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Autobiog Rafi A

El autor reflexiona sobre su vida y su identidad, destacando la influencia de su infancia en el barrio de Pompeya y su experiencia escolar en el Colegio Doctor Gerardo Sisto. A través de su autobiografía, menciona la ceguera de Borges como inspiración para dictar sus recuerdos, a pesar de sus propias limitaciones físicas. La narrativa explora la importancia del contexto y la estructura en la formación de la identidad personal.

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Autobiog Rafi A

El autor reflexiona sobre su vida y su identidad, destacando la influencia de su infancia en el barrio de Pompeya y su experiencia escolar en el Colegio Doctor Gerardo Sisto. A través de su autobiografía, menciona la ceguera de Borges como inspiración para dictar sus recuerdos, a pesar de sus propias limitaciones físicas. La narrativa explora la importancia del contexto y la estructura en la formación de la identidad personal.

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Borges escribió sus mejores cuentos antes

de quedar ciego y aunque esa ceguera


que lo acompañó toda su vida se
completó a los 55 años (es decir, no era
viejo cuando dejó de ver) siguió
escribiendo hermosos cuentos. Pero la
magia que tuvo se le perdió con la vista, y
se convirtió en un escritor que dictó sus
últimos relatos. Pero se dice que los
escribió porque ahora están en papel
aunque no pudo escribirlos nunca. ”El
duelo”, por ejemplo, lo arranca así: ”Dictar
esta historia será para mí una modesta y
lateral aventura.”
Muy importante situar, dar contexto.
Entender la subjetividad, desde donde se
habla. Hay cosas solo se pueden entender
entendiendo el contexto. Porque aunque
todo se pueda poner en palabras (”nada
hay fuera del texto”, dice Derrida), hay
estados mentales muy difíciles de definir
con una imagen, una metáfora. Quedan
todas mal, no representan lo que se
quiere decir. Estoy subiendo al cerro
Belvedere. Tuve que salir a caminar un
rato porque tengo una hernia entre la
cuarta y la quinta vértebra que me hice
por haber pasado muchos años de vida
sedentaria, sin hacer ejercicio. Hasta que
un día empecé a sentirme mal de la
espalda y me diagnosticaron una hernia,
que lamentablemente no tiene cura. O, si
la tiene, es una carnicería. Así que cambié
el estilo de vida sedentario. Me ayudó
venirme a vivir al sur, empecé a caminar
mucho. Y cuando quise acordarme, la
hernia ya no me molestaba. Pero hace dos
días volvió y me está torturando. No
puedo estar acostado, no puedo estar
sentado, no puedo estar parado. Así que
como no tengo traje para ir a nadar ni ala
delta para tirarme de arriba de una
montaña, tuve que salir a caminar. Y
como hace varios días no puedo pensar
en otra cosa que no sea en esta
autobiografía, decidí dictármela mientras
subo el Cerro Belvedere, con un dolor en
la pierna derecha que no sé cuándo se me
va a pasar. Por eso me acordé del viejo
Jorge Luis y dije, ”bueno si él no pudo
dejar de escribir aun ciego, y se puso a
dictar, yo con estas nuevas tecnologías
voy a hacer lo mismo. Dictar mi
autobiografía será mi modesta y lateral
aventura.”
Nací en el barrio de Pompeya. En realidad
mi llegada al mundo se produjo en el
Sanatorio Güemes, en Palermo, muy cerca
de esa esquina donde se junta con los
barrios de Villa Crespo y Almagro. Y en
esa época mis padres vivían en el barrio
de Montserrat (Belgrano entre Perú y
Bolívar), a cuatro cuadras de la Plaza de
Mayo. ¿Entonces por qué construyo mi
identidad (y comienzo esta autobiografía)
eligiendo el barrio de Homero Manzi, ese
lugar que queda ”más acá de la
inundación”? Básicamente porque toda mi
vida escolar me pasó viviendo en ese
departamento de la calle Tilcara. Siempre
sentí como un privilegio el hecho de que
mis papás decidieran mudarse de barrio
justo antes de empezar primer grado y
terminar la primaria en la misma escuela
y no haber tenido que sufrir nunca el
cambio de escuela. Entonces, yo digo que
nací en Pompeya porque en realidad
viviendo en Pompeya empecé primer
grado, terminé séptimo grado, empecé la
secundaria, terminé la secundaria.
Digamos que toda mi formación escolar la
atravesé viviendo en el barrio de Homero
Manzi y Horacio Acavallo.
Pero me da la sensación de que hay algo
más. Porque yo, que me considero un
enfermo del orden, me gustan las
estructuras (creo que por eso soy editor),
me gusta tener ordenados los archivos,
me gusta la computación, me gustan las
bases de datos y me gusta el arte (para
mí el arte es estructura, es orden. Cada
obra de arte es una combinación del caos,
que es uno solo y sucede sin ninguna
explicación a nuestro alrededor). Y
también sucede adentro nuestro.
Entonces este ejercicio plantea mirar ese
universo caótico que llevamos dentro todo
desordenado
que algunas cosas las tenemos presentes
porque estuvieron siempre en la superficie
son esos recuerdos de cuando uno tenía
tres años, cinco años, no sé, yo ahora no
me puedo poner a decir pero sí, yo me
acuerdo haber ido al trabajo con mi
mamá, con tres años, no me acuerdo
exactamente que pero me acuerdo de ese
momento, entonces me acuerdo caminar
a la entrada del edificio de la Avenida del
Verano donde viví apenas cuatro años,
cinco años, pero me acuerdo de esa
entrada colonial que tenía un edificio que
ya no existe más, lo primero que hice
cuando entré al Colegio Nacional de
Buenos Aires es bajarme una parada
antes y caminar hasta el edificio donde
había nacido, tampoco nací ahí, ¿no? pero
bueno, a donde llegué recién nacido, el
primer inmueble que habité y no estaba
más, no estaba más o no lo encontré,
caminé toda la cuadra y no pude
reconocer, o sea, que no me acordaba
también cuál era la entrada desde la
vereda, me acordaba el zaguán, digamos,
el pasillo, tenía como una entrada, un hall
de entrada y después pasabas por un
lugar al aire libre a donde ibas a los
departamentos, no lo encontré así que no
pude cerrar ese círculo, no sé si, me
parece que esa casa la derrumbaron, la
demolieron para siempre y construyeron
