Unidad Nº1 Ciencia. Ander Egg
Unidad Nº1 Ciencia. Ander Egg
Según Ander Egg “la ciencia es el conocimiento racional, cierto o probable, obtenido metódicamente,
sistematizado y verificable que hacen referencia a objetos de una misma naturaleza”. La ciencia tiene
exigencia de método, no se refiere a intuiciones o sensaciones sino a juicios y razonamientos; así
como existen conocimientos directos también existen conocimientos probables, que no han sido
producidos al azar sino a través de la aplicación de reglas lógicas y procedimientos técnicos,
conducentes a la sistematización y ordenamiento de proposiciones o teorías. Uno de estos
procedimientos técnicos es la investigación: a través del proceso de verificación de teorías o
supuestos aumentan progresivamente los conocimientos en cada área del saber humano.
El objetivo fundamental de la ciencia es saber cómo es la realidad; qué elementos la forman y cuáles
son sus características para más tarde tratar de explicarla, o sea llegar a establecer cómo se
relacionan sus distintas partes o elementos: por qué es como es la realidad.
Una vez que la ciencia logra saber cómo es un sector de la realidad y cuáles son los factores que la
explican, entonces está en condiciones de prever los acontecimientos que tendrán lugar en dicho
sector de la realidad. De este modo, la ciencia provee las herramientas necesarias para saber cómo
actuar, cómo transformar esa realidad e influir en ella.
La ciencia es un proceso cognoscitivo por medio del cual el hombre obtiene los datos necesarios
para poder explicar y, de ser posible, predecir la realidad, y que definimos como el “conjunto de
conocimientos sistematizados y comprobados acerca de la realidad”.
Según Ander Egg, podemos entonces definir a la ciencia en función de las siguientes características:
OTRAS DEFINICIONES
Para Mario bunge la ciencia es “el conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y por
lo tanto falible”
Según Ferrari, “es un conjunto de actitudes y actividades racionales dirigidas al conocimiento
sistemático con objetivos limitados, capaz de ser sometidos a verificación”
La ciencia es el intento humano de lograr una mejor comprensión del mundo para cambiarlo,
mediante la observación, la comparación, el experimento, el análisis, la síntesis y la
conceptualización.
También reafirma que para que funcione una ciencia determinada (las ciencias se determinan según
el objeto de su estudio) necesitamos, a su vez, hechos fácticos e hipótesis o conceptos teóricos. Por
ejemplo, es un hecho bien conocido actualmente que los pacientes con necrosis aguda de miocardio
muestran trombosis oclusiva de una arteria coronaria; esto lo describió entre otros (a principios del
siglo XX) James Herrick, cuando presentó por primera vez el cuadro clínico del infarto agudo de
miocardio. Sin embargo, sólo hace pocos años se aceptó como causal la hipótesis (teoría) del origen
trombótico de la necrosis miocárdica cuando se pudo demostrar el hecho fáctico de la oclusión
durante la fase aguda. O sea, los hechos sólo son interpretables o comprensibles dentro de la
elaboración conceptual de una hipótesis o teoría que los explique.
Lo que hoy llamamos “ciencia”, derivada de la palabra inglesa science, es un término relativamente
nuevo introducido por Whewell en 1840, ya que antes se consideraba una rama de la filosofía y se
la llamaba filosofía de la naturaleza.
LA VISIÓN DEL MUNDO CIENTÍFICO
Los científicos comparten ciertas creencias y actitudes básicas acerca de lo que hacen y la
manera en que consideran su trabajo. Estas tienen que ver con la naturaleza del mundo y lo que se
puede aprender de él.
El mundo es comprensible. La ciencia presume que las cosas y los acontecimientos en el universo
ocurren en patrones consistentes que pueden comprenderse por medio del estudio cuidadoso y
sistemático. Los científicos creen que a través del intelecto, y con la ayuda de instrumentos que
extiendan los sentidos, las personas pueden descubrir pautas en toda la naturaleza.
La ciencia también supone que el universo, como su nombre lo indica, es un sistema único y vasto
en el que las reglas básicas son las mismas dondequiera. El conocimiento que se obtiene estudiando
una parte del universo es aplicable a otras. Por ejemplo, los mismos principios de movimiento y
gravitación que explican la caída de los objetos sobre la superficie de la Tierra también dan cuenta
del movimiento de la Luna y los planetas. Estos mismos principios, con algunas modificaciones que
se les han hecho a través de los años, se han aplicado a otras fuerzas y al movimiento de cualquier
objeto, desde las partículas nucleares más pequeñas hasta las estrellas más voluminosas, desde
veleros hasta naves espaciales, desde balas hasta rayos de luz.
