Hitos Rutas
Hitos Rutas
El edificio pertenece al estilo neocolonial, muy en boga entre 1940 y 1960 en Quito y que
surgió en América Latina con el propósito de recuperar la identidad de los pueblos,
inspirándose en la rica y variada arquitectura colonial. En este edificio se incorporaron
elementos muy característicos de la época colonial como el atrio, la portada de piedra, los
muros blancos, los vanos con arcos de medio punto, la recuperación de la cubierta de teja y
alero, perdidos ya en el periodo ecléctico. Se destaca en este estilo arquitectónico el retorno al
minucioso trabajo artesanal. El edificio tiene una disposición lineal, sin patios, simétrico; la
escalera principal elemente de gran importancia, jerarquiza el ingreso y relaciona más
claramente el edificio con el parque El Ejido. La cimentación y los zócalos son de piedra, las
paredes de mampostería, portante de ladrillo, la cubierta es de teja con estructura de madera,
al igual que los entrepisos, pisos y escalera. En una porción del lado sur la estructura del
edificio es de hormigón armado. Se destaca el uso de materiales locales como la piedra, el
característico mármol cuencano de color rosado, ladrillo mambrón y madera de cedro.
La Casa de la Cultura Ecuatoriana fue fundada en 1944 por Benjamín Carrión, uno de los más
altos valores de la cultura nacional cuyo nombre hoy lleva, expresó la idea de devolver al
Ecuador la confianza perdida con motivo el litigio territorial de 1941 con el Perú. La teoría de
“la nación pequeña” (esto es, que el Ecuador siempre será un país pequeño en territorio pero
podía ser grande por su cultura y espíritu) se concretaba en esta institución llamada a
promoverla y a proporcionar, decía Carrión “un hogar decente para el libro, para la obra de
arte, para el desenvolvimiento y salvación de las artes populares.”.
La nueva edificación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión –un gran óvalo
cubierto de vidrio reflectante– es un ambicioso proyecto contiguo e independiente del viejo
edificio de la Casa de la Cultura que fue su primera sede propia. A diferencia del primero,
construido con sistema tradicional de muros portantes y dentro de una corriente neocolonial,
el segundo está realizado en hormigón armado y para la época en que fue diseñado tenía una
expresión moderna. Varias décadas tardo en ser materializado y aun no puede darse por
concluido. El proyecto original fue solicitado por René Dennis que residía en París, donde
realizaba sus estudios de arquitectura, previo a un informe de una comisión conformada por el
ingeniero Jorge Casares y los arquitectos Sixto Duran Ballén y Gilberto Gatto Sobral, con miras
a aportar con esta obra a la ciudad, con motivo de la XI Conferencia Interamericana de
Cancilleres que se realizaría en 1959. Razones de tipo político obligaron a diferir su
construcción, hasta que fue acogida en 1975 por el gobierno militar, concretándose los
espacios para museos, Biblioteca Nacional y radiodifusora. Como Centro Cultural tiene
funciones administrativas, librería, auditorios, salas de cine, teatros sala de exposiciones de
arte, etc. Encierra en el centro de su planta ovalada un espacio de gran magnitud y presencia
urbana: el teatro y el ágora.
