El ocaso de la era liberal
La gran transformación en América Latina durante la época liberal plantea, a inicios del siglo XX, los
clásicos problemas de los procesos de modernización.
En el plano político, el crecimiento de la escolarización y la ampliación de la ciudadanía política
sometieron a una dura prueba al elitismo de los regímenes liberales y se expresaron en el crecimiento
de nuevos movimientos políticos decididos a combatirlos.
En el plano social, volvieron más evidente la urgencia del conflicto moderno entre el capital y el trabajo,
y la importancia del rol del estado para hacerle frente.
En el plano económico, el extraordinario crecimiento de las décadas precedentes hizo emerger su lado
oscuro: la vulnerabilidad y el desequilibrio de un modelo de desarrollo basado en el comercio exterior.
En el plano ideológico, el clima comenzó a cambiar ; el mito del progreso tendió a sustentar una vasta
reacción nacionalista, que contribuyó a alimentar tanto el intervencionismo militar estadounidense en
Centroamérica y el Caribe como la declinación de la civilización europea en las trincheras de la Primera
Guerra Mundial.
La crisis y sus nudos:
Fijarle una cronología a la crisis de la era liberal en América Latina resulta arbitrario en la medida en que
eran diferentes los caminos de los distintos países. Los procesos que habían causado la crisis eran de
largo plazo e impregnaron la historia de la región durante varias décadas. Por ello, fijarla en los años
comprendidos entre la Gran Guerra y la mañana siguiente a la caída de la Bolsa de Wall Street. Por un
lado la guerra hizo sonar los primeros toques de alarma para el sostenimiento tanto de los regímenes
oligárquicos como del propio modelo económico, también con una imprevista ráfaga de golpes de
estado en los principales países, en los que comenzó entonces una larga era militar. Los países latinos
de Europa, son con los cual América Latina comparte la pertenencia a una misma civilización. aunque
algunos bajo la enorme presión de la guerra y otros no, algunos más modernos y avanzados, y otros más
arcaicos y atrasadoscomenzaron desde entonces a recorrer el pasaje de la sociedad de elite a la
sociedad de masas, del universo religioso al político, del liberalismo de las elites a la democracia del
pueblo, del espejismo del progreso a la realidad de los conflictos que este suele traer aparejados. todos
saldaron cuentas con el delicado tránsito a la modernidad, que tanto en América Latina como en Europa
generó largas y a menudo trágicas crisis políticas, sociales, y culturales. La creciente dificultad de los
regímenes oligárquicos para gobernar la cada vez más compleja la sociedad surgida tras décadas de
modernización que reveló su incapacidad de ampliar las bases sociales, es decir, de construir consenso.
En otros términos, mostró cuán poco propicia era su aclimatación, ya fuera debido a la estructura social
o a la conformación cultural de América Latina. De hecho, elliberalismo comenzó a cobrar vasta forma,
y alzó a menudo las banderas del nacionalismo, detrás de las cuales se asomaban los militares.
Las causas politicas:
En términos políticos, suele afinnarse que lo que más erosionó la estabilidad y legitimidad de esos
regímenes fue el incremento de la demanda de "democracia", pese a que, en realidad, en muchos casos
se aludía a soluciones que poco tenían que ver con ella, e trataba de una demanda de participación, o de
cambio, taut caurt, lo que agitaba los tiempos. Expresiones de nuevas clases, en su mayoría de sectores
intermedios, también de parte de la elite insatisfecha de la oligarquía imperante, nacieron o sembraron
profundas raíces en los nuevos partidos, como la Unión Cívica Radical en la Argentina, como el APRA (
Alianza popular revolucionaria americana) en Peru, También el Partido Constitucional Progresista, Se
trataba de partidos cuyos programas solían presentar, como primer punto, el reclamo de elecciones
libres y transparentes, con lo que intentaban arrinconar a la oligarquía, dejando al descubierto la
contradicción al respetar los principios que proclamaban en las constitucione. De la misma demanda
genérica de participación y cambio fue el movimiento de la Refonna Universitaria, surgido en Córdoba,
Argentina, en 1918, cuyo programa planteaba la democratización del acceso al gobierno de la
universidad. Sus ecos se extendieron por toda América Latina, confundiéndose con los de la revolución
mexicana. Al erosionar el frágil fundamento de los regímenes oligárquicos, la Refonna contribuyó
también a la emergencia de otros partidos o movimientos, surgidos en el seno de la moderna cuestión
social-el conflicto entre el capital y el trabajo-, que también comenzaba a imponerse. Eran
particularmente fuertes en los sectores clave de la economía -aquellos vinculados a la exportación,
como el transporte, la minería, la industria frigorífica, etc.
