0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas12 páginas

Grosso - Final Part Pol

El trabajo investiga el impacto de las acciones afirmativas, como la Ley de Cupo y la Ley de Paridad, en la representación política de las mujeres en Argentina. A pesar de avances significativos en la inclusión de mujeres en el ámbito político, persisten desafíos debido a la cultura política patriarcal y la redacción de las leyes. La implementación de la Ley de Paridad ha mostrado resultados mixtos, con un aumento moderado en la representación femenina, pero aún lejos de alcanzar la paridad total en el Congreso.

Cargado por

paula19grosso
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas12 páginas

Grosso - Final Part Pol

El trabajo investiga el impacto de las acciones afirmativas, como la Ley de Cupo y la Ley de Paridad, en la representación política de las mujeres en Argentina. A pesar de avances significativos en la inclusión de mujeres en el ámbito político, persisten desafíos debido a la cultura política patriarcal y la redacción de las leyes. La implementación de la Ley de Paridad ha mostrado resultados mixtos, con un aumento moderado en la representación femenina, pero aún lejos de alcanzar la paridad total en el Congreso.

Cargado por

paula19grosso
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TRABAJO PRÁCTICO FINAL

TEORÍA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Y SISTEMAS ELECTORALES

Lic. en Ciencia Política

Facultad de Humanidades y Ciencias

Universidad Nacional del Litoral

Paula Grosso

La representación femenina en la política argentina:


implementación de acciones afirmativas

Introducción
El presente trabajo tiene como fin la investigación del impacto que han tenido acciones
afirmativas como la Ley de Cupo y la Ley de Paridad en la representación de las mujeres en
el ámbito público. A partir del análisis de datos proporcionados por el sitio web oficial de la
Nación, se podrá generar una mirada del grado de paridad efectiva alcanzada en los
distintos poderes, tanto a nivel federal como provincial.

La paridad en la representación política

La representación política configura un principio básico de las democracias modernas, sin


embargo, es sorprendente cuán escasa es la representación de las mujeres y otros grupos
poblacionales en los espacios de toma de decisiones, cuestionando la legitimidad de los
sistemas políticos democráticos. En este escenario, se puede decir que la inmersión de las
mujeres en el ámbito público es un tema reciente, y así como la primera mitad del siglo XX
fue una época de expansión y de extensión del derecho a votar, el final del siglo XXI se
caracteriza por el reclamo de las mujeres del derecho a ser elegidas.

Bardají Blasco señala que alrededor del 90% de las personas que están al frente de todas
las instituciones son varones, que toman decisiones políticas e imponen normas en el
marco de un sistema de dominación patriarcal, que consagra su hegemonía sobre las
mujeres, quienes no cuentan con las mismas posibilidades de acceso a dichos cargos.

La identificación de este problema y el impulso de los distintos países por resolverlo tuvieron
su auge a fines del siglo XX, cuando se comenzó a hablar a nivel internacional de la
propuesta paritaria. Entendiendo que la representación no podía atender solamente a la
pluralidad ideológica y territorial, sino que si la ciudadanía está compuesta por mujeres y
hombres, ambos deben estar representados en porcentajes iguales en el sistema político.

Ahora bien, para alcanzar la igualdad en el ejercicio del poder, en la toma de decisiones, en
los mecanismos de participación y de representación social y política y en las relaciones
familiares, sociales, económicas, políticas y culturales, se requieren acuerdos sociales y
normas que permitan a toda la población participar como pares en la vida social.

Así, en el ámbito internacional se mencionó la necesidad de adoptar cambios a nivel


legislativo y políticas afirmativas para asegurar la paridad, la inclusión y la alternancia, para
asegurar la participación político-partidaria de las mujeres en los registros de candidaturas,
en la paridad de resultados, en el acceso igualitario del financiamiento de campañas y a la
propaganda electoral.