los vecinos, por eso no lo encontré, no sé
si queda algo en esa cuadra el casco
histórico de Buenos Aires, así que bueno,
desde el casco histórico de Buenos Aires
el casco histórico de Villa La Rostura
entonces, yo que soy un loco del orden y
todo eso, agradezco que me haya pasado
el hecho de que justo nos mudamos de
casa antes de que yo entrara a primer
grado, entonces no tuve que, no viví eso
de tener que cambiar de escuela en
segundo grado, en tercer grado, en
segundo año, en cuarto año, tuve muchos
amigos que fueron y vinieron como tuve
muchos amigos desde primero a séptimo,
que entramos juntos en primero y nos
fuimos juntos en séptimo también tengo
amigos que los conocí cuando ellos
entraron a sexto, a quinto, o sea que
venían de otro lado y bueno, eran como
nosotros, los que estábamos desde
primero, se les notaba que estaban
pasando un momento de desarraigo se
notaba que se tenían que poner, entrar en
calor, conocer a los nuevos compañeros ir
a saber qué les pasaba en la casa, por qué
se habrían mudado, de esa información sí
que no tengo ninguna recuerdo a Soledad,
que había vivido en Brasil y llegó cuando
estábamos en quinto recuerdo a Oscar,
que lo conocí en séptimo, pero porque
había repetido, era más grande que yo,
dos años más grande que yo eso también
me parecía, no sé, me parecía, agradecía
que a mí no me estaba pasando eso o, no
sé si agradecía, pero me daba cuenta de
que éramos diferentes, por eso, o yo le
daba mucha importancia a esa
característica ¿Quién más? Bueno, Yamila,
que vivía en Lanuseste, Gerardo Arce, que
vivía en Villa Solati, en fin, muchos
compañeros algunos eran más grandes y
otros parecían más grandes, pero tal vez
no lo eran pero bueno, la cuestión es que
yo fui a la primaria, al colegio número 2,
Distrito Escolar 19, Colegio Doctor
Gerardo Sisto que hace poco me enteré
que Gerardo Sisto fue un educador, o sea
un maestro, esto de ponerle palabras
académicas a palabras que uno siempre
dijo de otra manera, fue un maestro que
además fue muy generoso y
probablemente tuvimos en la escuela la
historia del Doctor Gerardo Sisto, porque
era el patrón de nuestra escuela pero, no
recuerdo, entonces, bueno, fue un
educador muy generoso, eso asegura Wiki
que, un dato, facto, fue el que instauró la
copa de leche en los colegios, en las
escuelas esto me lo dijo hace poco un
amigo de Vale, yo lo conozco, un tipo que
ahora trabaja de asesor en política y
escribe, y lo vi hace, él lo conocí hace
mucho, después no lo vi más, me pareció
un personaje él no sé si se acordaba de
mí, pero, amigo de Vale, entonces nos
cruzamos y yo cuando lo empecé a
escuchar dije yo a este tipo lo conozco, a
este tipo lo conozco, después me acordé
quién era y me dijo David, no importa, es
irrelevante, y me dijo Osvaldo, creo que se
llamó, Osvaldo era el loco la cuestión es
que el chabón me pregunta, y vos de
dónde sos, de Pompeya, dónde naciste, de
Pompeya ah, mirá, yo también soy de
Pompeya, y de a qué escuela fuiste, a qué
escuela fuiste, me dice o sea, no me
preguntó en qué esquina vivía, dónde
vivía, no sé qué, o creo que me preguntó
a dónde vivía sí, lo primero era dónde
vivía, en la calle Ticara, a dos cuadras de
la iglesia me dice, ¿y dónde fuiste a la
escuela? y ahí los dos dijimos, al unísono,
a Genaro Sisto ¿fuiste a Genaro Sisto? sí,
yo también fui a Genaro Sisto, vos sabés
que Genaro Sisto fue el tipo que estaló la
copa de leche en las escuelas, la copa de
leche obligatoria, mirá vos, yo no sé, me
parece que en mi cabeza en algún lado no
tenía ese dato, pero dije, wow, yo tengo
que empezar con esto, la biografía, la
autobiografía no puedo empezar en otro
lado, lo busqué en wiki, efectivamente,
entre otras cosas que hizo este querido
maestro, instauró la copa de leche
obligatoria en las escuelas primarias y yo
me acuerdo, uno de los momentos más
lindos era a la tarde, yo iba a la tarde, fui
a la tarde primero TT, segundo TT,
segundo B sería, TT uno de los momentos
más lindos era parar para tomar la leche a
la tarde, nos traían el vasito ese la
serenísima y sacábamos la tapita esa
metalizada, nos daban un pedacito de pan
a veces nos daban una porteñita, una
porteñita, a veces nos daban un paquetito
de esos de malón que tenía tres galletitas,
nos daban una traviata, no me acuerdo,
me acuerdo de la copa de leche la
serenísima, porque con las tapitas
nosotros las sacábamos y hacíamos como
unos conitos como si fueran unos bonetes,
bien prolijitos, primero la aplanábamos
con la regla para que quede bien, bien,
bien lisita para sacarle todas las arrugas,
después la poníamos en los dedos
armábamos un bonete y juntábamos diez
y nos hacíamos unas garras
espectaculares porque ese coso quedaba,
seguía armado, entonces era muy lindo
rascarse con eso la cara el cuello, los
brazos, era re loco ese juguete que nos
hacíamos que duraba hasta que
empezaba la próxima hora o nadie,
alguien venía y te la rompía porque nada,
porque se rompía, era muy, era dura pero
al viento, no sé, era resistente era
aluminio, era una lámina de aluminio,
entonces eran como unas garras, eso,
hacerse rascarse la cara era muy flasheo
eso, rascarse la cara y el cuello, así que
mirá, se lo debemos a Genaro Sisto eso, el
patrón de nuestra escuela,
para mí la escuela fue un lugar muy
importante ¿Por qué? Obviamente para
todo el mundo es un lugar muy
importante, ¿no? ¿Quién podría decir que
no? Pero, ¿qué pasó? A mí siempre me
costó, a mí me cuesta la socialización, yo
soy un ermitaño a mí me cuesta mucho
estar con gente, me trabo, me cierro,
tengo como una especie de, no sé como
esas cerraduras que se cierran cuando
van para atrás, una chaveta que traba yo
tengo una chaveta, cuando hay mucha
gente, cuando estoy frente a mucha
gente, me cierro me aluno, me trabo, no
me sale nada, me da vergüenza, soy
tímido, por eso siempre me costó y
aparte, cuanto más pienso en eso, peor, o
sea, los momentos en los que yo logro
desenvolverme y charlar con la gente es
porque no estoy pensando en eso, pero si
ese pensamiento se me mete en la
cabeza ya está, no se me va más, por eso
para mí siempre fue muy difícil irme de
