FUNDAMENTOS DE ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
¿Qué papel juega la educación en la libertad y para la libertad en el proceso
educativo?
La finalidad de la educación es enseñar a ser libre, a pensar y decidir por uno
mismo. El artículo 103 de la Constitución Nacional establece:
“Toda persona tiene derecho a una educación integral de calidad,
permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más
limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y
aspiraciones.”
Es obligación del Estado asegurar esa libertad para que cada cual cumpla con
la realización de su proyecto de vida, que es la máxima aspiración de un ser
humano.
La educación, tan venida a menos entre nosotros, en el hogar, en el barrio, en
la escuela, en los ejemplos de vida y en los medios de comunicación, es
importante, porque evita la simplificación del concepto de libertad. Hay dos
maneras de entender a esta última. La primera, como la posibilidad de librarse
de sujeciones y obligaciones, como aquélla destinada a proteger mi
autoexpresión, a decir cuánto desee. Otra forma de entenderla, en un sentido
positivo, consiste en la capacidad de ser libre para alcanzar determinadas
metas y objetivos, lo que obliga a preservar la amplitud y la franqueza del
debate público. Ésta es una forma de entender la libertad en términos sociales,
pues la libertad de expresión es un derecho público, un instrumento para la
determinación colectiva.
¿Cuál es el ideal perseguido en la vida democrática? Sin duda, proteger al
individuo de los abusos del Estado, pero no solo por acción de éste, sino de
todos aquéllos que se creen por encima de la ley o la utilizan para hacer
prevalecer sus intereses. Pero esto es solo una parte del ideal. La otra es la
construcción de un ambiente tolerante pero ambicioso en sus metas,
socialmente trascendente, en el que tengan preeminencia los valores
constitutivos de la dimensión colectiva frente a los intereses particulares, lo
político sobre lo económico, la comunicación sobre el mercado.
HOMBRE (EN FILOSOFÍA)
Su definición clásica es, desde Aristóteles, la de un “animal racional”. Sin
embargo, definir qué es un hombre es motivo de debate en la filosofía desde
sus inicios. El problema de la definición del hombre es objeto de estudio de la
antropología filosófica, y supone una reflexión sobre su esencia y un análisis de
los fundamentos de la idea de humano.
Distintos filósofos y pensadores se ocuparon del problema del hombre. Entre
ellos se encuentran Sócrates, Platón y Aristóteles, en la Antigüedad, los
teólogos de la Edad Media y los filósofos modernos, como René Descartes
(1596-1650) e Immanuel Kant (1724-1804).
La palabra “hombre” viene del latín homo, que deriva del indoeuropeo gjum y
significa tierra. También se la relaciona con el griego anthropos, que significa
humano u hombre. Por lo tanto en una primera aproximación, el hombre es
considerado un “animal racional” y pertenece a la especie Homo sapiens.
La antropología filosófica encargada de estudiar qué es el hombre a través del
análisis sobre su esencia y sobre la idea de lo humano, intenta definir al
hombre como problema filosófico que todavía no tiene una respuesta definitiva,
ya que la forma en que se lo piensa cambia con el paso del tiempo.
HISTORIA DEL CONCEPTO “HOMBRE” EN FILOSOFÍA
La pregunta acerca de qué es el hombre tiene su origen en la filosofía griega.
Si bien, desde la antropología filosófica, se considera que tanto Sócrates como
Platón se preguntaron por la esencia del ser humano, el primero en dar una
definición, como ya acotamos, fue Aristóteles. La pregunta de estos tres
filósofos radicaba en la dualidad o unidad del cuerpo y el alma. Así, Platón
entendía que el alma era el hombre y que esta habitaba el cuerpo como si
fuera un piloto en un navío. Para Aristóteles, en cambio, el alma era la esencia
del hombre y estaba unida al cuerpo del mismo modo en que la forma se une a
la materia.
En la Edad Media, filósofos como Boecio (480-524) tomaron la idea aristotélica
y sostuvieron que el hombre era un compuesto único sustancial de alma y
cuerpo, a la vez que una criatura racional. A ello le agregaron la finalidad última
del hombre, que en ese momento se creía que era Dios.
A pesar del predominio de la definición aristotélica en las discusiones
escolásticas medievales, la idea platónica de la dualidad de cuerpo y alma
sobrevivió a su época y se instaló como una problemática aceptada. Todavía
en el siglo XVII, con René Descartes, la idea de una dualidad tenía fuerza
filosófica. Descartes definió al alma como una sustancia pensante y al hombre
como dos sustancias a la vez. A él se atribuye el mito de definir al hombre
como un “fantasma en la máquina”, entendiendo al cuerpo como una máquina
y al alma como un fantasma que lo habita.