El ágora, un gran espacio al aire libre, con capacidad para 4.000 personas , de intenso uso para
espectáculos musicales y reuniones masivas, por razones climáticas fue finalmente cerrada con
una cubierta moderna de aluminio y membrana de poliéster estructurado de grandes luces ,
liviana , durable y translucida. Esta no fue la única modificación sufrida por el proyecto original;
por ejemplo, la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, que tiene 200.000 volúmenes y sección de
obras incunables, debió funcionar en una torre independiente que no se construyo; el interior
del gran círculo era un espacio abierto que estaba destinado a una exposición permanente de
esculturas, lo que finalmente fue ocupado por el teatro y el ágora .El Teatro Nacional
incorporado al proyecto en 1984 y concluido en 1992, en el gobierno de Rodrigo Borja y siendo
presidente de la Casa el arquitecto Milton Barragán Dumet , por su capacidad para 2.000
espectadores , esta preparado para albergar espectáculos internacionales , y por el
equipamiento , para diversos tipos de presentaciones artísticas. Otras dos salas de menor
tamaño sirven para presentaciones de cine y teatro; su equipamiento fue realizado por el
arquitecto Fernando Jaramillo (Artectum). Un gran espacio periférico fue concebido para
exposiciones de arte. Salas de exposiciones artísticas permanentes y temporales se desarrollan
en tres niveles en su interior. Destacan las salas de Arte Moderno, de pintura del siglo XIX, DE
Arte Contemporáneo, del Museo de Instrumentos Musicales Pedro Pablo Traversari, de la
galería de Dibujo y del Museo Nacional del Banco Central del Ecuador (arqueología, arte
colonial, arte del siglo XIX y contemporáneo), que fue trasladado acá a partir de 1991 y
montado finalmente bajo la responsabilidad del arquitecto Juan Fernando Pérez Arteta en
1994. En la actualidad grupos de danza y teatro disponen de diversos espacios cuya
adecuación les permitirá la realización de sus actividades artísticas.
Concebido sin aberturas y en ladrillo los espacios interiores recibirán luz cenital pero tanto su
disposición interior como su imagen exterior fueron modificadas a lo largo del tiempo
transcurrido entre su diseño y construcción y hoy, a pesar de la continuidad física, no expresa
un carácter unitario. En su fachada contrasta la textura de parasoles de hormigón con la
superficie de espejos. Esta fue propuesta en 1976 por el ingeniero Luis Puga, en remplazo de
una superficie de murales en razón de su alto costo y de la posterior inserción del volumen del
teatro. El tratamiento de jardinerías y las exposiciones al aire libre aparecen con un carácter y
calidad variable.
Esta obra cuyo diseño y construcción fueron realizados durante cuarenta años, esta
impulsados a cumplir con su función cultural. Su presidenta a partir de agosto del 2000, el
escritor Raúl Pérez Torres, se propone “estructurar, fortalecer y multiplicar, desde una casa
entrañable como la casa de uno, desde una dirección colectiva con los presidentes (de los
núcleos) de la patria, las mil formas de pensamiento popular, para diseñar y promover
´practicas culturales nuevas, diferentes, democráticas y libres, que atraigan al pueblo, lo que
convoquen y lo incentiven a desarrollar sus propias virtualidades y sus iniciativas, para que el
presente no de nos muera en las manos y el futuro nos dignifique por igual; para que la Patria
sea respetada y revalorizada desde su pasado, para que en cualquier lugar del mundo, se
pueda decir aquello, en su tiempo lo dijo el gran critico español, Guillermo de Torre : nombrar
al Ecuador en cualquier lugar de América, es tanto como decir Casa de la Cultura”
PARQUE EL EJIDO
Los ejidos son terrenos comunales, ubicados en las afueras de las ciudades castellanas, para
uso exclusivo de pastoreo de animales destinados al sacrificio o servicio de la ciudad. Esta
figura jurídica se trasladó a América y tuvo enorme importancia en la vida de sus poblaciones.
El cabildo de Quito, el 21 de enero de 1535, señaló los ejidos de Iñaquito al norte, con una
extensión amplísima, prácticamente desde la actual plaza del teatro hasta la “laguna postrera”
en dirección de Cotocollao. Con el paso del tiempo su superficie mermó considerablemente
por el abuso de particulares, a pesar de los múltiples esfuerzos municipales. En junio9 del
mismo año el cabildo señaló el “Ejido de Turubamba” al sur de la ciudad, la amplia llanura que
se extiende tras el Panecillo, también disminuido significativamente con el transcurso de los
años por las mismas razones y por el crecimiento de poblaciones como La Magdalena y
Chillogallo. A finales del siglo XVI, según presunciones de un investigador, se habría erigido el
rollo o picota en los terrenos donde ahora se levanta el Palacio de la Asamblea Nacional,
monumento que fuera rescatado al avanzar la urbanización de este sector a inicios de la
década de 1960 y colocado en el patio del Museo Alberto Mena Caamaño, ahora parte del
Centro Cultural Metropolitano, donde se conserva. El rollo era el símbolo de la justicia y la fe y
se ubicaba en lugar visible en uno de los ingresos importantes de la ciudad, para recordar a
quienes entraban o salían, que en ella se impartía justicia. La picota de Quito es una recia
columna de piedras con tres ménsulas en la cima, rematada con un copete plano.