vacaciones porque me quedaba solo, me
llevaba muchos días, ahora que lo pienso
capaz que era porque yo tuve amigos de
vacaciones, capaz que lo que me pasó fue
que como es, ya estoy pensando en eso y
se me fue todo el hilo de lo que estaba
charlando no, yo me hago amigos, pero
bueno, como soy ansioso también, se ve
que me hubiera gustado hacerlo más
rápido bueno, la cuestión es que mucha
gente me traba, mucha gente me traba,
un poco nervioso digo estupideces,
hago comentarios, si soy gracioso, soy
gracioso, siempre me resultó fácil siempre
me gustó eso de poner el ojo donde nadie
lo pone para sacar una carcajada eso me
pareció siempre como una manera linda
de empezar a participar, lo que pasa que
a veces medio sin fines, a veces hago
algunos comentarios que la gente se ríe
de lo incómodos que son pero bueno, es el
precio a pagar por estar al lado de un
desubicado como yo bueno,
la cuestión es que para mí la escuela fue
un lugar re importante porque estaba muy
cerca de mi casa o sea que yo no
necesitaba que mi mamá y mi papá me
llevaran eso para mí fue re groso, que yo
pudiera ir caminando desde muy chico a
la escuela porque estaba a dos cuadras de
mi casa muy groso y yo ahora, por
ejemplo, Manu, yo tengo un hijo que ya
está por terminar el quinto año pero
nunca fui solo a la escuela, a la primaria,
jamás, nunca, nunca, nunca, nunca yo fui
siempre, yo fui siempre, era el secundario
también y me tenía que tomar un
colectivo desde el primer día fui en
colectivo, jamás me llevaron bueno, Manu
eso no lo vivió, no sé si es mejor o peor,
simplemente no lo hizo entonces, para mí
era muy importante que ese lugar
estuviera tan cerca de mi casa que
estuviera a dos cuadras de mi casa, a
cinco minutos por momentos también era
medio raro, vivir a dos cuadras de la
escuela salir a caminar por el barrio y de
repente pasar por la escuela no sé, era
una cosa rara también, porque son como
dos mundos que no se tocan la escuela y
la casa, yo tengo esa idea, ¿no? son como
dos mundos paralelos pero bueno, entre
mi casa y la escuela había como una
frontera grosa que era la avenida
Santanera, entonces ese lugar era una
avenida que pasaban cuatro líneas de
colectivo, dos líneas de colectivo, tres
líneas de colectivo tenía mucho tránsito,
estaba a cuatro cuadras de Puente Alcina
o sea que es a tres cuadras de un centro
comercial de mucho tránsito muy
transitado entonces, hola entonces era
una frontera grosa era todo un evento, el
cruce de la avenida para los chicos que
vivían de este lado de Santanera porque
es así, la escuela está en la calle Tilcara,
entre la avenida Santanera y la calle
Momba ¿no? como si te dijeran, mirando
hacia el sur, mirando hacia Puente Alcina
tenemos hacia el este a ver, sería mirando
hacia el sur tenemos hacia el este, claro
hacia el este estaba la avenida Santanera
y hacia el oeste la avenida Momba
entonces, la mayoría de los chicos que
eran del barrio, que vivían en el barrio
salían hacia la calle Momba ¿no? o sea en
dirección oeste porque era la parte
residencial del barrio no había edificios,
eran dos casitas bajas ahora todavía por
el Google Maps se puede ver
perfectamente cómo Santanera separa
esa parte del barrio, en esa parte porque
aparte es el lugar donde estaban las
fábricas la parte comercial también y del
otro lado, cruzando Santanera eran más
edificios, estaban los bancos se iba a la
calle Saenz, que es el centro de Pompeya
y en la calle Saenz pasan 60 líneas de
colectivos y para la calle Saenz se iban los
chicos que vivían en la asalada porque al
generar asisto venían muchos chicos de la
asalada porque en esa época no había los
EGM, EGET, EGET que se hicieron después
eso fue como en los 80, ¿no? empezaron a
salir esas escuelas, no me acuerdo pero
yo entré, te estoy hablando del año 79 yo
empecé primer grado en el 79 y terminé
en el 85 entonces, yo salía de la escuela y
me iba para la salida de Santanera
aunque yo vivía en el barrio yo salía con
los chicos que vivían en la asalada yo no
salía con los chicos del barrio los chicos
del barrio se iban a Paramón y eso ya a mí
me resultaba, me daba envidia yo decía,
¿por qué ellos salen a Paramón? yo salgo
para Santanera no voy con estos pibes
que no los veo más porque se iban, se
tomaban el colectivo y se iban y a mí, no
sé mis amigos de la escuela se iban a
Paramón entonces no vivían cerca de mi
casa y yo no iba después a esa parte del
barrio a veces, después más de grande
empecé a ir, pero yo jugaba con los pibes
mi cuadra, uno juega el mundo de los
chicos es la cuadra de su casa y capaz
otra, y va sumando entonces yo me hice
amigo de los que vivían en mi piso yo
vivía en un edificio donde había desde la
A a la I entonces yo me hice amigo de los
chicos que vivían en la I en el edificio, que
después se fueron yendo del edificio yo
me quedé hasta siempre y bueno, me
quedé amigo de ellos con ellos jugaba la
pelota y ellos no iban a la escuela ¿y por
qué no iban a la escuela? porque iban
todos a la escuela de curas que estaba a
la vuelta la escuela de curas era la
escuela que tenía gimnasio donde íbamos
a jugar a la pelota cuando estaba
lloviendo y no podíamos jugar afuera o
cuando no teníamos no éramos
suficientes o no teníamos ganas de irnos a
jugar hasta la placita de la Coca-Cola y
queríamos jugar en un arco pintaba
partidito, había algún torneo algo, y bueno
nos gustaba ir a jugar al gimnasio de la
escuela de curas y la escuela de curas era
la escuela de los otros chicos, y yo decía
che, que linda que está esta escuela ¿por
qué mi escuela no tiene una cancha de
fútbol así? y además, en mi escuela no se
puede entrar a fines de semana no se
puede entrar, está cerrada esta escuela
está abierta a fines de semana, se puede
jugar tiene aros de básquet, podemos
jugar al básquet si se nos encanta tenía
un lugar cerrado, un gimnasio cerrado
para jugar a la pelota vasca que era
espectacular ese lugar tenía un eco y se
podía jugar a la pelota ahí la podías
patear con todo y no se iba a ningún lado
quedaba siempre encerrada se daban los
partidos re locos en ese lugar