Las ideas científicas están sujetas a cambio. La ciencia es un proceso de producción de
conocimientos que depende tanto de hacer observaciones cuidadosas de los fenómenos como de
establecer teorías que les den sentido. El cambio en el conocimiento es inevitable porque las nuevas
observaciones pueden desmentir las teorías prevalecientes. Sin importar qué tan bien explique una
teoría un conjunto de observaciones, es posible que otra se ajuste igual o mejor, o que abarque una
gama más amplia de observaciones. En la ciencia, comprobar, mejorar y de vez en cuando descartar
teorías, ya sean nuevas o viejas, sucede todo el tiempo. Los científicos dan por sentado que aun
cuando no hay forma de asegurar la verdad total y absoluta, se pueden lograr aproximaciones cada
vez más exactas para explicar el mundo y su funcionamiento.
EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
Cuando hablamos del conocimiento de la realidad debemos partir de una premisa básica: el
conocimiento de la realidad es posible debido a que “la realidad existe objetivamente y se puede
conocer”. El proceso de conocimiento consta de sensaciones, percepciones y representaciones; la
observación de la realidad constituye el canal por el cual el mundo exterior actúa sobre la conciencia
humana. Pero las sensaciones solo ofrecen imágenes de objetos aislados, no descubren más que el
aspecto exterior de las cosas. Es con el pensamiento abstracto que se logra un conocimiento que
posibilita organizar y generalizar la información producida por las sensaciones y las percepciones.
Para los griegos, teorizar significaba mirar, observar con inteligencia, conocer a través de un
principio, de una idea.
En segundo lugar, aceptada la existencia objetiva de la realidad2, se debe aceptar que hay
fenómenos que se repiten con cierta regularidad, lo que hace posible que el investigador los observe
y experimente con ellos hasta deducir cómo es que se generan y descubra cuál es su organización
interna (propiedades estructurales y relacionales).
En tercer lugar, para que el conocimiento tenga carácter científico, es necesario elaborar
instrumentos que garanticen y controlen la validez de los conocimientos adquiridos, comprobando
práctica o empíricamente que lo representado se correlaciona con lo que ocurre.
Desde la teoría del conocimiento o gnoseología, se establecen los siguientes elementos como los
elementos constitutivos del proceso cognoscitivo:
sujeto cognoscente;
objeto del conocimiento;
relación entre sujeto y objeto;
lenguaje para expresar y comunicar el conocimiento, y técnica para su aplicación práctica;
medio ambiente en que se da el conocimiento y la situación socio-histórica en que se produce.
El sujeto cognoscente establece una relación particular con el objeto de conocimiento, mediada por
el lenguaje y los procedimientos técnicos, en el marco de ciertas condiciones de realización sociales
e históricas.
El conocimiento científico es durable. Aunque los científicos rechazan la idea de alcanzar la verdad
absoluta y aceptan cierta incertidumbre como parte de la naturaleza, la mayor parte del conocimiento
científico es durable. La modificación de las ideas, más que su rechazo absoluto, es la norma en la
ciencia; asimismo, construcciones poderosas tienden a sobrevivir y crecer con mayor precisión y
llegan a ser aceptadas ampliamente. Por ejemplo, Albert Einstein, al formular la teoría de la
relatividad, no descartó las leyes del movimiento de Newton, sino que demostró que eran solamente
una aproximación de aplicación limitada dentro de un concepto más general. (La Administración
Aeronáutica Nacional y del Espacio utiliza la mecánica newtoniana, por ejemplo, para calcular las
trayectorias de satélites.) Además, la creciente habilidad de los científicos para hacer predicciones
exactas acerca de los fenómenos naturales evidencia de manera convincente que en realidad se
está avanzando en el conocimiento de cómo funciona el mundo. La continuidad y la estabilidad son
tan características de la ciencia como lo es el cambio, y la confianza es tan prevaleciente como el
carácter experimental.