Probablemente las ménsulas servían para sostener en jaulas de hierro las cabezas de los
ajusticiados, demostrando la efectividad y dureza de los tribunales. También en este sitio se
utilizo cadáveres de quienes no tenían derecho a ser enterrados, como los excomulgados y
ajusticiados.
Durante buena parte del periodo colonial, el ejido de Iñaquito se mantuvo sin
transformaciones. Solamente a finales del siglo XVIII, en la porción más cercana a la ciudad, se
creó el paseo público de La Alameda y después de la campaña de pacificación de Quito en
1812, cuando las autoridades coloniales emprendieron una serie de obras militares,
constituyendo un polvorín cercano al rollo, edificación de gran sencillez, cuya ubicación en una
área descampada respondía a razones de seguridad, previniendo cualquier daño en caso de
explosión. Más tarde, en el año de 1867, en el sitio del rollo se crea el cementerio de los
protestantes, al pie del declive donde se abre la llanura, donde corre la actual avenida Tarqui.
Este cementerio se creó apresuradamente a raíz de la muerte, el 8 de septiembre de ese año,
del coronel Phineas Stauton, miembro de la expedición científica de James Horton, quien abría
adquirido una enfermedad tropical fulminante en Guayaquil antes de llegar a Quito. Al fallecer
Stauton, sus compañeros intentaron enterrarle en el cementerio de El Tejar, pero un fraile se
opuso tenazmente, pues se trataba de un “perro protestante”, por lo que debieron acudir al
mismísimo Presidente García Moreno, quien autorizó su inhumación el sitio del rollo. Desde
esa fecha, hasta la segunda década del siglo XX, este sitio sirvió para el entierro de cristianos
no católicos.
A finales del siglo XIX al espacio del ejido de Iñaquito se lo conocía con el nombre de “Campo
de Marte”, probablemente porque en él se realizaban prácticas y presentaciones públicas de
carácter militar, pero el nombre no se mantuvo mucho tiempo. El 28 de 1912 el ejido, como
ya se lo conocía, fue escenario de la consumación de uno de los acontecimientos más trágicos
y vergonzosos ocurridos en Quito: la cremación de los cadáveres del ex presidente de la
Republica el General Eloy Alfaro y sus compañeros Medardo y Flavio Alfaro, Ulpiano Páez,
Manuel Serrano y Luciano Corral, quienes habían sido arrastrados a través de la ciudad desde
el Penal García Moreno. En este sitio se levantó más tarde en su homenaje un obelisco con una
llama de bronce en la cúspide. La transformación más profunda de El Ejido tuvo lugar con
motivo de la celebración del centenario de La Batalla de Pichincha en 1922. La junta del
Centenario de la Batalla de Pichincha, establecida por la Legislatura, resolvió el 30 de
septiembre de 1921 la creación de un parque en El Ejido, obra que se inauguró el 25 de mayo
de 1922 como “Parque de Mayo”, nombre que no caló en la ciudadanía, pues se lo conoció
más sencillamente como Parque de El Ejido. El diseño del parque estuvo a cargo del arquitecto
Augusto Ritter, director técnico de la Junta, quien, a más de trazar la caminería interior,
dispuso la ubicación de algunos elementos esculturales dentro del parque y diseñó el
cerramiento exterior de mampostería con la puerta central amplia de hierro, en el extremo
más próximo al centro de la ciudad.
