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Han - La Sociedad Del Cansancio Cap 3 Selección

El capítulo 3 de 'La sociedad del cansancio' de Byung-Chul Han analiza cómo el exceso de estímulos y la técnica del multitasking han fragmentado la atención humana, acercándola a un estado primitivo similar al de los animales salvajes. Esta hiperatención, caracterizada por la falta de aburrimiento profundo, impide el desarrollo de la creatividad y la contemplación, esenciales para los logros culturales. Han argumenta que la civilización moderna, al carecer de sosiego, se dirige hacia una nueva barbarie, y aboga por la necesidad de fortalecer el elemento contemplativo en la humanidad.
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Han - La Sociedad Del Cansancio Cap 3 Selección

El capítulo 3 de 'La sociedad del cansancio' de Byung-Chul Han analiza cómo el exceso de estímulos y la técnica del multitasking han fragmentado la atención humana, acercándola a un estado primitivo similar al de los animales salvajes. Esta hiperatención, caracterizada por la falta de aburrimiento profundo, impide el desarrollo de la creatividad y la contemplación, esenciales para los logros culturales. Han argumenta que la civilización moderna, al carecer de sosiego, se dirige hacia una nueva barbarie, y aboga por la necesidad de fortalecer el elemento contemplativo en la humanidad.
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Han, Byung-Chul (2012) La sociedad del cansancio. Barcelona: Hender.

Capítulo 3 El aburrimiento profundo


El exceso de positividad se manifiesta, asimismo, como un exceso de estímulos,
informaciones e impulsos. Modifica radicalmente la estructura y economía de la atención.
Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa. Además, el aumento de carga
de trabajo requiere una particular técnica de administración del tiempo y la atención, que a
su vez repercute en la estructura de esta última. La técnica de administración del tiempo y
la atención multitasking no significa un progreso para la civilización. El multitasking no es
una habilidad para la cual esté capacitado únicamente el ser humano tardomoderno de la
sociedad del trabajo y la información. Se trata más bien de una regresión. En efecto, el
multitasking está ampliamente extendido entre los animales salvajes. Es una técnica de
atención imprescindible para la supervivencia en la selva.
Un animal ocupado en alimentarse ha de dedicarse, a la vez, a otras tareas. Por ejemplo, ha
de mantener a sus enemigos lejos del botín. Debe tener cuidado constantemente de no ser
devorado a su vez mientras se alimenta. Al mismo tiempo, tiene que vigilar su descendencia
y no perder de vista a sus parejas sexuales. El animal salvaje está obligado a distribuir su
atención en diversas actividades. De este modo, no se halla capacitado para una inmersión
contemplativa: ni durante la ingestión de alimentos ni durante la cópula. No puede
sumergirse de manera contemplativa en lo que tiene enfrente porque al mismo tiempo ha de
ocuparse del trasfondo. No solamente el multitasking, sino también actividades como los
juegos de ordenadores suscitan una amplia pero superficial atención, parecida al estado de
la vigilancia de un animal salvaje. Los recientes desarrollos sociales y el cambio de estructura
de la atención provocan que la sociedad humana se acerque cada vez más al salvajismo.
Mientras tanto, el acoso laboral, por ejemplo, alcanza dimensiones pandémicas. La
preocupación por la buena vida, que implica también una convivencia exitosa, cede
progresivamente a una preocupación por la supervivencia.
Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una
atención profunda y contemplativa. La cultura requiere un entorno en el que sea posible una
atención profunda. Esta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por
completo distinta, la hiperatención. Esta atención dispersa se caracteriza por un acelerado
cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos. Dada, además,
su escasa tolerancia al hastío, tampoco admite aquel aburrimiento profundo que sería de
cierta importancia para un proceso creativo. Walter Benjamin llama al aburrimiento profundo
«el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia». Según él, si el sueño constituye
el punto máximo de la relajación corporal, el aburrimiento profundo corresponde al punto
álgido de la relajación espiritual. La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y
acelera lo ya existente. Benjamin lamenta que estos nidos del tiempo y el sosiego del pájaro
de sueño desaparezcan progresivamente. Ya no se «teje ni se hila». Expone que el
aburrimiento es «un paño cálido y gris formado por dentro con la seda más ardiente y
coloreada», en el que «nos envolvemos al soñar». En «los arabescos de su forro nos
encontramos entonces en casa». A su parecer, sin relajación se pierde el «don de la
escucha» y la «comunidad que escucha» desaparece. A esta se le opone diametralmente
nuestra comunidad activa. «El don de la escucha» se basa justo en la capacidad de una
profunda y contemplativa atención, a la cual al ego hiperactivo ya no tiene acceso.
Quien se aburra al caminar y no tolere el hastío deambulará inquieto y agitado, o andará
detrás de una u otra actividad. Pero, en cambio, quien posea una mayor tolerancia para el
aburrimiento reconocerá, después de un rato, que quizás andar, como tal, lo aburre. De este
modo, se animará a inventar un movimiento completamente nuevo. Correr no constituye
ningún modo nuevo de andar, sino un caminar de manera acelerada. La danza o el andar
como si se estuviera flotando, en cambio, consisten en un movimiento del todo diferente.
Únicamente el ser humano es capaz de bailar. A lo mejor, puede que al andar lo invada un
profundo aburrimiento, de modo que, a través de este ataque de hastío, haya pasado del
paso acelerado al paso de baile. En comparación con el andar lineal y rectilíneo, la danza,
con sus movimientos llenos de arabescos, es un lujo que se sustrae totalmente del principio
de rendimiento.
(…)
Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna
época, se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntase, por tanto,
entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el
fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo.

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