Presentación
Ambos autores intentan responder a una gran pregunta:
¿Por qué los seres humanos, que nacen libres, aceptan someterse voluntariamente a
otros?
La Boétie no cree que el poder venga de Dios ni de la "naturaleza", sino que el poder
existe porque la gente lo acepta y lo construye. El tirano solo tiene poder si la gente
se lo da. No hay un "orden natural" que diga que unos mandan y otros obedecen.
Según Lefort, el poder del tirano (o del jefe único) se basa en una ficción creada por
el lenguaje. La gente se deja fascinar por el “Nombre de Uno” porque cree que así
todo estará ordenado y en paz, cuando en realidad eso es una ilusión.
El texto dice que el lenguaje tiene poder para engañar, porque da la ilusión de unidad
y orden, y hace pensar que todos están de acuerdo, cuando en realidad no es así. Esa
ilusión hace que la gente acepte la tiranía sin pensar demasiado.
Historia de la obra
El nombre de Étienne de La Boétie está íntimamente ligado al de Michel de Montaigne, no solo
por su profunda amistad (descrita en el capítulo XXVIII del Libro I de los Ensayos), sino
porque Montaigne se convierte en el principal transmisor y protector de su obra tras su
muerte prematura. La más conocida de estas obras es el Discurso de la servidumbre
voluntaria, cuyo proceso de publicación fue complejo: no se editó en vida del autor y circuló
en versiones parciales, a menudo manipuladas por el protestantismo francés del siglo XVI
como propaganda contra la monarquía y la represión religiosa.
Esto hizo que La Boétie fuera identificado como un monarcómaco (opositor radical de la
monarquía), y su obra, asociada a autores como François Hotman, fuera usada como arma
política. Incluso se publicaron versiones falsas o anónimas de su texto. El Parlamento de
Burdeos ordenó su quema en 1579.
Montaigne, aunque tenía el manuscrito original y pretendía publicarlo en sus Ensayos,
finalmente no lo hizo, probablemente para evitar malentendidos o usos ideológicos contrarios
a la imagen que quería preservar de su amigo. En lugar de publicarlo, defendió la figura de La
Boétie como un joven estudioso, amante de la ley y la paz social, ajeno a toda intención
revolucionaria.
Sin embargo, se plantea la hipótesis de que Montaigne pudo haber permitido indirectamente
que los protestantes accedieran al manuscrito. Sea como sea, Montaigne trató de limpiar la
imagen de su amigo, negando cualquier uso político consciente del Discurso. Esto abre dos
debates todavía abiertos: cuándo exactamente escribió La Boétie este texto, y si su contenido
realmente apoya el uso que hicieron de él los protestantes.
El Discurso de la servidumbre voluntaria fue ignorado en el siglo XVII, pero en el XVIII se usó
con fines políticos, especialmente durante la Revolución Francesa. En el siglo XIX, empezó a
estudiarse de forma más filosófica y académica gracias a varias ediciones críticas. Ya en el
siglo XX, se revalorizó totalmente y desde 1976 se considera una obra clave del pensamiento
político. Esta edición se basa en un manuscrito original y corrige algunas partes siguiendo
otras versiones. Las notas y detalles editoriales están bien indicados.
Libro
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El autor critica la obediencia al poder tiránico, incluso cuando no hay fuerza que lo imponga. Dice que
es absurdo que multitudes sirvan a un solo hombre que no tiene poder real si no se lo dan. Ulises, en
Homero, decía que es mejor tener un solo rey que varios amos, pero el autor cuestiona que se
acepte ser esclavo incluso de uno solo. Aclara que no siempre se obedece por miedo, sino muchas
veces por costumbre, debilidad o por estar “hechizados” por la autoridad. Rechaza esta sumisión
voluntaria y la considera un vicio peor que la cobardía, algo innombrable. Además, exalta el valor de
los pueblos libres que luchan por su libertad, como los griegos contra los persas, y afirma que esos
pueblos pelean con más fuerza porque tienen algo real por lo que luchar: su libertad.
