UNIDAD 1:
1.1 - El pensamiento del siglo XVIII y la Edad de la Razón
El siglo XVIII, conocido como la "Edad de la Razón", fue una etapa clave en la historia
intelectual de Occidente, destacando por la consolidación de la Ilustración, un
movimiento cultural y filosófico que promovió el uso de la razón como herramienta
principal para comprender y mejorar el mundo. Este movimiento se basó en la creencia
de que la razón y la experiencia deberían reemplazar las creencias religiosas y las
estructuras autoritarias de la sociedad, fomentando la libertad, la igualdad y el progreso.
Lucchini, Siffredi y Labiaguerre (2000) destacan que la Ilustración buscaba el
autogobierno humano y el rechazo de la autoridad basada en la tradición. En cuanto al
desarrollo intelectual, la Ilustración introdujo una nueva forma de entender la naturaleza
y la sociedad, alejándose de explicaciones teológicas y abrazando un enfoque más
científico y racional (Mestre y Gómez, 2007). Este cambio intelectual resultó en
reformas y revoluciones que transformarían profundamente el orden social y político,
impulsadas por figuras como Voltaire, Montesquieu, Rousseau y Kant. Según Zeitling
(1970), estos pensadores compartieron el compromiso con los ideales de la razón, la
libertad y el progreso, lo que influyó en la Revolución Francesa y otros movimientos
revolucionarios.
1.2 - El colapso del viejo orden en Europa
El siglo XVIII y principios del XIX vieron el colapso de los antiguos regímenes
europeos, marcado por crisis económicas, políticas y sociales que desafiaron la
estructura feudal y el poder absoluto de las monarquías. Según Lucchini, Siffredi y
Labiaguerre (2000), el aumento de la desigualdad social, las ideas de la Ilustración y las
revueltas populares, como la Revolución Francesa, erosionaron la legitimidad del
antiguo régimen y abrieron paso a nuevos sistemas de gobierno. La Revolución
Industrial, que comenzó en Gran Bretaña, transformó la economía y la sociedad europea
mediante el desarrollo de nuevas tecnologías como la máquina de vapor, lo que permitió
una expansión de la producción mecanizada y la urbanización. Este proceso creó una
nueva clase trabajadora y una clase capitalista, pero también trajo consigo problemas
como la explotación laboral y la pobreza urbana. En cuanto a la Revolución Francesa,
Zeitling (1970) señala que, impulsada por los ideales de la Ilustración, resultó en la
abolición de la monarquía, la proclamación de la República y una nueva organización
política basada en la soberanía popular y la democracia representativa. Además, trajo
consigo la expansión de los derechos civiles, la secularización del estado y la
instauración de códigos legales modernos, aunque también generó inestabilidad política
y la eventual consolidación del poder bajo Napoleón Bonaparte.
1.3 - La Reacción Romántico-Conservadora
La Reacción Romántico-Conservadora surgió como una respuesta a las
transformaciones radicales impulsadas por la Ilustración y las revoluciones. Este
movimiento, enraizado en el Romanticismo y el conservadurismo, rechazó la primacía
de la razón y los ideales universalistas de la Ilustración, proponiendo una valorización
de la tradición, la religión y la comunidad como pilares del orden social. Los románticos
y conservadores, como Edmund Burke, criticaron las consecuencias destructivas de la
Revolución Francesa, argumentando que los cambios bruscos habían destruido las bases
tradicionales de la estabilidad social y política. Según Zeitling (1970), los críticos
afirmaban que el desorden posrevolucionario, caracterizado por conflictos sociales y
políticos, fue una consecuencia directa de la ruptura con la historia y las costumbres. La
Reacción Romántico-Conservadora propuso un nuevo orden social que combinaba
elementos de la tradición con una renovada sensibilidad hacia las emociones, lo
espiritual y lo particular frente a lo universal. Este enfoque restauró la autoridad de la
monarquía, la iglesia y las estructuras jerárquicas tradicionales, y también tuvo un
impacto importante en la cultura, las artes y la política, promoviendo un regreso a los
valores espirituales y una apreciación por la historia y la naturaleza.