Uno de los mecanismos más efectivos fueron las leyes de cuotas, que permiten corregir el
déficit democrático que suprime la representación política de importantes sectores de la
sociedad. En este caso, su objetivo fue conseguir una mayor presencia política de las
mujeres y una mayor movilización de estas en esa línea, con el objeto de confirmar lo que
se conoce como “masa crítica”. Es en este contexto donde las mujeres se incorporaron
masivamente a organizaciones sociales y ONGs vinculadas a demandas sociales
particulares. De ahí saltaron a la política formal llegando a acceder a cargos directivos. Pero
no será hasta después de la IV Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing en 1995 que los
sistemas de cuotas se empiezan a implementar.

En lo que respecta a nuestro país, Argentina ha sido pionera en promover la participación


política efectiva de las mujeres, dado que en 1991, gracias al activismo de mujeres de
diferentes partidos, fue el primer país del mundo en adoptar una ley de cuotas, utilizada por
primera vez para la elección de renovación parcial de la Cámara de Diputados de 1993. En
esta elección se comprobó el impacto directo de la ley de cupo femenino, al elevarse la
participación de las mujeres de 5 a 14%, cifra que se duplicó a partir de la siguiente
elección.

Aunque los partidos políticos presentaron resistencia en el momento de cumplir con el


espíritu de la ley de cuotas, la década del ’90 estuvo marcada por la movilización de
legisladoras ante el Poder Ejecutivo y la justicia electoral, buscando obtener nuevas
reglamentaciones a la ley para evitar que los partidos cometieran “trampas” para eludir la
cuota. Asimismo, en esta década tuvieron lugar la adopción de leyes de cuotas provinciales
o por la adhesión de las provincias a la ley de cuotas nacional.

La ventaja que poseen las cuotas es que son establecidas a través de leyes que prevén
sanciones por su incumplimiento y resultan de aplicación inmediata en los actos electorales:
es en la aplicación simultánea de estos requisitos donde estriba la mayor potencialidad de
las cuotas y el motivo por el cual ha tenido un impacto positivo en el cumplimiento de los
objetivos en aquellos países que las han impulsado. En Argentina, al favorecer la inclusión
de mujeres en el poder legislativo, el cupo femenino también afectó la representación en un
sentido sustantivo, facilitando la expresión de perspectivas más diversas en la deliberación
y la forma de enfrentar los problemas sociales.

Sin embargo, Archenti y Tula explican que el hecho de que las cuotas aseguren la
presencia de mujeres en las listas partidarias no significa que aseguren necesariamente su
elección, ya que esta depende, además del voto popular, de un conjunto de otros
condicionamientos, como los rasgos de la cultura política del territorio, los atributos del
sistema electoral y la forma en que esté redactada la ley.

La cultura política está vinculada con los valores, actitudes y estereotipos, y dentro de ella
se desarrollan ideas compartidas relativas a jerarquías sociales y relaciones de poder que
condicionan las prácticas políticas en contextos de inclusión/exclusión. En latinoamérica,
predominan rasgos patriarcales que inciden negativamente en la efectividad de las cuotas
para mujeres en la política. En la mayoría de las veces el porcentaje mínimo de las mujeres
establecido por la ley se convierte en un techo a la hora de confeccionar las listas. Cuando
la ley no tiene un mandato de posición que obligue a los partidos a ubicar a las mujeres en
lugares determinados de las listas, estos tienden a ubicarlas al final en posiciones con
pocas expectativas de resultar electas.

Por esta razón, es importante la redacción de la norma. Además de ser clara y de carácter
obligatorio (lo que le otorga la verdadera fuerza de ley y da lugar a impugnaciones a las
listas que no cumplan con las condiciones legalmente exigidas), otro elemento clave para su
efectividad es que contenga un mandato de posición, para que las mujeres puedan ser
ubicadas en lugares potencialmente electos.

Dado que existen estos factores que hacen que la aplicación efectiva de la ley de cuotas
sea dificultosa, debe avanzarse hacia una ley de paridad, que constituye una superación al
concepto de las cuotas en términos de equidad y permite combatir algunas de sus
debilidades.