Entonces, en mi escuela no se podía ir a


jugar a la pelota, ¿ok? Entonces, seguimos
con el contexto, ¿eh? Hablando del
contexto, se me fue el dolor, hice bien en
venir a caminar. El tema es que yo ya sé
que cuando pare y llegue a mi casa, va a
empezar de vuelta. Pero bueno, por lo
menos funcionó bien mi intuición de salir
a caminar.
Y esto de estar grabándolo y presentarme
a desgrabarlo. Bueno, entonces, no se
podía ir a jugar a la pelota en mi escuela.
Íbamos a jugar a la pelota en la escuela
de curas.
Pero yo no iba a esa escuela. Parece que
era privada. Sí, estoy casi seguro que era
privada.
¿Y por qué no iba a esa escuela? Otra
diferencia que tenía. ¿Por qué iban todos a
esa escuela y yo no? Porque era una
escuela de curas. Y yo preguntaba a mi
mamá, papá, ¿por qué no voy a esa
escuela? Ah, mirá si te vas a ir a la
escuela de curas.
¿Por qué me vas a esa escuela? ¿Qué tal?
No fui a la escuela de curas. Y después los
pibes a veces, cuando no iban a la
escuela, iban a catequicis. Y yo, oh, iban a
la iglesia los domingos.
Y yo ahí no los veía porque ellos me
decían, no, tengo que ir a la iglesia. Y yo
decía, eh, ¿por qué van a la iglesia?
Bueno, yo también voy a la iglesia, papá,
me voy a la iglesia. ¿Qué te vas a la
iglesia? Me decía el papá.
¿Y por qué los pibes se van a la iglesia?
Pero van a otra cosa. Van a misa. ¿Qué
vas a ir a la iglesia? Voy a catequicis con
los pibes.
¿A qué vas a ir a catequicis? Si no vas a
tomar la comunión. ¿Qué es tomar la
comunión? Toda esa parte que está por
fuera de la escuela. Eh, yo también quiero
tomar la comunión.
¿Pero me decías que ibas a tomar la
comunión? Bueno, en fin. Entonces, para
mí estaba muy bueno ir a la escuela.
Estaba muy bueno tener la escuela cerca.
Yo lo recuerdo como algo que, no sé,
pertenecía a la escuela, era mía. Estaba
cerca, dos cuadras. Me parece que yo era
el que más cerca vivía de la escuela.
No recuerdo si había chicos que vivían
enfrente, ponele. O a la vuelta, puede ser.
Pero para mí, en eso yo me sentía
especial.
De vivir tan cerca de la escuela. Aparte,
cuando estuve en sexto y séptimo grado,
directamente fue una gloria poder
quedarme en casa almorzando, ver el
zorro, hasta cinco minutos antes, no
perderme ningún capítulo, porque en tres
minutos yo llegaba a la escuela. Entonces,
yo ya comía preparado, vestido, con todo
preparado.
Y no me perdía, miraba el zorro hasta los
títulos del final. Y después, más adelante,
que miré El superagente 86. Sexto,
séptimo grado.
Recuerdo como uno de los momentos más
hermosos de mi vida es disfrutar esa
comedia tan genial de Mel Brooks. Esos
gags maravillosos. Y también me sentía
un privilegiado, porque como vivía cerca
de la escuela, lo podía ver hasta el último
minuto.
Porque no es como ahora, que vos te
agarrás y ves lo que quieras. En ese
momento, el superagente, al mediodía,
era una maravilla. Y llegaba a la escuela
cargado con una energía que era
espectacular.
Entonces, ¿qué pasaba? Nunca faltaba.
Jamás faltaba a la escuela. No tenía
ningún motivo para faltar.
Los chicos que se tenían que tomar el 32
para ir a la asalada y tardaban como una
hora en el viaje, y aparte vivían en la villa
de la asalada. Entonces, cuando llovía
mucho, no podían salir de la casa. O sea,
nada, lo que ya conocemos, lo que se
conoce.
Era una escuela pública donde venían
pibes muy humildes, muy humildes. Todos
los que vivían en el barrio no eran
humildes, pero todos los que venían de
allá, eran muy humildes. Pero ya no
faltaba nunca.
No faltaba nunca. Y un día llegué a la
escuela, un día que, no sé, debe estar en
algún lado. Debe pertenecer a la historia
de las lluvias más grosas del año.
Pero, mirá que para mí... ¡Hola! ¿Todo
bien? Sí, sí. Uy, sí. Chau.
Acabo de cruzar con Renata. Qué locura.
Bueno, espero no perderme.
Bueno, entonces, no faltaba nunca. Y ese
día que debe estar, que fue una lluvia,
que se suspendieron las clases. A ver,
mirá la lluvia que debía haber sido, ¿no?
Habría que buscarla, no me acuerdo el
año.
Habría sido 84. Porque esto también es
importante. Yo recuerdo muy poco de la
escuela, muy poco, de primero a séptimo,
ponerle.
Primero a sexto. Prácticamente no
recuerdo nada. Muy poco, muy poco.
O ahora podría... Sería muy atrevido de mi
parte ponerme a tratar de sacar a reflotar
alguna historia. Salvo que recuerdo que
quise mucho a mi maestra de primer
grado, que se llamaba Susana. Igual que
mi maestra de jardín, que también la
quise.
Pero, a ver, todos los chicos quieren a la
maestra de primer grado, ¿no? O sea, es
algo muy lindo ser maestra de primer
grado. Porque la verdad que los chicos son
un amor. Son hermosos los chicos de
primer grado.
Y eso, o sea, la maestra de primer grado
es lo más, es lo más. Y la mía se llamaba
Susana. De eso me acuerdo, de la
maestra de primer grado.
Pero no me acuerdo cosas de adentro del
aula, por ejemplo. No me acuerdo.
Entonces, ¿por dónde iba? Y este día de
tormenta, te digo, una tormenta que hizo
sorprender a las clases.
Llegué a la escuela como si nada, qué sé
yo. Sí, llovía mucho, dos cuadras. Y me
reciben en la puerta y me dicen, no, se
suspendieron las clases.
¿Qué haces acá? Sarmiento, me dicen.
Sarmiento, me dijeron. ¿Qué haces acá?
Se suspendieron las clases.
¿No ves cómo llueve? Ah, sí, es verdad,
llueve un montón. ¿Y por qué se
suspendieron las clases? Porque llueve. Y
sí, hay un montón de gente que no puede
venir.