1.4 - Claude Henri Saint-Simon: Propuesta de un orden social orgánico y
jerárquico
Claude Henri de Saint-Simon, pensador y sociólogo francés del siglo XIX, desarrolló
una propuesta de organización social que se fundamentaba en una visión jerárquica y
orgánica de la sociedad. Según Saint-Simon, la sociedad debía ser vista como un
organismo vivo, en el que cada grupo o clase social desempeñara una función específica
para contribuir al bienestar común. Esta concepción se alejaba de las estructuras
feudales y monárquicas tradicionales, que para él eran ineficaces y desfasadas. La
estructura social de Saint-Simon se basaba en una jerarquía de competencias, donde los
científicos, industriales, artistas y técnicos debían ocupar los puestos de liderazgo
debido a su conocimiento y habilidades, reemplazando a los aristócratas y a la vieja
nobleza, cuya función ya no era relevante para el progreso.
Para Saint-Simon, el progreso de la sociedad no podía ser guiado por las viejas
instituciones políticas ni por la monarquía, sino que debía estar orientado por una elite
intelectual y técnica que comprendiera las leyes de la ciencia, la industria y la economía.
De esta manera, la clase dirigente debía ser seleccionada en función de sus capacidades
para gestionar los recursos de forma eficiente y promover el bienestar social, lo que
implicaba una planificación centralizada de la economía. En su propuesta, la ciencia era
clave para el progreso social, y Saint-Simon creía que, al eliminar las viejas estructuras
de poder y alinear la sociedad bajo los principios de la ciencia, la tecnología y la
industria, se lograría un orden social más racional y justo.
Además, en su concepción evolucionista de la historia, Saint-Simon sostenía que las
sociedades humanas se desarrollan a través de una serie de etapas, cada una de las
cuales representa un avance hacia una mayor organización y eficiencia social. En su
perspectiva, la historia humana era un proceso progresivo impulsado por la innovación
y el conocimiento. Esta evolución no era algo aleatorio, sino que respondía a las leyes
del cambio social y político, que debían ser comprendidas y aplicadas para construir una
sociedad más justa y equilibrada. Según Lucchini, Siffredi y Labiaguerre (2000), Saint-
Simon veía la revolución como una fuerza positiva que debía ser dirigida hacia la
creación de un nuevo orden social, fundamentado en la razón y el progreso técnico, en
el que las clases sociales tradicionales y las viejas estructuras políticas dejarían de
existir para dar paso a un nuevo modelo organizado y eficiente.
1.5 - Auguste Comte: La filosofía positiva
Auguste Comte, uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX y considerado el
padre del positivismo, desarrolló una filosofía que promovía el uso exclusivo de la
razón y la observación empírica para comprender la sociedad y el mundo. Comte
sostenía que la humanidad debía superar las formas de conocimiento teológico y
metafísico que habían predominado a lo largo de la historia, adoptando en su lugar una
metodología basada en la ciencia y los hechos verificables. Este enfoque, que él
denominó "filosofía positiva", rechazaba las explicaciones basadas en lo sobrenatural o
lo abstracto, y proponía un estudio de la realidad basado únicamente en la observación,
la experimentación y la formulación de leyes generales.
Una de las contribuciones más importantes de Comte fue su teoría de los "tres estados",
según la cual la humanidad había atravesado tres etapas distintas en su desarrollo
intelectual y social: la etapa teológica, en la que los fenómenos eran explicados a través
de fuerzas divinas o sobrenaturales; la etapa metafísica, donde las explicaciones eran
abstractas y filosóficas; y finalmente, la etapa positiva, en la que el conocimiento se
basaría exclusivamente en la ciencia y la observación empírica. Comte consideraba que
la humanidad había llegado al umbral de la etapa positiva, y que este nuevo enfoque
científico y racional debía guiar la organización social y política de las sociedades
futuras.
Comte también desarrolló la noción de estática y dinámica social, dos aspectos
fundamentales en su teoría sociológica. La estática social se refiere al estudio de las
condiciones que permiten la estabilidad y el orden dentro de una sociedad, mientras que
la dinámica social estudia los procesos que impulsan el cambio y el progreso. Comte
afirmaba que el orden y el progreso no solo eran compatibles, sino que se requerían
mutuamente: el orden era necesario para que el progreso pudiera desarrollarse de
manera estable y organizada, mientras que el progreso era el motor que impulsaba el
cambio y la mejora continua de la sociedad.
