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Historia

El documento presenta varias fábulas y cuentos que transmiten lecciones morales, como la importancia de no ser codicioso en 'La gallina de los huevos de oro' y el valor de la amistad en 'El León y el Ratón'. También incluye una canción sobre el gato Don Gato y un poema de Lope de Vega que juega con la estructura del soneto. Finalmente, se narra un cuento sobre un niño que aprende a respetar a su madre y los valores que sostienen el mundo.

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Historia

El documento presenta varias fábulas y cuentos que transmiten lecciones morales, como la importancia de no ser codicioso en 'La gallina de los huevos de oro' y el valor de la amistad en 'El León y el Ratón'. También incluye una canción sobre el gato Don Gato y un poema de Lope de Vega que juega con la estructura del soneto. Finalmente, se narra un cuento sobre un niño que aprende a respetar a su madre y los valores que sostienen el mundo.

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Historia

La gallina de los huevos de oro


“Érase una vez una pareja de granjeros que, un día, descubrieron en uno de los
nidos en los que criaban gallinas un huevo de oro macizo. La pareja fue
observando que el ave producía tal prodigio día tras día, obteniendo cada día un
huevo de oro.

Reflexionando sobre qué era lo que hacía que la gallina en cuestión tuviese esa
habilidad, sospecharon que que ésta poseía oro en su interior. Para comprobarlo y
obtener todo el oro de una vez, mataron a la gallina y la abrieron, descubriendo
para su sorpresa que por dentro la prodigiosa ave era igual a las demás. Y
también se dieron cuenta que, en su ambición, habían acabado con aquello que
les había estado enriqueciendo.”

Esta fábula, asociada a Esopo aunque también versionada por autores como
Samariaga o La Fontaine y que en ocasiones nos habla de una gallina y en otras
de un ganso, nos enseña la importancia de dejar de lado la codicia, ya que nos
puede conducir a perder lo que tenemos.

Fabula
El León y el Ratón
Después de un largo día de caza, un león se echó a descansar debajo de un
árbol. Cuando se estaba quedando dormido, unos ratones se atrevieron a salir de
su madriguera y se pusieron a jugar a su alrededor. De pronto, el más travieso
tuvo la ocurrencia de esconderse entre la melena del león, con tan mala suerte
que lo despertó. Muy malhumorado por ver su siesta interrumpida, el león atrapó
al ratón entre sus garras y dijo dando un rugido:
- ¿Cómo te atreves a perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte
para que aprendáis la lección!
El ratón, que estaba tan asustado que no podía moverse, le dijo temblando:
- Por favor no me mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas te estaré
eternamente agradecido. Déjame marchar, porque puede que algún día me
necesites –
- ¡Ja, ja, ja! – se rió el león mirándole - Un ser tan diminuto como tú, ¿de qué
forma va a ayudarme? ¡No me hagas reír!.
Pero el ratón insistió una y otra vez, hasta que el león, conmovido por su tamaño y
su valentía, le dejó marchar.
Unos días después, mientras el ratón paseaba por el bosque, oyó unos terribles
rugidos que hacían temblar las hojas de los árboles.
Rápidamente corrió hacia lugar de dónde provenía el sonido, y se encontró allí al
león, que había quedado atrapado en una robusta red. El ratón, decidido a pagar
su deuda, le dijo:
- No te preocupes, yo te salvaré.
Y el león, sin pensarlo le contestó:
- Pero cómo, si eres tan pequeño para tanto esfuerzo.
El ratón empezó entonces a roer la cuerda de la red donde estaba atrapado el
león, y el león pudo salvarse. El ratón le dijo:
- Días atrás, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en
agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos
agradecidos y cumplidos.
El león no tuvo palabras para agradecer al pequeño ratón. Desde este día, los dos
fueron amigos para siempre.
MORALEJA:
- Ningún acto de bondad queda sin recompensa.
- No conviene desdeñar la amistad de los humildes.
Cancion
Estaba el señor Don Gato
Estaba el Señor Don Gato
sentadito en su tejado,
marramiau, miau, miau,
sentadito en su tejado.

Ha recibido una carta


que si quiere ser casado,
marramiau, miau, miau, miau,
que si quiere ser casado.

Con una gatita blanca


sobrina de un gato pardo,
marramiau, miau, miau, miau,
sobrina de un gato pardo.

Al recibir la noticia
se ha caído del tejado,
marramiau, miau, miau, miau,
se ha caído del tejado.

Se ha roto siete costillas


el espinazo y el rabo,
marramiau, miau, miau, miau,
el espinazo y el rabo.

