HOMBRE DE VERDAD, ¿QUIÉN LO HALLARÁ?
Proverbios 20:6.
“Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de
verdad, ¿quién lo hallará?”
INTRODUCCIÓN: Supongamos que una señorita está esperando a un hombre de
verdad, ¿será fácil que encuentre a uno? Muchas veces sus ‘príncipes azules’
resultan ser celosos enfermizos, manipuladores, inseguros, amenazadores,
chantajistas, agresivos, violentos. ¿Son el tipo de hombre conveniente para una mujer
cristiana? Por supuesto que no. Por eso, tiene razón el proverbista al hacer la
pregunta: “¿…hombre de verdad, ¿quién la hallará?” (Proverbios 20:6). El
hombre de verdad en la época que fueron compuestos estos proverbios, me parece
que al igual que en la actualidad no eran personas que abundaban en todas partes, al
grado que se tenía que preguntar ¿quién lo hallará? Hasta Dios busca hombres
llenos de equivocaciones, errores, y pecados, para convertirlos en hombres de
verdad.
Desde que Adán desobedeció a Dios por primera vez, comenzó a ser un hombre
cobarde e incapaz de ser el hombre según la creación original de Dios, se comenzó a
depravar y en consecuencia inmediata a esconderse de Dios, quien también
inmediatamente le lanza un llamado de búsqueda diciendo: “¿Dónde estás
tú?” (Génesis 3:9). Un hombre que se esconde de Dios no puede ser el hombre de
verdad que este mundo necesita. Afortunadamente, Dios provee por medio de la
simiente de la mujer, a Jesús un verdadero hombre que también restaura al hombre
pecador, para que este sea el hombre que Dios espera encontrar (cf. Génesis 3:15).
3 características que se pueden observar en personajes de aquellos tiempos bíblicos
que se les reconoce que fueron hombres de verdad.
Aclaro que ningún ser humano puede ser el modelo fundamental que debemos imitar,
sino Cristo. Si hay algo que se deba imitar de algún hombre, sería solo o todo aquello
que centra su objetivo en Dios; tal como el apóstol Pablo escribió a los Corintios
diciendo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios
11:1); y como el que escribe a los hebreos les dice con respecto a los
pastores: “considerad cuál haya sido el resultado de su conducta,
e imitad su fe” (Hebreos 13:7). En este sentido aunque se diga que se imite la
característica de un personaje, lo que más bien se imita, es su característica centrada
en Dios. Es así que debemos entender las características que observaremos de los
tres hombres de verdad que les presentaré en este mensaje.
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La primera característica que hace a un hombre de verdad, porque le relaciona con
Dios, es que:
I.- TIENE UNA FE y OBEDIENCIA PRÁCTICA EN DIOS.
El primer caso de un hombre de verdad, que les voy a presentar es a Abraham, cuya
característica sobresaliente entre otras, es que en verdad le creyó a Dios. Fue un
hombre de fe. Llama mucho la atención, que Abraham cuando fue llamado por Dios,
era un hombre que en lo económico no tenía nada de qué preocuparse, era un buen
hacendado, por lo que no tenía razón para que él tuviese la necesidad de dejar el
poblado de Ur, donde se había bien establecido. Evidente no tenía necesidades,
pues era un hombre rico. Es en esa condición que dice su historia que Dios le
dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a
la tierra que te mostraré. / Y haré de ti una nación grande, y te
bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. /
Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren
maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. / Y
se fue Abram, como Jehová le dijo” (Génesis 12:1-4a). Además, como dato
relevante, se nos dice que ya tenía 75 años de edad, no solo para indicarnos que a
esa edad su esposa Sara no le había podido dar un hijo porque era estéril, sino para
darnos a entender que ya era un hombre de trayectoria de oficio. No era un hombre
que buscaba futuro, pues ya estaba bien establecido en todos los aspectos; sin
embargo, leemos que “se fue Abram, como Jehová le dijo”. Su caso, ¿no le
parece a usted que eso es tener fe?, porque creyó a Dios y siguió creyéndole a Dios.
