eso el pueblo
paraguayo,, si bien es cierto que tiene algunos ciuda-
danos ilustrados y capaces, dignos de toda distin-
ción, no es menos cierto, que en su casi totalidad
está formado de analfabetos que practican el bogar,
la lengua, las costumbres y los usos primitivos. Fué
recién en 1870 que se dieron los decretos aboliendo
la esclavitud y creando las primeras escuelas de
instrucción pública. Es así que ellos están instruí-
dos á no ver en Francia otra cosa que á un procer de
la independencia; en López I, al conquistador de
los progresos materiales de la época, y en López II,
al héroe que muere por su patria.
De manera que toda averiguación que se relacione
con alguno de los actos de sus tiranos, que puedan
(J) El «Lector paraguayo»: libro de lectura para las escuelas
de instrucción primaria, III parte, lecturas I, VI. y X X I V .
ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO 189
merecer algún reproche, se hace imposible, porque
la mayoría de sus escritores lo silencian y el pueblo
finge que lo ignora. Estudiando pues, al pueblo
de boy se alcanza á conocer cuál sería aquél de los
días de Artigas desde 1820 al 50. Con el correr del
tiempo, han podido formarse en el país y en el ex-
tranjero algunos cuidadanos de cultura moderna
que luchan por evolucionar el criterio de la masa,
pero puede decirse, que aun son ciudadanos exóti-
cos en su propia patria.
Andrea Cuevas es una antiquísima moradora de
«Ivyray»; tiene su rancho al pió del 'Jvyrá pytá>r, de-
bajo de ese árbol durante cinco años Artigas diaria-
mente descansaba al pasar, y no hemos podido ob-
tener de esta mujer otras noticias sino que el
general descansaba algunas veces á la sombra de esa
planta, que andaba siempre á caballo y que vivía en
un rancho al lado de la casa de López.
Mercedes Cuevas tiene más ó menos noventa años
de edad; nació en un rancho de la calle del Sacra-
mento y á pesar de su avanzada edad no habitó nun-
ca en otro domicilio. Hija de la unión ilegal de Con-
cepción Cuevas y Julián Ayala, recuerda que Arti-
gas visitaba diariamente al juez Alejandro García,
que tenía el Juzgado en la propiedad lindera á la de
ella, y á sus padres, en ese rancho de su propiedad y
domicilio, con quienes iba á misa á la Eecoleta y de
190 ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO
\
continuo jugaba á la pandorga, (1) y que ella érala que
casi siempre preparaba el mate en la casa á Artigas,
y á sus padres. Que cuando el general falleció su more-
no Joaquín se vino á la casa de los padres de ella,
falleciendo poco después, y que el general visitaba
á la hija de Francia en la calle Itapúa. Igualmente
recuerda esta anciana que el general iba por esa ca-
lle á la Recoleta en los días de oír misa y que López
soba pasar por esa vía algunas veces á caballo con
su «Escolta Carayá».
Frente al cementerio de La Recoleta vive el an-
ciano sacerdote Castelví en compañía de una ancia-
na. Cuando Artigas vivía en «Ivyray», Castelví era
diácono de la catedral y á raíz del fallecimiento del
general fué nombrado cura párroco de la capilla de
la Recoleta.
Al respecto de Artigas recuerda que una anciana,
señora de Marinos, vivía en el bajo de «Ivyray», y
que el general tenía convenido con dicha señora, ca-
da vez qiie se sintiera enfermo, llamarla para su asis-
tencia, alzando sobre su rancho una bandera colo-
rada.
Recuerda la ceremonia que se realizó cuando fue-
T O U exhumados los restos del general, la que tuvo lu-
gar estando él en ejercicio de sus funciones. Igual-
mente manifiesta que Artigas fué exhumado en la
fosa 26 del «Campo santo de los Insolventes» y
no en el «Cementerio de la Recoleta» ni en ninguno de
los nichos de la capilla.
(1) Juego con naipes en que el as de oro tiene el papel prin-
•oipal.
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 191
Si algo importante hemos alcanzado á saber de
los labios de los ancianos es la causa del secreto del
gran prestigio popular en las Provincias Unidas á
que llegó Artigas.
Es notorio que durante el lustro, del 45 al 50, al
mismo tiempo que residió el general Artigas en Ivy-
ray residió el general Paz. Pues bien, hemos obser-
vado que al hablarnos de Paz, los ancianos no ma-
nifiestan la admiración y simpatía que manifiestan
al recordar á Artigas.