Ya lo llevan a enterrar
por la calle del pescado,
marramiau, miau, miau, miau,
por la calle del pescado.

Al olor de las sardinas


el gato ha resucitado,
marramiau, miau, miau, miau,
el gato ha resucitado.

Con razón dice la gente


siete vidas tiene un gato,
marramiau, miau, miau, miau,
siete vidas tiene un gato.
Poema
"Soneto de repente" - Lope de Vega
Lope de Vega (1562 - 1635) fue el gran renovador del teatro español y también se
destacó en la poesía, ya que se alejó de la rigidez de sus contemporáneos y
decidió explorar juegos de ingenio en algunas de sus obras.

En este poema analiza con mucho humor la estricta construcción de un soneto,


composición de moda en el periodo y nos detalla de forma irónica el proceso, en el
que deben existir catorce versos divididos en dos cuartetos y dos tercetos.

Un soneto me manda hacer Violante,


que en mi vida me he visto en tal aprieto,
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,


y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,


y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho


que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Cuento
Las columnas de la tierra

Érase una vez un niño que siempre trataba a su madre con gritos e insultos, sin
importarle lo mucho que esto la entristecía. Un día, sin saber cómo, despertó en
un lugar inmenso y solitario, sentado sobre una roca de la que surgían cuatro
columnas que parecían sustentar el mundo entero. Estaba allí solo, cuando al
poco vio llegar una inmensa bandada de cuervos con picos de metal que se
lanzaron contra la roca, picoteándola con fuerza. Cuando volvió a estar
sólo, misteriosamente se abrió una puerta en una de las columnas, y de ella
salió una niña simpática y preciosa.
-¿Has venido a ayudarnos? ¡qué bien! nos hace falta toda la gente posible.
El niño no comprendía, y viendo su extrañeza, la niña le explicó.
-¿Así que no sabes dónde estás? Esto es el centro de la tierra, estas columnas
lo sujetan todo, y la piedra sobre la que estás las mantiene unidas
-¿Y a qué queréis que os ayude?- dijo el niño extrañado.
- Pues a cuidar la piedra, claro. Se te ve en la cara que eres la persona ideal-
respondió la niña-.Los pájaros que has visto son cada vez más numerosos, y si no
cuidamos esta piedra un día se romperá y todo se vendrá abajo.
- ¿Que se me ve en la cara?-exclamó el niño sorprendido-¡Pero si nunca he
cuidado una piedra!
- Pero aprenderás a hacerlo, igual que hasta ahora no lo has hecho. Toma,
mírate en este espejo- respondió la niña mientras le ponía un espejo frente a la
cara.
Entonces el niño se vio reflejado, y pudo ver claramente cómo su rostro parecía el
de un pájaro, y su nariz comenzaba a estar metalizada. Quedó allí parado,
asustado y preocupado, sin decir palabra.
- Todos esos pájaros fueron niños como tú y como yo-explicó la niña-pero ellos
decidieron no cuidar este lugar. Ahora que son mayores, se han convertido en
pájaros malvados que sólo lo destruyen. Hasta ahora, tú no has hecho mucho
por cuidarlo, pero ahora que ya lo sabes, ¿me ayudarás a conservar todo esto?
- dijo con una sonrisa mientras le tendía la mano.
El niño no terminaba de comprender todo aquello, pero entonces, al mirar de cerca
las columnas, vió que cada una estaba hecha de miles y miles de figuritas
representado los grandes valores: sinceridad, esfuerzo, honradez, generosidad....
Y al acercarse al suelo, comprobó que la enorme roca estaba formada por las
diminutas historias de niños respetando a sus madres, abuelos, hermanos,
ancianos... sobre la que los cuervos trataban de grabar escenas de gritos e
insultos. Y junto a sus pies, pudo ver su propio dibujo, el de la última vez que
había gritado a su madre. Aquella imagen, en aquel extraño lugar, le hizo ver
que era el respeto lo que mantenía unidas las columnas de los valores que
sostienen el mundo.
El niño, arrepentido, permaneció allí cuidando la roca durante días y días, con
alegría y buenas obras, reponiendo el daño que causaba cada aparición de los
pájaros, sin llegar a dormir un minuto. Así estuvo hasta que, agotado por el
esfuerzo, cayó rendido.
Al despertar, volvía a estar en su casa, y no sabía si todo aquello había sido un
sueño; pero de lo que sí estaba seguro, era de que ningún cuervo volvería a
grabar un dibujo suyo gritando a su madre.

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