Gente que trabaja no puede venir. Bueno.
Y me dio la depresión ese día que me tuve
que volver a mi casa, porque para mí
estaba buenísimo ir a la escuela.
Yo iba ahí, me juntaba con los pibes, me
juntaba con los amigos, hacía cosas. No
sé, la pasaba bien. Era lindo ir a la
escuela.
Si no en mi casa, ¿qué me quedaba
haciendo? ¿No? No era muy divertido
quedarme en mi casa. No era muy
divertido quedarme en mi casa a la hora
de la escuela, porque estaban todos los
chicos en la escuela. Ese día
probablemente tampoco se podía salir a
jugar a la calle.
Ya te digo, fue una tormenta que
suspendió las clases. Así que bueno, me
acuerdo de eso. Esa semana cargaban
todo.
Me decían, eh, ¿a qué no sabés quién vino
ayer? Mirá qué traga que es. Claro, porque
a mí me quedó eso. Me quedó el mote de
traga.
Porque yo, de chico, fui... De chico, sí, en
el secundario no. Pero de chico yo fui un
traga. Soquetes eran los que eran malos
porque tenían problemas, porque eran
repetidores, porque no les importaba.
Oscar, Gerardo, Jaime. Otros chicos que
eran un bardo. Yo era un traga.
Pero porque estudiara. Yo no recuerdo. O
sea, yo salía de la escuela y no agarraba
un libro, pero ni que me mate.
Yo quería salir a la puerta a jugar. A jugar
a la pelota, a jugar a la escondida. Me
encantaba eso.
A jugar al quemado. A jugar al patrón de
la vereda. Jugaron los autitos en la vereda.
Jugaban carreras de autitos. Dibujadas. En
pistas dibujadas con baldosas rotas.
Autitos preparados. Con todo lo que
hubiera en el último bajón de la cocina.
Una cuchara y masillo para llenar.
Entonces... Me gustaba ir a la escuela.
Pero esto. Entonces yo fui un traga.
Y no me acuerdo mucho de primero a
sexto, pero fui un traga. ¿Por qué? Porque
en realidad... ¿Qué hago? Filo, cajón de
negro, cascada y una callal. Voy por acá.
Cascada y una callal. ¡Fua! Se me pasó el
olor, eh. Y es un día hermoso.
Tengo una vista. Es espectacular este
lugar, eh. Es espectacular.
Bueno. Entonces... Un traga. Después
cuando leí el libro de Penac, me di cuenta
que desde el punto de vista que yo para
los maestros como era... O sea, un traga.
¿Por qué era un traga? Esto decía yo. ¿O
cómo defino yo traga? Porque yo no
estudiaba. Pero bueno, como mi papá y mi
mamá leían, mi papá me enseñó a leer de
muy chico.
O sea, yo cuando entré a primer grado ya
sabía leer y escribir. O sea, mi papá... Un
loco, ¿no? Mi papá me enseñó a leer y
escribir antes de que... No sé para qué,
qué sé yo. Y le gustaba.
Entonces, bueno. Eso ya, digamos que yo
arranqué con ventaja la carrera. Y te digo
que la corrí bastante tiempo con ventaja.
Pero no la supe aprovechar. Creo. No
importa.
A ver si esto... ¿Cómo se dice? No se
estamos analizando. Que un poco sí, ¿eh?
Bueno. Entonces yo entré a primero y yo
ya sabía leer y escribir.
¿Ok? Entonces cuando todo el mundo
dibujaba palitos y todo eso. Y te digo, mi
mamá me mima. El general Perón es
bueno.
Evita. El general Perón significa
tanquinquenal. El general Perón Perón
vive.
Evita, dignifica. No, no, no. 79.
O sea, yo hice toda la primaria. Ni me
acuerdo nada de lo que estaba pasando
en el país.
Pero mi tío, por ejemplo, desapareció. Pero
no desapareció porque se llenó de los
militares. Es un desaparecido también. Y
mi mamá lo extrañó toda su vida.
Desapareció. ¿Por qué? ¿En qué
circunstancias desapareció? Trabajaba en
una financiera. Y en un momento se ve
que metió la mano y se llevó una tajada
muy grande, muy grande y desapareció.
Mi mamá no lo vio más. Perdió a su
hermano durante veinte años. Jamás la
llamó. Tuvo que desaparecer porque si no
lo boleteaban. Tuvo que desaparecer. Mirá
vos la historia de mi mamá. Y perdió a su
hermano que lo amaba. Perdió a su
sobrino. No lo vio más. Mi abuelo se murió
sin volver a ver a su hijo. No podía asomar
las cabezas porque lo liquidaban. Qué
historia, boludo. La última vez que me fui
me perdí, boludo. Tengo miedo de
perderme.
Soy un cagón. Pero aparte tengo bastante
escritos. Bueno, voy a ir por acá.
Bueno, entonces. ¿En qué estábamos? Sí.
Que yo empecé con ventaja.
Entonces. A mí me parece que las
maestras, mi maestra Susana, me quería
por eso. Me quería porque yo era
inteligente y aparte cuando leí el libro de
Penac encontré la definición ¿Ves?
Encontré la definición Yo era un alumno
golosina. ¿Por qué entonces? Porque como
ya sabían leer y escribir, cuando querían
acelerar, motivarse, pasar una linda clase,
maestros, me daban a leer a mí.
Porque yo leía bien, me gustaba leer en
voz alta y me gustaba figurar. Me gustaba
el protagonismo. Me gustaba que la gente
me mirara a mí.
Yo disfrutaba de eso. Porque me costaba
mucho acercarme a hablar con los chicos
en el recreo, como me pasó toda la vida,
como me cuesta cuando voy a una fiesta,
ponerme a hablar con la gente y me
quedo al costado con un vaso de cerveza,
escuchando la música, criticando la
música, imaginando lo que podría ser,
mirando a la gente y no habrá nada,
¿entendés? Si voy a un lugar donde no
conozco a nadie. Cada uno se va por su
lado, se va a hablar con alguien, yo me
quedo ahí, me embolo. Siempre me pasa
lo mismo, siempre me pasa lo mismo y
siempre me va a seguir pasando lo
mismo. Entonces, ¿qué pasaba? Entonces,
eso. Yo fui un alumno golosina.
¿No? Pero, también, el otro día, Santino
hablaba de que ahora entiende por qué
me sentí identificado con eso, porque él
cuando estaba en la escuela no entendía
por qué había un evento y él tenía que ir a