Luego Dios le bendijo incluso con más riquezas, y hasta con un hijo que tanto había
deseado. Pero siguió creyéndole a Dios quien no le defraudó, pues hasta en el caso
cuando Dios le ordenó a manera de prueba que le sacrificara a su único hijo Isaac,
Abraham tuvo todo listo y a punto de sacrificarle su hijo a Dios, lo hizo confiando en
que Dios proveería un cordero para el sacrificio, lo cual así sucedió. Después de este
evento de prueba que Dios le aplicó, Abraham expresó uno de los fundamentos de la
fe en Dios cuando dijo que “Jehová proveerá” (Génesis 22:14), confianza que
hasta el día de hoy los cristianos tenemos en nuestra vida cotidiana.
Amados hermanos, especialmente usted que es varón. No es suficiente que uno se
acepte como varón. Es necesario que usted sea un hombre de verdad, comenzando
con creer en Jesucristo para ser librado de la condenación eterna. Luego es necesario
que usted viva cada experiencia de la vida cotidiana con una fe práctica, no solamente
pensando usted que es un creyente, sino viviendo la fe en Dios en cada experiencia.
Sea usted un hombre que tenga una fe práctica en Dios por medio de su Hijo
Jesucristo.
La segunda característica que hace a un hombre de verdad, porque le relaciona con
Dios, es que:
II.- TIENE UN AMOR PROFUNDO A DIOS.
Otro caso de un hombre de verdad que les presento en este momento se llama
David. No era una ‘blanca palomita’. Fue también un pecador como usted y yo, nada
distinto en naturaleza humana ni pecaminosa. Sin duda que cayó en pecados que
usted y yo cometemos, y hasta escandalizó a su reino cuando se hizo adúltero y autor
intelectual de un homicidio para intentar remediar su adulterio. Sin embargo, a pesar
de sus tantos pecados, tuvo suficiente conciencia para arrepentirse de ellos. Siempre
reconoció que le había fallado no solo a su familia, ni solo a un hombre que le había
sido leal como soldado, sino a todo su reino, pero sobre todo también a Dios, quien
viendo el corazón de David, no tuvo ninguna reserva para perdonarle. Si Dios le había
perdonado a David sus pecados que ameritaban que fuese exterminado por Dios,
¡cómo no amar a Dios!. En muchas ocasiones deja ver que como un hombre de
verdad no descartó amar a Dios; pues en uno de sus salmos le expresa a Dios: “Te
amo, oh Jehová, fortaleza mía” (Salmo 18:1); y en otro salmo dice acerca de
su relación con Dios: “Amo a Jehová” (Salmo 116:1).
Amados hermanos, David expresó su amor a Dios de muchas maneras, como por
ejemplo, amando obedecer los mandamientos de Dios que el consideraba son la ley
de Dios, pues también le dijo a Dios: “cuánto amo yo tu ley!” (Salmo 119:97).
Por ese amor que le tenía a Dios, siempre buscó conocer el corazón de Dios. Solo
así fue que llegó a ser hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22). Otra
manera de demostrarle su amor a Dios es consagrando al servicio de Dios no
solamente su habilidad de cantar, sino su habilidad de redactar los más excelentes
himnos de adoración que los israelitas tuvieron para su culto, y que hoy todavía se
conservan y los conocemos como los salmos que se encuentran en nuestras biblias.
Y al respecto, el mismo profeta Samuel le llama: “el dulce cantor de Israel” (2
Samuel 23:1), lo cual expresa la pasión y calidad con el que amaba y adoraba a Dios.
Este es un hombre de verdad, como usted lo puede ser, que no considera que amar y
hasta cantarle a Dios es asunto de mujeres. Hermano, si usted quiere ser el hombre
de verdad que Dios, su familia, y su iglesia, están buscando, ame usted
profundamente a Dios. Pues, si usted en verdad ha creído en Jesucristo, tiene razón
al apóstol Juan cuando escribió que “Nosotros le amamos a él, porque él
nos amó primero” (1 Juan 4:19). Un hombre de verdad que entiende cómo Dios
le amó primero, estará totalmente convencido de amar a Dios.
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La tercera característica que hace a un hombre de verdad, porque le relaciona con
Dios, es que:
III.- TIENE COMPROMISO DE SERVICIO A DIOS.