Las causas sociales y economicas:
Al tiempo que el mito del progreso se veía afectado por desagradables efectos secundarios, las certezas
de la elite comenzaron a vacilar, dado que los conflictos que los regímenes habian neutralizado
reingresar en forma de tensión y desorden. Dichos regímenes no se encontraban preparados para hacer
frente a estos fenómenos, que solían adjudicar a ideologías y agentes extranjeros, a los que acusaban de
amenazar la armonía local. Por ello, buena parte de estas elites, otrora liberales y cosmopolItas,
buscaron tranquilizador reparo en el mito nacionalista de la sociedad cohesionada y equilibrada,
sometida a los ataques del enemigo externo y de sus aliados internos. esos regímenes, de hecho, habían
obstruido, en general, los canales necesarios para metabolizar los nuevos desafíos y desactivar el
potencial destructivo: los democráticos. tambien el modelo exportador de materias primas-sufrió
durante la guerra sus primeros cortocircuitos serios, que comenzaron a resquebrajar sus bases, algo
inevitable, muchas economías de la región se encontraron de pronto sin salida para sus productos ni
bienes para importar; la guerra aceleró ciertos fenómenos en curso. En primer lugar,induJo a los países
americanos con capital a sustituir importaciones, es decir, a crear una red de industrias, cuyo resultado
fue impulsar la modernización social y las demandas políticas que asediaban a los regímenes
oligárquicos. No obstante, lo más destacable es que la totalidad de esos fenómenos lesionó la
convicción de que aquel modelo fuese eterno y virtuos, entre los cuales el más evidente era la
vulnerabilidad de las economías latinoamericanas, La escasez de bienes, la inflación que erosionaba los
salarios, los grandes bolsones desocupación, la ausencia de sistema previsional (al cual sólo en ChIle,
Uruguay y la Argentina se comenzó a dar forma entonces). entre muchos otros problemas, fueron la
base de la gran ola de huelga e incluso con violencia represiva.
El nuevo clima ideologico:
el nuevo clima político fue anunciado primero y acompañado luego por el surgimiento de nuevas ideas
en los campos político, social y económico, y antes que en otros, en lo filosófico, artístico y literario. El
positivismo comenzó pronto a sufrir los primeros ataques, en especial a partir de 1900, cuando apareció
Ariel de José Enrique Rodó, una suerte de manifiesto del nacionalismo y de la reacción antimaterialista
continuada por el movimiento estético denominado Modernismo, las olas de ideas estrucuturales a la
ideologia abarcaba una amplia gama de expresiones a menudo diversas e incluso contradictorias entre
sÍ estas las nuevas ideas tendieron a confluir hacia un paradigma nacionalista genérico. durante la edad
liberal la tendencia prevaleciente había sido buscar modelos políticos y culturales fuera de la frontera,
donde la civilización moderna era más floreciente, ahora predominaba la tendencia a resguardarse en la
búsqueda de la nacionalidad y sus orígenes, a cuya reconstIucción o invención fueron dedicados asiduos
esfuerzos. Esto fue así porque los viejos modelos se habían resquebrajado y debido a que, una vez
consolidados los estados, era preciso foIjar ciudadanos para hacer la nación, inculcando en la población
un sentido de pertenencia y destino compartido. Esto fue así a tal punto que, al propiciar la inmigración,
la elite positivista intentó atenuar el componente étnico indígena y afroamericano, incrementando el
blanco (europeo), con la convicción de que la heterogeneidad era un lastre para el desarrollo de la
civilización. En ese nuevo clima maduraron las corrientes indigenistas y la reivindicación de la América
mestiza, que ofrecía como peculiar aporte a la civilización su "raza cósmica", el hombre nuevo creado
por su excepcional historia, En lugar de la virtud y de la libertad del individuo, comenzaron a
revalorizarse la esencia y los valores de la comunidad, entendida ya como un todo orgánico, formada
por corporaciones y cimentada en la unidad religiosa, en el caso de los católicos, o bien como unidad de
clase en el caso de los marxistas, entre los cuales comenzaron a emerger corrientes que se esforzaban
en nacionalizar aquella ideología, de por sí internacionalista. El cosmopolitismo empezo por ser objeto
de radicales diatribas que era considerado como un habito oligarquico que se reducía a la imitación de
las elites extranjeras, o una costumbre extraña al pueblo. Sobre dicho pueblo florecieron, además,
estudios etnográficos y antropológicos, investigaciones interesadas en reconstruir las costumbres
alimentarias, musicales, religiosas, en búsqueda de su sentido y de su identidad, y con ello, de los de la
nación. Lo cierto es que el clima estaba cambiando.