Por los labios del digno magistrado de Ivyray sa-
bemos que «el general ora una persona cuyo trato
cautivaba», y los labios de los humildes pobladores
del lugar nos dicen en su lengua patria, que el gen-
neral era un «caraí guazú, un earaí bae pora», que-
riendo decir con ello, «un gran señor, un señor muy
bueno».
Mientras el general Paz sólo visita al magistrado
García y á su compatriota el unitario Ramón de la
Paz Rodríguez, el general Artigas visita por igual á
éstos que á los ranchos de los modestos pobladores.
Para todos tiene su trato y el motivo que obliga á
sus visitas y á su amistad. Es así como unos y otros
pudieron apreciarlo y recordarlo. Es de esta suerte
como el general nos deja escrito, más allá de los do-
cumentos de los archivos,—en la agreste selva de
«Ivyray»,—la gran verdad de su vida.
ALEJANDEO GARCÍA Y GEEGOEIO ÍTAEVAEZ
Don Alejandro García en el gobierno de Carlos
Antonio López era el juez de la sección judicial de
la Eecoleta, la cual comprendía á Ivyray. Tenía el
Juzgado en la casa de su propiedad, calle del Sacra-
mento, lindando con la de Julián Ayala. Era muy
apreciado por don Carlos Antonio quien le ascen-
dió más tarde á Fiscal. Fué el amigo más sincero y
distinguido del general Artigas quien le visitaba dia-
riamente durante el lustro que residió en esa sección.
El general José M. Paz que vivió á corta distancia
del Juzgado en la misma calle Sacramento le visi-
taba también continuamente. El mariscal Francis-
co Solano López lo mandó encarcelar el 70, y en la
prisión falleció.
Don Gregorio Narvaez es un anciano nacido en
1829, y que en 1846 fué nombrado escribiente del
juez García. Contrajo matrimonio después con una
de las hijas de éste y más tarde fué nombrado juez,
puesto que ejerció durante muchos años. Es pro-
pietario y vive en la casa de la calle Sacramento que
era propiedad de su suegro García y en la que como
lo hemos referido estaba el Juzgado en la época
en que Artigas vivía por ese lugar.
7
194 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Este anciano entre otras cosas nos dijo:
«En esta casa, hoy de mi propiedad, estaba el Juz-
gado de Paz en la época que Artigas vivió por acá.
No he podido cultivar relación con él porque yo era
muy joven.
Don Carlos Antonio López hizo venir al general
á «Ivyray» á fines del 45 y para ello mandó construir
un rancho de dos aguas dentro de su chacra y á po-
ca distancia de su casa que fué donde terminó sus
días Artigas. El general era un hombre de mediana
estatura, delgado; conforme á la costumbre de aquel
entonces no usaba barba; de largos rizos blancos,
vestía siempre un poncho paraguayo (paraí), y un
carandaí alto. Andaba siempre á caballo, y por la
chacra de López á pié, á veces, con un bastón largo y
rústico. Don Carlos le trataba muy bien y muchas
veces conversaba con él en el corredor de su
casa.
Nos visitaba de continuo, pues mi suegro el juez
García le apreciaba mucho así como al general Paz
que vivía cerca de nosotros en esta misma calle Sa-
cramento con quien iba á misa á la Eecoleta. En ese
entonces no había la iglesia de La Trinidad; ésta
fué inaugurada el 54 y la parroquia que comprendía
todo ese paraje era la capilla del cementerio de la
Eecoleta. Así que ese paraje de la casa de Artigas
se denominaba «Ivyray» (madera agua).
El general visitaba también á Walda García, la
hija de Francia, que vivía en la casa que era de és-
te en la calle Itapúa, á quién apreciaba mucho; á
don Eamón de la Paz Eodríguez que vivía en la Ee-
coleta y á los padres de Mercedes Cuevas en la casa
ARTIGAS EN EL CATJTIVEROI 195
que linda con ésta donde Mercedes nació y aun vi-
ve y es de mayor edad que el que habla.
Según mi finado suegro, algunas veces hablando
con el general le solía preguntar si-deseaba regresar
á la Banda Oriental y él siempre contestaba: «que
era un hombre muerto y que por lo tanto se le de-
bía dejar quieto aquí». ÍTo recuerdo haber oído de-
cir á mi suegro ni á mi cuñada Eafaela cuando so-
liamos recordar al general, que á él le haya manda-
do buscar algún gobierno Oriental.
