12.
LA TRANSICIÓN (1975-1982)
12. 1. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA TRAS LA MUERTE DE FRANCO. RETOS, LOGROS,
DIFICULTADES Y RESISTENCIAS AL ESTABLECIMIENTO DE LA DEMOCRACIA.
A comienzo de la década de 1970 se produjo deterioro generalizado del régimen, paralelo
al biológico del dictador: septuagenario y enfermo de Parkinson. En 1973 Franco renunció a
sus funciones de Jefe del Gobierno a favor de Carrero Blanco. Era la primera vez que se
diferenciaban los cargos de Jefe de Estado y Presidente del Gobierno. Seis meses después, el
20 de diciembre de 1973, un atentado de ETA acababa con la vida de Carrero Blanco. Con
Franco cada vez más enfermo, Carrero era el único capaz de mantener unidos a los diferentes
sectores del franquismo. A partir de ese momento creció la fractura entre los aperturistas (como
Fraga) y los inmovilistas, conocidos como “el bunker”, defensores del carácter inalterable de
los principios del Movimiento (como Blas Piñar).
A comienzos de 1974 se formó un nuevo Gobierno presidido por Arias Navarro, que
pretendía unir a aperturistas e inmovilistas. El “bunker” denunció el inminente peligro de
destrucción del régimen y Arias Navarro volvió a acercarse al inmovilismo. El clima de
inestabilidad política fue en aumento y proliferaron las manifestaciones; además los grupos de
oposición promovieron la creación de organismos unitarios para reivindicar la democratización
del país, como la llamada “Platajunta”.
Franco falleció el 20 de noviembre de 1975 dejando tras de sí un régimen anacrónico y en
profunda crisis. La Transición a la democracia supuso un cambio político gradual, no violento y
basado en el acuerdo de las principales fuerzas políticas. La democracia era una exigencia de
la mayor parte de la población y representaba la única solución para que España se integrara
en Europa. Se considera que el triunfo en las elecciones de 1982 de un partido de izquierdas
(PSOE) cierra el proceso. El camino no estuvo marcado desde el principio; había 3 alternativas
posibles: la continuidad del régimen franquista con alguna modificación superficial, defendida
por el bunker; la reforma política a partir de las leyes e instituciones del franquismo, propuesta
por los aperturistas y que sería la que se impusiera; y la ruptura democrática, acabando con el
régimen dictatorial de forma inmediata, vía defendida por la oposición democrática.
El 22 de noviembre de 1975, el rey Juan Carlos I asumió la Jefatura del Estado, jurando
los Principios del Movimiento Nacional y las Leyes Fundamentales del régimen, pero dejando
entrever en su discurso de proclamación, su voluntad democrática: afirmaba su legitimidad en
base a la tradición (no aludía a su condición de heredero del régimen de Franco); exponía su
intención de establecer un marco representativo de todos los españoles; y, por último, exponía
su intención de caminar hacia el reconocimiento de derechos sociales y económicos, como
condición para el ejercicio de las libertades políticas. El nuevo monarca suscitó el recelo tanto
de la extrema derecha como de los republicanos.
El rey decidió mantener a Carlos Arias Navarro como presidente de un Gobierno formado
por ministros representantes del franquismo inmovilista, militares, y reformistas como José Mª
Areilza, Alfonso Osorio y Manuel Fraga, con Torcuato Fernández Miranda como presidente de
las Cortes y del Consejo del Reino. El enfrentamiento entre reformistas y Arias Navarro, la
agitación social, la represión del gobierno y la incapacidad de Arias Navarro para impulsar la
reforma política; llevó a que éste, presionado por el rey, dimitiera. A continuación, el rey
nombró como presidente a Adolfo Suárez, que tenía un perfil falangista, experiencia de Estado
y actitud reformista. Suárez inicia contactos con Felipe González, Santiago Carrillo y con CCOO;
provocando la dimisión del vicepresidente, el ultraconservador general De Santiago, dando
entrada al general Gutiérrez Mellado, militar liberal que llevó a cabo una importante reforma
de las Fuerzas Armadas.