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afirma que la tiranía solo existe porque el pueblo consiente ser esclavizado. Un solo hombre no
puede tener poder si los demás no lo obedecen. El autor denuncia cómo los pueblos entregan su
libertad voluntariamente, sin lucha ni resistencia. Propone que basta con dejar de obedecer para
derribar al tirano, sin necesidad de violencia. Critica que la gente valore más una vida miserable pero
“segura” que la libertad verdadera. La libertad es natural, pero hemos perdido el deseo de tenerla. No
hay mayor esclavitud que la que uno acepta por costumbre.
★ La tiranía se mantiene por la obediencia del pueblo, no por la fuerza del tirano.
★ La libertad no se recupera por falta de deseo, no por dificultad.
★ El pueblo es cómplice de su propia esclavitud.
★ Basta con dejar de servir para ser libre.
★ La naturaleza nos ha hecho iguales y libres, pero lo hemos olvidado por costumbre y
corrupción.
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Plantea que la naturaleza no ha creado al ser humano para vivir en conflicto ni para que los más
fuertes sometan a los más débiles, sino para que exista un afecto fraternal entre las personas,
donde unos ayuden a otros. La naturaleza ha hecho a los humanos compañeros, con cuerpos y
capacidades distintas para que se apoyen mutuamente y vivan en libertad, no en servidumbre.
Que nadie puede ser siervo sin daño ni sin ir contra la razón y la naturaleza misma. Incluso los
animales muestran un fuerte deseo de libertad: mueren cuando son capturados, se resisten y
expresan su tristeza por la pérdida de libertad (como el elefante que rompe sus colmillos o el caballo
que se resiste a ser domado).
Los tipos de tiranos: unos llegan al poder por elección popular, otros por la fuerza militar y
otros por herencia. Aunque sus orígenes sean distintos, todos gobiernan de forma tiránica, tratando
a sus súbditos como ganado o esclavos. El autor señala que incluso los tiranos elegidos por el
pueblo suelen ser los más crueles, pues intentan borrar la memoria de la libertad y mantener la
servidumbre a través del miedo y la opresión.
Si surgieran nuevos pueblos que no conocieran ni la servidumbre ni la libertad, preferirían vivir libres
bajo la razón en lugar de servir a un hombre. Pero la costumbre y la educación en la servidumbre
hacen que los pueblos sometidos acepten su esclavitud como natural, olvidando su libertad original.
Concluye que aunque la naturaleza nos da el impulso a la libertad, esta puede perderse fácilmente
si no se mantiene con educación y cultura. La costumbre es más poderosa que la naturaleza para
enseñar a los hombres a aceptar la servidumbre y no sentir amargura por ella. Finalmente, pone
como ejemplo a los venecianos, que viven en libertad y no ambicionan gobernar a los demás,
mostrando que es posible vivir libres y en sociedad sin tiranía. (no como Israel)
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Los hombres, dependiendo de su educación y costumbres, pueden defender apasionadamente la
libertad o aceptar dócilmente la tiranía. Pone ejemplos de sociedades libres como Esparta y Roma,
donde la libertad era un valor supremo, en contraste con pueblos dominados por déspotas como el
Gran Señor (el sultán otomano). Recurre a anécdotas históricas, como la de Licurgo y sus perros,
los embajadores espartanos ante Jerjes o el joven Catón frente a Sila, para demostrar que la libertad
no es solo un derecho natural, sino algo que debe cultivarse y defenderse. Señala que el hábito de la
sumisión es tan fuerte que muchos no llegan a desear la libertad porque nunca la conocieron.
★ La educación y la costumbre moldean profundamente la actitud de los pueblos ante la libertad o la
esclavitud.
★ La libertad es natural al ser humano, pero puede ser olvidada si nunca se ha conocido.
★ La servidumbre voluntaria nace de la costumbre y la ignorancia, no de la naturaleza humana.
★ Algunos hombres, dotados de mayor razón o claridad, nunca se resignan a perder su libertad.