Según Lucchini, Siffredi y Labiaguerre (2000), Comte también pensaba que la ciencia y
la tecnología debían ser utilizadas para organizar la sociedad de manera más eficiente, al
mismo tiempo que promovía un sistema de gobierno basado en el conocimiento y la
racionalidad, donde los expertos en diversas áreas (científicos, sociólogos, ingenieros,
etc.) serían los encargados de tomar las decisiones políticas y sociales, guiados por
principios de bienestar común y progreso. De acuerdo con Comte, una sociedad
positivista sería aquella en la que el conocimiento científico y la razón humana
prevalecieran sobre las creencias religiosas, las supersticiones y las tradiciones
obsoletas.
Además, Comte creía que el positivismo no solo debía aplicarse a las ciencias naturales,
sino también a las ciencias sociales, y que la sociología debía convertirse en la "religión
de la humanidad", sustituyendo a las religiones tradicionales. Según Mestre y Gómez
(2007), Comte defendió la idea de una "moral positiva", basada en principios racionales
y científicos, que guiaran la conducta humana en la sociedad. Así, su pensamiento
positivista no solo tenía un impacto en la ciencia, sino también en la organización social
y política, ya que proponía un modelo de gobierno y de vida social fundamentado en la
racionalidad, el orden y el progreso, y sustentado por una visión de la humanidad que se
alejaba de los mitos y creencias irracionales.
UNIDAD 2:
II.1. Concepción del hombre y alienación
Para Marx, el ser humano se define por su capacidad de transformar la naturaleza a
través del trabajo. Sin embargo, en el capitalismo, esta actividad se convierte en una
fuente de alienación. La alienación se produce porque el trabajador no controla los
productos de su trabajo ni las condiciones en las que trabaja (Marx y Engels, 1985).
Marx identifica cuatro formas fundamentales de alienación:
1. Alienación respecto al producto del trabajo: el trabajador no es dueño de lo
que produce, sino que su producto le pertenece al capitalista.
2. Alienación respecto al proceso de trabajo: el trabajador no controla su
actividad laboral, sino que está sometido a la división del trabajo y a la
automatización de tareas (Harnecker, 1985).
3. Alienación respecto a los otros trabajadores: el capitalismo fomenta la
competencia en lugar de la cooperación, dividiendo a la clase trabajadora.
4. Alienación de la esencia humana: el trabajo, que debería ser una actividad
creativa y libre, se convierte en una simple necesidad para la supervivencia.
Esta concepción se vincula con la crítica marxista a la economía política, donde el
sistema capitalista convierte al trabajador en un medio para la acumulación de capital,
reduciendo su humanidad a una mercancía (Engels, 1977).
II.2. La dialéctica en Marx
Marx retoma la dialéctica hegeliana, pero invierte su enfoque idealista en favor de un
materialismo histórico. Mientras que Hegel veía la historia como el desarrollo de la
conciencia, Marx sostiene que es el resultado de las condiciones materiales y la lucha de
clases (Marx y Engels, 1985).
La dialéctica materialista explica el cambio social como un proceso de contradicciones
internas dentro de los modos de producción. Cada sociedad contiene dentro de sí fuerzas
opuestas que generan conflictos y conducen a transformaciones históricas. En el
capitalismo, la contradicción central es entre la burguesía (dueños de los medios de
producción) y el proletariado (trabajadores que venden su fuerza de trabajo) (Giddens,
1994).
Según Engels (1977), esta lucha de clases es el motor del cambio histórico. El
capitalismo no es un sistema estable, sino que tiende a generar crisis debido a las
contradicciones inherentes a su estructura económica y social.
II.3. Concepción materialista de la historia, modos de producción y
estructura del capitalismo
La concepción materialista de la historia sostiene que las condiciones materiales de
existencia determinan las estructuras sociales, políticas e ideológicas (Harnecker, 1985).
Marx y Engels desarrollaron esta teoría argumentando que la historia humana está
impulsada por los modos de producción, es decir, la combinación de:
Fuerzas productivas: tecnología, herramientas, conocimiento y habilidades.
Relaciones de producción: quién controla los medios de producción y cómo se
organiza el trabajo.
Cada modo de producción (comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo)
tiene su propia estructura económica y sus contradicciones internas que conducen a su
transformación (Marx y Engels, 1985).
En el modo de producción capitalista, la sociedad está dividida en clases:
Burguesía: dueños de los medios de producción.
