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Cuento

El cuento narra la historia de dos pueblos, Grito Pelado y Chito Chito, separados por un río, cuyas diferencias en la forma de comunicarse les impiden entenderse. Con el tiempo, el río se seca y los habitantes comienzan a interactuar, aprendiendo a adaptarse a las voces del otro, lo que les permite formar amistades y relaciones. Sin embargo, cuando el río vuelve a llenarse, deciden construir un puente para mantener la conexión entre ambos pueblos.

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Cuento

El cuento narra la historia de dos pueblos, Grito Pelado y Chito Chito, separados por un río, cuyas diferencias en la forma de comunicarse les impiden entenderse. Con el tiempo, el río se seca y los habitantes comienzan a interactuar, aprendiendo a adaptarse a las voces del otro, lo que les permite formar amistades y relaciones. Sin embargo, cuando el río vuelve a llenarse, deciden construir un puente para mantener la conexión entre ambos pueblos.

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“CHITO CHITO Y GRITO PELADO”

Autor/a: Beatriz Ferro.

Había una vez dos pueblos separados por un río. A uno le decían Grito Pelado porque sus habitantes eran
unos gritones. Al de la orilla opuesta le decían Chito Chito, porque sus pobladores decían todo en voz baja.

Los primeros gritaban, aullaban, vosciferaban, chillaban. Los otros susurraban, bisbiseaban, cuchicheaban.
Los que atronaban con sus voces eran puro: ¿Quéeeeee?, ¡cheeeee!, ¡Jua, jua, jua!.

Los que hablaban suavecito sonaban a “bsss, bsss, bsss, chiqui chic, ¡ji, ji, ji!

Las veces que unos y otros habían cruzado el río en bote o en nado, no habían podido entenderse.

Uno pedía: “Por favor, ¡No me grites! Y el otro: ¿Quéee? ¿Cómo dice? ¡Más fuerte que no lo oigo!”.

Eso los ponía tan nerviosos que un día unos y otros decidieron: “Bah, mejor nos saludamos desde lejos”.

Desde entonces, Grito Pelado y Chito Chito, estuvieron tan distanciados como si, en vez de un río los
separará el mar.

Así sucedió hasta, que un verano, el río se empezó a secar.

Al poco tiempo, sólo hubo un hilito de agua. Al final, se secó nomás.

“¡qué barbaridad!”, exclamaron unos y suspiraron otros. Y se juntaron para comentar lo sucedido, para
quejarse de la mala suerte y preguntarse, qué podían hacer.

Mientras tanto, los niños de ambas orillas se lo pasaron correteando de un pueblo a otro.

Los siguieron las mamás con ganas de curiosear un poco. y los muchachos que aprovecharon para acercarse
a las chicas que, hasta entonces, sólo habían visto de lejos.

En fin, al poco tiempo, todos anduvieron de acá para allá, cruzando esa ancha calle que antes había sido el
lecho de un río.

Y casi sin darse cuenta, unos y otros aprendieron algunas cosas: los gritones a bajar la voz, los silenciosos a
hablar más fuerte.

Unos se hicieron íntimos amigos, otros se pusieron de novios.

Los dos pueblos ya parecían uno solo, cuando, una noche, se sintió un ruido atronador y apareció una
enorme masa de agua, arrastrando a su paso piedras y troncos.

Era el río que volvía a ocupar su antiguo lecho. Y todo cambió de la noche a la mañana. Grito Pelado y Chito
Chito volvieron a estar separados…aunque sólo por un tiempito…

Porque, a los pocos días, los de esta orilla y los de aquella otra, ya estaban haciendo planes para construir un
puente que los uniera.

Un puente sí, para ir y venir, subir y bajar, entrar y salir y acercarse más.

- ¡Maravillosa idea! Murmuraron felices los de Grito Pelado.


- Sí, Sí, ¡Viva el puente! – gritaron dichosos los de Chito Chito.

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