★ El tiempo o la tradición no justifican la tiranía; el paso de los años no legitima el mal.
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Analiza por qué los pueblos aceptan y mantienen la tiranía. La primera razón es que nacen y se
crían como siervos, por lo que no conocen otra realidad. Esto lleva a que se vuelvan cobardes,
débiles y fácilmente dominables. Se cita a Hipócrates y a otros pensadores como ejemplo de valor
frente al poder tiránico. La libertad se asocia con el coraje y el deseo de gloria, mientras que la
servidumbre genera pasividad y falta de grandeza. Los tiranos lo saben y fomentan esta debilidad en
sus súbditos para mantener el poder. Un ejemplo claro es el de Ciro, quien evitó futuras rebeliones en
Lidia promoviendo distracciones como tabernas, burdeles y juegos, debilitando así la voluntad de
los ciudadanos. Además, los tiranos utilizan el entretenimiento, los espectáculos, regalos y fiestas
públicas como herramientas para adormecer al pueblo y distraerlo de su pérdida de libertad. El
pueblo, ingenuo y fácilmente manipulable, prefiere pequeños placeres a cambio de su libertad, sin
entender que los beneficios que reciben son solo una parte de lo que ya les fue quitado.
Crítica cómo el pueblo llora la muerte de tiranos como Nerón o Julio César, olvidando sus crímenes y
recordando solo sus banquetes y espectáculos, lo que demuestra su superficialidad y falta de
conciencia.
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crítica la credulidad del pueblo, que inventa y cree en mentiras para justificar su obediencia a los
poderosos. Un ejemplo de ello es la creencia popular de que el dedo gordo de Pirro tenía poderes
curativos, y que sobrevivió milagrosamente al fuego tras su muerte. Estos mitos se originan en
rumores sin fundamento, pero el pueblo los acepta con fe. Al emperador Vespasiano, a quien se
atribuyeron falsos milagros como devolver la vista a los ciegos o hacer caminar a los cojos. El autor
considera que quienes creyeron en estos hechos eran aún más ciegos que los supuestos
[Link], señala cómo los tiranos suelen recurrir a la religión o fingir tener vínculos
divinos para justificar su poder y hacerlo aceptable. Se cita a Salmoneo, un personaje de la
mitología que quiso imitar a Júpiter, como ejemplo de alguien castigado por usurpar lo divino con
fines engañosos
los tiranos se consolidan en el poder mediante la costumbre, el miedo y la manipulación, más que por
la fuerza militar. Comienza con la historia de un tirano que pretendía imitar a los dioses, arrojando
hachas y construyendo puentes de metal para causar estruendo, pero acaba castigado por Zeus. Se
hace una crítica a quienes han usado la religión para dominar, mencionando cómo Francia adoptó
símbolos como la oriflama o la santa ampolla. El autor, aunque escéptico, prefiere no negar estas
leyendas, ya que inspiran la poesía francesa aún en desarrollo, elogiando a poetas como Ronsard
y su obra La Francíade. A pesar de lo fantasioso, defiende estos relatos como impulso para el arte.
Luego, en el verdadero sostén de los tiranos: una cadena de colaboradores que se benefician del
sistema. No son las armas ni los soldados los que protegen al tirano, sino cinco o seis hombres
cercanos que lo adulan, disfrutan de sus placeres y ayudan a extender su poder. Estos, a su
vez, tienen a cientos bajo su mando, y así sucesivamente, hasta formar una red enorme de personas
que, por ambición o miedo, sostienen la tiranía. Se compara esta estructura con bandas de piratas,
donde todos ganan algo del saqueo. Finalmente, el autor expresa asombro ante la maldad de estos
colaboradores y también cierta compasión por su ignorancia, ya que aceptan el sufrimiento para
imponerlo a otros en su misma situación.
