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Rehabilitación Psicosocial. Compiladora Ana Pitta, 1994, Editorial Huitec.

Brasil.

TERAPIA OCUPACIONAL Y REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL:


¿UNA RELACIÓN POSIBLE?
Traducción interna: para uso exclusivo de Asignatura TO V- Salud Mental. Carrera de
Licenciatura en Terapia Ocupacional- ICRM- UNSAM.
Alumna: Jezabel Kobrinsky. Revisión: Lic. TO Sara Daneri
María José Benetton

La Terapia Ocupacional nació bajo el signo de la rehabilitación. A lo largo de la historia,


junto con la Fisioterapia, el Servicio Social, la Fonoaudiología y la Enfermería, la Terapia
Ocupacional integra el núcleo de sustentación de los Centros de Rehabilitación.
Como entiendo su especialidad, la Terapia Ocupacional tiene su actuación orientada
hacia el entrenamiento y el desarrollo de habilidades, en la construcción del cotidiano
para los individuos excluidos de la sociedad. Las diferentes teorías de base, los
métodos y las técnicas empleadas por los terapeutas ocupacionales en su finalidad
clínica no han modificado ese carácter vocacional de la profesión.
Dentro de la literatura específica, ese carácter vocacional es pragmáticamente
ordenado como entrenamiento de habilidades, desarrollo educativo, orientación
habitacional y socio-recreativa, direccionando de este modo las acciones de Terapia
Ocupacional y la actuación de los terapeutas ocupacionales.
En 1985 la Asociación Internacional de Rehabilitación Psicosocial [WARP] define como
objetivos pragmáticos para sus Agencias de Salud las mismas funciones con la sutil
diferencia de poner en primer plano el desarrollo socio-recreativo. Ese cambio,
aparentemente poco significativo, trajo consigo un importante cambio de enfoque.
¿Priorizar lo social en Rehabilitación Psicosocial implica salir de los Centros de
Rehabilitación, de los Hospitales y de los Talleres Protegidos, para crear espacios de
intervención en la propia comunidad. Kleinman [1992], en los Estados Unidos,
consideraba que los terapeutas ocupacionales [que estaban] familiarizados con el
modelo de rehabilitación propuesto por la WARPS [que] se orientaban [hacia] la
adaptación funcional dentro de la comunidad, terminarían creando para ellas [las
terapeutas ocupacionales] una prometedora alternativa de acción.
Para poder compartir el entusiasmo de Kleinman, es preciso analizar las propuestas
técnico-administrativas de Rehabilitación Psicosocial en relación con la Terapia
Ocupacional.
De acuerdo con la Asociación Americana de Terapia Ocupacional, entre 1986-1990
hubo una reducción del 16% al 11,8% de terapeutas ocupacionales trabajando en
Psiquiatría. También hay una tendencia muy grande a analizar este dato como el
resultado de la poca investigación profesional de modelos alternativos a los
hospitalarios, que parecen haber agotado su capacidad de producción de
conocimiento y de objetivación en salud.
Precisamos saber entonces, que ocurrió realmente con respecto a la búsqueda de
modelos alternativos a los hospitalarios. En relación a la Rehabilitación Psicosocial,
por ejemplo, Newman [1991] constató, a través de una investigación realizada en los
centros de Rehabilitación Psicosocial en los [Link], que 11% de los 212 centros