Proletariado: trabajadores que venden su fuerza de trabajo a cambio de un
salario.
Este modo de producción se organiza en torno a la relación entre infraestructura y
superestructura:
Infraestructura: base económica, que determina la forma en que se producen y
distribuyen los bienes.
Superestructura: instituciones políticas, jurídicas e ideológicas que justifican y
reproducen el sistema capitalista (Giddens, 1994).
El capitalismo no es un sistema estático; su dinamismo se debe a la competencia entre
capitalistas y a la lucha de clases, lo que genera crisis y cambios en la estructura social
(Zeitling, 1970). Engels (1977) enfatiza que el antagonismo entre clases es el motor de
los cambios históricos, lo que eventualmente llevaría al derrocamiento del capitalismo.
II.4. Teoría del valor-trabajo, mercancía y plusvalía
La teoría del valor-trabajo, desarrollada por Marx, sostiene que el valor de una
mercancía está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para su
producción (Harnecker, 1985).
Una mercancía tiene dos aspectos fundamentales:
1. Valor de uso: su utilidad o capacidad para satisfacer necesidades.
2. Valor de cambio: su capacidad para intercambiarse por otras mercancías en el
mercado.
En el capitalismo, el intercambio de mercancías se rige por el valor de cambio, lo que
oculta la explotación del trabajador (Giddens, 1994).
La naturaleza del capital y la plusvalía
El capital no es simplemente dinero o bienes, sino un proceso que implica la
apropiación de trabajo ajeno. La clave del capitalismo es la producción de plusvalía,
que es el valor adicional creado por el trabajo del proletariado, pero apropiado por los
capitalistas.
El capitalista paga al trabajador solo una fracción del valor que produce.
La diferencia entre el valor generado y el salario pagado constituye la plusvalía,
que es acumulada como ganancia por el capitalista (Marx y Engels, 1985).
Engels (1977) destaca que este mecanismo de acumulación refuerza las desigualdades
estructurales, mientras que Giddens (1994) explica que la explotación del trabajo es
central para entender la dinámica del capitalismo moderno.
UNIDAD 3:
3.1. La concepción organicista
Durkheim utiliza la concepción organicista para explicar la sociedad como un
organismo viviente, donde cada parte desempeña una función específica para el
bienestar del todo (Durkheim, 1974a). Según esta perspectiva, las instituciones sociales,
como la familia, la educación y el derecho, funcionan como "órganos"
interdependientes dentro de un sistema más amplio. La cohesión social depende de la
división del trabajo, que asegura la integración a través de la especialización de
funciones y la colaboración entre individuos, similar a cómo los órganos trabajan juntos
para mantener vivo un organismo (Lucchini et al., 2000).
Durkheim distingue dos tipos de solidaridad que estructuran a la sociedad:
Solidaridad mecánica: propia de sociedades tradicionales, donde los individuos
comparten creencias, valores y estilos de vida similares. La cohesión se basa en
la similitud.
Solidaridad orgánica: presente en sociedades modernas, donde la división del
trabajo genera diferenciación social, haciendo que los individuos dependan unos
de otros para su supervivencia.
3.2. Conciencia colectiva. Orden moral. Anomia
La conciencia colectiva se refiere al conjunto de creencias, normas y valores
compartidos por los miembros de una sociedad, que actúan como una fuerza moral
reguladora. Durkheim argumenta que este conjunto de ideas crea el orden moral, un
marco dentro del cual los individuos deben actuar para mantener la cohesión social
(Durkheim, 1965). En sociedades más simples, la conciencia colectiva es fuerte y
abarca casi todos los aspectos de la vida, pero en sociedades más complejas, se vuelve
más abstracta y especializada (Portantiero, 2004).
La anomia surge cuando hay una falta de normas claras o una disgregación del orden
moral, lo que genera confusión y desorientación en los individuos. Durkheim la asocia
principalmente con las crisis sociales, como el rápido cambio económico o la pérdida de
regulación en las sociedades modernas, donde los individuos experimentan una
desconexión entre sus expectativas y la realidad social (Durkheim, 1965). Este concepto
está especialmente presente en su análisis del suicidio, donde la falta de regulación
social adecuada contribuye a un aumento de los comportamientos desviados.