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denuncia quienes se acercan al tirano y renuncian así a su libertad. Los cortesanos, lejos de ser
privilegiados, viven peor que campesinos o artesanos, quienes al menos conservan cierto grado de
libertad. Estos servidores del poder no solo deben obedecer, sino adivinar los deseos del tirano,
reprimir su individualidad, y moldearse según su voluntad, sin poder tener nada propio. Lo hacen por
codicia, creyendo ganar bienes, sin ver que es el tirano quien se los puede arrebatar. Irónicamente,
ellos mismos fortalecen el poder que luego los destruye. La historia demuestra que muchos favoritos
del poder, tras ascender por medios corruptos, fueron luego castigados o asesinados por el mismo
tirano que los encumbró. Incluso hombres justos como Séneca o Trasea sufrieron la crueldad del
despotismo. Los tiranos no conocen la verdadera amistad, pues esta solo puede existir entre
iguales, con virtud y lealtad. En el entorno del tirano no hay amigos, sino cómplices unidos por el
miedo, no por el afecto. Ejemplos históricos como Nerón, Claudio o Domiciano muestran que el tirano
suele acabar traicionado por sus propios allegados. El poder absoluto destruye todo lazo humano, y
la amistad verdadera no puede darse donde hay injusticia y desigualdad. Así, el autor lamenta
profundamente que tantos se sometan por voluntad propia, sacrificando su libertad y dignidad por
privilegios frágiles y efímeros, ignorando que con ello alimentan al mismo poder que terminará
devorándolos. Afirma que el tirano ni ama ni es amado. “Sonreír a todos y sin embargo temer a todos”
El pueblo no odia tanto al tirano como a sus cómplices (los que están cerca del tirano y lo ayudan a
gobernar).
★ La tiranía no solo es injusta, sino que destruye la reputación de quienes la apoyan, incluso
después de muertos.
★ El odio del pueblo es profundo y duradero, aunque muchas veces se disimule por miedo.
★ La verdadera justicia no siempre llega en vida, pero sí en la memoria, en la historia y
(según el autor) en el juicio divino. por nuestro honor o por amor a Dios, que todo lo ve.
★ Él cree que Dios tiene un castigo reservado para los tiranos y sus aliados, porque la tiranía
es lo más contrario a Dios, que es justo y generoso.
Epílogo
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La Boétie se pregunta cómo puede ser que los pueblos acepten obedecer a un solo tirano, si él no
tiene más poder que el que ellos mismos le otorgan. Se suele pensar que la esclavitud viene del
poder del amo, pero este texto propone lo contrario: que el amo existe porque el esclavo lo
permite. Es decir, el pueblo crea al tirano al cederle su voluntad.
Esta voluntad de servir no es fruto del miedo o de la cobardía, ni nace de la guerra o la amenaza de
muerte. Es una voluntad profunda, casi incomprensible, que no se puede reducir a un momento
inicial o a una decisión puntual. La tiranía no se impone solo desde fuera, sino que nace desde
dentro del pueblo. Por eso, el amo no domina por su fuerza, sino porque ocupa un lugar que ya
estaba preparado por la sumisión del pueblo.
La Boétie interpela al lector directamente, pasando del “yo” al “vosotros”, llamando “pueblos
insensatos” a quienes permiten su propia dominación. Sin embargo, luego renuncia a hablarle al
pueblo, que ya no siente su mal, y se enfoca en investigar por qué la voluntad de servir es tan fuerte,
incluso más que el deseo de libertad. Así, el texto se transforma en una reflexión profunda sobre el
origen de lo político, que sigue siendo actual y nos invita a cuestionar cómo y por qué se sostiene la
dominación.
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¿Cómo es posible que un solo hombre someta a millones? El escándalo no es el hecho en sí, sino su
cotidianidad, lo normalizado que está. No se trata de un ser poderoso, sino muchas veces del más
débil y cobarde. No se enfoca en la fuerza del tirano, sino en la voluntad del pueblo de obedecer. Esa
obediencia no se impone, se otorga: el pueblo no necesita luchar para liberarse, solo dejar de
servir. Enfatiza que basta con no hacer “nada contra sí” para que el poder del tirano desaparezca.