1
registrados empleaban mínimamente un terapeuta ocupacional, mientras que un
71% empleaban mínimamente un asistente social. Sobre un total de 3.952
trabajadores de los centros, apenas 24, esto es, 0,6% eran terapeutas ocupacionales
siendo que los asistentes sociales sobrepasaban el 21%. La mayoría de los
trabajadores de Rehabilitación Psicosocial, aproximadamente 48%, son aquellos que
los americanos acostumbran llamar “no-profesionales”. Para nosotros aquí en Brasil,
lo más común es llamarlos “personal auxiliar”. De los 1.885 “no-profesionales”
investigados, 59% no tenían grado universitario, 40% tenían grado de licenciado y 1%
aún estaba en la universidad.
Basándome en fuentes de información cercanas a la literatura de Terapia
Ocupacional y Rehabilitación Psicosocial, vuelvo un poco en el tiempo en busca de
una explicación sobre algunos datos relativos a estos trabajadores. Según Farkas
[1988], para el trabajador en Rehabilitación Psicosocial fue creado un dispositivo que
preconizaba el entrenamiento dentro del propio servicio. Se formaron, así, los
especialistas en Rehabilitación Psicosocial.
Kleinman [1992] parece un tanto desanimada cuando en la búsqueda por develar
algunos misterios, concluye que, teóricamente, los terapeutas ocupacionales en
Rehabilitación Psicosocial tienen su formación basada en un abordaje holístico.
Mientras las técnicas aprendidas parecen ser un secreto muy bien guardado.
Asimismo, ella concluye su artículo alertado a las terapeutas ocupacionales que,
aunque el número de profesionales en el área de Salud Mental esté disminuyendo, el
número de personas que precisan de los servicios no lo está. ¿Qué hacer entonces?
Pienso que primeramente se impone la tarea de encontrar un espacio más agradable.
Analizando otros estudios de colegas extranjeros, es posible concluir que hay una
seria cuestión de poder detrás de la relación con la Rehabilitación Psicosocial.
Chaberlin [1994], en un artículo crítico-reflexivo en el Boletín de la WARP dice que
sólo personas disconformes hablan sobre el poder. Creo que no: [sino] los precavidos
y los esperanzados también.
Hoy nos visita la Rehabilitación Psicosocial, la puerta es abierta por Ana Pitta pero
también queremos compartir el que nos reciban. Poco conocemos de nuestros
huéspedes y tomamos entonces sus palabras para presentarlos.
Saraceno [1993] nos cuenta que la Rehabilitación Psicosocial prevé un proceso de
restitución, construcción y reconstrucción de derechos políticos, legales y sociales para
el ciudadano. El es enfático cuando propone un proyecto de rehabilitación a través de
respuestas positivas de profesionales y de la sociedad capaz de promover emociones y
el reconocimiento del enfermo mental.
Creo que aquí podemos encontrar por lo menos una primera respuesta a la cuestión
del poder encontrada en los trabajos de los colegas americanos y canadienses. La
Terapia Ocupacional tenía un proyecto técnico para la rehabilitación. No solo ella, sino
también aquellos profesionales no médicos que la sustentaban.
Por algún tiempo los médicos se mantuvieron alejados, pero ahora comenzaron a
regresar. Para Kleinman, ese retorno a partir de 1986, esta caracterizado por una
remedicalización.
Comprendo que la propuesta es, la ampliación de lo que era un proyecto técnico para
incluir lo socio-político. A partir de esto, imagino que el acercamiento médico trajo
también como consecuencia, una mejor estructura en la intervención medicamentosa.
Lo que podría ser tomado entonces como una buena causa para el acercamiento

2
médico a la rehabilitación, bien puede ser una buena consecuencia. Considero que la
presencia del médico detentor del mayor poder sobre los proyectos de rehabilitación,
le dan a estos una mayor posibilidad de éxito.
Tenemos el deber de recibir con esperanza cualquier proyecto de este orden y poner
el esfuerzo para que se transformen en realidad.
Al contrario de los colegas del norte, los brasileros han sido bastante activos e
innovadores en el proceso de deshospitalización [desinstitucionalización], de la misma
manera en que están empeñadas en invertir en programas en la comunidad. De las
tres tesis de Doctorado en terapia ocupacional defendidas en Salud Mental en el país,
dos de ellas, la de [Helosia Rocha Medeiros] Medeiros [1994] y la de [Sonia] Lancman
[1995] tratan estas cuestiones y sus consecuencias.
Esto significa su propia negación, la pérdida del rol, que impone a todos, internos y
funcionarios, la reclusión y el confinamiento en los patios, manteniéndolos lejos de sus
calles y de la vida de las ciudades, excluidos hasta la muerte”
Hay un tipo de exclusión en la Terapia Ocupacional que los propios terapeutas
ocupacionales exponen. Nascimento [1990] dice lo siguiente: “La intervención técnica
centrada en el “laboratorio de actividades” [la ebanistería, la pintura, etc.] o en la
relación terapéutica produce una división entre lo técnico y lo político, que sólo
beneficia a la propia técnica porque la exime de asumir otras responsabilidades. Y
tranquiliza artificialmente nuestra conciencia.”
Sobre esta exclusión [Berenice Rosa] Francisco [1991] trae a superficie la ética, en del
drama del sujeto-paciente en el contexto de salud, como objeto fácil de manipulación.
[Fátima] Oliver [1990] nos conduce a los centros filantrópicos de rehabilitación
brasileros y nos muestra terapistas ocupacionales paternalmente “fabricando
individuos”, como puros ejercicio de rehabilitación. Como en estos centros no está
prevista la inserción social de su población, esta pasa la vida girando alrededor de
ejercicios de rehabilitación.
Barros [1993 y 1994], crítica de los proyectos americanos y profunda estudiosa de la
política social basagliana, traspasa este conocimiento para llamarnos a reconocer la
existencia de una Terapia Ocupacional brasilera. Esta, en su diálogo con la Psicología,
es calificada diferente de la americana, puramente funcionalista, impuesta aquí en el
nacimiento de la profesión. Ella incluso predice “Creo que la Terapia Ocupacional en el
año 2000 deberá orientarse hacia la construcción permanente de un saber solidario
frente del dolor humano, deberá orientarse hacia la necesidad de una producción
teórica que sea capaz de captar la realidad y el movimiento social”. Furtado [1991]
propone como forma de llegar, esto es al futuro una reflexión sobre lo que es el
fenómeno en sí en Terapia Ocupacional y lo que es su objeto.
Las colegas que acabo de presentar ya tienen imbuido del espíritu dualista de la
Rehabilitación Psicosocial, es decir, de la especialidad profesional aliada a la política
social, como siempre ha enfatizado Bertolote. En cuanto a mí, usufructuando de todos
esos conocimientos e informaciones construidos por las colegas terapistas
ocupacionales, puedo darme el lujo de particularizar.
Para comenzar, tomo prestada la inquietud del querer-saber-todo del antropólogo,
etnólogo, educador, ficcionista, poeta y socialista Darcy Ribeiro: “Sólo queda una
salida: es luchar para construir en el futuro una sociedad de tecnología muy avanzada,
pero con gusto por vivir la cordialidad, el respeto recíproco y la libertad que los indios
tenían”.