El parque definido en una porción delimitada por las actuales avenidas 10 de Agosto, Patria, 6
de Diciembre y Tarqui con una forma trapezoidal a un área cercana a las 16 hectáreas. Una de
las más conocida obras artísticas del parque fue la Fuente de la Insidia del escultor quiteño
Antonio Salgado, desplazada varias veces de su sitio original, encontrándose ahora sobre el
paso a desnivel creado en el cruce las avenidas 12 de Octubre y Patria. También se instaló el
conjunto escultórico de la “Lucha Eterna”, creado por el escultor francés Louis Reinot en 1903
obsequiada por los ecuatorianos residentes en Francia para el centenario y que igualmente ha
sufrido una serie de traslados, hasta que en la actualidad se halla en el Centro Cultural de Arte
Contemporáneo. El parque de El Ejido se estableció como decía la misma Junta, “Entre las dos
partes de la actual población de Quito, la antigua fundada por los conquistadores en el mismo
sitio de la ciudad incaica; la antigua llena de los grandiosos monumentos que nos legó la
colonia; la antigua que ha venido convirtiéndose en una ciudad moderna, por los nuevos
edificios y confort; la antigua que siempre será una ciudad pintoresca y agradable, por sus
colinas y sus calles en galerías, pinas y serpenteantes, y la ciudad nueva que se extiende en la
llanura que se conocida con el nombre de Iñaquito, cuando el Virrey Blasco Núñez de Vela
luchaban con Gonzalo Pizarro, ciudad de un futuro próspero que se llena con asombra rapidez
de calles y de edificios de gran valor arquitectónico”.
Junto al parque de El Ejido el municipio recuperó como área verde lo que desde antes de 1950
había destinado a estadio deportivo, conocido popularmente como “Estadio de El Arbolito”,
dejó de funcionar en la década de 1970 y hacia 1990 se arregló como un parque con
esculturas, compartiendo un amplio espacio de más de seis hectáreas con los edificios de la
Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión.
La expansión de la ciudad desde su núcleo inicial al pie del Rucu Pichincha ha saturado la
amplia meseta que va desde Chillogallo hasta Cotocollao. Zonas que antes fueron tierras para
sembrar, al norte y al sur de los ejidos de la primitiva cuidad castellana, son parte ahora de la
misma urbe, que las ha cruzado de calles, avenidas y plazas y constelado de edificios, en
sucesión continúa.
Este crecimiento incesante ha dado origen a dos fenómenos de expansión: el uno vertical, con
tendencia, sobre todo por parte de la población informal, a trepar las alturas del circuito de
colinas y montañas, con la formulación de barrios de enorme pobreza, verdaderos tugurios sin
servicios suficientes, de anárquico desarrollo; y otro de expansión horizontal de la urbe a los
alrededores inmediatos, ya no solamente en dirección , sobrepasando hacia Cotocollao hacia
Pomasqui, y al sur, mas allá de Chillogallo, sobrepasando Guajaló, sino hacia el este, a los valles
aledaños que han comenzado a convertirse, con urbanizaciones modernas y generalmente
planificadas, en verdaderas ciudades satélites, tanto en el valle de Cumbaya- Tumbaco como
en el de los chillos, sobrepasando la barrera natural del rio Machángara.
DEMOGRAFÍA Y SOCIEDAD
Dos grandes acontecimientos contribuyen a cambiar la fisonomía del país, por incentivar la
economía en general y el comercio exportador e importador en particular: la legada del
ferrocarril de Quito en 1908 y la apertura del canal de panamá en 1914, hechos que también
determinan cambios en la ciudad de Quito.
La obra cumbre del general Alfaro es precisamente la terminación del ferrocarril iniciado
décadas atrás por García Moreno que había avanzado penosamente luego del asesinato del
gran mandatario y que, al fin, llego a la capital de la república en 1908. Esta es una de las
fechas de mayor relieve en la historia de la milenaria ciudad. Gobierno, cabildo y ciudadanía en
general se trasladaron, a pie, hasta Chimbacalle, en el extremo sur de la urbe y presenciaron
jubilosos la llegada de la primera locomotora. Una semana antes había comenzado a circular
una emisión, dispuesta por Alfaro, de tres estampillar postales, conmemorativas triangulares,
una de las cuales lleva la efigie de García Moreno y otra la suya propia. El servicio diario
comenzó a efectuarse desde el 25 de junio. El Concejo Municipal determinó la antigua
parroquia rural de Chimbacalle.