La ciencia no puede dar respuestas completas a todas las preguntas. Hay muchos asuntos que no
pueden examinarse adecuadamente desde el punto de vista científico. Por ejemplo, hay creencias
que por su propia naturaleza no se pueden probar o refutar (como la existencia de fuerzas y seres
sobrenaturales o los verdaderos propósitos de la vida). En otros casos, una aproximación científica
que puede ser válida es probable que sea rechazada como irrelevante por las personas que abrigan
ciertas creencias (como milagros, predicción de la fortuna, astrología y superstición). Los científicos
tampoco cuentan con los medios para resolver las cuestiones relativas al bien y al mal, aunque
pueden contribuir en ocasiones a su análisis identificando las consecuencias probables de acciones
específicas, lo cual puede ser útil para sopesar las alternativas.
LA VERDAD Y LA PRUEBA
Desde el punto de vista científico, lo que diferencia al conocimiento del cotidiano o vulgar es el hecho
que:
En este sentido, el conocimiento sería una construcción basada en una teoría que ha sido
comprobada prácticamente.
Tarde o temprano, se establece la validez de los enunciados científicos en relación con las
observaciones de los fenómenos. Por tanto, los científicos se concentran en la obtención de datos
precisos. Tal evidencia se logra mediante observaciones y mediciones que se hacen en situaciones
que van desde ambientes naturales (un bosque) hasta entornos completamente artificiales (un
laboratorio). Para hacer sus observaciones,, los investigadores utilizan sus propios sentidos,
instrumentos que los intensifican (microscopios) e instrumentos que detectan características muy
diferentes de las que los seres humanos pueden sentir (campos magnéticos). Los científicos
observan pasivamente (temblores, migraciones de aves), forman colecciones (rocas, conchas), y
prueban de manera activa el mundo (horadan la corteza terrestre o administran medicamentos
experimentales).
Al enfrentarse con una declaración de que algo es cierto, los científicos preguntan qué evidencia la
respalda. Pero la evidencia científica puede estar prejuiciada, según el modo de interpretar los datos,
el registro o informe de éstos o incluso en la elección de los que se consideren más importantes.
Respecto a los científicos, la nacionalidad, el sexo, el origen étnico, la edad, las convicciones
políticas, etc., pueden inclinarlos a buscar o destacar uno u otro tipo de evidencia o interpretación.
Por ejemplo, los del sexo masculino enfocaron durante muchos años el estudio de los primates en la
conducta social competitiva de los machos. No fue sino hasta que algunas científicas participaron en
el estudio cuando se reconoció la importancia de la conducta de la hembra en el establecimiento de
las comunidades de primates. Los prejuicios atribuibles al investigador, la muestra, el método o el
instrumento no pueden evitarse por completo en cada instancia, pero los científicos están interesados
en conocer las posibles fuentes de prejuicio y la manera en que este último puede influir en la
evidencia. Los científicos buscan estar lo más alerta posible en su propio trabajo, así como en el de
sus colegas (y se espera que así lo hagan), aunque no siempre se logra tal objetividad. Una forma
de resguardarse contra los prejuicios en cualquier área de estudio es contar con muchos
investigadores o grupos de estudiosos diferentes trabajando en ella.
CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS
La división más aceptada es la de ciencias fácticas y formales. Las ciencias fácticas trabajan con
objetos reales que ocupan un espacio y un tiempo. La palabra “fáctica” viene del latín “factum” que
significa “hecho”, o sea que trabaja con hechos. Se subdividen en naturales y sociales. Las primeras
se preocupan por la naturaleza, las segundas por el ámbito humano.
El hombre es un ser natural, pero su mundo ya no es natural. La naturaleza se desenvuelve
independientemente de la voluntad el hombre, en cambio, el mundo del hombre es creado por él.
Las naturales son comprenden a la biología, física, química, etc; y las sociales son sociología,
economía, psicología, etc. La verdad de las ciencias de la naturaleza es fáctica porque depende de
hechos y es provisoria porque las nuevas investigaciones pueden presentar elementos para su
refutación.
Las formales trabajan con formas, es decir, con objetos ideales, que son creados por el hombre, que
existen en su mente y son obtenidos por abstracción. Las ciencias formales son la lógica, la
matemática y la estadística. Les interesan las formas y no los contenidos, no les importa lo que se
dice, sino como se dice. La verdad de las ciencias formales es necesaria y formal.
