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SEXOLOGIA

La sexología es el estudio interdisciplinario de la sexualidad humana, que abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales y culturales. Desde sus inicios en el siglo XIX, ha integrado conocimientos de diversas disciplinas para entender la conducta sexual, incluyendo modelos teóricos que van desde lo biológico hasta lo sociocultural. Además, aborda trastornos sexuales y delitos relacionados, destacando la importancia de un enfoque ético y legal en la salud sexual y la protección de derechos.

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SEXOLOGIA

La sexología es el estudio interdisciplinario de la sexualidad humana, que abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales y culturales. Desde sus inicios en el siglo XIX, ha integrado conocimientos de diversas disciplinas para entender la conducta sexual, incluyendo modelos teóricos que van desde lo biológico hasta lo sociocultural. Además, aborda trastornos sexuales y delitos relacionados, destacando la importancia de un enfoque ético y legal en la salud sexual y la protección de derechos.

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SEXOLOGIA

La sexología se define como el estudio científico de la sexualidad humana,

abarcando aspectos biológicos, psicológicos, sociales y culturales. Desde sus

inicios, se ha desarrollado de manera interdisciplinaria: la antropología,

sociología, medicina, derecho y psicología han influido en la construcción social

de la sexualidad. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS)

concibe la sexualidad como un elemento inherente a la condición humana que

integra el sexo biológico, la identidad de género, la orientación sexual, el

erotismo, el placer, las relaciones afectivas y la reproducción.

Históricamente, la sexología surgió en el siglo XIX con pioneros como Krafft-

Ebing (1886) y Mantegazza (1881), quienes comenzaron a caracterizar las bases

biológicas y fisiológicas del impulso sexual. En el siglo XX, investigadores como

Kinsey (1948) ampliaron el enfoque con estudios empíricos de comportamiento

sexual, y Masters y Johnson (1966) describieron el ciclo de respuesta sexual

(fases de excitación, meseta, orgasmo y resolución) en ambos sexos. Su trabajo

desmitificó muchas ideas previas sobre la sexualidad femenina y masculina. Este


desarrollo demuestra cómo la sexología ha integrado conocimientos médicos,

psicológicos y sociales para entender la conducta sexual humana.

Modelos teóricos de la conducta sexual humana

Los modelos teóricos de la conducta sexual se organizan según distintas

perspectivas:

• Biológica/Evolutiva: Describe el sexo como un impulso innato orientado a la

reproducción. Este modelo parte de la diferenciación sexual cromosómica

(XX/XY) y hormonal (testosterona, estrógenos, andrógenos) que determinan el

desarrollo genital y cerebral. Según esta visión, la testosterona modula el deseo

sexual en ambos sexos, aumentando en la pubertad y declinando con la edad.

La respuesta sexual humana tiene bases neuroanatómicas claras: el sistema

límbico (hipotálamo, amígdala, septum) está implicado en el placer, la erección

y el orgasmo, mientras que el cortex prefrontal aporta control y planificación.

• Psicológica: Enfatiza la formación de la identidad y los procesos cognitivo-

afectivos. Desde Freud se incorpora la libido infantil y fases del desarrollo

psicosexual (oral, anal, fálica, latencia, genital). Investigaciones posteriores


destacan el papel de las fantasías, el erotismo y el aprendizaje de roles. Así, la

psicología entiende la sexualidad ligada al desarrollo de la identidad de género,

los vínculos afectivos y las emociones. Por ejemplo, Erikson y Money hablaron

de la formación de la identidad sexual en la pubertad, y más recientemente se

reconoce que el deseo y el placer (erotismo) son componentes psicológicos

esenciales en la vida sexual. Estudios experimentales (p.ej. mediciones de

excitación fisiológica) respaldan la idea de que factores psicosociales influyen en

la respuesta sexual.

• Sociocultural: Considera la sexualidad como construcción social. La

sociología describe cómo normas culturales, valores colectivos y desigualdades

de género moldean la conducta sexual. Desde esta perspectiva, la sexualidad

no es universal sino regulada por contextos históricos y morales. Por ejemplo,

Margaret Mead demostró variaciones en los roles de género y la libertad sexual

entre culturas (Samoa vs Occidente). La antropología subraya que las prácticas

sexuales se entienden según creencias culturales (Malinowski, Lévi-Strauss). En

resumen, la conducta sexual se regula por procesos individuales (biológicos,

cognitivos, afectivos) y sociales (interpersonales, normativos) simultáneamente.

Estos enfoques no son excluyentes: la corriente biopsicosocial integra que cada

conducta sexual resulta de la interacción de factores genéticos, hormonales,

emocionales, cognitivos y culturales.