Para hacer posible la transición a la democracia, Suárez presentó al país el proyecto de
Ley para la Reforma Política, ideada por Fernández Miranda, que fue aprobado por las Cortes
franquistas y ratificado por el pueblo español en referéndum (15 de diciembre de 1976). En
esta ley se establecía la soberanía popular y unas nuevas Cortes bicamerales: Congreso elegido
por sufragio universal y Senado, con una quinta parte nombrada por el rey. Surgieron varios
partidos, entre los que destacan:
- Alianza Popular (AP): formación de derechas, encabezada por Manuel Fraga.
- Unión de Centro Democrático (UCD): Grupo centrista que aglutinaba en torno a Suárez a
numerosos ministros de los primeros gobiernos de la monarquía, además reunía a social-
demócratas, liberales y democristianos.
- Partido Socialista Obrero Español (PSOE): partido presidido por Felipe González.
- Partido Comunista de España (PCE): Partido presidido por Santiago Carrillo.
Junto a estos cuatro grandes partidos había otros, también de ámbito nacional, aunque
de menor importancia. Tal era el caso de Fuerza Nueva, grupo dirigido por Blas Piñar, de
extrema derecha y, el Partido Socialista Popular (PSP) encabezado por Tierno Galván (“el viejo
profesor”) y que acabaría integrándose en el PSOE. Dentro de los partidos nacionalistas
destacan: El PNV (Partido Nacionalista Vasco), partido tradicional de la derecha nacionalista
moderada vasca; dentro de la izquierda nacionalista surge la coalición Herri Batasuna, ligada a
la organización terrorista ETA. En Cataluña tenemos Ezquerra Republicana de Catalunya, de
izquierdas y, la coalición Convergencia i Unió (CIU), liderada por Jordi Puyol, de carácter
moderado. En Galicia destacó el Bloque Nacionalista Galego; en Andalucía, el Partido Socialista
Andaluz, luego el Partido Andalucista; y en Valencia, la Unió Valenciana.
El camino hacia la cita electoral fue difícil, especialmente por el recrudecimiento del
terrorismo, tanto de extrema derecha (matanza de los abogados laboralistas de Atocha), como
de ETA y GRAPO. A pesar de ello, se aprobó la Ley sobre el derecho de asociación política.
Suárez legalizó el PCE por decreto ley, provocando la reacción negativa del Ejército. A
continuación, las elecciones generales celebradas el 15 de junio de 1977, dieron el triunfo a la
UCD de Suárez, siendo la principal fuerza política de la oposición el PSOE. Ante los resultados
favorables de los nacionalistas, fue reinstaurada la Generalitat en Cataluña, con Tarradellas
como presidente; y se aprobó un régimen preautonómico para el País Vasco. Estas Cortes,
nacidas de las elecciones mencionadas [15 de junio de 1977], tuvieron una función
constituyente, que llevó a la promulgación, tras el referéndum del 6 de diciembre de 1978, de
nuestra Constitución vigente.
En 1979 comenzó la segunda etapa de la Transición, con los Gobiernos de Suárez y Calvo
Sotelo. En las elecciones generales y municipales de 1979 volvió a ganar la UCD de Adolfo Suárez,
si bien los ayuntamientos de las grandes capitales pasaron a manos del PSOE, con el apoyo del
PCE. El nuevo gobierno trató de desarrollar los mandatos constitucionales: se desarrolló el Estado
de las Autonomías, se realizó la ley de la Reforma Fiscal (por primera vez los impuestos directos
superaban a los indirectos y la contribución a Hacienda era progresiva); se elaboró el Estatuto de
los Trabajadores con el reconocimiento de la libertad sindical, la negociación colectiva y derecho
de huelga; se aprobó la Ley Orgánica de Libertad Religiosa y su tratamiento en la enseñanza
pública; y se inició la tramitación legal de la Ley del Divorcio.