Esta división tiene en cuenta el objeto o tema de estas disciplinas, también da cuenta de la diferencia
de especie entre los enunciados que establecen las ciencias formales y las fácticas. Mientras los
enunciados formales consisten en relaciones entre signos, lo enunciados de las ciencias fácticas se
refieren, mayoritariamente, a sucesos y procesos. Además esta división tiene en cuenta el método
por el cual se ponen a prueba los enunciados verificables. Mientras que las ciencias formales se
conforman con la lógica para comprobar sus teoremas, las ciencias fácticas recurren a la observación
o la experimentación.
Las ciencias formales demuestran o prueban; las fácticas verifican (confirman o no) hipótesis que
mayoritariamente son provisionales. La demostración es completa y final; la verificación es
incompleta y temporaria.
Es natural que la gente halle dificultades a la hora de diferenciar entre ciencia pura o aplicada,
esa clase de precisiones no hacen parte del saber común. La actividad humana que define lo que es
una ciencia pura es aquella que vuelca a los científicos, independientemente de cuál sea su campo
de investigación, a hacer ciencia y producir conocimiento por amor al saber, por saciar su curiosidad;
y no se pone metas de “productividad”. Sencillamente observa y anota, comprueba y repasa hasta
que dice: “Ahora lo sé: las manzanas son una forma de configuración material, de orden orgánico,
compuestas por miles de millones de partículas atadas unas con otras, a través de enlaces químicos”.
“Ahora”, diría la definición de ciencia pura, “voy a tratar de saber qué son los enlaces químicos”.
La ciencia básica no se deja amarrar a metas empresariales (a diferencia de la ciencia aplicada, que
trabaja orientada al servicio de la empresa). La ciencia básica no se apresura, sólo observa e
interpreta el universo (de qué están hechas las manzanas, pero también en qué consiste el átomo,
qué es el Cosmos, qué es el cuerpo humano, qué es la vida, la inteligencia, la sociedad, el lenguaje,
el arte, la religión, la comunicación social y la cultura, la atmósfera, la música, las rocas o los
volcanes, las matemáticas, la cibernética, la historia, etc.) mediante hipótesis que, en términos
generales, se prueban o falsean en la comparación de la teoría reinante o paradigma (lo que los
científicos u observadores detectan) con los acontecimientos que pasan a diario.
No es del todo correcto postular un concepto de ciencia pura, como insinuando algo impuro en la
ciencia. La ciencia es una, el conocimiento es uno; se prefiere decir ciencia básica o ciencia aplicada.
Dice Ruy Pérez-Tamayo en un ensayo publicado: “tácitamente se acepta que hay esas dos clases
de ciencia, la aplicada y la básica, una cuyos resultados sirven para resolver problemas definidos,
que casi siempre son el estímulo que desencadenó el proceso de investigación, y otra que produce
información que nos hace conocer mejor un fenómeno pero que no tiene aplicación práctica
inmediata. Esta clasificación utilitarista de la ciencia también se ha expresado usando otros términos,
como ciencia “pura” y ciencia “comprometida” (que estuvo de moda a fines de la década de los 60,
aunque lo contrario de pura no es comprometida sino impura, lo que parecía inconveniente a los
revolucionarios del 68 pero resulta atractivo para los ecologistas de hoy); ciencia “útil” y ciencia
“inútil”, que además de revelar el origen utilitario del concepto disfrutó de popularidad en Inglaterra,
donde alguna vez el famoso matemático Hardy brindó porque su ciencia “nunca sirviera para
absolutamente nada”; ciencia “esotérica” y ciencia “práctica”, que también subraya la interpretación
pragmática de la clasificación y aplica un término peyorativo a la ciencia supuestamente
despreocupada por el uso ulterior de sus resultados.
Ignoro el origen y la antigüedad de esta división utilitarista de la ciencia, pero es seguro que no se le
ocurrió a ningún científico activo; más bien parece producto de la cerebración de algún economista
desvelado.
A ningún miembro del gremio de la ciencia se le ocurriría que el conocimiento, que es el único
producto de la actividad científica, puede no servir para nada, por la sencilla razón de que es él quien
siempre lo usa, en primer lugar y antes que todos sus instrumentos, sus telescopios y sus centrífugas.