Representaciones colectivas
Las representaciones colectivas son creencias, valores y normas compartidas por una
sociedad, que influyen en la forma en que los individuos piensan y actúan. A diferencia
de la conciencia individual, estas representaciones existen antes del nacimiento del
individuo y continúan después de su muerte. Ejemplos de representaciones colectivas
incluyen la religión, las leyes, los mitos y las ideologías. Para Durkheim, estas
estructuras son esenciales para la cohesión social y el mantenimiento del orden
(Zeitling, 1970).
3.3. Concepto de hecho social (características)
Un hecho social, según Durkheim, es toda forma de actuar, pensar y sentir que es
externa al individuo, pero que al mismo tiempo ejerce un poder coercitivo sobre él
(Durkheim, 1974b). Estas características hacen que los hechos sociales sean generales
en toda la sociedad, exteriores a los individuos y que se impongan de manera coercitiva,
incluso si los individuos no son conscientes de su influencia.
Para Durkheim, los hechos sociales deben estudiarse de manera objetiva, como "cosas",
separándolos de las interpretaciones subjetivas de los individuos. Además, estos hechos
sociales no pueden reducirse a la suma de comportamientos individuales, ya que tienen
una existencia independiente de las personas y son el producto de las estructuras
sociales que los preceden y los moldean (Zeitling, 1970).
3.4. El suicidio como fenómeno colectivo
Durkheim estudó el suicidio como un fenómeno social y clasificó cuatro tipos de
suicidio según las condiciones sociales que lo provocan:
1. Suicidio egoísta: ocurre cuando el individuo no está suficientemente integrado
en la sociedad. Es común en personas que carecen de lazos comunitarios y en
sociedades con un débil sentido de pertenencia (Durkheim, 1965).
2. Suicidio altruista: sucede cuando la integración es excesiva, llevando al
individuo a sacrificarse por el grupo (por ejemplo, los soldados que mueren por
su patria o el suicidio ritual en algunas culturas).
3. Suicidio anómico: es resultado de una falta de regulación social, generalmente
en momentos de crisis económicas o cambios sociales bruscos. Ocurre cuando
las normas tradicionales se debilitan y los individuos pierden referencias claras
de comportamiento.
4. Suicidio fatalista: ocurre cuando hay un exceso de regulación y control social,
provocando desesperanza (por ejemplo, en prisioneros con cadena perpetua o en
sociedades extremadamente opresivas).
Durkheim concluye que el suicidio no es simplemente una decisión individual, sino que
está influenciado por las estructuras sociales y las condiciones colectivas que afectan a
los individuos. Por ello, propone que debe estudiarse sociológicamente, analizando las
tasas de suicidio en distintas sociedades y contextos históricos (Durkheim, 1965).
UNIDAD 4
4.1. Concepto y significado de acción social. Relación social
Max Weber define la sociología como la ciencia que estudia la acción social y busca
comprenderla e interpretarla en su contexto. Para él, la acción social es aquella en la que
el individuo orienta su conducta en función de la acción de otros. Es decir, no cualquier
acción es social, sino solo aquellas que tienen un significado en relación con otros
actores.
La relación social, por otro lado, se refiere a la interacción entre dos o más individuos
que orientan sus acciones de manera recíproca, basadas en un significado compartido.
Es un concepto que amplía el de acción social, ya que implica una conexión mutua entre
los actores, quienes mantienen la relación mientras sigan actuando en función de las
expectativas mutuas.
4.2. Tipos ideales y tipos de acción social
Weber crea los tipos ideales como herramientas metodológicas para estudiar fenómenos
sociales. Son representaciones simplificadas de características esenciales, sin
necesariamente corresponder a la realidad exacta. En su obra, Weber distingue cuatro
tipos de acción social:
1. Acción racional con arreglo a fines: El individuo actúa de manera estratégica,
orientado a alcanzar un objetivo específico utilizando los medios más adecuados
para lograrlo.
2. Acción racional con arreglo a valores: La acción está guiada por principios y
creencias, independientemente de los resultados o consecuencias que puedan
derivarse de ella.
3. Acción afectiva: Motivada por los sentimientos y emociones del actor, sin
necesariamente seguir una lógica racional.
4. Acción tradicional: Comportamiento dictado por hábitos o costumbres
heredadas que no se cuestionan, sino que se siguen de manera casi automática.
Weber emplea estos tipos ideales para analizar cómo los individuos interactúan en un
contexto social, proporcionando un marco para entender las motivaciones detrás de las
acciones humanas y los efectos que estas tienen dentro de una sociedad.