La implementación sostenida de la Ley de Cupo en Argentina, tuvo efectos significativos


sobre la presencia de legisladoras, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. El
porcentaje de legisladoras electas dio un salto en ambas cámaras la primera vez que se
utilizó la ley en 1993 en la Cámara de Diputados y 2001 en el Senado, siendo
particularmente significativo el salto en este último. Seguida de esta primera aplicación de la
Ley de Cupo el porcentaje de mujeres electas presentó leves incrementos o se mantuvo
más o menos estable, lo que llevó a muchas legisladoras, feministas de la sociedad civil y
académicas a afirmar que la Ley de Cupo había agotado sus efectos y había generado un
“techo” que solo podía ser superado con la paridad.

Fue en la década de 2000 Argentina comenzó a transitar por el camino de la paridad, que
culminó en 2017 con la adopción de la ley de paridad a nivel nacional. Lo llamativo de este
proceso es que, a diferencia de lo ocurrido con la ley de cupo, las leyes de paridad
comenzaron a adoptarse primero a nivel sub-nacional, siendo Santiago del Estero y
Córdoba las primeras dos provincias en adoptar leyes de paridad. Actualmente, solo tres
provincias no cuentan con leyes de este tipo (Corrientes, Tierra del Fuego y Tucumán), y
sigue rigiendo en ellas la ley de cupos.

La Ley de Paridad se aplicó, a nivel nacional, por primera vez en las elecciones de 2019 y,
luego, en 2021. En ambas oportunidades se renovó la mitad de la Cámara de Diputados y
un tercio del Senado. A diferencia de la Ley de Cupo, la Ley de Paridad no generó un
incremento tan marcado del número de legisladoras respecto a la situación sin paridad. Tras
las elecciones de 2019 la representación femenina de las bancas fue del 40,5%, en tanto
luego de las elecciones de medio término de 2021 el porcentaje de diputadas pasó a 44%.
En el Senado, a su vez, el porcentaje de mujeres es levemente superior al 40% luego de la
aplicación de la paridad y se encuentra dentro de los rangos registrados luego de la
adopción del cupo. Estas cifras dejan a Argentina aún algo distante de la paridad en el
Congreso.

Como ya fue explicado, existen factores que condicionan la efectividad de las acciones
afirmativas. En este caso, una de las razones por las que la Ley de Paridad no llega a
producir un Congreso paritario están en algunas características del sistema electoral
nacional argentino y de su sistema de partidos. Para la renovación de las Cámaras en las
elecciones de 2019 y 2021 los distritos que renovaron 30 bancas o más fueron
considerados como distritos grandes, aquellos que renovaron entre 9 y 29 bancas, distritos
medianos, y los que renovaron menos de 9 bancas fueron distritos pequeños. En el Senado,
en cambio, todos los distritos son pequeños dado que renuevan tres bancas, dos por el
partido que gana la elección y una por el partido que sale segundo.

En base a los resultados de dichas elecciones se puede notar que el peor desempeño de la
paridad se da en los distritos chicos, y puede deberse a que, como las bancas que se
disputan son tan pocas, en la mayoría de ellos para ser electo es necesario encabezar la
lista. Respecto al Senado sucede que, al distribuirse los escaños según la fórmula
mayoritaria, la paridad tiene efecto en la lista de la mayoría, a la que se le asignan dos
escaños, por lo que, aún cuando los partidos coloquen a las mujeres en el segundo lugar de
la lista, podrán ser electas. En cambio, en la lista de la minoría solo sirve encabezar, por lo
tanto, la paridad no tiene impacto si las mujeres no ocupan el primer lugar en la lista.

Dicho esto, podemos reflexionar que en los distritos chicos, la eficacia de la paridad no
reside en la existencia de listas paritarias, sino en la existencia de listas con paridad en el
encabezamiento.

Sin embargo, no hay que perder de vista que Argentina es una república federal con un
gobierno central, y a su vez veintitrés provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
que dictan sus propias constituciones, tienen sus instituciones propias y establecen sus
propios sistemas electorales para los cargos sub-nacionales.

Esta forma de organización federal hace que el país sea uno de los países de América
Latina más complejo y diverso en términos electorales, por lo que es importante analizar el
grado de paridad que alcanzan las distintas provincias del país. El siguiente cuadro da
cuenta de esto, según los datos aportados por la Subsecretaría de Asuntos Políticos del
Ministerio del Interior en el marco del Relevamiento de Paridad del año 2021.