Benigno López, el hijo menor de don Carlos Anto-
nio y asesinado por orden de su propio hermano el
mariscal, fué muy amigo de Artigas; muchas veces
conversaba con él debajo de los «Mandiví guazú» de
la chacra ó en la puerta de su rancho, y fué Benigno
quién mandó buscar el viático para el general.
Asunción García la hermana mayor de mi finada es-
posa, fallecida hace cuatro años, fué la que preparó un
pequeño altar para recibirse al viático. Le confesó el
cura correntino Bonifacio Segovia de la Becoleta,
y según la finada Asunción las últimas palabras del
general fueron: «Yo no debo morir en la cama, sino
montado en mi caballo, tráiganlo que voy á mon-
tarlo». Acompañando á estas palabras se quiso in-
corporar pero ya no le fué posible.
Le llevaron á enterrar en una carreta de la cha-
cra y le acompañaron: mi finado suegro, don Bamón
de la Paz Bodríguez, Beningno López, Julián Aya-
la, su moreno Joaquín, unos esclavos, y no recuer-
do si alguna persona más. Yo quedé en el Juzgado».
Gustaba mucho hablar de las plantaciones de la
196 ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO
«capuera» (1) de don Carlos Antonio. Según mi referi-
do suegro era el general una persona cuyo trato cau-
tivaba y era muy contrario á los porteños».
Otro anciano mayor que yo que trató personal-
mente á Artigas es Félix Espíndola, que aun con-
serva bien su memoria y que ahora vive por Gua-
rambaré».
Hemos conversado con otros ancianos pero sus
narraciones no tienen mayor variación con las que
hemos dado á conocer.
El eminente cuidadano paraguayo José S. Decoud,
fallecido hace poco tiempo, fué el hombre que estu-
vo mayormente habilitado para escribir la página
de Itapúa á la necrópolis; fué el que más ha llegado
á saberla, sin excluir las conversaciones del general
con don Carlos Antonio, pero fué muy breve lo que
al respecto ha dejado escrito.
Entre otras afirmaciones, Decoud, dice:—«que el
general no quería que se le llamara por su título mi-
litar, sino por «don José». Que en 1885 la Comisión
Oriental encargada de devolver al Paraguay los
trofeos de la guerra, visitó el sitio donde se alzaba
en «Ivyray» el rancho de Artigas demarcándose el
terreno donde el pueblo oriental levantará un monu-
mento á la memoria del héroe, y labrándose un acta
que lleva al pié su firma, la del presidente del Pa-
raguay, en aquel entonces, general Bernardino Ca-
(1) Chacra.
ARTIGAS E N E l CAUTIVERIO 197
ballero y de sus ministros; y, la de los comisionados,
teniente general Máximo Tajes, doctores Carlos de
Castro y Lindoro Eorteza, y señores Clodomiro de
Arteaga y Meólas Granada. Que «según testimonio
de personas que trataron á Artigas, éste era un hom-
bre enjuto de carnes, de regular estatura y de airo-
so porte, que realzaba la elegancia con que llevaba
el poncho que vestía de ordinario, velando su mira-
da intensa con el ala del sombrero de paja con que
se cubría».
En la galería de cuadros del señor Decoud, figura
una copia del retrato de Artigas hecho por Bom-
pland, y uno que es tomado del rancho del general
en «Ivyray» y del terreno demarcado en 1885.
OASA-CHAOEA DE LÓPEZ I
XI
El tirano Francia tenía en Ivyray sobre la calle
Itapúa su casa-cbacra y López I no podía restarse
esta comodidad. Sobre la loma de una colina en el
departamento de la Asunción, paraje denominado
en los días de Artigas,—«Ivyray»,—y que hoy está ba-
jo la jurisdicción parroquial de la iglesia de «La Tri-
nidad», se encuentra la casa y chacra que fué de Car-
los Antonio López, el menos despótico y más pro-
gresista de los tres gobernantes absolutos y á perpe-
tuidad con los cuales pasó el Paraguay sus primeros
sesenta años de vida libre.