Enfoque interdisciplinario

La sexología es por naturaleza interdisciplinaria. Cada disciplina aporta

perspectivas complementarias:

• Medicina: Aporta el conocimiento sobre anatomía, fisiología y patologías

sexuales. Desde la sexología médica se estudia la salud sexual, las disfunciones

sexuales y la prevención de ETS. Por ejemplo, Guasch (1993) señala que la

salud sexual moderna integra aspectos físicos, sociales e intelectuales, no

limitándose solo a lo biológico. La medicina maneja diagnósticos (p.ej. disfunción

eréctil) y tratamientos (píldoras, terapias hormonales, cirugía reconstructiva) de

las disfunciones sexuales.

• Psicología: Contribuye al entendimiento de la sexualidad como proceso del

desarrollo humano. Ayuda a tratar problemas de conducta sexual (adicciones

sexuales, parafilias) y promueve la salud sexual emocional (autoestima, relación

de pareja). Se enfoca en terapia sexológica, aportando técnicas cognitivo-

conductuales y psicodinámicas.

• Derecho: Regula el ejercicio de la sexualidad en sociedad. El derecho penal

define delitos sexuales (violación, estupro) y establece sanciones. Las leyes de

salud pública (p.ej. consentimiento informado, anticoncepción de emergencia)

protegen los derechos de las personas en materia sexual. La perspectiva legal

enfatiza el consentimiento y la integridad sexual como derechos humanos


fundamentales (nuevo paradigma penal basado en el libre consentimiento de la

persona).

• Antropología/Sociología: Ofrecen el contexto cultural y social. Estudian cómo

la cultura influye en las normas sexuales (lo permisible o tabú). Ayudan a

entender la diversidad sexual y los efectos del género en la sexualidad. Por

ejemplo, la antropología mostró que prácticas sexuales (como el incesto o roles

de género) varían según la cultura. Estos aportes permiten a sexólogos

reconocer que la sexualidad está mediada socialmente, no solo determinada

biológicamente.

2.1 Instinto sexual

Definición y bases neurobiológicas: El instinto sexual es el impulso innato que

dirige a los individuos hacia la reproducción. Se basa en circuitos neurobiológicos

que incluyen el sistema límbico y áreas corticales asociadas al placer. El

hipotálamo, la amígdala y el cerebro límbico procesan la excitación sexual y el

orgasmo. Este impulso está regulado hormonalmente: los picos de testosterona

y estrógenos en la pubertad aumentan la libido, mientras que un déficit

(enfermedad hipotalámica o testicular, insensibilidad androgénica) puede

anularlo. El instinto sexual se considera innato, pero su expresión depende de la

interacción del cerebro con factores ambientales y aprendidos.


Trastornos y desviaciones:

• Parafilias (perversiones sexuales): Se definen como patrones persistentes

de excitación sexual atípicos (objetos o situaciones inusuales o sin

consentimiento ajeno). El DSM-5 (2013) clasifica las parafilias como Trastornos

Parafílicos, distinguiendo el objeto de deseo (p. ej. pedofilia, exhibicionismo,

voyeurismo, fetichismo, froteurismo, sadismo sexual, masoquismo). Es

importante diferenciar una parafilia (atracción sexual atípica) de un trastorno

parafílico: este último exige además malestar al individuo o daño a terceros. La

CIE-11 (2018) emplea categorías similares bajo “trastornos parafílicos”. El

diagnóstico implica evaluar el contexto (consentimiento, edad) y la gravedad. El

tratamiento suele combinar psicoterapia cognitivo-conductual con terapia

farmacológica (p. ej. inhibidores de la serotonina) para reducir impulsos sexuales

anormales.

• Impotencia sexual (disfunción eréctil):

Se define como la incapacidad persistente de lograr o mantener una erección

adecuada para la relación sexual. Es frecuente en varones mayores de 40 años.


Las causas son multifactoriales: enfermedades cardiovasculares

(ateroesclerosis, hipertensión), diabetes, hipercolesterolemia o tabaquismo

pueden alterar la irrigación peniana. Factores psicológicos (ansiedad, depresión,

conflictos de pareja) también influyen en muchos casos. El diagnóstico clínico se

basa en anamnesis (historia médica y sexual) y examen físico; a menudo basta

una evaluación inicial sin prisas para normalizar el problema. El abordaje es

médico-psicológico: incluye tratamiento de la enfermedad de base (p.ej. control

de diabetes), fármacos orales (inhibidores de la PDE5) para mejorar la

vascularización, y en casos refractarios dispositivos de vacío o implantes

penianos. Además, es útil la terapia sexual o de pareja para abordar el

componente emocional y comunicacional.