Provincia Ley de Cargos ocupados Cargos ocupados por Cargos ocupados


Paridad por mujeres en el mujeres en el Poder por mujeres en el
aprobada Poder Legislativo Ejecutivo Poder Judicial
en: (%)

Buenos Aires 2016 Diputadas: 48% 4 de 12 ministerios (33%) 1 de 4 cargos (25%)


Senadoras: 43% encabezados por mujeres en la CSJ

Catamarca 2018 Diputadas: 39% 6 de 18 ministerios (33%) 3 de 7 cargos


Senadoras: 0% encabezados por mujeres (42,8%) en el
Intendencia: 3 de 20 (15%) Superior tribunal de
justicia

Chaco 2018 Unicameral: 47% 7 de 11 ministerios (63%) 2 de 4 cargos (50%)


encabezados por mujeres en el Superior
Intendencia: 13 de 70 tribunal de justicia
(18,57%)

Chubut 2016 Unicameral: 48% 2 de 17 ministerios (11,7%) Ningún cargo (0%)


encabezados por mujeres ocupado por
Intendencia: 2 de 21 (10%) mujeres en el
Superior tribunal de
justicia

CABA 2018 Unicameral: 45% 4 de 16 ministerios (25%) 3 de 5 cargos (60%)


encabezados por mujeres en el Superior
Comunas: 2 comuneras de 15 tribunal de justicia
(13%)

Córdoba 2000 Unicameral: 37% 3 ministerios de 16 (18,7%) 3 de 7 cargos


encabezados por mujeres (42,8%) en el
Intendencia: 32 de 231 Superior Tribunal
(13.85%) de Justicia.
1 de 5 fiscales
(20%) en el
ministerio Público
Fiscal

Corrientes No Diputadas: 30% 1 de 12 ministerios (8%) Ningún cargo (0%)


aprobada Senadoras: 28,6% encabezado por una mujer ocupado por
Intendencia: 13 de 72 (18%) mujeres en el
Superior tribunal de
justicia

Entre Ríos 2020 Diputadas: 32,35% 3 de 6 ministerios (50%) 2 de 11 cargos


Senadoras: 17,65% encabezados por mujeres (18%) en el
Intendencia: 9 de 83 (10,84%) Superior Tribunal
de Justicia
3 de 4 cargos (75%)
en el Ministerio
Público Fiscal

Formosa 2019 Unicameral: 38% 1 de 10 ministerios (10%) Ningún cargo (0%)


encabezado por una mujer ocupado por
Intendencia: 1 de 27 (3,7%) mujeres en el
Superior tribunal de
justicia

Jujuy 2020 Unicameral: 35,42% 4 de 14 ministerios (28,5%) 5 de 11 cargos


encabezados por mujeres (45,4%) en el
Intendencia: 3 de 22 (10,88%) Superior Tribunal
de Justicia

La Pampa 2020 Unicameral: 40% Ningún ministerio (0%) 1 de 4 cargos (25%)


encabezado por una mujer en la Suprema
Intendencia: 10 de 57 (17,5%) Corte

La Rioja 2020 Unicameral: 19% 2 de 12 ministerios (16,6%) Ningún cargo (0%)


encabezados por mujeres ocupado por
Intendencia: 4 de 22 (22%) mujeres en el
Superior tribunal de
justicia

Mendoza 2018 Diputadas: 46% 5 ministerios de 14 (36%) 1 de 7 cargos (14%)


Senadoras: 39% encabezados por mujeres en la Suprema
Intendencia: 1 de 17 (6%) Corte
2 de 5 cargos (40%)
en el Ministerio
Público Fiscal

Misiones 2018 Unicameral: 37,5% 4 de 14 (29%) ministerios 5 de 9 cargos (55%)


encabezados por mujeres en el superior
Intendencia: 7 de 76 (9%) Tribunal de Justicia

Neuquén 2016 Unicameral: 49% 7 de 17 (41%) ministerios 1 de 5 cargos (20%)


encabezados por mujeres en la Suprema
Intendencia: 5 de 38 (14%) Corte

Río Negro 2003 Unicameral: 46% Gobernada por una mujer 2 de 5 cargos (40%)
5 de 14 ministerios (36%) en el Superior
encabezados por mujeres Tribunal
Intendencia: 9 de 38 (24%)