Esta idea parece absurda: ¿cómo puede deshacerse un poder armado por un simple rechazo? La
clave está en que la dominación no se basa en la fuerza, sino en el consentimiento, muchas veces
inconsciente, como si el pueblo estuviera “hechizado” por el nombre del tirano. Por eso, critica a los
pueblos insensatos: no por estar dominados, sino por aceptar serlo sin cuestionarlo.
Usa la elocuencia para sacudir al lector, pero también invita a releer, a dudar, a despertar del
encanto. La Boétie conecta la tiranía con el poder del lenguaje, el nombre que fascina y crea una
realidad ilusoria. La solución, entonces, no está en la lucha externa, sino en romper con la
fascinación interna. Así, el texto se convierte en una denuncia contra todo poder basado en la
pasividad colectiva. “El nombre de Uno no es el nombre de alguno: todo amo está prendido a él.”
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Usa el método mayeutico. Afirma que el poder del amo no viene solo de su fuerza o autoridad, sino
de un proceso más profundo que tiene que ver con el deseo humano y el lenguaje. A través del
ejemplo del “Uno” (un nombre sin rostro), se explica cómo el poder se sostiene en símbolos, no en
personas reales.
La Boétie no se limita a criticar al monarca, sino que cuestiona toda forma de dominación, incluso
la de las mayorías. A diferencia de Aristóteles y los pensadores clásicos, su mirada se enfoca en por
qué los dominados aceptan ser dominados, en lugar de cómo debe organizarse el poder.
Rechaza causas como la cobardía o la ignorancia del pueblo y afirma que la servidumbre nace de
una especie de deseo inconsciente, de una decisión colectiva. Esta reflexión no depende de una
verdad religiosa o natural, sino del propio discurso humano, del deseo de entender y ser libres.
Se señala que hablar de “servidumbre voluntaria” implica una contradicción: une lo activo (querer)
con lo pasivo (ser esclavo). Al cambiar esa expresión por “deseo de servidumbre”, surge el verdadero
conflicto: el deseo humano está dividido entre la libertad y la sumisión. Y esa división se muestra en
el lenguaje mismo.
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esta aparente contradicción no es tan simple: los hombres parecen desear al mismo tiempo la
libertad y su propia ruina. Critica a los pueblos por permitir que les roben y despojen de sus bienes
sin rebelarse, lo que demuestra que desean la servidumbre aun cuando los perjudica.
Se plantea que el deseo de libertad no es un objeto claro ni separado del sujeto, y que el deseo de
servidumbre no es simplemente querer "algo", sino que hay un deseo más profundo e inexplicable.
Esta contradicción lleva a dudar del fundamento del humanismo clásico. La interpelación al pueblo
(cuando se lo llama insensato y se le exige que no sirva más) revela que el autor también ocupa
simbólicamente el lugar del amo, pues intenta influir mediante la palabra. No basta con exhortar: el
propio discurso se convierte en un arma de poder.
Finalmente, el texto muestra que el deseo humano tiene una dimensión social: el pueblo no es un ser
singular, sino una pluralidad que esconde lo social bajo una falsa idea de “naturaleza humana”. La
Boétie, al interpelar y luego abandonar al pueblo, revela la dificultad de hablar de libertad y
servidumbre sin caer en ambigüedades. El deseo humano, entonces, es mucho más complejo y
profundo.
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Él parte de una idea muy común:
● “Somos naturalmente obedientes a nuestros padres”. “Debemos seguir la razón” “No
deberíamos ser esclavos de nadie”.
Pero revisa esas ideas y concluye que:
● Obedecer a los padres es solo una costumbre, seguir la razón es discutido entre filósofos.
Pero la libertad sí es clara y natural.
La verdadera libertad está en saber que todos hemos sido hechos del mismo modo:
No para que uno mande y otros obedezcan, sino para que nos reconozcamos como hermanos.