Un tercer personaje que les presentaré como un hombre de verdad, se llama Josué, el
sucesor de Moisés que terminó de conducir a los israelitas a la tierra prometida. Estos
israelitas que le tocó a Josué guiarlos, muchas veces se comportaron infieles al Dios
que los sacó de Egipto, pues en su trayectoria hacia la tierra prometida, adoptaron la
idolatría de las naciones que estaban a su paso. Pero por fin llegó el momento
cuando Josué les exhortó con sentido de ultimátum, diciéndoles: “escogeos hoy a
quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres,
cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los
amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a
Jehová” (Josué 24:15). Se ve que no se sentían comprometidos solamente con
Dios, pues servían a veces a Dios pero también servían a los dioses falsos, pero la
situación no debería continuar así, sino que tenían que tomar de una vez por todas, si
Dios o los dioses falsos. Esta era fundamentalmente la decisión que debían tomar los
hombres padres de familia, representantes del pueblo y de sus familias. Pero lo que
sobresale en este caso es la decisión de un hombre de verdad, Josué, quien dijo a los
israelitas: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”. De aquí nos damos
cuenta de que Josué estaba en condición de autoridad para exhortarles, primero
porque él mismo había estado sirviendo a Dios, y estaba dispuesto a seguir
sirviéndole, porque se sentía comprometido voluntariamente para servir a Dios; y
segundo, porque nunca se dejó arrastrar por la influencia de la idolatría que
proliferaba por todas partes donde ellos pasaban durante su viaje a la tierra
prometida.
Otro detalle que apreciamos acerca de Josué en estas sus palabras, es que era un
hombre que tenía influencia sobre su familia, y se observa que su familia se
encontraba estable y espiritualmente saludable. Este es un hombre de verdad
primero porque está dispuesto a servir a Dios de manera personal, y segundo porque
está dispuesto a enseñar también a su esposa y a sus hijos a que no sirvan a dos
señores, tal como Jesús enseñó con respecto al amor al dinero cuando
dijo: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al
uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No
podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24; cf. Lucas 16:13).
Amados hermanos, no sea usted de los hombres a quienes en la casa nos tengan que
despertar porque es el día del Señor y hay que prepararse para iniciar nuestra jornada
de estudio, adoración, y otras misericordias que debemos hacer en este día. Al
contrario, usted, si es necesario es quien debe levantar a su familia, recordando que
ya es hora de levantarse para acudir a los servicios de enseñanza y adoración. Usted
debe ser el hombre de verdad que debe orar con su esposa y sus hijos en cualquier
día y momento. Usted debe ser el hombre de verdad que al mismo tiempo que está
dispuesto a servir a Dios en cualquier servicio que se requiera, está primeramente
interesado en edificar primeramente a su familia para que también se comprometan a
servir a Dios. Si no lo hacen, mi estimado hermano, es tu responsabilidad instruirles
amorosamente en el conocimiento y servicio a Dios.
CONCLUSIÓN: Amados hermanos, “hombre de verdad, ¿quién lo
hallará?”, ojalá que primeramente sea Dios, quien siempre está en búsqueda de
hombres pecadores que desean ser restaurados mediante Jesucristo a una vida más
responsable y espiritual primeramente para la salvación, pero también para vivir con
más fe, amor, y compromiso de servicio a Él. Luego de Dios, estimado hermano, la
familia de usted necesita un “hombre de verdad”, no solamente que físicamente
impresione o hasta intimide a otros, no solamente que sea un buen proveedor de
recursos financieros, sino que esté decidido a guiarles en el camino de Dios que es lo
que más necesita la familia. Y la iglesia también necesita un “hombre de
verdad”, que esté dispuesto a ser parte del equipo que guía a la iglesia al servicio,
gobierno, y propagación del evangelio de Jesucristo. Sea usted un “hombre de
verdad” que viva con fe en Dios, amor a Dios, y compromiso de servicio a
Dios. “¿Quién lo hallará?” Somos escasos, pero usted puede serlo para la gloria
de Dios, bendición de su familia, y edificación de su iglesia.