cocinar. ¿Por qué? Recién ahora entiende
que los maestros lo hacían para mostrar,
para que los chicos tuvieran la
oportunidad de mostrar lo que hacían,
pero no de mostrarlo por una cosa
vanidosa, sino también para él hacer un
evento para mostrar lo que estaban
consiguiendo los chicos. Por eso vienen
los padres, para eso sirven las ferias,
bueno, los actos, pero yo tampoco lo
entendía.
Yo sentía como un castigo que como yo
leía el corrido y como tenía buena
memoria, porque, aunque todo el mundo
me dice que no tengo buena memoria, y
es verdad que perdí muchas las
capacidades, perdí mucho, se me debilitó
mucho, se me debilitó bastante el
músculo de la memoria cuando conocí la
marihuana. Siempre tuve buena memoria,
entonces, leía el corrido, y entonces yo
siempre me daban un papel bastante
importante en las obras, en las escuelas,
en los actos, el 9 de mayo, el 9 de julio, yo
era el que tenía que leer todo el todo el
coso, era el que más hablaba, era el que
contaba la historia o era el personaje
principal, porque era el que más texto
tenía, porque me lo sacolaba, y entonces
cada vez que venía me decía Ariel vos vas
a hacer, o sea, cuando me preguntaba,
me acuerdo una vez, siempre yo me lo
preguntaba, yo decía que sí, yo decía que
sí, me lo preguntaba, Ariel, otro acto más,
Ariel vos vas a hacer San Martín, vos vas a
hacer El Gran Güero, otro 9 de julio, tengo
acá el texto para la obra del 9 de julio,
esta vez la escribió Juan de los Palotes,
este año vamos a hacer no sé qué, anote
en este año va a ser hermoso, Ariel, la de
este año te va a gustar, y yo decía la
concha de la lora, otra vez tengo que
estudiar esto, sí lo tengo que estudiar, no
estudio para nada y me ponen a estudiar
esto de los actos, la puta madre que lo
parió, y vos sabés que me acuerdo que el
séptimo grado la maestra me preguntó si
yo lo quería hacer y le dije que no, ese
momento lo recuerdo como ahora, o sea,
me vuelve a pasar frente a mí, ese día dije
no lo quiero hacer y no lo voy a hacer, y
espero que me lo pregunten, bueno Ariel,
¿lo querés hacer? No, la cara de la
maestra, pero claro, ahora yo me doy
cuenta y no lo hice, y no hubo mucho lío
al respecto, no me dijeron nada, no
recuerdo que me hayan castigado, no lo
recuerdo como lo que vino después, pero
sí, yo recuerdo que en el momento
escuché como se rompió el corazón a la
maestra, o sea, no solo porque primero le
cambié todos los planes, pero además
porque ella capaz que contaba con eso, y
otra cosa que ahora yo la puedo ver, que
ella debe haber dicho también hay algún,
seguro que hay algún maestro, pero ella
me conocía y las de sexto y séptimo
también me quería, pero ella debe haber
pensado en algún punto que ¿cómo lo
pusimos en esta situación? ¿lo llevamos
tanto al límite que no lo está disfrutando?
O sea, todos estos años que él hacía ese
papel, lo estaba lo estaba sufriendo, o
sea, él nos dio señales de que no lo quería
hacer, de que no lo disfrutaba, y no lo
escuchamos, no lo estaba disfrutando, era
una obligación, y lo quebramos, lo
quebramos, no lo quiso hacer, nos dijo
que no, y además es un atrevido que nos
lo dice en la cara,
porque esa era otra de las cosas que yo
tenía, como yo era un niño golosina, la
verdad que cuando tuve que elegir qué
tipo de golosina quería ser, a mí me
preguntaron, ¿qué golosina quería ser? Yo
no elegí un chocolate Arcor, un alfajor
sujar, un bombón relleno de chocolate, yo
no elegí ninguna de esas golosinas, yo fui
una golosina que te digo, era un caramelo
ácido, a veces, y a veces un caramelo a
media hora, porque yo, o sea, cuando me
daba mucha manija, cada vez que me doy
mucha manija en el tema de cómo me
ven los demás, de observar mis
habilidades, de todo eso, me doy la
manija que me sale algo peco, peco de
vanidoso, peco de soberbio, o sea, yo no
fui a la escuela de cura, pero me acuerdo,
pero mirá, entiendo perfectamente lo que
es el pecado, peco de soberbio, peco de
orgulloso, peco de envidioso, ¿ok?
Entonces, ¿me estoy yendo bien, che?
Puta madre, ¿me estoy yendo al revés de
cómo venía? Sí, yo creo que estoy yendo
al revés. Tengo que llegar al mirador.
Bueno, y dije que no, dije que no, dije que
no, no tenía ganas de hacerlo, no, así que
mirá vos, sentí cómo se rompió el
corazón, lo sentí, lo sentí, pero bueno,
todo esto recordando que de todas las
categorías que yo elegiría para comenzar
el relato, entré por la de el pibe golosina,
o el pibe sus, el pibe bazooka, yo fui un
niño golosina, y en otros momentos sí era
dulce, era muy dulce, o sea, yo era un
pibito que era un amargo a veces, era
muy cancherito con los compañeros, no
fui un bully porque, por cagón, por cagón,
otro pecado, otro pecado, cobarde. Nunca
fui bully por eso y me comí muchos
bullying por cagón y por no haber tirado
un par de cachetazos. Un par de veces
con un par de cachetazos se hubiera
arreglado un montón de cosas.
Entonces, o sea, como te digo una cosa,
te digo la otra. Yo fui, cuando era dulce,
era una cucharada dulce de leche, y las
maestras me lamieron bastante. A las
maestras yo les gustaba porque era muy
macanudo, yo aparte era inteligente y
bueno, la verdad que fue una linda una
linda experiencia.
¿Qué más? Vamos a seguir esta linda
experiencia desde arriba para no molestar
a esa persona y aparte de sobrevivir
también al arreo. Me siento un cacho y
hago otra parrafada porque ahora tengo
que contar las partes de la beca.