Salta 2016 Diputadas: 31,67% 1 de 12 ministerios (8%) 4 de 9 cargos


Senadoras: 4,35% encabezado por una mujer (44,4%) en la Corte
Intendencia: 4 de 60 (7%) Suprema de la
Provincia

San Juan 2020 Unicameral: 19% 4 de 15 ministerios (27%) 1 de 5 cargos (20%)


encabezados por mujeres en la Corte
Intendencia: 1 de 19 (5%) Suprema de
Justicia

San Luis 2020 Diputadas: 48% 5 de 17 ministerios (29%) 3 de 5 cargos (60%)


Senadoras: 33% encabezados por mujeres en la Corte
Intendencia: 3 de 22 (14%) Suprema de
Justicia

Santa Cruz 2018 Unicameral: 25% Gobernadora mujer 3 de 5 cargos (60%)


6 de 14 ministerios (43%) en la Corte
encabezados por mujeres Suprema de
Intendencia: 0 de 15 (0%) Justicia

Santa Fe 2020 Diputadas: 48% 5 de 13 ministerios (38%) 1 de 7 cargos (14%)


Senadoras: 5% encabezados por mujeres en la Corte
Intendencia: 6 de 41 (15%) Suprema de
Justicia

Santiago del 2000 Unicameral: 50% 3 de 9 ministerios (33%) 1 de 10 cargos (1%)


Estero encabezados por mujeres en la Corte
Intendencia: 3 de 22 (14%) Suprema de
Justicia

Tierra del No Unicameral: 40% 6 de 12 ministerios (50%) 1 de 4 cargos (25%)


Fuego, aprobada encabezados por mujeres en la Corte
Antártida e Intendencia: 0 de 3 (0%) Suprema de
Islas del Justicia
Atlántico Sur

Tucumán No Unicameral: 20,4% 4 de 16 ministerios (25%) 2 de 7 cargos


aprobada encabezados por mujeres (28,5%) en la Corte
Intendencia: 3 de 19 (16%) Suprema de
Justicia
Fuente: elaboración propia en base a los datos proporcionados por los Relevamientos de Paridad 2021.
Ministerio del Interior.

Según los datos analizados, podemos visualizar que, si bien son 21 las provincias en las
que la Ley de Paridad está vigente, en muy pocas se cumple con efectividad. Si miramos el
Poder Legislativo, vemos que en sólo diez territorios (Buenos Aries, Chubut, CABA;
Mendoza, Neuquén, Río Negro, San Luis, Santa FE y Santiago del Estero) los cargos
ocupados por mujeres son mayores del 45% en al menos una de sus cámaras. De estas
provincias, solamente Santiago del Estero logra la paridad en su Cámara de legisladores.
Caso opuesto en la otra provincia pionera en sancionar la Ley de Paridad, Córdoba, donde
el porcentaje de mujeres que ocupan bancas en el Congreso es de 37%.

Las provincias que poseen menor porcentaje de representación femenina en su legislativo


son La Rioja y San Juan con 19% en su única Cámara. Es importante mencionar a Salta,
que presenta el menor porcentaje de representación femenina en el Senado (4%), seguida
de Santa Fe, que si bien cuenta con una cantidad de mujeres en su Cámara de Diputados
que se acerca a la paridad (48%), sólo una legisladora mujer tiene lugar en la Cámara de
Senadores, representando al 5% del total.

Entre las provincias en las que rige la Ley de Cupo se encuentra Corrientes, cuya ley
establece el 30% de cupo femenino para la totalidad de los cargos electivos de
senadores/as y diputados/as provinciales y concejales/as, sin prever los reemplazos. Según
los datos analizados, vemos que cumple con el cupo en la Cámara de Diputados y se
acerca a lograrlo en la Cámara de Senadores, con un 28,6% de representación femenina.