Para los científicos, el principal uso del conocimiento es la generación de más conocimiento, los
nuevos datos permiten integrar hipótesis que sugieren predicciones y experimentos para ponerlas a
prueba, y es en este proceso en el que surgen más hechos, en el que se hacen los descubrimientos;
es como se produce el conocimiento científico. De manera que los científicos tenemos razón de
sentirnos incómodos cuando se habla de ciencia “básica” y ciencia “aplicada”. Toda la ciencia es
aplicada porque todo el conocimiento sirve para algo, todo se aplica, en primer lugar, para hacer más
ciencia; además, ciertos conocimientos pueden servir para otras cosas, como resolver problemas
médicos, o de distribución del agua, o de la conservación de granos, etcétera. Es posible que el
desvelado economista clasificador se haya basado en la visibilidad del uso del conocimiento para
influir en circunstancias externas a la estructura de la ciencia, tomando a esas aplicaciones como su
única utilidad, y que se haya dejado llevar por la frase de Francis Bacon, “knowledge is power”,
pensando que el poder al que se refería el sabio inglés era (naturalmente) el económico, pero los
investigadores científicos profesionales y activos en laboratorios o en el campo tenemos otra visión,
creo que más amplia y más generosa, sobre los objetivos y los resultados de nuestra actividad, y
otro concepto menos limitado de sus aplicaciones”.
Houssay dice: “Suele hacerse una división entre ciencia pura (o teórica o fundamental) y la ciencia
aplicada. Más exacto sería decir que hay ciencia y aplicaciones de la ciencia. La mejor manera de
tener ciencia aplicada es intensificar la investigación científica fundamental, pues de ésta derivarán
abundantes aplicaciones. No hay duda de que toda investigación científica fundamental es un
servicio social de la mayor trascendencia. Aun los campeones de la idea de que la ciencia tiene por
papel esencial el bienestar material de la sociedad, reconocen que las ciencias fundamentales son
más importantes para este fin que las ciencias aplicadas.
Sólo habrá progreso si se cultivan las investigaciones en las ciencias fundamentales, sin considerar
si tienen o no aplicaciones inmediatas. Todo descubrimiento o noción verdadera tendrá aplicaciones
tarde o temprano. La investigación fundamental es la fuente de los grandes descubrimientos,
mientras que las investigaciones aplicadas sólo resuelven problemas limitados.
A veces los descubrimientos demoran en aplicarse. Eso sucede, principalmente, cuando los
profesionales o los industriales de un país no han adquirido suficiente espíritu científico y no
comprenden el valor de la ciencia”.
Los términos modelo, hipótesis, ley y teoría tienen significados distintos en la ciencia que en
el discurso coloquial. Los científicos utilizan el término modelo para referirse a una descripción de
algo, especialmente una que pueda ser usada para realizar predicciones que puedan ser sometidas
a prueba por experimentación u observación.
Una hipótesis es una afirmación que (aun) no ha sido bien respaldada o bien no ha sido descartada.
Una ley física o ley natural es una generalización científica basada en observaciones empíricas.
DIVULGACIÓN CIENTÍFICA
La divulgación científica se expresa de manera más precisa en libros específicos sobre un tema.
Algunas obras divulgativas han llegado a convertirse en auténticos Best-sellers como Historia del
Tiempo de Stephen Hawking, Cosmos de Carl Sagan o Los Dragones del Edén obra galardonada
con el Premio Pulitzer 1978. Literariamente, la divulgación científica constituye un subgénero del
ensayo.
Entre los autores más conocidos de obras de divulgación científica citaremos también a Richard
Dawkins, Stephen Jay Gould, Martin Gardner, Steven Pinker, John D. Watson y las obras divulgativas
de Isaac Asimov.
La mayor parte de las agencias o institutos científicos en Estados Unidos cuentan con un
departamento de divulgación científica (Education and Outreach) que pretende devolver a la
sociedad en forma de conocimiento las importantes inversiones realizadas en grandes proyectos
(como por ejemplo la investigación espacial) si bien ésta no es una situación común en la mayoría
de países.
La divulgación científica mal practicada puede ser engañosa. Algunas obras de divulgación son
producidas por gente que no son expertos en el tema que interpretan. Algunas otras son producidas
por personas parcializadas. Por desgracia, puede resultar difícil para una persona sin experiencia el
identificar los artículos o documentales engañosos. En otras ocasiones los resultados son a menudo
presentados por la prensa general sin el debido contexto o sobresimplificadamente. La divulgación
puede también sobrepasar los límites entre la ciencia formal y la pseudociencia y ocasionalmente
tiende a enfocarse en temas más sensacionalistas como en dietas novedosas, la teoría del caos y el
viaje en el tiempo.
