Universidad Nacional Autónoma
De Honduras Valle De Sula
Facultad de Ciencias Jurídicas
Asignatura:
Derecho Administrativo Especial
Catedrático:
Abog Ela María Rivera
Tarea:
Ensayo
Alumna Cuenta
Mirian Isabel Ramirez 20212000310
Lugar y fecha:
San Pedro Sula, Cortés, 31 de mayo. de 25
Introducción
La Constitución de la República de Honduras establece los cimientos del sistema
económico nacional en sus artículos 328 al 341. Estos artículos delinean un modelo de
economía mixta que busca equilibrar la libertad de empresa con el bienestar colectivo,
promoviendo la justicia social, la participación del Estado y la protección de los
sectores estratégicos. En el contexto actual, donde los desafíos del desarrollo
económico, la desigualdad y la globalización se entrecruzan, resulta imprescindible
comprender cómo la Carta Magna orienta la organización económica del país. Este
ensayo examina los principios fundamentales del sistema económico hondureño, la
forma en que el Estado regula e interviene en la economía, y el papel de la propiedad,
la inversión extranjera y la protección de los bienes esenciales
Ensayo
El artículo 328 de la Constitución establece que el sistema económico hondureño se
fundamenta en la justicia social, la libertad económica, la eficiencia, la solidaridad y el
respeto a la naturaleza. Se reconoce al trabajo humano como base del sistema
económico y como medio de realización personal y bienestar colectivo. Este enfoque
sugiere que la economía no debe orientarse exclusivamente al lucro, sino que debe
responder a objetivos sociales, humanos y ecológicos. De esta forma, se busca
construir una economía inclusiva que combine crecimiento con equidad y
sostenibilidad.
Según el artículo 329, el Estado tiene la responsabilidad de dirigir el desarrollo
económico y social mediante una planificación democrática. Esto implica que el
Estado no es un simple observador, sino un actor protagónico que debe diseñar
políticas públicas con visión de largo plazo, considerando las necesidades de la
población y promoviendo la participación ciudadana. La planificación estatal se
convierte así en un instrumento para corregir desigualdades regionales, fortalecer
sectores estratégicos y promover la estabilidad social y política.
El artículo 330 reconoce diversas formas de propiedad: pública, privada, mixta y
social, lo que refleja un modelo pluralista que busca la coexistencia democrática entre
diferentes actores económicos. La Constitución no favorece una forma de propiedad
sobre otra, sino que establece un marco jurídico para su interacción armoniosa. Este
reconocimiento garantiza que tanto el sector privado como las cooperativas, el Estado
y otras formas comunitarias de producción puedan desarrollarse de manera
complementaria.
En el artículo 331, la Constitución garantiza la libertad de empresa, la libre
competencia y la iniciativa privada como motores del crecimiento económico. Sin
embargo, esta libertad no es absoluta. El mismo artículo establece que sus límites
están en el interés público, prohibiendo prácticas monopólicas, abusos de posición
dominante y actividades que generen desequilibrios sociales. Así, se reconoce que la
libertad económica debe subordinarse al bienestar colectivo y no puede ejercerse en
detrimento de la justicia social o la equidad.
El artículo 332 permite que el Estado intervenga en la economía cuando la iniciativa
privada se desvíe de los objetivos del desarrollo nacional. Esta intervención puede
manifestarse en medidas regulatorias, subsidios, incentivos, creación de empresas
públicas o establecimiento de controles sobre sectores estratégicos. El propósito no es
sustituir al mercado, sino encauzarlo hacia fines de interés social, asegurando que la
actividad económica contribuya al bienestar común y no al enriquecimiento de unos
pocos.
La Constitución otorga al Estado un papel especial en la protección y regulación de
sectores estratégicos, como la energía, los recursos naturales, el transporte y las
telecomunicaciones. Estos sectores son considerados esenciales para la soberanía
nacional y el desarrollo sostenido del país. Por tanto, el Estado puede reservarse su
control, regular sus precios y condiciones de acceso, y establecer alianzas estratégicas
bajo criterios de beneficio público.
Los artículos que siguen, especialmente del 334 al 337, detallan el marco legal para el
control y vigilancia de las sociedades mercantiles, asegurando su legalidad,
transparencia y responsabilidad social. Este control permite evitar fraudes, garantizar
el cumplimiento fiscal y proteger a los consumidores y trabajadores. Además,
fortalece la seguridad jurídica y la confianza en el sistema económico, aspectos
esenciales para atraer inversiones y fomentar el desarrollo.
La Constitución permite y promueve la inversión extranjera, pero bajo condiciones
que protejan la soberanía nacional y aseguren beneficios reales para la población
hondureña. La inversión foránea debe ajustarse a las leyes nacionales, respetar el
medio ambiente y contribuir al desarrollo tecnológico, la creación de empleo y el
fortalecimiento de la infraestructura. Esta postura busca evitar una dependencia
excesiva del capital externo y garantizar que la inversión extranjera sea un
complemento y no un reemplazo de la economía nacional.
La participación del Estado en la economía se justifica especialmente en áreas donde
el mercado falla en garantizar el acceso equitativo a bienes y servicios esenciales
como salud, educación, energía y agua. Para proteger estos derechos, la Constitución
establece mecanismos para prevenir y sancionar los monopolios, así como para
asegurar que los precios y condiciones de estos servicios sean justos y accesibles. De
este modo, se protege a los sectores más vulnerables de la exclusión económica y se
garantiza una vida digna para todos los ciudadanos.
Conclusión
El sistema económico hondureño, tal como lo contempla la Constitución en sus
artículos 328 al 341, es un modelo que busca equilibrar la libertad económica con la
justicia social y la responsabilidad estatal. Reconoce la pluralidad de formas de
propiedad, promueve la iniciativa privada, pero también impone límites cuando ésta
amenaza el interés colectivo. El Estado tiene un rol clave como planificador, regulador
y protector del bien común, especialmente en sectores estratégicos y en la garantía de
derechos fundamentales. En este sentido, la Constitución no solo define reglas para la
actividad económica, sino que plantea una visión de país basada en el desarrollo con
equidad, soberanía y sostenibilidad.