Paralelo al fondo de este edificio de la chacra y
unos metros hacia la izquierda, López mandó cons-
truir un rancho de dos aguas destinado para el pri-
sionero de «Manorá» y donde el general pasó el úl-
timo lustro de su vida. El cuerpo del frente de la
casa de López que es de unos 20 metros y compues-
to de varias habitaciones lo ocupaba el dictador con
su familia. Aun cuando en la ciudad tenía otra ca-
sa domicibo era en «Ivyray» donde casi siempre re-
sidía. El costado derecho lo constituye una larga hi-
lera de piezas que eran destinadas á la servidumbre,
esclavos y soldados de la escolta bautizada con el
200 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
nombre de «carayá (1) palabra con que en guaraní
se denomina al macaco, cuadrumano muy abundan-
te en aquél país. El costado izquierdo es un amplio
patio del edificio y los materiales de su construc-
ción; adobe y techo de tejas sobre tacuaras y pal-
mas. Esta casa así como el sitio del rancho de Arti-
gas y todo el terreno que comprende la antigua cha-
cra lo ocupan hoy la policía de la chacra policial que
es parte integrante de la escuela de agricultura,
establecimiento que desde hace algunos años se en-
cuentra paralizado. A unos treinta metros del edi-
ficio se conserva aún uno de los dos «Manduvi gua-
zú» debajo de los cuales Artigas pasaba algunas ho-
ras cuando recorría á pió la chacra, ó conversando con
Benigno López. Desde este sitio se domina la parte
más pintoresca del departamento de Asunción. Es
una bella panorámica.
Hacia un lado, el oscuro boscaje que alegran los
tenores de la selva de plumaje de múltiple color.
Hacia otro, las inquietas platinas aguas de la gran
serpiente líquida en cuyas riberas viven revoletean-
do las garzas y el mbigüá, y una de- cuyas márgenes
sirve de largo dintel al agreste chaco infinito cuyas
grandes riquezas aguardan para revelarse el tras-
curso de los siglos.
Por delante del portalón de la chacra, en la calle
real, equitando van en caravanas las alegres moro-
chitas, (2) de largas y negras trenzas que se mecen
(1) Este alias de la Escolta lo motivó la indumentaria de los
soldados.
(2) La taita de medios de tracción y la pobreza del pueblo
hace que las mujeres transiten de pueblo á pueblo y por la me-
trópoli en pequeños borriquitos.
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO 201
coquetonas sobre el talle, aprisionadas por los mo-
ños de color; con ojos de azabache que al mirar re-
flejan fuego, y, con habilísimas manos que saben
tejer desde la hamaca hasta el lindo ñanduty. Al
lado de ellas van las mercancías con cuyo producto
alimentan al hombre y al niño en aquel país. Es la
mujer que, como dice el poeta, «aun no ha escrito un
libro pero ha formado un pueblo».
Allá en lontananza, en el valle grande y profundo,
se divisa el tejado del rancherío colonial de la retar-
dada y pequeña metrópoli, y al brillante y movedi-
zo espejo sobre el cual los lampos del sol nos dejan
ver las quietas naves de la bahía. Y acá, al pié del
corpulento «Manduví-guazú» que tan tristes recuer-
dos evoca, sobre la cúspide de la loma que aroman
los perfumes de la selva misteriosa, está desierta hoy
la morada que en otro tiempo tanto animara la pre-
sencia del Supremo con los ruidos del soldado y las
faginas del esclavo.
Es un panorama de gran belleza!—Es una elo-
cuente poesía de dolor y de silencio! Esa es la chacra
en «Ivyray» donde vivió y murió con su corazón
amargado el general Artigas!
EL MANDUVÍ-GUAZÚ
(STEECTJLIA STRIA)
XII
Una afirmación moderna ha popularizado á uno
de los árboles de la chacra que fué de Carlos Anto-
nio López, con la denominación de «El Árbol de Ar-
tigas». Propiamente dicho no existe «El Árbol de
Artigas», pues, fueron tres diferentes plantas de las que
el general hizo uso indistintamente durante la dé-
cada de su residencia en el departamento de Asun-
ción. Ya hemos recordado al viejo «Turumá» de las
siestas de Artigas en la chacra de Pérez en «Manorá»,
y en la chacra de «Ivyray» á quinientos metros de
distancia, uno del otro, existen el «Manduví-guazú»
y el «Ivyrá-pytá» debajo de los cuales el general solía
descansar.
Por la afirmación antes referida nos vemos obli-
gados á examinar el recuerdo que evoca cada uno de
los dos últimos árboles.