Immanuel Kant, por su parte, sustituyó la dualidad sustancia por la dualidad de
mundo. Para él, el hombre era el que pertenecía a dos mundos, uno
fenoménico (de los objetos accesibles a los sentidos) y uno nouménico (de las
cosas en sí, incognoscibles). En tanto fenoménico, el hombre podía ser
estudiado por la antropología filosófica. En tanto nouménico, el hombre era
incognoscible, solo comprensible desde la moral como sujeto autónomo y libre.
La distinción kantiana del doble aspecto del hombre fue retomada por la
antropología filosófica para resaltar la realidad biológica y la especificidad
espiritual del hombre. Esto fue muy trabajado en Alemania a principios del siglo
XX.
Desde entonces, distintos filósofos retomaron la cuestión, como Max Scheler
(1874-1927), Michel Foucault (1926-1984) o Martin Heidegger (1889-1976).
LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
La antropología filosófica es una rama de la filosofía que tiene como objeto de
estudio al hombre tomado desde una perspectiva filosófica. La pregunta que
inaugura esta disciplina es “¿qué es el hombre?”.
En un sentido amplio, muchos filósofos han realizado aportes a la antropología
filosófica. Sin embargo, se considera que esta disciplina surgió en Alemania a
partir de la década de 1920, gracias a los trabajos de varios filósofos,
antropólogos y sociólogos que se preocuparon por definir al hombre.
Algunos de los principales representantes de la antropología filosófica son Max
Scheler, Helmuth Plessner (1892-1985) y Arnold Gehlen (1904-1976). En
especial, se considera que el trabajo de Scheler, El puesto del hombre en el
cosmos, es la obra que inauguró la disciplina.
Sin embargo, muchos otros filósofos han realizado aportes a la antropología
filosófica. Pensadores como Martin Heidegger, a partir de su libro Ser y tiempo,
o Michel Foucault, con Las palabras y las cosas, son constantemente citados
como elementos indispensables de la disciplina.
¿EL CONOCIMIENTO DE LA ANTROPOLOGÍA PUEDE ORIENTAR MÁS
PROFUNDAMENTE LA LABOR EDUCATIVA ORDINARIA DE LOS
PROFESORES?
La pregunta por lo que puede aportar la Antropología al estudio de la
Educación Se resuelve en lo que a nosotros nos ocupa en qué es lo
antropológico en educación y qué es lo que puede aportar la antropología a la
Pedagogía. Se resuelve en la Antropología de la Educación. La Antropología
de la Educación, se define frente a otras disciplinas antropológicas por su
campo de estudio. Se centra en la educación en cuanto fenómeno
antropológico como hecho educativo
El término antropología se deriva de las palabras griegas logos (tratado) y
anthropos (hombre). Para griegos y romanos “antropología” designaba una
discusión basada en deducciones abstractas sobre la naturaleza de los seres
humanos y el significado de su existencia: un saber filosófico.
La Antropología de la Educación aporta conocimientos sistemáticos porque
lleva a cabo investigaciones sobre los modos, valores y “estilos de vida” de
quien se educa, sobre el proceso y sobre los contextos e instituciones donde se
lleva a cabo la educación, desde una perspectiva antropológica y con unos
métodos concretos. Su campo de estudio se centra en la educación como
fenómeno antropológico, intentando, desde un enfoque comprensivo de la
misma, responder a las preguntas de cómo es el que se educa, cómo son los
procesos y cómo son los contextos educativos. En definitiva, cómo es el
educando y cómo llega a ser educado, desde la perspectiva cultural, entendida
ésta en un sentido amplio.
En conclusión, La misión de la aportación de la Antropología de la Educación
como saber filosófico es llegar a emitir “juicios de valor” en torno al “deber ser”
de la educación, del hombre y la cultura, desde la perspectiva educativa. Pero
también puede emitir juicios de verdad acerca de los contenidos científicos
sobre los que se apoya, buscando la visión holista y unitaria de su objeto de
estudio. Las perspectivas filosófica y científica versan sobre los mismos
objetos, desde el punto de vista formal. La primera se pregunta por la esencia
de estos, la segunda, tal y como nosotros lo entendemos, los describe, explica
y “predice”.
BIBLIOGRAFÍA:
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