El edificio cubre 23000m2 con 700m2 en cada planta. La batería de ascensores se sitúa en la
parte trasera. En los subsuelos se ubicaron los estacionamientos; la zona comercial funciona en
la planta baja y mezanine, con almacenes grandes que posteriormente fueron subdivididos;
mientras que los pisos altos están destinados en su totalidad a oficinas. Se ingresa por la calle
Buenos Aires y se sale por la Avenida 10 de Agosto, atravesando la zona comercial.
Torre Consejo Provincial de Pichincha. Edificio de altura (highrise) de la ciudad de Quito D.M.,
en Ecuador. Es el segundo edificio moderno más alto de la ciudad, solo después de la Torre
CFN. Es también la tercera estructura más alta de la capital ecuatoriana, por detrás de la
Basílica del Voto Nacional y la antes nombrada Torre CFN. El edificio alberga las oficinas del
Honorable Consejo Provincial de Pichincha, y por tanto los despachos del Prefecto, sus
asesores y las direcciones, secretarías y coordinadoras del buró de la provincia de Pichincha.
Está ubicada en el extremo noroccidental de la parroquia de Itchimbia; en un solar flanqueado
por las calles Manuel Larrea, Antonio Ante, Juan Pablo Arenas y la avenida 10 de Agosto. La
torre es el segundo edificio de altura, después de la conocida Licuadora, y el primero de gran
altura, que se puede observar saliendo desde el Centro Histórico en sentido sur-norte. Su
ubicación frente al Parque La Alameda, y en el inicio de la ciudad moderna, la han convertido
en un verdadero ícono de la ciudad, sobre todo en la época en la que fue construida (década
de 1980). A los pies de la torre se encuentra una enorme plaza despejada que a menudo es
utilizada para exposiciones y encuentros de arte y artesanías. Sobre el costado de la avenida
10 de Agosto es usado como ruta de acceso al Centro Histórico. Actualmente existe un plan de
renovación integral, tanto de los interiores como de la fachada del edificio.
El visitante que llega al Museo del Instituto Nacional Mejía, puede asegurar que ha conocido
uno de los museos más singulares y sorprendentes del Ecuador. Llama mucho la atención la
gran variedad de esculturas talladas en madera, en tamaño natural, con las características
físicas y somáticas de cada etnia, que ilustran las diferentes nacionalidades indígenas,
conviviendo en el museo en perfecta armonía; todos afanados en sus trabajos y actividades, su
realismo es conmovedor. La muestra recoge las etnias más representativas de tres de las
regiones naturales del Ecuador: Oriente, Costa y Sierra.
ORIENTE
Al ingresar en la gran sala de exposiciones el visitante se introducen el obscuro y pesado
secreto de la selva, donde se encuentran los SHUAR, famosos mundialmente por la reducción
de cabezas humanas (tzantza). Los COFANES con su singular pluma de papagayo atravesada
en el tabique nasal; LOS QUICHUAS DEL ORIENTE, preparando el famoso masato (chicha de
yuca masticada) y los hábiles HUAORANIS completamente desnudos.
COSTA
Continuando el recorrido por el museo, se encuentran los MONTIBIOS o CHOLOS
PESCADORES, descendientes de los bravos Huancavilcas; luego están los CHACHIS o CAYAPAS
de Esmeraldas. En un terreno saturado de humedad, donde la vegetación es umbrosa y
embrujante, viven los TZA-CHILAS o COLORADOS, denominados así por su costumbre de
pintarse el cabello con achiote molido.
SIERRA
Siguiendo la secuencia del montaje que va de norte a sur, observamos a los AWAS de la
Provincia de El Carchi, luego presentamos a los AFRODESCENDIENTES DEL CHOTA,
NATABUELAS e ILUMANES de la Provincia de Imbabura. De la Provincia de Pichincha están los
CALDERONES o CARAPUNGOS y danzando alegremente se encuentran los ARUCHICOS DE
CAYAMBE.