A unos cien metros de distancia del rancho sola-
riego que fué la última morada en vida del general,
se conserva lozano aún uno de los dos manduví-gua-
zü que servían de glorieta á la familia López y de-
más personal de la casa, y debajo de los cuales el ge-
neral pasaba algunas horas en los días tibios.
204 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
Este árbol cuyo nombre guarany traducido al
castellano quiere decir, «maní grande», tiene ac-
tualmente en su tronco unos cinco metros de circun-
ferencia y en su copa un diámetro de veinte. Como
bemos dicbo eran dos que en conjunto constituían
una inmensa glorieta desde donde se divisa en lon-
tananza el gran arco de plata de un recodo del río
Paraguay que es el actual puerto dé Asunción y su
bahía; el pueblo de Trinidad que dista unos tres ki-
lómetros de él, y la metrópob que está á unas tres
leguas.
A su alrededor, por doquiera que se mire se ve una
interminable colina cubierta de selva virginal. En
nuestras travesías por esta parte del continente be-
mos tenido ocasión de admirar hermosos panora-
mas de la naturaleza, pero ninguno se nos ha pre-.
sentado con mayor poesía. Prescindiendo del triste
recuerdo que evoca, la Naturaleza es capaz allí de
satisfacer al espíritu más exigente.
Es un «manduví-guazú» milenario, imponente y
majestuoso cuyas largas ramas parecen haber cre-
cido tanto, humedecidas por el postrer suspiro de
dolor de un mártir, para contarle á los siglos que pa-
san las justas quejas del héroe!
EL Y VIRA F УТЛ. (PELTOFl IО HUM VOGELIANUM)
EL I V Y R Á - P Y T Á
(PELTOPHOKUM VOGELIÁNTJM)
XIII
Desde la casa de la chacra de López arranca una
picada ó senda que desemboca en la denominada en
la época de Artigas; «de los Arroyos», hoy, calle
Venezuela proyectada, que conduce desde allí al
pueblo de la Trinidad y ala calle «[Link] Presidente» que
á su vez desemboca en la calle real y en la de Sacra-
mento. El general Artigas, ni para entrar ni para sa-
lir de la chacra, nunca hizo uso del camino salida
principal de ella, así fué que tomó la costumbre de
de hacerlo trazando una obbcua, desde su rancho al
«Ivyrá-pytá» que está á unos 1.000 metros de su do-
micilio, hacia al fondo y á un costado, en el límite
terminal de la chacra sobre la calle [Link] Presidente.
El «Ivyrá-pytá», (en castellano,—madera colora-
da,—) es el denominado hoy «El Árbol de Artigas».
Esta planta está en un bajo muy húmedo y con un
pequeño aguazal cerca que cuando llueve se extien-
de hasta la planta, y que nunca, ni aun en el vera-
no, se le ve seco. Por su distancia y el sitio bajo y
húmedo en que está ubicado se deduce que sólo po-
dría frecuentarlo Artigas cuando en el estío fuera á
misa ó á visitar á sus relaciones, como un simple
206 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
descanso de paso á las fatigas del camino y al cas-
tigo del sol caldeante de la tierra. Pues, es lógico su-
poner que el «manduví-guazú» encontrándose á unos
cien metros de la casa del general y presentando un
bello panorama que tanto domina, sería el árbol que
más podría preferir cualquiera que fuera el morador
de ese sitio, y no el <Jvyrá-pytá» lejano y en terre-
no bajo y búmedo desde donde á pocos metros la
loma lo intercepta todo.
Es aquel una inmensa verde techembre cuyas flores
que coronan la gran copa, perfuman la brisa del soto y
á cuya sombra descansaba las fatigas del camino,
al regresar del templo, un anciano guerrero creyen-
te; y cuyas profundas raíces van basta el fondo del
pasado para contarnos por los labios de los senectos
una triste página de historia de un peregrino provi-
dente que cruzó 30 años de su vida en obligado si-
lencio, teniendo que anteponer á su grande amor á
la democracia toda la fuerza de voluntad de «La
Pampa de granito» para no pronunciar la frase que
pudiera contrariar el absolutismo despótico de los
Supremos de un pueblo!
PARTE DE LA CALLE SACRAMENTO
P o r esta callo Artigas transitó diariamente durante su residencia en I'
ciones, y también por toda la extensión de elia pasó la carreta que c o n d u j o
mañana del 24 de Septiembre de 1850.