INFLUENCIA EN LA SOCIEDAD
Se han hecho varios intentos para aplicar rigor filosófico a la demarcación de la ciencia con
resultados diversos. Estos incluyen el criterio de falsabilidad de Karl Popper y la aproximación
histórica de Imre Lakatos, que lo menciona en su Methodology of scientific research programmes
(Metodología de los programas de investigación científica). Historiadores y filósofos de la ciencia,
principalmente Thomas Kuhn y Paul Feyerabend, sostienen desde otras perspectivas
epistemológicas del conocimiento, que incluye la dimensión social, que no siempre es posible una
distinción nítida y objetiva entre ciencia y pseudociencia.
Mario Bunge, filósofo de la ciencia, es conocido por su posición de incluir al psicoanálisis entre las
pseudociencias. Críticas hacia la inconsistencia entre teoría y experiencia, o hacia el carácter
especulativo del discurso se dirigen también a veces desde las ciencias naturales hacia ciertas
ciencias sociales, como la economía o la psicopedagogía. El asunto Sokal, por el nombre del físico
que lo puso en marcha, mostró que desde una cierta orientación de la Sociología de la Ciencia, una
postmoderna y deconstruccionista, también se ha recurrido a veces a usar inconsistentemente el
lenguaje de las llamadas ciencias duras, en lo que parece un intento irregular de legitimación
científica, siendo esta una de las líneas de conducta frecuentemente reprochadas hacia las llamadas
pseudociencias.
Principio de inteligibilidad. El científico, cuando hace ciencia, la hace porque asume como criterio
de fe el hecho de que la naturaleza puede ser entendida, por lo tanto que el mundo es “inteligible”. Y
el mundo bien podría ser un mundo azaroso o sea ininteligible, donde dos situaciones idénticas
tuvieran resultados distintos. Dada esa situación, no podría existir la ciencia, porque no podría existir
una representación de una naturaleza que es azar puro. Una representación de la naturaleza se
convierte en inteligible cuando una complejidad se puede comprimir, hacerla más compacta que lo
representado; la capacidad de compresión de la naturaleza está indicando la capacidad de
comprensión que tenemos de esa naturaleza. Por ejemplo, una piedra cae por su gravedad en línea
recta; la descripción de ese hecho podría establecerse con mil posiciones de dicha piedra realizada
por mil observadores (por cierto, si la realidad es infinita, las observaciones deberían ser infinitas);
por suerte, se pueden reducir sencillamente a la aplicación de las leyes, expresada en simples
ecuaciones matemáticas desarrolladas por Newton, y a algunas condiciones iniciales.
Volviendo a Einstein, decía: “Lo más incomprensible de la Naturaleza es que sea comprensible por
el hombre”.
Trata de legitimar que el hecho de pensar no afecta el estado de lo pensado, o sea que la ciencia es
independiente de lo que le pase a los científicos. Es un postulado que puede generar muchas críticas,
se puede aceptar o no, la ciencia lo asume. Se puede hacerlo más factible diciendo que se es objetivo
cuando, ante varias formas de observar un objeto, se opta por aquella que menos afecta a la
observación.
Principio dialéctico. El tercer criterio de demarcación de la ciencia es el principio dialéctico. El
postulado dialéctico se utiliza cuando el conocimiento científico se expone al riesgo de ser derribado
por la experiencia. Este principio es el motor del avance científico, el llamado principio de la
falsabilidad de Karl Popper o principio “dialéctico” de Jorge Wagensberg. Este último también afirma
que “El conocimiento es científico cuando tiene voluntad de serlo, es decir, cuando logra la máxima
objetividad, inteligibilidad y dialéctica... por exiguos que sean tales máximos. Según esto, tan
científico puede ser un mecánico de carambolas de billar como un mecánico cuántico. Según esto,
un psicólogo no tiene por qué ser menos científico que un físico... (otra cosa es que renuncie
explícitamente a serlo)”.
PROTOCIENCIA
En la filosofía de la ciencia, el término “protociencia” se usa para describir una nueva área de
esfuerzo científico en proceso de consolidación. A veces los escépticos científicos se refieren a estos
esfuerzos como “ciencias patológicas”.