Los derroteros de la crisis liberal
El caso más notable, violento y de impacto continental fue el de México, donde el Porfiriato acabó por
convertirse en una peligrosa tapa agujereada sobre una olla en ebullición. Esa olla era la sociedad
mexicana, en la cual diversas voces, durante mucho tiempo oprimidas, explotaron al unísono y echaron
las bases de la transición, larga y violenta, hacia un nuevo orden político, económico y social. En el
extremo opuesto, al menos en lo que atañe a los países mayores, se ubicaba en esa época la Argentina,
donde la Ley Sáenz Peña de 1912 abrió las puertas a algo que parecía poder operar la virtuosa
metamorfosis del régimen oligárquico en régimen democrático, mediante la elección, con el sufragio
universal masculino, del líder radical Hipólito Yrigoyen en 1916. En 1922 se ratificó la regular alternancia
constitucional, confirmada seis años después, cuando Yrigoyen fue nuevamente electo. Sin embargo, en
1930, un golpe de estado, encabezado por el general Félix Uriburu, puso fin a aquella incipiente
experiencia democrática, que cayó víctima de diversas causas. La más e'fidente fue la reacción
conservadora de vastos sectores -de la elite ;conómica a las cúpulas eclesiásticas y militares- contra la
democracia política, vinculada además con el rechazo del creciente conflicto social y la difusión de
ideologías revolucionarias, ya que se imputaba a la democracia no saber hacerle frente, o se la acusaba
de allanarle el camino. En este contexto, nacieron grupos nacionalistas antidemocráticos, se difundieron
cen 1931 un golpe blindó el dominio de la oligarquía del café, cuestionada en primer término por los
movimientos campesinos, a Venezuela, donde a fines de los años veinte comenzaron a manifestarse los
primeros signos de intolerancia hacia la larga autocracia de Juan Vicente GÓmez. orrientes ideológicas
autoritarias y se formaron movimientos contrarrevolucionarios. los militares fueron los protagonistas,
derrocando o poniendo bajo su tutela las instituciones liberales surgidas durante los regímenes
oligárquicos y todo Cuanto parecía demasiado frágil para soportar el choque de la modernidad, en
especial en aquellas sociedades atravesadas por la fragmentación social, en las cuales los militares
parecían la expresión política de una elite. Es preciso aclarar que la intervención de los militares no tuvo
siempre un solo sentido, es decir, a favor de una clase social específica, sino que fue variando en los
diversos contextos.
La edad del intervencionismo norteamericano y el ascenso del nacionalismo:
Se trataba de grandes multinacionales que incrementaban desmesuradamente sus intereses en la
extracción minera o en los primeros pasos de la industria petrolífera, o bien en el campo de la
producción de bienes típicos de la agricultura subtropical, ámbito en el que descolló la United Fruit
Company. Las intervenciones militares estadounidenses tuvieron mayores ambiciones políticas y
expresaron un claro intento paternalista y pedagógico, con el objetivo de sentar las bases institucionales
de estados y administraciones más sólidas y eficaces. Sin embargo las politicas estadounidense en la
región fue la puesta en escena de la doctrina del destino manifiesto y comportó no sólo la intervención
militar, sino también una profunda expansión comercial, el propósito de minar los intereses europeos
en el área, y el esfuerzo por difundir valores de la civilización norteamericana, en general, sin éxito. El
nacionalismo latinoamericano llegó a rechazar tanto el expansionismo como el liberalismo, el
capitalismo, la democracia representativa, sumados a tantos otros rasgos de la civilización protestante,
individualista y materialista típica de los países anglosajones, contrapuesta a la católica, basada en el
comunitarismo y la democracia orgánica.