PARTE DE LA CALLE SACRAMENTO
(5 años) para ir á misa á «La Recoleta» y para visitar á sus rcla-
cadáver á la fosa 26 del «Campo Santo de los Insolventes», en la
EL E ANCHO SOLAEIEGO DE IVYEAY
XIV
Eran los días terribles de «La Nueva Troya» de
Durnas, cuando el Cerrito trabó contra los muros
de la ciudadela de Montevideo la demanda de nues-
tro gran pleito evo. Demanda que dejó en los boga-
res orientales dos tradiciones en pos de las cuales
tantas veces tuvieron que regar el solar patrio con
sus rojas savias vitales. A Carlos Antonio López em-
pezaban á preocuparle mayormente las luchas riopla-
tenses, y en víspera de su acercamiento con el Uru-
guay, en el ajuste de Noviembre del 45, mandó cons-
truir dentro de su chacra de «Ivyray», un rancho,
dando orden para que fuera trasladado alb el gene-
ral Artigas. Fué éste el último lugar de su residen-
cia en el Paraguay. Era este rancho de cinco me-
tros de ancho por diez de largo, de dos aguas,
echo de tejas sobre tacuaras y palmas y rodeado
de frondosa selva virginal.
En la tarde primaveral del 23 de Setiembre de
1850, mirando por la ventana de su rancho por úl-
tima vez, en la armonía infinita y subbme de la Na-
turaleza, la madurez del fruto que doraba las copas
de los naranjos, las bananas que una en pos de la
otra oprimidas caían del racimo, y, las primeras
208 ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
margaritas silvestres que empezaban á salpicar de
lunares blancos la esmeráldica alfombra de la pra-
dera, terminaron todos los dolores, morales y mate-
riales, de aquél hombre superior que anticipándose
al tiempo y á sus contemporáneos, tuvo el sueño de
querer conducir los pueblos desde el despotismo y el
monarquismo hasta la democracia y la república!
Garibaldi en Caprera pudo con libertad escribir
sus memorias bajo el régimen de la monarquía en-
tonando un himno á la Eepública; pero á Artigas
en el Paraguay le estaba prohibido el ejercicio de la
libre emisión del pensamiento, y por lo tanto, des-
pués de cruzar las tres décadas de su cautiverio, so-
lo pudo dejarnos el tétrico legado del silencio!
Ictiófilo y partidario de los vegetales conservó el
general hasta el fin de sus días una evidiable sani-
dad sáxea. Durante el régimen absoluto y á perpe-
tuidad de Francia y López I supo observar una con-
ducta que hizo tolerable su residencia en aquel país
donde lo sepultó 30 años el silencio de la historia
junto con su escudo y su bandera.
Una rústica carreta condujo su cadáver desde el
rancho hasta la fosa. Sobre su tumba no hubo una
ñor ni una palabra, solo corrieron las silenciosas lá-
grimas de un moreno que fué su único fiel compañe-
ro durante todo el largo tiempo del infortunio!
En ese sitio de «Ivyray» sólo dos veces se han reu-
nido algunos uruguayos para hacer transitorias ma-
nifestaciones de recuerdo. Una fué por un elocuente
y patriótico discurso que pronunció el señor tenien-
te general Máximo Tajes como presidente de la Co-
misión Uruguaya que en 1885 devolvió al Paraguay
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 209
las reliquias conquistadas á un pueblo oprimido
por un déspota y verdugo, y que las babía perdido
abriendo sus pecbos espartanos frente á las balas
de tres naciones. La otra, fueron unas palabras que
pronunciamos en representación de los uruguayos
que radican en aquél país con motivo de que reah-
zamos con los marinos del crucero «Uruguay» una
peregrinación patriótica basta ese lugar.
EPIFOREMA
XV
La máquina del tiempo en su eterno funciona-
miento destruyendo siempre el pasado para crear
el presente, ha hecho que la tiranía paraguaya fue-
ra sustituida por un sistema político más en armo-
nía con la marcha universal de los pueblos. El heroi-
co pueblo paraguayo tiene al frente de sus fuerzas
sociales é intelectuales á ciudadanos que saben apre-
ciar que nuestros disentimientos y concordancias á
través del siglo son férreos eslabones de un gran con-
junto que nos une. Cuando con motivo de la pere-
grinación patriótica recordada pronunciamos nues-
tras palabras, formaban espontáneamente parte
en la asamblea, las comisiones directivas de los cen-
tros de las facultades de la Universidad de la Asun-
ción; y fué precisamente cuando una banda mibtar
de aquel país golpeaba con las últimas notas de los
dos himnos de Acuña de Figueroa el valle de la pra-
dera de nuestra veneración, que tuvieron principio
nuestras palabras.