★ Igualdad no como identidad: No somos iguales porque seamos idénticos, sino porque
estamos hechos para reconocernos mutuamente. La libertad no está en cada individuo
aislado, sino en la relación entre semejantes. El lenguaje es el medio que permite el
reconocimiento mutuo y la libertad compartida.
★ denuncia como ilusión o mentira política la idea de q la buena sociedad es la q está
"unida".
★ No puede haber deseo de servidumbre en uno solo; esta nace de ignorar la relación mutua
entre los hombres.
★ Peligro del lenguaje: aunque permite el reconocimiento, también puede ocultarlo,
confundirnos y llevarnos a ilusiones (como pensar "todos uno" en vez de "todos unos").
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1. Incluso los animales muestran un apego natural a su libertad, pues se rebelan contra la
servidumbre.
2. La Boétie no sigue el pensamiento clásico ni cristiano tradicional que diferenciaba claramente
entre reyes legítimos y tiranos. Él equipara todos los tiranos y critica la idea tradicional de
poder legítimo, cambiando los términos para subvertir la enseñanza antigua.
3. Contradicción aparente y ambigüedad:
La idea de que las personas se acostumbran tanto a la servidumbre que la aceptan como
natural contradice la noción inicial de libertad natural y deseo por la independencia. Parece
que el hombre pierde el recuerdo de su libertad original y acepta su estado, pero La Boétie
señala que no todos lo hacen; siempre hay quienes resisten.
4. aunque la mayoría parece aceptar la servidumbre, siempre hay algunos —los “mejor
nacidos”— que no se acostumbran y luchan por recuperar su libertad. Esta idea apunta a que
la libertad es una condición inherente, aunque pueda estar oscurecida por la costumbre y la
dominación.
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Analiza la relación entre tiranía, servidumbre y libertad a través de ejemplos históricos,
principalmente influenciado por Maquiavelo. Se menciona que los pueblos a menudo lloran a sus
tiranos y se vuelven contra sus libertadores, ilustrado con la muerte de Nerón según Tácito. Sin
embargo, figuras como Bruto y Casio, apasionados por la libertad, actúan según su deseo, incluso si
su destino es trágico.
Se relaciona esta actitud con la idea de Maquiavelo sobre la virtud, que no siempre encuentra
fortuna, pero es preferible fracasar virtuosamente a no luchar. El texto sugiere que La Boétie
pudo conocer las ideas de Maquiavelo, especialmente su metáfora médica para la política y la crítica
a los ejércitos mercenarios, que refleja una preocupación por el poder del pueblo armado como base
del Estado.
También se aborda el contexto político y militar francés del siglo XVI, donde hubo tensiones entre la
monarquía y la sociedad civil.
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1. El deseo de servidumbre y lo imaginario:
El deseo de servidumbre no es solo aberrante por la pérdida de bienes materiales, sino que se
relaciona con algo más profundo: lo imaginario. Este deseo está alimentado por símbolos, ritos y
mitos (como el dedo milagroso de Pirro o los emblemas de reyes) que nutren la creencia y mantienen
la ilusión del poder. Esto crea una relación afectiva, casi religiosa, con la figura del tirano, que se
mantiene incluso aunque cause sufrimiento.
2. La devoción y el placer oculto en la servidumbre: El tirano no solo exige obediencia, sino
también devoción, un amor a la servidumbre que va más allá de la simple sumisión. El placer que
impulsa a los sometidos no es racional ni consciente, sino un misterio que sustenta la dominación.
3. La ruptura de la unidad del pueblo: Aunque al principio habla del pueblo como un todo
dominado, luego diferencia entre dos grupos: los que sufren la tiranía y los que la apoyan
activamente, buscando privilegios. Estos últimos, aunque también víctimas, se identifican con el
tirano y desean a su vez ser amos, perpetuando la cadena de dominación.
4. La estructura jerárquica de la tiranía: El tirano no está solo; su poder se sostiene en una red
jerárquica de seguidores que también actúan como tiranos sobre otros más débiles. Esta cadena de
poder es amplia y compleja, desde unos pocos que mantienen la tiranía hasta millones que, por
interés o deseo, se atan a ella.