3
Uniendo esta, que puede bien ser una receta, con las inquietudes de Barros y de
Furtado, ando dando vueltas con las técnicas avanzadas de la Terapia Ocupacional.
Por un lado, casi como mecanismo de reacción he buscado la especificidad de este
campo [rehabilitación psicosocial], en contraposición al puro y simple movimiento de
adaptativo a los proyectos de salud.
Por otro lado, la especificidad es lo que va a calificarla de social y por lo tanto pasible
de transmisión. Creo que en todos los lugares donde la Terapia Ocupacional es
respetada podrá, en cordial interdisciplina, cumplir con los propósitos de la
Rehabilitación Psicosocial.
No obstante, la cuestión que particularizo no tiene que ver con los propósitos de la
Rehabilitación Psicosocial, una vez que los comprendo amplios para las
“negociaciones” político-sociales.
Como la Terapia Ocupacional tiene, a mi entender, como propósito final la inclusión
social del excluido es preciso comenzar a evaluar, en cuanto a lo social, su real eficacia.
Esta es mi gran cuestión actual. Si por un lado pienso que es preciso evaluar la
inclusión, por otro tenemos que admitir que una cuestión ética gana el primer plano.
¿La evaluación se realizará por lo nuevo o por lo readquirido?
Si mi observación se vuelca hacia la creencia en la rehabilitación, por el prefijo “re”
quedo examinando lo nuevo en relación al estado anterior (lo viejo). ¿Pero alguien que
tuvo un dedo fracturado y que después de rehabilitarse quedó completamente curado,
es la misma persona? Parece que no. El tuvo la experiencia de no poder usar un dedo y
después usarlo nuevamente. Esto, queramos o no, acarrea cambios. Aunque el
problema haya sido pequeño, la persona evaluó y fue evaluada hasta que el dedo
quedara bien.
¿El cambio es apenas sólo la readquisición?
Veamos ahora: ¿cuándo es que un esquizofrénico está bien? ¿Cuándo el vuelve a ser el
que era antes? Sabemos que el no vuelve a ser quien era antes y con eso corremos dos
grandes riesgos: el primero es mantenerlo siempre en evaluación y el segundo es
consecuencia del primero, o sea nunca poderlo considerar rehabilitado.
La búsqueda de evaluaciones comparadas y la ética en mi profesión me llevaron a un
alejamiento casi definitivo de todo concepto que implique la restitución del estado
anterior. De esta forma, no hay comparaciones, sólo lo vivido y lo experimentado se
vuelve subsidio para el futuro. Con esto, expongo francamente mis preocupaciones
con esta otra dualidad aparente de la Rehabilitación Psicosocial. Todo un nuevo e
innovador proyecto que vincula la salud y a la comunidad, sociopolíticamente puede
quedar definitivamente junto a un término comprometedor como es el de
“rehabilitación”?
O aún mejor, ¿cuál es la propuesta de la propia Rehabilitación Psicosocial para
revitalizar el término “rehabilitación” de manera de separarlo de la memoria social
circulante y circunscripta por aspectos legales, jurídicos y militares, de estados de
excepción?
Un estado de excepción es, sin duda, el estar enfermo y no conseguir ver la
Rehabilitación Psicosocial con propósitos circunscriptos a ese estado. Creo inclusive
que intervenciones proyectadas a través de estrategias de Rehabilitación Psicosocial,
para estadios iniciales de la enfermedad, establecen la posibilidad de mejores
pronósticos que los promovidos por la simple medicalización.
De esta forma, vamos a tener que preocuparnos menos por la rehabilitación.

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En síntesis, el término “rehabilitación” precisa ser desvinculado de estados de
excepción y precisa, al mismo tiempo tener y mantener compromisos de hecho con el
desarrollo de vida, cualquier vida, en el sentido de la trama de lo cotidiano que implica
la aceptación de todo lo que es habitual.
Tal vez por no imaginar beneficios y por no admitir más la “rehabilitación” como algo
vinculado a la práctica de la deconstrucción, sea ella cual fuera, me atrevo a sugerir el
abandono y la sustitución del término a WAPR [Asociación Mundial de Rehabilitación
Psicosocial].

Bibliografía
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