Es por lo tanto, desde estas líneas escritas al co-
rrer de la mano, para con nuestro modesto esfuerzo
pagar á la patria una década de ausencia, que im-
petramos con todo el respeto de que pueda ser ca-
212 ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO
paz un ciudadano, á los ilustrados miembros del su-
perior gobierno de nuestro país, para que en «Ivyray»
baya el mármol que sea la siempre viva de nuestos
recuerdos y gratitud al mártir, con la misma elocuen-
cia y patriotismo que en los mármoles de nuestra
república hay la siempre viva de nuestro recuerdo
y gratitud al beroico blandengue.
Artigas luchando para libertar á los pueblos es-
clavos de las tiranías faraónicas de las Coronas, pre-
sidiéndolos y conduciéndolos en el éxodo sublime,
al desaparecer en el «Sinaí» de Itapúa les dejó el
«Pentateuco» de sus principios proclamados en 1813
juntos con el escudo y la bandera que habían naci-
do hermanos gemelos con nuestra patria. Aun cuan-
do el trascurso del tiempo y la evolución de las ideas
hicieron necesaria la reforma escrita desde las pla-
yas de la «Agraciada» hasta la «Piedra Alta» de la
Florida, prescindiendo del materiabsmo de las na-
rraciones del largo proceso de la Independencia, pa-
ra concretarnos en síntesis á la poesía de la creación
heroica en la historia; él debe ser nuestro gran san-
tificado cuando hagamos el (Altar de la Patria» que
deseamos legar á nuestros hijos para alimento del
patriotismo.
Aquel esclarecido, sencillo, altivo y heroico sol-
dado, equitando en cabalgadura criolla, dice más
verdad y satisface más á nuestro patriotismo que
todo otro que pueda crear la fantasía del arte. El
simple epitafio,—Artigas^—en las verdades de la
historia, habla más que el mejor que pueda escri-
birse con toda la tecnología del código de nuestro
idioma. T aquel humilde anciano sentado enlapuer-
ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO 213
ta de su rústica vivienda perdida allá en medio de
las frondosidades de la perfumada selva de «Ivyray»
tiene para nuestro patriotismo tanto poema de do-
lor como para el cristianismo la cumbre del Golgota.
Al terminar nuestras lineas recordemos las esta-
ciones de la diuturna vía-crucis del cautivo. En Itapúa,
está el último día de soldado del general; en el con-
vento de la Merced, el principio de su largo sufri-
miento y martirio; en Curuguaty, su resignación
aparente y el legado de amor al trabajo; en el cuartel
de San Isidro el Labrador, el capricho grosero de la
anarquía entre los tiranos de un pueblo; enManorá,
el despojo de su chacra de Curuguaty y un socorro
á su indigencia; y, en Ivyray, el rancho que fué su
tétrica, solitaria, y hasta hoy olvidada tumba!
. Bancho solariego que guardó el último dolor de
una vida al salvar los dinteles de la muerte, de aquel
que en su juventud con sangre y con genio, á impul-
sos de sublimes ideales ígneos, creó á mi patria con
escudo y con bandera llamada á grandes destinos en
las conquistas del porvenir; y que después de haber
labrado un palmo de tierra en la lejana selva incul-
ta, muere, anciano, prisionero y olvidado en tierra
extraña, para renacer en el mármol de la gratitud
del pueblo uruguayo recién al cumplirse la primer
centuria de su gran triunfo épico en «Las Piedras!».
ARTIGAS EN EL CAUTIVERIO
V P A R T E (Suplemento)
LAS DOS PEREGRINACIONES
I
Desde el fallecimiento del general Artigas, los
uruguayos sólo han realizado dos peregrinaciones á
«Tvyray». Una fué en 1885 con motivo de la llegada
á la Asunción de la Comisión presidida por el señor
teniente general Máximo Tajes á objeto de devol-
ver los trofeos de la guerra de la «Triple Alianza». T
la otra fué en 1911, motivada por la presencia del
crucero «Uruguay» en la babía de la Asunción.