Las otras dos provincias que no aprobaron la Ley de Paridad y siguen rigiéndose por la Ley
de Cupo son Tucumán y Tierra del Fuego. Si bien esta última alcanza un porcentaje de 40%
de representación femenina en su Poder Legislativo, en Tucumán sólo se llega al 20%.
Cabe señalar que sólo dos provincias establecieron en sus leyes la paridad para no sólo el
poder legislativo, sino también para el Ejecutivo y el Judicial. Estas son Santa Fe y Entre
Ríos. Respecto a su Poder Ejecutivo, podemos ver que en Entre Ríos se cumple la paridad,
dado que la mitad de los ministerios son dirigidos por mujeres. A nivel local, sin embargo, el
porcentaje de intendentas es de un 10%. En Santa Fe, sin embargo, la paridad está
bastante lejos de cumplirse en el Ejecutivo, contando con un 38% de ministerios
encabezados por mujeres y con 15% de municipios gobernados por el sexo femenino.

Chaco es la provincia que cuenta con el mayor porcentaje de representación femenina en la


cabeza de ministerios (63%), seguida por Tierra del Fuego que, aunque no se rige por la
Ley de Paridad, presenta un 50% de ministerios encabezados por mujeres. Los peores
números los tienen Chubut, Salta, Corrientes, Formosa y La Pampa, cuya cantidad de
ministerios dirigidos por mujeres va en descenso de 2 a 0.

En el caso de las intendencias, todos los números son bastante bajos, siendo Río Negro la
que posee mayor cantidad de representación femenina al mando de sus municipios (24%).
Además, esta provincia y Santa Cruz son las únicas dos del país gobernadas por una mujer.

Por último, en lo que respecta al Poder Judicial, se puede ver que en cuatro provincias,
Chaco, Misiones, San Luis, Santa Cruz y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se
alcanza la paridad en cargos dentro de los tribunales superiores de justicia de cada
provincia. Y lo que es más, en las últimas tres mencionadas la representación femenina
llega al 60%.

Sin embargo, son 5 las provincias que se llevan los peores números: en Santiago del Estero
sólo un cargo de los 10 presentes en la Corte Suprema se encuentra ocupado por una
mujer. Chubut, Corrientes, Formosa y La Rioja cuentan con una representación femenina
nula en sus tribunales superiores de justicia.

Lamentablemente estos resultados no son sorprendentes para quienes se encargan de


estudiar los índices de representación femenina a nivel nacional y provincial. En diversos
estudios se observa que, si bien la representación femenina en el ámbito legislativo ha
crecido bastante a raíz de las medidas afirmativas anteriormente nombradas, continúa
siendo muy difícil para las mujeres ejercer cargos en lugares de toma de decisiones y en los
que puedan escalar en su carrera política en los poderes Ejecutivo y Judicial.

Un informe de Verónica Pérez Bentancur para el Programa para la Cohesión Social en


América Latina aborda la problemática de la paridad en Argentina y tomando en cuenta las
respuestas de legisladoras entrevistadas, sostiene que la ley de paridad, si bien logra
visibilizar el liderazgo feminino y superar el “techo de cristal” que había establecido la ley de
cupo, no resuelve automáticamente otros problemas que enfrentan las mujeres. Estas
barreras suelen encontrarse al interior de sus partidos y no en resistencias del electorado al
liderazgo femenino. Refieren a la poca visibilidad de las mujeres dentro de las estructuras
partidarias, que siguen siendo espacios masculinizados. Desde este punto de vista, han
señalado que no se suele pensar en mujeres para las candidaturas más destacadas, lo que
explicaría su escasa presencia en cargos ejecutivos y judiciales altos.

Reflexiones finales

A lo largo del trabajo se analizaron los impactos de la Ley de Paridad en el país, tanto a
nivel nacional como provincial. Vistos los resultados y el trasfondo internacional del debate
de la propuesta paritaria, como primera conclusión se puede afirmar que la adopción de la
Ley de Paridad representa un paso más para la profundización de la inclusión política
femenina en Argentina. Pensándola como consecuencia de la Ley de Cupo y de la
aprobación de leyes de paridad en la mayoría de las provincias en la primera década del
siglo, es justo afirmar que la Ley de Paridad fue posible gracias a la intensa movilización
feminista registrada en el país en los últimos años, tanto dentro como fuera de las Cámaras
Legislativas. Para quienes la impulsaron, representa el inicio del camino hacia la igualdad
efectiva entre varones y mujeres y busca superar el “techo” que alcanzó la Ley de Cupo.