Cosas que sí recuerdo de entre primer


grado y sexto. Recuerdo los ojos de
Sandra, recuerdo los partidos de
quemado, el mejor deporte que jugué en
mi vida, recuerdo, recuerdo, recuerdo los
dedos pegados de Mónica, que me dibujó
la mano en un papel, porque yo no le
creía que tenía los dedos pegados, tenía
como una membrana.

Y ahora Manu nació con seis dedos. Y él lo


muestra con orgullo, su mano. Porque yo
le dije, la tenés que mostrar con orgullo.

No, tenés que ocultarla. Ella la ocultaba,


Mónica la ocultaba. Porque yo
probablemente le hice bullying por esa
mano, entonces era malo.

¿Qué otra cosa recuerdo? Los baños, te


recuerdo los baños. Los actos, las clases
de música con triángulo. ¿Qué más?
Recuerdo que para mí los maestros eran
mujeres, y en cuarto grado, recuerdo que
tuvimos un varón, y para mí fue una cosa
fuera de lo normal. Me sorprendió
completamente eso. Para mí los maestros
eran maestras. Las excursiones a la
Serenísima, guardiamos los quesos, esos
yogures, eran buenísimos los días de
excursiones a la Serenísima, eran
hermosos.
Bueno, la cuestión es que yo era un pibe
golosina, y era un amor. Entonces como
era un amor, solo esa vez dije que no, me
cansé. Así que esas maestras, las
maestras de sexto y de séptimo, las
recuerdo, eran buenas maestras. Eran
buenas maestras porque te trataban como
una persona grande, te respetaban, te
ponían los puntos si hacía falta, pero eran
amorosas, no eran nada, resentidas.
Las que eran resentidas eran las
directoras y las vicedirectoras. Yo con esas
sí, siempre tuve problemas. Yo tengo
desde chico problemas con la autoridad. A
mí me molesta la autoridad. Entonces
siento que es injusta la autoridad, ¿viste?
Entonces cuando alguien me da una orden
o cuando alguien me exige las cosas de
una manera, no sé, es una cuestión de
opinión, no es que yo me pase de la raya
o simplemente no entiendo por qué se
hacen esas normas. Entonces yo siempre
tuve problemas. En la escuela a poner
esta, o sea, silbar adentro del edificio era
como sacar la chota. Era lo mismo. No se
podía, o sea, si te escuchaban silbando, te
llevaban al fondo y te pegaban un tiro. Era
esa onda, yo lo sentí que era esa onda.
Entonces no se podía silbar. Y alguna vez
silbé, me comieron. Porque a mí me gusta
silbar. Bueno, lo maté. Entonces, tenía
problemas con la autoridad. Pero éstas
eran buenas maestras, eran lindas
maestras, eran cariñosas. Tenía que
acordar cómo se llamaban.

Bueno, era la de sociales y la de


matemáticas. Y entonces, ¿qué pasó? A lo
que no dije que no, es cuando la escuela
vino y me propuso ir en representación de
la escuela. No, fue así.
Me dijeron que iban a hacer una prueba,
me ofrecieron hacer una prueba para
elegir qué chico de la escuela ellos iban a
mandar para dar el examen anual
interescuelas, que en ese año se daba una
beca, que era plata, que te iban a dar
durante toda la secundaria. Lo busqué y
no lo encontré. Es un premio, no sé.

Yo te digo, fue cuando yo hice


Septimorada, así que fue en el 85. Lo
busqué en el 85 a ver si forma parte de
alguna resolución, no lo encontré. Para ver
qué nombre tenía, o si era un programa,
no sé, de Alfonsín, para fomentar las
escuelas.

La cuestión es que yo a ese no dije que


no, entonces a ese dije que sí, y ahí me
dijeron. También iba Eleonora, que
Eleonora era muy macanuda y era la chica
también, que ella sí estudiaba, se
esforzaba, y era una fenómena también. Y
bueno, hicimos la lista, y otra gente.

Fueron todos los más bochos, o no sé


cuántos, se presentaron, una cantidad de
chicos. Y ese día, yo para eso, me está
poco, no recuerdo si estudié, pero mi papá
me debe haber preparado. Mi papá se
debe haber estado conmigo, me dijo,
bueno, te van a tomar esto, a ver,
Septimoró, qué bueno que lo vas a hacer,
seguro que sí, no sé qué, papapá, papapá.

Y, ¿cómo es? Y di la prueba, di la prueba.


Y entonces di la prueba, y era difícil, era
difícil. Oh, yo estaba medio cagado, no sé,
no sé.

La cuestión es que yo tenía un problema


con la autoridad, y yo ya me había puesto
del culo, tengo que contar la anécdota,
por favor, contar acá, meter alguna
anécdota con la vicedirectora, que
tampoco me acuerdo cómo se llamaba,
pero esa era una malcogida, que se la
agarraba conmigo porque el marido no se
la cogía. No lo puedo poner así, pero de
alguna manera graciosa se puede poner.
Entonces, di la prueba, y a la semana,
ponele, y nada, o sea, era una prueba re
importante.

Se decidía quién iba a representar a la


escuela en la prueba del Distrito Escolar
19, o sea, quería ir, quería ir. O sea, quería
ir, puta madre, quería ir. ¿Qué habría
pasado? Quería ir.

Y entonces, agarra y dice, tenemos los


resultados de los exámenes para la
escuela, para el Distrito Escolar, pero pasó
algo raro. Quedaron primeros dos chicos.
Hay dos que sacaron la misma nota, la
más alta, vos y Eleonora.

Los dos sacaron la misma nota. ¿Cómo


puede ser? ¿Sí? Sacaron lo mismo, no nos
podemos decidir. Así que lo va a decidir la
vicedirectora.

Así que bueno, ahora en el recreo, por


favor, vayan a la dirección, que ahí la
vicedirectora les va a decir quién va a ir. Y
yo ya sabía quién iba a ir. Yo ya sabía
quién iba a ir.

Era obvio. Esa vieja conchuda, pero, y


aparte, me quería humillar. Me quiso
humillar.

Me llamó ahí, para ir ahí, y me iban a


decir, bueno, sí, bueno, se sacaron los dos
la nota, pero bueno, o sea, Ariel, va a ir
Eleonora, ¿no? Obvio. O sea, ¿quién quiere
ir? Si los dejo que elijan ustedes, ¿quién
quiere ir? Y yo dije, no, vas a ganar vos,
seguro que vas a ganar vos, vas a ganar
vos, vas a ganar vos. Ella me decía a mí,
yo me decía a ella, nos mirábamos,
¿viste? Fue una cosa.

Éramos chicos de 12 años. Suena la


campana. Porque en mi colegio no sonaba
el timbre, sonaba la campana.

Eso era algo también que cuando los


pibes en el colegio decían que para ir al
recreo sonaba el timbre. Yo decía, ¿qué
timbre, boludo? ¿Qué quiere decir que
suena el timbre? No era el timbre, para ir
al recreo, la campana. ¿Cómo la
campana? Bueno, sonó el timbre y nos
fuimos al recreo, y del recreo a dirección.

Pero esta vez, o sea, ir a dirección era un


bajón. Fui mil veces a dirección para
cosas, bueno, horribles. Siempre, siempre
que ibas a dirección te encontraba la
vicedirectora y, sácate, te la daba, ¿viste?
Ibas a dirección, no sabés por qué carajo
hice ahora.

Te venían, haría la dirección. ¿Por qué?


¿Qué hice? La puta madre. Fuimos a la
dirección los dos.
Bueno, tenemos los resultados, la verdad
que muy buenos los dos pruebas, no sé
qué. Dale, loco, hacé la corta, diga que va.
Y la verdad que la volví, y en este ratito
que la volvimos a revisar mientras
estábamos esperándolos a ustedes, nos
dimos cuenta de que había un error en
uno de los dos pruebas.