Todas estas reformas legales supusieron enfrentamientos muy importantes dentro del seno
del partido gobernante de la UCD. Por otra parte, la situación social era muy grave ante el
aumento del paro y el nulo control de la inflación. La acción del terrorismo de ETA acentuó el
malestar con el gobierno. Ante estas dificultades, a inicios de 1981, Suárez dimitió. Cuando se
estaba produciendo la votación para elegir un nuevo presidente, el 23 de febrero de 1981, tuvo
lugar un golpe de Estado: el asalto al Congreso por parte de un grupo de guardias civiles bajo el
mando del teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero. Fue el momento de máximo peligro
de la Transición. El rey, como Jefe del Ejército, jugó un papel fundamental para parar el golpe.
Entre 1981 y 1982 gobernó Leopoldo Calvo Sotelo, en medio de una fuerte crisis interna:
la UCD no se pudo mantener unida porque sus miembros más derechistas se fueron integrando
en Alianza Popular, en tanto que los socialdemócratas lo hacían en el PSOE. En 1981 se aprobó
la Ley del Divorcio ante la oposición de los sectores más católicos y de la jerarquía eclesiástica.
12. 2. LA CONSTITUCIÓN DEE 1978. EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS.
Franco falleció el 20 de noviembre de 1975 dejando tras de sí un régimen anacrónico y en
profunda crisis. La Transición a la democracia supuso un cambio político gradual, no violento y
basado en el acuerdo de las principales fuerzas políticas. La democracia era una exigencia de
la mayor parte de la población y representaba la única solución para que España se integrara
en Europa. Se considera que el triunfo en las elecciones de 1982 de un partido de izquierdas
(PSOE) cierra el proceso. El camino no estuvo marcado desde el principio; había 3 alternativas
posibles: la continuidad del régimen franquista con alguna modificación superficial, defendida
por el bunker; la reforma política a partir de las leyes e instituciones del franquismo, propuesta
por los aperturistas y que sería la que se impusiera; y la ruptura democrática, acabando con el
régimen dictatorial de forma inmediata, vía defendida por la oposición democrática.
El 22 de noviembre de 1975, el rey Juan Carlos I asumió la Jefatura del Estado, jurando
los Principios del Movimiento Nacional y las Leyes Fundamentales del régimen, pero dejando
entrever en su discurso de proclamación, su voluntad democrática: afirmaba su legitimidad en
base a la tradición (no aludía a su condición de heredero del régimen de Franco); exponía su
intención de establecer un marco representativo de todos los españoles; y, por último, exponía
su intención de caminar hacia el reconocimiento de derechos sociales y económicos, como
condición para el ejercicio de las libertades políticas. El nuevo monarca suscitó el recelo tanto
de la extrema derecha como de los republicanos.
El nombramiento de Adolfo Suárez como Jefe de Gobierno marcó el camino hacia la
Constitución, al presentar al país el proyecto de Ley para la Reforma Política, ideada por
Fernández Miranda, que fue aprobado por las Cortes franquistas y ratificado por el pueblo
español en referéndum (15 de diciembre de 1976). En esta ley se establecía la soberanía
popular y unas nuevas Cortes bicamerales: Congreso elegido por sufragio universal y Senado,
con una quinta parte nombrada por el rey.
Las Cortes nacidas de las elecciones generales del 15 de junio de 1977, tuvieron una
función constituyente, que llevó a la promulgación, tras el referéndum del 6 de diciembre de
1978, de nuestra Constitución vigente, que contiene los siguientes principios:
- España se define como un “Estado social y democrático”.
- “La soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado”.
- La forma de Estado es la monarquía parlamentaria, lo que limita el papel de la Corona.
- El rey es el Jefe del Estado y tienen el mando supremo de las Fuerzas Armadas.
- En la sucesión a la Jefatura de Estado se favorece al varón sobre la mujer.
- El poder legislativo reside en dos cámaras elegidas por sufragio universal: el Congreso y el
Senado. El Senado tiene además, representación territorial.