Protociencia es un término a veces usado para describir una hipótesis que aún no ha sido probada
adecuadamente por el método científico, pero que es por lo demás consistente con la ciencia
existente o que, donde no lo es, ofrece una razonable cantidad de inconsistencia.
Mientras la protociencia es con frecuencia especulativa, ha de ser distinguida de la pseudociencia
por su adhesión al método científico y a las prácticas establecidas de la buena ciencia, y más
notablemente en la voluntad de ser refutada por nuevas evidencias (si éstas apareciesen) o
suplantada por una teoría más predictiva.
Campos tales como la astrología y la alquimia, anteriores a la invención del método científico, pueden
ser también considerados como protociencias. Con la llegada del método científico, produjeron
rápidamente los campos científicos de la astronomía y la química respectivamente, dejando a
aquellos que rehusaban adoptar el método científico en la práctica de una pseudociencia.
Más típicamente un campo protocientífico es aquél donde la hipótesis presentada está de acuerdo
con las evidencias disponibles en aquel momento, y donde se ha elaborado un corpus de
predicciones asociadas, pero éstas no han sido aún probadas (o no pueden serlo, debido a
limitaciones tecnológicas actuales).
Algunas protociencias progresan hasta ser una parte aceptada de la ciencia establecida. Otras fallan
en esta consolidación, o se vuelven pseudocientíficas cuando sus seguidores persisten a pesar de
carecer de evidencias científicas que sustenten sus puntos de vista.
Diversas ciencias comenzaron como ramas de la filosofía: matemáticas, filosofía natural, economía,
psicología, sociología, etcétera.
El ejemplo moderno más famoso de protociencia podría ser la teoría de la deriva continental tal como
fue originalmente propuesta por Alfred Wegener (que finalmente llegó a ser un modelo científico
aceptado cuando los mecanismos de la tectónica de placas fueron comprendidos). Otros ejemplos
incluyen:
Las diversas teorías de cuerdas de la física, o la ciencia cognitiva de las matemáticas.
La astrobiología, el estudio protocientífico de formas de vida extraterrestre, incluyendo la
especulación sobre las propiedades de las formas de vida basadas en elementos distintos al
carbono.
La memética, el estudio de hipotéticas idea autoreproductoras llamadas memes.
Algunos campos como la acupuntura o los sueños lúcidos pueden ser también categorizados como
protociencias, teniendo pendientes más evidencias y su consolidación teórica.
PSEUDOCIENCIA
Pseudociencia (del latín “pseudo”, falso y “scientia”, conocimiento: falsa ciencia) es un término
que da cuenta de un conjunto de supuestos conocimientos, metodologías, prácticas o creencias no
científicas pero que reclaman dicho carácter. Este concepto es utilizado en los enfoques
epistemológicos preocupados por el criterio de demarcación de la ciencia y tiene mayor consenso
entre las ciencias exactas y naturales.
El epistemólogo argentino Mario Bunge ha definido brevemente la pseudociencia de la siguiente
manera:
Una pseudociencia es un montón de macanas que se vende como ciencia. Ejemplos: alquimia,
astrología, caracteriología, comunismo científico, creacionismo científico, grafología,
ufología, parapsicología y psicoanálisis.
Mario Bunge
El término tiene connotaciones negativas, porque se usa para indicar que las materias así
etiquetadas son errónea o engañosamente presentadas como científicas. Por este motivo, aquellos
que propugnan por determinada "pseudociencia" normalmente rechazan esta clasificación.
Filósofos de la ciencia que se han ocupado extensamente de esta cuestión, como Karl Popper,
consideran que el carácter de pseudociencia depende menos del ámbito u objeto de estudio que de
la actitud de sus seguidores hacia la crítica y, en general, hacia al método científico. Así, un físico o
un biólogo podrían comportarse de un modo dogmático, mientras que un historiador o un sociólogo
pueden presentar sus tesis de una manera que inviten a la refutación (o falsación, en lenguaje
popperiano). En general, la metodología científica exige que las teorías puedan someterse a pruebas
empíricas rigurosas, mientras que las pseudociencias, o bien no será posible aplicarles sistemas de
refutación (por tratarse de formulaciones ambiguas) o bien protegerán su teoría (por ejemplo, con
hipótesis auxiliares o ad hoc, formuladas a posteriori), en lugar de someterla a ensayos que puedan
refutarla.