5. El deseo como motor de la dominación:
El secreto del poder tiránico reside en el deseo profundo de cada individuo de identificarse con el
amo, de ser a su vez tirano sobre alguien más débil. Esto atraviesa toda la sociedad, desde el tirano
supremo hasta el esclavo, quien cree en su propia divinidad dentro de esa cadena.
6. La división social y económica:
Además, la dominación se apoya en la división entre poderosos y trabajadores. Los poderosos,
motivados por la ambición y la riqueza, forman la corte del tirano y hacen la ley, mientras que los
campesinos y pobres son explotados y maltratados.
RESUMEN IMPORTANTE
★ Crítica a la soberanía de un solo amo o tirano:
La servidumbre voluntaria ocurre cuando millones de personas soportan y obedecen a un
solo tirano que no tiene poder más que el que le conceden los mismos sometidos.
★ La tiranía es soportada voluntariamente:
La gente no es sometida por una fuerza irresistible, sino porque está "fascinada" o
"embrujada" por el nombre y el poder del tirano. No hay un poder natural que obligue a
someterse, sino que es la propia voluntad de los individuos la que lo permite.
★ El tirano es un ser humano común:
El tirano no tiene poderes sobrenaturales, solo su cuerpo y la deslealtad, y sobre todo, los
medios que los mismos súbditos le brindan.
★ La libertad es natural al hombre:
Los hombres nacen libres y con la voluntad de defender esa libertad. La servidumbre es
contraria a la naturaleza y causa daño.
★ La costumbre como causa principal de servidumbre:
La razón principal por la que los hombres se someten es porque nacen y son educados en la
servidumbre, la costumbre los hace aceptar ese estado como normal y natural.
★ La educación y la costumbre desnaturalizan la libertad:
La repetición de la obediencia vuelve cobarde y sumiso al pueblo, que pierde el deseo y la fuerza para resistir.
★ El pueblo prefiere la comodidad o el engaño:
La masa suele desconfiar de quien realmente la ama y confía en quien la engaña,
aceptando regalos o falsas promesas a cambio de su sumisión.
★ El fundamento real de la tiranía son las personas que sostienen al tirano:
No son las armas ni la fuerza las que sostienen al tirano, sino un reducido grupo que lo
manipula y una red de personas que reciben beneficios o ganancias del poder tiránico,
haciendo que la tiranía sea provechosa para muchos.
★ La servidumbre voluntaria es un fenómeno social complejo:
La dominación se mantiene porque muchos hacen que sea posible, unos por costumbre,
otros por interés, otros por miedo.
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¿Cómo ocurre la servidumbre voluntaria?
La servidumbre voluntaria ocurre porque los individuos, educados en la sumisión y acostumbrados a obedecer desde el
nacimiento, aceptan la tiranía como algo natural. No es la fuerza la que mantiene al tirano, sino el consentimiento, la
costumbre y la voluntad colectiva de someterse. La gente está "embrujada" por el poder del tirano y le otorga más autoridad de
la que realmente tiene, permitiendo así su dominación. Además, hay una cadena de personas que sostienen al tirano mediante
beneficios y favores, creando un sistema donde la tiranía parece provechosa para algunos. Si el pueblo dejara de obedecer, el
tirano quedaría sin poder.
¿Cuál es la tesis central del Discurso sobre la servidumbre voluntaria?
La tesis central es que la servidumbre o sumisión de un pueblo a un tirano no es impuesta únicamente por la
fuerza, sino que es voluntaria, es decir, el pueblo colabora en su propia dominación al consentir y obedecer.
¿Qué significa “servidumbre voluntaria” según La Boétie?
Significa que el sometimiento político ocurre porque los dominados aceptan voluntariamente someterse, ya sea
por hábito, miedo, o ignorancia, y no porque estén físicamente imposibilitados de resistir.
¿Por qué, según La Boétie, los pueblos se someten a un tirano si son más numerosos?