- El poder ejecutivo reside en el Gobierno, que dirige la política interior y exterior y depende
para su permanencia de la confianza del legislativo.
- El poder judicial corresponde a los juzgados y tribunales. Un órgano esencial es el Tribunal
Constitucional, que actúa como intérprete supremo de esta Ley Fundamental.
- El Estado se define como no confesional, aunque establece relaciones de cooperación con la
Iglesia Católica.
- Se recoge una declaración de derechos y libertades muy avanzada, incluyendo numerosos
derechos de carácter social y económico. La Constitución contiene un marcado carácter so-
cial. El Estado se comprometía a promover el bienestar dentro de un sistema de economía
de mercado que sancionaba la propiedad privada, pero también el derecho de intervención
del Estado.
- La unidad de España es compatible con la pluralidad nacional (Art. 2). Esto significa que el
Estado español es unitario, es decir, no federal, pero tampoco centralista, sino autonómico.
Distingue entre nacionalidades y regiones; con dos vías para crear comunidades autónomas:
vía rápida (Art. 151) para las nacionalidades históricas (Andalucía, Aragón, Baleares, Cana-
rias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia y País Vasco) y vía lenta para las demás.
- El castellano es el idioma oficial del Estado; el resto de las lenguas existentes en España son
también oficiales en sus respectivas comunidades autónomas.
En 1979 comenzó la segunda etapa de la Transición, con los Gobiernos de Suárez y Calvo
Sotelo. En las elecciones generales y municipales de 1979 volvió a ganar la UCD de Adolfo Suárez,
si bien los ayuntamientos de las grandes capitales pasaron a manos del PSOE, con el apoyo del
PCE. El nuevo gobierno trató de desarrollar los mandatos constitucionales; entre ellos estaba el
desarrollo del Estado de las Autonomías.
La organización territorial del Estado español diseñado en la Constitución se corresponde
con un modelo de Estado unitario de las autonomías. Es unitario porque la Constitución
establece la “indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los
españoles”, y además porque el Estado tiene competencia exclusiva en numerosas materias
fundamentales. Sin embargo, también en la Constitución, se reconocen las diferentes
comunidades históricas que conforman España y les concede amplio margen de autonomía,
que puede modificarse y ampliarse con el tiempo. La Constitución:
Estableció un régimen especial para País Vasco y Navarra sobre la base de los derechos
históricos de los territorios forales.
Distinguió a las comunidades históricas, aquellas que habían visto aprobados sus estatutos
de autonomía durante la Segunda República (Cataluña, País Vasco y Galicia, este último en
fase de promulgación cuando estalló la Guerra Civil). En ellas, la presencia de partidos
nacionalistas era más evidente y pudieron acceder a la autonomía a través del Art. 151 de
la Constitución. El resto de territorios accederían a la autonomía acogidos al Art. 143.
Con ello se puso en marcha el proceso autonómico, que pasó por la elaboración de los
estatutos por las correspondientes asambleas de parlamentarios y por su posterior aprobación
por las Cortes y ratificación en referéndum. Surgió así el actual mapa administrativo de España,
compuesto por 17 comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Tras la aprobación de los correspondientes estatutos de autonomía se convocaron en cada
territorio elecciones autonómicas para configurar los Parlamentos. El siguiente paso fue
negociar la transferencia de competencias desde el Gobierno central a las distintas
Comunidades Autónomas. Así se aprobó la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso
Autonómico). Esta ley fue recurrida por los gobiernos vasco y catalán en el Tribunal
Constitucional, por lo que, en 1983, fue reformulada como Ley de Proceso Autonómico. La
cesión de transferencias precisó del establecimiento de fuentes de financiación, que quedó
reflejado en la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas. En 1992, PSOE y
PP firmaron el segundo gran pacto autonómico, por el que se acordó transferir nuevas
competencias e igualar a las comunidades que accedieron a la autonomía. Este proceso de
descentralización dio lugar a una nueva organización territorial del Estado que la acercó a los
sistemas de corte federal.