Yo pensaba, qué hija de puta que son, o


sea, son hijas de puta. ¿Por qué no me lo
dicen ya? O sea, qué manera de alargarlo,
¿viste? De meterle suspenso. Dale, loco.

Y estaba mal corregida la prueba de


Leonor, Ariel. Vos sacaste más puntaje.
Vos sos el que vas a ir a dar la prueba del
Distrito Escolar 19.

No lo pude creer. No lo podía creer. O sea,


todo eso que me pasó en la cabeza, ¿qué?
O sea, ¿me lo imaginé? Está bien, obvio,
sí, me lo imaginé, pero ¿qué? O sea, por
paranoico, ¿de verdad yo me creía que me
odiaban tanto? O no.
O yo quiero creer que me odiaban, pero
en realidad me querían y les gustaba. O
no. O de verdad hubo un error.

Y yo solamente en mi cabeza loca pasa


toda esta historia. La cuestión es que fui a
dar el examen del Distrito Escolar 19 en
1985. Y mi viejo estaba choncho.

Y mi mamá también, obviamente. Estaban


chonchos. Y no me acuerdo.

Está bien, mi papá me debe haber


preparado. La verdad que... Y lo fui a dar.
Y fue una cosa difícil, ¿viste? O sea, fue un
evento así que era como un concurso o no
sé qué.

Me llevó mi papá, no sé qué, y yo iba a


dar un examen. Y era, ¿viste? Algo que
era mucha responsabilidad, aunque yo
decía, no sé qué se lleva un examen. O
sea, tampoco es tan grave.
No sé, hay un montón de pibes, alguien lo
va a ganar. Porque cada uno del Distrito
Escolar 19, cada colegio, mandaba un
representante. O sea, yo fui en
representación del colegio número 2. ¿No?
Colegio número 2, Distrito Escolar 19.

El colegio número 2. Había otro del 3, 4, 5,


de todos los barrios. ¿Entendés?
Entonces... ¿Cómo es? No me acuerdo a
dónde fuimos. Fuimos a alguna escuela.

Me da que era ahí cerca de la gancha de


Huracán. No sé por qué. Me da la
sensación de Huracán, de esa hora y eso.

Me da la sensación de que yo a esa


escuela después fui de grande a votar. Ya
lo que te digo. Pero no te lo puedo
asegurar.

Así que... Ya termino, ya termino. Así que


bueno, me presentó mi papá. Fui con mi
papá.

Él me había, ¿cómo se dice? Me preparó. Y


bueno, fue una cosa rara, porque era... Yo
no me acuerdo. Mi papá me debía decir,
bueno, o sea, lo vas a dar.

No te pongas nervioso. No es que no vas a


pasar de grado si te sale mal. Esto no es
como las cosas de la escuela.

Si te sale mal, bueno, no te ganás la beca.


Tampoco la beca no es ninguna maravilla.
O sea, está bueno, pero no te salvás.

Pero bueno, así que para sacarme la


presión. Porque yo tenía la presión, ¿viste?
Después, sí, yo di otros exámenes que de
verdad fueron más importantes. Cuando
di el examen de ingreso al Colegio
Nacional de Buenos Aires, o sea, me
estaba jugando el ingreso.

¿Ingresaba o no ingresaba? Entonces, no


era una boludez. Y mi papá había hecho
todos los planes. Yo no tenía conciencia,
qué sé yo.

Pero bueno, me había preparado durante


un año. Entonces, este no me preparé
durante tanto tiempo. Y bueno, mi papá
me debe haber... Porque ahora no
recuerdo charlas.

Pero, o sea, si yo fuera mi papá, con un


hijo como yo, le hubiera ayudado a que no
se pusiera tan nervioso, que no se
estrese, que no se pusiera tan ansioso. Y
mi papá me quería y me amaba y seguro
que lo hizo. Pero yo no lo tengo en la
memoria.

No lo puedo describir. Así que bueno,


fuimos al examen. Ahí fue un solo día, dos
horas.

Eso tampoco me acuerdo mucho detalle.


No me acuerdo mucho detalle. Pero
tampoco me acuerdo si fueron cuatro
pruebas o cuatro días y un día.

O era un poco de todo. Bueno, no me


acuerdo. La cuestión es que di el examen
para la beca y la gané.
La gané. Yo hice todo el colegio
secundario becado por el gobierno de la
ciudad de ese momento, que no sé quién
era o no sé si en el medio cambió. Y todos
los años a mí me dieron una aguita, que
era para mí, cuando empezaba el año,
que era para comprarme útiles.

El primer año alcanzó para un montón de


cosas, para un montón de cosas. Y
después cada vez más se lo fue comiendo
la inflación y el último año alcanzó para
nada. Yo lo medía en cassette virgen.

Yo soy un gran melómano. Yo, por sobre


todas las cosas, soy melómano. Desde
muy chico escucho música y también me
gusta juntar música porque tengo alma de
coleccionista.

Entonces, como no tenía plata para


comprar discos y cassette, yo no
compraba discos y cassette, mi papá me
decía, pero por la misma plata que sale un
cassette, que sale un disco, un cassette
original, cómprate una caja de cassette
virgen y yo te grabo 10, 20. Entonces yo
medía todo en cassette de acá. Y me
acuerdo que el primer año que me dieron
la beca me alcanzó, no sé, me alcanzó
para un montón de cajas y me alcanzó
para otras cosas.

Me alcanzó para cajas de cassette


cuando, después de que ya mi papá lo
había gastado, comprarme los útiles. Lo
que pasa es que nosotros siempre
teníamos útiles gratis porque mi papá
trabajaba en el diario Crónica, era
corrector en el diario Crónica, y el
sindicato le daba a todos los hijos de los
empleados un coso de útiles, un montón
de útiles. Entonces, igual me compraron
algo no sé qué y me acuerdo que me
había alcanzado para uno o dos cajas de
cassette de acá.

Va a saber que me grabé después, pero


bueno. Y el último año no me alcanzó ni
para dos cassettes, tres cassettes, no sé
para cuánto me alcanzó. No me alcanzó
para nada, no me alcanzó para nada.

Así que bueno, estaría bueno averiguar.


No busqué la resolución, no encontré
ninguna resolución que incluyera una
beca para estudiantes secundarios. Claro,
lo que pasa es que yo busqué becas para
alumnos primarios.

Bueno, hasta ahí me parece que tengo


bastante, bastante, bastante, bastante
desarrollado para hablar de la primaria.
Tendría que ver de qué manera también
puedo meter alguna referencia
bibliográfica. Cambio y fuera.

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