2.3 Diferenciación sexual

Bases genéticas y endocrinas: La diferenciación sexual comienza en la

concepción. Los cromosomas sexuales (XX o XY) activan genes determinantes

(p.ej. SRY en el cromosoma Y) que orientan al organismo hacia el desarrollo

masculino o femenino. En presencia de XY, se forman testículos que secretan

hormonas (testosterona y hormona antimülleriana) para desarrollar genitales

masculinos internos/externos; sin SRY (XX) se forman ovarios y predomina la

formación femenina. En etapas posteriores, la acción de andrógenos (DHT) en

el feto XY y de estrógenos en XX consolida diferencias genitales y cerebrales.

Esta cadena gen–hormona es responsable de nuestra identidad sexual básica

(varón/mujer). Defectos en la síntesis de hormonas (p.ej. déficit de 5-alfa


reductasa o resistencia a la testosterona) pueden generar variantes del

desarrollo sexual, produciendo fenotipos ambiguos o mixtos.

Intersexualidad (hermafroditismo):

Actualmente se habla de Trastornos del Desarrollo Sexual (TDS) para las

condiciones intersexuales. Incluyen casos como 46,XX expuestas a exceso de

andrógenos (hiperplasia suprarrenal congénita virilizante), 46,XY con deficiencia

de andrógenos o resistencia a ellos (fenotipo femenino o ambiguo), y casos

ovotesticulares (tejido ovárico y testicular simultáneo). Estos individuos nacen

con características sexuales (cromosomas, gónadas o genitales) que no encajan

completamente en las definiciones típicas de varón o mujer. El diagnóstico puede

iniciarse prenatalmente (ecografía de genitales ambiguos, amniocentesis) o en

el neonato ante genitales atípicos. Se emplean cariotipo, mediciones hormonales

y estudios de imagen para definir la etiología.

El manejo clínico de los TDS debe ser interdisciplinario: neonatólogos,

genetistas, endocrinólogos, urólogos/ginecólogos pediátricos y psicólogos


trabajan en equipo. Se aconseja postergar intervenciones quirúrgicas

irreversibles hasta que el niño pueda participar en la decisión y haya una

identidad de género más clara, salvo emergencias médicas. Desde un punto de

vista ético, se promueve el respeto a la autonomía futura de la persona

intersexual; algunas legislaciones permiten asignar genéricamente “varón/mujer”

con posibilidad de rectificación posterior, mientras que otras han aprobado

reconocimientos de tercer sexo (p.ej. “diverso”) para los nacidos con

ambigüedad. En Ecuador no existe un protocolo único para estos casos, lo que

plantea debates bioéticos: equilibrar el derecho del niño a no ser expuesto a

cirugías innecesarias con la necesidad de registros oficiales claros.

2.4 Delitos sexuales

Tipología legal: El Código Orgánico Integral Penal (COIP) ecuatoriano tipifica

varios delitos sexuales. Los principales son la violación sexual (Art. 171) y el

estupro (Art. 167). Además se sanciona la utilización de menores, ancianos o

discapacitados para exhibición sexual (Art. 172) y el contacto sexual con

menores vía medios electrónicos (Art. 173), entre otros. En comparación

internacional, muchos países distinguen la agresión sexual con o sin penetración

(análogo a violación en Ecuador) y solo castigan las variantes violentas. El

paradigma penal moderno (perspectiva de género) ya no protege el “honor

familiar” sino la integridad sexual y el libre consentimiento de las personas; por

ello el delito de “atentado contra el pudor” (antiguo en códigos clásicos) no existe

en el COIP vigente, y actos como tocamientos forzados se incluyen en la

violación o se penalizan como acoso.


Violación sexual:

Se comete cuando el agresor introduce su miembro viril, dedos u objetos en la

boca, ano o vagina de la víctima sin su consentimiento. La pena es alta (19–22

años) y se agrava si concurre violencia extrema, lesiones o muerte. No existe

una “perversa interrupción del acto” en el COIP: cualquier penetración forzada

se considera violación. El perfil del agresor es heterogéneo: predominan varones

(85–95%), a menudo conocidos de la víctima (familiares o amigos). Las víctimas

(especialmente mujeres y niñas) sufren graves secuelas físicas (lesiones, riesgo

de embarazo e ITS) y psicológicas (estrés postraumático, depresión, culpa). El

abordaje integral a la víctima incluye asistencia médica (...).

BIBLIOGRAGIA:

1. MANUAL DE SEXOLOGIA CLINICA (C. CASTELO BRANCO)

2. SEXOLOGIA Y TOCOGINECOLOGIA MEDICO LEGAL

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