En la primera de las peregrinaciones, en Ivyráy,
en el propio terreno donde se alzaba el rancho, en
que vivió y falleció el general Artigas, pronunció
un elocuente y patriótico discurso el señor general
Tajes. En la segunda, en la víspera, fuimos desig-
nados por los uruguayos residentes en Asunción, pa-
ra pronunciar unas sencillas palabras, en días luc-
tuosos para el Paraguay y en momentos en que las
mismas tres naciones de la «Triple Alianza» tenían
sobre la metrópoli paraguaya varias unidades de
sus escuadras de guerra.
Nuestras palabras que queríamos decir debajo del
«Manduví-guazú», por indicación de nuestro encar-
gado de negocios, fueron dichas debajo del «Ivyrá-
pytá» el 16 de Abril de 1911.
En recuerdo de esas dos patrióticas peregrinacio-
nes hubiéramos transcripto, como suplemento, los
dos discursos, pero en la imposibilidad de haber po-
218 ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO
dido adquirir copia de las palabras del general Ta-
jes, sólo transcribiremos nuestras palabras.
La peregrinación de Junio de 1885 tiene un méri-
to bistórico. Ella fué la primera, y en ella el general
Tajes acompañado del presidente paraguayo de-
marcaron el terreno donde se alzaba el rancbo sol-
riego de Ivyráy.
NUESTRAS PALABRAS
II
Señor Capitán:
Señor Encargado de Negocios:
Señoras:
Señores:
Desde este pedazo de suelo venerable, donde pa-
só las boras más amargas de su vida aquel que juró
no vender jamás el patrimonio de los Orientales al
bajo precio de la necesidad; en nombre de los uru-
guayos residentes en el Paraguay, saludo en vues-
tra persona, señor Capitán, á la patria y á nuestra
marina, haciendo votos para que las armas que la
ley deposita en vuestras manos, no sirvan nunca
para herir al compatriota, sino para saludar á nues-
tras efemérides inmortales. Y para que eduquemos
á nuestros hijos conforme á la escuela del siglo, con
el sublime ideal de paz, de amor y de confraterni-
dad. A nuestros hijos, que son los tiernos pámpa-
nos que brotan del viejo tallo de la sociedad uru-
guaya, destinados, por lo tanto, á dar el fruto y la si-
miente fecunda de nuestros futuros progresos y evo-
luciones.
220 ARTIGAS E N EL CAUTIVERIO
Cuántas veces, señores, aquí en este pedazo de
suelo paraguayo, habrá derramado las lágrimas del
patriotismo, el gran ofendido, el más grande de los
orientales, y el que mayores motivos tuvo para llo-
rar á la patria ausente!—Y cuántas veces habrá im-
petrado al destino de América, con su corazón de
gran ciudadano, por la felicidad de su patria y de
su pueblo!
Después de haber entregado todas las activida-
des y sacrificios de la juventud de un hombre supe-
rior y de acción enérgica é inteligente, al servicio de
la causa de nuestra independencia, no pudo cono-
cer en el período final de su existencia, el amoroso
regazo de la madre patria; y fué aquí en este sitio
que la injusticia humana, le dio su tumba histórica,
en la cual no pudo recibir en el último y supremo
momento de su vida, la gratitud y el cariño de su
pueblo, que ya era lo que él tanto había soñado: b-
bre é independiente.
Toda la creación heroica en la historia de nuestra
epopeya desde 1811 á 1825, puede escribirse con es-
tas cuatro palabras: general José Gervasio Artigas.
Y ha de llegar el día en que la justicia y la gratitud in-
ternacionales de los pueblos del Eío de la Plata, di-
gan la verdad histórica, de que aquél que mantuvo
la permanente resistencia contra los planes monar-
quizadores del patriciado porteño y la autonomía é
independencia de las provincias, fué el más grande
paladín por los dogmas de la democracia entre los
bbertadores de este continente.
Sabido es, señores, que la descripción de las ac-
ciones de nuestra epopeya en la que fué el héroe, el
ARTIGAS E N E L CAUTIVERIO 221
geneal Artigas, tocan muy de cerca á nuestras dos
hermanas convecinas con las cuales mantenemos
hoy relaciones muy cordiales de amistad internacio-
nal; y, en atención, pues, á nuestra sincera amistad
y á nuestra cultura, es que con estas breves palabras
deposito la ofrenda de la gratitud al vencedor en
«Las Piedras», dejando en este sitio venerando, la
siempreviva del recuerdo y del cariño, en nombre
se todos los uruguayos presentes y de todos los au-
dentes.
FIN".
"w-jeíí «fit
ряя iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii < № г # ; > T