4.3. Conceptos de Orden, Comunidad, Sociedad y Asociación
Max Weber ofrece una reflexión sobre la estructura social a través de los conceptos de
orden, comunidad, sociedad y asociación. Estos conceptos son fundamentales para
comprender cómo se organizan las relaciones sociales y cómo los individuos interactúan
dentro de un marco normativo y organizativo.
1. Orden: Weber define el orden como una estructura de relaciones sociales en la
cual los individuos actúan bajo ciertas normas o reglas que imponen una
coherencia a la interacción social. El orden social es esencial para la estabilidad,
y su existencia depende de la capacidad de los sistemas de dominación para
hacer cumplir las reglas y los valores dentro de la sociedad (Weber, 1969).
2. Comunidad: En el pensamiento weberiano, la comunidad se refiere a un tipo
de interacción social que se basa en vínculos afectivos y emocionales. La
comunidad está caracterizada por relaciones personales directas y cercanas, y los
individuos se vinculan por su sentimiento de pertenencia o por valores
compartidos (Portantiero, 2004). Esta idea puede asociarse a formas de
organización social que priman la solidaridad afectiva, como las comunidades
tradicionales o las pequeñas agrupaciones.
3. Sociedad: Weber entiende la sociedad como un conjunto más amplio y
complejo de relaciones sociales organizadas que trascienden la interacción
personal y afectiva, y que se estructuran a través de normas y reglas impuestas.
En la sociedad, las relaciones son más impersonales y están mediadas por
instituciones y sistemas de poder, que incluyen el sistema legal, económico y
político. Las sociedades modernas están dominadas por una creciente
especialización y división del trabajo, donde el orden y la normatividad son
esenciales para su funcionamiento (Smelser y Warner, 1982).
4. Asociación: Weber describe las asociaciones como formas de organización
dentro de la sociedad que buscan alcanzar objetivos comunes. Las asociaciones
son estructuras más formales que las comunidades, y se organizan en torno a
intereses específicos o fines definidos. Las relaciones dentro de las asociaciones
están regidas por reglas claras y, a menudo, se basan en la racionalidad, es decir,
en la búsqueda de eficiencia y efectividad en el logro de metas colectivas
(Lucchini et al., 2000).
4.4. Poder y Dominación. Asociación de Dominación. Tipos de
Dominación y Fundamentos de su Legitimidad. Estado. Burocracia
Max Weber distingue entre poder y dominación. El poder se refiere a la capacidad de
un individuo o grupo para imponer su voluntad sobre otros, incluso contra su
resistencia. La dominación, en cambio, es la aceptación de esa autoridad por parte de
los dominados, lo que implica una relación de poder legitimada socialmente.
Weber clasifica la dominación en tres tipos, según los fundamentos de su legitimidad:
1. Dominación legal-racional: basada en normas y reglas impuestas de manera
impersonal. Es característica de las sociedades modernas y de estructuras como el
Estado y la burocracia, donde la autoridad es legitimada por la ley y las instituciones.
2. Dominación tradicional: sustentada en la creencia en la santidad de las costumbres y
tradiciones. Se encuentra en sistemas monárquicos o tribales, donde el poder se
justifica por la tradición histórica.
3. Dominación carismática: basada en la devoción a un líder excepcional o un
movimiento revolucionario. Esta dominación es transitoria, ya que depende de la
figura carismática del líder.
La asociación de dominación describe las relaciones jerárquicas en las que un grupo
tiene control sobre otros, y puede existir en muchas formas, como en el Estado, la
iglesia o incluso en empresas. Estos sistemas de dominación están fundamentados en
creencias compartidas sobre la legitimidad del poder.
El Estado, según Weber, es la única institución que posee el monopolio legítimo de la
violencia dentro de una sociedad. Este monopolio le permite ejercer control y mantener
el orden, legitimando su poder a través de las leyes y la violencia organizada.
La burocracia es una forma de organización que se caracteriza por una jerarquía
estructurada, reglas impersonales y eficiencia. En ella, las decisiones se toman según
normativas establecidas, lo que evita la arbitrariedad. Aunque la burocracia es altamente
eficiente, también puede generar rigidez y deshumanización, ya que las relaciones entre
los individuos se basan en procedimientos formales y no en vínculos personales.