Porque el pueblo se acostumbra a obedecer, pierde su sentido de libertad, y porque el tirano controla al pueblo
a través de la manipulación, el miedo, y la creación de una red de colaboradores que facilitan el dominio.
¿Cómo explica La Boétie la consolidación del poder de un tirano?
El tirano mantiene su poder porque cuenta con el apoyo de funcionarios, soldados, y miembros de la élite que
se benefician del sistema. Además, usa la violencia, la manipulación y los espectáculos para distraer y controlar
a la población.
¿Qué papel juega la costumbre y la educación en la perpetuación de la obediencia?
La costumbre convierte la servidumbre en algo normal. La educación y la tradición inculcan la idea de que
obedecer es natural, lo que hace que las personas acepten sin cuestionar su sumisión.
¿Qué opina La Boétie sobre el uso de la fuerza por parte del tirano?
Considera que la fuerza no es suficiente para mantener el poder; el tirano necesita el consentimiento del pueblo
para que su dominio sea efectivo. Sin esa aceptación, la fuerza se vuelve inútil.
¿Qué relación establece La Boétie entre libertad y naturaleza humana?
Afirma que la libertad es la condición natural del ser humano. La servidumbre es un estado artificial impuesto
por la costumbre y el poder, pero la naturaleza humana tiende a la libertad.
¿Cómo se estructura la dependencia entre el tirano y sus colaboradores?
El tirano depende de una clase de colaboradores (funcionarios, soldados, jueces) que administran el poder en
su nombre. Estos colaboradores también dominan a otros, creando una cadena jerárquica de sumisión mutua.
¿Qué mecanismos usa el tirano para mantener el poder y el consentimiento del pueblo?
Usa la violencia, la intimidación, pero principalmente la manipulación mediante el entretenimiento, la creación de
divisiones internas, el control de la información y el fomento de la dependencia económica o social.
¿Cómo puede liberarse un pueblo según La Boétie?
El pueblo puede liberarse dejando de obedecer al tirano, negándose a colaborar y a darle su consentimiento. La
resistencia pasiva y la desobediencia civil son los caminos para recuperar la libertad.
pasividad del pueblo: ¿pesimista, realista o esperanzadora?
como realista y a la vez esperanzadora. Reconoce la tendencia humana a aceptar la dominación por comodidad
o miedo, pero también ofrece esperanza al afirmar que la liberación es posible si el pueblo deja de consentir. No
es pesimista porque no ve la servidumbre como algo irreversible, sino como una condición mantenida por la
voluntad que puede cambiar.
¿Hay relación de dependencia mutua entre tirano y súbditos?
El tirano depende de una estructura de colaboradores que ejercen su poder en nombre del tirano y mantienen el
orden. Estos colaboradores, a su vez, se benefician del sistema, lo que crea una red de dependencia donde
nadie puede gobernar sin el apoyo activo o pasivo de otros.
Manipulación y espectáculos en la sociedad contemporánea
La idea se puede interpretar como la crítica al “pan y circo” moderno: el poder distrae al pueblo con
entretenimiento, información sesgada o consumismo para evitar que cuestionen su situación. La manipulación
mediática y la cultura de masas funcionan como mecanismos para mantener la sumisión voluntaria.
¿Obedecer por miedo vs. por costumbre?
Obedecer por miedo es una sumisión frágil y basada en la amenaza, mientras que la obediencia por costumbre
es más profunda y difícil de romper porque está interiorizada. La Boétie destaca que romper la costumbre es
clave para la liberación.
Importancia de la educación en la libertad
La educación debe formar ciudadanos críticos y libres, no sumisos. La Boétie critica la educación de su tiempo
por ser un instrumento que refuerza la servidumbre y no promueve el pensamiento independiente.
Tensión entre individualidad y colectividad
El discurso muestra que la libertad individual solo puede alcanzarse plenamente dentro de una comunidad libre.
Propone que la liberación colectiva depende de la toma de conciencia y acción conjunta, resolviendo la tensión
mediante la cooperación para recuperar la autonomía.