Los autores que diferencian entre ciencias reales y pseudociencias señalan algunas de las
siguientes características para ayudar a reconocer a las pseudociencias como tales:
No aplican una metodología de carácter científico.
Son dogmáticas. Sus principios están planteados en términos tales que no admiten refutación,
a diferencia de las ciencias, donde las condiciones de refutación de las hipótesis o teorías
están determinadas con precisión.
Proclaman teorías para las que no aportan pruebas empíricas, que a menudo contradicen
abiertamente resultados experimentales conocidos y aceptados por las ciencias bien
establecidas.
Proclaman teorías inconexas con los conocimientos y teorías de la ciencia.
Son inmutables. Al no tener bases experimentales, no cambian incluso ante nuevos
descubrimientos.
Utilizan lenguaje científico pero sólo en apariencia, desconociendo o malinterpretando su
significado.
No cumplen la estrategia de la navaja de Occam (también conocido como principio de
parsimonia), que es un método de construcción lógica según el cual en igualdad de
condiciones la explicación más sencilla es probablemente la correcta.
No buscan leyes generales.
Descalifican las críticas por parte de las ciencias, a menudo, utilizando falacias ad hominem,
aduciendo conspiraciones o proclamándose objeto de persecución cuando sus
planteamientos son rebatidos.
Invocan entes inmateriales o sobrenaturales inaccesibles a la investigación empírica, tales
como fuerza vital, creación divina, el inconsciente metafísico, necesidad histórica, etc.
Proclaman y exigen que se reconozca su carácter científico, pero sólo ante el público general,
renunciando a poner a prueba sus explicaciones ante la comunidad científica establecida. El
hecho de reclamar estatus científico las diferencia de otras actividades como las religiones.
Algunos autores afines al relativismo epistémico o al llamado “programa fuerte” (o estándar) de la
sociología de la ciencia, como Paul Feyerabend, Bruno Latour o David Bloor, ponen en duda que sea
posible diferenciar con rigor y objetividad "ciencia" de "pseudociencia", respaldando en algunos casos
posiciones abiertamente contrarias a la ciencia o a la validez del método científico. Estas posiciones
relativistas han sido ampliamente contestadas por científicos como Alan Sokal y Jean Bricmont.
Algunos críticos de la pseudociencia consideran algunas o todas las formas de pseudociencia como
pasatiempos inofensivos. Otros, como Richard Feynman, Richard Dawkins, Carl Sagan y Mario
Bunge, consideran que todas las formas de pseudociencia son dañinas, causen o no daños
inmediatos a sus seguidores. Estos críticos generalmente consideran que la defensa de la
pseudociencia puede suceder por varias razones, que van desde la simple candidez sobre la
naturaleza de la ciencia y el método científico, hasta un engaño deliberado por beneficios económicos
o políticos. Por otra parte toda creencia como hecho subjetivo no puede considerarse como
pseudociencia ya que no trata de indagar en el conocimiento sino que cree en unos determinados
elementos, el hecho de que una creencia pase a ser una pseudociencia es cuando intenta darle
carácter científico para apoyar su propia creencia subjetiva utilizando para ello todos los elementos
nombrados anteriormente.
Las creencias antiguas son difíciles de erradicar incluso aunque sean demostrablemente
falsas.
Edward O. Wilson
Frenología Era una teoría que afirmaba ser capaz de determinar el carácter y los rasgos
de personalidad basándose en la forma del cráneo. Se basaba en la creencia
de que diversos comportamientos están controlados por sitios distintos del
cerebro, y que el mayor desarrollo de esas secciones supone un mayor
tamaño, que se ve reflejado en la forma del cráneo. No se debe confundir con
la craniometría o la fisonomía, que estudian los huesos del cráneo o los rasgos
faciales sin intentar extraer información sobre la personalidad.
Grafología
Homeopatía Muchos consideran la homeopatía como un residuo pseudocientífico de la
época de la alquimia. Los resultados atribuidos a la homeopatía se pueden
explicar por el efecto placebo.
Otra crítica a la homeopatía es su falta de consistencia externa. Esta teoría
asume que el agua de algún modo "recuerda" las propiedades químicas de las
moléculas que alguna vez estuvieron en contacto con ella, pese a que la
investigación empírica no confirma la hipótesis de la llamada memoria del
agua.