En una vasta zona de la Provincia de Tungurahua encontramos a los CHIBULEOS; del Cantón
Peli-leo están LOS SALASACAS; descendientes de los mitimaes. Mientras que de los páramos
del Chimborazo se observan a los VAQUEROS Y HIELEROS. Rodeados de cerros y montañas
viven los SIMIATUG, en la Provincia de BOLIVAR. De Azuay se representa a la Chola Cuencana y
a los PUCARA y de la Provincia de Loja, se observa a los SARAGUROS.
El edificio responde a una típica disposición neoclásica. El núcleo central de ingreso distribuye
la circulación ay aloja las funciones administrativas; a sus lados se disponen simétricamente
dos alas en las que se ubican las aulas, rematando en pabellones transversales de talleres y
laboratorios. La construcción típica de la época, es de estructura de muros portantes de
ladrillo, entre pisos de madera, con cubierta de madera y teja, caracterizada por la austeridad
de sus acabados. Originalmente y por algunas décadas, los muros carecieron de un
revestimiento exterior atribuyéndose este hecho a la falta de recursos; más tarde, en la década
de 1950 se revistieron algunos elementos y en particular la fachada principal. En la actualidad
se aprecia la calidad de la construcción en ciertos detalles que aún se mantienen sin
recubrimiento. La importancia del edificio está definida por su escala monumental y expresión
constructiva de masiva mampostería que lo ha convertido en un hito urbano. Formalmente se
caracteriza por un rigor estilístico puro y austero, coherente con su función institucional. La
fachada principal posee una composición simétrica de tres cuerpos con el volumen central de
mayor altura fraccionado a su vez en tres partes, correspondiendo la central al vestíbulo de
ingreso, espacio de triple altura jerarquizado por la presencia de un orden gigante con esbeltas
columnas dóricas que rematan en un tímpano triangular.
Los pabellones laterales poseen en sus extremos dos cuerpos con los mismos tímpanos.
Existen tres cuerpos horizontales con tratamiento de vanos en proporciones particulares para
cada nivel, el inferior que se constituye en un basamento de piedra y los superiores definidos
por la presencia de cornisamento con un remate superior acentuado por su acabado de ladrillo
visto. El fuerte desnivel del terreno fue salvado con una escalinata monumental que acentúa
sus características neoclásicas. Ésta se desarrolla en dos tramos, dejando en el medio una
plataforma donde se encuentra los bustos de Eloy Alfaro, el fundador, y de José Mejía
Lequerica, el patrono del establecimiento. El segundo tramo, de mayor extensión, culmina al
pie del pórtico de ingreso.
Ubicado en las faldas del volcán Pichincha, al oriente de la Ciudadela Universitaria, el terreno
en el que se asiente tiene forma irregular, al tiempo que presenta pendientes irregulares en
sentido este-oeste y ondulaciones secundarias en sentido norte-sur. Rodeado de barrios de
clase media, el colegio cumple con la función educativa en el nivel secundario y abarca las
especializaciones técnicas y de humanidades modernas. La información que se imparte exigía
aulas de clase, talleres, laboratorios y servicios generales. La morfología general es general y
rítmica, por el juego modular de las bóvedas y su composición en sus dos sentidos este-oeste y
norte-sur. Los grandes volados arrojan sombras sobre el muro de ladrillo visto, mientras que
galerías y puentes vinculan los bloques, otorgando articulación y sensación de liviandad. El uso
de elementos de hormigón prefabricados compuestos a 90| a manera de parasoles, permiten
la iluminación manteniendo privacidad y generan la texturacion de los limites de los juegos de
luz y sombra.
UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR; RECTORADO, TEATRO Y BIBLIOTECA
La Ciudadela Universitaria es un hito en la ciudad y esta ubicada con su frente sobre la avenida
América, una de las avenidas longitudinales mas importantes que corre al pie del Pichincha,
cuyo perfil majestuoso le sirve de fondo. El 21 de abril de 1945 el Municipio de la Ciudad de
Quito y la Universidad Central del Ecuador firmaron la permuta por la cual la Municipalidad
adquiría 32 hectáreas de terreno para la construcción de la Ciudadela Universitaria a cambio
de la antigua casona Universitaria y del cuartel, ubicados en la calle García Moreno y Espejo,
en la esquina sur occidental de la Plaza Grande, hoy convertido en el Centro Cultural
Metropolitano. El primer ante proyecto, desarrollado por el arquitecto, Alfonzo Calderón
Moreno, no fue aceptado por el Consejo Universitario. Posteriormente, en 1947, se aprobó el
proyecto diseñado por el arquitecto Gilberto Gatto sobral. Ese mismo año, durante el
rectorado del Dr. Julio E. Paredes, la Compañía Astra gano la licitación para la construcción,
iniciándose las obras el 18 de octubre de 1947. En los tres consecutivos rectorados del Dr.
Alfredo Pérez Guerrero se dio gran impulso ala obra de la Ciudadela Universitaria, no solo
terminando el conjunto de la administración central el 10 de febrero de 1952, sino también las
facultades de Jurisprudencia y Economía y la residencia universitaria, entre otras edificaciones.
La plaza Universitaria, luego designada como Plaza Indoamérica, es la antesala urbana del
conjunto. A los tres cuerpos principales; rectorado, biblioteca y teatro, se ingresa cruzando un
gran hall cubierto y semi cubierto al espacio exterior, a través de una columnata de gran
altura. Se observa el interés de vincular los espacios cubiertos con los abiertos mediante
galerías y conexiones cubiertas, a la vez que se realiza una lógica diferenciación de actividades.
El hall conecta hacia la izquierda con el bloque de la biblioteca y hacia el fondo con el teatro. A
la derecha, a través de una galería que se desenvuelve en dos pisos, definida por una
secuencia rítmica de pilares, se articulan las oficinas del rectorado. Una conexión transversal
de doble altura cubierta y abierta a ambos lados por arcos elevados, vincula al rectorado con el
resto de la administración de la Universidad. Al exterior del límite del fondo del teatro, se
despliega un monumental bajorrelieve en piedra del escultor Jaime Andrade Moscoso,
realizado entre 1949 y 1954, distribuido en un basamento horizontal de 9m y un plano vertical
de 18 m en el centro, como una gran cruz invertida.
Más tarde, tras la muerte del Dr. Santiana, como homenaje póstumo a su trabajo, se denominó
“Museo Antropológico Antonio Santiana”.
El Museo Antonio Santiana, tiene una exposición temática; el patrimonio cultural en muestra
no responde a una distribución museográfica tradicional, sino a la exposición de elementos
que resaltan el trabajo humano en los diferentes periodos de nuestra Historia Prehispánica; sin
duda alguna encontramos infinitas representaciones antropomorfas, en lítica, cerámica y
metal; representaciones que señalan al ser humano como el artífice de la historia, la ciencia, la
tecnología y la cultura.
PLAZA INDOAMERICA
Treinta años de existencia de la plaza , cada vez mas aislada en un nudo de transito caótico ,
cambiaron en 1999 cuando concluyó el nuevo diseño de este espacio, realizado por la
dirección de paquetes y jardines de la Municipalidad, que combina pasos a desnivel para la
circulación vehicular realizados por la Dirección de Estudios de la EMMOP-Q e iniciados a fines
de 1994 , con la recuperación de una amplia superficie a nivel de aceras, como plaza y área
verde, con participación de la Universidad Central que aporto los terrenos necesarios .En un
área de construcción de 45000m2 el intercambiador comunica con viaductos subterráneos a
las avenidas universitaria, América hacia el norte y al sur, y san Gregorio , e incluye cinco vías a
nivel con el objeto de lograr descongestionar y dar fluidez al transito vehicular y seguridad a la
intensa circulación peatonal. Con esto se planteaba, además, rescatar el eje de la avenida
Pérez Guerrero y revalorizar la fachada del teatro, a la vez que incorporar jardines y
arborizaciones.