Ahora bien, en base a los resultados analizados a nivel nacional la Ley de Paridad
encuentra sus límites en los distritos pequeños, donde las listas encabezadas por mujeres
siguen siendo una minoría, y las legisladoras son afectadas por mecanismos de
discriminación y exclusión dentro de sus propios partidos que se reflejan en la posición que
ocupan dentro de las listas electorales.

Uno de los resultados más notorios a nivel provincial tiene que ver con la alta concentración
de mujeres en los espacios legislativos, pero al mismo tiempo su correspondencia con
porcentajes bajos de presencia de mujeres en los cargos más valorados del sistema político
como los ejecutivos provinciales. En este sentido, el uso del cupo y luego de la paridad no
ha generado aún una masa crítica de mujeres en los ámbitos ejecutivos ni judiciales con
mayor valoración. En la realidad podemos ver cómo los hombres conciben los puestos
legislativos como cargos “de paso” en los que eligen postularse en los inicios de su carrera
política para después moverse hacia el ámbito ejecutivo. Esto conlleva a que el poder
legislativo sea considerado un lugar en el que las mujeres se establecen a lo largo de su
carrera política, y alcanzan ahí su techo de cristal.

Para cerrar, resulta pertinente citar a Bardají Blasco al sostener que si bien es cierto que
tanto las constituciones como las instituciones no pueden hacer milagros, “la estructura
legal de un país es fundamental para el diseño de una democracia, ya que ordena y
organiza los proceso de toma de decisiones” (Bardají Blasco, 2010:12). Para esto es
importante considerar que la democracia paritaria verdaderamente efectiva no se agota en
una ley, pero sí requiere que existan instrumentos legislativos que puedan expandir las
limitaciones de los ya existentes. Tal vez una opción pueda ser considerar incluir en la Ley
de Paridad criterios de integración femenina en los órganos ejecutivos y judiciales, como
sucede en Santa Fe y Entre Ríos. A su vez, avanzar en el proyecto de una democracia
paritaria plantea desafíos que van más allá de una ley, sino que tienen que ver con la
generación de acciones de concientización hacia los partidos políticos y la sociedad en
general que permitan eliminar la violencia política a la que le hacen frente las mujeres y los
demás grupos minoritarios, y considerar a estos últimos como una parte importante de la
sociedad que está subrepresentada y no puede llegar a ocupar espacios de toma de
decisiones en ningún ámbito público.
Bibliografía consultada

Archenti, N. y Tula, M.I., Mujeres y Política en América Latina, Sistemas electorales y cuotas
de Género, Introducción y Capítulo 1, pp.7-64, Ed. Heliasta, Buenos Aires, 2008.

Archenti, N. La paridad política en América Latina y el Caribe. Percepciones y opiniones de


los líderes de la región, CEPAL, Serie Mujer y Desarrollo, n 108, 2011.

ATENEA (2021), Rompiendo techos de cristal, consolidando la paridad como principio


democrático en Argentina: avances y desafíos pendientes
(https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/indice_atenea_2021.pdf)

Bardají Blasco,G., La representación política en disputa. Marco conceptual para el análisis


de los sistemas electorales con perspectiva de género, UN INSTRAW, 2010.

Caminotti, M La representación política de las mujeres en el período democrático Revista


SAAP. Publicación de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político, vol. 7,
núm. 2, noviembre, 2013, pp. 329-337 Sociedad Argentina de Análisis Político Buenos
Aires, Argentina

Pérez Bentancur, V. Desafíos de la democracia paritaria: Argentina en perspectiva


comparada, Informe Eurosocial diciembre 2021
(https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/informe_eurosocial_diciembre2021_4.pdf)

Relevamientos territoriales de Democracia Paritaria realizados por la Subsecretaría de


Asuntos Políticos del Ministerio del Interior
(https://www.argentina.gob.ar/interior/observatorioelectoral/informes-de-democracia-
paritaria/relevamientos-territoriales-de)

También podría gustarte