ARCO DE LA CIRCASIANA
Al norte del parque se desarrolló el moderno barrio de La Mariscal y para mediados del siglo
XX se había convertido El Ejido en el parque urbano más importante de Quito, categoría que
conservó hasta la creación en 1980 del Parque de la Carolina. El parque reúne diariamente a
cientos de personas que buscan un momento de tranquilidad, pero también convoca,
especialmente los fines de semana a participantes de juegos tradicionales como los juegos de
cocos, artistas populares, pintores y artesanos, así como a indígenas de distintas comunidades
residentes o de paso en Quito, lo que produce un colorido y heterogéneo movimiento que
atare a propios y a extraños. La feria de artes y artesanías se desarrolla en el costado norte,
sobre la avenida Patria, frente al inicio de la avenida Amazonas y tiene como punto de
referencia la portada que perteneció a la entrada a la casona de La Circasiana, desarmada y
trasladada a El Ejido en la década de 1970 cuando, al ensancharse la avenida 10 de Agosto, la
familia Jijón propietaria del inmueble, resolvió obsequiar a la ciudad la portada del jardín
frontal, afectada por las obras. Esta portada neoclásica, con el friso escultórico de los
centauros, fue realizada por el escultor Luis Mideros en el año de 1928. A finales del 2001 se la
movió sin desarmarla unos treinta metros hacia el interior del parque, en un alarde técnico sin
precedentes, bajo la dirección del ingeniero Mario Morán.
A partir de 1938, el Banco Central del Ecuador empezó a salvaguardar los bienes culturales que
llegaban a sus bóvedas, sea en metalurgia precolombina o en monedas coloniales, evitando su
conversión en lingotes de oro para la reserva monetaria.
Con la visión humanista, del Gerente General de ese entonces, señor Guillermo Pérez
Chiriboga y el empuje del joven arquitecto Hernán Crespo Toral, se reflexionó sobre la
importancia de la salvaguarda cultural como una misión trascendente para la nación
ecuatoriana, con el mismo ahínco con que se conservaba la reserva de oro que respaldaba
económica y monetariamente al país.
La colección arqueológica perteneciente a Max Konanz, ciudadano suizo que durante 30 años
de transitó por territorio ecuatoriano, fue adquirida por la Institución, convirtiéndose en el
núcleo inicial del futuro Museo. En una casa ubicada en la calle García Moreno y Sucre, en
Quito, estos tesoros ancestrales fueron organizados, dándose con esto inicio a la
conformación científica de las colecciones arqueológicas, artísticas y numismáticas, las que una
vez sistematizadas, investigadas, clasificadas e incrementadas, después de 10 años de
gestación, el 1º de diciembre de 1969, en los 5º y 6º pisos del nuevo edificio del Banco Central
en la Av. 10 de Agosto y Briceño, se abrió al público el "Museo Arqueológico y Galerías de Arte
del Banco Central del Ecuador", que se conocería luego bajo el honroso nombre de "Guillermo
Pérez Chiriboga".
La idea impulsora de los gestores del Museo fue procurar que el Ecuador tuviera asideros
fundamentales, pruebas tangibles y testimonios reales en los cuales afincar y consolidar un
concepto de nación. Así se fue generando no solo un Museo, sino sobre todo un principio:
que la cultura debe estar en el centro del desarrollo del país, iniciativa que más tarde fue
desarrollada por la UNESCO y conocida como "la dimensión cultural del desarrollo".
En 1992, con el propósito de brindar al público espacios más amplios de exposición, las
autoridades del Banco Central del Ecuador resolvieron trasladar sus instalaciones hacia un
nuevo y amplio local en el edificio de la "Casa de la Cultura Ecuatoriana", en la Av. Patria entre
6 de Diciembre y 12 de Octubre, manteniendo sus reservas y oficinas administrativas en el
Edificio Aranjuez, situado en las calles Reina Victoria y Jorge Washington. El Archivo Histórico,
la Musicoteca se ubicaron en los edificios del Antiguo Banco Central, en el Centro Histórico.
Para entonces, el Museo cubría con sus colecciones el amplio espectro de la cultura del país
tanto cronológica como espacialmente por lo cual se lo empezó a llamar "Museo Nacional del
Banco Central del Ecuador".